Los evangélicos modernos y la Palabra de Dios

17 Jul

Los evangélicos modernos y la Palabra de Dios
Enero 13, 2010
Por admin
Autor: Stevan Henning

Cuando Pablo estaba a punto de morir, sabiendo que su martirio estaba cercano, le escribió a su hijo en la fe, Timoteo, advirtiéndole del peligro de los postreros tiempos. En los últimos dos capítulos de la segunda epístola a Timoteo, Pablo describe una situación amenazante para a la iglesia en general. El dice:

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán la apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita (II de Timoteo 3:1-5).

Lo sorprendente de este pasaje no es que esto caracteriza el mundo porque ésta siempre ha sido la descripción del mundo, sino que Pablo está describiendo la condición de la iglesia visible en los postreros días. El mundo no tiene una apariencia de piedad, pero la iglesia visible sí la tiene.

Ser evangélico es popular hoy en día. Tenemos voz y poder en la sociedad; somos aceptados. Tenemos nuestros partidos políticos, nuestros colegios y escuelas, nuestras universidades, nuestras librerías, y hasta nuestros canales de televisión. Para muchos, es una señal de victoria espiritual, de avivamiento, y del avance del reino de Cristo. Sin embargo, Pablo le recuerda a Timoteo que la piedad verdadera no será aceptada. El le escribe, “ Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución .”

Entendamos bien lo que Pablo está diciendo aquí. Habrá una fachada de piedad que será aceptable y popular, pero es nada más que una fachada. Sin embargo, habrá un remanente que verdaderamente son piadosos. Ellos serán odiados y padecerán persecución. La característica de estas personas es que viven en Cristo Jesús . ¿Qué significa vivir en Cristo Jesús ? ¿Es este vivir algo subjetivo según las inclinaciones espirituales de ellos o es algo objetivo, basado en algo firme, algo fuera de sus experiencias? El pasaje exige que este vivir sea algo firme porque Pablo termina el capitulo diciendo:

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (II de Timoteo 3:14-17).

¿A dónde lleva Pablo a Timoteo? A las Escrituras donde se revela la fe que es en Cristo Jesús.

Podemos resumir este capítulo de esta manera: en los postreros días, la mayoría de los que profesan el cristianismo tendrán una fachada de piedad, pero por dentro son iguales a los impíos. “ Siempre estarán aprendiendo pero nunca podrán llegar al conocimiento de la verdad ” porque han rechazado la autoridad de esta verdad sobre ellos. Sin embargo, al lado de ellos vivirán los que son verdaderamente piadosos. Estos siguen la doctrina apostólica, conocen las Escrituras, y viven conforme a ellas. Ellos serán odiados, aun por los que forman parte de la iglesia visible.

Tal es nuestro día. Un gran porcentaje de los que forman parte de la iglesia visible se preocupa más por su experiencia, su opinión, su salud, su éxito, y sus bienes que por una obediencia a la totalidad de las Escrituras.

No hay tiempo para hablar de los falsos profetas de nuestros días que andan promoviendo un evangelio de sanidad corporal, éxito profesional, y riqueza material como si fuera la voluntad de Dios para toda Su iglesia. Pero, sí nos queda una pregunta para dirigir el resto de este ensayo: ¿dónde está la iglesia que se aferra a las Escrituras y qué sucedió en la historia para que la iglesia sacrificara la autoridad de las Escrituras en su práctica y en su predicación? Hay por los menos tres factores en la historia que contribuyeron al analfabetismo moderno de la Palabra de Dios. Estos factores son el menosprecio de un estudio sólido de la Biblia, una confianza espiritual en uno mismo (experiencia), y un sacrificio de las grandes doctrinas bíblicas.

Estos tres factores tuvieron su origen en los Estados Unidos y fueron transportados al mundo entero por medio del movimiento misionero, las publicaciones cristianas, los medios de comunicación, y la práctica.
El menosprecio de un estudio sólido de la Biblia

En los días de Jorge Whitfield, Jonathan Edwards, y los hermanos Wesley, las colonias norteamericanas estaban bajo la monarquía inglesa. Estos y otros hombres eran instrumentos de Dios para el avivamiento, conocido hoy como el Gran Despertar. Dos de estos hombres, Whitfield y Juan Wesley veían al clero mismo como parte del problema de la falta de vitalidad espiritual en las iglesias. En parte, su diagnóstico era correcto. Es triste, pero a muchos pastores les faltó la vitalidad espiritual, y no alimentaron al rebaño del Señor. No obstante, al denunciar al clero profesional, muchos laícos perdieron su respeto y confianza en el clero. Cuando Whitfield pasaba por las colonias predicando que muchos de los hombres que ocupaban los púlpitos no eran regenerados, fue una gran tentación para los laicos considerarse iguales o hasta más capacitados para la obra de Dios que el clero que se había preparado en las universidades. Este movimiento democrático coincidió con la Revolución de las colonias, y las ideas de la democracia política echaron raíces aun en las iglesias. Las denominaciones tradicionales como la presbiteriana, la congregacionista, y la reformada perdieron muchos miembros. Estas demoninaciones, en las mentes de una gran parte de la población, fueron consideradas anti-democráticas, mientras que las iglesias metodistas y bautistas, con su voto congregacional, ganaron miembros y llegaron a ser considerados las denominaciones del hombre común.

No hubo ningún abandono inmediato de las doctrinas cardinales de la Reforma, pero poco a poco con el avance del liberalismo y la ignorancia pastoral de las doctrinas bíblicas, las denominaciones se hallaron sin vitalidad y compás doctrinal para guiarlos por las aguas oscuras del racionalismo y arminianismo. Lastimosamente, las iglesias con un credo tradicional y bíblicamente ortodoxo, como las presbitérianas, las bautistas y las reformadas, no proveyeron ningún ejemplo de una espiritualidad bíblica.

Cansados de una ortodoxia muerta que afirmaba el poder de Dios pero que negaba la eficacia de ella en la vida, muchos en las denominaciones democráticas se convencieron de que había que ser algo más vital, más vibrante en la vida cristiana. Correctamente fueron a las Escrituras, pero lo que nos interesa es: ¿cómo se acercaron a las Escrituras? Y aquí es importante destacar dos cosas: su actitud y su método ante las Escrituras.

No hay duda de que la iglesia en general careció de la vitalidad que debía tener. Incluso, podemos decir que segunda de Timoteo 3 se aplicó tanto hace cien años como para hoy. Pero, la actitud de estas personas fue, por lo general, menospreciadora de la ortodoxia. Consideraron un estudio serio de las doctrinas centrales de la iglesia como algo sin mucha importancia y ¿por qué no? dado que la ortodoxia no había evitado el liberalismo y la frialdad espiritual. No estuvieron satisfechos con la mera declaración de que estaban sin condenación (Rom. 8:1). Lo que deseaban era sentirse espirituales y llenos. Fueron convencidos que la vida cristiana debe ser sobre todo una vida de experiencias gozosas y de éxtasis. Este sacrificio de la ortodoxia dejó este movimiento de santidad sin ningun fundamento firme para establecerse y como tantos otros movimientos que eventualmente abandonaron las doctrinas más importantes, sus inicios estuvieron sin la firmeza de una teología bien formada. Más bien, al estudiar la historia de este movimiento de la santidad, podemos decir que pocos de verdad se preocuparon por un estudio serio de, por ejemplo, la inspiración, la justificación por la fe, la expiación, y la Trinidad.

La Nueva Hermeneútica

Empero, este movimiento sediento por la vitalidad espiritual se preocupó por el estudio de la Palabra de Dios y debemos felicitarlos por su inquietud con la ortodoxia muerta. Sin embargo, con relativamente poca preparación doctrinal, estos creyentes se sentaban y “estudiaban” la Biblia en una manera inusual. En aquellos tiempos, las biblias de estudio estaban ganando en popularidad. Estas biblias de estudio contenía una cadena de referencias de varios temas. Sus estudios bíblicos consistían en un grupo de personas que se sentaban para leer una lista de versículos sobre cierto tema, y después ofrecían opiniones sobre lo que habían aprendido.

Por ejemplo, si una iglesia quisiera aprender de la creación, podría buscar la palabra crear en todos sus textos bíblicos y ofrecer comentarios sobre el significado de este tema en su vida. Fue popular, democrático, y bien intencionado. Es cierto que uno puede aprender mucho, pero lastimosamente, la mayoría de estos estudiantes de la Palabra de Dios ignoraron el contexto de los pasajes, no se esforzaron a utilizar los idiomas originales, y violaron muchas leyes de la hermeneútica. Ni se preocuparon por estas cosas porque, como hemos visto, no respetaron a los eruditos de los seminarios, ni tampoco a los lideres de la iglesia del pasado. Lo que buscaban era un avivamiento inmediato. Querían algo que los llenara. Fue incomprensible para ellos que el estudio serio de las doctrinas formales de la Reforma pudiera ser el medio de una satisfacción gozosa en sus vidas espirituales. Así que, utilizaron los textos fuera de sus contextos y, a veces, llegaron a conclusiones nuevas y erróneas. Pero sobre todo, ellos querían experimentar algo más que no habían experimentado jamás en su experiencia espiritual. Buscaban algo más que el gozo de la salvación. La justificación por la fe fue importante, por supuesto. Pero hallaron en el Pentecostés la respuesta para su hambre de una experiencia. Si solamente pudieran volver a experimentar lo que sucedió el día que el Espíritu Santo vino sobre la iglesia, tendrían la experiencia que tanto anhelaban. No obstante, esto abrió la puerta para sujetar las Escrituras a la autoridad de la experiencia.

El egoísmo espiritual

El segundo factor que ha producido esta crisis en muchas iglesias evangélicas es el énfasis de la experiencia como una autoridad para interpretar los acontecimientos y hasta las Escrituras mismas. Antes de criticar a los demás, cada creyente que no cree en hablar con lenguas debe preguntarse: ¿qué haría yo si , de repente, comenzara a hablar en lenguas en un culto, junto con otras veinte personas? ¿Sería la experiencia suficiente para convencerlo de que su experiencia está de acuerdo con la Palabra de Dios? Tristemente, la mayoría de las personas afirmarían que sí. John Deere, un lider en el movimiento pentecostal, dice, “Hay una razón básica de que los cristianos creyentes, que creen en la Biblia no crean en los dones milagrosos del Espíritu para hoy. Es sencillamente ésta: no los han visto.” Podemos deducir, entonces, que para muchos y probablemente la mayoría, la experiencia es una autoridad irrefutable.
Sola Scriptura y la experiencia

Esta ilustración nos sirve para probar la amenaza de la experiencia a la autoridad de las Escrituras dentro del cristianismo. ¿Cómo sabremos la verdad? ¿Hay dos respuestas: la experiencia y las Escrituras? Sin embargo, la Reforma luchó fuertemente para establecer las Escrituras como la única autoridad para guiar nuestra conducta y fe. Es cierto que el asunto material para Lutero fue la sola fide , pero el asunto formal de la Reforma fue la sola scriptura . En el momento que elevamos la experiencia al nivel de autoridad que tienen las Escrituras, hemos perdido, prácticamente, no históricamente, el tesoro espiritual de los reformadores.

Pero, uno responde, ¿quién puede discutir con los hechos de mi experiencia? Pues, en primer lugar Dios discute con la experiencia. En el juicio, los hombres, convencidos de que tienen derecho al reino de Dios, exponen lo que han hecho y visto. Ellos dicen haber hecho milagros, grandes predicaciones, y exorcismos. Es interesante que Dios no niega su experiencia. No discute con ellos. Sencillamente, Él no reconoce sus experiencias como prueba de una relación con Él. (Vea Mateo 7:21-23.)

Pero, hay algo más profundo, más sútil aquí. Para ilustrar, permítame hacerle una serie de preguntas. ¿Cuántos hemos sido engañados por alguien? Todos. ¿Estuvimos concientes del engaño? Por supuesto que no. Un engaño no funciona si se reconoce como tal, ¿verdad? Ahora, ¿cuál es la cosa más engañosa que hay? Jeremías nos cuenta que es nuestro propio corazón:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras ” (Jeremías 17:9-10).

La exaltación de la experiencia personal sencillamente es el fruto del orgullo espiritual. La Biblia nos reta a no poner nuestra confianza en ningún hombre ni tampoco en nosotros mismos. Proverbios 14:12 nos dice claramente: “ Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte .”

Y Proverbios 3:5-7:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal .”

Así que, las Escrituras enseñan que no podemos confiar en nosotros mismos. Si mi experiencia está en contra de la Palabra de Dios, estoy obligado a desechar mi experiencia, no como un acontecimiento, porque es posible que mi experiencia sea real, pero no una guía para mi conducta y fe, pedirle a Dios el perdón, y volver a la Biblia como mi única fuente de autoridad para esta vida. Dios tiene palabras fuertes para el hombre que confía en su propio corazón: “ El que confía en su propio corazón es necio; mas el que camina en sabiduría será librado ” (Proverbios 28:26).

La experiencia y la cruz

Pero este énfasis sobre la experiencia es aun más dañino porque menosprecia la obra del Salvador. Los evangélicos que exaltan la necesidad de experiencias extraordinarias tienen que preguntarse si la Biblia y la obra consumada de Cristo son suficientes para producir vidas verdaderamente vitales y espirituales. Para el cristiano que anhela más y más experiencias, la respuesta es no. En adición a la doctrina de la Biblia y la obra objetiva de Cristo, ellos insistían en que había que tener un llenar subjetivo para experimentar las emociones y los sentimientos de uno. La satisfacción recibida por esta experiencia es superior a la declaración legal de que estamos ante los ojos de Dios sin pecado (Romanos 8:1).

Sin embargo, este énfasis sobre la experiencia pretende reemplazar el gozo del creyente basado en la obra expiatoria de Cristo para nuestra justificación que es la base de toda nuestra santificación progresiva con un gozo que se halla en la experiencia por medio de la obra del Espíritu Santo experimentada en los hechos y las señales. Así que, el mayor gozo del creyente experimental no se basa en lo que Cristo hizo por él en la cruz, sino que se basa en lo que el Espíritu hará por medio de él en esta vida.

Esto inmediatamente produce una división entre la segunda y tercera Personas de la Trinidad, dado que Cristo dijo que el Espíritu no vendría para hablar de si mismo, sino para recordar a todo creyente lo que Cristo enseñó (Juan 16:13). Tenemos que hacernos la pregunta: ¿Realizó Cristo la obra propiciatoria para satisfacernos con el obrar del Espíritu en nuestra experiencia, sentimientos, y emociones? O, ¿realizó el Espíritu Santo Su obra regeneradora y selladora para satisfacernos con la obra de Cristo, imputada a nuestra cuenta? Conforme a la respuesta, uno puede discernir si hay un entendimiento de la obra de Cristo o no.

Ahora, ¿cómo afecta lo subjetivo a la eficacia de la Palabra de Dios en uno? Para muchos, establece y exalta la autoridad de la experiencia. En ninguna parte de la Biblia somos llamados a creer las cosas porque las experimentamos. Somos llamados a creerlas porque la Biblia es la Palabra de Dios. Somos presuposicionalistas. El puritano Juan Owen escribió sobre esta fe que agrada a Dios hace trescientos años,

Creemos todo lo que se revela y se declara en las Escrituras. Lo creemos porque se revela, no por ninguna razón externa…Esto se debe a la evidencia sobre la cual se basa es de Dios y por ende es infalible .”

Lo que Juan Owen quiere decirnos es que la Biblia no requiere ninguna prueba para ser autoritaria. Es autoritaria porque es la revelación de Dios. Su autoridad se deriva de si misma. Un ejemplo bíblico aquí es útil. Cuando Pablo escribió a los corintios, él usó la razón y la prueba para defender la doctrina de la resurrección. Sin embargo, ¿debemos creer porque quinientas personas dieron testimonio ocular de la resurrección? O, ¿debemos creer porque Pablo lo vió personalmente? Son dos argumentos persuasivos, pero según Pablo la razón que debemos creer es el primero de sus argumentos:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras. (I de Corintios 15:3).

¿Por qué debemos creer que Cristo fue resuscitado? Sencillamente, porque Dios dice que es así en Su Palabra. Mas, hoy en día, la autoridad de la Biblia enfrenta una oposición seria. Más peligroso es este rival que el liberalismo. Este enemigo es el humanismo y su nombre es la experiencia. La triste verdad es que la oposición más fuerte viene no de los impíos, sino de los que se llaman evangélicos. Sin embargo, somos llamados a establecer y promulgar la verdad, no actuar conforme a la razón de nuestra experiencia. Un buen ejemplo de esto sucedió en los días de Jeremías. En medio de hambre y pobreza, Judá tomó la decisión de volver a sacrificar a la reina de los cielos porque los tiempos fueron mejores cuando adoraron a ella que cuando ellos, obedientes al profeta, abandonaron esa práctica (Jeremías 44:16-23). Sin duda, la experiencia de los judíos les enseñó la bendición al pueblo al desobedecer a Dios. Las cosas andaban mejor cuando servían a esta diosa, pero la experiencia no estaba de acuerdo con la Palabra de Dios, y su decisión de actuar así resultó en el juicio doloroso de pueblo. Así que, hermanos, no podemos apoyarnos ni en nuestras experiencias ni tampoco en nuestros sentimientos cuando chocan con las verdades bíblicas. Afirmamos con nuestros padres en la fe que la única regla para nuestra fe y práctica son las Sagradas Escrituras.

El sacrificio de las grandes doctrinas de la Reforma

Finalmente, nos toca ver las influencias que apoyaron el movimiento hacia la la autoridad de la experiencia en sus principios y como estas influencias afectaron su entendimiento de la Biblia. El siglo 19 fue un siglo de trastornos filosóficos. Hombres como Marx, Freud, y Darwin escribieron durante este siglo y el mundo entero fue trastornado por estas influencias.

También, la iglesia experimentó grandes cambios. Ya hemos tocado el abandono de las doctrinas como la inspiración de las Escrituras y la justificación por la fe. No es que estas doctrinas fueron negadas. Fueron aceptadas, pero no con la prioridad que habían recibido en los tres siglos inmediatamente después de la Reforma. Novedades doctrinales fueron introducidas que nunca se habían visto. Estas nuevas enseñanzas—el rapto pre-tribulacional, un nuevo Pentecostés, y el perfeccionismo—dejaron sus huellas sobre la iglesia. Estas innovaciones afectaron todas las doctrinas centrales de la Biblia. (Indirectamente, las solas de la Reforma fueron afectadas indirectamente por la negligencia, y las doctrinas de la escatología y la santificación fueron afectadas directamente por nuevas perspectivas de estas doctrinas.)

Un estudio histórico de la salud espiritual de la iglesia revelará que cuando la justificación por la fe, la expiación vicaria de Cristo en la cruz, la inspiración y eficacia de las Escrituras, y la encarnación de Cristo son estudiados y entendidos, la iglesia ha prosperado. Esta prosperidad se ha manifestado en momentos de avivamiento y progreso en la influencia de la iglesia sobre la cultura Pero cuando estas doctrinas han sido negligentes, la iglesia ha perdido su vitalidad. Hoy en día, la iglesia, en general, está en un caos doctrinal. Cuando un lider evangélico puede compartir su visión y describir el peinado, la estatura, y los chistes que Cristo le compartió y ser recibido y loado por los oyentes, la iglesia está en una crisis a proporciones jamás vistas.

El vacío espiritual es profundo y la falsa doctrina ha llenado el vacío. Muchas doctrinas han sido afectadas, pero específicamente las doctrinas de la escatología, la unidad del cuerpo de Cristo, y la santificación.

La Escatología: La Nueva Medida de la Ortodoxia

Entre todas las doctrinas, la escatología es una de las doctrinas más discutidas entre buenos hermanos. Hace doscientos años, hubo un acuerdo a desacordar y seguir como amigos por las diferencias de opinión respecto a esta doctrina dificil. Pero dentro de unos años, la ortodoxia iba a ser redefinida para incluir una novedad. En vez de enfatizar la justificación por la fe, el enfoque escatológico iba a ocupar el estudio y formar un gran parte de los nuevos credos. Alrededor de 1830 Juan Nelson Darby empezó a enseñar la teoría del rapto pre-tribulacional. Pronto, esta posición en la historia de la iglesia fue diseminada y aceptada. A la vez, el resurgimiento de milenialismo acompañó esta enseñanza. Uno puede decir que el pre-tribulacionalismo dio un nuevo sabor al milenialismo. Esta posición fue adoptada aun por varias sectas como los testigos de Jehová, los mormones, y los adventistas. Hasta hoy, este énfasis sobre esta escatología ocupa una influencia fuerte en la definición de la ortodoxia entre ciertos evangélicos. Entre ellos hay los fundamentalistas modernos que consideran que la creencia de un rapto pre-tribulacional es señal de que uno interpreta la Biblia en una forma sana (literal).

Todo esto demuestra el cambio de dirección doctrinal en las iglesias de esa época. Este convencimiento de que el Señor iba a venir en cualquier momento sin señales hacía que muchas iglesias buscaran pasajes que tratan de los postreros días y los aplicaran a ellos mismos. Ideas como la “lluvia tardía” fueron adoptados. De Joel, sacaron las ideas de un nuevo cumplimiento de Pentecostés que vendrían poco antes de la segunda venida de Cristo. Pero, lo que nos interesa aquí es como esta fascinación con la escatología afectó una sana interpretación bíblica. Junto con las sectas, muchos empezaron a poner fechas para el rapto de la iglesia. Además, el interés en los acontecimientos hizo que la Biblia fuera interpretada por medio de las periódicos y las revistas. Conozco a muchas personas que se consideran expertos en la escatología, no por un estudio arduo de los pasajes proféticos, sino por las noticias en la tele. En una manera, muchos de estos expertos de la profecía no podrían explicar la doctrina de la justificación por la fe. Podemos decir que esta fascinación con 666 y el anti-cristo, y las guerras, distrae al pueblo de Dios del estudio de la soteriología y sus doctrinas.

¡Somos Superiores!

Otro efecto de este énfasis escatológico es un egoismo denominacional. Después de la Reforma y por más de doscientos años, existía un respeto mutuo entre las denominaciones que estaban de acuerdo soteriólogicamente hablando, pero que tenían diferencias menos importantes. Casi todas las denominaciones consideraban que la soteriología era la doctrina primordial y ésta fue el estandar para determinar la comunión y la separación. Pero, esto cambió con la adopción de la perspectiva dispensacional de la escatología por los fundamentalistas. Pronto, había sospechas acerca del hermano que no compartía la idea del rapto pre-tribulacional y el milenio. También, este dispensacionalismo cambió la perspectiva respecto a Israel y la iglesia. Esta adopción de las enseñanzas del dispensacionalismo ha afectado la unidad de la Biblia, y, por ende, toda doctrina ha sido afectada. Un autor dijo sobre el peligro de esta escatología, “La popularidad del premilenialismo [pretribulacionalismo] en las iglesias evangélicas coincidió historicamente con la popularidad de pietismo no bíblico, el arminianismo, el dispensacionalismo, y escapismo.”

Permítame pausar aquí para decir que estoy hablando en generalidades. Hay muchas excepciones, y no toda persona que cree esta enseñanza del rapto pre-tribulacional y la división entre los santos del Antiguo Testamento y la iglesia ha caído en dichas trampas. Pero, recalco que sobre todo, esta novedad del rapto pre-tribulacional ha creado una generación nada preparada para el tipo de persecución que la iglesia enfrentará en los postreros días. Nuestra supuesta “edad de oro” puede concluir en cualquier momento y los días de gran persecución pueden comenzar. ¿Cuántos estarán preparados? ¿Cuántos vivirán en santidad y perseverarán en la fe? Estas preguntas nos llevan a considerar la próxima doctrina afectada.

La santificación también fue otra doctrina afectada por los eventos del siglo antepasado. Con el abandono de estudiar la expiación vicaria y la justificación por la fe, el evangelio fue desnudado de su poder. Un ejemplo de esto se ve en el evangelista más famoso de ese siglo, el famoso de Charles Finney. Finney se reconoce como el padre moderno del avivamiento. Sin embargo, él fue un hombre cuyo entendimiento de las doctrinas cardinales se alejó mucho de la ortodoxia. El negó la doble imputación de la obra expiatoria de Cristo. Sabemos que cuando Cristo murió, El no proveyó un ejemplo del amor o la ira de Dios, sino que El murió como nuestro Sustituto. Sin embargo, Finney negó la doctrina de la expiación vicaria de Cristo. La Biblia nos enseña que nuestros pecados fueron imputados a Su cuenta mientras que Su justicia es imputada a nuestra cuenta por medio de la fe. Esta es la esencia del evangelio, pero Finney predicó otro evangelio, un evangelio basado sobre el poder de la decisión humana, en vez de la obra soberana de Dios. Muchas innovaciones fueron implementadas, pero cuando Finney volvió a predicar en los lugares de sus previas campañas evangelisticas, él se dio cuenta de que sus metodos habían producido “tierra estéril.”

El halló la solución en el perfeccionismo, una distorsión de la doctrina de la santificación. El enseño que cada creyente tiene la capacidad y habilidad de no cometer más el pecado. Esta fue la idea aceptada de la santificación cuando el movimiento de santidad comenzó a buscar su nuevo Pentecostés.

Las consecuencias de este tipo de santificación es que se vuelve en un legalismo que dice que complacemos, servimos, y honramos a Dios al no usar maquillaje, cortarse el cabello, evitar vicios. Uno de los comentarios más frecuentes del rebaño que pastoreo es que sus familiares carasmáticos los menospecian por usar shorts, cortarse el cabello, o nadar en grupos. Esta actitud de menosprecio es jactanciosa, sectaria, y prejuicial al espíritu del evangelio.

Pero más triste aún es que esta perspectiva de la santificación le roba al creyente de toda vitalidad y progreso en la santificación. La vida cristiana se vive a la luz de lo que Cristo ha hecho por el cristiano. La pregunta para el éxito del progreso en la santificación no es ¿qué haría Jesús? sino que, ¿qué hizo Jesucristo? II de Corintios 5:21 enfatiza la obra terminada de Cristo para nosotros y cómo nos afecta todos los días: “ Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. ” Pablo escribió en su gran tratado sobre la justificación por la fe:

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él se el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida” (Romanos 3:24-27a).

La salvación es una continua confianza en la obra de Cristo como nuestra salvación y único y suficiente mérito delante de Dios.

La vida cristiana no consiste en alcanzar un alto porcentaje de obediencia a los diversos mandamientos, sino una fe ardiente en la obra de Cristo. A menos que uno me acuse del nominalismo, no niego la necesidad de andar en obediencia a los mandamientos de Cristo, pero la Biblia nos cuenta que este andar se realiza en una plena dependencia del poder que Dios suple (Romanos 8:13; I de Pedro 4:11). La santificación es el fruto del gozo en lo que Cristo hizo por nosotros; no un medio de descubrir un gozo más sublime no realizado en la experiencia. El mayor apoyo para la santificación es la comtemplación de Cristo. Pablo nos dice que somos transformados diariamente al contemplar al Señor y Su obra (II de Corintios 3:18). Sencillamente, no importa cuan conformistas somos a las normas bíblicas, si no vivimos a la luz de lo que Cristo hizo por nosotros, no hay santificación, sino un legalismo de los Gálatas y un ascetecismo de los Colosenses. Y Pablo vio este legalismo y ascetecismo como negar la fundación entera del evangelio. Escribiendo a los Gálatas, él dijo:

Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos, y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros (Gal. 4:9-11).

La historia de la iglesia nos enseña del peligro de una noción falsa de la santificación. No es meramente que haya recompensas perdidas, sino las pérdidas de esta guerra contra la sola scriptura son las almas. Los puritanos creyeron que sin la perseverancia en la obediencia de la fe, el resultado sería destrucción eterna, no un nivel inferior de santificación. Como la santificación no es opcional, tampoco es una obra que nos encomienda a Dios.

El abandono de un estudio serio de la Palabra de Dios, la exaltación de la experiencia, y la ignorancia de las grandes doctrinas de las Escrituras han producido un vacio en la iglesia de nuestro siglo, y donde hay un vacío, sabemos que cualquier cosa puede entrar. Sin embargo, hay esperanza. Dios, en Su misericordia, nos ha revelado en Su Palabra Su voluntad. Aquí y solamente aquí, tiene la iglesia la revelación de lo que Dios exige de ella. Al obederle, experimientaremos una vida espiritual de vitalidad, gozo y satisfacción.

Por ende, la iglesia debe entregarse nuevamente a una devoción absoluta a las Escrituras. Son nuestra autoridad. Son nuestra guía para crecimiento espiritual. Sobre todo, las Sagradas Escrituras son suficientes. Además, debemos comprometernos a enseñar las doctrinas básicas y centrales de nuestra fe. Pero además hay una advertencia para nosotros: si no recuperamos este respeto para las Escrituras relativamente pronto, pudiéramos hallarnos en una nueva época de oscuridad espiritual como Europa enfrentó antes de la Reforma. Si no recobramos este amor para la Biblia como nuestra única y suficiente autoridad, no habrá ningún evangelio para nuestros hijos y nietos, y posiblemente, ellos se levantarán en el día del juicio para maldecir nuestra pereza espiritual. Así que, hermano lector, que no nos contentemos con el estado de nuestra iglesia. Dios no nos recompensará conforme a la cantidad de personas que acuden a nuestros cultos, sino por nuestra obediencia a Su voluntad. Recordemos el reto de los padres de la Reforma y lo apliquemos a nuestras iglesias: Semper reformanda.

Referencias

Wells, David. God in the Wasteland . (Grand Rapids: Eerdmans Publishing Company, 1994) páginas 63-67.

MacArthur, John. Charismatic Chaos . (Grand Rapids: Zondervan, 1992) página 37.

Edga r, Thomas R. Satisfecho con la Promesa del Espíritu Santo . (Grand Rapids: Editorial Portavoz, 1996), página 19.

Owen, John. The Spirit and the Church . (London: The Banner of Truth Trust, 2002) página 9.

Charismatic Chaos , p. 362

Waldron, Samuel. The End Times Made Simple . Amityville, New York: Calvary Press, 2003) páginas 202-203
MacArthur, John. Ashamed of the Gospel . (Wheaton: Crossway Books, 1993) página 158-159.

Ibid , página 234.

Piper, John. Brothers, We are not Professionals . (Nashville: B&H Pushlishers, 2002) página 106.

Relacionados:

http://fereformada.org/?p=196

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