LA SANTA CENA

12 Jul

LA SEXTA PARTE PRINCIPAL – LA SANTA CENA

“¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DEL ALTAR?”

Introducción: Hemos oído en la cuarta parte principal que Dios ha establecido dos sacramentos en el Nuevo Testamento, el bautismo y la Santa Cena. De este último habla ahora la sexta y última parte principal de nuestro catecismo. El título dice: “El sacramento del altar, como el jefe de la familia debe enseñarlo sencillamente en su casa.” Este segundo sacramento, entonces, se llama el Sacramento del Altar. Lo llamamos así porque este sacramente comúnmente se celebra en la iglesia delante del altar. Pero este sacramento lleva también otros nombres en la Sagrada Escritura. Se llama, por ejemplo, la mesa del Señor, 1 Corintios 10:21. Dios es quien nos pone la mesa en este sacramento, quien nos prepara una cena. Aquí nos da algo que comer y beber, una comida gloriosa y celestial. Además se llama el partimiento del pan. Hechos 2:42. En este sacramento el pan que se bendice es partido. Sobre todo se llama también una cena. 1 Corintios 11:20. El Señor Jesucristo estableció este sacramento en la noche en la cual fue traicionado, en la noche antes de su gran sufrimiento y muerte. Por eso lleva este nombre. Y finalmente también lo llamamos la Comunión. Todos los cristianos vamos juntos a la Santa Cena y comemos de un pan y bebemos de una copa, y así nosotros siendo muchos somos un cuerpo. 1 Corintios 10:17. Por medio de la Santa Cena entramos en la más íntima comunión con Cristo y unos con otros. Pregunta 269.

Hay cuatro asuntos sobre los cuales nuestro catecismo nos dirige la atención acerca de la doctrina de la Santa Cena; tenemos que tratar de la esencia, del provecho, del poder y de la verdadera preparación para la Santa Cena. Así nuestro catecismo primero pregunta: “¿Qué es la Cena del Señor?” La respuesta nos habla de la esencia de la Santa Cena; nos dice que la Santa Cena es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo, que éstos están bajo el pan y el vino, que es instituido para nosotros los cristianos, que es instituido para que lo comamos y bebamos, y finalmente que ha sido instituido por Cristo mismo. Vemos primero el último de estos puntos.

1. Nuestro catecismo nos dice que la Santa Cena fue instituido por Cristo mismo. Pregunta 270.

a. Como todo lo que está en nuestro catecismo, también su doctrina de la Santa Cena se toma de la Escritura, de la palabra de Dios. Por eso nuestro catecismo pregunta además: “¿Dónde está escrito esto?” y luego cita las palabras de la institución de la Santa Cena. Así en primer lugar dice: “Así escriben los santos evangelistas Mateo, Marcos y Lucas y también San Pablo.” La institución de la Santa Cena no se nos cuenta solamente una vez en la Escritura, sino cuatro veces, por tres evangelistas y luego por el apóstol Pablo quien nos informa de una revelación especial de Dios en su Primera Carta a los Corintios. Hubiera sido suficiente si Dios nos hubiera dicho solamente una vez en la Biblia qué cosa es la Santa Cena, pero fue en nuestro beneficio que él ha repetido cuatro veces la institución, y no con precisamente las mismas palabras. Con esto quiere hacer estas palabras muy enfáticas, para que entendamos bien su sentido y su significado. El Señor quiere mostrarnos en esta forma qué firmes y seguros son estas palabras. Cada palabra en la Escritura es de suma importancia por ser la palabra de Dios; cuanto más importantes tienen que ser estas palabras de la institución cuando el Señor las ha repetido cuatro veces. El propósito de esta repetición es para que así queden para nosotros tanto más significativas, seguras e importantes. Las palabras de institución, que aparecen en nuestro catecismo como prueba tomada de la Escritura, son tomadas de esos cuatro informes.

b. Así comienzan las palabras: “Nuestro Señor Jesucristo.” Con esto se nos indica la persona que ha instituido este sacramento. Es nuestro Señor Jesucristo. Lo hizo “la noche en que fue entregado,” inmediatamente antes de su amargo sufrimiento y muerte. Así el Señor por última vez reunió a sus discípulos para comer con ellos el cordero pascual, la cena de la Pascua, el sacramento del Antiguo Testamento. Y después de esta celebración, en lugar de este sacramento del Antiguo Testamento él instituyó la Santa Cena. — Nuestro Señor Jesucristo ha instituido la Santa Cena, y es muy importante que demos atención a esto. Él no es un mero hombre, sino es el verdadero Dios-hombre, que es Dios y Hombre en una persona. Si Cristo instituyó la Santa Cena, luego es Dios mismo el que lo ha instituido. El Sacramento del Altar es una institución divina, un acto que Dios ha ordenado. De esta manera encontramos en la Santa Cena esta condición que hace un acto un sacramento: Es un acto ordenado por Dios. (“No queremos aquí agarrarnos de los cabellos y combatir con los que blasfeman este sacramento y lo escarnecen; sino que aprendamos en primer lugar, lo más importante, como también en el caso del bautismo; es decir que la parte principal es la palabra y la institución u orden de Dios. Pues este sacramento no ha sido inventado o establecido por hombre alguno, sino que fue instituido por Cristo, sin consejo ni reflexión humana… es menester inculcar esto siempre, porque con ello se puede rechazar absolutamente todas las charlatanerías de todos los sectarios, los cuales consideraban los sacramentos fuera de la palabra de Dios como una cosa que nosotros hacemos.” Catecismo Mayor, Sacramento del Altar, #4,7.) — Cristo, quien instituyó este sacramento, es verdadero Dios. Pero Dios no es un mentiroso. Él es fiel. Lo que promete, seguramente lo cumple. Salmo 33:4. También aquí cumple lo que promete. Nos dice que él nos da su cuerpo y su sangre. Entonces realmente lo hace. No debemos dudar de la palabra de Dios. Él es omnisciente; sabe lo que hace y dice. No debemos modificar o cambiar sus palabras como si nosotros los tuviéramos que mejorar. Dios es también el todopoderoso. El puede hacer lo que él quiere y dice. Nosotros seguramente no podemos entender cómo es posible que Cristo nos da su cuerpo y su sangre para comer y beber. Pero el Señor puede hacer superabundantemente más de lo que nosotros pedimos o entendemos. Efesios 3:20. Ya que Dios instituyó este sacramento, debemos creer que él puede hacer lo que él nos promete aquí y seguramente lo hará.

2. Nuestro catecismo dice que el sacramento del altar “es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el pan y el vino.” Allí el catecismo nos da la verdadera esencia del sacramento. Preguntas 271-275.

a. “Bajo el pan y vino.” En la Santa Cena hay pan y vino. En las palabras de institución dice que el Señor tomó pan y tomó la copa. No nos dice en estas palabras qué cosa estaba en la copa; pero inmediatamente antes el Señor había dicho: “No beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mateo 26:29.) En la copa estaba el fruto de la vid, luego vino que el Señor dio a sus discípulos para tomar. Así como en el bautismo, aquí también encontramos en este sacramento ciertos medios externos, que las palabras de institución indican, o sea, pan y vino. Éstos son los medios que nosotros también tenemos que usar en la Santa Cena, pan preparado de harina, y vino, el fruto de la vid. La forma y el color de estos medios no es importante. Comúnmente utilizamos la hostia, pequeñas obleas de pan preparadas con harina de trigo y agua, como el pan. Pero se podría utilizar también pan ordinario, leudado. También es indiferente si usamos vino rojo o blanco, solamente que sea verdadero vino, el fruto de la vid. Si no tenemos pan ni vino, no podemos celebrar la Santa Cena.

b. Hemos oído en la doctrina acerca del bautismo, que no es simple agua solamente, sino agua ligada con la palabra de Dios. Así es también con la Santa Cena. Los medios externos aquí son pan y vino; pero tampoco aquí son ordinarios, sino pan y vino ligados con la palabra de Dios. También en este sacramento tenemos ciertos medios externos ligados con la Palabra de Dios. (“Así como sobre el bautismo afirmamos que no es simple agua, también aquí, que el sacramento es pan y vino, pero no simple pan ni simple vino como los que se usan en la mesa, sino pan y vino comprendidos en la palabra de Dios y ligados a la misma. Digo que la palabra es aquélla que constituye el sacramento y que lo distingue, de modo que no es ni se llama un simple pan y un simple vino, sino cuerpo y sangre de Cristo. Por eso se dice: Accedat verbum ad elementum et fit sacramentum. O sea, si la Palabra se une a la cosa externa, hácese el sacramento… La palabra ha de hacer del elemento un sacramento, de lo contrario, permanece simple elemento.” (Catecismo Mayor, el Sacramento del Altar, # 8-10) — La palabra de Dios que está unida con el pan y el vino la encontramos en las palabras de institución. Son las palabras: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado.” “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre que es derramada por vosotros y por muchos para remisión de los pecados.” Cuando el Señor ofreció el pan a sus discípulos agregó: “Esto es mi cuerpo.” Luego les ofreció no solamente pan, sino también al mismo tiempo con el pan, y en y bajo el mismo, su cuerpo, y cuando les dio el vino para tomar, dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre.” Estas palabras en el informe del evangelista San Marcos dicen: “Esto es mi sangre del nuevo pacto.” Marcos 14:24. El nuevo pacto en su sangre es su sangre del nuevo pacto. El Señor llama a su sangre la sangre del nuevo pacto. La sangre del antiguo pacto fue la sangre de animales que fueron sacrificados por el pueblo, inclusive la sangre del cordero pascual. En el Nuevo Testamento Cristo ha derramado su sangre por nosotros en la cruz. Por eso se llama la sangre del nuevo pacto. El Señor no ha dado a sus discípulos solamente vino, sino al mismo tiempo su sangre con, en y bajo el vino. Conforme a estas palabras de Cristo segura y verdaderamente están presentes el cuerpo y la sangre de Cristo con, en y bajo el pan y vino, y todos los que vienen a la Santa Cena realmente comen y beben estas cosas. El sacramento del altar luego es “el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el pan y vino.”

c. Nuestro catecismo nos dice: “Es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo.” Quiere decir que es el cuerpo real, natural de Cristo y su sangre real y natural. ¿Por qué enfatiza eso nuestro catecismo? Lo hace a causa de los falsos profetas e iglesias que no quieren creer el misterio de la Santa Cena. Especialmente las iglesias reformadas, las sectas, los metodistas, los pentecostales, de hecho, todas las otras iglesias protestantes fuera de la luterana enseñan así. No quieren creer estas palabras de Cristo; no quieren creer que estén realmente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo en la Santa Cena y que los que vienen al sacramento realmente coman y beban estas cosas. Es en verdad un misterio maravilloso. No podemos comprenderlo por nuestra razón. Nos parece imposible. En consecuencia, esas iglesias enseñan que se tiene que tomar las palabras de Cristo figuradamente, entenderlas en otro sentido. Según ellos, Cristo no quería decir que la Santa Cena realmente fuera su verdadero cuerpo natural, sino solamente que el pan significa su cuerpo, que lo retrata. Se refería solamente al cuerpo espiritual de Cristo. Los cristianos deben recibir este cuerpo espiritual en la Santa Cena, o sea, Cristo y sus beneficios, con fe, mientras que el verdadero cuerpo natural del Señor está sentado en el cielo. Contra estos falsos profetas, que se basan en su propia razón, nuestro catecismo dice: “Es el verdadero cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo.”

Afirmamos y confesamos esto conforme a la clara enseñanza de la Sagrada Escritura. El Señor mismo expresamente dice: “Esto es mi cuerpo,” “ésta es mi sangre,” y estas palabras no se pueden tomar figurada y no literalmente. El Señor aquí habla de su cuerpo y sangre verdaderas y naturales. Él mismo dice que nos ofrece su cuerpo dado por nosotros y su sangre derramada por nosotros. En la Santa Cena comemos el cuerpo que fue colgado por nosotros en la cruz y es resucitado y glorificado. Tomamos la sangre que el Señor derramó en Gólgota. No dio un cuerpo figurado, espiritual por nosotros, sino su cuerpo verdadero y natural. Luego en la Santa Cena está presente el verdadero cuerpo del Señor y su verdadera sangre.

También podemos ver esto de otros pasajes en la Escritura que hablan de la Santa Cena. Por ejemplo, en 1 Corintios 10:16 el apóstol dice que la copa bendecida es la comunión de la sangre de Cristo y que el pan que es partido es la comunión del cuerpo de Cristo. Hay, entonces, en la Santa Cena no solamente pan y vino, sino junto con el pan y vino algo más que está unido con ellos, el cuerpo y la sangre del Señor. Así el cuerpo y la sangre del Señor están presentes en la Santa Cena y los comemos y bebemos al mismo tiempo con y bajo el pan y vino. — Otro pasaje importante es 1 Corintios 11:27. Allí el apóstol dice que no son culpables de pan y vino sino del cuerpo y la sangre del Señor. Pero si al comer indignamente esta gente ofende contra el cuerpo y la sangre del Señor, tienen que comer y beber este cuerpo y esta sangre del Señor. Así que el cuerpo y la sangre del Señor están presentes en la Santa Cena y todos los que van a la Santa Cena los comen y beben, aún los indignos. Las palabras de Cristo tienen que entenderse así como están y como rezan.

¿Y de qué otro modo podría ser? Cristo mismo habló estas palabras. Son la palabra de Dios. ¿Quién debe atreverse a cambiar las palabras del Dios omnisciente y todopoderoso? Cuando él establece e instituye algo, tenemos que permanecernos con su institución. — Otra cosa. El Señor instituyó su Santa Cena en la noche en que fue entregado, inmediatamente antes de su sufrimiento y muerte. Esta cena luego es su testamento, Marcos 14:24, en el cual expresa su última voluntad. Las palabras de Cristo son palabras de un testamento no humano sino divino. Ahora bien, no se pasa por alto ni el testamento de un hombre, Gálatas 3:15. No se agrega ni se quita nada de sus palabras, no las cambian, sino las toman así como dicen. Cuanto más debemos hacer esto con las palabras de este testamento divino. Es una suma impiedad si cambiamos o modificamos estas palabras. Debemos tomar las palabras tal como rezan, y sujetar nuestra razón a la palabra de Dios. (“Ahora bien, esa palabra no es de ningún príncipe o de un emperador, sino que es palabra e institución de la excelsa majestad ante la cual todas las criaturas deberían de doblar sus rodillas y decir: Sí, que sea como él dice, y nosotros lo acataremos con todo respeto, con temor y humildad. Por la palabra puedes fortalecer tu conciencia y decir: aunque cien mil demonios y todos los entusiastas exaltados vengan y pregunten, ¿cómo pueden ser pan y vino el cuerpo y la sangre de Cristo, etc? Yo por mi parte, sé que todos los espíritus y los sabios eruditos juntos no tienen tanta sabiduría como la majestad divina tiene en su dedo meñique. He aquí las palabras de Cristo: Tomad y comed; esto es mi cuerpo. Bebed de ella todos; esto es el Nuevo Testamento en mi sangre… y a esto nos atenemos nosotros; ya veremos lo que hacen quienes pretenden corregirlo y obran algo distinto a lo que él había dicho. Ahora bien, es cierto que si retiras la palabra de ellos o si consideras el sacramento sin ella no tendrás sino simplemente pan y vino. Pero, si permanecen unidos, como debe y es necesario que sea, son, en virtud de las mismas palabras, el cuerpo y la sangre de Cristo. En efecto como ha hablado y dicho la boca de Cristo, así es, pues no puede engañar ni mentir.” (Catecismo Mayor, Sacramento del Altar, # 11-14.)

d. Nuestro catecismo nos dice acerca del Sacramento del Altar: “Es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el pan y vino.” Luego confesamos que en la Santa Cena el cuerpo y la sangre del Señor se comen y se beben bajo el pan y vino. En consecuencia, en la Santa Cena todavía están presentes pan y vino. Confesamos esto en oposición a la falsa doctrina de la Iglesia Católica Romana. El Papa y sus seguidores enseñan que en la Santa Cena el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo de modo que después que el sacerdote haya bendecido las cosas terrenales, ya no existan pan y vino, sino solamente el cuerpo y la sangre de Cristo. Contrario a esto nos enseña la Escritura que en la Santa Cena comemos también pan y bebemos vino. 1 Corintios 11:26-28;10:16. Así el pan en la Santa Cena es todavía pan, y el vino todavía es vino. Pero al comer el pan en la Santa Cena, al mismo tiempo comemos el verdadero cuerpo del Señor. Y al beber el vino en la Santa Cena, al mismo tiempo bebemos la verdadera sangre del Señor. Así de acuerdo a las claras palabras de Dios la Santa Cena es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo bajo el pan y el vino.

3. Nuestro catecismo además nos dice que Cristo nos da su cuerpo y su sangre “para que los comamos y bebamos”. Preguntas 275, 276.

a. Las palabras de institución nos dicen que en la Santa Cena el Señor nos dio su cuerpo y su sangre con el propósito de que nosotros los comamos y bebamos. El Señor dijo a sus discípulos: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo.” “Bebed de ella todos; esta copa es el nuevo pacto en mi sangre.” Nuestro Señor ha instituido su Santa Cena para que se coma y se beba. De hecho, todos los cristianos que van al sacramento deben igualmente comer y beber. La Iglesia Católica Romana contradice este mandato de Cristo cuando da a los cristianos solamente el pan para comer. Solamente el sacerdote toma el vino. El Señor Jesucristo, por otro lado, claramente dice: “Bebed de ella todos.” Mateo 26:27. Y el evangelista Marcos nos informa expresamente que todos los discípulos han tomado. Marcos 14:23. Es una ofensa contra Dios cuando el Papa, en contradicción del claro mandamiento de Cristo, quita a los cristianos la copa en la Santa Cena — Conforme a la palabra de Cristo todos los cristianos debemos recibir el cuerpo y la sangre del Señor para comer y beber. El Papa también enseña que se debe adorar el sacramento. Pero no hay ningún mandato de Dios para hacerlo. El Señor dice que debemos comer y beber su cuerpo y su sangre. — Y aún más vergonzoso es cuando enseña que el sacerdote en la Santa Cena ofrece el cuerpo y la sangre del Señor como un sacrificio incruento para los pecados de los vivos y los muertos en lo que llaman el sacrificio de la misa. En esto no solamente actúa en contra del claro mandato de Cristo, quien dijo que debemos comer y beber su cuerpo y su sangre y no sacrificarlos, sino blasfeman también los excelsos méritos de Cristo y su sacrificio. Cristo ha ofrecido el sacrificio adecuado por nuestros pecados. Su sacrificio es el único sacrificio por nuestros pecados. Hebreos 10:14-18. Con él Cristo ha hecho perfectos para siempre a los santificados.

b. El Señor dice al extender el pan a sus discípulos: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo.” Y lo mismo dijo también de la copa. Comemos y bebemos pan y vino en la Santa Cena con nuestra boca física. Pero al comer y beber pan y vino, al mismo tiempo comemos y bebemos también con nuestra boca física bienes celestiales, el cuerpo y la sangre de Cristo. En una acción comemos el pan y el cuerpo de Cristo, y en una acción bebemos el vino y la sangre de Cristo. El pan y el vino lo recibimos de una manera natural como otras comidas, pero recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo de un modo sobrenatural. Sin embargo, no recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo solamente de una manera espiritual en la Santa Cena, como dicen los evangélicos. Comer espiritualmente la carne y la sangre de Cristo no significa otra cosa que creer en Cristo. En el sacramento sucede algo más. Allí recibimos el cuerpo y la sangre de Cristo con la boca de una manera sobrenatural. — No podemos entender cómo esto sucede, pero debemos creer las claras palabras del Señor, y dejar todo lo demás al Dios todopoderoso. Para indicar esta manera maravillosa y misteriosa de recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, hablamos de un comer y beber sacramental, porque esta clase de comer y beber existe solamente en el sacramento. Lo que queremos decir con esto es que los medios terrenales, el pan y el vino, y los dones celestiales, el cuerpo y la sangre de Cristo, se reciben al mismo tiempo con nuestra boca física, los primeros de una manera natural, y los últimos de una manera sobrenatural.

4. Finalmente nos dice el catecismo que Cristo ha instituido su Santa Cena para nosotros los cristianos. Preguntas # 277,278.

a. El Señor no solamente celebró la Santa Cena con sus discípulos y les dio a comer y beber, sino también mandó que sus discípulos celebraran esta cena. Él mismo dice en las palabras de institución: “Haz esto en memoria de mí.” Debemos hacer lo que él ha hecho. Debemos tomar pan y vino, bendecirlos, distribuirlos, y darles a todos a comer y beber. Y hoy también por virtud de su palabra nos da lo que él en ese tiempo prometió, bajo y con el pan bendecido, su verdadero cuerpo, y bajo y con el vino bendecido, su verdadera sangre. Así el Señor con estas palabras nos manda que en la iglesia, entre los cristianos, se debe celebrar este sacramento así. — Y deben seguir haciéndolo todo el tiempo. En 1 Corintios 11:26 nos dice el apóstol que en la Santa Cena debemos proclamar la muerte del Señor hasta que venga. La Santa Cena debe celebrarse hasta el día final cuando el Señor venga en su gloria. — Cristo dice: “Haz esto.” Debemos hacer lo que él ha hecho. Solamente cuando se celebra conforme a la institución de Cristo, cuando se hace como el Señor la ha instituido, es nuestra Santa Cena realmente la cena del Señor. — Y debemos hacerlo en memoria de él. Quiere decir, como el apóstol lo explica en 1 Corintios 11:26: “Debemos proclamar la muerte del Señor.” En la Santa Cena debemos pensar en el Señor, especialmente en su sufrimiento y muerte, y alabarlo y darle las gracias por esto y proclamar y confesar esta muerte delante del mundo entero.

b. El Señor instituyó y estableció su sacramento para nosotros los cristianos como un precioso medio de fortalecernos. Por tanto los cristianos debemos utilizarlo. Recibimos solamente una vez en la vida el santo bautismo, pero debemos comer y beber con frecuencia la Santa Cena. El Señor dice: “Haz esto, todas las veces.” Se nota que él quiere que celebremos su Santa Cena, no solamente raras veces, sino con frecuencia. Es cierto que él no ha establecido el tiempo cuando ni con qué frecuencia tenemos que ir a la Santa Cena en un año. Y así nosotros tampoco debemos fijar un tiempo, ni dar ningún mandamiento acerca de la frecuencia con la cual los cristianos tienen que ir a la Santa Cena. No debemos forzar a nadie a participar en el sacramento. Pero los cristianos deben forzarse a sí mismos a ir frecuentemente al sacramento. — ¿Qué debe motivarnos para que recibamos con frecuencia este sacramento? En primer lugar tenemos el mandato del Señor, que debemos recibirla con frecuencia. En obediencia a nuestro Señor Jesucristo y para complacerlo debemos acudir con frecuencia para así recordar su muerte y agradecérsela. El que no va a la Santa Cena por mucho tiempo desprecia al Señor y su sacramento, y hay que temer que no sea un cristiano. Pero el Señor no solamente nos ha mandado ir al sacramento, sino también ha agregado una gloriosa promesa. El nos promete que en el sacramento nos da el perdón de los pecados, la vida y la salvación, como vamos a ver en adelante. Especialmente esta promesa debe motivarnos a acudir frecuente y diligentemente al sacramento. — Tenemos gran necesidad del perdón de los pecados. Diariamente y en cada hora pecamos mucho y merecemos solamente el castigo. Esta miseria del pecado que pesa sobre nuestro cuello debe impulsarnos a ir con frecuencia al sacramento. Somos trabajados y cargados, y especialmente en la Santa Cena el Señor nos llama a sí mismo para darnos vida. Mateo 11:28. Los cristianos lo han experimentado repetidas veces. Aquí tenemos un hermoso ejemplo en la primera congregación cristiana en Jerusalén. Hechos 2:42. Entre más diligentemente utilicemos con corazones creyentes este sacramento, tanto más beneficio y bendición tendremos de él. Ahora nuestro catecismo sigue hablando del beneficio del sacramento.

http://www.angelfire.com/wi3/dhaeuser/santacena1.htm

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