VOLVIÉNDONOS UN PUEBLO DE ORACIÓN

7 Jul
David Wilkerson Today

TUESDAY, JULY 6, 2010

VOLVIÉNDONOS UN PUEBLO DE ORACIÓN

En Jeremías 5, Dios imploró: “Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré” (Jeremías
5:1). Lo que el Señor estaba diciendo, en esencia era: “Seré misericordioso,

si tan sólo pudiera hallar una persona que me busque”.

Durante el cautiverio babilónico, Dios halló a tal hombre en Daniel. Y ahora,

más que nunca en la historia, el Señor está buscando el mismo tipo de hombres

y mujeres piadosos. Él busca siervos fieles que estén dispuestos a “hacer

vallado” y “pararse en la brecha”, obras que sólo pueden ser logradas a

través de la oración.

Tal como Daniel, tal persona será encontrada con la Palabra de Dios en su

mano. Cuando el Espíritu Santo vino sobre Daniel, el profeta estaba leyendo el

libro de Jeremías. Fue entonces, que el Espíritu le reveló que el tiempo de

liberación había llegado para Israel. A medida que venía la revelación,

Daniel fue llevado a orar: “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en

oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios…”

(Daniel 9:3-4).

Daniel sabía que el pueblo de Dios no estaba listo para recibir su

restauración. Aun así, ¿mandó el profeta castigar al pueblo por sus

pecados? No, Daniel se identificó a sí mismo con el decaimiento moral que le

rodeaba. Él declaró: “Hemos pecado…nuestra es la confusión de

rostro…porque contra ti pecamos” (Daniel 9:5, 8).

Dios anhela fuertemente bendecir a su pueblo hoy, pero si nuestras mentes

están contaminadas con el espíritu de este mundo, no estamos en posición de

recibir sus bendiciones. Daniel hizo esta poderosa declaración: “Todo este mal

vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para

convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló

sobre el mal y lo trajo sobre nosotros…” (Daniel 9:13–14).

Si examináramos nuestro propio caminar con el Señor y dejáramos que el

Espíritu Santo nos muestre las áreas en las que hemos cedido, haríamos más

que orar por una nación apartada de Dios. Estaríamos clamando: “Oh Señor,

escudriña mi corazón. Expón en mí cada parte del espíritu de este mundo

que ha penetrado en mi alma”. Como David, recién entonces podremos fijar

nuestros rostros para orar por la liberación de nuestras familias, de nuestra

nación”.

Read this devotion online: http://www.worldchallenge.org/es/node/9056

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