Cuándo y cómo criticar

7 Jul

Cuándo y cómo criticar
Peter Coates

Las leyes fundamentales son las siguientes:

No tiene derecho a criticar el que no elogia habitualmente

Un padre que jamás elogia las cosas que su hijo hace bien (y todo el mundo hace muchas cosas bien), ¿qué derecho tendría a reñirle cuando se equivoca? Un jefe que jamás estimula a sus colaboradores, ¿cómo va a tener razón para criticarlos cuando fallan? El que en política jamás encuentra nada válido en sus gobernantes, ¿no demuestra en sus críticas que o es un neurótico o un miope para criticarles?

La crítica verdaderamente valiosa es la de quien, estando en principio siempre dispuesto al elogio, se ve, en algún caso obligado a criticar.

No se debe criticar nada que no se ame

Si toda crítica va dirigida a conseguir el bien y no a destruir, ¿no es lógico que sólo se critique aquello cuyo bien se quiere? Criticamos con derecho a los gobernantes cuando de hecho queremos a nuestro país, y lo demostramos a diario con nuestro trabajo. Tenemos derecho de criticar a la Iglesia si la amamos. Y con tanta más razón criticamos al hijo o al esposo cuanto más les demostremos constantemente nuestro amor. La crítica del enemigo no crea nada, ni nada aporta.

Lógicamente, cuando se critica lo que se ama se critica con amor, con tanta delicadeza como la que se emplea al curar una herida. Por ello, en una crítica rebozada de ironías o sarcasmo, puede haber un desahogo del que critica, no una esperanza de verdadera mejoría.

Nunca se debe formular una crítica sin que, antes, el propio crítico se haya preguntado por la parte de responsabilidad que él tiene en lo que fustiga

La verdad es que todos somos responsables de todo. Y cuando algo marcha mal, nadie de los que rodea ese mal puede estar seguro de tener limpias sus manos. ¿Cómo criticar a un país que produce poco, si no empezamos todos por cumplir con nuestro deber? ¿Reñir a un hijo porque llega tarde a casa no es un autoengaño cuando no se ha empezado por hacer vividera la convivencia dentro?

Lógicamente se critica de manera distinta cuando uno se siente corresponsable de lo que se discute. Y, en rigor, sólo debería criticarse desde dentro comenzando por la confesión de nuestra propia culpa. El criticado entenderá mucho mejor su error si empezamos a compartir con él el nuestro, porque no entenderá la crítica como una agresión hecha desde afuera, sino como una colaboración practicada desde adentro.

Pequeñas leyes que son decisivas en el arte de criticar

La crítica ha de hacerse siempre cara a cara.
No hay nada más sucio, más triste, que la denuncia anónima. El que tira la piedra y esconde la mano sólo demuestra que su corazón está podrido y carece de todo derecho a criticar.

La crítica ha de hacerse a la persona interesada y en privado (salvo de crítica pública en las cosas públicas).
Una crítica a un hijo o a un amigo en público es siempre rigurosamente contraproducente.

Nunca se debe criticar comparando con otras personas.
Decirle a un hijo: aprende de tu primo, o de fulanito es olvidar que cada persona es cada persona.

Se debe criticar los hechos, jamás las intenciones.
El que ama debe partir siempre de la buena voluntad de aquellos a quienes ama.

La crítica debe ser específica, no generalizadora; objetiva, no exagerada.
Cualquier exageración en la crítica le hace perder toda su eficiencia. Evitar las palabras nunca, siempre. Nadie es siempre malo.

Criticar una sola cosa cada vez.
Si al criticar soltamos todos los recursos que hemos ido acumulando durante meses, lo que conseguiremos es discutir y no curar.

No se debe, en principio, repetir las críticas una vez formuladas.
Las repeticiones y marchar sobre lo mismo las vuelve ineficaces.

Hay que saber elegir bien el momento para criticar. En principio lo ideal es hacerlo apenas se ha producido el hecho criticable, pero todo depende de que nosotros estemos tranquilos para criticar y el criticado lo esté para escuchar. Si uno de los dos está nervioso, lo más probable es que agrandemos la herida en lugar de curarla.

Nunca se debe criticar lo que no se ha comprobado bien. Criticar sobre rumores, sobre sospechas, es disponerse a ser injusto.

Antes de criticar hay que ponerse en las circunstancias del criticado. Como dice un viejo proverbio: Dios me libre de juzgar a mi hermano sin haber calzado durante un mes sus zapatos.

Bibliografía

Martín Descalzo, José Luis. Razones para vivir.

http://www.masalto.com/template_buscador.phtml?consecutivo=5114

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