EL AMOR PRESIDE LA MATERNIDAD FíSICA Y ESPIRITUAL

6 Jul

EL AMOR PRESIDE LA MATERNIDAD FíSICA Y ESPIRITUAL

Rv. Rodolfo Loyola

“Muchas maravillas hay en el universo, pero la obra maestra de la creación es el corazón materno”.

“Dios no podía estar corporalmente en todas partes, y por esto hizo las madres” (proverbio judío).

En la Sagrada Escritura el amor de Dios es comparado con el amor maternal. La madre posee el divino encanto de darlo todo sin nada a cambio. El rey Salomón (1 Reyes 3:16-28) con su sabiduría hizo resaltar el amor de una madre aunque ésta fuera una prostituta.

“En aquel tiempo vinieron dos mujeres rameras y se presentaron delante de él…” Una de ellas había matado con su cuerpo al hijo mientras dormía, pero se quiso apropiar del hijo de la otra. De manera que ambas reclamaban la maternidad de aquel niño. Al llevar el caso delante del rey Salomón y después de mucha discusión el rey mandó a buscar una espada y a partir al niño en dos y darle a cada una su mitad. Entonces la que era su madre, dijo: “dadle el niño a ella, no lo matéis”. Entonces Salomón dijo:“Dádselo a ella, ésta es su madre”. El amor de aquella madre prefería perder a su hijo pero verlo vivo.

Por el heroísmo de una madre nació Moisés y fue enseñado para llegar a ser el líder del pueblo de Israel en el desierto. Su buena madre se hizo su nodriza y su criada, viviendo como esclava hebrea en la corte de Faraón, con el propósito de hacer de él un hombre de Dios y un profeta y legislador para su pueblo. Se puede tener hijos sin ser madre. Aunque parezca extraño hay mujeres que por seguir a un hombre o por encubrir un desliz son capaces de abandonar a un hijo y también de matarlo. Llamémosle como quiera, pero una madre es la representación más pura del amor. Cada madre está escribiendo su historia de amor sin darse cuenta. La concepción es una maravilla, pero la maternidad es un don que Dios ha puesto en el corazón de las grandes heroínas de la historia. Si no fuera por el amor de las madres, amor que lleva a dar cuidado, cariño, calor, alimento; el cincuenta porciento de las criaturas moriría antes del segundo año de vida.

En las madres se puede encontrar con relativa facilidad la mayoría de las cualidades del amor:tolerancia, perdón, cariño, paciencia, sacrificio, desinterés, ternura…

Desde tiempos muy remotos, ser huérfano era una desgracia. Los psicólogos modernos dan mucha importancia al papel de la madre en la primera niñez. Lo que una madre da de sí misma no se puede igualar con artilugios aprendidos, aplicados por profesionales. No hay mejor psicóloga que una madre. ¿Que el enfermo necesita que le escuchen? Ahí están no sólo los oídos de la madre, sino toda su atención, toda su paciencia e interés que ninguna otra persona puede dar. Una madre con diez hijos, como la mía, puede saber cuál de sus hijos es delicado para comer; sabe cuál es cobarde y a qué le tiene miedo; cuando uno se queja de noche o suspira profundo ella sabe si está desvelado o si algo le aqueja. Pongo aquí un poema en prosa dedicado a mi madre, que pudiera ser para cualquier madre como ella en semejantes circunstancias:

A TI MADRE

“Todavía recuerdo aquellas noches de mi infancia, cuando tu imagen silenciosa se paseaba por entre nuestras camas, celosa de que en tu sueño algo nos fuera a dañar.

Por nosotros aprendiste a cantar, aquellas canciones que tenían sabor a cuna; también aprendiste a llorar, pues casi siempre que derramaste alguna lágrima fue por tus hijos.

Tus manos, que según cuenta mi padre, cuidabas con esmero, las entregaste sin reparo a la dura tarea, que suponía atendemos en medio de la pobreza. Por nosotros te convertiste en sastre y modista. ¡Cuántas veces me alegraste un domingo con ropa nueva de tu taller! ¡Qué lindo me quedaba aquel pantaloncito corto, que me sacaste de uno viejo de papá!

Convertiste tu regazo en cuna y refugio. Vivías tan dentro de nosotros, que siempre fuiste el mejor médico de la familia.

¿Y quién guisó como tú, haciendo manjares de comidas pobres? Diariamente practicabas el milagro de multiplicar los panes. Ahora me doy cuenta por qué muchas veces no comías en la mesa.

Cuando alguno de nosotros locuelos equivocados te ofendía y llegaba a oídos de papá, tú eras la primera en salir en defensa del culpable.

Tu alegría llenó siempre la casa y nuestros corazones. Siempre llevaste en silencio tus dolores, a tal extremo que llegamos a creer que eras más fuerte que la enfermedad.

¡Y pensar que antes no pude comprender a cabalidad, tu grandeza! Yo sé que ayudé a blanquear tu cabeza y a plisar tu rostro.

Quiero, en honor a tu nombre, enseñar a cuantos encuentre por el camino de la vida lo que vale una madre buena.

Cuando vayas a dormir a los brazos silenciosos de la tierra, ve tranquila, madrecita, sabiendo que tuviste el supremo privilegio, el de darlo todo con amor”.

La Biblia habla de la maternidad espiritual. El apóstol Pablo le dice a los Gálatas:

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto,hasta que Cristo sea forrmado en vosotros.Gálatas 4:19

Constancio Vigil decía: “El arte es maternidad en el hombre”. En el Antiguo Testamento hay varios pasajes en los que Dios se presenta como marido de su pueblo, y Jerusalén, que representa a la Iglesia es la esposa. (Ver Isaías 54, Isaías 62:3-5). Y habla de multiplicarse, de tener hijos.

En la alegoría del Cantar de los Cantares, que es un poema de amor, muchos intérpretes quieren ver a Cristo y la Iglesia. En el Nuevo Testamento se repite la figura de Cristo como el esposo amante y la Iglesia como la esposa y madre. Los hijos vienen por un acto de amor entre un hombre y una mujer y los hijos espirituales, vienen por actos de amor entre la madre espiritual y Dios.

Todos hemos sido llamados para reproducirnos, pero sin amor es imposible. El amor preside la maternidad espiritual. Lo mismo que una madre física ama al hijo desde antes de venir al mundo, así también las madres espirituales derraman sus corazones delante del esposo: Cristo, suplicándole un hijo para el reino de los cielos.

Es en el discipulado donde se hace más patente la maternidad espiritual, porque después de concebidos los hijos como viene el parto, y luego criarlos, enseñarlos; alimentarlos con los pechos de la Palabra de Dios.

Una madre espiritual cuida sus palabras y reacciones para no dar mal ejemplo a la nueva criatura (ver Juan 3:3-5). El recién nacido en el Señor tiene muchas preguntas, abre los ojos a una nueva vida y ha de aprender la cultura del reino.

La madre espiritual ha de enseñarle con paciencia y esperanza. Trata de guardar de peligros al niño en el Señor, y será su amor tan valiente y tan sabio como el de una madre física, aunque en un plano diferente y cuando el niño crece (espiritualmente) tiene la sabiduría y el desprendimiento amoroso, de destetarlo para que sirva al Señor, como hizo Ana con Samuel su hijo (1 Samuel 1-2).

Así como las madres físicas son imprescindibles en el mundo para la reproducción, en el reino de los cielos las madres espirituales, llevadas por el amor, contienen el germen que fecunda para la eternidad.

Muy diferente sería si en vez de tanto programa, tanto método, tanta organización, tanto acto público para hacer prosélitos; se hiciese una llamada a la militancia maternal, a la búsqueda individual y colectiva del Señor como el Esposo;y clamar como hizo Raquel con su esposo Jacob: “Dame hijos o me muero” (Génesis 30:1).

La iglesia como cuerpo viviente es la que concibe y cría hijos por medio de sus miembros.

En la concepción y crianza de un hijo toman parte todos los miembros del cuerpo de la madre.

En base a tener una inforrnación correcta de un creyente, nunca deberíamos preguntar: ¿Cuántos años llevas de convertido; si pagas los diezmos, si cantas en el coro, si eres diácono o maestro de la escuela dominical?

La pregunta clave sería: ¿Tienes hijos espirituales? ¿Sufres de embarazo por las almas? ¿Sientes amor por Cristo el Esposo de la iglesia?

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Tomado de “Dejad que el amor presida”. Editorial Unilit

http://www.adorador.com/mensajes/loyola-dejad/el_amor_preside_maternidad_esp.htm

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