Dios protege…

5 Jul

Dios protege…

Leer Salmo 35

“El detener el tumulto es un verdadero acto de bondad. Lo mismo que un guerrero valiente con su lanza detiene a una hueste hasta que su hermano más débil ha podido escapar, así el Señor a menudo detiene a los enemigos del creyente hasta que el hombre bueno ha recobrado aliento y ha escapado de la mano de sus enemigos” (Charles Spurgeon)

David se presenta ante Dios para solicitar sus servicios como si fuera un Abogado defensor. Considera que su causa es justa y que está recibiendo escarnio inmerecidamente, inclusive de aquellos a quienes procuró dar el bien. No se conocen las circunstancias que motivaron a David su escritura, pero a lo largo de su vida, en muchas ocasiones, conoció la amargura que genera la persecución y la calumnia.

Comienza expresando un Pedido directo y específico…

“Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten… Di a mi alma: Yo soy tu salvación…” (Salmos 35:1-6)
El Señor como un abogado litigando es presentado en Isaías 3:13 (“Jehová está en pie para litigar”) y también como nuestro defensor en 1 Juan 2:1 (“…y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo”). Las muchas injusticias con las que podemos enfrentarnos a lo largo de nuestra vida requieren que Alguien verdaderamente Justo se presente a nuestro favor…

El pedido de David en referencia a sus enemigos es muy fuerte: “Sean avergonzados… Sean vueltos atrás… Sean como el tamo… Sea su camino tenebroso…” (Salmos 35:4-6)

Luego plantea una Paradoja…

“Porque sin causa escondieron para mi su red en un hoyo; sin causa cavaron un hoyo para mi alma… Me devuelven mal por bien…” (Salmos 35:7-16)
Se repite el concepto “sin causa” a modo de defensa para demostrar que los ataques de sus enemigos carecen de fundamento. Más adelante descubre la situación paradójica que debía enfrentar, ya que sus enemigos recibieron cosas buenas de David y eligieron pagarle con males: “Me devuelven mal por bien… Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio… Pero ellos se alegraron en mi adversidad…”

Finalmente esboza una Pregunta…

“Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones… No se alegren de mi los que sin causa son mis enemigos… Tú lo has visto, oh Jehová, no calles…” (Salmos 35:17-21)
La misma pregunta es expresada por David en el Salmo 13 cuando dice: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Salmos 13:1). La necesidad de justicia se combina con la impaciencia lógica. Es tan cierto para David que su angustia es “sin causa” que no puede esperar los tiempos de Dios sino que anhela un fin inmediato a su situación que considera extremadamente injusta…

De todas maneras, David reconoce que si El Señor es Su Defensa puede estar tranquilo y regocijarse aún en medio de un período oscuro y negativo como el que le tocaba vivir…

“Entonces mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del mas fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que despoja” (Salmos 35:9-10)
Por eso termina su cántico diciendo: “Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa…” (Salmos 35:27)

Recordemos: El Señor es Nuestro Defensor…

DECH
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