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Rabat expulsa a dos cristianas casadas con marroquíes

5 Jul

Rabat expulsa a dos cristianas casadas con marroquíes

EL PAÍS

El Ministerio del Interior de Marruecos dio la semana pasada una vuelta de tuerca más a su política de hostigamiento a los cristianos, especialmente a los evangélicos. Expulsó a dos mujeres de esa confesión, una suiza y una libanesa, casadas con marroquíes convertidos años atrás al protestantismo, según fuentes de esa comunidad religiosa. A ambas la policía les comunicó verbalmente que constituían una amenaza para la seguridad pública y en 48 horas abandonaron el país donde residían.

La semana concluyó con ocho nuevas salidas forzosas de Marruecos, entre ellas la de la barcelonesa Sara Domene. En total unos 130 cristianos de una docena de nacionalidades, sobre todo evangélicos, pero también algún católico, han sido expulsados desde hace cuatro meses. Muchos vivían en el país desde hace décadas y ejercían la docencia o trabajaban en una ONG.

En la última serie de expulsiones no figura ya ningún estadounidense gracias a una gestión del embajador de EE UU, Samuel Kaplan, ante el ministerio. Hasta junio, 58 estadounidenses se vieron obligados a salir del país acusados de “actividades de proselitismo”.

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Dios y el césar

5 Jul

Dios y el césar

EL PAÍS / EDITORIAL

Los casos de pederastia que persiguen a la Iglesia católica son una seria amenaza para la Santa Sede, más allá del escándalo que producen. Al rechazo social que genera el goteo de evidencias y el encubrimiento sistemático de los delitos por parte de la jerarquía católica le han seguido ahora dos graves desencuentros diplomáticos con Bélgica y Estados Unidos. El caso belga estalló el pasado 24 de junio, cuando por orden de la fiscalía la policía hizo varios registros, uno de ellos en la catedral de Malinas, donde los agentes se incautaron del ordenador del ex primado belga Godfried Daneels y buscaron en la tumba del apóstol de la unidad belga, el cardenal Joseph Mercier, pruebas de abusos sexuales a menores. Los agentes, mientras tanto, retuvieron a los prelados presentes, a los que previamente se les requisó los teléfonos móviles. Cuatro días más tarde, el Tribunal Supremo de Estados Unidos daba la razón a un juez de Oregón, que ha negado la inmunidad diplomática a la jerarquía eclesiástica, acusada de encubrir a un cura pederasta ya fallecido. El propio Papa figuraría como último responsable.

Roma ha apelado a la inmunidad diplomática de la cúpula eclesiástica para intentar frenar las causas abiertas. Pero la justicia civil acumula demasiadas pruebas de cargo como para hacer la vista gorda o seguir confiando las investigaciones a estamentos controlados por la propia Iglesia. De ahí que la policía se incautara de los 475 informes que poseía la comisión de investigación patrocinada por la Conferencia Episcopal belga y que, tras una década, apenas había hecho avances. La comisión, ofendida por tal intromisión, se disolvió al día siguiente.

La reacción de la Santa Sede es contraproducente. Exigir para los prelados un trato distinto del que hubiera recibido cualquier ciudadano en un registro policial o apelar a la inmunidad diplomática para delitos comunes denota una exasperante resistencia a la persecución de los delitos. La jerarquía católica, en su huida hacia adelante, se aferra a ese antiguo y perdido poder geoestratégico que le ha permitido mantener un estatus de privilegio en la escena internacional (es miembro de la ONU y la Santa Sede está reconocida por 174 países) y desarrollarse como un Estado dentro del Estado. Ha tenido que ser un democristiano, el primer ministro belga Yves Leterme, quien le haya recordado que es competencia de la ley civil la persecución de los delitos y que hay separación de poderes entre la Iglesia y el Estado moderno.

Los escándalos sexuales están erosionando la autoridad moral de la Santa Sede, la más importante de una institución religiosa. Su ciega estrategia defensiva solo sirve para sacudir aún más los cimientos sobre los que se asientan sus relaciones con el mundo. Ratzinger, tras cinco años de papado, ha emprendido una renovación de la curia que es, a todas luces, un gesto irrelevante frente al tamaño de los desafíos que tiene por delante.

Dios perfecciona…

5 Jul

Dios perfecciona…

Leer Salmo 36

“Firmes e inmóviles, elevados y sublimes. Como los vientos y los huracanes no hacen estremecer los Alpes, tampoco la justicia de Dios es afectada en el grado más mínimo por las circunstancias; Él siempre es justo. ¿Quién puede sobornar al Juez de toda la tierra, o quién puede, con sus amenazas conseguir que trastorne el juicio?” (Charles Spurgeon)

El Salmo 36 también conocido como “el Salmo del Siervo Dichoso” presenta un contraste entre malos y justos demostrando que así como la obediencia al Señor es buena también es condenada la rebelión contra Él.

Comienza explicando los Motivos que mueven a los impíos…

“La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos… Medita maldad sobre su cama; está en camino no bueno, el mal no aborrece” (Salmos 36:1-4)
Al leer Proverbios 1:7 descubrimos que: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. Alguien dijo que: “Este sentimiento reverente de maravilla y admiración y de temor sumiso es fundamental para todo conocimiento y sabiduría espiritual”, por ese motivo cuando el ser humano vive sin considerar a Dios, ni importarle Sus Propósitos, sin lugar a dudas su existencia estará enmarcada en motivaciones enfocadas en la rebelión espiritual…

Continúa manifestando la Misericordia de Dios…

“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia… ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia!…” (Salmos 36:5-10)
David dedica un tiempo sustancial para reconocer diversas expresiones misericordiosas de Dios que tienen un significado más sublime al compararse con la maldad de los impíos…

Varias expresiones nos ayudan a entender el accionar del Señor:

“Tu fidelidad alcanza hasta las nubes”… El es Fiel…
“Tu justicia es como los montes de Dios”… El es Justo…
“Tus juicios, abismo grande”… El es Sabio…
Por estos motivos en El encontramos:

Protección… “bajo la sombra de tus alas”
Sustento… “saciados de la grosura de tu casa”
Gozo… “tus delicias”
Verdad… “En tu luz veremos la luz”
Oportunidades… “Extiende tu misericordia”
Renovación… “Y tu justicia a los rectos de corazón”
Dios nos brinda todo lo que necesitamos por Su Gracia y Su Misericordia, por ese motivo Pablo afirmaba que estamos “completos en Él” (Colosenses 2:10)…

Termina expresando su Meta personal…

“No venga pie de soberbia contra mí, y mano de impíos no me mueva…” (Salmos 36:11-12)
La expresión “pie de soberbia” era una imagen militar que se refería a la costumbre de un general victorioso que ponía su pie sobre el cuello de aquel a quien había vencido para demostrar de manera simbólica su superioridad y control. David anhelaba no ser derrotado por aquellos que habían elegido un estilo de vida alejado de Dios. De la misma manera esta debería ser nuestra meta personal porque en El Señor tenemos la Victoria asegurada…

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4-5)
“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37)
Recordemos: En Su Misericordia hay Victoria…

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Si te rodeas de delincuentes, acabarás delinquiendo

5 Jul

Si te rodeas de delincuentes, acabarás delinquiendo

La frase “dime con quién andas y te diré quién eres” adquiere un significado más profundo a la luz de diversas investigaciones sobre el contagio social. Ya no es que una persona se suela rodear de gente parecida a ella, sino que la gente que le rodea puede moldear más de lo que creemos cómo será finalmente esa persona.

Un ejemplo muy ilustrativo de esta afirmación es el relativo a la difusión interpersonal del comportamiento delictivo.

Y es que a poco que busquemos algún patrón en la delincuencia descubriremos que no hay apenas patrones. La delincuencia varía mucho en el tiempo (cambia de año en año) y también en el espacio(varía entre jefaturas y comisarías adyacentes).

Por ejemplo, el Ridgewood Village, Nueva Jersey, se cometen 0,008 delitos graves per cápita, mientras que al lado, en Atlantic City, la tasa es de 0,384. Es decir, 50 veces superior. ¿Acaso hay una barrera mágica que separa estos dos lugares?

Hay pruebas sustanciales que apuntan a que esta disparidad se debe en parte a la reverberación de las interacciones sociales: cuando los delincuentes actúan en un momento y lugar determinados, incrementan las probabilidades de que gente cercana a ellos cometa un delito.

Un estudio de tales efectos fue realizado por el economista Ed Glaeser, y demostraba que ciertos delitos se contagian con mayor facilidad que otros. Por ejemplo, es más probable que una persona se vea incitada a robar un coche cuando ve hacerlo a otro que a robar una casa o cometer un atraco, y esta influencia es aún menor en delitos como el incendio premeditado o la violación.

En otras palabras, cuanto más arriesgado o grave sea el delito, menos probable es que otros se animen a seguir el ejemplo.

Además, para ilustrar la naturaleza básicamente social del delito, basta decir que casi dos terceras partes de todos los criminales cometen sus delitos en colaboración con alguien.

Este contagio también se produce en comportamientos poco éticos. En la universidad Carnegie Mellon se pidió a los estudiantes que realizaran un examen de matemáticas difícil. En el centro del aula, los investigadores colocaron a un colaborador encubierto, que en un momento determinado empezó a copiar de manera manifiesta.

El resto de estudiantes, al ser testigos de esta falta, empezaron también a hacer trampas.

Pero lo relevante de este experimento es que el contagio de las trampas sólo aumentaba si el tramposo que iniciaba el contagio tenía un puesto especialmente conectado entre el alumnado. Si el tramposo, por ejemplo, llevaba una camiseta normal, los estudiantes mostraban mayor propensión a hacer trampas.

Pero si llevaba una camiseta de la Universidad de Pittsburg (la universidad rival de Carnegie Mellon), entonces los estudiantes no mostraban tanta propensión a hacer trampas.

Vía | Conectados de Nicholas A. Christakis y James H. Fowler | Genciencia

Un Mundo Invisible

5 Jul

Por medio de sus sentidos e inteligencia, la humanidad percibe su entorno y procura explorar las partes más alejadas del universo. Pero existe una esfera que nuestros sentidos naturales no pueden percibir. Sólo la Biblia nos da a conocer su realidad e importancia. Es el mundo invisible.

Dios es Espíritu (Juan 4:24), es invisible (1 Timoteo 1:17), es Aquel a quien ningún hombre ha visto ni puede ver (1 Timoteo 6:16), el creador de todo, incluso de lo invisible; sólo Él puede darnos la inteligencia para comprender ese mundo.

Los ángeles pueblan el mundo invisible. Son “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14). Pero también existen los demonios, “ángeles que no guardaron su dignidad” (Judas 6), cuyo jefe es Satanás. Son “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Los demonios tratan de esclavizar a los hombres.

¡Tengamos cuidado! El ocultismo está en relación con ese mundo. ¿Y qué salida nos queda si hemos participado de él? Acudir a Jesús y suplicarle que nos libre. Jesús es Dios. En la cruz triunfó sobre Satanás y sobre los poderes espirituales de maldad. Sólo los que reciben este mensaje de salvación participan en esta victoria.

Dios protege…

5 Jul

Dios protege…

Leer Salmo 35

“El detener el tumulto es un verdadero acto de bondad. Lo mismo que un guerrero valiente con su lanza detiene a una hueste hasta que su hermano más débil ha podido escapar, así el Señor a menudo detiene a los enemigos del creyente hasta que el hombre bueno ha recobrado aliento y ha escapado de la mano de sus enemigos” (Charles Spurgeon)

David se presenta ante Dios para solicitar sus servicios como si fuera un Abogado defensor. Considera que su causa es justa y que está recibiendo escarnio inmerecidamente, inclusive de aquellos a quienes procuró dar el bien. No se conocen las circunstancias que motivaron a David su escritura, pero a lo largo de su vida, en muchas ocasiones, conoció la amargura que genera la persecución y la calumnia.

Comienza expresando un Pedido directo y específico…

“Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten… Di a mi alma: Yo soy tu salvación…” (Salmos 35:1-6)
El Señor como un abogado litigando es presentado en Isaías 3:13 (“Jehová está en pie para litigar”) y también como nuestro defensor en 1 Juan 2:1 (“…y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo”). Las muchas injusticias con las que podemos enfrentarnos a lo largo de nuestra vida requieren que Alguien verdaderamente Justo se presente a nuestro favor…

El pedido de David en referencia a sus enemigos es muy fuerte: “Sean avergonzados… Sean vueltos atrás… Sean como el tamo… Sea su camino tenebroso…” (Salmos 35:4-6)

Luego plantea una Paradoja…

“Porque sin causa escondieron para mi su red en un hoyo; sin causa cavaron un hoyo para mi alma… Me devuelven mal por bien…” (Salmos 35:7-16)
Se repite el concepto “sin causa” a modo de defensa para demostrar que los ataques de sus enemigos carecen de fundamento. Más adelante descubre la situación paradójica que debía enfrentar, ya que sus enemigos recibieron cosas buenas de David y eligieron pagarle con males: “Me devuelven mal por bien… Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio… Pero ellos se alegraron en mi adversidad…”

Finalmente esboza una Pregunta…

“Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones… No se alegren de mi los que sin causa son mis enemigos… Tú lo has visto, oh Jehová, no calles…” (Salmos 35:17-21)
La misma pregunta es expresada por David en el Salmo 13 cuando dice: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Salmos 13:1). La necesidad de justicia se combina con la impaciencia lógica. Es tan cierto para David que su angustia es “sin causa” que no puede esperar los tiempos de Dios sino que anhela un fin inmediato a su situación que considera extremadamente injusta…

De todas maneras, David reconoce que si El Señor es Su Defensa puede estar tranquilo y regocijarse aún en medio de un período oscuro y negativo como el que le tocaba vivir…

“Entonces mi alma se alegrará en Jehová; se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del mas fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que despoja” (Salmos 35:9-10)
Por eso termina su cántico diciendo: “Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa…” (Salmos 35:27)

Recordemos: El Señor es Nuestro Defensor…

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Del “Matrimonio Homosexual” y su Legalización

5 Jul

Es cierto que, como se lee en la opinión del día domingo 4 de julio: “Las leyes son fórmulas de consenso cultural, no solamente abstracciones justicieras brotadas de la mente.” Pero también es cierto que, los principios éticos que dan contenido y obligan a los derechos fundamentales, no pueden ser objeto del mero consenso cultural, ya que así es como se llega a un sistema de derecho como el de la Alemania nazi.

Con esto lo que pretendo, es hacer ver que la unión homosexual y su pretensión de ser equiparada al matrimonio heterosexual en cuanto a sus derechos de ser considerada conceptualmente un “matrimonio” en su sentido ontológico y como núcleo social al que se le encomienda la responsabilidad primordial de la crianza de hombres y mujeres, no es simplemente objeto del desacuerdo de una mayoría culturalmente hablando, sino, antes bien, un modo de vida incompatible con los principios éticos que sostienen la cosmovisión cristiana del mundo que sostiene que Dios ha creado al hombre varón y hembra. Esto queda claramente establecido en las palabras del Hombre que es la autoridad máxima de millones de católicos, protestantes y evangélicos, y aún de todos aquellos que reconocen el mérito de su obra, quien dijo sin ambigüedades que: “al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. (Marcos Capitulo 10, versículos 6 a 8).

Siendo la cuestión que se está tratando, un tema de derechos en un Estado de Derecho, es necesario recordar que la Carta Magna de nuestra Nación, declara en su preámbulo que es Dios la “fuente de toda razón y justicia”. Lo cual nos remite a los principios éticos absolutos como resguardo ante la mera opinión de una mayoría que puede llegar a llamar a lo bueno malo y a lo malo bueno.

Hoy estamos ante algo más que una mera ley que pueda legalizar el llamar “matrimonio” a la unión de parejas homosexuales, e incluso darles la capacidad de adoptar. Estamos ante el paso siguiente en el avance de una sociedad en donde un número cada vez mayor de personas, continúan excluyendo a Dios como autoridad de sus íntimas convicciones morales, y las palabras de Jesucristo como razón última de lo que debemos aprobar y lo que no.

Si el hombre se constituye en la medida de todas las cosas, la moral se transforma en un relativismo apto para aprobar cualquier cosa, con tal de que haya quienes opinen que está bien.

Entonces, podemos tolerar (y debemos hacerlo), las opiniones diferentes y los estilos de vida propios de cada quien, pero no podemos construir una norma que está destinada a erigirse por sobre el cuerpo social para regular sus relaciones, cuando esta norma es contraria a la justicia de Dios y los principios éticos subyacentes a su creación.

Digo justicia de Dios, porque no dudo de que lo que no es verdadero y justo en relación a Dios, no puede ser defendido ni impuesto a los hombres y mujeres que defienden los intereses de sus minorías. Es decir que, nadie tiene autoridad para determinar qué está bien o qué está mal, si la moralidad es una cuestión meramente de opinar o de “consenso cultural”. O sea que, para tener autoridad para rechazar la pretensión de las uniones homosexuales de ser llamadas “matrimonio” (y no de otra manera) así como su derecho a adoptar, no alcanza con alegar la opinión contraria de un mayor número, sino en realidad, el peso absoluto de la Deidad, entendido como razón última de nuestra obligación de vivir éticamente. Lo cual, dicho sea de paso, no es sino para nuestro propio bien y la felicidad de nuestras sociedades.

Evidentemente, en la medida en que relativicemos, minimicemos, o rechacemos la autoridad de Dios hecha claramente manifiesta, no ya en la figura de diversas corrientes eclesiásticas, o religiosas, sino en la persona de Jesucristo mismo, cuyas palabras constan para testimonio a todo aquel que desee hacer la voluntad de Dios, sin importar los yerros de los hombres, nos encontraremos con una sociedad que continúa su camino de destrucción de todo aquello que es justo y verdadero.

¿Es justo enseñar a los niños que la homosexualidad es digna de ser aprobada? ¿Les enseñaríamos, o permitiríamos que se les enseñe a nuestros hijos, a tener presente la homosexualidad como elección tan digna de aprobación como la heterosexualidad? ¿Alentaríamos acaso a un hijo a ser homosexual? ¿No haríamos lo contrario? ? ¿Por qué entonces no tomamos una postura definida en este asunto, en vez de tomar la hipócrita indiferencia del que está bien con todos porque se calla lo que en verdad piensa? ¿Equipararemos la homosexualidad a la heterosexualidad como modelo de virtud?

En un mundo que viene transformando la virtud en una palabra en extinción, donde el adulterio no es condenado, sino celebrado como moneda corriente en los medios masivos de comunicación; el divorcio es alentado entre quienes se casan “por iglesia” pero sin tener realmente en cuenta lo que Dios enseña en la Biblia, y el sexo es la constante obsesión; no debería causar ningún asombro que los homosexuales exijan aprobación y equiparación. Por eso, mejor sería preocuparnos por la falta de Cristo en un número cada vez mayor de personas, más que de una ley que, al fin de cuentas, no será sino el resultado de un gobierno que, con todo, no puede escribir “bueno” en donde Dios ya ha escrito “malo”. Pues, obvio es, que los hombres que aman a Dios no dependen de las leyes para hacer lo que está bien. Y que los que quieran hacer lo malo, lo harán bajo cualquier justificativo que acalle sus conciencias.

Pero, con todo, llegar a una ley que legalice la adopción por parte de parejas homosexuales, es ir contra la inocencia de los niños, quienes por no tener voto en esta controvertida iniciativa legal, deben ser resguardados de ser el experimento de una sociedad que ha dado lugar a lo inconcebible, a saber, que dos hombres reciban un hijo en calidad de “mamá y papá” (ya que esto es a lo que apunta el “matrimonio”). Por eso, resulta grotescamente irrisorio el pensar que, como alguien escribió, un niño tuviera que responderle a su maestra “Mi mamá se llama Roberto”.

N.M.G.