Cuando lo bueno nos aleja del cielo

21 Jun

Cuando lo bueno nos aleja del cielo

Dr. Jorge H. López
Fraternidad Cristiana de Guatemala Guatemala
http://frater.org/

Fue una semana llena de acontecimientos impresionantes en nuestro país, el jueves 27 tembló a eso de las 3 de la tarde. Y a las 6 empezó el volcán Pacaya a hacer una erupción extraordinaria, que no la había hecho en más de cien años. Y nos llenamos de arena, todas nuestras casas estaban cubiertas de arena. Luego empezó una lluvia continua, según los datos que hemos escuchado en los medios de comunicación, se rompió el record de lluvias en Guatemala durante los últimos 60 años, no había llovido tanto desde 1949 cuando llovieron 170 y pico milímetros de agua, ahora cayeron 400 y pico milímetros de agua en Guatemala. Por eso los ríos se han desbordado, hemos visto escenas de la tragedia, en Amatitlán, a pocos kilómetros de la capital, hemos visto casas en donde bajan a los niños de los techos sin mayor esfuerzo, porque el lodo llega a la mitad de la casa.

La situación ha sido difícil, ha sido dramática. Me impresionó la noche del 27 de mayo cuando hizo erupción el volcán Pacaya, había trabajadores que estaban instalando transmisores en el cráter, otros estaban filmando para hacer un documento sobre lo que es ese “espectáculo” tan llamativo de ver la lava correr. Había reporteros que estaban a pocos metros de donde salió la explosión de ese material incandescente y todos salieron en busca de protección. Finalmente apareció un camarógrafo con la cabeza llena de sangre y se notaban los efectos de haber permanecido bajo esa lluvia de piedras de fuego, este muchacho conmocionado, dice que cuando vio el estallido volcánico, sus compañeros salieron corriendo, lo que hizo fue caer de rodillas, dice. Lo que él dijo fue que en ese momento sintió que todo había acabado.

Permaneció acurrucado como 40 minutos en el triángulo de la vida formado por dos paredes, esperando que terminara esa explosión. Luego bajó apoyado de un palo que encontró en el camino, en la otra mano llevaba su cámara. Contó que vio que su compañero reportero Aníbal Archila iba por otro lado. El periodista fue hallado horas más tarde ya muerto. Hubo conmoción por este trágico desenlace en los medios de comunicación. Las lluvias en Guatemala causaron más de un centenar de muertos.

Una señora cuenta – en uno de los medios que se imprimieron este domingo – que ella y sus hijos estaban debajo de una mesa y “yo pensé que era el día del juicio – dijo- así que me puse a orar”. Cuando las cosas se ponen color de hormiga, cuando las cosas se ponen así de complicadas y delicadas, entonces uno levanta los ojos al cielo y entonces se da cuenta que uno no es nada. La verdad es que los seres humanos no somos nada, nada, en un ratito nos morimos. Dios permite que pasemos por circunstancias graves, críticas.

La crisis nos llega a todos. Y ante la impotencia, lo que hacemos es levantar la mirada al cielo y orar a Dios. Cuando usted tiene serios problemas económicos, ya lo desahuciaron, su fábrica está a punto de ser hipotecada, usted está perdido económicamente, no le queda nada más que levantar su vista al cielo. Cuando usted ha sido secuestrado y lo tienen con su vida pendiente de un hilo, entonces a usted no le queda más que levantar su vista al cielo y pedir a Dios que le ayude. Ahí nos recordamos que existe un Dios, porque la impotencia ante las crisis hace que nosotros recordemos que existe, pero cuando la crisis pasa, cuando ya lo liberan del secuestro y no lo matan, cuando el accidente pasa y no se muere. Cuando usted con la ayuda de Dios se recupera económicamente, cuando too va bien, cuando la gravedad de la enfermedad termina y usted está sano ¿qué es lo que ocurre en la mayoría de los seres humanos? Otra vez se olvida de Dios, otra vea vuelve a su vida indiferente, materialista.

Y esa es la triste realidad de la vida. Nosotros tenemos que entender que la vida no siempre es de crisis, ¿por qué en las buenas el hombre tiende a olvidarse de Dios? Tenemos que aprender a ser fieles a Dios en la prosperidad y ser confiados en la adversidad. No siempre vamos a estar en las malas, otras veces vamos a estar en las buenas. Pablo dice, “He aprendido a estar en escasez, he aprendido a estar en abundancia, para todo he sido enseñado”. Y estemos en escasez, estemos en abundancia tenemos que ser fieles a Dios. El pueblo de Israel es un claro ejemplo de lo que es la raza humana, pueblo terco, pueblo necio, un pueblo bendecido, pero un pueblo indiferente para con Dios. La historia bíblica nos muestra la realidad de ese pueblo, que es muy parecida a todos los pueblos.

En Nehemías capítulo 9:27-30 dice: “Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron.

Israel estuvo bajo dominio asirio, babilonio, en la época moderna bajo el dominio nazi, en fin, de esa época dice: Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a ti – Igual que nosotros, en tiempo de tribulación, le clamamos a Dios -, y tú desde los cielos los oíste; y según tu gran misericordia les enviaste libertadores para que los salvasen de mano de sus enemigos. Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas veces los libraste. Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá; se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon. Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra”.

Lamentablemente ese ciclo de vida de Israel se asemeja mucho al ciclo de vida nuestro. Tenemos un gran problema, buscamos a Dios, le clamamos, asistimos a la célula, venimos a la iglesia, somos fieles diezmadores, tratamos de estar en todo. Él permite que salgamos de ese ciclo de dificultad y volvemos a alejarnos por diferentes circunstancias y causas. Pareciera que cuando estamos muy bien nos alejamos, por eso a veces Él permite que las circunstancias adversas lleguen para que otra vez nos recordemos que lo necesitamos. Que no es porque nosotros seamos muy extraordinarios, que somos ministros en el gabinete del gobierno, al poco, ¡zas! nos sacan y otra vez a buscar al Señor. No es porque seamos muy duchos, que somos los gerentes de una empresa, al rato se llevan la empresa a otro país y nos quedamos sin la gerencia. Tenemos que entender que debemos ser fieles a Dios en la prosperidad y fieles a Dios en la adversidad, si somos fieles en las buenas y en las malas nos va a ir bien en todo momento, vamos a poder salir adelante.

En Eclesiastés 5:18-20 dice Salomón: “Esto es lo que he comprobado: que en esta vida lo mejor es comer y beber, y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que Dios nos ha concedido; es lo que nos ha tocado. Además, a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios”.

Si Dios le ha concedido a usted bienes y riquezas, usted debe disfrutarlo, si tiene trajes bonitos en su closet, póngaselos, porque hay señoras que guardan y cuando lo necesitan para esa ocasión especial que esperaron, se encuentran que ya se encogió el vestido. Disfrute lo que Dios le ha dado, si usted tiene oportunidad de comer bien, coma bien, disfrútenlo, si Dios le ha concedido el privilegio de tener un carro bonito, úselo. Un yate, úselo, una moto –solamente póngase casco-, úsela, en fin, disfrute lo que tiene, goce lo que tiene. Cuando menos se lo imagine, viene una erupción y se acaba lo que tiene. Viene una inundación y arrastra lo que tiene. Usted tiene un carro bonito guardado esperando una ocasión para usarlo y cuando menos siente, viene una erupción y su carro todo lleno de arena, lodo, palos incrustados, ¿quién lo va a querer? Disfrute lo que Dios le da. No lo posponga, disfrutar lo que tiene.

El versículo 20 dice: “Y como Dios le llena de alegría el corazón, muy poco reflexiona el hombre en cuanto a su vida”.

Cuando todo nos va bien, cuando tenemos la bolsa llena de plata, cuando el closet está lleno de ropa nueva, cuando nuestra casa está tan buena que ni goteras tiene, entonces se nos olvida reflexionar sobre la vida. ¿Ya se puso usted a pensar en la vida? Goce a sus hijos mientras pueda, porque cuando sienta ya no se va a poder. Cuando todo está muy bien nos cuesta reflexionar en la vida. Jesús le dijo a sus discípulos: “Un día, un hombre muy rico tuvo una gran cosecha, tan grande que necesitó hacer graneros nuevos para almacenar todo su grano y él dijo: Mira cuanta riqueza tienes, puedes disfrutar muchos años Se proyectaba a vivir la vida muchos años y disfrutar de sus riquezas, pero el Señor le dijo: Necio, pensaste en hacer bodegas más grandes, ya pensaste en disfrutar todo lo que tienes en el futuro, pero yo te tengo una noticia: esta noche vuelven a pedir tu alma”. Y lo que has guardado ¿de quién será? De las nueras, de los yernos, de los abogados, de todo el resto. Yo le pregunto a usted ¿si esta noche piden su alma? Hay que reflexionar sobre la vida. Viva hoy como si fuera el último día de su vida, bese a sus hijos y a su esposa, quiera a su Pastor como si fuera el último día de su vida. Cuando sienta ya no se va a poder. Tenemos que aprovechar y entender que somos frágiles y que nos podemos morir fácilmente, que la vida es breve y que pronto se acaba, tenemos que ser fieles a Dios en todo tiempo.

Salmo 103: 1-6: Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

Somos muy ingratos y fácilmente nos olvidamos de los beneficios de Dios. Todos hemos recibido beneficios de Dios, pero muchas veces primero pensamos en los sufrimientos, en sus perjuicios y no pensamos en sus beneficios. Piense en los beneficios, imagínese usted sin mamá y sin papá y está aquí vivo. ¿Esto será un beneficio? A veces nosotros somos olvidadizos, se nos olvidan los beneficios de Dios. Hay un himno antiguo que solíamos cantar en nuestra iglesia bautista cuando yo era niño y el himno decía.- “Ven, bendiciones cuántas tienes. Ven bendiciones que Dios te manda, más bendiciones te sorprenderás, cuando veas lo que Dios hará” Y había una parte que decía: “cuenta las bendiciones”. ¿Cuántas bendiciones tenemos? Muchas. ¿Cuántas partes de su cuerpo funcionan? ¿Será eso una bendición? ¿Le funciona el dedo gordo del pie derecho? Mire, eso es una bendición, cuando nos damos un martillazo en el dedo gordo enfocamos en el dedo que no funciona en ese momento, pero usted tiene muchas bendiciones. A muchos les funciona el hígado, se nota en lo bravo que son, el hígado le funciona y no da gracias a Dios porque está bueno, hasta que ya se pone graso, se pone con problemas y empieza a decirle que está malo, entonces uno se acuerda. Pero tiene 50 años de que el hígado está funcionando bien y a lo mejor usted tiene 80 años y su hígado está bueno, sus riñones están buenos, sus pulmones están buenos, lo único malo son sus dientes, pero lo demás está bueno. Déle gracias a Dios. Son bendiciones.

Todos nacimos un día y no teníamos nada, nada, porque lo que existía era de nuestros papás, si es que tenían, unos ni tenían papá ni mamá. Hagamos inventario: Nacimos sin nada y ¿cómo estamos? A lo mejor tenemos una casa, a lo mejor tenemos diez, a lo mejor tenemos un lote, a lo mejor tenemos 20, a lo mejor tenemos una finca o algo más, o a lo mejor tenemos dinero, millones, a lo mejor tenemos joyas por montones. No tenemos nada, decimos nosotros. Me he encontrado con gente que teniendo un montón de cosas, todavía piensa que es pobre. Yo le quiero revelar a usted hoy una verdad, usted ya no es pobre, ¿sabe quién es pobre? Según las estadísticas del mundo, pobre son aquellos que viven con dos dólares al día y extremadamente pobres los que viven con un dólar al día. Ahora yo le pregunto a usted ¿vive usted con dos dólares al día? ¿Es eso lo que usted tiene cada día para vivir? Yo sé lo que es ser gafo, yo sé lo que es estar de veras sin un len en la bolsa y con unas ganas que lleguen las cinco de la tarde para irse a tomar su cafecito con pan. Usted ya no es pobre, ya tiene una casa, y a lo mejor la está pagando, a lo mejor ya la pagó y es suya, y todavía sigue pensando que es pobre. ¡No es pobre! lo que tiene que hacer es decirle a su propia alma, “Alma mía alaba al Señor”. Si l o quiere entender de otra manera, dígase a sí mismo: si mismo alaba al Señor, déle gracias a Dios por lo que tiene. Eso está diciendo David, me dije a mi mismo alaba al Señor, a veces tenemos que ordenarnos a nosotros mismos alabar a Dios.

Un amigo me confiaba, hace muchos años, que aquí la gente practica la alabanza o la quejabanza ¿qué practica usted? Hay quienes se quejan de todo, hace una semana “qué calor, qué calor, esto parece el infierno, ya siento el olor a azufre”. Hay gente que se queja por todo. Hoy “que frío”, deje de practicar la quejabanza y déle gracias a Dios por todo lo que Él nos da, no se olvide de sus beneficios. Si Dios nos sanó no se olvide, Si Dios lo salvó, no se olvide. Si Dios le proveyó trabajo no se olvide, si Dios le ayudó a ganar la clase y pasar de grado, no se olvide. No se olvide de todos los beneficios de Dios. Él perdona todos los pecados. Si tuviéramos oportunidad de que alguien proyectara en las pantallas los pecados que hemos cometido, usted se tiraría al suelo y no se levantaría hasta que salgan todos. Porque aquí tiene cara de ángel, pero más “pecadorazo”, todos tenemos grandes pecados que hemos cometido. Nos ven cara de muy buena gente, muy amables, pero que hemos cometido pecados, vaya si no, pero Él perdona. Alégrese de que ya fue perdonado, y dígale gracias Señor por perdonar mis pecados.

Hay gente que a veces viene a nuestras reuniones y después dice: ¿Cómo es posible que ahí esté fulano de tal, si yo lo conozco, si juntos matamos a varios, si juntos estafamos a otros, si juntos…? Él perdona nuestros pecados y sana todas nuestras dolencias. Él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión, el colma de bienes tu vida y te rejuvenece como las águilas. El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos, gracias a Dios. Él lo hace, por eso debemos serle fieles. Mi abuela, como muchas personas, tenía la costumbre de tener su Biblia abierta en su dormitorio en el Salmo 91 y para mi abuela ese salmo tenía unas promesas tan grandes, tan importantes, pero lo importante que no eran promesas sólo para ella, sino eran promesas para usted y para mí. Abra su Biblia en el Salmo 91 y mire que lindo lo que dice:

El que habita al abrigo del Altísimo (Subraye la palabra habita, porque eso quiere decir que ahí vive, no solo viene cuando tiene problemas o viene cuando no tiene problemas, no solo está cuando está gafo, también está cuando está lleno de paz) se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío.» Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará. No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar. Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos. Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna. Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes! «Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre. Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores. Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación.»

¿Valdrá la pena habitar al abrigo del Altísimo? Vale la pena vivir delante de Dios nuestro Señor. Problemas siempre van a haber, volcanes siempre van a haber, en Guatemala tenemos suficiente volcanes para regalar a toda América Latina, tenemos 37 volcanes que se dicen oficiales, pero hay más en todo el territorio, terremotos a cada rato, hay trece placas tectónicas en el mundo entero, tres coinciden en Guatemala. Problemas va a haber, dificultades siempre va a haber, pero yo quiero recordarles hoy, que también está Dios nuestro Señor siempre presente al lado nuestro, para ayudarnos, para librarnos, para protegernos, para bendecirnos, para beneficiarnos, por eso vale la pena que no nos apartemos de Él, ni en las buenas ni en las malas, y cuando estemos a las buenas digamos: Señor gracias por todo lo que me das, y no deje de dar cuando esté escaso ni cuando esté en superabundancia. Seamos fieles al Señor, fieles en la prosperidad, fieles en la adversidad.

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