EL INEXORABLE AMOR DE DIOS

17 Jun
David Wilkerson Today

THURSDAY, JUNE 17, 2010

EL INEXORABLE AMOR DE DIOS

Quiero hablarle sobre la palabra inexorable. Significa no disminuido en
intensidad o esfuerzo; que no cede, inalterable e incapaz de ser cambiado o
persuadido por argumentos. Ser inexorable quiere decir mantener fijamente un
curso determinado.

¡Qué descripción tan maravillosa del amor de Dios! El amor de nuestro Señor
es absolutamente inexorable. Nada puede impedir o disminuir su búsqueda amorosa
tanto de pecadores como de santos. David, el salmista, lo expresó de esta
manera: "Detrás y delante me rodeaste… ¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú;
y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás" (Salmos 139:5,
7–8).

David se está refiriendo a los grandes altibajos que enfrentamos en la vida.
Está diciendo: "Hay momentos en los que estoy tan bendecido que me siento como
flotando de gozo. En otros momentos, me siento como si estuviera viviendo un
infierno, condenado e indigno. Pero no importa donde estoy, Señor, no importa
cuán bendecido me sienta, o cuán baja sea mi condición, Tú estás ahí. No
puedo escapar de tu amor inexorable. Y tampoco puedo ahuyentarlo. Tú nunca
aceptas mis argumentos de cuán indigno soy. Aun cuando soy desobediente,
pecando contra tu verdad, tomando por sentada tu gracia, nunca dejas de amarme.
¡Tu amor por mí es inexorable!

Necesitamos considerar el testimonio del apóstol Pablo. Mientras leemos sobre
la vida de Pablo, vemos a un hombre decidido a destruir la iglesia de Dios.
Pablo era como un desquiciado en su odio hacia los cristianos. Respiraba
amenazas de muerte contra todo aquél que siguiera a Jesús. Pedía la
autorización del sumo sacerdote para perseguir creyentes, sacarlos de sus
casas y arrastrarlos a la prisión.

Después de convertirse, Pablo testificó que aun durante esos años llenos de
odio, mientras él estaba lleno de prejuicios, matando ciegamente a los
discípulos de Cristo, Dios lo amaba. El apóstol escribió: "Mas Dios muestra
su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros" (Romanos 5:8). Dijo, en esencia: "Aunque yo no era consciente de
ello, Dios me estaba buscando. Él insistía en buscarme en amor, hasta aquél
día en el que literalmente me derribó de mi gran caballo. Eso fue el
inexorable amor de Dios".

A través de los años, Pablo estaba cada vez más convencido de que Dios lo
amaría fervientemente hasta el fin, a través de todos sus altibajos. Él
declaró: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo
alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de
Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:38–39). Estaba
declarando: "Ahora que soy de Dios, nada puede separarme de su amor. Ningún
diablo, ni demonio, ni principado, ni hombre, ni ángel; nada puede impedir que
Dios me ame".



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