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LA CASA DE DIOS CONVERTIDA EN CUEVA DE LADRONES

11 Jun
David Wilkerson Today

FRIDAY, JUNE 11, 2010

LA CASA DE DIOS CONVERTIDA EN CUEVA DE LADRONES

Jesús subió a Jerusalén durante la pascua y entró en el templo (Juan
2:13-17). Lo que vio lo horrorizó. ¡Los mercaderes se habían apoderado de la
casa de Dios! Él había entrado buscando una casa de oración y lo que
encontró fue una preocupación con la promoción, exhibición, y venta de
mercadería religiosa. Los líderes religiosos estaban ya contando sus
ganancias. ¡Cuánta ocupación! Hombres de Dios se habían convertido en
vendedores ambulantes de mercadería religiosa, correteando por doquier
promocionando sus productos.

Mesas habían sido colocadas en todas partes de la casa de Dios para
promocionar y vender ovejas, bueyes, palomas, dulces, inciensos, y otra
mercadería para propósitos religiosos. El dinero cambiando de manos era el
ruido más fuerte en la casa – dinero que hacían de Dios y de la religión.

¿Qué terrible dolor causó que el corazón compasivo de nuestro Señor
hirviera con ira santa? Su gran sufrimiento causó que su espíritu manso
ardiera con indignación de justicia.

¿Puede usted visualizar ese momento? Con un azote en mano, nuestro Señor
irrumpió en el templo y comenzó a azotar en todas las direcciones, volcando
las mesas llenas de mercadería. Él dispersó a los promotores, a los
negociantes, y a los vendedores.

“¡Fuera!” Dijo con voz estruendosa, “¡Fuera de la casa de mi Padre!
¡Ustedes han profanado este lugar santo, habiendo convertido esta casa de
oración en un mercado de comercio!”

Fue una de las experiencias más dolorosas de todo su ministerio pero él no
podía quedarse impávido y permitir que la casa de su Padre se convirtiera en
una cueva de ladrones religiosos.

¿Estamos dispuestos a compartir con Cristo en este aspecto de sus sufrimientos
hoy día? ¿Compartimos su dolor al ver una vez más que la casa de Dios ha sido
entregada a los mercaderes? ¿Nos escandalizaremos por el comercialismo horrendo
del evangelio? ¿Sentiremos su ira en contra de la venta de cosas espirituales
lo suficiente como para retirarnos de esas actividades? ¿Sentimos su dolor lo
suficiente como para renunciar a los ministerios que como molinos producen
mercadería sólo con el propósito de hacer dinero?

¿Podemos compartir sus sufrimientos en este punto lo suficiente como para
levantarnos en contra de aquéllos que convierten la casa de Dios en un teatro
o en un centro de entretenimiento para promotores? ¿Podemos dolernos por todas
las ganancias excesivas que se consiguen con el nombre de Jesús? ¿Podemos
apartar nuestros ojos del dinero y ponerlos de vuelta en la cruz? 
 



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