Depravación total

3 Jun
Depravación total


Como hay muchas ideas equivocadas respecto a la depravación total, es

necesario ante todo establecer lo que no es la doctrina; y luego, en

segundo lugar, explicar lo que es.

I. LO QUE NO ES
A. No es depravación absoluta
A veces la palabra depravación unida a la palabra total da la impresión

de que el hombre es todo lo malo imaginable, todo lo malo que puede

ser, algo así como el diablo.

Pero depravación total no es lo mismo que depravación absoluta.

Depravación absoluta significa que una persona expresa su depravación

siempre a la enésima potencia. No sólo sus pensamientos, palabras y

acciones son pecaminosos, sino que lo son en grado sumo. Ser

totalmente depravado, sin embargo, no significa que una persona es lo

peor posible en forma intensiva, sino lo más mala posible en forma

intensiva, sino lo más mala posible en forma intensiva. No es que no

pueda cometer un crimen peor que el que ha cometido; antes bien, es

que nada de lo que hace es bueno. El permea todas las facultades de su

alma y todas las esferas de su vida. Es incapaz de hacer una cosa que

sea buena. Ilustrémoslo. Cuando el niño miente, a menudo dice

mentiras pequeñas. Estas mentiras podrían ser mucho peores. Sin

embargo en sí mismas ya son malas. Ese mentir es malo. En

consecuencia, el niño es malo. Pero no tan malo como podría serlo.

O, cuando los niños se pelean, a menudo lo hacen mofándose el uno al

otro o dándose golpes a empujones; pero podrían hacerlo sacándose los

ojos con tijeras o poniendo alfileres debajo de las uñas.
Unos adultos llaman a otros “estúpido” y “miserable”; pero en vez de

insultarse podrían quitarse la vida.

Hitler fue un criminal vicioso; sin embargo incluso el perdonó a algunos

pueblos franceses ante los ruegos de un sacerdote.

Kitty Genovese fue dejada a morir en Nueva Cork a la vista de

veintiocho personas. Esta apatía, este no querer mezclarse en un

asunto así, es abominable; y sin embargo los veintiocho hubieran podido

ayudar a matarla. Y no lo hicieron. No eran todo lo malos que podían

ser.

Durante el reinado del rey Saúl hubo un periodo transitorio: “El Espíritu

de Jehová se aparto de Saúl y le atormentaba un Espíritu malo de de

parte de Jehová” (1S. 16.14). En otras palabras, en la primera parte de

su reinado no actuó en forma tan mala como lo hizo en la segunda

parte. Incluso los que están cometiendo el pecado imperdonable (He.

6:4-8) no actuaron en otro tiempo todo lo mal que hubieran podido,

sino que “una vez fueron iluminados y buscaron el don celestial y fueron

hechos participantes del Espíritu Santo”.

Siempre ha habido hipócritas en la iglesia: los que tienen apariencia de

santidad, pero niegan el poder de Dios (2 Ti. 3.5), e incluso predican y

realizan milagros, como en el caso d Judas. Estos hipócritas incluso

hubieran podido prescindir de las apariencias de caridad y perseguir

directamente a la gente pero no lo hicieron.

Los pecados del hombre no solo son tan malos como podrían ser, sino

que tampoco son tan amplios como podrían ser. Un hombre

determinado no comete todos los pecados posibles. Todos nosotros

violamos de pensamiento los mandamientos de Dios, pero no todos los

violamos de hecho. Todos sentimos odio, por ejemplo, pero no todos

cometemos homicidios. Casi todos tenemos deseos lujuriosos, pero no

todos hemos cometido adulterio de hecho. La explicación de esta

moderación en el pecado está en que Dios, por medio de su gracia

común (es decir la gracia que se da a los no creyentes), refrena a las

personas para que no hagan el mal que podrían hacer. Por ejemplo, en

Génesis 20 leemos que e rey Abimelec no pecó tanto como podría

haberlo hecho, porque Dios l impidió que cometiera adulterio con Sara,

esposa de Abraham. Y pablo escribe a los tesalonicenses que “ya está

en acción el ministerio de la iniquidad” (2Te.2.7), pero a este espíritu

malo le hace frete alguien “quien al presente lo detiene”.

B. No es una ausencia completa de bien relativo
No sólo es cierto que el no regenerado no comete los peores pecados

posibles, no todas las clases de pecado, sino que también es cierto que

es capaz de hacer algún bien _ si s entiende adecuadamente la palabra

bien.

El catecismo de Heidelberg ofrece una definición muy clara de bien. En

respuesta a la pregunta: “¿pero cuáles obras son buenas?” el Catecismo

responde: “Sólo las que se hacen por fe verdadera, de acuerdo con la

ley de Dios, y para su gloria” (pregunta y respuesta 91). Así pues

según el Catecismo, hay tres elementos indispensables para que las

obras sean verdaderamente buenas: fe verdadera, conformidad con la

Ley de Dios y motivación adecuada. Por otra parte una obra

relativamente buena en lo exterior quizá puede parecer buen y sin

embargo puede no haber nacido de verdadera fe ni ser para ni ser para

la gloria de Dios, Los no cristianos, aun siendo totalmente depravados

pueden realizar obras relativamente buenas.

Supongamos, por ejemplo, que un no creyente roba $5.000 de un banco

y luego escribe un cheque por $1.000 para la Cruz Roja, a fin de que lo

alaben. Este donativo en lo exterior está conforme a la ley de Dios;

pero como nace de la fe y como carece del motivo de glorificar a Dios,

es pecaminoso. Es una acción sólo relativamente buena.

Albert Schweitzer es ejemplo de alguien que negó el Cristianismo

Bíblico y sin embargo avergonzó a muchos cristianos ortodoxos con su

amor y amabilidad. Sacrificó tres carreras brillantes y renunció a la

cultura de Europa para ir a trabajar y a sufrir con los negros de África.

Como filosofo experto en el nuevo testamento y organista de fama

mundial, se sentía como Dives, vestido de púrpura y lino fino, lleno de

lujos, en tanto que había tanto lazaros en África cuyas heridas lamían

los perros. Se dedico en una forma sacrificada al cuidado de los

enfermos en el corazón de África, viviendo una vida ejemplar de bien

relativo. Sus acciones externas se conformaban a la ley del amor; pero

no creía en el Dios trino y no lo guiaba el motivo justo de la gloria de

sus acciones se podrían llamar verdaderamente buenas sólo en un

sentido relativo.

Tomemos otros ejemplos de bien relativo. Consideremos al soldado no

cristiano que en el combate es modelo de valor y amor al lanzarse sobre

una granada para salvar a sus compañeros. O al no cristiano que

arriesga la vida al arrojarse frente a un camión para rescatar la vida de

un niño. O al pagano blasfemo que ayuda al mendigo. O al judío que

dona su amplia propiedad para que se utilice como parque público. O al

unitario que da $100.000 para construir unos laboratorios en la

universidad. O al anciano que vive al otro lado de la calle y no quiere

saber nada de la iglesia. Es respetable, cuida muy bien de su casa,

arregla el jardín, ama a su esposa, da caramelos a los niños del

vecindario, y no jura.

En todos estos ejemplos están ausentes dos ingredientes necesarios de

las buenas obras: fe en Jesucristo y el motivo de hacerlo todo para la

gloria del Dios trino. Por esta razón se las puede llamar obras

relativamente buenas. *

La Biblia da ejemplos de bien relativo. El Antiguo Testamento menciona

a tres reyes, por ejemplo –Jehú, Joas, y Amazías quienes no temieron

verdaderamente a Dios, y fueron reprobados. Sin embargo de Jehú dice

Dios: “Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis

ojos…tus hijos

* El título del Artículo XIV de la Confesión Belga menciona lo

“verdaderamente bueno” cuando habla de la “incapacidad” del hombre

caído “par hacer lo que es verdaderamente bueno” Los Cánones de Dort

hablan de “bien que salva” (III-IV,3). Estos términos pueden ser

engañosos porque incluso las acciones del regenerado no son

“verdaderamente buenas”, ya que ni su fe ni el motivo que lo guía son

completamente perfectos. Ninguna persona en la tierra ama a Dios con

todo el corazón, la mente y el alma. Y sin embargo, las acciones del

Cristiano regenerado son de una índole completamente diferente de las

del incrédulo. La fe y la motivación adecuada están presentes, aunque

en una forma imperfecta. Tampoco es correcto hablar del “bien que

salva”, puesto que el Cristiano no se salva por las buenas obras, sino

por Cristo.

se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación” (2R.

10.30). De Joas la Biblia dice que “hizo lo recto ante los ojos de

Jehová” (2 R. 12.2). y el escritor repite las mismas palabras en el caso

del rey Amazías. Así pues, estos reyes hicieron cosas agradables

delante de dios, si bien, en último término, se perdieron.
En el Nuevo Testamento Cristo afirma el hecho de que los réprobos

hacen el bien cuando mandan a los discípulos que amen no sólo a sus

amigos sino también a sus enemigos. Dijo así: “Si hacéis bien a los que

os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores

hacen lo mismo” (Lc. 6.33). En otras palabras, Cristo dice que los no

elegidos hacen el bien. También aquí no se puede interpretar esto en el

sentido de que hacen lo que es verdaderamente bueno, sino un bien

relativo.

Y Pablo escribe a los romanos (2.14) que “los gentiles que no tienen ley,

hacen por naturaleza lo que es de la ley”. No conocen a Jesucristo, no

poseen la ley del Antiguo Testamente, sin embargo hacen cosas que en

lo externo están de acuerdo con la ley de Dios cosas que son agradables

a Dios en un sentido relativo,

Vemos, pues, que la depravación total no significa que los hombres sea

el epítome del diablo. Porque, de hecho, el hombre no comete todos los

pecados posibles; y los pecados que comete no siempre son todo lo

malo posible. Además, vemos que él puede incluso realizar una cierta

cantidad de bien relativo. ¡Cuán agradecidos podemos estar a Dios por

el ejercicio de su gracia común, con la cual no sólo refrena del mal al no

regenerado, sino que también lo capacita para hacer este bien relativo!

II. LO QUE ES
A. Positivamente: sólo pecar y siempre pecar
Aunque afirmamos que el hombre natural, el que no ha sido regenerado

por el Espíritu Santo, puede hacer el bien relativo, es necesario volver a

insistir en que incluso este bien no es fundamentalmente “verdadero

bien” a los ojos de Dios. La razón de esto es, como dice la Confesión

Belga, que están ausentes la motivación del amor y la fe. De hecho, ese

bien relativo no es otra cosa, en el sentido más profundo, que pecado y

maldad.

La depravación total significa que el hombre natural nunca puede hacer

ningún bien que sea fundamentalmente agradable a Dios, y, de hecho,

hace siempre el mal. Este es el testimonio diáfano de la Escritura.

En Génesis 6.5 se nos dice “que la maldad de los hombre era mucha en

la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos

era de continuo solamente el mal”. Fijémonos cuidadosamente en la

descripción de la maldad. Era mucha. Llegaba hasta lo más recóndito

del hombre. No sólo a su corazón, no sólo a los pensamientos de su

corazón, sino también al designio de los pensamientos del corazón.

Estas actitudes íntimas, según la Biblia, eran sólo el mal y lo eran de

continuo siempre. Génesis 8.21 añade que esto era así, no solo cuando

el hombre ya era maduro, sino desde la juventud.

Jeremías dice que “engañoso es el corazón más que todas las cosa, y

perverso; ¿quién lo conocerá?” (17.9). El testimonio de la mayoría de

los Cristianos concuerda con el de Jeremías. Incluso después de que

una persona se hacho Cristiana, y por consiguiente conoce mejor las

cosas, resulta aterrador comprobar cuán hipócrita, engañador, y malo

es su corazón.

El salmista dice que esta depravación se aplica incluso en el caso del

recién nacido: “He aquí, en maldad he sido formado y en maldad me

concibió mi madre” (51.5). Esto no significa que el acto sexual sea

malo, sino que desde la concepción, el nacimiento el hombre está

contaminado con el pecado debido a la caída de Adán.

En forma inequívoca Pablo, citando los Salmos 14 y 53, dice “No hay

justo, ni aun uno, no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo

bueno, no hay ni siquiera uno… No hay temor de Dios delante de sus

ojos (Ro. 3.10-18).

Esta depravación es, pues, extensiva más bien que intensiva. El

hombre no peca en todas las formas posibles, ni en la forma peor

posible, puede incluso hacer algún bien relativo, pero peca en todo lo

que hace. No hace ni una sola cosa que sea completamente agradable a

Dios.

B. Negativamente: incapacidad total
Otra forma de describir la depravación total es llamarla incapacidad

total, de hecho, muchos prefieren ese término al de depravación total,

ya que éste conduce a pensar que el hombre es todo lo malo que puede

ser: El término incapacidad total, sin embargo, tiene el defecto de ser

demasiado negativo. Sugiere que la condición pecadora del hombre es

una carencia más bien que una característica positiva. Pero el término

es muy útil para hacer entender el hecho de la incapacidad del hombre

para hacer, entender, e incluso desear el bien. Examinemos esta triple

incapacidad del hombre.

1. El hombre no puede hacer el bien.
La confesión Belga es muy

bíblica cuando afirma la “incapacidad” del hombre natural “para hacer lo

que es verdaderamente bueno”. Los Cánones de Dort son también

bíblicos cuando confiesan que “todos los hombres son… incapaces del

bien que salva”

Al hablar de la total incapacidad moral del no regenerado para hacer el

bien, Jesús en cierta ocasión pregunto: “¿Acaso se recogen uvas de los

espinos, o higos de los abrojos?” Su respuesta fue: “todo árbol da

buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen

árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” Mt. 7.17-18).

En otras palabras, el no regenerado no puede hacer lo que es

verdaderamente bueno.

Pablo en cierta ocasión dijo, escribiendo en una forma semejante:
“Nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie

puede llamar a Jesús Señor sino por el Espíritu Santo” (1Co. 12.3).

En otra ocasión Jesús dio el secreto de la vida cristiana: la unión con

Cristo (Jn. 15). Utilizó la metáfora de la vid y los pámpanos. Al hablar

de la incapacidad para hacer buenas obras, dijo: “como el pámpano no

puede llevar fruto por sí mismo, sino permanecéis en mí… Separados de

mí nada podéis hacer” (Jn. 15.4-5). Esto es incapacidad total.

Con afirmaciones igualmente amplios, Pablo niega la incapacidad del no

cristiano para hacer el bien cuando escribe: “La mente carnal (es decir,

no regenerada) es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley

de dios, ni tampoco puede; y los que viven según la carne (es decir los

no regenerados) no pueden agradar a Dios” (Ro. 8.7-8). Lea de nuevo

esta descripción triple de la depravación total o incapacidad total: el no

cristiano es enemigo de Dios, y le resulta imposible hacer el bien y

agradar a Dios.

2. El hombre no puede entender el bien.
El hombre no sólo es

incapaz de hacer el bien por si mismo; ni siquiera puede entender el

bien. Esta ciego como Cíclope, con su único ojo quemado. Lidia por

ejemplo, oyó a Pablo predicar a Cristo a orillas del río en Filipos. Sólo

después de que el Señor abrió su corazón pudo comprender lo que Pablo

decía (Hch. 16.14). Hasta ese momento su comprensión estaba

entenebrecida, para emplear la descripción que Pablo hace de los

gentiles en Efeso (Ef. 4.18). O, para emplear otra ilustración paulina, el

velo que tenía sobre el corazón le impedía ver la verdad (2 Co. 3.12-

18). Pero cuando dios actuó en su corazón espiritual, pudo responder a

la predicación de Pablo.

Durante el ministerio de Jesús, los judíos lo rechazaron. “a lo suyo vino,

y los suyos no le recibieron (Jn. 1.11). El problema no estuvo en la

presentación de la verdad. La verdad estaba allí. Jesús era el hijo de

dios encarnado. La luz brillo en la oscuridad, pero la oscuridad no pudo

comprenderla.

El Hijo realizó milagros y predicó a los judíos, pero éstos blasfemaron de

Él. En cierta ocasión Jesús preguntó: “¿Por qué no entendéis mi

lenguaje?” Él mismo dio la respuesta: “porque no podéis escuchar mi

palabra”

(Jn. 8.43). Sin duda que los judíos oían a Jesús con sus oídos físicos.

Pero

Jesús hablaba acerca de sus oídos espirituales. Como dijo en otra

ocasión, “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis y no

percibiréis”

(Mt. 13.14). Esto explica por qué algunos teólogos y estudiosos de la

Biblia pueden dedicar la mayor parte de la vida a estudiar la Biblia y sin

embargo rechazan a Jesucristo como su Dios, Señor y Salvador. La

causa del rechazo no está en el testimonio claro de la palabra de Dios.

Antes bien, está en la ceguera, tinieblas y dureza de su corazón. Si el

hombre no está regenerado, no puede entender.

Uno de los pasajes más claros que enseñan la incapacidad del hombre

natural para entender las cosas de Dios es 1 Corintios 1 y 2. Pablo dice

que la palabra de la cruz (es decir, el mensaje central del cristianismo)

es locura para los que se pierden (1 Co. 1.18). Con su propia

“sabiduría” no llegan a conocer a Dios (v.21). Si pudieran conocer a

Dios con su sabiduría natural, entonces muchos sabios serían cristianos.

Pero no ocurre así. La razón de que mentes brillantes no acepten el

cristianismo es que todas las mentes son ciegas, a no ser que estén

regeneradas. Porque como afirma pablo, el hombre natural no percibe

las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no

las puede entender; porque se han de discernir espiritualmente” (2.14).

En otras palabras, sin el Espíritu Santo uno no puede entender las cosas

de Dios.

3. El hombre no puede desear hacer el bien.
El no cristiano no sólo

es incapaz de hacer nada que sea verdaderamente bueno, no solo es

incapaz de entender el bien, sino, peor todavía, ni siquiera puede desear

el bien. Una cosa es tener un objetivo bueno y no poder alcanzarlo.

Esta incapacidad de alcanzar un objetivo bueno es parte de la

depravación del hombre. Otra cosa es tener un objetivo bueno, pero no

poder siquiera entender lo que es ese objetivo. Esta falta de

comprensión también es parte de la depravación del hombre. Pero el

colmo de la depravación total es que el hombre natural ni siquiera desea

un objetivo bueno. No le preocupa en lo más mínimo. Esta última

afirmación no es exacta. Sí le preocupa: odia el bien y la fuente del

mismo, a saber, Dios. Esta falta de deseo de Dios es a la vez el abismo

y el epítome de la depravación total del hombre natural.

Esta incapacidad de desear el bien, y especialmente a Jesucristo, la

expresa Jesús mismo con vigor en otra de sus frases definitivas

expresadas en forma negativa (Mt.7.18; Jn. 3.3; 8.43; y 15.4-5).

Dijo “ninguno pude venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”

(Jn. 6.44). Poco después repitió el mismo pensamiento con palabras

diferentes: “Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre”

(Jn. 6.65). He aquí la depravación total: el hombre no puede escoger a

Jesús. Ni siquiera puede dar el primer paso para acudir a Jesús, a no

ser que el Padre lo atraiga. Y esta depravación es universal. “ninguno”

puede venir; dice Jesús. No sólo algunos no pueden, sino que nadie

puede. Esta es incapacidad universal y total.

La prueba más poderosa de que el hombre no puede ni desear el bien se

encuentra en las ilustraciones bíblicas que hablan del efecto de la acción

inicial del espíritu santo: corazón de carne, nacimiento, creación y

resurrección. Estas expresiones demuestran con claridad que un niño

puede entender la incapacidad moral total del hombre.

Por ejemplo, en el Antiguo testamento se describe al no regenerado

como poseedor de un corazón que esta hecho de piedra (Ez. 11.19). El

corazón de piedra no tiene vida. Está muerto no puede hacer nada.

Esta es la incapacidad total. Pero Dios dice que regenerará a su pueblo.

Pondrá un Espíritu nuevo en ellos, y entonces tendrá un corazón de

carne, que está vivo. Entonces poseerán la capacidad de seguir a Dios.

Jesús utilizó la analogía del nacimiento: “el que no naciere de nuevo, no

puede ver el reino de Dios” (Jn. 3.3). El bebe nunca desea o decide

nacer. Nunca contribuye ni en un ápice a su propio nacimiento. En todo

el proceso, desde la concepción hasta el nacimiento, está

completamente pasivo y es completamente incapaz de controlar su

propio nacimiento. De forma semejante, el no creyente no puede dar

un solo paso hacia su nuevo nacimiento. Lo debe generar el espíritu

santo. Los arminianos enseñan el concepto antinatural de que alguien

que espiritualmente no es puede desear nacer, puede creer en Cristo y

entonces nacer de nuevo. Pero un “no ser” no existe y por consiguiente

no puede tener deseos de ir a Cristo.

Pablo usa la ilustración de la creación. Dijo que si alguien está en Cristo

es una criatura nueva (2Co. 5:17, Ga. 6.15). Lo que no existe-la nada nunca

se puede producir a sí mismo. El concepto mismo de creación

implica necesariamente pasividad e incapacidad totales por parte del

objeto que va ser creado. Lo que es cierto en el terreno físico lo es

también en el espiritual: las personal son totalmente incapaces de

hacerse a sí mismas criaturas nuevas en Cristo.

Pablo también utilizó la analogía de la resurrección cuando en Efesios

2.1 escribió, “Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en

vuestros delitos y pecados.” En el versículo 5 dice: “Aun estando

nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Col.

2.13).

Algunos buenos cristianos interpretan estos versículos en el sentido de

que el hombre está herido o enfermo, pero no muerto, porque dicen que

el hombre sigue teniendo la capacidad de pedir la ayuda de Dios para su

salvación. El hombre tiene poder para creer o no creer. No está

realmente muerto; porque si lo estuviera, no podría pedir ayuda. Sólo

está enfermo. Sí lleno de pecado, enfermo con el pecado, pero aun así

puede pedir al doctor que lo ayude. Pero el calvinista sostiene la

enseñanza clara de la Biblia y dice: “No, está muerto. Ni siquiera puede

abrir la boca. Ni siquiera tiene deseo alguno de llamar al doctor para

que lo ayude. Está muerto.”

El arminiano compara al no regenerado con alguien que se arroja por la

ventana de un segundo piso, se rompe tres costillas, y una pierna, pero

sigue viviendo. El hombre sabe que está gravemente herido y por tanto

necesita un doctor. De hecho, puede pedir ayuda de algún transeúnte o

arrastrarse hasta el teléfono para llamar al doctor. Desea sanar.

El calvinista, sin embargo, compararía al hombre con alguien que salta

del último piso de un rascacielos y se aplasta en la calle. Incluso si

quedara algo sano en él después de llegar al suelo, no sabría que

necesita ayuda, y mucho menos la podría pedir. El hombre está muerto

–sin vida- y ni siquiera puede desear sanar.

O, para utilizar otro ejemplo: La postura que da al hombre algo de

crédito por su salvación al otorgarle la capacidad de creer, describe al

hombre como ahogándose. Éste agita la cabeza dentro del agua y

mueve vertiginosamente los brazos, tratando de mantenerse a flote. Si

alguien no lo ayuda, morirá. Quizá ya se le han medio llenado de agua

los pulmones; incluso puede haber perdido el conocimiento por unos

momentos, pero sigue teniendo suficiente presencia de ánimo y

capacidad para moverse y gritar para que lo salven. Si llama al

salvavidas, éste lo salvara.

La descripción bíblica, sin embargo, es la de un hombre que está en el

fondo del océano, a más de mil metros de profundidad. El peso de agua

es de seis toneladas por centímetro cuadrado. Ha estado ahí durante

mil años y los tiburones han devorado su corazón..En otras palabras, el

hombre está totalmente muerto y es totalmente incapaz de pedir a

nadie que lo salve. Para que se salve tiene que ocurrir un milagro.

Alguien tiene que sacarlo de la superficie y devolverle la vida, y

entonces podrá pedir al salvavidas que lo rescate.

Esta es la descripción del pecador. Está muerto en sus pecados y

transgresiones (EF.12.1, 5). No desea sanar. Está muerto.

Cuando Cristo le grito a Lázaro que saliera del sepulcro, éste no tenía

vida como para oír, incorporarse, y salir. No había en él ni un hálito de

vida. Para poder oír a Jesús quien lo instaba a salir, éste tuvo que

devolverle la vida. Jesús lo resucitó y entonces Lázaro pudo responder.

Estas ilustraciones ponen de manifiesto el punto básico de la

discrepancia entre los arminianos y los calvinistas, lo que Martín Lutero

afirmó que era el eje en torno al cual giró toda la reforma.* El

arminiano y nos referimos a él con cordialidad aunque no es bíblico en

este punto cree que Cristo murió por el pecado y que nadie puede

contribuir a lo más mínimo a pagar por sus propios pecados. Hasta aquí

todo está bien. “Jesús pagó por todo, todo se lo debo a él”.

* La esclavitud de la voluntad, por Martín Lutero. El título de este libro

es otra buena descripción de la depravación completa y de la

incapacidad total. La voluntad no es libre: está en esclavitud, sometida

al diablo. Es “como un animal que se encuentra entre dos jinetes. Si lo

monta Dios, quiere lo que Dios quiere y va donde Dios desea…Si lo

monta Satanás, quiere lo que quiere Satanás y va donde Satanás

desea. Tampoco puede escoger al jinete; son los mismos jinetes los

que luchan para decidir quién lo va a conseguir.” Este excelente libro de

Lutero contra las ideas no bíblicas de Erasmo muestra lo buen calvinista

que era Lutero.

Pero la entraña del problema está en que el arminiano va todavía más

lejos y afirma que el no salvo puede, pude por su propia fuerza y con

ayuda del espíritu Santo, pedir a Jesús que lo salve. Y una vez que lo

pide, entonces nace de nuevo.

El “calvinista” bíblico, sin embargo dice no. El arminiano ha empezado

la casa por el tejado. El hombre está muerto en sus pecados y delitos,

no sólo enfermo o herido, pero todavía con vida. No, el no salvo, el no

regenerado, está espiritualmente muerto (Ef.2) Es incapaz de pedir

ayuda a no ser que Dios cambie su corazón de piedra por un corazón de

carne y lo haga vivir espiritualmente (Ef.2.5). Entonces, una vez que ha

nacido de nuevo, puede por primera vez acudir a Jesús para expresar

pesar por sus pecados y pedirle que lo salve.

La pregunta es: ¿Es Dios el autor sólo de la redención o también de la

fe? ¿Pone Dios de parte suya el sacrificio vicario de Cristo, y el hombre

su fe? ¿O es la fe también don de Dios (Ef.2.8)? ¿Depende la salvación

parcialmente de Dios (dar a Cristo en la cruz) o totalmente de Dios (dar

a Cristo para que muera por nosotros además de darnos la fe)?

¿Se queda el hombre con un poquito de la gloria-la incapacidad de

creer? ¿O pertenece toda la gloria a Dios? La enseñanza de la

depravación total es que Dios es merecedor de toda la gloria y el

hombre no es digno ni de una mínima parte de ella.


Conclusión
De la enseñanza bíblica acerca de la depravación total del hombre se 

puede sacar tres lecciones.

1. La depravación total explica los problemas de nuestro mundo

El odio congénito hacia Dios y al hombre constituye la raíz de las

violencias estudiantiles, de las protestas sangrientas, de las anarquías,

de las huelgas egoístas, del tráfico de drogas, de los crímenes y del caos

general hacia el cual se encamina el mundo.

Sin querer ser simplistas ni ingenuos, se puede afirmar que la sociedad

no resolverá estos problemas básicos hasta que las personas nazcan de

nuevo y se vuelvan a Jesucristo. Porque la Biblia nos dice que el

hombre no está vivo espiritualmente, y la consecuencia es “que no hay

quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su

garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de

sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se

apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus

caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante

de sus ojos” (Ro. 3.12-18). Y todo empeorará antes de mejorar, según

las profecías de la Biblia. En los últimos tiempos, Satanás quedará en

libertad por un tiempo, y parecerá como si las fuerzas del mal se

hubieran desencadenado.

Esto no significa que la conversión del mundo entero resolvería todos los

problemas. Porque los cristianos nacidos de nuevo siguen siendo

pecadores, aunque básicamente han sido cambiados. El mundo necesita

más que la conversión: necesita que los cristianos apliquen los principios

cristianos a la política, al trabajo, a la economía y a la sociedad general.

Pero esta enseñanza de la depravación total debe poner sobre aviso al

cristiano para que no se sorprenda ante la mentalidad destructora

rebelde, anárquica y llena de odio del mundo presente; y nos debería

indicar la necesidad que se tiene del evangelio para resolver estos

problemas.

2. El conocimiento de la depravación total debería también d

nseñarnos que somos totalmente malos y estamos en una s

ituación terrible a no ser que Dios nos ayude

Cuando alguien se entera por la Biblia de la enormidad de su pecado,

debería querer acudir a Dios para pedirle, “Ayúdame, Jesús, Soy malo y

pecador. He obrado mal. No soy bueno. Sálvame Jesús.” Cuando lo

hace, se sigue una tercera verdad.

3. El conocimiento de la depravación total le enseñará al

hombre q

ue si desea pedir a Dios que lo ayude, lo hace sólo porque

Dios mismo pone en él el querer y el hacer según su buena

voluntad

(Fil. 2:12.13)

Sabrá que Jesús no sólo murió por sus pecados, sino que Dios incluso

puso en su corazón la capacidad de creer en Jesús. Entonces

exclamará, “¿Hasta dónde llega la bondad de Dios?” No sólo envía a

Cristo para que cargue con el castigo que a mí me correspondía, sino

que incluso hace que yo, quien en realidad no amo a Jesús, desee

amarlo y creer en él. ¡Qué Dios tan bueno!

Instrucciones para ayudar a los líderes en el empleo de las 

preguntas para discusión

1. Todos tienen intereses diferentes y formación diferente; de aquí

se desprende pues que no todas las preguntas servirán para

todos. Sepa, pues, seleccionar las que le parezcan de mayor

interés. Su número es más que suficiente para una sesión.

2. Si alguien responde correctamente a la pregunta desde un

principio, quizá no sea lo mejor decir: “Muy bien; pasemos a la

siguiente pregunta.” Antes bien, desempeñe el papel del abogado

del diablo: interrogue a los demás a ver si están de acuerdo con

la respuesta dada, y pregunte por qué lo están. El aprendizaje es

más provechoso cuando hay desacuerdo en las respuestas. Deje

que los demás discutan las divergencias por un rato. Como líder

no trate de resolver el problema de inmediato. Pero al final esté

seguro de dar lo que usted piensa que es la verdad. No los deje

en la duda, pero permítales discutir entre sí durante un tiempo.

3. Nunca se ría de ninguna respuesta ni la ridiculice, por muy tonta

que piense que es. El hacerlo es la forma más segura de detener

la discusión. Los demás tendrían miedo de que les fuera a

ridiculizar, en el caso de que cometiera algún error. Sin estar de

acuerdo con el error sugerido, suele ser posible hallar algo de

verdad en la respuesta dada. Es mejor aprovechar eso y luego

discretamente mostrar en que aspectos estaba equivocada la

persona.

4. No haga preguntas a las que se pueda responder con un sí o un

no. En este caso fracasaría. La pregunta estaría seguida de un

rotundo silencio. Si hace esa clase de preguntas, continúelas con

un “¿Por qué?” aunque usted sepa todas las respuestas, no lo de a

entender y haga que expliquen por qué piensan en la forma en

que lo hacen.

PREGUNTAS PARA ESTUDIO Y DISCUCIÓN
Del capítulo que usted ha terminado de leer:

1. ¿Por qué se dice que la depravación es Total?

2. ¿Cuál es la diferencia entre depravación total y depravación

absoluta?

3. ¿Qué es gracia común? Mencione por lo menos tres aspectos de la

misma.

4. ¿Es el cristiano totalmente depravado?
5. Dé algunos ejemplos de depravación total basándose en noticias

recientes o en la vida de conocidos.

6. ¿Qué quiere decir “bien relativo”?
7. ¿Por qué el así llamado bien relativo no es fundamental y

básicamente malo?

8. Tome la vida de algún no cristiano bien conocido. ¿Es totalmente

malo? Al responder, asegúrese de que define que quiere decir por

bien y por mal.

9. De ejemplos de personas que externamente hacen el bien, pero

cuyas motivaciones son malas. ¿Hacen el bien y o el mal? ¿Por

qué?

10. ¿Puede amar a Dios el no regenerado?
Acuda a su Biblia al contestar las siguientes preguntas:
1. ¿Qué dicen los siguientes textos sobre la depravación total del

pecador:

  • a. Salmo 51.5

  • b. Juan 6.44, 65

  • c. Juan 8.7, 8

  • d. Romanos 8.7, 8

  • e. 1 Corintios 2.14

2. ¿Qué dice la enseñanza bíblica de la depravación total? ¿A la luz

de la d

epravación total se podrá conseguir un mundo mejor por medio

de ¿mayor educación? O ¿por la elevación de sueldos? ¿Nivel de

vida? etc.

3. Al estudiar las Escrituras, ¿cuál describe la situación del pecador;

la de

un enfermo o la de un muerto?

Fuente bibl:
Edwin Palmer, DOCTRINAS CLAVES, pag.11-36,ed. El Estandarte

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Una respuesta to “Depravación total”

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  1. La teologia de Finney parte 5 – depravación moral « P. Arieu Theologies Web - 19 julio 2010

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