El Bautismo Del Espíritu Santo

22 may

El Bautismo Del Espíritu Santo

Lo siguiente es un sermón predicado por el Hermano James en la Iglesia Bautista “La Biblia” (The  Bible Baptist  Church) de DeLand, Florida.

Abra su Biblia en Efesios 2, Hebreos 11 y Juan 6. Sígame, porque yo tengo mi opinión, usted tiene su opinión y cada hombre en el mundo tiene su opinión; pero nos gusta abrir la Biblia y ver lo que la palabra de Dios tiene que decir. Le prometo que no cambiaremos, alteraremos, enmendaremos o “corregiremos” ningún versículo de la Biblia. Esperamos que si ncontramos algo en nuestra vida que está fallando, permitiremos que la palabra de Dios enmiende, altere, cambie y corrija nuestras vidas. Esa es la diferencia entre la religión y la Cristiandad Bíblica. Nosotros no juzgamos la Biblia. Ponemos lo mejor de nosotros para permitir que la Biblia juzgue nuestras vidas.

Con estas tres porciones de la Escritura pondremos un fundamento y después nos detendremos en cinco o seis lugares de la Biblia para construir sobre estas verdades.

Estamos en medio de un estudio de lo que la Biblia dice sobre la materia de bautismo. Hemos  aprendido que ese bautismo, según las Escrituras es la inmersión en agua de aquellos que han creído en el Señor Jesucristo. Vimos que ese bautismo de agua es una buena obra, pero las buenas obras no salvan. Por consiguiente, el bautismo de agua no es y no puede ser el medio de salvación. Más bien, en cada caso registrado para nosotros en el libro de los Hechos, (es decir, en la historia de la iglesia primitiva) el bautismo de agua era algo administrado a aquellos que habían creído en el Señor Jesucristo.

No era un rito, ni un sacramento. No era una ceremonia. No se realizó en infantes o en aquellos que no tenían ninguna idea de lo que estaban haciendo. No era realizado por un apoderado, es decir; nunca se bautizaba alguien en lugar de alguien más. Según la Biblia, el bautismo de agua por inmersión simboliza la muerte del Señor Jesucristo y nuestra muerte con Él. También simboliza Su resurrección y la nuestra para caminar una nueva vida con el Señor Jesucristo.

Simplemente se ha dicho que el bautismo de agua es un símbolo visible de una transacción interior.

En esta lección queremos echar una mirada a esa transacción interior. En nuestro Nuevo Testamento encontramos la doctrina que es conocida como el bautismo del Espíritu Santo.

Ahora permítanos hacer algunas comparaciones. Ponga la religión en una mano y la Biblia en la otra.

La religión siempre enfatiza lo visible. La Biblia siempre pone énfasis en lo espiritual.

La religión da énfasis a la vista, con sus iconos, imágenes, bautismos, ofrendas, túnicas, etc. La Biblia siempre da énfasis a la fe. Yo creo en un Dios que no veo. Voy rumbo a un cielo que no he visto. Estoy confiando en un Jesús que nunca he visto y en Su muerte en la cruz, aunque yo no vi la cruz o la tumba vacía.

La religión da énfasis al edificio. Las personas religiosas llaman iglesia al edificio. La Biblia llama a los creyentes la iglesia.
La religión da énfasis al bautismo de agua. La Biblia da énfasis al bautismo del Espíritu Santo.

La religión da énfasis a Cristo en la pared o a Cristo en el cuello. La Biblia da énfasis a Cristo en el corazón.

La religión da énfasis a obras buenas hechas por el hombre para Dios. La Biblia da énfasis a obras buenas hechas por Dios para el hombre. Mi confianza no está en las cosas buenas que yo he hecho para Dios, sino en las cosas buenas que Dios ha hecho para mí. Por eso tengo confianza y convicción. Yo sé que mis obras no cuentan para nada ante la vista de Dios.

Pueden contar en algo para usted. Puede decir: “El Hermano James es un hombre bueno. Es un ministro diligente. Es un marido fiel y un buen padre”, y eso puede significar algo para usted. Pero mis obras ante los ojos del Dios Santo no son muy impresionantes.

Así que yo prefiero confiar en lo que Él hizo por mí, en lugar de lo que yo he hecho por Él.

Ahora, note el orden en Efesios capítulo 2:1-3. Y DE ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados. ¿Cuál fue mi parte? Yo estaba muerto en mis delitos y pecados. ¿Cuál fue la parte de Dios? Él me vivificó. En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia: Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.

Dios dice que todos hemos vivido la vida de pecado, rebelión, desobediencia y transgresión. Para aquellos que han sido vivificados por Dios, esa vida ha quedado en el tiempo pasado.

Yo comprendo que nuestras iglesias están llenas de personas que viven en pecado, que llevan una vida rebelde y desobediente y tales personas se hacen llamar cristianos. Pero si yo llevara un letrero alrededor de mi cuello diciendo: “yo soy el Presidente de los Estados Unidos”, me estaría engañando sólo. Semejante declaración no me haría el presidente.

Mire el versículo cuatro, Empero Dios… Aleluya. En el versículo dos está mi desobediencia. En el versículo tres están mis lujurias. En el versículo tres estoy etiquetado como un hijo de ira. Sin embargo, en los versículos cuatro y cinco están lasnoticias gloriosas, Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos.

La religión dice: “Sí, usted puede ser una persona mala que vive una vida mala. Limpie y enderece todo y después venga a Dios y Él le dará una lugar en cielo.”

Pero la Biblia dice que yo estaba en pecado viviendo una vida mala de desobediencia, pero Dios me amó mientras yo estaba todavía en mis pecados. La palabra declara que Jesucristo me vivificó y me dio nueva vida.

Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas no de nuestras buenas obras, sino de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

En el cielo nadie está alardeando de la iglesia a la que asistieron. En cielo nadie está presumiendo sobre las cosas buenas que hicieron. En cielo toda la alabanza va a Jesucristo, porque todos los que están allí saben que de no haber sido por Jesucristo, no estuvieran allí. Él es quien salva. Él hace las buenas obras. Y Él obtiene toda la alabanza.

Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9). Usted puede decir: “Bueno, entonces viviremos como querramos.” ¡Exactamente! “Entonces podemos hacer lo que querramos hacer.” ¡Precisamente!

Todo hombre que no es salvo hace lo que quiere. Quiere seguir los deseos de su carne. Quiere vivir en pecado y eso es lo que hace. Todo creyente verdaderamente regenerado y nacido de nuevo quiere vivir para el Señor Jesucristo, para traerle honor y gloria y eso es lo que hace. Ningún individuo que entiende de verdad la salvación de la Biblia, está sirviendo al Señor porque tiene miedo a la muerte o ejecución por las manos de Dios. Más bien, todo el servicio es el fruto de un corazón agradecido.

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