¿Quién será la próxima superpotencia mundial?

19 May

¿Quién será la próxima superpotencia mundial?

La profecía bíblica señala que los Estados Unidos no será indefinidamente la potencia principal del mundo. En la actualidad, una nueva superpotencia está surgiendo para desafiar a los Estados Unidos y a las demás naciones de habla inglesa.

Por Melvin Rhodes

Por más de 60 años, es decir, desde el fin de la segunda guerra mundial, Estados Unidos ha sido indiscutiblemente la superpotencia mundial. Durante cuatro décadas tuvo como rival a la Unión Soviética, pero desde el colapso del comunismo no ha habido más que una superpotencia en el mundo.

En el transcurso de la historia muchas naciones han surgido y desaparecido. Los Estados Unidos no será la excepción. Tarde o temprano, y de manera inevitable, esa nación perderá la supremacía, así como Inglaterra perdió la suya ante el auge de los Estados Unidos. ¿Quién reemplazará a Estados Unidos como el líder principal del mundo?

Los candidatos

Los candidatos abundan. ¿Podría ser China, que cuenta con la población más numerosa del orbe y con una de las tasas de crecimiento económico más rápidas del mundo? ¿O quizá será India, con más de mil millones de habitantes y una pujante economía? ¿O tal vez será una alianza de naciones del Cercano Oriente, beneficiarios de una enorme y creciente riqueza?

El hecho concreto es que Estados Unidos ya ha perdido su preeminencia económica ante un rival que todavía está formándose.

“En los albores del siglo xxi, al otro lado del Atlántico se está gestando una revolución geopolítica de dimensiones históricas: la unificación de Europa. Veinticinco naciones se han unido —y varias más están en lista de espera— para desarrollar una economía, un gobierno y una cultura en común. Hoy en día Europa está más integrada que en cualquier otra época desde los tiempos del Imperio Romano”.

Así escribió T.R. Reid, ex jefe del periódico The Washington Post, en el prólogo de su libro The United States of Europe: The New Superpower and the End of American Supremacy (“Los Estados Unidos de Europa: La nueva superpotencia y el ocaso de la supremacía norteamericana”, 2004).

El Sr. Reid continúa: “Los nuevos Estados Unidos de Europa —para usar la frase de Winston Churchill— tiene más habitantes, más riqueza y más comercio que los Estados Unidos de América. La Nueva Europa no puede competir con la fuerza militar estadounidense (asunto que, en todo caso, tampoco le interesa). Pero en todas las organizaciones internacionales tiene más votos que los Estados Unidos, y aporta muchísimo más dinero para apoyar al desarrollo. El resultado es una influencia económica y política que convierte a la Unión Europea exactamente en lo que sus líderes desean: una segunda superpotencia que esté en pie de igualdad con los Estados Unidos”.

El mismo año que el Sr. Reid escribió este libro, la UE añadió 10 nuevos miembros para completar los 25 que hemos mencionado. En ese preciso momento la UE sobrepasó a los Estados Unidos como el mercado más grande del mundo. Menos de cuatro años más tarde, con la caída en el precio del dólar norteamericano y el alza en el valor del euro, justo en medio de la crisis crediticia, la zona del euro (las 15 naciones cuya moneda es el euro) superó a Estados Unidos.

Con la incorporación de Rumania y Bulgaria, ahora la UE tiene 27 miembros, mientras que otros cuantos se esfuerzan por llenar los requisitos para ser aceptados. Hay reglas cada vez más estrictas para unirse a la zona del euro. De los 12 países de la UE que no usan actualmente el euro, hay nueve en lista de espera para unificarse, pero sus finanzas no son consideradas lo suficientemente sólidas como para ser admitidos.

A partir de enero del 2009 los 27 tienen un solo presidente que los dirige. Es posible que el presidente de la UE no tenga tanta influencia militar como su homólogo norteamericano, pero debido al creciente poder económico de Europa, su influencia internacional probablemente será de igual importancia.

Europa está encaminada a lograr su meta principal, explicada en el párrafo final del prólogo del Sr. Reid: “. . . los líderes y la gente de la UE están decididos a cambiar un mundo que ha estado dominado por los estadounidenses. De hecho, esa meta se ha convertido en una poderosa motivación para la Nueva Europa: la de crear unos Estados Unidos de Europa que no serán los Estados Unidos de América. Un claro resultado de la unificación de Europa es que la brecha entre los dos lados del océano Atlántico se está ampliando cada día más”.

Esta creciente división fue muy notoria durante la visita del presidente George W. Bush a Bucarest, Rumania, para la cumbre de la OTAN en abril del 2008. Estados Unidos, siempre acostumbrado a salirse con la suya en la OTAN, esta vez se encontró con que los europeos se negaron a apoyar los planes norteamericanos para ampliar la alianza militar.

Washington apoyó la solicitud de Ucrania y Georgia de incorporarse a la alianza militar más antigua del mundo, pero Alemania y Francia se opusieron por temor a un creciente conflicto con Rusia. El Sr. Bush debió soportar más desplantes cuando, después de anunciar que Croacia, Albania y Macedonia serían admitidas como nuevos miembros, Grecia vetó la incorporación de Macedonia.

Los europeos están ejercitando sus músculos cada vez más, y casi siempre a expensas de Estados Unidos.

Mientras que su meta es “una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos”, como se acordó en 1957 en el Tratado de Roma, que estableció las bases para la actual UE, es bastante improbable que acepten llamarse “los Estados Unidos de Europa”. Por el contrario, desean tener una identidad marcadamente distinta a la de Estados Unidos; es decir, quieren una confederación democrática, pero con su propio estilo y que tome en cuenta su realidad histórica y geográfica.

El hecho es que la Unión Europea está compuesta de naciones que han pasado la mayor parte de los últimos mil años concentradas en sobrevivir y preservar sus identidades individuales, a menudo teniendo que defenderse para poder existir. Ahora están agrupándose voluntariamente, cediendo ciertos aspectos de su propia soberanía para poder lograr la meta de esa “unión cada vez más estrecha”.

El Sr. Reid lo expresó muy bien al afirmar que “hoy en día Europa está más integrada que en cualquier otra época desde los tiempos del Imperio Romano”.

Efectivamente, este último intento de unificar a Europa es otra de una larga serie de restauraciones en las que se ha pretendido resucitar al Imperio Romano. Los intentos previos se valieron de la conquista. Pero esta vez todo el proceso es voluntario, lo que significa que se está consolidando de manera más lenta, pero con muchísimo más apoyo y entusiasmo.

En el pasado, la fuerza militar de una nación poderosa unía forzosamente a las demás. Hoy en día, la fuerza motivadora es la economía, a medida que Europa y su moneda, el euro, adquieren supremacía universal.

El Imperio Romano profetizado

En el libro bíblico de Daniel leemos que Dios “quita reyes, y pone reyes” (Daniel 2:21). Dios es quien determina tanto el surgimiento como la caída de las naciones.

Daniel fue testigo ocular de esto. Nacido en el reino de Judá, fue llevado cautivo siendo apenas un adolescente, cuando el poderoso Imperio Babilónico conquistó a su nación. Allí pasó casi 70 años de su vida.

Así como Daniel presenció la invasión y caída de su patria, viviría para presenciar la invasión y caída de Babilonia. Persia conquistó a los conquistadores en octubre del año 539 a.C.

Daniel sabía que esto sucedería. Dios lo había usado para revelar el significado de un sueño que tuvo el rey Nabucodonosor. Dicho sueño y su interpretación están registrados en el capítulo 2 del libro de Daniel. En el ver-sículo 39 Daniel explicó que habría otros tres grandes imperios gentiles después del Imperio Babilónico. Cinco versículos más adelante vemos que estos imperios culminarían en el establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra.

Algunos años más tarde, Daniel tuvo una visión parecida que le dio una comprensión más profunda de estos acontecimientos profetizados. En su visión, Daniel vio “cuatro bestias grandes” (Daniel 7:3), cuatro grandes imperios gentiles, “diferentes la una de la otra”.

“La primera era como león” (v. 4, Babilonia); la “segunda bestia, semejante a un oso” (v. 5, Persia); la tercera, “semejante a un leopardo”, representaba a Alejandro Magno y su Imperio Griego, que tendría “cuatro cabezas”, es decir, los cuatro generales que más tarde se dividirían el imperio después de la muerte prematura de Alejandro (v. 6).

“Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos” (v. 7). Siglos después de la visión de Daniel, Roma le sucedió a Grecia.
Pero notemos la referencia a los “diez cuernos” en el versículo 7. En el versículo 8 leemos que “otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros”.

Un cuerno es símbolo de una fuerza agresiva y está relacionado con la autoridad y el poder políticos. Los 10 cuernos mencionados aquí, de los cuales tres serían arrancados de raíz, conducirían al tiempo del Reino de Dios, como muestra el versículo 9: “Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días . . .”.

Como el Reino de Dios aún no ha sido establecido en la tierra, esto todavía se refiere al futuro.

Si el Imperio Romano es la última de las cuatro bestias mencionadas en los capítulos 2 y 7 de Daniel, y si el Imperio Romano precede inmediatamente al Reino de Dios, entonces es obvio que los 10 cuernos mencionados aquí son resurgimientos del Imperio Romano a lo largo de la historia. La resurrección final del Imperio Romano está profetizada en el Nuevo Testamento en el libro del Apocalipsis, el cual está relacionado específicamente con los acontecimientos del tiempo del fin y el Día del Señor.

Una unión cada vez más estrecha

La Unión Europea fue fundada por el Tratado de Roma. Su propósito declarado es formar “una unión cada vez más estrecha”. Lo que comenzó como una unión económica se convirtió en una unión monetaria. Ahora se está convirtiendo en una plena unión política. De ella emergerán las naciones que formarán la profetizada potencia llamada la “bestia”, esto es, el resurgimiento final del Imperio Romano que conducirá directamente al Reino de Dios.

Apocalipsis 13:3 nos muestra que el mundo entero se asombrará cuando vea al Imperio Romano resucitado. “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia”. Su poder y autoridad se harán sentir en toda la tierra.

En el transcurso de la historia ha habido otros intentos por resucitar el Imperio Romano. Este artículo da comienzo a una serie que examinará cada una de esas resurrecciones, para ayudar a nuestros lectores a comprender los antecedentes históricos de lo que ha llegado a convertirse en la potencia económica más grande del mundo, con una moneda que compite con el dólar estadounidense y que ha llegado a ser el rival económico más grande de la supremacía norteamericana.

La UE no es la bestia, pero la bestia probablemente saldrá de ella, como el resurgimiento final del Imperio Romano. BN

http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2009/bn032009/superpotencia.htm

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