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Judíos celebran doble milagro

21 Abr

Judíos celebran doble milagro

AFP

JERUSALÉN.— El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rindió ayer un homenaje al “doble milagro en la vida del pueblo judío” con motivo de las celebraciones del 62 aniversario de la creación del Estado hebreo.

“El primer milagro es el restablecimiento de la soberanía judía (…). El segundo es lo que hemos cumplido desde la creación del Estado judío. Israel se

ha convertido rápidamente en una potencia económica regional y en una de las primeras potencias tecnológicas del mundo”, declaró Netanyahu en un mensaje.

Durante las festividades se espera la presencia de miles de israelíes en parques y jardines, que durarán hasta hoy cuando se ponga el sol.

El Estado hebreo fue creado el 14 de mayo de 1948, fecha que cae en 20 de abril este año, según el calendario lunar judío.

Antes de las celebraciones, las sirenas sonaron a las 11:00 de la mañana durante dos minutos para recordar a los muertos “por la nación”, dando el pistoletazo de salida a una serie de ceremonias en los 43 cementerios del país.

Los principales personajes de esa nación participaron en una breve ceremonia en el cementerio militar de Mont Herzl en Jerusalén. En su discurso, Netanyahu rindió homenaje a los soldados muertos, que entregaron su vida por su patria, entre ellos su hermano, el coronel Yoni Netanyahu, fallecido en julio de 1976 en un ataque aéreo sobre Entebbe (Uganda) para liberar a los rehenes de un avión de Air France secuestrado por un comando palestino-alemán.

“Tendemos la mano a quienes quieran vivir en paz, pero perseguimos a nuestros enemigos por donde vayan y les haremos pagar el precio de su odio y sus crímenes”, declaró Netanyahu.

“Miles de los nuestros murieron en las calles, en el camino al trabajo o de la escuela. Su único pecado, a juicio de los asesinos, era el de vivir en Israel”, añadió.

Las celebraciones iniciaron el domingo por la noche con una primera sirena de un minuto y una ceremonia en el Muro de los Lamentos en la ciudad vieja de Jerusalén, conquistada en junio de 1967 y anexionada por el Estado de judío.

En un escenario con luces blancas y azules (colores de la bandera israelí), el presidente del Parlamento, Reuven Rivlin (del partido derechista Likud), pronunció un discurso en el que abogó por “no disculparse por construir Jerusalén”.

Hoy se hará barbacoa en espacios verdes de Israel.

©Derechos Reservados Periódico Excélsior, S.A. de C.V., 2007. Bucareli No. 1, Col. Centro. C.P. 06600 México, D.F. Tel. + 52 (55) 5128 3000. Diseñado por Excélsior

Evo Morales achaca la calvicie en Europa y la homosexualidad en todo el mundo a los alimentos modificados genéticamente

21 Abr

miércoles 21 de abril, 4:25 AM

El presidente Bolivia, Evo Morales, pronunció un discurso en la I Conferencia Mundial de Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra, un encuentro alternativo promovido por el país andino, en el que hizo una defensa cerrada del ecologismo, hasta el punto en que planteó la disyuntiva entre la muerte del capitalismo o de la “Madre Tierra”. El presidente boliviano afirmó en su ponencia que la existencia de la calvicie en Europa y de la homosexualidad en todo el mundo es fruto de la ingesta de alimentos modificados genéticamente.

“La humanidad está ante la disyuntiva de continuar por el camino del capitalismo y la muerte o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida para salvar a la humanidad”, afirmó Morales, que resumió la actual situación en la elección excluyente entre “Pachamama” (término indígena boliviano utilizado para designar el concepto de Madre Tierra) o “muerte”. “Muere el capitalismo o muere la Madre tierra”, sentenció el mandatario boliviano.

Morales sostuvo que los países ricos tienen una deuda con el resto del planeta debido a que el “espacio atmosférico” ha sido “ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero”, y abogó por la creación de un tribunal internacional para juzgar delitos medioambientales en la próxima cumbre climática internacional que Naciones Unidas organizará previsiblemente a finales de 2010 en México.

El mandatario también defendió la constitución de una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra y la apertura de fronteras para las personas que se ven obligadas a emigrar por el cambio climático, que afirmó rondan los mil millones, informa la Agencia Boliviana de Noticias.

Morales abogó también ante su auditorio por el consumo de “alimentos ecológicos”, entre los que citó algunos de los alimentos ancestrales de la zona andina, a los que contrapuso los alimentos transgénicos y bebidas como la Coca Cola, a los que descalificó como emblemas del capitalismo.

“Hay que comer quinua (un tipo de grano que fructifica en la cordillera de los Andes, de alto valor proteínico y vitamínico)”, afirmó el mandatario. “Las últimas semanas hemos escuchados decir a la FAO (Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación) que la quinua es el mejor alimento del mundo”, añadió el mandatario ante un auditorio compuesto por unos 20.000 representantes indígenas, ecologistas y de movimientos sociales que se dieron cita en la ciudad boliviana de Tiquipaya (centro).

Morales destacó además las propiedades curativas de los productos tradicionales andinos, que considera más efectivos que los remedios de la industria farmacéutica occidental, y cargó contra productos como la patata holandesa, “que sirve para comer y comer pero no para alimentarse”, por la presencia en ella de hormonas. También criticó a la Coca Cola recordando sus propiedades para desatrancar desagües.

Morales rechazó también el uso masivo de los envases de plástico para guardar alimentos, por lo mucho que tardan en biodegradarse, e incluso achacó la calvicie de los europeos a la supuesta mala alimentación que existe entre los habitantes del Viejo Continente. “La calvicie que parece normal es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos, y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no comemos otras cosas”, aseguró el dirigente, de 50 años y poblada cabellera.

También situó la existencia de hombres homosexuales en todo el mundo como consecuencia de una alimentación deficiente. Según él, todo se debe a la ingesta de pollo criado en grandes explotaciones industriales, que estarían cargados con hormonas femeninas. “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”, aseguró Morales entre las risas de su auditorio.

Por otro lado, los asistentes al encuentro impidieron con una sonora pitada la lectura por parte de una representante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de un mensaje del Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, en el que se pedía “respeto y diálogo” en la cuestión climática y se hacía un llamamiento para que ningún país olvide el papel central de Naciones Unidas en este asunto, informa Reuters.

La conferencia, cuyos 17 grupos de trabajo deliberan desde el pasado lunes, concluirá el jueves con la emisión de una serie de resoluciones que previsiblemente serán respaldadas por el llamado bloque bolivariano de América Latina (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba y un conjunto de pequeñas naciones caribeñas), cientos de organizaciones sociales, grupos ecologistas y los representantes de pueblos indígenas que participan en este encuentro.

A hacer el bien se aprende…

21 Abr

A hacer el bien se aprende…

Desde que un bebé comienza a manifestar acciones propias ya podemos ver que se inclina hacia el mal: casi lo primero que aprende a decir es “no”; también empieza en seguida a demostrar actitudes caprichosas; a desobedecer y aún a dar golpes con sus pequeñas manitos. Es algo que sale naturalmente de sus personitas. Pero, para conseguir que haga una caricia, dé un beso u obedezca se requiere de un proceso de aprendizaje continuo y constante.

Nos asombramos al observar esto, olvidando cual es el estado natural del ser humano:

“… el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud…” (Génesis 8:21)
“… el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez…” (Eclesiastés 9:3)
“…tu conoces al pueblo, que es inclinado al mal” (Éxodo 32:22)
“Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad” (Salmos 52:3)
“No hay justo ni aun uno, no hay quien entienda… Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12)
Si… Somos malos por naturaleza… En Isaías 1:16-17 vemos reflejado esto en la declaración de nuestro Señor:

“Lavaos y limpiaos, quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien…”
Entendamos que al mal hay que dejar de hacerlo ya que es inherente al ser humano.
En cambio, al bien hay que aprender a hacerlo pues es algo externo al ser humano.

¿Cómo podemos lograrlo?

“… creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10)
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17)
“Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis… sino para que vosotros hagáis lo bueno…” (2 Corintios 13:7)
En primer lugar necesitamos conocer a Cristo como Nuestro Salvador, teniendo una vida nueva en él y pudiendo hacer aquello que Dios tenga dispuesto para nosotros.

En esta nueva vida, podemos ir aprendiendo cómo vivir, cómo pensar y como actuar a través de lo que Dios nos habla a través de las Escrituras.

Y finalmente podemos caminar intercediendo unos por otros para que todos juntos logremos ese objetivo…

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24)
Recordemos: Debemos esforzarnos por hacer lo bueno. Y podemos animarnos unos a otros a lograrlo.

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Lutero – Vida y obra

21 Abr

Articulo sobre la biblia

21 Abr

Autor: Luis Pucciarelli, Asambleas de Dios de Punta Alta,Bs.As., Argentina

¿Existe realmente un infierno?

21 Abr

¿Existe realmente un infierno?

por Rick Rood


Se cuenta que C. S. Lewis estaba escuchando el sermón de un joven predicador sobre el tema del juicio de Dios del pecado. Al finalizar su mensaje, el joven dijo: “¡Si usted no recibe a Cristo como Salvador, sufrirá graves ramificaciones escatológicas!” Luego de la reunión, Lewis le preguntó, “¿Usted quiere decir que una persona que no cree en Cristo se irá al infierno?” “Precisamente,” fue la respuesta. “Entonces, dígalo,” contestó Lewis.{1}

Esta historia ilustra algo que la mayoría de los cristianos saben pero pocos expresan: que de todas las doctrinas de la fe cristiana, aquella con la que nos sentimos más incómodos para discutir es la doctrina del castigo eterno o infierno. Y no es difícil entender por qué es así. La doctrina del infierno es ofensiva para los incrédulos y contradice el énfasis en la tolerancia y en el potencial humano que domina nuestros tiempos. ¿Quién de nosotros disfruta de alienar a nuestros amigos hablando del juicio eterno por el pecado? Para muchos de nosotros la doctrina del infierno es difícil también de reconciliar con el amor y la gracia de Dios. Más aún, estamos bien conscientes de cristianos que han utilizado mal la doctrina del infierno, usándola para manipular y controlar a otras personas. Al tratar de distanciarnos del abuso de esta doctrina y para evitar aparecer como intolerantes y sin afecto, muchos de nosotros hemos eliminado la palabra “infierno” por completo de nuestro vocabulario (haciendo que nuestra creencia sea un asunto completamente personal).

Encuestas recientes han revelado algunos hechos muy interesantes acerca de las actitudes actuales acerca del infierno. Una encuesta hecha por George Gallup en 1990 reveló que apenas algo menos que el 60% de los norteamericanos cree que existe un infierno (un descenso de más de 10% desde 1978), aunque sólo un 4% cree que el infierno es su propio destino personal. Una encuesta hecha a mediados de la década del 80 a estudiantes evangélicos norteamericanos de escuelas secundarias y de seminarios reveló que sólo uno en diez creía que el primer paso para influenciar a los incrédulos debería ser advertirlos acerca del infierno. Un 46% de los estudiantes de seminarios creía que hacer énfasis entre los no creyentes que el juicio eterno sería la consecuencia de rechazar a Cristo era “de mal gusto.” Una encuesta llevada a cabo en 1981 reveló que ¡el 50% de la población de las facultades teológicas cree en la existencia del infierno (61% de los Católicos Romanos y 34% de los Protestantes)!{2}

A pesar de las actitudes corrientes prevalecientes hacia el infierno que revelan estas encuestas, sin embargo todavía es aparente para la mayoría de los cristianos que la doctrina del infierno está firmemente asentada en la enseñanza de las Escrituras. Todas menos una de las cartas de Pablo mencionan la ira o el juicio de Dios sobre el pecado. Y de los doce usos de la palabragehenna (la palabra más fuerte para el infierno) en el Nuevo Testamento, ¡once provienen de los labios de Jesús mismo! De hecho, ¡el Salvador enseñó más sobre el infierno que lo que enseñó sobre el cielo! De los más de 1850 versículos que registran las palabras de Cristo, 13% corresponden a los temas del juicio y del infierno. De las 40 o más parábolas pronunciadas por Jesús, más de la mitad están relacionadas con el juicio eterno del pecado. ¡Sorprendentemente, el tan bienamado “Sermón del Monte” contiene algunas de las palabras más directas de Jesús acerca del infierno!

¿Qué Enseña la Biblia Acerca del Infierno?

En su libro titulado simplemente “Inferno,” Dante Alighieri describe con gran detalle su recorrido imaginario por los nueve niveles del infierno. El libro de Dante es una lectura fascinante. Pero para aprender cómo es el infierno realmente, debemos dirigirnos a otra fuente: la Biblia.

Cuando comenzamos a leer el Antiguo Testamento, encontramos referencias frecuentes al “Seol” (el mundo de los espíritus que han partido) como la morada de todos los muertos (cf. Deuteronomio 32:22). A medida que seguimos leyendo, también encontramos que vendrá un día cuando los cuerpos de todos los que están en el Seol serán resucitados: algunos, a la “vida eterna”, pero otros, para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2).

La creencia común de los rabinos piadosos durante al era intertestamentaria de que el Seol estaba dividido en dos secciones está reflejada en el Nuevo Testamento, que se refiere a la morada de los justos como el “paraíso” (Lucas 23:43) o “el seno de Abraham” (Lucas 16:22), y la morada de los injustos como el “Hades” (Lucas 16:23). Después de la resurrección de Cristo, parece ser que aquellos que vivían en el paraíso fueron conducidos a la presencia de Dios en el cielo donde esperan la futura resurrección de sus cuerpos. Pero aquellos que están en el Hades esperan la resurrección a un destino diferente: el infierno.

La palabra que se usa más frecuentemente en el Nuevo Testamento para el infierno esGehenna. Gehenna es una referencia al Valle de Hinom ubicado en el lado sur de Jerusalén, que servía como el “basurero” de la ciudad en el tiempo de Jesús. Los fuegos en este lugar nunca se apagaban.

Al igual que sus contemporáneos, Jesús se refirió al Gehenna como el lugar donde “el fuego nunca se apaga” y donde “el gusano de ellos no muere” (Marcos 9:48). Si quería implicar un fuego literal y un gusano literal no tiene mayor importancia. Jesús también describió al infierno como un lugar de “tinieblas de afuera” (Mateo 22:13). ¡Pero está claro que Él quería que entendiéramos que el infierno es un lugar de deterioro y sufrimiento continuos para aquello que lo habitan! Jesús también se refirió a aquellos que eran arrojados al infierno como “echados afuera” (Mateo 8:12) o, como lo expresa Pablo sencillamente, “excluidos de la presencia del Señor” (2 Tesalonicenses 1:9). El infierno es un lugar de exclusión y de pérdida de toda bendición que proviene de Dios. El infierno se describe como un lugar de “vergüenza” por el profeta Daniel (Daniel 12:2), donde cada persona es aborrecida por cada otro habitante. Como lo ha expresado un escritor: “Los pecadores en el infierno tendrán compañía pero no simpatía”{3}

Jesús dijo que el infierno será un lugar de “lloro y crujir de dientes” (Mateo 13:42). El lloro sin duda habla de un remordimiento y pena terribles. Pero el crujir de dientes habla de una ira intensa; ira contra uno mismo, ira contra Satanás, ira contra Dios. Pablo habla de los habitantes del infierno como experimentando “ira y enojo… tribulación y angustia” (Romanos 2:8-9).

La Biblia también nos dice que en el infierno no todos serán juzgados de la misma forma. Jesús dejó en claro que habrá grados de juicio en el infierno. Dijo que “aquél siervo que conociendo la voluntad de su Señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco” (Lucas 12:47-48). Pero si bien no todos serán juzgados de la misma forma, todos serán juzgados con seguridad. Éxodo 34:7 nos dice que el Señor “guarda misericordia a millares… y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado.”

¿Por Qué un Dios Amante Enviaría a la Gente al Infierno?

¿Enseña la Biblia que el infierno es un lugar de castigo consciente por el pecado? Una propuesta alternativa es que a muchos (si no a todos) les será dada una segunda oportunidad después de la muerte para responder a la gracia de Dios. Se suele hacer apelación a la afirmación en la primera carta de Pedro de que “ha sido predicado el evangelio a los muertos” (1 Pedro 4:6). William Barclay dice que en este pasaje encontramos un “atisbo de nada menos que el evangelio de la segunda oportunidad” (Comentario sobre las Epístolas de Pedro). Sin embargo, el contexto es claro en que ¡está hablando a aquellos a quienes el evangelio fue predicado en vida pero que ahora han muerto! No hay ninguna indicación para nada de que existe una oportunidad “post-mortem” de arrepentirse.

En Juan 8, Jesús dice que para aquellos que “mueren en sus pecados” no hay ninguna posibilidad de reunirse con Él en el cielo (Juan 8:21, 24). Al contrastar la expectativa del creyente de ser reunido con sus seres queridos en el cielo, dice que los incrédulos “no tienen (tal) esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). Estas declaraciones son difíciles de reconciliar con la creencia de que a los fallecidos se les ofrece una segunda oportunidad después de la muerte. Hebreos 9:27 dice que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”

Otra propuesta, que está consiguiendo una aceptación cada vez mayor hoy, es que a los incrédulos simplemente se les hará desaparecer de la existencia o serán “aniquilados.” Se busca a menudo apoyo para esta creencia en declaraciones en las Escrituras que describen a los pecadores como “pereciendo” o siendo “destruidos.” El salmista dice, “así perecerán los impíos delante de Dios” (Salmos 68:2). La misma palabra, sin embargo, es utilizada en Isaías 57:1 para referirse a los justos: “Perece el justo, y no hay quien piense en ello.” Está claro en el último caso que la palabra implica “sufrimiento severo.” No podría de ninguna forma significar que los justos son “aniquilados.” No hay, por lo tanto, ninguna razón para creer que lo contrario es el caso cuando la palabra es utilizada para describir el destino de los pecadores. “Perecer” o ser “destruido” significa “sufrir la ruina,” no ser “aniquilado.”

¡Que la Biblia enseña el castigo consciente eterno en el infierno, es la única deducción posible que puede alcanzarse del hecho de que las palabras más enfáticas disponibles para los escritores bíblicos fueron usadas en forma consistente para describir la duración del infierno, así como para describir la duración del cielo y hasta la existencia eterna de Dios! Así como Jesús describió el destino de los justos como “vida eterna,” también Él describió el destino de los injustos como “castigo eterno” (Mateo 25:46). Así como Juan describió a Dios como el que “vive por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 15:7), también describió el fuego del infierno como durando “por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 14:11).

A veces se dice que la palabra griega para eterno (aionios) en realidad significa “durando una era”, implicando que al final de una serie de eras Dios vaciará al infierno de todos sus habitantes. Aquellos que sostienen esta interpretación, sin embargo, dejan de recordar que si bien esta era es finita en duración, ¡era una idea común entre los oyentes de Jesús que la “era venidera” sería eterna!

Con relación al destino de Judas, Jesús dijo: “Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mateo 26:24). Si realmente fuera un destino tan terrible como sugieren estas palabras, y si es eterna su duración, ¿por qué enviaría un Dios amoroso a la gente al infierno? Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué consignaría Él a alguien a una eternidad tan terrible como el destino que describe la Biblia para aquellos cuyo fin es el infierno?

Tal vez la doctrina bíblica del infierno puede comenzar a cobrar sentido para nosotros cuando reexaminemos nuestra comprensión de otras dos enseñanzas de las Escrituras: la naturaleza de Dios, y la naturaleza del hombre y del pecado.

Una de las revelaciones asombrosas de las Escrituras es que Dios es un Dios de amor y gracia infinitos. ¿Quién de nosotros no se siente refrescado cuando leemos las palabras del salmista: “Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Salmos 86:15)? Sin embargo, ¡es el mismo Dios quien también es descrito como Aquél que “de ningún modo tendrá por inocente al malvado” (Éxodo 34:7)! El Dios que ama al pecador es también el Dios “muy limpio de ojos para ver el mal” y quien “no puede ver el agravio” (Habacuc 1:13). El salmista lo cita a Dios en un punto cuando dice, “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Salmos 50:21). Pero necesitamos darnos cuenta que, así como el amor de Dios está mucho más allá del nuestro, ¡así también la pureza de su santidad excede todas nuestras concepciones! Cuando a Isaías se le concedió una visión del Señor en su trono, ¡fue sacudido por su impresión de Su santidad (Isaías 6:3)! Por cierto, Dios es un Dios de amor indescriptible, ¡pero Él es tanto o más un Dios de santidad y justicia absolutas! Cuando obtenemos una visión de la santidad de Dios tal como está retratada en la Biblia, comenzamos a entender la razonabilidad de la doctrina del infierno.

También recibimos ayuda si permitimos que las Escrituras nos informen más plenamente en nuestra comprensión de la naturaleza del hombre y del pecado. El énfasis en nuestra generación en el valor y la dignidad de la persona humana han sido una corrección bienvenida en contra del sobreénfasis anterior en la depravidad del hombre. Pero, sin embargo, es fácil para nosotros perder de vista el hecho de que si somos por cierto creados a la imagen de Dios, y somos de un valor muy especial en sus ojos, no obstante estamos también profunda e indeleblemente manchados por el pecado en cada área de nuestro ser. El Dios que conoce cada pensamiento y motivación de cada corazón humano dijo que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). ¡Jesús mismo dijo que “de dentro, del corazón de los hombres, salen (todo tipo de maldades)” por los que somos contaminados (Marcos 7:21-23)!

Cuando Esdras se enteró de la desobediencia de la gente de Israel al casarse con incrédulos, dijo, “rasgué mi vestido y mi manto,… y me senté angustiado en extremo” (Esdras 9:3). Cuando el Apóstol Pablo vio la ciudad de Atenas llena de ídolos, “¡su espíritu se enardecía (Hechos 17:16)!” ¿Es posible que hemos perdido algo del sentido de la seriedad del pecado que parecía tomar el corazón de estos dos hombres?

Algunos han objetado que mientras que el pecado es por cierto digno del castigo, un pecado “finito” difícilmente merezca un castigo “infinito” en el infierno. Pero que nuestra rebelión contra Dios deba considerarse “finita” en su naturaleza no está del todo claro.

Cuando consideramos que Aquél contra quien nos hemos rebelado es Aquél que nos dio la vida, quien es la fuente de cada cosa buena que conocemos en la vida, y que ha extendido su amor al dar a Su Hijo como pago por nuestro pecado, ¿cómo podemos medir de alguna forma la gravedad de nuestro pecado o el castigo que merece? Cuando consideramos también que no hay ninguna indicación de que aquellos que estén en el infierno alguna vez experimentarán un “cambio de corazón” en su actitud ante Dios, sino que de hecho probablemente se volverá cada vez peor, tal vez podamos ver que el juicio de Dios es completamente justo.

La Doctrina del Infierno: ¿Qué Diferencia Hace?

Queremos enfocarnos en tres áreas de la vida que deberían ser impactadas por nuestra comprensión de la doctrina bíblica del infierno.

La primera es nuestra actitud ante el pecado… particularmente el nuestro. Unos años atrás, Dr. Karl Menninger escribió un libro titulado Whatever Happened to Sin? (¿Qué Ocurrió con el Pecado?) En él, él desafiaba la noción popular de que todos nuestros pensamientos y acciones pueden ser explicados por factores que están más allá de nuestro control personal, y que raramente somos responsables por nuestra propia conducta. Por cierto, hay factores “atenuantes” en la mayoría de nuestras vidas que influyen en nuestro carácter y conducta, en mayor o menor grado. Y Dios no desconoce estas cosas. “Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Salmos 103:14). Él sabe asimismo que nacemos con una naturaleza pecaminosa que está más allá de la voluntad humana de vencer (cf. Romanos 7:14-25). Pero Él también sabe que la elección es nuestra, si aprobamos o toleramos el fruto de nuestra naturaleza pecaminosa, o si nos volvemos a Él en busca de gracia para mantener a raya los impulsos pecaminosos, y para aprender a seguir su voluntad. C. S. Lewis dijo que hay dos tipos de personas en el mundo: aquellas que le dicen a Dios, “Tu voluntad sea hecha,” y aquellas a quienes Dios les dice, “Tu voluntad sea hecha.” La elección es nuestra en cuanto a qué tipo de persona seremos.

Cuando nos damos cuenta que somos responsables por lo que elegimos hacer con nuestro pecado, y que es más que simplemente un acto que tiene como resultado consecuencias desagradables para nosotros sino que es también una disposición de rebelión hacia Dios que requiere su juicio santo, ¡no podemos evitar volvernos más sensibles a la presencia del pecado en nuestras vidas!

¡El segundo resultado de una comprensión bíblica del infierno es una apreciación mucho mayor de la gracia y la salvación que hemos recibido de Dios! Nuestra apreciación por el valor inmenso de su regalo crece muchísimo cuando comprendemos plenamente la naturaleza de aquello de lo que hemos sido librados. ¡Nuestra percepción de lo sobrecogedor de la salvación está determinada en gran medida por nuestra percepción de los horrendo del infierno!

Finalmente, una comprensión bíblica del infierno debería movernos a incluir en nuestra proclamación del evangelio una clara advertencia acerca de la consecuencia de no responder. Necesitamos ser más directos que el predicador de quien se dice que Charles Spurgeon dijo, “Si usted no ama al Señor Jesucristo, será enviado al lugar que no es de buena educación mencionar.”{4} C. S. Lewis una vez dijo: “Si el cristianismo sólo significa un poco más de buenos consejos, entonces el cristianismo no tiene ninguna importancia. No ha habido ninguna falta de buenos consejos en los últimos cuatro mil años. Un poco más no hará ninguna diferencia.”{5} Si hay realmente un infierno, ¡entonces el cristianismo es mucho más un poco más de buenos consejos!

En su libro, Our Guilty Silence (Nuestro Silencio Culpable), John Stott cuenta cómo los misioneros jesuitas en China, no queriendo ofender la sensibilidad de los chinos, excluyeron la cruz de Cristo y otros detalles de su mensaje. Citando a Hugh Trevor-Roper, Stott dice, “No sabemos que hayan logrado muchos convertidos duraderos a través del residuo inobjetable de la historia.”{6}

Sin duda la doctrina del infierno ha sido a veces abusada. Pero, como bien lo expresa un escritor: “Que su mal uso no resulte en su no uso” en nuestros esfuerzos por conducir a la gente a Cristo.

Notas

{1} Larry Dixon, The Other Side of the Good News (El Otro Lado de las Buenas Nuevas), Wheaton: Victor Books, 1992. p. 13

{2} Dixon, pp. 10-13; Jerry L. Walls, Hell: The Logic of Damnation (El Infierno:La Lógica de la Condenación). South Bend: University of Notre Dame Press, 1992, pp.2-3.

{3} John Blanchard, Whatever Happened to Hell? (¿Qué Ocurrió con el Infierno?) Darlington, England: Evangelical Press, 1992, p. 146.

{4} Citado en Ajith Fernando, Crucial Questions About Hell (Preguntas Cruciales Acerca del Infierno). Wheaton: Crossway Books, 1991, p. 171.

{5} C.S. Lewis, Mere Christianity (Cristianismo Básico). New York: Macmillan Press, 1960, p. 133)

{6} John Stott, Our Guilty Silence (Nuestro Silencio Culpable). London: Hodder & Stoughton, nd, p. 45.

Recursos recomendados sobre el tema del Infierno:

Blanchard, John. Whatever Happened to Hell? (¿Qué Ocurrió con el Infierno?) Darlington, England: Evangelical Press, 1992.

Dixon, Larry. The Other Side of the Good News (El Otro Lado de las Buenas Nuevas). Wheaton: Victor Books, 1992.

Fernando, Ajith. Crucial Questions About Hell (Preguntas Cruciales Acerca del Infierno). Wheaton: Crossway Books, 1991.

Lewis, C.S. Mere Christianity (Cristianismo Básico). New York: Macmillan Press, 1960.

Morey, Robert A. Death and the Afterlife (La Muerte y la Vida Después de la Muerte). Minneapolis: Bethany House, 1984.

Stott, John. Our Guilty Silence (Nuestro Silencio Culpable). London: Hodder & Stoughton, nd.

Walls, Jerry L. Hell: The Logic of Damnation (La Lógica de la Condenación). South Bend: University of Notre Dame Press, 1992.

Copyright © 1997 Probe Ministries. Todos los derechos reservados.

Traducción: Alejandro Field


Acerca del Autor

Rick Rood es el ex director de publicaciones de Probe Ministries y ahora trabaja como capellán de hospital. Se graduó de Seattle Pacific University (B. A. History) y Dallas Theological Seminary (Th. M.). Ha realizado estudios de Ph.D. en teología en D.T.S. y ha servido como pastor, ha sido un instructor de seminario y ha trabajado por varios años en un ministerio para estudiantes internacionales. Rick y su difunta esposa, Polly, tienen dos hijos adultos.

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http://www.ministeriosprobe.org/docs/infierno.html

APROXIMACIONES A LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

21 Abr

APROXIMACIONES A LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

Héctor Sampieri Rubach

CONGRESO JUVENIL LOS JÓVENES Y LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN, UN RETO PARA EL DESARROLLO HUMANO

A FAVOR DE LO MEJOR
SISTEMA ESTATAL DIF MORELOS
H. AYUNTAMIENTO CUERNAVACA, MORELOS

1 SEPTIEMBRE 2004

INTRODUCCIÓN

El pasado siglo XX ha sido, quizá, la expresión más concreta de los avances y retrocesos de la historia humana. Nunca antes el ser humano había desplegado tan profunda capacidad intelectual, científica y técnica para describir, comprender, e incluso modificar, el mundo que le rodea. Los grandes avances conseguidos abren, sin duda alguna, una cantidad impresionante de perspectivas y escenarios que nos podrían garantizar un progreso, aparentemente, sin límites.

Sin embargo, muchos han sido los pensadores, artistas, políticos, activistas, líderes religiosos, y personas de a pie, que han manifestado preocupación frente a esta luz deslumbrante que parece arrojar una sombra evidente: nunca antes se sabía tanto del mundo y tan poco de los hombres y del enorme valor que cada uno de ellos representa para la historia de la humanidad.

A través de los siglos el hombre ha pretendido conocer y comprender su sitio en el mundo, y ha intentado, mediante muchas formas y teorías, develar el sentido de su propia existencia. Todos, en algún momento de nuestro camino por la tierra solemos preguntarnos por el origen de nuestro ser, por nuestra identidad, por nuestra vida y por nuestra muerte: ¡reflexionamos siempre por realidades que parecen rebasarnos y ante las que nos sentimos infinitamente pequeños y desprotegidos!.

Hoy en día, a la par de que no existe un conocimiento del sentido último de la vida humana, nos encontramos frente a una pérdida del valor que cada uno de nosotros representa. El tema de la dignidad entonces es de vital importancia y me parece muy acertado que hoy nos reunamos a reflexionar sobre él, por ello me permitiré explicar en esta exposición, cuatro ideas fundamentales: la concepción de persona humana como sujeto concreto de experiencia, la noción de dignidad en términos muy generales, la clasificación de los tipos de dignidad y por último, la necesidad de la afirmación de la persona en nuestro tiempo.

1. LA PERSONA HUMANA

Reducir la persona humana a una definición es sin duda un ejercicio complicado y bastante difícil.

Probablemente a ninguno de los aquí presentes nos agrade que nos definan fríamente y en modo abstracto, la mayoría de nosotros quisiera ser conocido y valorado por lo que constituye nuestra identidad más profunda: todo aquél mundo de pensamientos, deseos, afectos, libertades, valores y virtudes que se conjugan en nuestro modo de ser, en nuestro yo que es similar pero distinto de todos los que nos rodean.

El primer dato entonces que podemos apuntar sobre la persona humana es que constituye una realidad que rebasa el órden lógico de las palabras, es por mucho una realidad de experiencia y de existencia.

Sin embargo, es preciso mencionar que diversos pensadores nos han aportado, a lo largo de la historia, distintas concepciones del hombre de acuerdo a sus características, por ejemplo Aristóteles en la antigüa Grecia explicaba que el ser humano es un animal que se diferencia de todos los animales en virtud de la posesión de la razón; Boecio, filósofo latino, puso el acento en la sustancia individual de naturaleza racional, es decir, la diferenciación de cada ser humano mediante el conocimiento de la vida racional que cada uno ejerce por sí mismo.

¿Estos elementos nos bastan para denotar la realidad de la persona humana?, definitivamente nos aportan datos ciertos, pero éstos quedan limitados. A este respecto es necesario señalar que:

…Se nos presenta el hombre no solamente como ser definido por un género, sino como un yo concreto, como sujeto que tiene la experiencia de sí. El ser subjetivo y la existencia que le es propia se nos manifiesta en la experiencia precisamente como este sujeto que tiene experiencia de sí. Si lo tenemos en cuenta como tal, lo subjetivo nos revelará la estructura que lo constituye como un yo concreto…(WOJTYLA., Karol., La subjetividad y lo irreductible en el hombre., en El Hombre y su Destino., p.33).

Cada uno de nosotros es una persona, individuo de la especie humana, que presenta características particulares y curiosamente similares. Más que hablar de una definición única de lo que las personas somos habría que pensar en las propiedades que tenemos en virtud del ser personal; así pues, nos manifestamos en la experiencia como seres corpóreo-espirituales, con facultades como la inteligencia y la voluntad, con capacidades como la libertad y la afectividad, nos presentamos ante el mundo como únicos e irrepetibles, con una intimidad que nos permite relacionarnos con los demás y con un valor enorme que se resume en que somos DIGNOS.

2. HACIA UNA DEFINICIÓN DE DIGNIDAD

Hablar de persona humana es entonces una manera de hablar de dignidad. Sólo las personas, a diferencia de las cosas y de los animales, poseemos un valor propio, altísimo, que no resulta de utilidad o de eficiencia sino del propio acto de ser. Por ser quienes somos poseemos un valor inegociable, indubitable, inalienable.

La persona entonces es merecedora del más absoluto respeto y no puede ser jamás empleada, a manera de cosa u objeto material, por parte de sus semejantes. Wojtyla, bajo el concepto de norma personalista de la acción, apunta al respecto:

…siempre que una persona sea el objeto de tu actividad, recuerda que tu no puedes tratar a esa persona sólo como el medio para un fin, como un instrumento, sino que es necesario que tomes en cuenta el hecho de que él o ella tienen también, o al menos deberían tener, fines personales distintos…(Citado en: GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Afirmar a la persona por sí misma. La dignidad como fundamento de los derechos de la persona., p. 144).

¡ LOS SERES HUMANOS SOMOS FINES Y NO MEDIOS!

La dignidad del hombre entonces no es sólo un discurso o una idea romántica, sino que se manifiesta fundamentalmente como un deber, como el deber de relacionarnos con nosotros mismos y con los otros en un clima de respeto y promoción de lo que cada uno significa en la existencia.

3. TIPOS DE DIGNIDAD

Como se ha apuntado anteriormente de diversos modos, no hay persona que no sea poseedora de una dignidad inalienable. Sin embargo, es necesario hacer una importante distinción, mediante un notable matiz: la diferencia entre la dignidad que por naturaleza gozamos, y la dignidad que construimos mediante nuestros actos.

La dignidad que se tiene en virtud de ser persona es posible denominarla como ontológica, y con ello designamos que es compartida por todo el género humano independientemente de la raza, el sexo, la religión, la creencia política, la salud, la enfermedad, la condición económica, etc.

Por otro lado, mediante la realización de actos buenos es posible que el hombre aumente su congruencia moral. En la medida en que pongo mi ser al servicio de mi sano desarrollo y a la convivencia social mediante la práctica de virtudes construyo mi personalidad en torno a la dignidad que me produce el esfuerzo de ser mejor.

Como hombres el corrupto y el honesto poseen el mismo valor ontológico, pero en sentido moral no es injusto decir que uno es separado del otro por la rectitud de la conciencia y por la contribución que cada uno realiza a la vida social. Ambos son valiosos, pero uno de ellos posee una congruencia moral que le permite aparecer a los ojos de los otros como alguien que da sentido a la vida social.

Mediante la libertad, cada persona elige por sí misma, en qué medida desea incrementar su valor moral. Los seres humanos, mediante nuestros actos, somos co-creadores de nuestra vida y de nuestra existencia frente a los otros.

Ambas dimensiones del valor absoluto de cada persona, se ven reflejadas en la siguiente reflexión:

…Compete a la persona, en sí misma, alcanzar la propia realización. La persona nace con la plenitud de una naturaleza ya realizada en su constitución ontológica, pero no en su constitución psíquica y moral: ha de recorrer un camino que la lleve a la plena realización, en el ejercicio de la autoconciencia y la autodeterminación…Por eso la persona tiene el derecho de que se respeten todos los elementos constitutivos que le garantizan dicha realización…(LUCAS LUCAS, Ramón., El hombre espíritu encarnado., p. 273).

4. AFIRMACIÓN DE LA PERSONA POR SÍ MISMA

Reconocer y promover a la persona humana, afirmarla por sí misma porque vale por el hecho de ser, necesariamente nos introduce a una realidad común de nuestros días: los derechos humanos, o más atinadamente los derechos de las personas; aunque éstos no sean reconocidos o defendidos hacen referencia explícita al valor que cada persona ostenta.

Es posible afirmar entonces que …el valor que posee la persona no depende, en modo alguno, de la eficiencia que exige el mercado, ni de la belleza física, ni de la congruencia moral, ni de la sumisión a un cierto poder: ¡la persona merece ser afirmada por sí misma!…La sabiduría que implica reconocer la dignidad del ser humano, sobre todo en los momentos en que lo humano se encuentra desdibujado, desfigurado y maltrecho parece algo escandaloso. En muchos lugares y ambientes, cuando el ser humano se encuentra en estado de máxima indefensión es el momento en que surgen los argumentos eficienticistas que encumbran y legitiman a unos seres humanos por encima de otros. Éste es el momento del eclipse del humanum. Sin embargo, la verdad sobre el hombre es muy otra…(Cf., GUERRA LÓPEZ, Rodrigo., Op.Cit., p. 126 y 127).

Es igualmente digno el enfermo terminal, el discapacitado, el adulto mayor, el niño abandonado en la calle, la prostituta, el no-nacido, el desamparado, el refugiado, el migrante, el preso, etc. Todos somos iguales en virtud de que somos hombres y nadie posee el derecho de considerarse mejor que otro. Las situaciones extremas de vulnerabilidad, entendidas como una acumulación de desventajas, aunque no lo parezcan nos hacen resaltar aún más la dignidad humana, y es una cerrazón no reconocer en el débil o en el desprotegido la misma condición que a nosotros nos da sustento: ¡somos personas!.

Hoy en día es necesario afirmar la importancia de la persona y de su valor, no por sus cualidades o propiedades, sino por el hecho de ser quien se es. Dicho planteamiento nos lleva a un compromiso profundo de cada uno de nosotros que se verifica en dos sentidos:

1. Aceptar el enorme valor que yo poseeo, y orientar dicha aceptación a un proceso de madurez (autoestima) que me permita ser mejor (autoperfeccionamiento) mediante la posibilidad de elegir entre las posibilidades de existencia de una vida buena (autodeterminación). En este sentido lo que ahora se menciona es un compromiso de vida muy profundo: ¡debemos cuidar de nuestra propia dignidad y defenderla de aquellos que buscaran reducirla!.

2. Aceptar el enorme valor de cada ser humano que me rodea, y trabajar por promoverlo más profundamente en mi comunidad. El respeto no es sólo una palabra que el discurso democrático secuestra al diccionario, sino que es la actitud que se me revela como deber ante la manifestación de la presencia del otro. Debo siempre reconocer que soy persona digna y reconocer que los otros también lo son independientemente de las condiones en que se desenvuelve su devenir.

5. A MODO DE CONCLUSIÓN:

CS Lewis, escritor inglés del siglo pasado, afirmaba rotundamente sobre la relación interpersonal:

…No hay gente vulgar. Nunca hemos hablado con un mero mortal. Mortales son las naciones, culturas, corrientes artísticas y civilizaciones. Su vida se parece a la nuestra como la de un mosquito. Los seres con quienes bromeamos, trabajamos, nos casamos, a quienes desairamos y explotamos son inmortales: horrores inmortales o esplendores incabables…(Citado en MELENDO, TOMÁS., Las dimensiones de la persona., p. 21).

A propósito de la dignidad este pensamiento reviste una importancia fundamental. La persona humana se encuentra abierta a la trascendencia de su ser y de sus actos, el respeto y protección de la dignidad de los otros nos acompañará siempre en el recuerdo mientras vivamos, así como el respeto y la promoción de nuestra propia dignidad.

Afirmábamos arriba que los seres humanos construimos nuestra personalidad mediante la libertad, pero definitivamente las relaciones interpersonales nos acompañan en todo momento; de nosotros depende que pueda darse la permanencia de un esplendor inacabable, cuando nos reconocemos a nosotros y a los otros seres humanos como dignos, o por el contrario al negarnos y con ello negarles el valor a los otros nos convertimos en un horror inmortal incapaz de ser plenamente humano.

La dignidad no es cuestión de ideologías o postulados teóricos, es una experiencia de vida que nos permite ser humanos en el sentido más pleno del término y nos asegura la convivencia de la humanidad mediante la promoción y el respeto de lo más valioso: LO QUE CADA UNO DE NOSOTROS ES.

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