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El amor nubla la mente

2 Abr
El amor es ciego, asegura el dicho. Ahora, la ciencia acaba de confirmarlo. Un grupo de científicos ha demostrado que los sentimientos amorosos provocan una supresión de la actividad en las áreas del cerebro que controlan el pensamiento crítico. Básicamente, una vez cerca de nuestra media naranja, el cerebro nos juega una mala -o quizá, buena- pasada y decide reducir nuestra capacidad de evaluar el carácter y la personalidad del objeto de nuestro afecto. Los investigadores de la University College London (UCL) demostraron que tanto el amor que llaman “romántico” como el maternal producen los mismos efectos en el cerebro, suprimiendo la actividad neuronal asociada con la evaluación crítica del prójimo y las emociones negativas. En todos los casos, el amor, en sus fases iniciales, deja a sus presas “flotando en las nubes”.

Una antigua fábula cuenta que una lechuza que se estrenaba como madre le suplicó a un águila que no matase a sus crías. Compadecida por el abatimiento de la lechuza, el águila exclamó: “Dime cómo son sus hijos, así podré reconocerlos y no me los comeré”. Ella respondió sin vacilar: “No puedes equivocarte, son los pollos más hermosos del bosque”. El águila buscó a los polluelos más feos y los devoró. Eran los hijos de la lechuza. La obvia moraleja tiene ahora base científica, ya que el mismo estudio señala que la desgraciada lechuza -y muchas madres humanas- no engañaban, creían sinceramente en lo que decían. ¿Cómo se llegó a esta conclusión? Escanearon los cerebros de veinte madres jóvenes mientras ellas observaban fotos de sus hijos, otros niños conocidos y amigos adultos. En todos los casos, el patrón de funcionamiento de la actividad cerebral fue similar al de las personas hechizadas por el enamoramiento: eliminación casi total de la apreciación crítica de nuestros seres más amados.

Tanto el estudio de los enamorados como el de las madres registró un incremento de la actividad en el área del cerebro conocida como “sistema de recompensa”. Cuando esas zonas son estimuladas (por ejemplo con comida, vino o un buen sueldo) producen sentimientos de euforia. Pero lo que más sorprendió a los investigadores es que ambos estudios mostraron una reducción de la actividad de los sistemas cerebrales necesarios para realizar juicios negativos. El mismo experimento, realizado con animales, llevó a resultados similares. El jefe del equipo de investigación, doctor Andreas Bartels, encontró una explicación sencilla para el fenómeno: es fundamental que tanto el amor romántico como el maternal sean vistos por el cerebro como algo extremadamente positivo. De otra manera, la especie dejaría de propagarse. “Nuestra investigación nos permite concluir que las relaciones humanas, para superar las distancias sociales, utilizan un mecanismo que desactiva las redes de evaluación social crítica y emociones negativas, al tiempo que une a los individuos involucrándolos en un circuito de recompensa que explica el poder del amor para motivarnos y gratificarnos”, explicó el doctor Bartels.

Pero sí existe una diferencia entre el amor maternal y el romántico. Sólo éste último eleva la actividad del hipotálamo, que controla las sensaciones de excitación sexual. Las consecuencias del amor no terminan ahí. Un grupo de investigadores italianos, que estudió a doce mujeres y doce varones que se enamoraron en los seis meses anteriores, comprobó que los hombres disminuían sus niveles normales de testosterona… mientras que el de las mujeres aumentaba. “Los hombres, de alguna manera, se habían vuelto más parecidos a las mujeres, y las mujeres a los hombres”, explicó la doctora Donatella Marazziti, investigadora de la Universidad de Pisa. Las conclusiones de Marazziti avalan las del equipo de UCL: “Es como si la naturaleza quisiera evitar aquello que puede crear diferencias entre hombres y mujeres, ya que es muy importante que la relación sobreviva en esta etapa”.

Otra investigación italiana, publicada en 1999, sugirió que el amor disminuía un neurotransmisor llamado serotonina en el cerebro, dejándola en los mismos niveles que los de las personas que sufren de un desorden obsesivo compulsivo. Este descubrimiento explicaría por qué algunos enamorados suelen obsesionarse con su pareja.
Pero los efectos secundarios del amor no terminan aquí. El doctor John Marsden, director del Centro Nacional de Adicciones del Reino Unido, llegó a la conclusión de que la dopamina -la sustancia producida por el cerebro cuando está excitado- produce en el cuerpo los mismos efectos que la cocaína o las altas velocidades: El cerebro “se incendia” cuando una persona empieza a hablar con alguien que encuentra atractivo. El corazón triplica su ritmo normal y bombea más sangre a las mejillas y a los órganos sexuales, con los conocidos “hormigueos en el estómago” como resultado. Sin embargo, tal como sucede con la cocaína y la velocidad, el efecto del amor es sólo temporal, y dura como máximo entre tres y siete años. Entonces, el futuro de la relación depende de factores mucho más profundos que un conjunto de hormonas y de caprichos cerebrales.

http://homoescepticus.blogspot.com/2010/04/el-amor-nubla-la-mente.html

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Como desarrollar una mente cristiana parte 1.

2 Abr

Como desarrollar una mente cristiana parte 1.

Posted: 01 Apr 2010 12:53 PM PDT

Por John Stott

«No seáis como el caballo, ni como el mulo, sin entendimiento» (Sal 32.9); en otras palabras: «No esperen que yo los guíe en la forma en que ustedes guían a los caballos o a las mulas, porque ustedes no son ni lo uno ni lo otro. Tienen entendimiento». Estaban dos mujeres conversando en el supermercado y una le dijo a la otra: «¿Qué es lo que te pasa? Pareces muy preocupada». «Lo estoy, me preocupa la situación en el mundo», contestó su amiga. «Tienes que tomar las cosas más filosóficamente y dejar de pensar», respondió la primera mujer.

Curiosa idea esta de que para ser más filosóficos hay que dejar de pensar. Sin embargo, estas dos mujeres estaban reflejando la forma de pensar del mundo actual. El mundo moderno ha dado a luz a dos gemelos terribles: uno se llama falta de inteligencia y el otro carencia de sentido. En contraste con esta tendencia vemos lo que dice la Escritura: «Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar» (1 Co. 14:20). Notemos que Pablo por un lado les prohibe que sean niños, y por otro les manda que lo sean, pero en diferentes esferas. En lo que se refiere a la malicia, les dice que deben ser tan inocentes como niños pequeños, pero en su manera de pensar tienen que ser personas maduras.

La importancia de la mente.

El uso correcto de nuestra mente produce tres beneficios. En primer lugar, glorificar a nuestro Creador. Siendo nuestro Creador un Dios racional que nos hizo seres racionales a su imagen y semejanza, y habiéndonos dado en la naturaleza y en las Escrituras una revelación racional, espera que usemos nuestra mente para estudiar su revelación. Al estudiar el universo y leer las Escrituras estamos pensando los pensamientos de Dios como él quiere. Por esto, un uso correcto de nuestra mente glorifica a nuestro Creador.

En segundo lugar, enriquece nuestra vida cristiana. No estoy hablando de la educación, la cultura y el arte, que enriquecen la calidad de nuestra vida humana; estoy hablando de nuestro discipulado cristiano. Ningún área del discipulado es posible sin el uso de nuestra mente. Alabar es amar a Dios con todo nuestro ser, incluso con nuestra mente. La fe es una confianza razonable y otro ejemplo de la manera en que Dios nos guía.

En tercer lugar, fortalece nuestro testimonio evangelizador. Con frecuencia nos preguntamos: ¿Por qué unos no aceptan a Jesucristo? Podríamos dar muchas razones, pero hay una acerca de la cual no pensamos lo suficiente: ellos perciben que nuestro evangelio es trivial, no les parece suficientemente amplio como para relacionarse con la vida real. Tenemos que recordar cómo evangelizaban los apóstoles, de qué forma razonaban con la gente, y que basándose en las Escrituras muchos fueron persuadidos. De hecho, Pablo define su ministerio diciendo: «Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres» (2 Co 5.11). Utilizar argumentos en nuestra evangelización no es incompatible con la fe en la obra del Espíritu. El Espíritu Santo no hace que la gente llegue a Jesucristo a pesar de las evidencias, sino que atrae a las personas a Cristo por medio de éstas, cuando Él abre sus mentes para que las tengan en cuenta. Pablo puso su confianza en el poder del Espíritu Santo, pero no por eso dejó de pensar y argumentar. El antiintelectualismo es algo negativo y destructivo, insulta a nuestro Creador, empobrece nuestra vida cristiana y debilita nuestro testimonio; el uso adecuado de la mente glorifica a Dios, nos enriquece y fortalece nuestro testimonio en el mundo.

La mente cristiana.

Empezaremos por definir el término. En primer lugar, se trata de la mente de un cristiano. Nuestra mente ha sido manchada por la caída, también nuestras emociones, nuestra voluntad, nuestra sexualidad. Pero cuando vamos a Jesucristo nuestra mente comienza a ser renovada. El Espíritu Santo nos abre la mente para que veamos cosas que nunca antes habíamos visto. Por lo tanto, la mente cristiana no es una mente que está pensando sólo en asuntos religiosos, sino que es una mente que está pensando aun hasta en las cosas más seculares ¡pero desde una perspectiva cristiana! La mente cristiana busca la voluntad de Dios en el hogar y en el trabajo, en nuestra comunidad, en cuestiones de ética social y de política. Una mente cristiana es una forma de pensar, es una manera cristiana de mirar todas las cosas, su perspectiva cristiana ha sido renovada por el Espíritu Santo. Es una mente bíblica, porque está moldeada por presuposiciones bíblicas.

Los fundamentos del pensar cristiano.

1) La realidad de Dios

La mente cristiana reconoce a Dios como la realidad suprema dentro y más allá de todo fenómeno. La realidad del Dios viviente y el hecho de que la Biblia se centre en Dios son indispensables para la mente humana. La Biblia es un libro hecho por Dios acerca de Él mismo. Hasta se podría decir que es la autobiografía de Dios. Dios se revela a sí mismo a través de las Escrituras. Se describe como Creador y Señor, como Redentor, Padre y Juez. Por lo tanto, la mente cristiana es una mente centrada en Dios.

Permítanme ahora pensar en dos implicaciones de esta verdad. En primer lugar el significado de la sabiduría. La sabiduría es un tema prominente en la Biblia. Creo que todos quisiéramos tener la reputación de ser sabios. El Antiguo Testamento contiene, además de la Ley y los profetas, una tercera sección llamada de literatura sapiencial que consta de cinco libros: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares. El rey David y el rey Salomón vivieron muchos, muchos años, con muchas, muchas concubinas y muchas, muchas esposas; pero cuando llegaron a la vejez, con muchos remordimientos, el rey Salomón escribió los Proverbios y el rey David los Salmos. Estos cinco libros de sabiduría tratan los siguientes temas: ¿Qué significa ser un ser humano? ¿Cómo es que el sufrimiento, el mal y el amor forman parte de nuestra humanidad? Eclesiastés, por ejemplo, es muy conocido por su estribillo pesimista: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (1:2), o «sin sentido, sin sentido, todo es sin sentido». Este libro demuestra lo absurda que es una vida sin Dios. Es la falta de sentido de la vida humana que, por lo tanto, ignora la realidad de Dios. Si la vida se reduce al pequeño período de 70 años, con todo el sufrimiento y la injusticia que se obtiene, y si para todos termina de la misma manera, entonces «sin sentido, sin sentido, todo es sin sentido». Sólo Dios le puede dar sentido a la vida. Puede convertir la locura humana en sabiduría. Sin Dios, no hay más que locura y futilidad. Ésta es la tragedia del vacío espiritual del mundo hoy en día, y de ahí viene el rechazo del secularismo por parte de la mente cristiana. El secularismo niega la realidad de Dios y, por lo tanto, destruye la auténtica humanidad. No solamente destrona a Dios, sino que también reduce el potencial del ser humano a menos de lo que es su potencial. El ser humano sin Dios ya no es humano.

La segunda implicación de la realidad de Dios es la preeminencia de la humanidad. La mente cristiana es una mente centrada en Dios y, por lo tanto, también una mente humilde, debido al carácter teocéntrico de la Biblia. De acuerdo a la Biblia, nada es tan vulgar como el orgullo y nada tan atractivo y hermoso como la humildad que nos hace inclinarnos ante el Dios viviente y recordar que Dios es Dios.

La historia de Nabucodonosor (Daniel 3–5) es una gran advertencia para nosotros. Paseaba por el palacio real en Babilonia y hablaba consigo mismo: «¿No es esta la gran Babilonia que yo he construido con mi poder y para la gloria de mi majestad?» Notemos que él pedía para sí mismo el poder, el reino y la gloria, exactamente la antítesis de la doxología; y no debe sorprendernos que mientras estas palabras salían de sus labios, el juicio de Dios cayó sobre él. Fue privado de su reino y echado del palacio. Vivió con los animales y comió con ellos. Su cabello creció como las plumas de las águilas y sus uñas como garras de aves. En otras palabras, enloqueció; y solamente cuando reconoció que el Dios altísimo reinaba sobre los reinos de los seres humanos, y elevó su mirada en adoración humilde frente a Dios, se le restituyeron su razón y su reino. La moraleja es: a aquellos que andan con orgullo, Dios los humilla. El orgullo y la locura van de la mano, y asimismo la humildad y la razón.

En ningún punto choca tan fuerte la mente cristiana con la mente secular como en esta insistencia en la humildad. La mente secular desprecia la humildad, las grandes religiones tampoco la recomiendan, y nuestra cultura está dominada más de lo que pensamos por la filosofía del poder de Nietzsche, quien escribió acerca del surgimiento de lo que él consideraba una raza que tuviese el coraje de dominar, que fuese ruda, brava. De manera que su ideal era el superhombre, mientras que el ideal de Jesús es el niño, y no hay posibilidad de compromiso entre esos dos ideales. Tenemos que escoger.

La realidad de Dios le da a la mente cristiana su perspectiva primera y esencial. La mente cristiana rehusa honrar cualquier cosa que deshonre a Dios. Aprendamos a evaluarlo todo basándonos en este criterio: da gloria a Dios, o toma de la gloria de Dios. Esta es la elección, y explica por qué la sabiduría es el temor de Dios y por qué la humildad es la virtud más grande.

http://www.verdadypalabra.com/2010/04/como-desarrollar-una-mente-cristiana.html