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Sproul, R.C. Preguntas y Respuestas

24 Mar
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Estudio biblico sobre San Juan. Lección 3-4

24 Mar

Rouco anima a los jóvenes católicos a romper las falsedades sobre la Iglesia

24 Mar

Rouco anima a los jóvenes católicos a romper las falsedades sobre la Iglesia

La Razón

¿Cómo acercar a vuestros compañeros alejados de la fe? «A través de la amistad desinteresada», éste es el secreto que el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, ha compartido con los jóvenes universitarios en una misa celebrada especialmente para ellos en la Catedral de La Almudena de Madrid con motivo del recorrido que la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) está realizando por las universidades madrileñas antes de comenzar su andadura por las demás diócesis españolas.
Los jóvenes contaron al cardenal los prejuicios a los que se enfrentan a la hora de hablar de la fe a sus compañeros. Rouco les aconsejó «hablar de Dios de una manera sencilla, natural y sincera», para enganchar a las personas de su alrededor. Además, el arzobispo retó a los jóvenes a trabajar en un «buen discurso intelectual» y a «ser objetivos y rigurosos con los hechos, explicando qué es la Iglesia» para romper las falsedades que, en ocasiones, rodean a la institución eclesial.

«En la etapa terminal, la vida es digna si se mima a la persona»

La Razón

El nuevo obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, tomó ayer posesión de su cargo «lleno de esperanza y entusiasmo, al llegar a una diócesis tan viva como es la de Córdoba». Tras haber pastoreado desde el 2004 a los fieles de la diócesis de Tarazona-Tudela, diez veces más pequeña, el obispo Demetrio comenzó ayer su nueva misión sin ocultar su condena a diversos asuntos de actualidad como la reciente aprobación de la nueva Ley del Aborto y, precisamente en Andalucía, de la Ley de Muerte Digna.
Respecto a esta última, Fernández defendió que «en la etapa terminal, la vida y la muerte son dignas si se respeta y se mima a la persona hasta su último suspiro». Consideró que «no podemos callar sobre estos temas tan delicados y que afectan al bien del hombre», según informa Ep.
En una ceremonia a la que asistieron el cardenal Rouco Varela, el nuncio apostólico, Renzo Fratini, su antecesor en el cargo, monseñor Juan José Asenjo, ahora arzobispo de Sevilla, y 25 obispos más, Fernández quiso hacer referencia al uso compartido de la catedral de Córdoba entre cristianos y musulmanes. El obispo declaró que esto «no es posible porque ni lo consiente la religión musulmana ni cabe en la verdad de la religión cristiana».  Además, consideró que este uso compartido «sembraría la confusión propia de un relativismo que no distingue la identidad y la diferencia de cada uno». Sin embargo, abogó por la colaboración entre las dos religiones para lograr la paz en el mundo, y por el respeto mutuo.

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Internacional

El Papa pide «intransigencia con el pecado» y «perdón para el pecador»

La Razón

Considera que los pecadores deben responder «frente a Dios», pero no merecen la lapidación pública.

Un día después de publicar su carta pastoral a los católicos de Irlanda, en la que afirma que «Dios y los tribunales» juzgarán a los sacerdotes que han cometido abusos sexuales con menores, Benedicto XVI dedicó sus palabras del Ángelus dominical a hablar del pecado. «Debemos aprender a no juzgar ni condenar al prójimo. Aprendamos a ser intransigentes con el pecado, empezando con el nuestro, e indulgentes con las personas», afirmó el Santo Padre ante los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
El Pontífice se sirvió del pasaje del Evangelio en el que se narra la historia de la mujer adúltera condenada a muerte, salvada por Jesucristo con su célebre frase: «Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra». Jesús, recordó Benedicto XVI, logró que los acusadores se fueran y «absolvió a la mujer de su pecado, introduciéndola en una nueva vida, orientada al bien». «Ni yo te condeno; ve y de ahora en adelante no peques más», le dijo Cristo a la mujer adúltera.
Por encima de la Justicia de los hombres, dijo Benedicto XVI, se sitúa la Justicia de Dios, la cual está «fundada sobre el amor». «Mientras está enseñando en el Templo llevan a Jesús una mujer sorprendida mientras cometía adulterio, condenada según la ley a la lapidación». Cristo, explicó el Santo Padre, fue sometido a una prueba por los hombres, ya que debía juzgar a la pecadora. «La escena está llena de dramatismo: de las palabras de Jesús depende la vida de esa persona, pero también la suya propia. Los acusadores hipócritas fingen cederle el juicio, mientras que en realidad es a él al que quieren acusar y juzgar». Sin embargo, Jesús «sabe lo que hay en el corazón del hombre» y «quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador y desenmascarar la hipocresía».
Las palabras de Benedicto XVI son una señal de alarma para todos los que están atacando a la Iglesia y a los religiosos que cometieron abusos con menores en Irlanda. Los pecadores deben responder «frente a Dios» y «someterse a las exigencias de los tribunales», pero no merecen la lapidación pública.

“El Vaticano no ha investigado, sólo encubierto”

EL PAÍS

El religioso Udo Fischer, la voz de las víctimas de los abusos sexuales de los curas católicos en Austria, está convencido de que “el Vaticano nunca ha investigado, sólo ha encubierto” los casos de pederastia. “Tanto el papa Juan Pablo II como el actual, Joseph Ratzinger, cuando era cardenal, sólo los han encubierto.

El religioso Udo Fischer, la voz de las víctimas de los abusos sexuales de los curas católicos en Austria, está convencido de que “el Vaticano nunca ha investigado, sólo ha encubierto” los casos de pederastia. “Tanto el papa Juan Pablo II como el actual, Joseph Ratzinger, cuando era cardenal, sólo los han encubierto. Ambos protegieron al prelado pedófilo Hermann Groer para que quedase impune. Es un escándalo”, asegura Fischer.

Este religioso tuvo un activo papel en la denuncia de los abusos que sufrieron, entre otros, jóvenes seminaristas en la década de los setenta por parte de quien era en ese momento su profesor de religión, que llegó a primado de la Iglesia católica en Austria, el cardenal Groer.

Fischer, de 57 años, ha advertido ahora de que los fieles “se decepcionarán aún más si el Papa no introduce cambios” en la Iglesia ante las denuncias de abusos sexuales. “Jesús, con toda seguridad, no habría callado sobre esto”, comenta a EL PAÍS en su casa parroquial de Paudorf, en Baja Austria.

En su opinión, “Benedicto XVI tenía que haber comparecido públicamente y de forma contundente hace tiempo”. Su silencio ha sido “muy dañino”. “Sin duda, los casos de pederastia son el mayor reto al que se enfrenta la Iglesia en los últimos 100 años”, y la confianza en la que se basa una comunidad como la Iglesia “está rota”.

A la pregunta de por qué él es el único clérigo que critica al pontífice, contesta: “Alzo la voz porque me arropan las 6.000 firmas que me apoyaron en 1998”, cuando el obispo de St. Poelten (capital de Baja Austria), Kurt Krenn -“quién protegió siempre a Groer”-, “me prohibió que en los siguientes siete años siguiera ejerciendo de sacerdote”.

Fischer explica que el primado le investigó. “No halló nada improcedente en mi conducta. Ahí se acabó todo, pero Krenn se negó a bendecir nuestra nueva iglesia. Todo ocurrió porque yo, que coincidí en el seminario con Josef Hartmann -el primero que denunció públicamente haber sido abusado por Groer-, y afirmé, pese a la postura de los obispos, que no era un loco, sino una persona tímida que jamás se habría atrevido a denunciar algo así si no fuera real”.

“Tres años más tarde”, prosigue, “compañeros de mi monasterio se alzaron contra el cardenal. Le inculparon de los abusos. Volví a defender a las víctimas. Más de 170.000 personas de toda Austria firmaron en mi favor”.

“Entonces los sacerdotes desconocíamos con qué reglas se jugaba en Roma. Ignorábamos el decreto de 1962, que fija que quien ha sido abusado sexualmente por religiosos no puede hablar por estar bajo secreto de confesión. Ese decreto, que trascendió porque fue filtrado en latín y en inglés en Internet, a finales de los noventa, fue reelaborado en 2001 por Ratzinger. Se llama De Delictis Gravioribus e introduce como única diferencia que es la Santa Sede la que debe decidir sobre los casos”, añade.

La solución, opina este religioso, pasa por “remitir los delitos cometidos por religiosos a tribunales civiles, pues sólo ellos pueden dictar sentencias y proteger a las víctimas”.

Con ello se contrarrestaría, en su opinión, la práctica habitual de la jerarquía católica de trasladar al sacerdote pederasta a otra parroquia. “Lo hacen sin avisar de su conducta a su nueva comunidad, y obligan al abusado a callar debido al secreto de confesión. Luego, presionan y persiguen a quien intenta denunciarlo. Así, vuelven a cometer delitos una y otra vez con menores”.

“El actual Papa tiene que reconocer su culpa porque estaba informado al cien por cien y no hizo nada. No sólo los obispos son culpables”. Cuando hace tres años visitó Austria “no emitió ni una sola sílaba sobre ésta, la mayor crisis en la Iglesia en este país en el último siglo, ni sobre las víctimas. Si ahora exigimos una disculpa del Vaticano, del pontífice, no es un ataque contra la Iglesia, ya que la Iglesia somos nosotros, sino que exigimos que quede sin mácula”, subraya el sacerdote.

Udo Fischer cree que actualmente muchos sacerdotes comparten su opinión, pero no se atreven a expresarse en voz alta. “Yo no tengo nada que perder dado que ya fui represaliado”, comenta.

El núcleo eclesial “está frustrado y amargado”, continúa. Si se hiciera un sondeo, “el 85% de los sacerdotes y profesores de religión respondería que no confía en el actual Papa. Nosotros somos los que damos la cara por la Iglesia católica. Nuestra posición es muy difícil. Lo estamos pasando muy mal”.

Ratzinger: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

EL PAÍS

El papa Benedicto XVI ha pedido “perdón para el pecador, intransigencia con el pecado”, en el Ángelus dominical que ha presidido en la plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano), al tiempo que ha recordado el pasaje del Evangelio en el que Jesucristo pronuncia la frase de “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra” para defender a una mujer adúltera insultada y apedreada por el populacho.

El papa Benedicto XVI ha pedido “perdón para el pecador, intransigencia con el pecado”, en el Ángelus dominical que ha presidido en la plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano), al tiempo que ha recordado el pasaje del Evangelio en el que Jesucristo pronuncia la frase de “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra” para defender a una mujer adúltera insultada y apedreada por el populacho.

Este mensaje de Benedicto XVI se produce un día después de que se hiciera pública una carta pastoral en la que pedía disculpas por los abusos cometidos por sacerdotes católicos contra menores en Irlanda, y en la que empleaba, entre otras, las expresiones de “vergüenza, remordimiento y deshonor”.

No hizo alusión el pontífice en dicha pastoral a otros países en los que también se han cometido presuntos delitos de pederastia contra algunos de sus feligreses, como Estados Unidos, Austria, Holanda, Alemania, Suiza, Italia y España.

En su homilía de ayer, Benedicto XVI reflexiona: “Tenemos que aprender a ser intransigentes con el pecado, comenzando por los nuestros, e indulgentes con las personas”, y, tras citar el mencionado pasaje de la Biblia contra la mujer adúltera, invitó a todos sus seguidores a “aprender de Jesús y no juzgar y condenar al prójimo”.

“La misericordia de Dios”, añadió Joseph Ratzinger, “es la expresión de su inmenso amor. No condena al pecador, a ningún hombre o ninguna mujer, sino que exige retomar constantemente el camino de la reconversión a Él usando como herramienta especialísima el Sacramento de la Reconciliación”.

Benedicto XVI: «Los responsables responderán ante Dios y la Justicia»

La Razón

Pide en su carta una renovación de la comunidad eclesiástica de la isla, que recibirá inspecciones vaticanas.

Lea la carta íntegra del Papa
Ciudad del Vaticano – En un valiente reconocimiento del problema y con la perspectiva puesta en un futuro libre de episodios similares, Benedicto XVI hizo pública ayer la carta pastoral a los católicos irlandeses centrada en los abusos sexuales a menores cometidos por religiosos de aquel país. El Papa afrontó con humildad y ojo crítico uno de los episodios más difíciles para la Iglesia en las últimas décadas, que le ha provocado una «gran preocupación».

«Como vosotros, me he sentido profundamente turbado por las noticias sobre el abuso a muchachos y jóvenes por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, en particular por sacerdotes y religiosos», escribe el Pontífice, añadiendo luego que comparte la «sensación de traición» sufrida por muchos al conocer estos actos «pecaminosos y criminales» y la forma con que la jerarquía eclesiástica irlandesa los ha afrontado.
El Papa fue muy duro con los obispos de Irlanda; los acusó de haber cometido graves errores de juicio y de falta de liderazgo. A los curas que han cometido abusos les dijo que no sólo han violado la santidad del sacramento del sacerdocio, también han causado un «daño inmenso» a las víctimas, perjudicando a la Iglesia y a la percepción pública de la vida religiosa. Estos sacerdotes deben arrepentirse, hacer penitencia y responder «frente a Dios y los tribunales», indicó el Sumo Pontífice, ya que están obligados a «someterse a las exigencias de la Justicia».
Tras analizar la historia de la Iglesia irlandesa, su gran contribución a la Iglesia universal y reconocer que los abusos no son sólo un problema de este país, Benedicto XVI se dirige a las víctimas, «que han sufrido tremendamente». «Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre os transmito abiertamente la vergüenza y el remordimiento que todos sentimos», escribe el Papa en su misiva. Insta luego Benedicto XVI a tener esperanza y fe para redescubrir el «infinito amor» que Cristo siente hacia todas las personas. «Tengo confianza en que así seréis capaces de reconciliaros y de encontrar una profunda curación interior».
El Papa Benedicto XVI acaba su misiva, firmada el 19 de marzo, fiesta de San José, proponiendo algunos pasos para estimular la renovación de la comunidad católica irlandesa. Además de oración y penitencia, el Pontífice ha anunciado que se realizarán visitas apostólicas en algunas diócesis, congregaciones y seminarios de Irlanda. Esta suerte de inspección tiene como objetivo «ayudar a la Iglesia local» en su camino de renovación y se llevará a cabo en una acción coordinada del Vaticano y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. El Pontífice, además, anunció que se creará una misión nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos de aquel país, la cual impulsará el «redescubrimiento de las raíces de la fe en Jesucristo».

Una carta «impresionante»
Apenas dos horas después de hacerse pública ayer la misiva del Papa, su portavoz, el padre Federico Lombardi, ofrecía una rueda de prensa en la que resaltaba la importancia de la misma al aclarar que nunca hasta ahora el Papa había escrito una carta con «palabras tan duras». «Es un documento impresionante en el que el Santo Padre expresa su dolor y trata de contribuir personalmente a reparar, resanar y renovar», explicó.

Esperanza en la Iglesia y decepción en las víctimas

ABC

El primado de Irlanda, cardenal Sean Brady, indicó ayer, tras conocer su contenido, que la carta del Papa puede suponer el «renacimiento» de la Iglesia de Irlanda y se comprometió a aplicar las recomendaciones que el Santo Padre realiza en su pastoral. «Estoy satisfecho por esta carta pastoral. Es evidente que el Papa Benedicto está profundamente consternado por lo que denomina «actos criminales y pecaminosos» y la forma en que las autoridades eclesiásticas irlandesas les han hecho frente», declaró el cardenal Sean Brady. «Rezo por que la carta pastoral de Su Santidad el Papa sea el comienzo de un gran periodo de renacimiento y esperanza en la Iglesia irlandesa, bajo la protección de la bienaventurada Virgen María».

Por el contrario, la asociación de víctimas de abusos One in Four expresó su decepción por el contenido de la carta pastoral en la que Benedicto XVI les pide perdón. «Mi primera reacción fue de una profunda decepción por la carta», declaró la directora del grupo de víctimas, Maeve Lewis. «Creemos -continuó- que la carta no alcanza a responder las necesidades de las víctimas». Asimismo, Lewis lamenta que en ningún caso se solicite la dimisión del máximo responsable de la iglesia en Irlanda, el cardenal Sean Brady, tal y como exigían los afectados por los abusos, ni se reconozca la responsabilidad del Vaticano ni de las más altas instancias de la Iglesia Católica de Irlanda en los casos denunciados.

El Papa pide perdón a las víctimas de abusos sexuales en Irlanda

ABC

En tono conmovido y humilde, Benedicto XVI pide personalmente perdón a las víctimas de abusos sexuales en Irlanda. La carta pastoral dirigida a los católicos de ese país dice a las víctimas: «Habéis sufrido atrozmente, y yo lo siento de verdad». A su vez, recrimina a los sacerdotes indignos y también a los obispos en un tono sin precedentes, después de confesar a los fieles de Irlanda que comparte su «sensación de haber sido traicionados» por pederastas y pastores.

El primer documento papal dedicado exclusivamente a la pederastia es una piedra miliar en la operación de limpieza y un instrumento útil para los obispos y sacerdotes de todos los países.

En la carta de 18 páginas destaca el apartado dirigido a «las víctimas de los abusos y sus familias», que comienza con la frase «Habéis sufrido atrozmente y yo lo siento de verdad». En el texto original y oficial de la carta el Papa escribe en inglés «You have suffered grievously and I am truly sorry», que es el modo directo de pedir perdón en ese idioma. La traducción española oficiosa distribuida ayer por el Vaticano lo rebaja a «Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto», quitando fuerza a la petición de perdón.

Confianza traicionada

El Papa reconoce a las víctimas que «vuestra confianza ha sido traicionada y vuestra dignidad ha sido violada. Muchos habéis descubierto que cuando os atrevíais a denunciar lo sucedido, nadie os escuchaba. Los que habéis sufrido abusos en los internados podéis haber sentido que no había escapatoria».

Benedicto XVI comprende «que os cueste perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre yo manifiesto abiertamente la vergüenza y el remordimiento que todos sentimos». Después del arrepentimiento, el Papa termina casi con una súplica: «Os pido humildemente que consideréis lo que he dicho».

«Vergüenza y deshonor»

En un tono sin precedentes en una carta pastoral el Santo Padre dice a los sacerdotes pederastas que «habéis traicionado la confianza de jóvenes inocentes y de sus padres, y debéis responder de eso ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales establecidos. Habéis traído vergüenza y deshonor sobre vuestros hermanos». Por eso, les ordena: «Reconoced abiertamente vuestra culpa y someteos personalmente a las demandas de la justicia».

Todavía más llamativa es la recriminación a los obispos mudos o cobardes: «Habéis fallado, a veces atrozmente, en aplicar las normas de derecho Canónico al delito de abuso de menores. Ha habido graves errores de juicio y falta de liderazgo. Todo esto ha minado seriamente vuestra credibilidad y eficacia». Les recuerda también que en octubre de 2006 les pidió que «esclareciesen la verdad sobre lo sucedido en el pasado». No lo hicieron, y los problemas salieron a la luz sólo cuando el informe Ryan reveló, en mayo de 2009, la corrupción de los internados y el informe Murphy descubrió, el pasado mes de noviembre, los casos de la diócesis de Dublín.

Visita apostólica

Para esclarecer responsabilidades, el Papa nombrará delegados para una visita apostólica de inspeccion a las diócesis, seminarios y órdenes religiosas afectadas. Como la operación de limpieza llevará tiempo, da entretanto las gracias «a tantos hombres y mujeres en toda Irlanda que están trabajando ya por la seguridad de los niños en actividades de la Iglesia».

Benedicto XVI insiste a los obispos en que «además de aplicar plenamente las normas de Derecho Canónico, continuad cooperando con las autoridades civiles en sus áreas de competencia» pues «tan sólo una acción decisiva,llevada a cabo con completa honradez y transparencia, restablecerá el respeto y la buena voluntad del pueblo de Irlanda hacia la Iglesia».

La carta firmada el día de San José, «guardia de la Sagrada Familia y patrón de la Iglesia Universal», abre el corazón a los fieles de Irlanda desde sus primeros párrafos. Poniéndose de su parte, el Papa les confiesa compartir «el sentimiento de desazón y de traición que tantos habéis experimentado al descubrir estos actos pecaminosos y criminales y el modo en que las autoridades de la Iglesia en Irlanda los han tratado».

Valor terapéutico

Es muy duro leer que un Papa se sienta traicionado no sólo por los sacerdotes pederastas sino también por los pastores, pero el confesarlo en público tiene un valor terapéutico. El Papa confía en que, a partir de este mensaje clarificador, «los obispos estarán en una posición más fuerte para reparar las injusticias del pasado y hacer frente a todos los aspectos del abuso de menores de modo acorde con los requerimientos de la justicia y las enseñanzas del Evangelio».

La carta resulta interesante en el diagnóstico de las causas del desastre. Además de la insuficiente selección en los seminarios y noviciados, Benedicto XVI denuncia con toda claridad los problemas del clericalismo y del secretismo: «La tendencia de la sociedad a favorecer el clero y otras figuras de autoridad, y una preocupación fuera de lugar por la reputación de la Iglesia y por evitar el escándalo». Si la primera docena de casos hubiesen salido a la luz pública se hubiesen evitado los centenares o millares de delitos sucesivos.

Expulsión de cristianos: Marruecos practica la “violación de derechos humanos fundamentales”

Forumlibertas.com

La Alianza Evangélica Española denuncia que “los cristianos están siendo habitualmente hostigados, detenidos e interrogados” para coartar su libertad de culto

La reciente expulsión de Marruecos de un total de 26 cristianos acusados de realizar “actividades de proselitismo”, llevada a cabo a primeros de marzo por las autoridades marroquíes, ha provocado numerosas reacciones por parte del colectivo evangélico afectado.

Concretamente, la Alianza Evangélica Española (AEE) denuncia “la violación de derechos humanos fundamentales en Marruecos”, que se ha reflejado con especial intensidad durante el presente mes de marzo de 2010.

Según un comunicado emitido por la AEE el pasado sábado, día 13, Marruecos ha realizado “un esfuerzo coordinado para que cristianos de distintas nacionalidades […] residentes en distintos lugares del país fueran interrogados y expulsados en 24 horas bajo falsas acusaciones de proselitismo”.

El texto continúa afirmando que estos cristianos sacados del territorio marroquí no han tenido “siquiera derecho a defenderse legítimamente en un procedimiento judicial previo”.

Los expulsados son de muy distintas nacionalidades: surcoreana, brasileña, holandesa, surafricana, canadiense, egipcia, inglesa, neozelandesa, estadounidense, venezolana y nigeriana.
Desde las altas instancias

El comunicado de AEE añade que “esta injustificable actuación ha sido organizada desde los niveles más altos del gobierno de Marruecos, coincidiendo con el nombramiento del nuevo Ministro de Interior, Taïeb Cherkaoui”.

También consideran especialmente grave la intervención de la Policía en el pueblo de Ain Leuh, “que culminó con el cierre del orfanato ‘“Village of Hope’ (Aldea de Esperanza), que llevaba más de diez años funcionando”.

Este centro contaba con el preceptivo permiso gubernativo de apertura, por lo que “es obvio que en todos estos años las autoridades conocían que sus dirigentes eran cristianos”.

Una práctica habitual

La Alianza Evangélica denuncia al mismo tiempo que “en general los cristianos marroquíes están siendo habitualmente hostigados, detenidos e interrogados en un intento de coaccionar y de coartar el libre ejercicio de la libertad de conciencia y de culto, dos de los derechos fundamentales de cualquier ser humano”.

Asimismo, el comunicado critica “la paradoja de que el Reino de Marruecos en el Art. 6 de su Constitución proclama el Derecho de Libertad Religiosa, mientras que en el Art. 200 del Código Penal sanciona cualquier actividad que pueda inducir a otro a abandonar su religión”.

“Denunciamos también que esta campaña de persecución contra los cristianos tiene muy poco que ver con el discurso del Gobierno de Marruecos sobre Derechos Humanos en la sede de Naciones Unidas”, agrega el texto.

El texto concluye pidiendo al Gobierno de Marruecos, haciéndolo constar ante las instancias de la Unión Europea y Naciones Unidas, “el respeto estricto a los derechos fundamentales inherentes a cada ser humano” y advirtiendo de que “se reservan el derecho a llevar a cabo todas las acciones legítimas a su alcance” para garantizar esos derechos.

Apoyo de E-Cristians

En ese sentido, la asociación E-Cristians ha manifestado su preocupación por “la violación del derecho a la libertad religiosa en Marruecos y otros países islámicos” y se ha solidarizado con la AEE mostrándole su apoyo con un comunicado público y promoviendo una campaña de mensajes dirigidos a Marruecos y a los dirigentes de la Unión Europea.

La Declaración de E-Cristians sobre la expulsión de cristianos en el reino de Marruecos considera que “el Gobierno de España y los partidos políticos españoles han adoptado una postura de perfil bajo frente a esta violación de los derechos fundamentales a la libertad religiosa”.

El comunicado de esta asociación insiste en que “las democracias occidentales deben defender el criterio de que los derechos fundamentales del hombre son universales y que entre ellos ocupa un lugar destacado el derecho a la libertad de religión, porque es el fundamento de la libertad de conciencia y de otros derechos y libertades”

También recuerda que el Marruecos “practica una tolerancia hacia el ejercicio de la libertad religiosa pero no reconoce el derecho de toda persona a cambiar de religión”.

Por todo ello, E-Cristians pide a los partidos políticos, al Gobierno de España y al propio “Rodríguez Zapatero en su condición de presidente de turno de la UE” que exija al Gobierno de Marruecos el reconocimiento pleno de estos puntos:

1. La libertad de adherirse o no a una fe determinada y a la comunidad confesional correspondiente.

2. La libertad de anunciar y de comunicar la enseñanza de la fe, de palabra y por escrito, incluso fuera de los lugares de culto, y de dar a conocer la doctrina moral sobre las actividades humanas y la organización social.

3. La libertad de recibir y de publicar libros religiosos sobre la fe y el culto, y de usarlos libremente.

El Papa pide “perdón e intransigencia con el pecado”

Diario de Noticias

El Papa Benedicto XVI efectuó un llamamiento al “perdón de los pecadores” pero “intransigencia con el pecado” y abogó por la reconciliación de las personas en el Angelus dominical que presidió ayer en la Plaza de San Pedro de Roma, su primera homilía tras la pastoral en la que expresó sus más profundas disculpas a las víctimas de los casos de pederastia que han sacudido principalmente a la Iglesia Católica de Irlanda y Alemania.

En el Angelus, el Papa explicó que la “misericordia de Dios es expresión de su inmenso amor, no condena al pecador, a ningún hombre o mujer, sino que exige retomar constantemente el camino de la conversión a El usando como herramienta especialísima el Sacramento de la Reconciliación”.

Benedicto XVI aludió al pasaje bíblico del Evangelio de San Juan para reflexionar sobre la mujer que es encontrada en adulterio y llevada luego ante Jesús por parte de los fariseos, para ponerla a prueba.

“Los acusadores hipócritas fingen confiarle el juicio, cuando en realidad es a El mismo a quien quieren acusar y juzgar (…) ¿Y cuál es su sentencia? “Quien de ustedes esté libre de pecado, que tire la primera piedra””, señaló el Papa.

El Papa concluyó la homilía recomendando a los fieles que sean “intransigentes con el pecado” pero “indulgentes con las personas”.

Benedicto XVI pide intransigencia con el pecado e indulgencia con las personas
Diario de Noticias

Palabras del Papa tras la Carta de “vergüenza y arrepentimiento” por los casos de abusos sexuales de curas en Irlanda
El Papa Benedicto XVI pidió ayer, en el Angelus dominical, en la plaza de San Pedro del Vaticano, ser “intransigentes con el pecado pero indulgentes con las personas”. Así, expresó una vez más sus profundas disculpas a las víctimas de los casos de pederastia que han sacudido a la Iglesia de Irlanda.

Además, aludió al bíblico del Evangelio de San Juan: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

“La misericordia de Dios es expresión de su inmenso amor, no condena al pecador, a ningún hombre o mujer, sino que exige retomar constantemente el camino de la reconversión, usando como herramienta especialísima el sacramento de la reconciliación”, recordó el Pontífice.

Del mismo modo, Benedicto XVI aludió al pasaje bíblico del Evangelio de San Juan para reflexionar sobre la mujer que es encontrada en adulterio y llevada luego ante Jesús por parte de los fariseos, para “ponerlo a prueba”.

Afirmó igualmente que Dios desea para todos “el bien y la vida”. “Él da la salud a nuestra alma por medio de sus ministros, liberándonos del mal con el sacramento de la reconciliación, para que ninguna se pierda, sino que todos tengan modo de convertirse”, explicó.

Tras la Carta del sábado

Las del Angelus de ayer eran las primeras palabras de Benedicto XVI tras la Carta dirigida a la Iglesia irlandesa en la que expresó la vergüenza y el remordimiento de la Iglesia por los casos de abusos sexuales por parte de curas.

En el texto, en el que señalaba que los culpables tenían que responder ante Dios y ante los tribunales, anunciaba la inspección de las diócesis y lugares donde se cometieron los delitos. El Papa expresaba “vergüenza y arrepentimiento” por el sufrimiento de las víctimas, la confianza traicionada y la dignidad violada.

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Opinión

Pederastas en las filas del Vaticano

Diario de Noticias / Miguel Ángel Soro Falces

Por fin se dan cuenta de ello, tienen el mejor sistema de espionaje del mundo y se hacían los tontos.

Consideran que en diez años sólo han tenido 3.000 casos, y de ellos el 90% son con efebos, y sólo el 10% con niños… Anda, que sí, que saben lo que tienen desde siempre, pero preferían ocultarlo.

Consideran que es muy poquito ya que cuentan con 400.000 curas en todo el mundo. ¡Menudo ejército! de personas viviendo del cuento.

Ya que todo el mensaje de Cristo está alterado por esta casta sacerdotal que el mismo Cristo hoy en día combatiría como lo hizo cuando vivió. Tratan de acallar a sus teólogos, ya sea con el libroJesús de Pagola, con el nihil obstat et imprimatur del obispo de San Sebastián don Juan María Uriarte; los libros de Hans Küng o el libro impresentado del jesuita Masiá sobre Dios, sobre Jesús, la Trinidad o la Virgen María, que lo guardan con cerrojos y candados.

No pueden poner puertas al campo ni barreras al agua, todo se les desborda y ya no pueden ocultar sus falsedades mitos y mentiras.

Tienen los días contados y lo saben, pero mientras tanto intentan retrasar lo más posible su derrota, pero ésta está cada vez más cerca. Todavía se apoyan en las naciones que están saliendo de la incultura, y es ahí donde monjas y curas crecen un poco, pues la cosecha va desapareciendo de los pueblos informados. Tendrán que dejar el poder de dar el mensaje de Cristo al pueblo de Dios, pues ellos no son dignos de darlo… no lo han sido nunca.

‘Mea grandísima culpa’

EL PAÍS / EDITORIAL

Demasiado poco y demasiado tarde. Benedicto XVI trata de atajar la pandemia de pederastia que aqueja a la Iglesia, en un intento, sin embargo, condenado al fracaso de hacer borrón y cuenta nueva. El vehículo ha sido una pastoral dirigida a los católicos de Irlanda, donde se han aireado históricos y gravísimos escándalos, y el procedimiento, la llamada visita apostólica o inspección de unos missi dominici pontificios que harán balance y algo tendrán que proponer sobre la Iglesia de la muy católica isla republicana.

La carta, aunque larga en amargos reproches a la jerarquía episcopal, colosales muestras de condolencia hacia las víctimas de los abusos sexuales y hondísimo remordimiento papal, sólo trata de Irlanda, omitiendo la lista de países donde en las últimas décadas se han dado numerosos casos de tan aberrante índole, como Holanda, Austria, Suiza, Italia, Estados Unidos, la propia España y, aún más ominosamente, Alemania. Y el documento tampoco habla de apartamiento o renuncia de quienes por ostentar cargo que les permitiera u obligara a saber lo que ocurría -sobre todo, obispos- prefirieron encubrir los hechos a denunciarlos.

A lo sumo, a los pederastas, si no convictos sí confesos, se les privaba de sus responsabilidades, lo que en ocasiones podía limitarse a un cambio de una sede a otra nueva donde proseguir sus fechorías. Pero, aun si se hubieran tomado todas las medidas necesarias para que cesara tanta sordidez, no habría sido suficiente. La Iglesia no entendía entonces, ni ahora, que la pederastia, además de un pecado para quienes tienen esa visión religiosa del mundo, es un delito común, al margen de lo que las creencias establezcan, y, por tanto, perseguible ante la ley.

La pastoral no podría resolver ni cerrar nada, aunque sólo fuere porque la prensa alemana asegura con todo lujo de detalles que un sacerdote, notorio pedófilo, fue trasladado para su ocultación a Baviera en 1980, cuando presidía la diócesis de Múnich Josef Ratzinger, hoy santo padre. ¿Podía el prelado ignorar la maniobra? Y si el Papa ha mostrado arrepentimiento, sobran ejemplos en la curia de quienes sólo ven en el escándalo un complot de los siervos del Maligno.

La Iglesia ha envejecido mal. La modernidad y sus secuelas han vaciado los templos, convertido las catedrales en museos y reducido a la inanición las vocaciones, lo que ha llevado a una laxitud, presa del pánico, en las ordenaciones; y todo ello en medio de la zozobra que entraña una secularidad más compleja y exigente que nunca. Cabría esperar, con todo, que semejantes hechos, de los que hay que exigir la cercenación y el castigo -también secular- inmediatos, provocaran una reflexión que aboliera el absurdo celibato sacerdotal. Ésa no es, por supuesto, la profunda raíz del mal, pero sí uno de sus mejores auxiliares.

Constitución, religión y otras “conciencias”

EL PAÍS / GREGORIO PECES-BARBA

Nuestra joven democracia tiene que ir articulando reglas de interpretación de la Constitución y de las leyes orgánicas, y los cauces habituales y ordinarios para recoger esa práctica deben ser la jurisprudencia ordinaria y la constitucional. En ambos casos, la personalidad de los que toman las decisiones debe obedecer también a unas reglas de comportamiento que aseguren su adecuación a los valores institucionales y no produzcan distorsiones o desviaciones de la línea correcta.

Una de las posibilidades se produce con la interferencia de la conciencia religiosa en los procesos de decisión y en los criterios que se fijan. Quizás esa dimensión ideológica y religiosa que forma parte de nuestro ser más íntimo, también en los operadores que toman decisiones políticas y jurídicas, es un elemento perturbador para la objetividad y para el buen fin de las formaciones de la voluntad pública. Se podría decir que las autoridades y los funcionarios tienen que expresar su independencia, y en primer lugar respecto de sí mismos. La única fidelidad a mantener es la que se debe a la Constitución. Las demás deben apartarse, someterse y subordinarse, y también los valores de oportunidad. Es una fidelidad con pretensión de exclusividad.

El juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos Félix Frankfurter, con gran sensibilidad en estos temas porque formaba parte de la minoría hebrea, afirmaba que “cuando se ejercitan funciones constitucionales se deben dejar de lado las propias opiniones sobre las virtudes y los vicios de una determinada ley. Lo único que debe considerar es si el legislador podría razonablemente producir tal ley. Nosotros, los jueces, no somos ni hebreos, ni católicos, ni agnósticos”.

En España la conclusión debe ser similar porque “ninguna confesión tiene carácter estatal”, y los jueces, así como en sus ámbitos los demás funcionarios públicos, sólo deben tener el referente de la Constitución y defender la separación entre lo espiritual y lo temporal. Prevarican si anteponen sus convicciones religiosas a la racionalidad jurídica, porque la Constitución, las leyes y la jurisprudencia son derechos del Estado, expresión de debates desde procedimientos democráticos y con procedimientos preestablecidos no como reflejo de una ética religiosa.

Es difícil defender la elección de personas que deben decidir como jueces y como gobernantes y que sabemos a ciencia cierta que van a anteponer sus creencias religiosas a las reglas constitucionales, y, si hay contradicción entre ambas, van a resolver según la fe y no según la racionalidad. Estos supuestos se vinculan a casos como el divorcio, la despenalización del aborto, los matrimonios de hecho y entre homosexuales, y son la prueba del nueve para los creyentes que anteponen sus creencias a sus obligaciones jurídicas y políticas. En esos ámbitos, en casos extremos que exigen la intervención directa del afectado, cabe la objeción de conciencia, pero no así en casos donde la participación es más distanciada e indirecta, por ejemplo en

los supuestos de redacciones generales de normas y de su valoración. En todo caso, si el conflicto de conciencia es insuperable la solución no está en torcer o tergiversar el sentido de la decisión, sino en dimitir y separarse de la decisión con todas sus consecuencias.

En la interpretación del Derecho, en sus diversos niveles y a través de los diversos operadores jurídicos competentes, nunca hay una sola respuesta correcta, pero la que se toma, expresión de la voluntad razonable del que decide, tiene que ser correcta, entre las varias posibles y basadas en la Constitución y la ley. Una última expresión de la independencia respecto de sí misma deriva de la colegiabilidad en el Tribunal Constitucional y en el Tribunal Supremo y trae causa de la creencia, llena de soberbia y de valoración excesiva de las propias ideas, de querer imponerlas por encima de todo, sin considerar las deliberaciones ni las opiniones ajenas. No se puede sin más forzar la transformación de las opiniones propias en opiniones del Tribunal, porque carecen de cualquier estatuto privilegiado y preconstituido.

Se alcanza un nivel bajo, impropio del legislador o del juez, si su comportamiento se basa en el rencor, en la envidia, o en prejuicios contra personas a las que se quiera en todo caso dañar con resoluciones injustas a sabiendas. Quien así actúa se rebaja, se descalifica, descubre su bajeza moral y pierde toda la autoridad. Todas las normas que se establecen para garantizar su independencia y su imparcialidad saltan por los aires si se utilizan en el interés personal del propio juez y para satisfacer pasiones o justificar conductas desviadas y prevaricadoras, o volcar enemistades y prejuicios contra personas.

Ya no estamos en modelos de justicia opacos y sin justificación, y esos comportamientos desviados están sometidos a la crítica pública y a la reprobación y pueden producir reacciones y protestas, como las que han surgido ante la amenaza que sufre el juez Garzón por intentar, dentro de la cultura de la memoria histórica, un proceso a las ilegalidades y los delitos cometidos durante la dictadura franquista.

Es verdad que este magistrado tiene una vocación de protagonismo quizás excesiva, pero es indudable que no ha actuado en beneficio propio ni para obtener ventajas, sino que siempre ha defendido e impulsado causas fundadas en el interés general, y desde la conciencia en el valor supremo de la racionalidad del Derecho. Es un sarcasmo, si no una agresión a los valores superiores de la democracia, que, por impulso de insignificantes grupos de extrema derecha, un magistrado trate de inculpar a un buen juez y que su órgano supremo de gobierno, el Consejo, pretenda suspenderle en su función, antes de tiempo y fuera del procedimiento establecido.

Si la conciencia religiosa puede ser un obstáculo al buen ejercicio de la voluntad de los operadores jurídicos, jueces y funcionarios, desviándoles de la solución ajustada a Derecho, al menos no tiene un contenido inmoral, aunque se aplique fuera de sitio y a destiempo. Por el contrario, la formación de la voluntad judicial, también fuera de la racionalidad jurídica, desde “conciencias” desviadas y sin fundamento, basadas en prejuicios, en envidias, en celos profesionales, al margen de las opiniones más sensatas, es indecente y carece de cualquier justificación. Dejar que prospere es más que un error. Nuestra conciencia jurídica y nuestra dignidad ciudadana sufrirían un daño irreparable.

Casos de pederastia

Diario de Noticias / Isabel

No me sirve la carta enviada por el Papa Benedicto pidiendo perdón a las víctimas de las curas pederastas. ¿Quién va a reparar el daño moral a esas personas que han sufrido abusos físicos y psicológicos? Hay personas, niños, que igual no superan nunca un trauma así. No me basta.

La carta del Papa

ABC / Juan Manuel de Prada

En la carta que acaba de dirigir a los católicos de Irlanda volvemos a confirmar lo que Benedicto XVI ya nos anticipaba, siendo todavía cardenal, en las meditaciones de aquel Vía Crucis de 2005 que presidió por enfermedad de su predecesor: en la Iglesia hay mucha suciedad; y tanta suciedad no se combate encubriéndola, sino impulsando un proceso de purificación interior que comienza por el reconocimiento de la verdad y la asunción de culpa. En este «camino de curación, renovación y reparación» que es una de las señas distintivas de su pontificado, Benedicto XVI dirige a los católicos irlandeses un documento conmovedor, lleno de un amor vulnerado que siente como propias las heridas infligidas a los niños y jóvenes víctimas de abusos.

Benedicto XVI traza en su carta un cuadro panorámico del catolicismo irlandés, intrépido y evangelizador, que alcanza su esplendor en el siglo XIX, cuando la Iglesia de Irlanda asume la escolarización de los pobres y envía miles de sacerdotes misioneros a todos los rincones del orbe. A continuación, constata Benedicto XVI un «cambio social» profundo -la secularización de las sociedades occidentales- que repercute adversamente en «la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos»; y, como consecuencia de tal cambio, un alejamiento de los propios sacerdotes y religiosos de «las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer». Tal alejamiento (que ha llevado a muchos sacerdotes a «adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio») es producto -Benedicto XVI bien lo sabe- del clima instaurado tras el Concilio Vaticano II; y se ha traducido en una pérdida del sentido de la santidad, que es vocación principalísima en cualquier católico. Cuando tal vocación falta, falta la sustancia de la fe, que como Benedicto XVI repite una y otra vez, es adhesión personal a Cristo. Faltando esa sustancia, el cometido de la Iglesia en la tierra se desentraña y desdibuja: todas las calamidades que, en las últimas décadas, la han afligido se resumen en esta pérdida de santidad, en esta adopción de formas de pensamiento secular sin anclaje en el Evangelio. Y cuando la sal se vuelve sosa, ¿quién puede salar el mundo?

«¿No sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo?», les preguntaba San Pablo a los corintios. En el olvido de esta noción, que es olvido de la vocación de santidad, se halla la raíz del mal. Cuando se relaja el cuidado de ese templo, cuando se descuidan las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe, ¿cómo se puede pretender que veamos en el cuerpo del prójimo otro templo del Espíritu? Benedicto XVI vuelve en esta carta a insistir en la necesidad de extremar el celo en el escrutinio de los candidatos al sacerdocio; y en la obligación de obispos y superiores religiosos de fortalecer la «formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados». Reclama, en definitiva, sacerdotes con vocación de santidad que puedan demostrar a todos que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia»; y los exhorta a una penitencia que, al fin y a la postre, consiste en volver a beber en esas «fuentes de agua viva» -oración, sacramentos, adoración eucarística- que, en su afán por halagar al mundo, en su afán por «adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio», la propia Iglesia ha descuidado. Fuentes de agua viva que, a estas alturas, el mundo ya ha dejado de percibir como tales; pero Benedicto XVI sabe bien que su misión no es halagar al mundo, sino devolver a la Iglesia su vocación de santidad. En este camino de curación, renovación y reparación se cifra su única esperanza de volver a ser la sal que sala el mundo.