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La exaltación de la sensualidad

21 Dic

Tabla de contenidos en Como en los días de Noé

  1. Cristianismo sin sangre
  2. La exaltación de la sensualidad
  3. El divorcio y el dios de la música

Mat 24:38-39  Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Los sensualesEl Diccionario de la Real Academia Española define la sensualidadcomo una propensión excesiva a los placeres de los sentidos. Una persona sensual se dedica a satisfacer los gustos naturales, losdeleites de la carne, y se ocupa de las cosas que incitan y satisfacen su vista, su tacto, su gusto, su oído y su olfato.

1Jn 2:15-16 No améis al mundo,  ni las cosas que están en el mundo.  Si alguno ama al mundo, el amor del  Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo,  los deseos de la carne,  los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida,  no proviene del Padre,  sino del mundo.

La versión Biblia en Lenguaje Sencillo (BLS) lo pone en estas palabras:

1Jn 2:15-16 No quieran ustedes ser como los pecadores del mundo, ni tampoco hacer lo que ellos hacen.  Quienes lo hacen, no aman a Dios el Padre. Las cosas que ofrece la gente del mundo no vienen de Dios, sino de los pecadores de este mundo.

Y estas son las cosas que el mundo nos ofrece: los malos deseos, la ambición de tener todo lo que vemos y el orgullo de poseer muchas riquezas.

¿ Quiénes son los sensuales?

Judas 1:17-19  Pero vosotros,  amados,  tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los  apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores,  que andarán según sus malvados deseos. Estos son los que causan divisiones; ¨ los sensuales¨,  que no tienen al Espíritu.

En esta escritura, la palabra sensuales se tradujo del griego psuquikos, que define a una persona sensitiva, llevada por la mente natural, esto es, que no ha nacido de nuevo.  Diríamos, siguiendo con la línea de esta serie, que se trata de alguien que practica un cristianismo sin sangre.  Este mismo término,psuquikos, aparece también en una de las cartas del apóstol Pablo:

1Co 2:14  Pero el hombre natural (psuquikos) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Y revisando otras traducciones de Judas 1:19 podemos encontrar más detalles sobre el hombre sensual:

Biblia Al Día (BAD):  Estos son los que causan divisiones y se dejan llevar por sus propios instintos, pues no tienen el Espíritu.

Dios Habla Hoy (DHH): Estos son los que causan divisiones, viven sensualmente y no tienen al Espíritu.

Biblia de Navarra (EUNSA): Estos son los que crean divisiones, hombres meramente naturales, que no tienen el Espíritu.

La Biblia de Las Américas (LBLA):  Estos son los que causan divisiones; individuos mundanos que no tienen el Espíritu.

Palabra de Dios para Todos (PDT): Esos son los que causan división, viven de acuerdo a los instintos naturales y no tienen el Espíritu.

Biblia Versión del Oso (SSE):  Estos son los que hacen divisiones, son como animales, no teniendo el Espíritu.

Yo creo, yo pienso, yo siento…Los seres humanos tenemos, todos, un lado sensual que debe sersujetado y dominado por el nuevo hombre.  El cristianismo actual, sin embargo, en lugar de sujetarlo parece alentarlo con frases como yo creoyo sientoyo pienso, todo se centra en el yo, en los sentidos naturales, en lo terrenal

Es así como el pragmatismo, una filosofía que básicamente rechaza la existencia de verdades absolutas, parece reinar entre muchos que se dicen creyentes.   No son pocos los que diciéndose cristianos, afirman que las ideas pueden cambiar y los conceptos variar para acomodarse a la actualidad, a la moda.  Así por ejemplo, aunque el mandamiento bíblico dice “no fornicarás”, el pragmático dice “bueno, ciertamente eso dice la Biblia, pero si la pareja se ama, entonces no es malo”.

También está entre nosotros en la iglesia de hoy el subjetivismo, que es lo relativo al modo personal de pensar o de sentir.  Así por ejemplo, aunque la Biblia es clara respecto a la existencia del infierno como un lugar de castigo al que van los que no han desdeñado al Señor, hay quienes dicen “yo pienso, yo creo, yo siento que un Dios de amor no echará a nadie al infierno”.

Y qué decir del sincretismo, que es un sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes en una sola.  El ecumenismo irracional es el mejor ejemplo de ello.

¡Todas estas filosofías están inmersas en la forma en que muchos viven el cristianismo hoy en día! Se trata de un cristianismo sensual, promovido por hombres carnales que han entrado a la iglesia pero no han nacido de nuevo, no han sido lavados por la sangre de Cristo ni tienen al Espíritu Santo, tal como era la gente en los días de Noé.

Mat 24:38  Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo…

Revisemos las palabras usadas en el original para tener un mayor entendimiento al respecto.

Comiendo se tradujo del griego trogo que habla de mordisquear, morder o mascar en un proceso lento.  Se trata de una práctica a la que los mundanos sensuales se dedicaban de una manera excesiva, sólo para satisfacer los sentidos, que los llevó a dejar lo verdaderamente importante, el amar a Dios, el caminar con Dios, el obedecer a Dios.

Bebiendo se tradujo del griego pino, que significa literalmente embriagarse con vino, tal como ahora mismo ocurre con las ovejas de un pastor que se jacta de llevarlas él mismo a beber a un antro, en una actitud claramente contraria al cuidado que el Señor demanda a los pastores.  Pero también tiene un significado figurado, que podemos encontrar aquí:

Apo 18:3-4 Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella,  y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo,  que decía: salid de ella,  pueblo mío,  para que no seáis partícipes de sus pecados.

Aquí la palabra deleites se tradujo del griego strenos, que figurativamente habla de un lujo insolente y voluptuoso, de orgullo, soberbia, desvergüenza, de complacencia en los deleites sensuales.  Es lo que caracteriza en nuestros días al enfoque que algunos predicadores le dan al evangelio, centrado en la obtención de riquezas y beneficios para el creyente, alejado ya del verdadero cristianismo.

Rom 1:29-32  estando atestados de toda injusticia,  fornicación,  perversidad,  avaricia,  maldad;  llenos de envidia,  homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores,  aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios,  que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Revisemos, para un mejor entendimiento, Romanos  1:32 en varias versiones:

(BLS) Saben que Dios ha dicho que quienes hacen esto merecen la muerte, pero no sólo siguen haciéndolo sino que felicitan a quienes también lo hacen.

(DHH) Saben muy bien que Dios ha decretado que quienes hacen estas cosas merecen la muerte; y, sin embargo, las siguen haciendo, y hasta ven con gusto que otros las hagan.

Todo por verse mejorLa sensualidad es una característica de los hombres de los últimos tiempos; el culto al físico y al goce del entretenimiento son algunas de las industrias más prósperas.  La gente de hoy no escatima en gastos y en esfuerzos para verse mejor y disfrutar de la vida a cualquier precio. Aparecen ofertas  en hoteles, casinos, resorts y lujosos cruceros a donde la gente acude gozosa, en medio de un frenesí de sensualidad, de algarabía y de diversión.  No son pocos los que incluso se ocupan de modificar su rostro y de cultivar su cuerpo en gimnasios o clínicas de cirugía estética, todo con tal de desarrollar los músculos y proyectar la imagen de símbolo sexual, mientras las mujeres se afanan en engañar al tiempo estirando sus arrugas e incrementando el volumen de sus pechos, sus  glúteos y todo lo que sea necesario para asemejarse a las figuras del cine y de la farándula.

Esa misma sensualidad, hay que decirlo, ha invadido la Iglesia. El hedonismo y la sensualidad ha alcanzado lo mismo a predicadores que a cantantes que sólo salen a ministrar habiendo pasado por las manos de su maquillista o su asesor de imagen, quienes presentan desde actos de circo hasta desfiles de moda en sus congregaciones, cuyas reuniones se han transformado en verdaderos espectáculos que buscan competir -casi siempre sin éxito- con las grandes producciones del mundo.  Los cautivantes y rimbombantes eventos cristianos son una alfombra roja para el paso del placer y del glamour, una aproximación al mundo.

Es una pena observar que por este despliegue de sensualidad, muchas iglesias están llenas a reventar. La sensualidad, según se ve, atrae a las multitudes; el fin, para los pragmáticos, justifica los medios.  Muchos líderes han sido ya seducidos y se están acomodando a las corrientes del mundo; vociferan que las estrategias que aplican están dando resultados, y predican un evangelio diluido, falso, no les importa utilizar métodos fraudulentos y medios que ciertamente atraen a las personas, pero que no convierten el corazón.

Algunos argumentan con base en 1 Corintios 9:20 que así como Pablo se hizo judío para ganar a los judíos, así nosotros debemos aplicar los métodos del mundo para atraer a la gente y podemos hacernos raperos, góticos, darkettos, emos o cualquier otra cosa para alcanzarlos a todos.  Los que plantean este argumento, simple y llanamente, están dando rienda suelta a su sensualidad.  El ejemplo de Pablo no es argumento para defender lo anterior: ser judío no es una moda ni un estilo, lo que el apóstol enseña en ese pasaje está muy lejos de lo que hoy plantea el liberalismo de los líderes sensuales.Pablo jamás comprometió las verdades esenciales del Evangelio para ganar para Cristo a las personas, él nunca traicionó el Evangelio, ni lo diluyó, ni lo abarató como suelen hacerlo los sensuales infiltrados en la iglesia de hoy.

Lo que realmente convierte al pecador es exclusivamente la locura de la predicación del Evangelio de la Cruz, de la negación del yo, andar por el camino angosto, el arrepentimiento, el nacer de nuevo.

Showman

En este escenario de evidente sensualidad religiosa, incluso, han emergido talentosos showmanautoproclamados predicadores, gente que posee la chispa y el carisma artístico para mantener entretenidas y embelesadas a cientos de miles de personas embelesadas que disfrutan de su capacidad histriónica, de su don de bufones.  Estos actores, al final de su show evangélico, le dan una pequeña embadurnada de Biblia a sus mensajes citando algún pasaje para aparentar ser predicadores de la Palabra de Dios. ¡Qué insulto al Señor!  ¡Cristo no fue un payaso que deseaba entretener a su audiencia, ni bailoteó al son que le tocó el mundo! Él es el Rey Soberano que volverá por aquellos que le amaron y que lo esperaron con anhelo y paciencia como Noé, que tardo 120 años en construir el Arca que lo salvó, y que mientras venía el juicio se dedicó a pregonar el arrepentimiento y el volver a Dios.  Pero sospecho que como sucedió en los días de Noé, que sus contemporáneos no le creyeron y siguieron dándole rienda suelta a su sensualidad, así está la presente generación: su corazón está lleno de glotonería evangélica sensual y su alma está contenta al satisfacer sus sentidos con un buen show milagrero y aparentemente evangélico.

Los sensuales modernos son enemigos de la cruz de Cristo.

Fil 3:18-19  Porque por ahí andan muchos,  de los cuales os dije muchas veces,  y aun ahora lo digo llorando,  que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición,  cuyo dios es el vientre,  y cuya gloria es su vergüenza;  que sólo piensan en lo terrenal.

(BAD)  Fil 3:18-19 Como os he dicho a menudo, y ahora lo repito hasta con lágrimas, muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo.  Su destino es la destrucción, adoran al dios de sus propios deseos y se enorgullecen de lo que es su vergüenza. Sólo piensan en lo terrenal.

Pocas veces habló Pablo con la intensidad con que expresa estas palabras a los Filipenses:  ¡él mismo reconoce que las dice llorando! La razón de su dolor es muy precisa: está desenmascarando a los enemigos de la cruz de Cristo. ¿Qué cosa tan grave hacían que provocaron tanto dolor en el amado apóstol? Dos cosas se pueden ver en estos versículos como características de esta clase de cristianos: susensualidad y su amor al mundo.

“Cuyo dios es el vientre”, dice Pablo.  Esto nos habla de personas que viven en deleites, en placeres. Sonsensuales.  Pablo identifica a esta clase de supuestos cristianos como “amadores de los deleites más que de Dios” en 2ª Tim.3:4.  Pedro por su parte también hace referencia a ellos en 2ª Pedro 2:13 como “los que tienen por delicia el gozar de los deleites cada día”. Y en Judas 18-19 se les describe como “burladores que andarán según sus malvados deseos…  los sensuales, que no tienen al Espíritu”.

Si en los días en que Pablo escribió a los Filipenses ya existían los sensuales, en estos últimos tiemposhan inundado la Casa de Dios, son una plaga que ha crecido a pasos agigantados.

Queda claro: como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.  Esos días se han acercado.  Los estamos viviendo.  Apenas un poco más y el que ha de venir, vendrá.

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La cohabitación

21 Dic

La cohabitación
Kerby Anderson

Introducción

“La cohabitación está reemplazando al matrimonio como la primera experiencia de convivencia para hombres y mujeres jóvenes. Y las personas que viven juntas antes de casarse ponen en peligro su casamiento futuro”. Estas son algunas de las conclusiones de los sociólogos David Popenoe y Barbara Dafoe Whitehead en su estudio para el Proyecto Nacional de Matrimonio.{1}

En este artículo vamos a tratar este fenómeno social de la cohabitación. Solía denominarse “vivir en pecado” o “juntarse”. Hoy se ha reemplazado por los términos más neutrales “convivir” o “cohabitar”. Voy a emplear, para este artículo, el término “cohabitación”, puesto que es la palabra generalmente aceptada en la sociedad y la ley. La cohabitación ha sido descrita como ‘dos personas no relacionadas, de sexos opuestos, que comparten una vivienda en una relación sexualmente íntima sin aprobación legal o religiosa’.{2}

La cohabitación, como estilo de vida, está en aumento. Considere el significante crecimiento de las tasas de cohabitación en las últimas décadas. En 1960 y 1970, alrededor de medio millón de personas convivían. Pero para 1980 el número ya era de 1,5 millones. Para 1990, la cifra era de casi 3 millones. Y, para 2000, la cifra era de casi 5 millones de personas.{3}

Unos investigadores calculan que hoy en día hasta el 50% de estadounidenses cohabitan en alguno que otro momento antes de casarse.{4} El estereotipo de dos jóvenes sin hijos que viven juntos no es del todo correcto; actualmente, alrededor del 40% de las parejas que cohabitan incluyen niños.{5}

Estados Unidos parece estar cambiando su actitud acerca de la cohabitación. George Barna ha informado que 60% de los estadounidenses creían que la mejor manera de establecer un matrimonio exitoso era cohabitando antes de casarse.{6} Otra encuesta halló que dos tercios (66%) de muchachos del cuarto año de la secundaria estaba de acuerdo o casi de acuerdo con la siguiente afirmación: “por lo general, es bueno que una pareja conviva antes de casarse para averiguar si realmente se lleva bien”.{7}

La cohabitación no es lo mismo que el matrimonio. No es reconocida como matrimonio por el estado. Y los participantes viven juntos porque su propósito es no casarse, al menos por el momento.

Aunque algunos dirán que una pareja que cohabita “está casada a los ojos de Dios”, eso no es cierto. No están casados a los ojos de Dios porque está viviendo en contra de los preceptos bíblicos referentes al matrimonio. Y no están casados a sus propios ojos porque han decidido específicamente no casarse.

La cohabitación está cambiando, sin duda, el paisaje cultural de nuestra sociedad. La proporción de primeros matrimonios precedidos por cohabitación se ha multiplicado por diez en las últimas décadas. Y el creciente número de parejas que cohabitan transmite un mensaje contradictorio a nuestros niños. Por una parte, escuchan a los padres y a los pastores proclamar el valor del matrimonio. Y, por otra parte, ven una sociedad que tolera la cohabitación.

La cohabitación y las relaciones de prueba

“Pienso que deberíamos vivir juntos antes de casarnos para ver si somos compatibles”.

¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? Sin embargo, muchas de las suposiciones actuales sobre la convivencia son incorrectas.

Linda Waite y Maggie Gallagher escribieron conjuntamente The Case for Marriage: Why Married People Are Happier, Healthier and Better Off Financially [El caso a favor del matrimonio: Por qué las personas casadas son más felices, más saludables y están mejor económicamente].{8} El libro no sólo defiende la causa del matrimonio sino cuestiona también suposiciones actuales acerca de la cohabitación.

La tesis del libro es simple. Allá por los ‘50, las reglas eran claras: primero el amor, luego el matrimonio, y sólo entonces el cochecito de bebé. Pero el “tsunami” social que arrasó los ’60 cambió todo. La píldora, la revolución sexual, el orgullo gay, el feminismo, las madres en el trabajo, el divorcio sin culpa y el aumento de nacimientos ilegítimos cambiaron nuestras opiniones acerca del matrimonio y la familia. Los autores presentan las evidencias para demostrar que el matrimonio es algo bueno. Como dice el subtítulo del libro, las personas casadas son más felices, tienen mejor salud y están mejor económicamente.

No obstante, la sabiduría convencional sugiere que uno debe “probar antes de comprar”. De hecho, una de las preguntas que se suelen repetir para justificar la convivencia es: “Usted no compraría un coche sin probarlo antes, ¿no?”. El problema de este tipo de preguntas y frases hechas es que deshumanizan a la otra persona. Si decido no comprar un coche (o un par de zapatos, o cualquier otro objeto inanimado), el coche no se siente rechazado. Cuando uno prueba un coche, no pone su equipaje personal en el baúl. Y, cuando uno rechaza un modelo de coche no crea un equipaje emocional que arrastra a la siguiente prueba de coche. El coche no necesita asesoramiento psicológico para que pueda confiar en el siguiente comprador de coches. Francamente, probar una relación como se prueba un coche sólo es positivo si usted es el conductor.

La investigación ha mostrado que la gente que cohabita tiende a ver el matrimonio de forma negativa porque involucra asumir nuevas responsabilidades que contrastan con sus antiguas libertades. Por otra parte, las personas que se casan después del camino convencional del noviazgo no se sienten constreñidos por el matrimonio, sino liberados por él.{9}

Considere el contraste. Una pareja que cohabita tiene casi todo lo que ofrece el matrimonio (incluyendo el sexo), pero pocas obligaciones y responsabilidades. Por eso, las personas que cohabitan se sienten atrapadas cuando entran al matrimonio. Deben asumir grandes responsabilidades nuevas pero no reciben nada que no tenían antes.

Las parejas que se casan después del noviazgo experimentan justo lo contrario, especialmente si mantienen su pureza sexual. El matrimonio es la culminación de su relación y ofrece la plena profundidad de una relación que han anhelado por mucho tiempo.

Esto no quiere decir que la cohabitación garantice un fracaso matrimonial, ni tampoco que el matrimonio a través de la ruta convencional garantice el éxito matrimonial. Existen excepciones a esta regla, pero una pareja que cohabita antes del matrimonio está apostando contra ellos y su futuro matrimonio.

La cohabitación y las percepciones

Si usted cohabita antes de casarse, está poniendo en peligro su futuro matrimonio. Esta es la conclusión de un informe reciente sobre la cohabitación. Las 5 millones de parejas que cohabitan en Estados Unidos viven juntas para ahorrar dinero, para probar la vida casada o para evitar la soledad. Pero la práctica puede causar un daño significativo al matrimonio.

Los sociólogos David Popenoe y Barbara Dafne Whitehead publicaron su estudio a través del Proyecto Nacional de Matrimonio de la Universidad de Rutgers. Su estudio confirma unos estudios previos acerca del peligro de la cohabitación y agrega detalles adicionales.

Hallaron que la cohabitación parece ser tan contraproducente para un matrimonio duradero que las parejas no casadas deben evitar vivir juntas, especialmente si hay hijos. Sostienen que la cohabitación es “una estructura familiar frágil’” que plantea un mayor riesgo para mujeres y niños.

Parte de la razón para el peligro es la diferencia de percepción. Por lo general, los hombres entran a la relación con menos intención de casarse que las mujeres. La consideran más como una oportunidad sexual sin los lazos de un compromiso de larga duración. Sin embargo, las mujeres suelen ver el arreglo de vivienda como un paso hacia un matrimonio final. Así que, mientras las mujeres podrán creer que van hacia el matrimonio, los hombres tienen otras ideas. Algunos hombres, en realidad, desprecian a las mujeres con quienes viven y las consideran como fáciles. Una mujer así no es su idea de un cónyuge fiel.

Las personas que viven juntas en relaciones sin compromiso probablemente no estén dispuestas a resolver problemas. Como no hay compromiso a largo plazo, es fácil dejar el acuerdo de vivienda en vigor y buscar relaciones menos díscolas con una nueva pareja.

La multiplicación por diez de la cohabitación en las últimas décadas es pasmosa. Y las razones de este crecimiento son muchas: menos tabúes contra el sexo prematrimonial, madurez sexual más avanzada, casamientos más tardíos, ingresos adecuados para vivir aparte de sus familias.

Independientemente de las razones para la cohabitación, este estudio documenta los peligros. Las parejas que conviven tienen mayores probabilidades de divorciarse que las que no lo hacen. Son menos felices y tienen un menor puntaje en los índices de bienestar, incluyendo la satisfacción sexual. Y las parejas que cohabitan a menudo son más pobres que las parejas casadas.

Aunque millones de personas lo hagan, cohabitar es una mala idea. Como veremos más adelante, hay claras prohibiciones bíblicas en contra del sexo prematrimonial. Pero, aparte de estas declaraciones bíblicas, hay predicciones sociológicas ominosas de fracaso cuando una pareja piensa cohabitar en lugar de casarse. Las investigaciones más recientes apoyan lo que la Biblia ha dicho por milenios. Si usted quiere un buen matrimonio, no haga lo que dice la sociedad. Haga lo que la Biblia enseña que hagamos.

Las consecuencias de la cohabitación

Al contrario de la sabiduría convencional, la cohabitación puede resultar dañina para el matrimonio así como para las parejas y sus hijos. Un estudio basado en la Encuesta Nacional de Familias y Hogares halló que matrimonios que tuvieron una cohabitación previa tenían una probabilidad de hasta 46% mayor de divorciarse que los que no habían cohabitado. En base de esta encuesta y un estudio de estudios anteriores, los autores concluyeron que el riesgo de que se rompa el matrimonio luego de una cohabitación “está comenzando a asumir la condición de una generalización empírica”.{10}

Algunos han intentado sostener que la correlación entre la cohabitación y el divorcio es artificial, porque las personas dispuestas a cohabitar son poco convencionales y están menos dedicadas al matrimonio. En otras palabras, la cohabitación no produce el divorcio sino que está asociada con él simplemente porque la misma clase de gente está involucrada en ambos fenómenos. Sin embargo, aun cuando se controla cuidadosamente en la estadística este “efecto de selección”, sigue habiendo un “efecto de cohabitación”.

Los matrimonios se mantienen unidos por un compromiso mutuo que no se encuentra en la mayoría (o en ninguna) de las relaciones de cohabitación. Los integrantes de las parejas que conviven valoran la autonomía por sobre el compromiso y tienden a estar menos comprometidas que las parejas casadas con la continuación de su relación.{11}

Un estudio halló que “convivir con una pareja romántica antes de casarse está asociado con un apoyo y un comportamiento más negativos y menos positivos en la solución de problemas durante el matrimonio”. La razón es simple. Como hay menos seguridad de un compromiso de larga duración, “puede haber menos motivación para parejas que cohabitan para desarrollar sus habilidades para resolver conflictos y de apoyo”.{12}

Las parejas que conviven, sin embargo, pierden más que sólo los beneficios del matrimonio. Las tasas anuales de depresión entre parejas que conviven son más de 3 veces las de las parejas casadas.{13} Las personas que cohabitan tienen una mayor probabilidad de ser infelices en el matrimonio y una mucha mayor probabilidad de considerar el divorcio.{14}

Las mujeres que están en relaciones de cohabitación tienen el doble de probabilidad de sufrir abuso físico o sexual que las mujeres casadas.{15} Otro estudio encontró que las mujeres en relaciones de cohabitación tienen una probabilidad nueve veces mayor de ser muertas por su compañero que las mujeres de relaciones matrimoniales.{16}

La cohabitación es especialmente dañina para los hijos. En primer lugar, algunos estudios han hallado que los niños que viven con una madre y su pareja no casada tienen significativamente más problemas de comportamiento y un desempeño académico menor que los niños de familias intactas.{17} En segundo lugar, existe el riesgo de que la pareja se separe, creando todavía más dificultades sociales y personales. En tercer lugar, muchos de estos niños no nacieron de la relación actual, sino de una unión previa de uno de los adultos de la pareja, generalmente la madre. Vivir en una casa con una madre y un novio es una situación endeble, en el mejor de los casos. Las demandas legales de sostén para los hijos y otras fuentes de ingresos familiares están ausentes.

La cohabitación y la Biblia

Hasta ahora, hemos hablado de las consecuencias sociales y psicológicas de la cohabitación. Busquemos ahora una perspectiva bíblica.

La Biblia enseña que las relaciones sexuales pueden tener un efecto de vinculación muy fuerte en dos personas. Cuando ocurre dentro del matrimonio, el hombre y la mujer se convierten en una sola carne (Efesios 5:31). Pero las relaciones sexuales fuera del matrimonio también tienen consecuencias. Al escribir a la iglesia de Corinto, el apóstol Pablo dijo que el hombre que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella (1 Corintios 6:16).

El contexto de la discusión surgió de un problema dentro de la iglesia. Un hombre de la iglesia tenía relaciones sexuales con la esposa de su padre (1 Corintios 5:1-3.). Pablo dice que esta relación es inmoral. Ante todo, era incestuosa, lo cual estaba condenado por el Antiguo Testamento (Levítico 18:8, Deuteronomio 22:30). En segundo lugar, no había ninguna unión matrimonial, sino un ejemplo de cohabitación. Pablo nos aconseja huir de la inmoralidad sexual (1 Corintios 6:18).

La inmoralidad sexual se condena en más de 25 versículos del Nuevo Testamento. El término en griego es porneia, una palabra que abarca todas las formas de relaciones sexuales ilícitas. Jesús enseñó que “de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona” (Marcos 7:21-23).

Pablo dijo que “la voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:3-5).

El matrimonio es el plan de Dios. Ofrece una compañía íntima de por vida (Génesis 2:18). Provee un contexto para la procreación y el crianza de los hijos (Efesios 6:1, 2). Y por último, el matrimonio brinda una expresión dada por Dios del deseo sexual (1 Corintios 7:2).

En el Nuevo Testamento, se advierte a los creyentes contra el pecado habitual, que incluye el pecado sexual (1 Corintios 5:1-5). La iglesia tiene que hacer que los creyentes se hagan responsables de su conducta. Los creyentes deben juzgarse ellos mismos para no caer en las manos de Dios (1 Corintios 11:31, 32). El pecado sexual no debería mencionarse siquiera entre creyentes (Efesios 5:3).

Convivir fuera del matrimonio no solamente viola preceptos bíblicos, sino que expone a la pareja y su futuro matrimonio al riesgo. En este artículo, he reunido varias estadísticas que hacen reflexionar acerca del impacto que puede tener la cohabitación en usted y en su relación. Si quiere tener un buen matrimonio, no haga lo que dice la sociedad; haga lo que nos enseña que hagamos la Biblia.

Traducción: Shawn Right
Artículo original: Cohabitation

Notas
1. David Popenoe and Barbara Dafoe Whitehead, “Should We Live Together? What Young Adults Need to Know about Cohabitation before Marriage,” The National Marriage Project, the Next Generation Series, Rutgers, the State University of New Jersey, January 1999.
2. P.G. Jackson, “On Living Together Unmarried,” Journal of Family Issues 4(1983), 39.
3. U. S. Bureau of the Census, Current Population Reports, Series P20-537; America’s Families and Living Arrangements: March 2000 and earlier reports.
4. Larry L. Bumpass, James A. Sweet, and Andrew Cherlin, “The Role of Cohabitation in the Declining Rates of Marriage,” Journal of Marriage and Family 53(1991), 914.
5. Ibid., 926.
6. George Barna, The Future of the American Family (Chicago: Moody Press, 1993), 131.
7. Jerald G. Bachman, Lloyd D. Johnston, and Patrick M. O’Malley, Monitoring the Future: Questionnaire Responses from the Nation’s High School Seniors, 2000 (Ann Arbor: MI: Institute for Social Research, University of Michigan, 2001).
8. Linda Waite and Maggie Gallagher, The Case for Marriage: Why Married People Are Happier, Healthier and Better Off Financially (New York: Random House, 2000).
9. R.E.L. Watson, “Premarital Cohabitation vs. Traditional Courtship: The Effects of Subsequent Marital Adjustment,” Family Relations 32(1981), 139-147.
10. Alfred DeMaris and K. Vaninadha Rao, “Premarital Cohabitation and Subsequent Marital Stability in the United States: A Reassessment,” Journal of Marriage and Family 54(1992), 178-190.
11. Stephen Nock, “A Comparison of Marriages and Cohabiting Relationships,” Journal of Family Issues 16(1995), 53-76.
12. Catherine L. Cohan and Stacey Kleinbaum, “Toward A Greater Understanding of the Cohabitation Effect: Premarital Cohabitation and Marital Communication,” Journal of Marriage and Family 64(2002), 180-192.
13. Lee Robins and Darrel Reiger, Psychiatric Disorders in America (New York: Free Press, 1990), 72.
14. Andrew Greeley, Faithful Attraction (New York: Tom Doherty, 1991), 206.
15. Jan E. Stets, “Cohabiting and Marital Aggression: The Role of Social Isolation,” Journal of Marriage and Family 53(1991): 669-680.
16. Todd K. Shackelford, “Cohabitation, Marriage and Murder,” Aggressive Behavior 27(2001), 284-191.
17. Elizabeth Thompson, T. L. Hanson, and S.S. McLanahan, “Family Structure and Child Well-Being: Economic Resources versus Parental Behaviors,” Social Forces 71(1994), 221-242; Rachel Dunifon and Lori Kowaleski-Jones, “Who’s in the House? Effects of Family Structure on Children’s Home Environments and Cognitive Outcomes,” Child Development, forthcoming.

© 2003 Probe Ministries

Acerca del autor

Kerby Anderson es el director nacional de Probe Ministries International. Recibió su B.S. de Oregon State University, M.F.S. de Yale University, y M.A. de Georgetown University. Es autor de varios libros, incluyendo Genetic Engineering (Ingeniería genética), Origin Science (La ciencia de los orígenes), Living Ethically in the 90s (Cómo vivir éticamente en la década del 90), Signs of Warning (Señales de advertencia), Signs of Hope (Señales de esperanza), y Moral Dilemmas (Dilemas morales). Director general y colaborador de los libros Marriage, Family and Sexuality y Technology, Spirituality, & Social Trends, de Kregel Publications. Es un columnista nacionalmente sindicado cuyas editoriales han aparecido en los periódicos Dallas Morning News, Miami Herald, San Jose Mercury, y Houston Post. Es el anfitrión de “Probe,” y suele servir como anfitrión invitado en el programa radial “Point of View” (Punto de vista – USA Radio Network).

http://www.razones.org/razon_dia-119.htm