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Andrés, el que acercaba a otros a Cristo

30 Nov

Andrés, el que acercaba a otros a Cristo

Es el instrumento de encuentro de los hombres con Cristo y que llena de gozo el corazón del mismo Jesús.

Autor: P. Juan J. Ferrán | Fuente: Catholic.net

Andrés es un hombre sencillo, tal vez también pescador como su hermano Simón, buscador de la verdad y por ello lo encontramos junto a Juan el Bautista. No importa de dónde viene ni qué preparación tiene. Parece, por lo que conocemos de él en el Evangelio, que entre otras muchas cosas algo que va a hacer es convertirse en un anunciador de Cristo a otros.

“He ahí el Cordero de Dios” (Jn 1,36). Estando Andrés junto a Juan el Bautista escucha de él estas palabras. De repente se siente inquieto por ellas y se va con Juan tras Jesús. Él les pregunta: ¿Qué buscáis?, a lo que ellos le dicen: ¿Dónde vives?. Jesús entonces les dice: “Venid y lo veréis”. Ellos fueron con Jesús y se quedaron con Él aquel día. Ha sido Juan el Bautista quien les ha enseñado a Cristo, y antes que nada Andrés ha querido hacer personalmente la experiencia de Cristo. Estando junto a él ha descubierto dos cosas: que Cristo es el Mesías, la esperanza del mundo, el tesoro que Dios ha regalado a la humanidad, y también que Cristo no puede ser un bien personal, pues no puede caber en el corazón de una persona. A partir de ahí, la vida de Andrés se va a convertir en anunciadora de Dios para los demás hasta morir mártir de su fe en Cristo.

“Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). La primera acción de Andrés, tras haber experimentado a Cristo, es la de ir a anunciar a su hermano Simón Pedro tan fausta noticia. Simón Pedro le cree y Andrés le lleva con el Maestro. Hermosa acción la de compartir el bien encontrado. Andrés no se queda con la satisfacción de haber experimentado a Cristo. Bien sabe que aquel don de Dios, a través de Juan el Bautista que le señaló al Cordero de Dios, hay que regalarlo a otros, como su Maestro Juan el Bautista hizo con él. Queda claro así que en los planes de Dios son unos (tal vez llamados en primer lugar) quienes están puestos para acercar a otros a la luz de la fe y de la verdad. ¡Gran generosidad la de Andrés que le convierte en el primer apóstol, es decir, mensajero, de Cristo, y además para un hermano suyo!

“Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús” (Jn 12,20). Se refieren estas palabras a una escena en la que unos griegos, venidos a la fiesta, se acercaron a los Apóstoles con la petición de ver a Jesús. Andrés es uno de los dos Apóstoles que se convierte en instrumento del encuentro de aquellos hombres con Cristo, encuentro que llena de gozo el corazón del mismo Jesús. ¿Puede haber labor más bella en esta vida que acercar a los demás a Dios, se trate de personas cercanas, de seres desconocidos, de amigos de trabajo o compañeros de juego? Sin duda en la eternidad se nos reconocerá mucho mejor que en esta vida todo lo que en este sentido hayamos hecho por los otros. Toda otra labor en esta vida es buena cuando se está colaborando a desarrollar el plan de Dios, pero ninguna alcanza la nobleza, la dignidad y la grandeza de ésta.

Andrés se erige así, desde su humildad y sencillez, en una lección de vida para nosotros, hombres de este siglo, padres de familia preocupados por el futuro de nuestros hijos, profesionales inquietos por el devenir del mundo y de la sociedad, miembros de tantas organizaciones que buscan la mejoría de tantas cosas que no funcionan. A nosotros, hombres cristianos y creyentes, se nos anuncia que debemos ser evangelizadores, portadores de la Buena Nueva del Evangelio, testigos de Cristo entre nuestros semejantes. Vamos a repasar algunos aspectos de lo que significa para nosotros ser testigos del Evangelio y de Cristo.

En primer lugar, tenemos que forjar la conciencia de que, entre nuestras muchas responsabilidades, como padres, hombres de empresa, obreros, miembros de una sociedad que nos necesita, lo más importante y sano es la preocupación que nos debe acompañar en todo momento por el bien espiritual de las personas que nos rodean, especialmente cuando se trata además de personas que dependen de nosotros. Constituye un espectáculo triste el ver a tantos padres de familia preocupados únicamente del bien material de sus hijos, el ver a tantos empresarios que se olvidan del bienestar espiritual de sus equipos de trabajo, el ver a tantos seres humanos ocupados y preocupados solo del futuro material del planeta, el ver a tantos hombres vivir de espaldas a la realidad más trascendente: la salvación de los demás.

El hombre cristiano y creyente debe además vivir este objetivo con inteligencia y decisión, comprometiéndose en el apostolado cristiano, cuyo objetivo es no solamente proporcionar bienes a los hombres, sino sobre todo, acercarlos a Dios. Es necesario para ello convencerse de que hay hambres más terribles y crueles que la física o material, y es la ausencia de Dios en la vida. El verdadero apostolado cristiano no reside en levantar escuelas, en llevar alimentos a los pobres, en organizar colectas de solidaridad para las desgracias del Tercer Mundo, en sentir compasión por los afligidos por las catástrofes, solamente. El verdadero apostolado se realiza en la medida en que toda acción, cualquiera que sea su naturaleza, se transforma en camino para enseñar incluso a quienes están podridos de bienes materiales que Dios es lo único que puede colmar el corazón humano. ¿De qué le vale a un padre de familia asegurar el bien material de sus hijos si no se preocupa del bien espiritual, que es el verdadero?

Hay un tema en la formación espiritual del hombre a tener en cuenta en relación con este objetivo. Hay que saber vencer el respeto humano, una forma de orgullo o de inseguridad como se quiera llamarle, y que muchas veces atenaza al espíritu impidiéndole compartir los bienes espirituales que se poseen. El respeto humano puede conducirnos a fingir la fe o al menos a no dar testimonio de ella, a inhibirnos ante ciertos grupos humanos de los que pensamos que no tienen interés por nuestros valores, a nunca hablar de Cristo con naturalidad y sencillez ante los demás, incluso quienes conviven con nosotros, a evitar dar explicaciones de las cosas que hacemos, cuando estas cosas se refieren a Dios. En fin, el respeto humano nunca es bueno y echa sobre nosotros una grave responsabilidad: la de vivir una fe sin entusiasmo, sin convencimiento, sin ilusión, porque a lo mejor pensamos eso de que Dios, Cristo, la fe, la Iglesia no son para tanto.

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El fin del mundo será otro día: las profecías de las que se ríe la ciencia

30 Nov

El fin del mundo será otro día: las profecías de las que se ríe la ciencia

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JUDITH DE JORGE | MADRID Actualizado Lunes , 30-11-09 a las 20 : 01 | abc.es

Desde principios de los tiempos han sido muchos los que han pronosticado el fin del mundo, cada cual con un final distinto, pero siempre a lo grande, con cielos que se abren, explosiones atómicas o meteoros que se estrellan contra la Tierra. Temores como estos resurgen cada pocos años, en algunos casos acompañados de teorías pseudoreligiosas o pseudocientíficas, que a los dos bandos recurren los apocalípticos para elaborar sus estrafalarios augurios. El caso es que las fechas previstas por estos agoreros han pasado sin pena ni gloria, como otro día cualquiera, desde el año 800 en el que el Beato de Liébana pronosticó su Apocalipsis hasta la más reciente, hace poco más de un año, de la puesta en marcha del Gran Acelerador de Hadrones (LHC) en Ginebra. Por cierto, prepárense porque, que se sepa, aún quedan dos finales por llegar: el que causará la misma «máquina del Big Bang» cuando se ponga en marcha de nuevo a toda potencia en enero y, por supuesto, el que algunos pronostican para 2012 en una curiosa interpretación del final del calendario maya. No digan que no les habíamos advertido.

Estas son algunas de las hecatombes más famosas a las que hemos sobrevivido, aunque seguramente el lector podrá añadir algunas más que tenga en su memoria:

  • -La Mir caerá sobre París y se desatará una oleada de desastres: Pasar de 1999 al año 2000 no podía ser algo ordinario. Además de los efectos perversos que el salto de centuria pudiera tener en los ordenadores -instituciones y empresas se prepararon para el acontecimiento-, el mundo se enfrentó a una profecía impresionante que tiene su origen en las teorías de Nostradamus. El excéntrico modisto Paco Rabanne cambió las telas y las agujas por una bola de cristal y advirtió a la Humanidad de que la vieja estación espacial rusa Mir iba a caer sobre la ciudad de París el 11 de agosto de 1999, fecha que coincidía con el último eclipse total del milenio. A partir de ahí, se sucederían una serie de desastres que conducirían sin remedio al fin de los tiempos. ¿Recuerda que hizo ese día? A no ser que algo importante de índole personal ocurriera en su vida, ese 11 de agosto no se diferenció demasiado de cualquier otro día del verano. El diseñador hizo un ridículo espantoso al que luego intentó quitar hierro, pero su reputación había quedado tocada sin remedio.
  • -El triste caso de La Puerta del Cielo: Si podemos tomar a chufla las declaraciones de Rabanne -al fin y al cabo el mayor perjudicado fue él mismo- esta historia es realmente trágica. En 1997, 39 miembros de la secta La Puerta del Cielo se quitaron la vida en la mansión en la que residían en San Diego (California) para que los extraterrestres llevaran sus almas a una nave espacial y evitar así el Armagedón que pronto caería sobre la Tierra. «Prefiero apostar en perder el autobús hacia el cielo que quedarme en este planeta y arriesgarme a perder mi alma. No hemos muerto, simplemente nos hemos mudado de este vehículo que es nuestro cuerpo», declaraba uno de los líderes en un cinta previamente enviada a la cadena de noticias CNN. Esta locura colectiva tuvo imitadores. Meses después, en Canarias, la Policía evitó que 34 adeptos de un grupo pseudorreligioso se suicidaran en el Teide, donde esperaban que les recogiera una nave espacial para salvarlos del fin del mundo.
  • -Un meteorito chocará contra la Tierra: Esta es una de las profecías más habituales y uno de los temores más extendidos en lo que el astrobiólogo David Morrison, un experto de renombre mundial en el sistema solar, denomina «cosmofobia», un miedo sin fundamento a los fenómenos que ocurren en el Universo. El italiano Giorgio Bongiovanni alertaba de que un meteorito chocaría contra nuestro planeta en 1991… porque se lo habían comunicado Jesús y la Virgen. Sus teorías aún circulan por distintas webs de dudoso gusto.
  • -El aviso del cometa Halley: El Halley dio muchísimo de sí a los predicadores del fin de los tiempos. Su paso cerca de la Tierra en 1986 fue interpretado por los amigos de lo oculto como una señal de que pronto íbamos a enfrentarnos al juicio de los juicios. El peruano Sixto Paz, una especie de visionario, calculó en su día que la sarracina mundial se produciría a causa de una gran guerra atómica. En el cielo, el cometa Halley -¿qué demonios tendrá que ver con la bomba atómica?- sería el aviso del sacrificio humano. ¿El resultado? Han pasado más de veinte años…

-¿Que la vida sigue después del día señalado? Pues cambiamos la fecha: Es una estrategia común entre los más desfachatados. Si el fin del mundo no llega cuando lo has previsto, dices que será otro día y tan frescos. Después de leer la Biblia a su manera, William Miller, fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, propuso el epílogo para el 21 de marzo de 1843. Ese día debió de notar algunas miradas suspicaces, así que trasladó un segundo final al 22 de octubre de 1844. No fue el único que se divirtió con un baile de fechas. Los Testigos de Jehová han tenido ya varios apocalipsis (1874, 1914, 1918, 1925, 1940 y 1975). Lo mismo ha ocurrido con los agoreros del LHC, como veremos más adelante.

La Edad Media fue una época rica en predicciones fatalistas a partir de la interpretación de la Biblia. Beato de Liébana eligió el año 800; Arnaldo de Vilanova, 1370… Se inició así una carrera de fracasos que ha llegado hasta nuestros días. El mundo se enfrenta ahora a dos posibles y absurdos finales. Uno ya lo conocemos, y lo más probable es que cuando llegue ocurra lo mismo que ocurrió hace un año: nada. Se trata del miedo que algunos sectores poco informados tienen al LHC. Un grupo internacional denominado ConCERNed incluso lo ha denunciado ante la ONU porque considera que la máquina puede crear un agujero negro que engulla el planeta entero. Ahí es nada. Si todo marcha como está previsto, nos reiremos del tema a principios de 2010, cuando el ingenio, si hay suerte, consiga recrear un «Big Bang» en miniatura.

El segundo final, por si el primero le viene mal, es de película: el de diciembre de 2012. Ya saben, esa interpretación libre del calendario maya sobre la hecatombe que Hollywood y otros interesados se han encargado de engordar en diferenes webs de marketing viral. Vaya preparando su agenda y no haga demasiados planes.