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¡POR SUS FRUTOS LES CONOCERÉIS!

12 Oct
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La verdadera autoridad

12 Oct

“Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (Filemón 6)


La verdadera autoridad

Cuando tenemos un puesto de liderazgo, ¡cuán difícil es ejercerlo sabia y correctamente! Por lo general nos inclinamos al autoritarismo o nos dejamos llevar por el permisivismo. Exigimos obediencia o dejamos hacer sin demasiado control, siendo ambos extremos finalmente perjudiciales. Nos cuesta ejercer con equilibrio la responsabilidad que se nos da.

En el libro de Filemón vemos al Apóstol Pablo ejerciendo autoridad. Veamos cómo lo hace:

Anima a Filemón a ser efectivo

“Para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (Filemón 6)
Reconoce sus méritos

“Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos” (Filemón 7)
Recuerda su propia trayectoria

“Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, mas bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además prisionero de Jesucristo” (Filemón 8-9)
Realiza su petición

“Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones” (Filemón 10)
Da nuevas oportunidades ante el error

“El cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo” (Filemón 11-12)
Muestra respeto

“Pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario” (Filemón 14)
Plantea que son un equipo

“Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo” (Filemón 17)
Asume las responsabilidades

“Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta” (Filemón 18)
Pone límites

“Yo Pablo, lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también” (Filemón 19)
Apela a la responsabilidad del otro

“Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo” (Filemón 20-21)
Le recuerda quién es Pablo

“Prepárame también alojamiento, porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido” (Filemón 22)
¿Tenemos responsabilidades de algún tipo? ¿Estamos bajo la autoridad de alguien? No interesa ni el lugar ni el ámbito en el cual nos movemos, este libro nos puede dar pautas claras para asumir nuestra posición y para hacerlo de manera efectiva y correcta.

“Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo… La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén” (Filemón 3, 25)
Recordemos: La gracia y la paz deben acompañar cualquier posición que ocupemos.

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LA MUJER EN EL TALMUD

12 Oct

LA MUJER EN EL TALMUD, Aurora Salvatierra y Olga Ruiz, Ediciones Riopiedras, Barcelona 2005, 197 páginas. Calle Rocafort, 249, 08029 Barcelona.

En otras ocasiones he comentado obras sobre el Talmud editadas por esta misma Editorial, especializada en literatura hebrea. Insistiendo en lo que escribí para PROTESTANTE DIGITAL el pasado 2 de febrero, desde la antigüedad, el pueblo judío se ha regido según la Ley del código mosaico. Pero paralelamente a la Ley escrita ha desarrollado la Ley oral, que nació y evolucionó para interpretar y complementar la Ley escrita.

De forma convencional, el Talmud se define como el resumen de la Ley oral “desarrollado por siglos de esfuerzo erudito por sabios que vivieron en Palestina y Babilonia hasta el comienzo de la Edad Media. Según Steinsoltz, el Talmud “se compone de dos partes: La Misná, un libro de halajá (Ley) escrito en hebreo y el comentario de la Misná, conocido como Talmud (o Guemará), que es, en el sentido estricto del término, un resumen de discusiones y aclaraciones de la Misná escrito en una mezcla de hebreo y arameo”.

Orfoli dice que el Talmud surge en un tiempo en que Roma, tras la conquista del mundo mediterráneo oriental, se proclamaba como el imperio universal y definitivo. Según David romano, profesor de Filosofía y Letras, “el proceso de elaboración del Talmud abarca los años 212 a 500 de nuestra era”. Este mismo autor añade que entre los años 1520 y 1523 se publicó en Venecia, en 12 volúmenes, la edición Príncipe del Talmud babilónico. Todas las ediciones posteriores, hasta nuestros días, reproducen exactamente la foliación de dicha edición.

Adin Steinsoltz, reconocido internacionalmente como una de las figuras más eruditas y brillantes del judaísmo en el último siglo, afirma que “si la Biblia es la piedra angular del judaísmo, el Talmud es la columna central que emerge desde los cimientos y sostiene todo el edificio espiritual e intelectual”.

Aurora Salvatierra Osorio, 40 años, andaluza, y Olga Ruiz Morell, 37 años, canaria, ambas doctoradas en Filología Hebrea por la Universidad de Granada, han realizado una investigación exhaustiva en el texto del Talmud y el resultado es esta rica antología de escritos rabínicos. En el trabajo de Salvatierra y de Ruiz se aprecia la exquisita sensibilidad femenina que no consiste en esconder la emoción de los textos que recopilan, sino en descubrirlos, aceptarlos y exponerlos. Sus escritos dibujan un mundo que encierra un inagotable repertorio de realidades, escenarios y personalidades. Destaca la presencia constante y silenciosa de un grupo humano del que hablan constantemente los predicadores y a quien pocas veces se deja hablar. Las mujeres hebreas de los tiempos bíblicos.

Las autoras han dividido la Antología en diez hermosos capítulos. En todos ellos hablan las mujeres del Israel antiguo. En estos capítulos se trata una gran diversidad de temas: Del nacimiento a la madurez. De la casa paterna a la del esposo. La perfecta casada. Hablando de sexo. Cuando el matrimonio acaba. Sin la compañía de un hombre: viudas o abandonadas. Mujeres bajo sospecha: sexo fuera del matrimonio. La fuerza de Eros. La guerra de sexos. Cosas de mujeres. Los sabios y las mujeres.

Las mujeres son siempre el tema y el hilo conductor. Los textos son como guías y testigos. Son ellas, las mujeres del mundo de los rabinos hebreos quienes toman la palabra en este libro esclarecedor, instructivo y edificante.

Dos ejemplos: sobre el acta de divorcio : “Dijo Rabí Yehudah: Antes se redactaba la declaración de renuncia de este modo: “No simpatizo con él, no lo quiero y no deseo estar casada con él”. Cuando se vio que la fórmula era demasiado extensa y se podía confundir con un acta de divorcio, la corrigieron de este modo: “El día tal, fulana hija de mengano, declara ante nosotros la renuncia….¿Qué es una declaración de renuncia? Cuando ella dice: “No quiero a mi marido fulano. No quiero el compromiso que mi madre o mis hermanos me concertaron”.

El día de la boda : “Se ha enseñado: ¿Por qué dijeron que una mujer virgen ha de casarse en miércoles? Porque si el esposo tiene alguna queja sobre la virginidad de la novia puede ir temprano al tribunal. Pues que se case en domingo, y si tiene alguna queja sobre la virginidad puede ir el lunes al tribunal. Pero los sabios se preocupan por el interés de las hijas de Israel: el hombre prepara el banquete durante tres días, domingo, lunes y martes, y el miércoles se casa. Pero después de la época de peligro el pueblo tomó la costumbre de casarse en martes y los sabios no se oponen. Los lunes no se casa, pero en caso de fuerza mayor se permite”. Ket 3b.

Las 197 páginas de LA MUJER EN EL TALMUD están saturadas de textos como los que aquí se muestran. La riqueza del legado rabínico que nos ofrece esta obra la convierte en un instrumento de gran valor para los amantes de esta literatura antigua.

Juan Antonio Monroy es escritor y conferenciante internacional.

© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?a=83

El frío de Paul Sartre

12 Oct

El pasado 21 de junio se conmemoró el centenario del nacimiento del filósofo francés Juan Pablo Sartre, que tuvo lugar en París el mismo día y mes del año 1905. Murió en la capital de Francia el 15 de abril de 1980. El cadáver del autor de EL SER Y LA NADA lo llevaron desde el hospital Broussais hasta el cementerio de Montparnase. La revista PARIS MATCH dijo que fue el entierro del siglo, con unas 25.000 personas detrás del coche fúnebre. Ni cuando enterraron a Víctor Hugo o Emilio Zola se vio en París tanta gente para acompañar a un muerto, añadía el cronista.

El frío de Paul Sartre

El pasado 21 de junio se conmemoró el centenario del nacimiento del filósofo francés Juan Pablo Sartre, que tuvo lugar en París el mismo día y mes del año 1905. Murió en la capital de Francia el 15 de abril de 1980. El cadáver del autor de EL SER Y LA NADA lo llevaron desde el hospital Broussais hasta el cementerio de Montparnase. La revista PARIS MATCH dijo que fue el entierro del siglo, con unas 25.000 personas detrás del coche fúnebre. Ni cuando enterraron a Víctor Hugo o Emilio Zola se vio en París tanta gente para acompañar a un muerto, añadía el cronista.

Juan Pablo Sartre fue para el siglo XX lo que Voltaire para el XVIII. La luz de sus escritos iluminó a una Europa hundida entre la penumbra de dos desastrosas guerras mundiales. Aún cuando se rechace su ateísmo, estuvo acertado al decir que el hombre es responsable de su propia existencia. Otra cosa sería caer en los laberintos de la predestinación calvinista o en el fatalismo del Corán. Se nos privaría de nuestra libertad interior. Se anularían nuestras facultades decisorias.

Machado expresó en versos las mismas ideas que Sartre vistió de filosofía: que en la tierra no está todo el camino hecho, que somos dueños absolutos de nuestro destino, que el camino no está andado desde el nacimiento, se hace camino al andar: haciendo surcos, sembrando versos, dejando huellas.

Un año después de nacer Sartre murió su padre, oficial de la marina francesa. El niño fue educado por su abuelo materno, Charles Schweitzer, a la vez abuelo del célebre Alberto Schweitzer. Este nació en 1875, de forma que era 30 años mayor que su primo hermano. El mismo año que se publicó en Argentina la versión castellana de EL DIABLO Y DIOS, donde Sartre mantenía la misma postura atea que ya apuntó en LA NÁUSEA, a Alberto Schweitzer le entregaban en Estocolmo el Premio Nóbel de la Paz 1952 por su total dedicación a favor de las necesidades materiales y espirituales de los habitantes de África.

¿Qué ocurrió para que uno de los dos primos destacara como filósofo ateo y el otro gastara su vida como misionero evangélico en África? ¿Se repetía aquí la historia de Manaén y Herodes, hermanos de leche, uno fiel cristiano y dirigente en la Iglesia primitiva y el otro un anticristiano incrédulo y sanguinario? ¿Estaban Sartre y Herodes predestinados a no creer y Schweitzer y Manaén predestinados a creer?

Por lo que respecta a Sartre, gran culpa de su ateísmo la tuvo el abuelo. Hay que leer LAS PALABRAS, libro autobiográfico, para entenderlo un poco.

El abuelo era dirigente destacado en una congregación evangélica. Pero en el hogar era rígido y proyectaba sobre el nieto un concepto tirano y déspota de Dios. Esta perversión de la personalidad del abuelo le asqueó y contribuyó a apartarle de Dios. “Me era preciso un Creador y me daba un Gran Patrono –explica Sartre en LAS PALABRAS. Y en el mismo libro tiene frases tremendas: “en el fondo todo esto me abatía”- cuenta-. “No me condujo a la incredulidad el conflicto de los dogmas, sino la indiferencia de mis abuelos… Dios me habría sacado de apuros: yo habría sido una obra de arte firmada”.

Teniendo en cuenta que el padre de Alberto Schweitzer era pastor protestante y él mismo misionero en África, ¿le hablarían de Dios a Juan Pablo Sartre? ¿Le explicarían el plan de la salvación?

¡Qué gran pensador cristiano habría tenido Europa si Sartre hubiera seguido los pasos de su tío y de su primo! ¡Qué líder cristiano se malogró por la torcida educación que recibió del abuelo!

Aún así, casi toda la obra de Sartre, con la excepción, tal vez, de EL SER Y LA NADA, está impregnada de una preocupación no disimulada por el problema de Dios. En tanto que Orestes, el personaje de LAS MOSCAS llega a su verdadera grandeza cuando cree descubrir que no hay Dios, que el hombre está solo en el Universo y es dios de sí mismo, tema esencial en la filosofía sartriana, en EL DIABLO Y EL BUEN DIOS Sartre afirma que “no hay más que Dios; el hombre es una ilusión óptica.

Charles Moeller, quien dedica 137 páginas al estudio de la obra de Sartre en el segundo tomo de LITERATURA DEL SIGLO XX Y CRISTIANISMO, cuenta un episodio poco conocido del autor de LA NÁUSEA.

Durante su estancia en un campo de concentración nazi, entre 1940 y 1942, Sartre compuso una pieza teatral para distraer a los prisioneros del campo con motivo de la fiesta de Navidad. Se titulaba BARTOLA, EL HOMBRE QUE QUISO MATAR AL NIÑO JESÚS. En la mañana de Navidad Bartola acude al portal de Belén para matar al Niño. Lleva un puñal en la mano. Ante la puerta del establo, Bartola suelta el puñal sollozando y exclama: “Señor, dadme fuerza para amaros”. Cuando se marchan los ángeles que habían anunciado el nacimiento, los pastores se quejan diciendo: “¡Qué frío hace! ¡Qué frío!”.

La idea de Sartre en esta obra es argumentar que el anuncio del Salvador no cambia nada en el frío del mundo. Y, sin embargo, lo ha cambiado todo. Sartre, que comprendió tantas cosas, vivió, como escribe Moeller, “en permanente desconocimiento del verdadero semblante de la gracia”. También Estragón, uno de los personajes de Samuel Beckett en ESPERANDO A GODOTT, tenía frío y estaba cansado de tanto esperar el personaje misterioso.

Lástima que ni Sartre ni Beckett lo entendieran a tiempo. La ausencia de Dios produce frío en el corazón, en el cuerpo, en el alma . El mejicano Octavio Paz dice en PUERTA CONDENADA que “el fuego del infierno es fuego frío”. No hay peor infierno que el rechazo voluntario de Dios. Sartre sigue teniendo frío.

Juan Antonio Monroy es escritor y conferenciante internacional.

© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2005 (España).

La Biblia del ateo

12 Oct

La Biblia del ateo; edición de Joan Konner, Editorial Seix Barral, Avenida Diagonal 662-664, 08034-Barcelona 2008. Número de páginas: 204.

La Biblia del ateo

El conflicto ideológico entre creyentes y ateos es tan antiguo como la existencia de Eva y el diablo. La creencia y la increencia nacieron en el huerto de Edén, vigilado y protegido por Dios.

Desde entonces, el ateísmo ha sido compañero de la fe en los avatares de la humanidad. Han vivido y convivido juntos. Si recorremos la Historia hacia atrás unos tres mil años y llegamos hasta el Salmo 14 nos encontramos con lo que Spurgeon llamó ateísmo práctico: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios”. En el siglo XVIII, con la Ilustración, el lado ateo estuvo representado por hombres como Diderot, Helvétius, D´Olbach, La Mettrie y otros. Hay quienes incluyen a Voltaire, pero yo me opongo.

En su libro LA CRISIS RELIGIOSA DE NUESTRO TIEMPO, el filósofo francés A. Desqueyrat dice que el ateísmo moderno se ha radicalizado y practica una militancia agresiva, utilizando medios públicos para combatir la fe.

Esto se ha visto recientemente en la llamada guerra de los autobuses, que han estado circulando por el Reino Unido y por ciudades españolas como Barcelona y Madrid.

El iniciador de esta campaña fue el escritor ateo, bastante conocido en Europa, Richard Dawkins. “Los ateos son mucho más numerosos, sobre todo entre la élite educada, de lo que muchos creen”, dijo Dawkins. Y acto seguido se dedicó a recaudar dinero para poner en los costados de los autobuses el lema: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Dawkins se propuso recaudar el equivalente a 6.500 euros para el anuncio de un mes. Lo consiguió sólo en dos horas. Un mes después ya había recibido donativos por un total de 143.200 euros. Ahora mismo hay 800 autobuses en el Reino Unido que predican por las calles las malas nuevas del ateísmo. También los hay en Barcelona y Madrid.

La literatura atea está en pleno auge. En Estados Unidos se publica DIOS NO ES BUENO, de Christopher Hitchens y EL FINAL DE LA FE, de W.W. Norton. Este autor ataca sin piedad y por igual al Cristianismo, al Judaísmo y al Islam. En Francia, uno de los libros más vendidos en 2005 fue TRATADO DE ATEOLOGÍA, escrito por Michael Onfray, y en Italia el matemático Piegorgio Odifreddi colocó en pocos meses 200.000 ejemplares de su obra ¿POR QUÉ NO PODEMOS SER CRISTIANOS?. Todos estos libros han sido publicados en España por diferentes editoriales.

En uno de mis viajes al otro lado del Atlántico compré en el aeropuerto de Houston, Texas, el libro THE ATHEIST´S BIBLE. El año pasado lo vi traducido y publicado en español por la Editorial Seix Barral con el mismo título: LA BIBLIA DEL ATEO.

Se trata de una colección de pensamientos que la periodista de televisión y prensa Joan Konner, norteamericana, ha extraído y seleccionado de obras escritas por autores ateos. Por las páginas desfilan hombres como Mark Twain, Bertrand Russell, George Santillana, Thomas Paine, Robert G. Ingersoll, Woody Allen, Elbert Hubbard, Friedrich Nietzsche, Ambase Bierce y otros grandes escritores que militaron en las filas del ateísmo.

A la vista de estos autores puede suponerse el contenido de LA BIBLIA DEL ATEO.

Aún cuando sea irreverente y un atentado contra todo lo sagrado, reproduzco algunos pensamientos para dar al lector una idea del libro
– Génesis: Si te crees que hay un Dios, un Dios que hizo tu cuerpo y aún así piensas que puedes hacer algo sucio con ese cuerpo, entonces el problema es del fabricante” (Lenny Bruce).
– Dios: “Si hay un Dios, un Dios providente, entonces hemos de deducir que se tomó un enorme trabajo en hacer un mundo de lo más cruel” (Christopher Marlowe).
– Ateismo: “A los ateos a menudo se les acusa de blasfemos, pero ése es un delito que no pueden cometer. Cuando un ateo analiza, denuncia o satiriza a los dioses, no se refiere a personas, sino a ideas. Un ateo es incapaz de insultar a Dios, porque él no admite la existencia de semejante ser” (G.W. Foote). Y otra: “Si no fuera ateo, creería en un Dios que decidiera salvar a la gente basándose en la totalidad de sus vidas y no en sus palabras. Creo que Dios preferiría un ateo honrado y recto a un telepredicador que tiene todo el rato en su boca la palabra Dios, Dios, Dios, y cuyos únicos hechos son locuras, locuras, locuras”. (Isaac Asimov)

En fin, para qué continuar. Las 204 páginas del libro están plagadas de pensamientos semejantes. Demasiado a menudo, en el curso de la polémica entre creyentes y ateos, sus disputas se han asemejado a un debate político o a aquella discusión típica de adolescentes que Ingmar Bergmam retrató en la película FRESAS SALVAJES: “¡Existe un Dios!”. “¡Dios no existe!”. “¡Dios también existe!”.

Es al ateo a quien toca resolver el misterio. El creyente ya lo tiene resuelto a través de la fe.

En el articulo ATEOS que figura en el primero de los 18 tomos de la Enciclopedia de la Revolución Francesa, una joya que tengo en mi biblioteca, Voltaire llega a estas conclusiones: “Incluso si no pudiésemos demostrar la posibilidad del Ser soberanamente perfecto, estaríamos en nuestro derecho a preguntar al ateo las pruebas de lo contrario, puesto que, persuadidos, con razón, de que esta idea no encierra contradicción, le corresponde a él probarnos lo contrario; quien niega tiene el deber de aducir sus razones. Así, todo el peso del trabajo cae sobre el ateo, y quien admite un Dios puede, con toda tranquilidad, dar su asentimiento, dejando a su antagonista el cometido de demostrar la contradicción. Ahora bien, añadimos nosotros, esto es lo que nunca conseguirá”.

Juan Antonio Monroy es escritor y conferenciante internacional.

© J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2009).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?a=2713

Principios sociales del cristianismo

12 Oct

En mi último artículo expuse las opiniones de Carlos Marx sobre los principios sociales del Cristianismo. Aquí destaco lo que el Nuevo Testamento enseña al respecto.

Principios sociales del cristianismo

El cuerpo humano, hecho de tierra y para la tierra, interesa tanto al Cristianismo que Dios mismo se hizo hombre con el fin de mejorar la condición del hombre.

La preocupación del Cristianismo por el entorno social del hombre material es más fuerte que en los escritos de Marx y de Engels. Que el Cristianismo no limita su preocupación al bienestar terreno del hombre, que le señala metas más elevadas, es cierto; pero no es cierto que ignore su problemática social ni sus necesidades terrenas. Mantener que al Cristianismo interesa el hombre sólo para el cielo es desconocer el contenido social del Nuevo Testamento.

Cristo, a quien pertenecían todos los reinos del mundo, nació en un ambiente de extrema pobreza. Pudo haber elegido un palacio por cuna y cortesanos principales como testigos de su encamación. Su cuerpo de niño pudo haber sido envuelto en lujosos tejidos y bañado en aguas perfumadas. Pero en lugar de eso, lo que todos sabemos: la posada rústica, el pesebre hediondo; el primer llanto de Dios hecho niño se confundió con el mugir de las bestias y por el sentido de su olfato recién abierto a la vida penetró el olor aborrecible de los orines y excrementos de los animales.

Esta pobreza extrema y voluntaria tuvo un sentido de solidaridad social con la clase explotada.

Pablo lo explicaría de la siguiente forma: “Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

La solidaridad de Cristo con el mundo del trabajo no quedó en doctrina. Su vida fue un ejemplo vivo y constante: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve”, dijo a los discípulos (Lucas 22:27). Porque: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).

Si Carlos Marx hubiera meditado sin prejuicios el capítulo uno de Lucas no hubiera escrito aquello de que “los principios sociales del cristianismo predican la realidad de una clase gobernante y una oprimida”.

En el capítulo señalado se encuentra el cántico de la Virgen María, pronunciado ante su prima Elisabet. La madre del Salvador era entonces una muchacha entre los 16 y 18 años. Y en sus palabras hay más sentido de solidaridad social que en los escritos más socialistas de Marx.

En el mundo del poder y del dinero los ricos entran y salen llenos. Pero en la economía de Dios ocurre al revés. Dios, dice María, “Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos” (Lucas 1:52-53).

J. A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

© J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

El verdadero opio del pueblo

12 Oct

Carlos Marx, convertido en mito revolucionario a esta altura del siglo XXI, falleció en 1883, hace ahora 125 años. Con tal motivo estoy escribiendo para PROTESTANTE DIGITAL una serie de artículos en torno a Marxismo y Cristianismo. Este es el segundo.

El verdadero opio del pueblo

La frase clásica sobre la crítica de la religión en Carlos Marx es una que figura en su escrito CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO DE HEGEL, de finales de 1843 y enero de 1844. Dice Marx: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu carente de espíritu. Es el opio del pueblo”.

Puede que Marx tuviera razón cuando enjuiciaba un determinado comportamiento religioso. Pero esa religión nada tiene que ver con el Cristianismo de Cristo.

A partir de 1846 las críticas religiosas de Marx son cada vez menos frecuentes. En la CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA, DE 1857, y en EL CAPITAL, de 1867, Marx prácticamente ya no habla de la religión en general; todo a lo más evoca el papel que juega el fenómeno religioso en una determinada sociedad.

Actualmente, el debate sobre la crítica de la religión en Carlos Marx apenas tiene seguidores.

Pero ¿fue Carlos Marx más audaz que Cristo en la crítica a las religiones acomodadas e institucionalizadas?

En tiempos de Cristo coexistían tres grandes grupos religiosos en el seno del judaísmo, formados por escribas, fariseos y saduceos.
Los escribas eran los intérpretes de la Ley, convertidos en una casta sacerdotal.
Los fariseos eran los conductores del pueblo, obligando a cumplir la Ley y actuando en ocasiones por encima de ella.
Los saduceos eran enemigos a muerte de los fariseos. Intervenían en todas las actividades políticas.
Cristo no pudo enfrentarse a protestantes burgueses ni a papas dominadores de la conciencia. No existían. Pero es preciso leer los cuatro Evangelios para concluir que Jesús de Nazaret se anticipó dos mil años a Carlos Marx en la crítica a la religión y lo hizo con más virulencia.

Bastan unos textos de muestra:
“Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13).
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27).
“Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?” (Mateo 3:7).
En un arranque de indignación, Jesús tomó un látigo y la emprendió a latigazos contra quienes hacían de la religión una mercadería vergonzosa. Carlos Marx no llegó a tanto.

J. A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

© J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?a=2117