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Protegidos por Dios

7 Oct

Protegidos por Dios

Escrito por Impacto
miércoles, 30 de julio de 2008

El versículo 4 del Salmo 91 añade: “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro”. Las alas nos hablan de cobertura, de abrigo, de calor y de protección. ¿Habrá una cubierta en la tierra mejor que las alas del Señor? ¿Habrá otro lugar de refugio más seguro en este mundo? ¿Habrá otro abrigo donde nos sentiremos más importantes? Esta imagen bíblica resurge en el lamento sobre Jerusalén de nuestro Señor Jesucristo, que se entristeció al ver que los habitantes de la ciudad no se refugiaban bajo las alas de Dios: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37). La protección divina está supeditada a que la deseemos, y sobre todo, a que permanezcamos debajo de ella.

Cuando algún animal quiere arrebatar a los polluelos, primero tiene que enfrentarse con la gallina que los protege, y sólo sobre su cadáver podrá tocarlos. Y asimismo, cuando nos mantenemos bajo las alas del Señor, el diablo tendrá que pasar por encima de Dios para poder alcanzarnos. ¿Dónde está, pues, aquel que podrá pasar por encima del Omnipotente? Ni en el cielo, ni en los aires, ni en la tierra, ni en el infierno hay alguien que sea capaz de arrebatarnos de las manos de Dios.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie los arrebatará de mi mano. Mi padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:27-30).

Su mano y su protección no se han cortado para con nosotros, y que nos concienciemos acerca de lo inconmensurable de su poder. Buscar la cobertura del Altísimo que es la cobertura más grande que podamos hallar en este mundo, no nos salgamos, pues, de ella jamás.
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LA ORACIÓN EN RELACIÓN CON LAS REUNIONES DE ORACIÓN

7 Oct

LA ORACIÓN EN RELACIÓN CON LAS REUNIONES DE ORACIÓN

C. H. Mackintosh

Al considerar el tema tan importante de la oración, dos cosas reclaman nuestra atención; primeramente, la base moral de la oración; en segundo lugar, sus condiciones morales.

1. La base moral de la oración

La Escritura nos presenta la base moral de la oración en palabras tales como éstas: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:21, 22). Cuando el apóstol deseó que los creyentes oraran por él, les presentó la condición moral de su ruego al decir: “Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18).

De estos pasajes y de muchos otros de similar importancia, aprendemos que, para que la oración sea efectiva, es necesario un corazón obediente, una mente recta y una buena conciencia. Si no estamos en comunión con Dios, si no permanecemos en Cristo, si sus mandamientos no nos gobiernan, si no tenemos “un ojo sencillo”, ¿cómo podemos esperar respuestas a nuestras oraciones? Estaríamos haciendo lo que Santiago dice: “Pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (4:3). ¿Cómo puede Dios, siendo un Padre santo, concedernos tales peticiones? ¡Imposible!

Cuán necesario es, pues, prestar la más seria atención a la base moral sobre la cual presentamos nuestras oraciones. ¿Cómo podía el apóstol Pablo pedirles a los hermanos que oraran por él si él no hubiera tenido una buena conciencia, un ojo simple y un corazón recto, la persuasión interior de que en todas las cosas deseaba realmente vivir honestamente? Hubiese sido imposible.

Podemos caer en el hábito de pedirles a otros, a la ligera y regularmente, que oren por nosotros. A menudo repetimos la frase: «Tenme presente en tus oraciones», y, seguramente, no hay nada más precioso que saber que somos llevados en el corazón del amado pueblo de Dios cuando se acercan al trono de la gracia. Pero ¿le damos la debida importancia a la base moral? Cuando decimos: «Oren por nosotros, hermanos», ¿podemos agregar, como en la presencia del que escudriña los corazones: “Pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18)? Y cuando nos inclinamos ante el trono de la gracia, ¿tenemos un corazón que no nos condena, un corazón recto y un ojo sencillo, un alma que permanece de veras en Cristo y que guarda sus mandamientos?

Estas preguntas sondean el corazón, y llegan a lo más profundo de él; descienden hasta las mismas raíces de las fuentes morales de nuestro ser. Pero es bueno que nuestros corazones sean profundamente escudriñados con respecto a todas las cosas, más particularmente en lo que respecta a la oración. Hay mucha falta de realidad en nuestras oraciones, una triste falta de base moral, mucho de “pedís mal”; de ahí que nuestras oraciones no tengan poder ni efectividad; de ahí la formalidad, la rutina, y hasta la positiva hipocresía. Por eso el salmista dijo: “Si en mi corazón hubiese yo mirado la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18). ¡Qué solemne! Nuestro Dios quiere la realidad de las cosas, él ama “la verdad en lo íntimo”. Él —bendito sea su Nombre— es verdadero con nosotros; y quiere que nosotros seamos verdaderos con él. Quiere que vayamos a él como somos en realidad, con lo que verdaderamente buscamos.

Lamentablemente, ¡cuán a menudo nuestras oraciones privadas y públicas no son así! ¡Cuán a menudo nuestras oraciones son más discursos que peticiones; más exposiciones doctrinales que expresiones de necesidad! Es como si quisiéramos explicarle a Dios los principios y darle una gran cantidad de información.

Estas cosas son las que a menudo ejercen una influencia tan desecante sobre nuestras reuniones de oración y les roban frescura, interés y valor. Aquellos que saben realmente lo que es la oración, que experimentan el valor de ella, y que son conscientes de la necesidad de orar, van a la reunión de oración para orar, no para escuchar discursos, conferencias ni exposiciones de personas arrodilladas. Si tienen necesidad de aprender, pueden asistir a las reuniones o conferencias donde se estudia la Palabra de Dios; pero cuando van a la reunión de oración, es para orar. Para ellos la reunión de oración es el lugar para expresar las necesidades y esperar la bendición. Es el lugar en el que se expresa la debilidad y se espera el poder. Ésta es su idea del lugar “donde suele hacerse la oración” (cf. Hechos 16:13); y, por ese motivo, cuando estos cristianos se reúnen allí, no están dispuestos ni preparados para escuchar largas predicaciones en forma de oración, a duras penas soportables si fueran verdaderas predicaciones, pero de esta forma, intolerables.

Escribimos claramente porque sentimos la necesidad de una gran sinceridad de lenguaje; sentimos una profunda falta de realidad, sinceridad y verdad en nuestras oraciones individuales y en nuestras reuniones de oración. A veces sucede que lo que llamamos oración, no es en absoluto una oración, sino la profusa exposición de ciertas verdades conocidas y reconocidas, cuya constante repetición se vuelve sumamente pesada y tediosa. ¿Qué puede ser más penoso que escuchar a una persona de rodillas cómo explica principios y desarrolla doctrinas? Es imposible escapar a la pregunta: Este hombre ¿está hablándole a Dios o a nosotros? Si le está hablando a Dios, nada puede ser más irreverente o profano que tratar de explicarle las cosas a él. Si la persona nos está hablando a nosotros, entonces eso no es oración, y cuanto más pronto dejemos la actitud de «oración» tanto mejor, porque sería más provechoso que diera una conferencia de pie y nosotros estuviésemos sentados en nuestros asientos para escuchar.

Al hablar de la actitud, quisiéramos con todo amor llamar la atención de los santos sobre un asunto que, a nuestro juicio, demanda una seria consideración. Nos referimos al hábito de permanecer sentados durante los santos y solemnes ejercicios de la oración. Reconocemos plenamente que lo importante, en la oración, es tener la actitud correcta en el corazón. Sabemos, además, y no debemos olvidarlo, que muchos de los que van a las reuniones de oración son de edad avanzada, están enfermos, delicados, y que no se pueden arrodillar por ratos largos, si es que lo pueden hacer. En otros casos puede suceder que, aun cuando no haya debilidad física y exista un verdadero y sincero deseo de arrodillarse, en el sentimiento de que tal es la actitud que conviene delante de Dios, resulte imposible, por falta de espacio, cambiar de posición para arrodillarse.

Todas estas cosas deben ser tomadas en consideración. Pero, permitiendo el mayor margen posible a estos casos particulares, nos vemos sin embargo forzados a reconocer que hay a menudo una lamentable falta de reverencia en muchas de nuestras reuniones públicas de oración. A menudo vemos a jóvenes que no pueden invocar ni debilidad física ni falta de espacio, sentados durante toda la reunión de oración. Esto, debemos decirlo, es chocante e irreverente, y no podemos sino creer que ello contrista al Espíritu del Señor. Debiéramos arrodillarnos siempre que nos sea posible. Esta actitud expresa respeto y reverencia. El bendito Maestro, “puesto de rodillas oró” (Lucas 22:41). El apóstol Pablo hizo lo mismo: “Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos” (Hechos 20:36).

Y ¿no es adecuado y conveniente que sea así? ¿Puede haber algo más inadmisible que ver en una asamblea algunas personas sentadas, ensanchándose y extendiéndose en el asiento con toda comodidad, distraídas, mientras que se ofrece la oración? Consideramos todas estas cosas muy irreverentes, y suplicamos aquí urgentemente a todos los hijos de Dios que den a este tema su solemne consideración, y que hagan todos los esfuerzos posibles, tanto mediante el ejemplo como mediante el consejo, para promover la piadosa y bíblica costumbre de inclinar nuestras rodillas en las reuniones de oración. Aquellos que toman parte en la reunión, volverían todo esto mucho más fácil mediante oraciones cortas y fervientes. Pero dejaremos este tema para más adelante.

2. Las condiciones morales para orar

Vamos a considerar ahora, a la luz de la Palabra de Dios, las condiciones morales o los atributos de la oración. Nada es más precioso que tener la autoridad de las Escrituras para todo acto de nuestra vida cristiana práctica. La Escritura debe ser nuestro único, gran y supremo árbitro en todas nuestras dificultades; no lo olvidemos jamás.

¿Qué, pues, dice la Escritura en cuanto a las condiciones morales necesarias de la oración en común, dado que éste es el tema que nos ocupa aquí? Abramos la Biblia en Mateo 18:19: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”

Aquí aprendemos que una de las condiciones que requieren nuestras oraciones es la unanimidad —acuerdo sincero y de corazón—, completa unidad de pensamiento. La verdadera fuerza de las palabras es: «Si dos de vosotros están acordes» (del griego: συμφωνησωσιν = sumphonesosin», de donde viene sinfonía), emitirán un solo sonido. No debe haber ningún ruido desagradable, nada discordante.

Si, por ejemplo, nos reunimos para orar por el progreso del Evangelio, la conversión de las almas, debemos estar unidos como una sola mente en este tema, debemos producir un solo sonido delante de Dios. De nada sirve que cada uno aporte algún pensamiento particular. Debemos venir ante el trono de la gracia con santa «armonía» de mente y espíritu si queremos una respuesta de acuerdo con Mateo 18:19.

Éste es un punto de inmensa importancia moral, y que influye muchísimo en el tono y el carácter de nuestras reuniones de oración. Sin duda no le damos a este tema la suficiente atención. ¿Acaso no debemos deplorar el carácter sin objeto de nuestras reuniones de oración, cuando deberíamos reunirnos con un propósito definido en nuestros corazones para poder esperar todos juntos en Dios? El libro de los Hechos, capítulo 1, nos dice que los primeros discípulos “perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (v. 14)1. En Hechos 2 leemos: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (v. 1).

Estaban esperando, de acuerdo con las instrucciones del Señor, la promesa del Padre, el don del Espíritu Santo. Ellos tenían la segura palabra de la promesa. El Consolador, indefectiblemente, vendría; pero esto, lejos de dispensarlos de la oración, constituía la base misma de este bendito ejercicio. Estaban en un mismo lugar, orando unánimes. Estaban completamente de acuerdo. Todos tenían un propósito definido en su corazón. Estaban esperando la promesa del Espíritu Santo y ¡continuaron esperando unánimes hasta que llegó! Todos, hombres y mujeres, estaban cautivados por un solo objetivo. Día tras día esperaron con santo acuerdo, con feliz armonía, ardientemente, con fervor, hasta que de lo alto fueron revestidos del poder prometido.

¿No deberíamos nosotros hacer lo mismo? ¿Acaso no hay una lamentable falta de este principio de “unanimidad” y de reunirnos “juntos” (en un solo lugar), entre nosotros (Hechos 2:1)? Es cierto —bendito sea Dios— que no tenemos que pedir que el Espíritu Santo venga porque ya vino, pero sí tenemos que pedir la manifestación de su poder en nuestras reuniones. Supongamos que nos haya tocado estar en un lugar donde reinan la muerte y las tinieblas espirituales; donde no hay un solo hálito de vida, una sola hoja que se mueva; donde los cielos parecen como bronce, y la tierra como hierro. Donde nunca se oye ni siquiera que haya habido una conversión. Donde un formalismo desecante domina por todos lados. Donde una profesión sin poder, una rutina muerta y una religiosidad mecánica, están a la orden del día. ¿Qué debemos hacer? ¿ Dejarnos paralizar o ganar por esta atmósfera malsana y mortal? ¡Seguramente que no! ¿Qué, pues, debemos hacer? Reunirnos —aunque sean sólo dos los creyentes que se den cuenta de la triste condición de las cosas—, y, unánimes, derramar nuestros corazones delante de Dios. Esperemos en él unidos, con santo acuerdo y con un firme objetivo, hasta que envíe una abundante lluvia de bendiciones sobre el lugar seco y estéril. No nos crucemos de brazos ni digamos: “No ha llegado aún el tiempo” (Hageo 1:2), ni nos dejemos llevar por ese pernicioso razonamiento de una teología torcida, justamente llamada fatalismo y que dice: «Dios es soberano y hace todo de acuerdo con su propia voluntad, de modo que sólo nos queda esperar su tiempo. Todo esfuerzo humano es inútil. No podemos suscitar un avivamiento. Debemos cuidarnos de la mera excitación.»

Todos estos razonamientos parecen plausibles, y tanto más cuanto tienen una medida de verdad. Por cierto que todo esto es verdad, pero sólo es una verdad parcial. Es la verdad y nada más que la verdad; pero no es toda la verdad. De ahí su perniciosa influencia. ¡No hay nada más terrible que tomar un solo lado de la verdad! ¡Es mucho más peligroso que el error positivo y palpable! Muchas almas fervientes han tropezado y se han desviado completamente del camino recto por medias verdades o por verdades mal aplicadas. Muchos fieles y útiles siervos de Dios se han enfriado, desanimado y hasta salido del campo de la cosecha por la insistencia poco juiciosa que se ha puesto en la enunciación de ciertas doctrinas que tenían una medida de verdad, pero no toda la verdad de Dios.

Nada, sin embargo, puede tocar la verdad o debilitar la fuerza de la declaración del Señor en Mateo 18:19. Ella permanece con toda su bendita plenitud, libertad y valor ante los ojos de la fe. Es clara y no puede haber equivocación. “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” Aquí está nuestro certificado para reunirnos en oración para cualquier cosa que esté en nuestro corazón. ¿Nos dolemos por la frialdad, la esterilidad y la muerte espiritual que hoy en día hay a nuestro alrededor? ¿Nos desanimamos por el aparente poco fruto de la predicación del Evangelio, la falta de poder en la misma predicación y la falta de resultados prácticos? ¿Nos descorazona la esterilidad, la pereza, la pesadez y el tono poco elevado de todas nuestras reuniones, ya sea a la Mesa del Señor, ante el trono de la gracia o alrededor de la fuente de las Santas Escrituras? ¿Qué debemos hacer? ¿Debemos cruzarnos de brazos con fría e incrédula indiferencia, darnos por vencidos con desesperación, quejarnos, murmurar, enojarnos o irritarnos? ¡No, Dios no lo permita! Debemos reunirnos “todos unánimes juntos” y postrarnos sobre nuestros rostros delante de nuestro Dios, y derramar nuestros corazones como si fuera un solo corazón, y suplicar que se cumpla Mateo 18:19.

Éste es el gran remedio, el recurso infalible. Es cierto que «Dios es soberano», pero por eso mismo debemos esperar en él. Es verdad que «el esfuerzo humano es inútil», y por esa misma razón hay que buscar el poder divino. Es perfectamente cierto que «no podemos suscitar un avivamiento», y por eso debemos buscarlo de rodillas. Y es cierto también que «debemos cuidarnos de la mera excitación», pero, al mismo tiempo, hay que cuidarse de la indiferencia fría, muerta y egoísta.

Mientras Cristo esté a la diestra de Dios, mientras el Espíritu Santo esté en medio de nosotros y en nuestros corazones, mientras tengamos la Palabra de Dios en nuestras manos, mientras Mateo 18:19 brille delante de nosotros, no hay ninguna excusa para la esterilidad, el entumecimiento y la indiferencia, ninguna excusa para que las reuniones sean pesadas y sin provecho, ni para la falta de frescura en nuestras asambleas ni para que falte el fruto de nuestro servicio. Esperemos en Dios con santo acuerdo. Entonces, con seguridad vendrá la bendición.

3.

En Mateo 21:22 encontramos otra condición moral esencial para la oración efectiva. “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.” ¡Ésta es una afirmación verdaderamente maravillosa! Le abre a la fe la tesorería del cielo. No hay ningún límite. Nuestro bendito Señor nos asegura que vamos a recibir lo que pidamos con fe sencilla.

El apóstol Santiago, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos da una seguridad parecida cuando pedimos sabiduría: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero” —aquí está la condición moral— “pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:5-7).

De estos dos pasajes aprendemos que, para que Dios conteste nuestras oraciones, éstas deben ser oraciones de fe. Una cosa es decir palabras en forma de oración, y otra muy distinta orar con fe sencilla, con la seguridad completa, clara y firme de que tendremos lo que pedimos. Es de temerse que muchas de las que llamamos oraciones no pasan del techo del lugar en que las pronunciamos. Para alcanzar el trono de Dios, nuestras oraciones deben ser llevadas en las alas de la fe y provenir de corazones unidos y mentes de acuerdo, con el santo propósito de esperar en Dios por todo lo que necesitamos.

¿No es cierto que nuestras oraciones y reuniones de oración son tristemente deficientes en este sentido? Y esta deficiencia se manifiesta por el hecho de que nuestras oraciones tienen tan poco resultado. ¿No deberíamos examinarnos seriamente y darnos cuenta de la medida en que realmente entendemos estas dos condiciones de la oración: el acuerdo o unanimidad y la confianza de fe? Cristo dijo que, si dos personas se ponen de acuerdo para pedir con fe, pueden pedir lo que quieran y les será hecho. ¿Por qué, entonces, no vemos respuestas más abundantes a nuestras oraciones? ¿No será nuestra la falta? ¿No estaremos fallando en la unanimidad y la confianza?

En Mateo 18:19 el Señor desciende al número más pequeño, habla de la congregación más pequeña —la de “dos”— aunque, por supuesto, la promesa también se aplica al número de personas que fuese. El punto esencial es que, aunque haya sólo dos, deben estar completamente de acuerdo y plenamente convencidos de que recibirán lo que piden. Si esto fuera así en lo que respecta a nosotros, nuestras reuniones de oración también tendrían un tono y un carácter muy distintos. Las haría mucho más efectivas de lo que, lamentablemente, vemos a menudo: reuniones de oración pobres, frías, muertas, sin objeto ni ilación, mostrando cualquier otra cosa menos el sincero acuerdo y la fe sin incertidumbre.

¡Qué diferencia tan grande habría si nuestras reuniones de oración fueran el resultado de un verdadero acuerdo de corazón y de pensamiento hecho entre dos o más creyentes que juntos llegan para esperar de Dios algo específico, y luego perseveran en la oración hasta recibir la respuesta! ¡Qué poco se ve esto! Puede que todas las semanas vayamos a la reunión de oración —y qué bueno que lo hagamos—, pero, delante de Dios, ¿no deberíamos ser ejercitados a fin de darnos cuenta hasta qué punto nos hemos puesto de acuerdo entre nosotros en cuanto al asunto o a los asuntos que hemos de poner delante del trono de la gracia? La respuesta a esta pregunta se vincula con otra de las condiciones morales de la oración.

Leamos en Lucas 11: “¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (v. 5-10).

Estas palabras son sumamente importantes, puesto que son parte de la respuesta del Señor a la petición de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar.” Que nadie se imagine ni por un instante que nos tomaríamos el atrevimiento de enseñarle a la gente a orar. ¡Dios no lo permita! ¡Nada más lejos de nuestros pensamientos! Procuramos simplemente poner a las almas de nuestros lectores en contacto directo con la Palabra de Dios —las verdaderas palabras de nuestro bendito Señor y Maestro—, a fin de que, a la luz de estas palabras, puedan juzgar pos sí mismos si nuestras oraciones y nuestras reuniones de oración son lo que debieran ser.

¿Qué, pues, nos enseña Lucas 11? ¿Cuáles son las condiciones morales que nos presenta este pasaje? En primer lugar, nos enseña a ser específicos en nuestras oraciones. “Amigo, préstame tres panes.” Hay una necesidad positiva, sentida y expresada; un objeto específico en su mente y en su corazón, y él se limita a este único objeto. No hace una exposición larga, con rodeos, sin ilación, en la que menciona todo tipo de cosas. Su demanda es clara, directa y puntual: «Préstame tres panes; es un caso urgente y no puedo irme sin ellos»; la hora está avanzada; todas las circunstancias hacen que la súplica sea más imperiosa y precisa. El hombre no puede renunciar a aquello que vino a buscar: “Amigo, préstame tres panes.”

Sin duda parecía un momento muy inadecuado para venir —“medianoche”—. Todo parece desalentador. El amigo ya se había acostado y cerrado la puerta, los niños ya estaban acostados, no podía levantarse. Sin embargo, la necesidad específica es recalcada: tiene que tener tres panes.

Ésta es una gran lección práctica que puede aplicarse con inmenso provecho a nuestras oraciones y reuniones de oración. Éstas —debemos confesar— sufren oraciones largas, llenas de rodeos y sin ningún objeto preciso. Muchas veces mencionamos un montón de cosas por las que de veras no sentimos necesidad y respecto de las que en realidad no esperamos una respuesta. ¿No es cierto que a menudo no tendríamos una respuesta que dar si, al final de nuestras reuniones de oración, se nos apareciera el Señor y nos dijera: «¿Qué es lo que realmente quieren que yo haga o que les de?».

Todo esto reclama de nuestra parte una seria consideración. Si nosotros fuéramos a la reunión de oración con necesidades precisas en nuestro corazón, por las cuales podríamos pedir la comunión de nuestros hermanos, eso haría que las reuniones tuvieran gran fervor, frescura, brillo, profundidad, realidad y poder. A algunos de nosotros nos parece necesario hacer una oración larga mencionando toda clase de cosas, muchas de las cuales son sin duda correctas y buenas; pero la mente se pierde en la multiplicidad de temas. Cuánto mejor es llevar ante el trono una sola petición, implorar con ahínco, y luego esperar, de modo que el Espíritu Santo pueda guiar a otros, de igual manera, para orar por lo mismo, o por alguna otra cosa igualmente definida.

Las oraciones largas en nuestras reuniones son cansadoras; y ciertamente en muchos casos son una positiva calamidad. Puede que alguno nos diga que no debemos ponerle ningún límite de tiempo al Espíritu Santo: ¡Lejos de nosotros tan terrible pensamiento! Simplemente estamos comparando lo que encontramos en las Escrituras con lo que a menudo —aunque no siempre, gracias a Dios— hallamos en nuestras reuniones de oración (léase Mateo 6; Juan 17; Hechos 4:24-30; Efesios 1; 3, etc.). Tengamos en cuenta, pues, que, en las Escrituras, las “largas oraciones” no son la regla. Lo dicho en Marcos 12:40 se refiere a ellas en términos fuertemente condenatorios. Las oraciones fervientes, breves y puntuales le dan frescura e interés a la reunión de oración, mientras que, en general, las oraciones largas y sin un propósito definido causan profunda depresión en todos los asistentes.

Pero hay todavía otro muy importante rasgo moral de la verdadera oración en la enseñanza del Señor en Lucas 11, y es la “importunidad” o insistencia. El Señor nos dice que el hombre logra su objetivo simplemente por su gran insistencia. No se dio por vencido; tenía que llevar los tres panes. La insistencia prevaleció incluso cuando los derechos de la amistad no eran suficientes. El hombre estaba decidido a lograr su propósito. No tenía alternativa. Se presentó una necesidad, y él no tenía ninguna respuesta: “un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante”; y no iba a aceptar una negativa.

¿Hasta qué punto comprendemos esta gran lección? El punto aquí no es que Dios —bendito sea su nombre— siempre nos contestará “desde adentro”. Que jamás nos dirá: “No me molestes”, o “No puedo levantarme y dártelos”. Él es siempre nuestro “Amigo” fiel, y siempre está dispuesto; es un Dador que siempre da alegre y abundantemente, y sin hacer reproches. Sin embargo, él nos anima a la importunidad, a insistir, y debemos recordar siempre su enseñanza. Pero a menudo en nuestras reuniones de oración hay una gran falta de esto, así como de especificar lo que queremos. Estas dos cosas van muy pero muy juntas. Cuando lo que se busca es tan definido como “tres panes”, por lo general habrá insistencia de pedir por ellos, y tendremos la firme intención de obtenerlos. El simple hecho es que somos demasiado vagos en lo que pedimos y, en consecuencia, demasiado indiferentes. Pero en nuestras reuniones de oración a menudo no nos portamos como personas que piden lo que quieren y luego esperan lo que pidieron. Esto es lo que arruina nuestras reuniones de oración, y lo que las vuelve apagadas, sin propósito, sin poder, y sólo terminan siendo reuniones de enseñanza o charlas fraternales, en lugar de ser la ocasión en que presentamos a Dios nuestras fervientes y tenaces peticiones. Estamos convencidos de que toda la Iglesia de Dios necesita ser despertada a este respecto, y esta convicción es lo que nos anima a presentar estas ideas y estas reflexiones.

4.

Cuanto más meditamos el tema que ha venido ocupando nuestra atención, más consideramos el estado de toda la Iglesia de Dios y más estamos convencidos de la necesidad urgente de un completo despertar, en todo lugar, en cuanto a la oración. Hemos tratado de presentar a nuestros lectores algunas reflexiones y algunos consejos sobre este punto tan importante. Hemos señalado nuestra falta de confianza, de unanimidad, de precisión y de importunidad. Hemos hablado, en términos claros, de muchas cosas que son sentidas por todos aquellos que son verdaderamente espirituales entre nosotros. Hemos hablado de las oraciones que predican, de las oraciones largas, fatigantes y sin propósito, que destruyen el verdadero poder y la bendición de las reuniones de oración, lo cual, en algunos casos, ha provocado que los queridos hijos de Dios hayan dejado de asistir a ellas. En lugar de sentirse refrescados, consolados y fortalecidos, sólo sienten cansancio, aflicción y disgusto. Por eso, las personas prefieren no ir. Piensan que es más provechoso pasar una hora de tranquilidad en lo privado de su propio cuarto, donde pueden derramar sus corazones delante del Señor en fervientes oraciones y súplicas, que ir a una «reunión de oración» en la que se cansan con el desvaído canto de los himnos o con largas oraciones-sermones.

Estamos plenamente persuadidos de que este proceder es erróneo, y de que ésta no es la forma de resolver el problema al que nos referimos. Si es bueno reunirse para orar y hacer súplicas —¿y quién podría dudarlo?—, entonces no es correcto que alguien falte simplemente a causa de la debilidad, de las faltas o hasta la insensatez de algunos de los participantes de la reunión. Pero si todos los miembros verdaderamente espirituales no fueran a las reuniones por tales razones, ¿qué sería de la reunión de oración? Muy poco nos damos cuenta de lo importante que son los elementos que componen una reunión. Aunque no tengamos una participación audible en la oración, si asistimos con el espíritu correcto, para esperar realmente en Dios, siempre podemos ser de mucha ayuda para mantener el tono de la reunión y asegurar la bendición.

Debemos recordar también que, al asistir a una reunión, no lo hacemos sólo por nuestra comodidad, provecho y bendición, sino que debemos pensar en la gloria del Señor. Debemos procurar ser conducidos por su bendita voluntad y en lo posible tratar de promover el bien de los demás. Ninguno de estos fines —estemos seguros de eso— puede lograrse si a propósito nos ausentamos del “lugar donde suele hacerse la oración”.

Hablamos —y lo repetimos con énfasis— de nuestro alejamiento voluntario y a propósito, bajo el pretexto de que no hallamos ningún provecho por lo que pasa en la reunión. Es cierto que hay muchas cosas que a veces impiden que estemos presentes: enfermedad, deberes de familia, reclamos legítimos de nuestro tiempo si estamos en relación de dependencia laboral. Todas estas cosas han de tenerse en cuenta. Pero, por regla general, es un hecho que el que se ausenta de la reunión de oración deliberadamente, está en mal estado espiritual. El alma que está en un buen estado, un alma saludable, feliz, ferviente y diligente, estará con toda seguridad en la reunión.

Todo lo que precede nos conduce naturalmente a otra de estas condiciones morales de la oración, que nos han ocupado hasta aquí. Leamos Lucas 18:1-8. “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.”

Aquí nuestra atención se dirige hacia la importante condición moral de la perseverancia. Los hombres deberían sentir “la necesidad de orar siempre, y no desmayar”. Esto está muy relacionado con la necesidad de orar de forma específica e insistente. Queremos algo y no podemos vivir sin ello. Esperemos en Dios con insistencia, unidos, creyendo y perseverando, hasta que, en su gracia, él nos dé la respuesta, como seguramente lo hará si la base y las condiciones morales se mantienen apropiadamente.

Pero ¡debemos perseverar! No debemos desmayar y darnos por vencidos si la respuesta no viene tan rápido como esperábamos. Puede ser que a Dios le agrade ejercitar nuestras almas al mantenernos esperando en él por días, meses o tal vez años. Tal ejercicio es bueno. Es moralmente saludable. Tiende a hacernos más genuinos. Nos hace descender hasta la raíz de las cosas. Miremos, por ejemplo, a Daniel. Permaneció durante “tres semanas” en aflicción, sin comer, esperando en Dios, en un profundo ejercicio de alma: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas” (Daniel 10:2-3).

Todo esto era para el bien de Daniel. Recogió una profunda bendición en los ejercicios espirituales a través de los cuales este fiel siervo de Dios fue llamado a pasar durante esas tres semanas. Y, lo que es particularmente digno de notar, es el hecho de que la respuesta a su clamor ya había sido enviada desde el trono de Dios desde el principio mismo de su ejercicio, como lo leemos en el v. 12: “Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas” —¡cuán maravilloso es este misterio!— “el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días” (Daniel 10:12-14).

Daniel estaba afligido, castigándose a sí mismo y esperando en Dios. El mensajero angelical ya venía de camino con la respuesta. Dios le permitió al enemigo que estorbara, pero Daniel continuó esperando. Siguió orando sin desmayar y la respuesta llegó a su debido tiempo.
¿Acaso no hay aquí una lección para nosotros? Es posible que nosotros también tengamos que esperar largo tiempo en santa actitud y con espíritu de oración; pero nos daremos cuenta de que este tiempo de espera es de mucho provecho para nuestras almas. Muchas veces nuestro Dios, en su sabiduría y fidelidad en su trato con nosotros, considera que es mejor retener la respuesta simplemente para probar la realidad de nuestras oraciones. El gran punto para nosotros es que tengamos un objetivo en nuestros corazones que el Espíritu Santo haya puesto, un propósito respecto del cual podamos poner el dedo de la fe sobre alguna promesa específica de la Palabra, y luego, perseverar en la oración hasta recibir lo que necesitamos. “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18).

Todo esto demanda de nuestra parte la más seria consideración. Tenemos una lamentable falta de perseverancia, de la misma forma que nos falta ser específicos e insistentes; y eso hace que nuestras oraciones sean débiles y nuestros servicios de oración fríos. No nos reunimos con un propósito definido y, por lo tanto, no somos insistentes ni perseveramos. En resumen, nuestras reuniones de oración, a menudo sólo son una aburrida rutina, un servicio frío y mecánico, una sucesión de himnos y oraciones sin unción ni poder, que hace que nuestro espíritu se queje bajo la pesada carga de un mero ejercicio corporal sin ningún provecho.

Hablamos abiertamente y con fuerza, porque lo sentimos vivamente. Debe permitírsenos hablar sin reserva. Suplicamos a toda la Iglesia de Dios, en todo lugar, que enfrente con sinceridad esta cuestión, mirando a Dios y juzgándose a sí misma al respecto. ¿Sentimos la falta de poder en nuestras reuniones públicas? ¿Por qué hay tiempos estériles ante la Mesa del Señor? ¿Por qué el aburrimiento y la debilidad en la celebración de esta preciosa fiesta que debería sacudir las partes más profundas de nuestro ser renovado? ¿Por qué hay falta de unción, de poder y de edificación en nuestras predicaciones? ¿Por qué las necias especulaciones y las vanas cuestiones suscitadas y respondidas tantas veces durante estos últimos cuarenta años? ¿Por qué todas estas miserias de que hemos hablado, y sobre las cuales tanto se han lamentado por todas partes aquellos que son verdaderamente espirituales? ¿Por qué la esterilidad de nuestro servicio en la evangelización? ¿Por qué tan poca acción de la Palabra en nuestras almas? ¿Por qué tan poco eficaz el poder que congrega?

Amados hermanos en el Señor, despertemos y consideremos seriamente este importante tema. No nos contentemos con la presente situación. Hacemos un llamamiento a todos los que reconocen la verdad de lo que hemos expuesto en estas páginas sobre la oración y las reuniones de oración, para que se unan de común acuerdo, con fervientes oraciones y súplicas. Busquemos reunirnos según Dios, vayamos a él como un solo hombre, prosternémonos ante el trono de la gracia y esperemos en Dios con perseverancia para que dé un avivamiento a su obra, para el progreso del Evangelio y para la reunión y la edificación de su amado pueblo.

Que nuestras reuniones sean verdaderas reuniones de oración, y no la ocasión de indicar nuestros cánticos favoritos y de entonar las estrofas que nos fascinan. La reunión de oración debiera ser el lugar para expresar las necesidades y donde se espera la bendición; el lugar donde uno expone su debilidad y donde se espera la fuerza; el lugar donde los hijos de Dios se reúnen de común acuerdo para asirse del mismo trono de Dios, para penetrar en el tesoro mismo del cielo, y sacar de allí todo lo que necesitamos para nosotros mismos, para nuestras casas y para la viña de Cristo.

Tal debiera ser una reunión de oración, si somos enseñados por las Escrituras. ¡Que esto pueda ser una realidad más plena en todos lados! ¡Que el Espíritu Santo nos despierte a todos y nos haga sentir poderosamente el valor, la importancia y la necesidad urgente de la unanimidad, de la confianza de la fe, de ser específicos, de insistir y perseverar en todas nuestras oraciones y reuniones de oración!

NOTAS

1 Es interesante ver a “María la madre de Jesús” mencionada aquí como estando presente en la reunión de oración. ¿Qué habría pensado ella si alguno le hubiese dicho que, más tarde, millones de cristianos profesantes dirigirían sus oraciones a ella?

Fuente:

http://www.verdadespreciosas.com.ar/documentos/CHM_miscelaneos_II/LAORACION_Y_LAS_REUNIONES_DE_ORACION.htm

Angustia y Liberación

7 Oct

Angustia y Liberación
lealo aquí ó escuchelo aquí

Jacob huyó, porque temía la venganza de su hermano Esaú, quien había amenazado matarlo. En la noche de su huida, en el silencio y la soledad, en tierra extranjera, Dios vino a su encuentro y le hizo una promesa: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré” (Génesis 28:15).

¿Cómo reaccionó Jacob ante tal promesa? ¿La recibió sencillamente por la fe? No, su vida no estaba en regla y su conciencia estaba molesta, razón por la cual tuvo miedo de Dios. Pero Dios iba a acompañarlo, disciplinarlo y finalmente llevarlo de regreso a su país.

Cuando, años más tarde, Jacob estaba de regreso, nuevamente lo acosó el miedo. Pero esta vez no se dejó dominar por la angustia y habló de ello a Dios (Génesis 32:11). Antes de encontrarse con su hermano, Jacob encontró a Dios en un combate, del cual salió librado. Efectivamente pudo exclamar: “Fue librada mi alma” (Génesis 32:30). ¡Librada de su temor!

Con nuestros propios recursos no podremos hacer frente a lo que nos asusta, pero trayéndolo a Dios, seremos librados y purificados de lo que no está en regla en nuestra vida. Dejemos de apoyarnos en nuestra fuerza, en nuestra inteligencia, en nuestro saber o nuestro dinero. Dios desea para nosotros una paz profunda que se apoye sólo en su gracia.

APÁRTATE DE MI SATANÁS!!!

7 Oct

APÁRTATE DE MI SATANÁS!!!

Posted: 05 Oct 2009 08:49 PM PDT

Cuantas veces no hemos reprendido al diablo de nuestra vida, de nuestras finanzas y de todo lo que nos pertenece, pero por un lado lo reprendemos y por otro le damos lugar y derecho al poner la mira y el corazón en sus cosas y no en las de Dios.

Mateo 16:22-23
Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.

Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Versión RV 60

Entonces Pedro se llevó a Jesús aparte y lo reprendió por decir esas cosas, y le dijo: ¡Qué Dios nunca lo permita! Eso no puede sucederte, Señor.

Jesús se volvió y le dijo: ¡Pedro, estás hablando como Satanás! ¡Vete! Tú no entiendes los planes de Dios, y me estás pidiendo que los desobedezca. Versión lenguaje sencillo

¿Has visto a algún ministro hablar como satanas? Cuando nosotros aun siendo cristianos, ministros, misioneros o cantantes, ponemos la mira en los ojos y el corazón en las cosas que no provienen de Dios podemos ser usados por Satanas!!

En Griego dice así:
και προσλαβομενος habiendo tomado hacia αυτον a él ο el πετρος Pedro ηρξατο comenzó επιτιμανdar reprensión αυτω a él λεγων diciendo ιλεως Se misericordioso σοι a tí κυριε Señor ου no μη no εσταιserá σοι a tí τουτο esto

El δε pero στραφεις habiendo sido vuelto ειπεν dijo τω a el πετρω Pedro υπαγε Estés yendo οπισωdetrás de μου mí σατανα Adversario σκανδαλον tropiezo ει eres εμου de mí οτι porque ου no φρονειςestás pensando τα las (cosas) του de el θεου Dios αλλα sino τα las (cosas) των de los ανθρωπων hombres

Quítate de en medio y ponte detrás de mi, Satanás!

Hay que recordar que Pedro al igual que los otros discípulos estaban esperando a un MesíasLibertador a un guerrillero que los liberara del yugo de sus opresores y no un Mesías sufriente.

Pedro había crecido con la idea de un Mesías de PODER por eso reacciono de esa manera violenta, A tal reacción Jesús
reacciono no con ira pero si con autoridad ubicando a Pedro rápidamente, en ese momento volvía Satanás a tentarlo igual que en el desierto, Pedro le quería evitar la cruz a Jesús.

Muchos predicadores al igual que Pedro, les quieren evitar a muchos de sus oyentes la cruz, les hacen creer que la vida es solo de bendiciones, de prosperidad, de alegría, oh Dios gracias porque podemos tener nuestra mejor vida hoy!!

Este es el mensaje de Satanás y no de Jesús!!

La idea de Pedro no era de Dios sino totalmente humana y aun peor satánica, quería evitarle el sufrimiento a su maestro, pero no veía lo que Dios quería hacer en la cruz, lo mismo ignoran los que quieren evitar el sufrimiento de la cruz a sus oyentes.

Cuantas veces no hemos sido usados por el diablo dentro de la misma iglesia y hemos estropeado los planes de Dios por poner la mira en las cosas HUMANAS y no en la de Dios, por seguir un evangelio barato (no que lo sea) y no el que predico Cristo.

Jesús les ofreció a sus seguidores una cruz, una vida de rechazo, les dijo que el mundo los perseguiría por causa de El, les dijo que su familia los rechazaría, les ofreció una vida llena de dificultades, en el mundo tendrán AFLICCIÓN nos dijo, no nos dijo que seria fácil, pero también nos ofreció que al terminar todo tendríamos una morada con el, que el enjugara nuestras lagrimas, nos prometió vida eterna si creemos en el, sino ponemos nuestra vida en las cosas de Dios, sino vivimos una vida de arrepentimiento y de negación a los deseos de nuestra carne no podemos alcanzar la gloria de Dios en nuestra vida!!!

Algunos comentaristas dicen que cuando Jesús le dijo a Pedro ponte detrás de mí, le estaba diciendo… Pedro tu lugar esta detrás de mi, seguirme y no guiarme.

Debemos de seguir su camino no obligar a Dios a caminar el nuestro ese es el Evangelio de Reino, caminar donde Jesús nos lleva y no salirnos de sus caminos aunque nos ofrezcan un Evangelio mas cómodo.

Cuando escuches otro evangelio dile, apártate de mi Satanás!

Dios les bendice.

SOLO LA OPINION DE DIOS ES LA QUE CUENTA

Verdad Y Luz Hoy

Mujeres, Esposas y Yahweh

7 Oct

Mujeres, Esposas y Yahweh
(Liberando a las mujeres de la Iglesia)
(Al citar escrituras de la Biblia Reina-Valera 1989, sustituiré la palabra Hebrea Yahshua para Jesús, Yahweh y Elohim para
Jehová, Dios y Amo para Señor .)
(Este artículo fue escrito en inglés y traducido por los programas informáticos al español, que causarán errores gramaticales.
Gracias por su comprensión.)
Hay algunos versos difíciles en la Palabra de Yahweh que se han utilizado para reprimir a
las mujeres cristianas, restringiendo el rendimiento del Cuerpo del Cristo. La voluntad de
Yahweh es de que el varón y la hembra fortalezcan la Iglesia.314 Las hembras, por lo
general, han sido dominadas por los varones en el mundo natural porque físicamente son
más fuertes. La dominación masculina obstaculiza la boca, las manos y los pies de Cristo
porque la mitad de la población del mundo es hembra. Yahweh no se fija en el aspecto del
hombre exterior sino en el corazón del cual fluyen los temas de la vida. Algunas mujeres
aceptan fácilmente su puesto inferior de clase, de tal modo que se libran de ciertas
responsabilidades indeseables, mientras que otros han sido enseñadas que su posición en la
Iglesia es la voluntad de Yahweh según se indica en algunos versos. Otras mujeres, cuyas
sociedades no las obstaculizan, han servido a Yahweh creyendo la Palabra de Yahweh y
permitiéndole otorgarles energía en Su plenitud. Estas mujeres no caminan en lo ordinario
sino que en lo extraordinario, ejerciendo su capacidad sobrenatural que Yahweh les otorgó.
Son mujeres de fe con quienes Yahweh está satisfecho.315
Al intentar comprender los versos difíciles en la Palabra de Yahweh, debemos primero
precisar los versos claros. Primero examinaremos a una hembra, que no debe ser
confundido con la posición de una esposa, y su papel con Yahweh. Una mujer que no se
casa no está bajo reglas de una esposa. Ni cae un hombre que no está casado bajo las
mismas reglas que las de un marido. Primero debemos distinguir la diferencia entre las
mujeres y las esposas. La palabra hebrea que se traduce como mujeres, esposas y hembra
son la misma palabra, ‘ishshah’ (ish-shaw’).316 La palabra hebrea que se traduce como
hombre y marido es la misma palabra, “ish” (eesh).317 Los traductores de la Biblia, que
generalmente siempre son hombres, eligen de que manera van a traducir las palabras, que
como veremos no necesariamente es la manera en que Yahweh utiliza las palabras. Sus
314 Así también vosotros; puesto que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia.
1 Co. 14:12
315 Y sin fe es imposible agradar a Yahweh, porque es necesario que el que se acerca a Yahweh crea que él existe y que es
galardonador de los que le buscan. He. 11:6
316 ishshah ( 802 , אִשׁהָּ ), «mujer; esposa; prometida; novia; cada una». El vocablo tiene cognados en acádico, ugarítico, arameo,
arábigo y etíope. Aparece unas 781 veces en hebreo bíblico y en todos los períodos de la lengua. El término señala a cualquier
persona del sexo femenino, sin tener en cuenta edad o si es virgen o no. De esta manera, se correlaciona con «hombre» (ish):
317 ish ( 376 ,אִישׁ ), «hombre; marido; pareja; ser humano; humano; alguien; cada uno; todos». Hay cognados de esta palabra en
fenicio, púnico, arameo antiguo y arábigo meridional antiguo. El nombre aparece unas 2.183 veces y en todos los períodos del
hebreo bíblico. El plural de este nombre usualmente es nashîm, aunque 3 veces es îshîm (Sal 53.3).

196
traducciones Bíblicas pueden tener una predisposición a lo masculino, la cual puede
llevarnos en una dirección equivocada.
Por ejemplo, observemos 2:12 de 1 Timoteo según traducido en la mayoría de todas las
traducciones de la Biblia; “porque no permito a una mujer [gune] enseñar ni ejercer
dominio sobre el hombre [aner],318 sino estar en silencio.” La palabra griega para decir
mujer es ‘gune,’319 que significa una mujer de cualquier edad, sea virgen, casada, o viuda.
Esta misma palabra se traduce esposa 38 veces en la Biblia RVA. Este mismo verso se
podría traducir, “porque no permito a una esposa enseñar ni ejercer dominio sobre el
marido, sino estar en silencio.” ¿Acaso ha cambiado el significado de este verso la
traducción de ‘gune’ de mujer a esposa? ¡Absolutamente! Otro ejemplo de la dirección
equivocada en la traducción de la Biblia es 16:1 de Romanos; “Os recomiendo a nuestra
hermana Febe, diaconisa de la iglesia que está en Cencrea.” La palabra griega
‘diakonos,’320 se traduce como diácono en vez de ‘ministro’ 13 veces en la Biblia RVA.
Diakonos se tradujo como siervo en Romanos 16: 1. En el resto de los usos se traduce
como ministro, siervos y diáconos. Creo que diakonos se traduce como siervo en vez de
ministro porque Febe era una mujer y no un hombre. El verso se debió haber traducido
como, “Os recomiendo a nuestra hermana Febe, ministro de la iglesia que está en
Cencrea.” ¡Febe era ministro de la iglesia en Cencrea como lo fue Síquico (Col. 4:7)!
Diakonos se debió traducir como ministro o siervo pero no como diácono.
La humanidad o los seres humanos, fueron hechos varones y hembras y no marido y
esposa; “Creó, pues, Elohim al hombre [adam]321 a su imagen; a imagen de Elohim lo
creó; hombre [zakar]322 y mujer [neqebah]323 los creó.” (Gn. 1:27); “Hombre [zakar] y
mujer [neqebah] los creó, y los bendijo. Y el día que fueron creados, llamó el nombre de
318 aner (ἀνήρ, 435) no se usa nunca del sexo femenino. Se usa: (a) en distinción de una mujer (Hch 8.12; 1 Ti 2.12); Mt 1:16
Jacob engendró a José, marido [aner] de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. Mt 1:19 José, sumarido [aner], como
era justo y no quería difamarla, se propuso dejarla secretamente.
319 gune (γυνή, 1135), véase también bajo el epígrafe CASADA. Se utiliza de mujeres tanto solteras como casadas (p.ej., Mt
11.11; 14.21; Lc 4.26), de una viuda (Ro 7.2); en el caso vocativo, utilizado para dirigirse a una mujer, no es un término de
reproche ni de severidad, sino de cariño o respeto (Mt 15.28); también en Jn 2.4, donde las palabras del Señor a su madre en las
bodas de Caná no son ni de reprensión ni de rechazo. Mt 1:20, 24; 5:28, 31f; 9:20, 22; 11:11; 13:33; 14:3, 21; 15:22, 28, 38;
18:25; 19:3, 5, 8ff; 22:24f, 27f; 26:7, 10; 27:19, 55; 28:5; Mr 5:25, 33; 6:17f; 7:25f; 10:2, 11; 12:19f, 22f; 14:3; 15:40; Lc 1:5,
13, 18, 24, 42; 3:19; 4:26; 7:28, 37, 39, 44, 50; 8:2f, 43, 47; 10:38; 11:27; 13:11f, 21; 14:20, 26; 15:8; 16:18; 17:32; 18:29;
20:28f, 32f; 22:57; 23:27, 49, 55; 24:22, 24; Jn 2:4; 4:7, 9, 15, 17, 19, 21, 25, 27f, 39, 42; 8:3f, 9f; 16:21; 19:26; 20:13, 15; Hch
1:14; 5:1f, 7, 14; 8:3, 12; 9:2; 13:50; 16:1, 13f; 17:4, 12, 34; 18:2; 21:5; 22:4; 24:24; Ro 7:2; 1 Co 5:1; 7:1ff, 10ff, 16, 27, 29,
33f, 39; 9:5; 11:3, 5ff, 15; 14:34f; Ga 4:4; Ef 5:22ff, 28, 31, 33; Col 3:18f; 1 Ti 2:9ff, 14; 3:2, 11f; 5:9; Tit 1:6; He 11:35; 1 P
3:1, 5; Apo 2:20; 9:8; 12:1, 4, 6, 13ff; 14:4; 17:3f, 6f, 9, 18; 19:7; 21:9
320 diakoneo (διακονέω, 1247), relacionado con B, Nº 1. Significa ser siervo, asistente, servir, asistir, ministrar. Se traduce
principalmente con el verbo «servir». Con el verbo «ministrar» se traduce: (a) en el sentido de aliviar las necesidades de
alguien, supliendo cosas necesarias para la vida (Ro 15.25); Mt 20:26; 22:13; 23:11; Mr 9:35; 10:43; Jn 2:5, 9; 12:26; Ro 13:4;
15:8; 16:1; 1 Co 3:5; 2 Co 3:6; 6:4; 11:15, 23; Ga 2:17; Ef 3:7; 6:21; Fil 1:1; Col 1:7, 23, 25; 4:7; 1 Ti 3:8, 12; 4:6
אָדָם . 321 120 adám; de 119; rojizo, i.e. un ser humano (individuo o la especie, humanidad, etc.):—Adán, común, gente,
humano, persona, varón.
זכָָר . 322 2145 zakár; de 2142; prop. recordado, i.ea macho (de hombre o animales, como siendo el sexo más digno de
notarse):—varón, cabrío, hijo, hombre, macho cabrío, masculino.
נְקֵבָה. 323 5347 nequebá; de 5344; hembra (de forma sexual femenina):—hembra, mujer.

197
ellos Hombre [Adam]” (Gn. 5:2). El capítulo 2 de Génesis no es una explicación de la
creación de la humanidad, que fue dada en 1:26-31 de Génesis, sino una revelación de la
relación entre marido y mujer. La conclusión del capítulo 2 de Génesis es, “Por tanto, el
hombre [ish] dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer [ishshah], y serán una
sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre [adam] y su mujer [ishshah], y no se
avergonzaban.” El capítulo 2 de Génesis no fue escrito para los hombres y las mujeres que
eligen no casarse. Una hembra [neqebah] no vino de la costilla del varón [zakar] sino que
una esposa [ishshah] vino de la costilla de su marido [ish]. Yahweh no colocó a las
mujeres bajo el control de los hombres. Las esposas sin embargo se han sometido
voluntariamente a sus maridos como los maridos lo hacen con sus esposas. El marido es el
jefe de su único cuerpo como Cristo es de su Cuerpo. La cabeza (marido) sirve en una
capacidad mayor que el cuerpo (esposa), como Cristo también lo hace a la iglesia (Ef.
5:321-33).
En el mundo animal, culturalmente hablando, una hembra es físicamente más débil que un
varón, lo cual en el pasado ha permitido que los hombres gobiernen sobre las mujeres por
su fuerza. Los hombres más débiles también han sido colocados debajo del mismo yugo
que las mujeres cuando han encontrado a hombres más fuertes. Los fuertes han gobernado,
sea varones o hembras. Las Reinas y los Reyes han conquistado a los débiles. Esta tiranía,
que también se conoce como la supervivencia de los más aptos, es el resultado de los
pecados de Adán y de Eva, cometidos en el Jardín. Este sistema nunca fue parte del diseño
original de Yahweh. Ni tampoco lo fue el sistema de una monarquía,324 de una poligamia o
de un divorcio, aunque todos fueron permitidos por Yahweh en nuestro mundo actual
caído. En el Jardín del Edén, Adán no era el gobernante de Eva. Ni en el Paraíso serán
resucitados los maridos y las esposas sino que estarán como mensajeros divinos, según lo
explica Yahshua.325
La maldición para las esposas y no las mujeres fue producida por la desobediencia de Eva;
“A la mujer [ishshah, cuál se debe haber traducido como esposa] dijo: —Aumentaré
mucho tu sufrimiento en el embarazo; con dolor darás a luz a los hijos. Tu deseo326 te
llevará a tu marido [ish], y él se enseñoreará327 de ti” (Gn. 3:16). El marido y la esposa
forman un cuerpo. Como con cualquier institución, debe de haber unión con la opinión
final en temas importantes cuando hay un desacuerdo entre dos. Lo cual en el caso del
324 y le dijeron: —He aquí que tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos. Por eso, constitúyenos ahora un rey que
nos gobierne, como tienen todas las naciones. Estas palabras desagradaron a Samuel, porque dijeron: “Danos un rey que nos
gobierne.” Samuel oró a Yahweh, y Yahweh le dijo: —Escucha la voz del pueblo en todo lo que te diga, porque no es a ti a
quien han desechado. Es a mí a quien han desechado, para que no reine sobre ellos. De la misma manera que han hecho
conmigo desde el día en que los saqué de Egipto hasta el día de hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así hacen
contigo también. Ahora pues, escucha su voz, pero adviérteles solemnemente y declárales cuál será el proceder del rey que ha
de reinar sobre ellos. 1 S. 8:5-7
325 porque en la resurrección no se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles que están en el cielo. Mt.
22:30
תְּשׁוּקָה. 326 8669 teshucá; de 7783 en el sentido orig. estirarse hacia; anhelo:—contentamiento, deseo
מָשַׁל . 327 4910 mashál; raíz prim.; gobernar:—apoderarse, dominador, dominar, dominio, enseñorear, gobernador, gobernante,
gobernar, príncipe, regir, regla, reinar, señor, señoreador, señorear, señorío, tirano.

198
matrimonio lo es el marido. Una posible explicación para esta opción es que la esposa, en
este mundo, puede ser engañada más fácilmente debido a la manera en que fue formada.328
Esto no significa que el marido no tiene sus defectos. Su defecto, según lo ilustra Adán, es
de no aceptar la responsabilidad de sus pecados.329 También el marido, aunque no fue
engañado por la serpiente, ¡permitió a su esposa pecar y además, la siguió en el pecado con
sus ojos bien abiertos! La historia de David y Betsabé, Salomón y sus esposas y Ahab y
Jezabel ilustran esta debilidad en el marido.330
Las mujeres han mantenido altos puestos bajo Yahweh incluso mientras han estado bajo
control del hombre. Miriam el profeta, hermana de Aarón, era un portavoz para Yahweh.
Débora también era profeta que juzgó la nación entera de Israel por 40 años y dirigió al
ejército a entrar en batalla.331 Hulda, profeta, esposa de Salum, llevó el mensaje de
Yahweh al Rey Josías.332 María fue elegida para dar a luz y para criar al Mesías. (María,
una mujer, creyó las palabras de los mensajeros mientras que Zacarías, un hombre que
actuaba como alto sacerdote, no lo hizo.) Elizabet, llena del espíritu, profetizaba a
María.333 Ana, una profeta, le sirvió a Yahweh en el templo rindiendo servicio divino día y
noche (Lc. 2:36-37). Pablo, que le hablaba a la Iglesia Romana dijo, “Os recomiendo a
nuestra hermana Febe, ministro de la iglesia que está en Cencrea” (Ro. 16: 1). Yahweh
prometió que, “Sucederá después de esto que derramaré mi espíritu sobre todo mortal.
Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán…”334 lo cual ocurrió en Hechos 2. Los varones
y las hembras son miembros del Cuerpo de Cristo, actuando como sus manos, pies y boca.
Yahweh mira el corazón y no el aspecto exterior de un individuo sean masculinos o
femeninos; “Así que, todos sois hijos de Yahweh por medio de la fe en Cristo Yahshua,
porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay
judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer [dsélus = hembra]335;
porque todos vosotros sois uno en Cristo Yahshua.” (Ga. 3:26-28).
328 Entonces Yahweh Elohim dijo a la mujer: —¿Por qué has hecho esto? La mujer dijo: —La serpiente me engañó, y comí.
Gn. 3:13; Además, Adán no fue engañado; sino la mujer [gune = esposa], al ser engañada, incurrió en transgresión. 1 Ti. 2:14
329 El hombre respondió: —La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo comí. Gn. 3:12
330 Y sucedió que cuando Salomón era ya anciano, sus mujeres hicieron que su corazón se desviara tras otros dioses. Su
corazón no fue íntegro para con Yahweh su Elohim, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astarte,
diosa de los sidonios, y a Moloc, ídolo detestable de los amonitas. Salomón hizo lo malo ante los ojos de Yahweh y no siguió
plenamente a Yahweh como su padre David. Entonces Salomón edificó un lugar alto a Quemós, ídolo detestable de Moab, en
el monte que está frente a Jerusalén, y a Moloc, ídolo detestable de los hijos de Amón. Y así hizo para todas sus mujeres
extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus elohims. 1 R. 11:4-8
331 En aquel tiempo gobernaba a Israel Débora, profetisa, esposa de Lapidot. Ella solía sentarse debajo de la palmera de
Débora, entre Ramá y Betel, en la región montañosa de Efraín. Y los hijos de Israel acudían a ella para juicio. Jue. 4:4-5
332 Entonces el sacerdote Hilquías, Ajicam, Acbor, Safán y Asaías fueron a la profetisa Hulda, esposa de Salum hijo de Ticva,
hijo de Jarjas, guarda de las vestiduras, la cual vivía en el Segundo Barrio de Jerusalén; y hablaron con ella. Y ella les dijo: —
Así ha dicho Yahweh Elohim de Israel: “Decid al hombre que os ha enviado a mí, 2 R. 22:14-15
333 Aconteció que, cuando Elisabet oyó la salutación de María, la criatura saltó en su vientre. Y Elisabet fue llena del espíritu
santo, y exclamó a gran voz y dijo: —¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! Lc. 1:41-42
334 Joel 2:28
335 2338. θῆλυςdsélus; de lo mismo que 2337; mujer, femenina:—hembra, mujer. Mt 19:4; Mr 10:6; Ro 1:26f; Ga 3:28

199
(La palabra, ‘hembra,’ fue, yo sospecho, excluida de la Biblia Española intencionalmente.
La palabra hebrea que significa hembra es neqebah336 y la palabra griega para hembra es
dsélus. Sus usos son descritos aquí debajo. Hembra es utilizada solamente en la Biblia
RVA de 1989 cuando se refiere a los animales. La palabra, ‘varón,’ se utiliza fácilmente en
la Biblia Española’.)
Yahweh le ordenó a los Israelitas que se le enseñen a sus niños, varones y hembras, la
Palabra de Yahweh. Este mandamiento requirió a todos los hebreos de ser instruidos, para
que pudieran leer y entender la voluntad de Yahweh. Las madres, así como los padres les
enseñaron a sus hijos la palabra de Yahweh. La nación de Israel era precursora para el
sistema educativo mundial. Más tarde en la historia judía, solamente los padres les
enseñaban a sus hijos pero éste no era un mandamiento de Yahweh.
Yahweh es un Elohim de justicia [mishpat],337 rectitud [tsedaqah]338 y misericordia
[jesed].339 La rectitud es hacer lo correcto. Yahweh le habló a Israel, los “Pondrás jueces y
magistrados para ti en todas las ciudades que Yahweh tu Elohim te da en tus tribus, para
que juzguen al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas distinción de
personas ni aceptes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las
palabras de los justos. La justicia, sólo la justicia seguirás, para que vivas y tengas en
posesión la tierra que Yahweh tu Elohim te da.” (Dt. 16:18-21). El amar a nuestro vecino,
sea varón o hembra, como a nosotros mismos es hacer lo que quisiéramos que alguien
hiciera por nosotros. Yahweh está plenamente consciente en que vivimos en un mundo
caído. Aunque algo se permita en una sociedad no significa que ésta sea la voluntad
perfecta de Yahweh. La esclavitud estaba presente en el Viejo Testamento así como en el
Nuevo Testamento. Yahweh les dio instrucciones a los amos y a los esclavos por igual, lo
cual implica que era aceptable con Yahweh, cuando obviamente no era parte de Su
voluntad perfecta;340 Las mujeres no podían heredar terrenos a menos de que no hubiera
נקְֵבָה . 336 5347 nequebá; de 5344; hembra (de forma sexual femenina):—hembra, mujer. Gn 1:27; 5:2; 6:19; 7:3, 9, 16; Lv 3:1,
6; 4:28, 32; 5:6; 12:5, 7; 15:33; 27:4ff; Nm 5:3; 31:15; Dt 4:16; Jer 31:22
337 mishpat ( 4941 ,מִשְׁפָּט ), «juicio; derechos». Este vocablo, que se encuentra unas 420 veces, también aparece en ugarítico.
El término tiene dos acepciones principales; la primera se relaciona con las funciones de un juez: escuchar una causa y emitir
un veredicto justo. Uno de varios ejemplos de este uso está en Ec 12.14: «Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con
toda cosa encubierta, sea buena o sea mala».Mishpat puede referirse también a los «derechos» de alguna persona (Éx 23.6).
Esta segunda acepción tiene varios matices: relación equitativa entre realidad y expectativa (Gn 18.19: primera vez que se usa
el término); dictamen judicial (Dt 17.9); exposición de la causa del acusado (Nm 27.5); y reglamento establecido (Éx 21.1).
338 tsedeq ( 6664 , צֶדֶק ); tsedaqah ( 6666 , צְדָפָה ), «justicia, rectitud». Estos nombres provienen de una raíz semítica que se
encuentra, con una connotación jurídica, en hebreo, fenicio y arameo. En fenicio y en arameo antiguo implica el sentido de la
«lealtad» o «pleitesía» de un rey o sacerdote al servicio de su propio dios. En estas lenguas alguna modalidad de la raíz se
combina con otros términos o nombres, de reyes especialmente, con los apelativos de divinidades. Está, por ejemplo, el nombre
veterotestamentario de Melquisedec («rey de justicia»). Una expresión más limitada de esta raíz («veracidad» en las
declaraciones) se halla en arábigo, lengua semítica septentrional. En hebreo rabínico tsedaqah quiere decir «limosnas» u «obras
de caridad».
339 jesed ( 2617 , חֶסֶד ), «bondad; amor constante; gracia; misericordia; fidelidad; devoción». Más bien, alábese en esto el que se
alabe: en entenderme y conocerme que yo soy Yahweh, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra. Porque estas cosas
me agradan, dice Yahweh. Jer. 9:24
340 Col. 3:22

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hijos en la familia.341 El divorcio se permitía en la cultura hebrea debido a la dureza de sus
corazones.342 Los ejemplos antedichos son ilustraciones de lo que se permitía en un mundo
malvado aunque no necesario era correcto. En la mayoría de los países la esclavitud se ha
abolido, las mujeres ahora pueden poseer la tierra y las mujeres son las maestras de los
niños. ¡Esto es correcto y justo! La rectitud y la justicia satisfacen a nuestro Padre y Amo.
Uno de los versos usados para silenciar a las mujeres en la Iglesia es 14:34-35 de 1
Corintios; “las mujeres [gune] guarden silencio en las congregaciones; porque no se les
permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si quieren aprender
acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a la mujer [gune]
le es impropio hablar en la congregación.” La palabra griega para mujer es gune, la cual
debió haber sido traducida como esposas a raíz de su contexto de matrimonio, que se
evidencia por el término marido. Nuestro contexto comienza en el verso 29 y se dirige a
los profetas. Las esposas de las que trata aquí son las esposas de los profetas y no las
mujeres en general. Las mujeres son profetas según se indica arriba. Mientras los profetas
profetizan en la Iglesia, sus esposas deben guardar silencio en cuanto a lo que profetizaron.
Estas mismas esposas y todos los individuos en la Iglesia están supuestos a codiciar el
profetizar y hablar en lenguas e interpretar para poder edificar a la Iglesia. El verso debe
ser traducido como, “las esposas [de los profetas], guarden silencio en las congregaciones;
porque no se les permite hablar, sino que estén sujetas, como también lo dice la ley. Si
quieren aprender acerca de alguna cosa, pregunten en casa a sus propios maridos; porque a
la esposas [de los profetas], le es impropio hablar en la congregación.”
El otro verso usado para silenciar a las mujeres es 2:11-12 de 1 Timoteo; “La mujer [gune]
aprenda en silencio, con toda sujeción; porque no permito a una mujer [gune] enseñar ni
ejercer dominio sobre el hombre [aner]343, sino estar en silencio.” Gune debió haber sido
traducido como esposas aquí también debido al contexto. Se le compara a estas mujeres a
Eva quien era la esposa de Adán y también estas mujeres estaban pariendo niños, lo cual
ilustra que estas hembras estaban casadas. Los versos se debieron de haber traducido
como, “La esposa aprenda en silencio, con toda sujeción; porque no permito a una esposa
enseñar ni ejercer dominio sobre el marido, sino estar en silencio.” Esta traducción
concuerda con la institución del matrimonio al considerar al marido el jefe de la esposa.
Otro elemento a considerar es que estos cristianos vivían bajo el dominio Romano. Si los
romanos reprimían a sus mujeres, entonces los cristianos estarían trastornando a los
romanos al permitir que sus esposas no fueran restringidas, lo cual podría llevar a su
persecución. Esto es muy común en los países musulmanes. Este capítulo comienza con,
“Por esto exhorto, ante todo, que se hagan súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de
341 Nm. 36
342 Mt. 10:2-9; Dt. 24:1
343 435. ἀνήρanér; palabra prim. [comp. 444]; hombre (prop. como un varón indiv.):—esposo, hombre, marido, varón; Mt
1:16 Jacob engendró a José, marido [aner] de María, de la cual nació Yahshua, llamado el Cristo.

201
gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para
que llevemos una vida tranquila y reposada en toda piedad y dignidad” (1 Ti. 2:1-2).
Opino que la instrucción dada en 1 Timoteo 2 era una posibilidad dada para satisfacer a los
Romanos, que eran sus amos, para que los creyentes pudieran vivir una vida imperturbada
y reservada.
Los Cristianos Carnales tienen una tendencia a querer controlar a otros. Esto también era
verdad en la época de Moisés. Moisés estaba así tan agobiado por los cuidados de la gente que le pidió a Yahweh que lo matara.344 ¿Por qué estaba tan agobiado? La gente quería consejos de Yahweh, lo cual requiere que la persona tenga el espíritu de Yahweh, que solamente algunos tenían. ¡Lo abrumaron! Yahweh le solucionó el problema; “Entonces Moisés salió y dijo al pueblo las palabras de Yahweh. Reunió a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los hizo estar de pie alrededor del tabernáculo. Entonces Yahweh descendió en la nube y le habló. Tomó del espíritu que estaba sobre él y lo puso sobre los setenta ancianos.
Y sucedió que cuando el espíritu posó sobre ellos, profetizaron; pero no
continuaron haciéndolo. Pero en el campamento habían quedado dos hombres: uno se
llamaba Eldad, y el otro Medad. Sobre ellos también se posó el espíritu. Ellos estaban
entre los que habían sido inscritos pero que no habían ido al tabernáculo, y comenzaron a
profetizar en el campamento. Entonces un joven corrió e informó a Moisés diciendo: —
¡Eldad y Medad profetizan en el campamento! Luego intervino Josué hijo de Nun, quien
era ayudante de Moisés, desde su juventud, y dijo: — ¡Señor mío, Moisés, impídeselo!
Moisés le respondió: — ¿Tienes tú celos por mí? ¡Ojalá que todos fuesen profetas en el
pueblo de Yahweh, y que Yahweh pusiese su espíritu sobre ellos!” (Nm. 11:24-29) Los
hombres y mujeres cristianos repiten el error de Josué al prohibir también que las mujeres
caminen en su servicio completo de Cristo después de que se les haya llenado de espíritu.
¡Deberíamos estar de acuerdo con Moisés y decir, “Ojalá que todos fuesen profetas en el
pueblo [hembras y varones] de Yahweh, y que Yahweh pusiese su espíritu sobre ellos!”
¡Yahweh ha vertido Su espíritu!345
El Viejo Testamento no dice ninguna palabra sobre que las mujeres no deben de enseñar,
etc. Por el contrario, las mujeres hebreas eran educadas según los mandamientos de
Yahweh. Eran jueces, profetas, reinas etc. en su sociedad hebrea. El Viejo Testamento si
da instrucciones para los maridos y las esposas pero en ningún lado se encuentran las
mujeres y hombres solteros restringidos en las cosas de Yahweh. ¿Por qué lo debían de
ser? Mientras más hábiles de cuerpo son, menos alumbrador se convierte la tarea. ¡Cristo
344 y Moisés dijo a Yahweh:—¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Por qué no he hallado gracia ante tus ojos, para que hayas
puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Acaso concebí yo a todo este pueblo? ¿Acaso yo lo engendré, para que me
digas: “Como una nodriza lleva a un bebé, llévalo en tu seno a la tierra que juré dar a sus padres”? ¿De dónde he de sacar yo
carne para dar de comer a todo este pueblo, que llora ante mí diciendo: “Danos carne para que comamos”? Yo solo no puedo
llevar a todo este pueblo, porque es demasiado pesado para mí. Si así vas a hacer tú conmigo, por favor concédeme la muerte,
si he hallado gracia ante tus ojos, para que yo no vea mi desgracia. Nm. 11:11-15
345 Así que, exaltado por la diestra de Yahweh y habiendo recibido del Padre la promesa del espíritu santo, ha derramado esto
que vosotros veis y oís. Hch. 2:33

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le pidió a Yahweh que enviara a más trabajadores para la cosecha!346 Tenemos un verso
fuera de millares donde aparece que se restringen a las mujeres casadas. En cuanto a mí,
viviré por los millares de versos claros que no obstaculizan a las mujeres en sus puestos en el Cuerpo de Cristo. Si Cristo ha designado a las mujeres y a los hombres como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, quien soy yo para atar u obstaculizar a sus ministros.
También necesitamos a tanta gente como sea posible para enseñar la Palabra de
Yahweh. En la sociedad de los EEUU no hay restricciones sobre las mujeres. En otras
sociedades donde existen restricciones sobre las mujeres entonces sería prudente observar
sus costumbres. Debemos estar dispuestos a obedecer la voz de Cristo. Él conoce nuestro
ambiente y como nuestra Cabeza nos dirigirá individualmente. El llamado a todas las
mujeres que viven en una sociedad libre es que satisfagan su misión como Yahweh la ha
colocado en el Cuerpo de Cristo. A esas mujeres cuyas sociedades o maridos las restringen
decimos de “rendir a César qué pertenece a César” y que le presenten a Yahweh lo mejor
de su capacidad; “porque Yahweh es el que produce en vosotros tanto el querer como el
hacer, para cumplir su buena voluntad” (Fil. 2:13).
346 Lc.