Solucionando problemas…

1 oct

Solucionando problemas…

¡Pablo sí que sabía de oposiciones y problemas!

En cada uno de sus viajes misioneros estableció iglesias y dio testimonio ante miles de personas. Esto podemos leerlo detalladamente en el libro de los Hechos.

Luego, a través del tiempo, el Apóstol escribe a algunas de esas iglesias establecidas, enseñando, exhortando, corrigiendo según el caso. Y termina cada una de sus cartas con estas expresiones.

“Y el Dios de paz… la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén” (Romanos 16:20, 24)
“Todas vuestras cosas sean hechas con amor… La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros” (1 Corintios 16:14, 23)
“Por lo demás hermanos tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Corintios 13:11)
“Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos…” (Gálatas 6:16)
“Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo” (Efesios 6:23)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén” (Filipenses 4:23)
“…la gracia sea con vosotros” (Colosenses 4:18)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros…” (1 Tesalonicenses 5:28)
“Y el mismo Dios de paz os de siempre paz en toda manera…” (2 Tesalonicenses 3:18)
Gracia y Paz: Si tenemos el regalo de Gracia de Dios, ¿podríamos vivir sin tener Paz entre nosotros?

Pero, como las iglesias estaban constituidas por personas pecadoras y con corazones inclinados al mal, las situaciones conflictivas se producían, y en ocasiones los que participaban en ellas, no aceptaban ni siquiera el consejo de los mayores.

Por ello, Pablo utiliza su experiencia y su ministerio:

“Para esto fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad” (1 Timoteo 2:7)
Para luego dar sus consejos individuales y personales a Timoteo:

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Timoteo 2:8)
¿Sería conflictivo el joven Timoteo, y por ello Pablo le decía esto? ¿Se creería más sabio y preparado que su maestro y padre espiritual? ¡Quien sabe! Pero el Apóstol no le escribiría estas palabras si no hubiera un motivo real y puntual.

¿Tenemos paz entre nosotros? ¿Oramos por los conflictos y levantamos manos santas, sin contiendas ni peleas?

Recordemos: La consigna del Apóstol es vivir en paz y orar unos por los otros…

TBS
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