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Controlando el temperamento, parte III

20 Ago

Agosto 19, 2009

Controlando el temperamento, parte III

“Por lo tanto, abandonen todo sentimiento de odio. No solo pretendan ser buenos. Terminen con la hipocresía.”1

Nuestro temas por los últimos tres días hemos hablado sobre la ira/el coraje. Hoy queremos hablar sobre cómo resolverlo. ¿Cómo hacemos esto?

Primero, sea honesto y admita como se siente y no pretenda ser algo que no es. Esto solo empeora y complica la situación y no resuelve nada.

Segundo, acéptese a sí mismo como a un ser humano normal quien algunas veces tiene sentimientos de enojo.

Tercero, pida a Dios ayuda para admitir sus sentimientos verdaderos y que lo guie hacia la ayuda que necesita para resolver en forma saludable.

Cuarto, acepte la responsabilidad de sus sentimientos y no culpe a otros por sus sentimientos. Lo que alguien más ha hecho en contra suya es el problema de la otra persona, pero cómo usted responda es su responsabilidad. Además, no culpe al diablo. Cuando está enojado, el diablo no lo obliga a hacerlo. EL enojarlos lo hacemos por nosotros mismos. Tampoco es mi ira un demonio como algunos desean que lo crea. Como lo dice la biblia, cuando tenemos problemas sin resolver “le damos cabida al diablo.” ¡Así que cuando resolvemos lo que nos molesta él, el diablo pierde cabida!

Quinto, determine el resolver sus sentimientos el mismo día y lo más pronto posible.

Sexto, exprese sus emociones en forma creativa – tal vez a un amigo comprensivo o a un substituto “imaginario” y cuando sea necesario, a la persona con la que está molesto. Esta no es una excusa para desquitarse con los demás. La meta siempre debe de ser el hablar la verdad con amor.”2

Al expresar la ira debemos verbalizar la emoción. El hablar sobre la ira no lo resolverá. La emoción tiene que ser liberada—no como un ataque, ni para culpar a alguien por ella, sino como una expresión de nuestro sentimiento—aceptando que nuestro enojo es nuestro problema y nuestra responsabilidad. Cuando hacemos esto en forma adecuada disipamos la ira.

No es cierto ni útil el decir, “me haces enojar.” Esto es el culpar a la otra persona por nuestra reacción y esto pone a la otra persona a la defensiva. Resulta más práctico el decir; “Necesito hablar con usted acerca de tal o cual. Me siento muy molesto acerca de esto. Sé que mi enojo es mi problema y tal; vez este reaccionando de mas, pero necesito hablar con usted sobre este asunto.” Es decir, utilice mensajes de “Yo”, y no de “tú/usted.”

La ira también se puede expresar por escrito, como David hizo en el salmo.3 De hecho yo he hecho esto muchas veces, tras lo cual he roto en pedazos el papel. He sido muy cuidado al re-escrito esos sentimientos (para decir la verdad con amor) y las he compartido personalmente con la otra persona o personas involucradas.

Es muy importante que resolvamos nuestras relaciones. Cristo nos recuerda que si tenemos cualquier conflicto con otra persona, debemos de resolver las cosas antes de llevar nuestros regalos a Dios.4
Séptimo, antes de expresar el enojo, asegúrese de saber si se siente temeroso o amenazado, porque el enojo es frecuentemente utilizado como una defensa en contra del miedo. Si el problema es el miedo, hable acerca de eso.

Octavo, si no puede resolver el enojo en ninguna de las formas mencionadas anteriormente, asegúrese de ver a un consejero altamente entrenado y calificado. De otra manera los efectos adversos causados por el enojo sin resolver y especialmente por la hostilidad serán más costosos en términos de relaciones y salud emocional y física.

Por último, cuando tiene tenga una situación sin resolver, ¡perdone, perdone, perdone! Esto lo liberará por siempre de todos los que le han lastimado.
Para una salud física, emocional y espiritual necesitamos estar en contacto con todas nuestras emociones (positivas y negativas), utilizarlas y expresarlas en forma creativa. Esto, también, es una forma de amar, porque los sentimientos sin resolver se vuelven resentimientos y crean barreras entre amigos, seres amados y aún con Dios, y bloquean el amor.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias de nuevo por tu Palabra la cual da instrucción positiva para una vida sana y productiva. Ayúdame a aplicarla en mi vida diaria, y a resolver y deshacerme de las emociones negativos. Y ayúdame a hacer esto de forma saludable y a siempre hablar la verdad con amor. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”

1. 1 Pedro 2:1 (TLB) (NLT).
2. Efesios 4:15.
3. Vea Salmos 109.
4. Vea San Marcos 11:25.

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Controlando el Temperamento

20 Ago

Controlando el Temperamento

Sus exámenes parecen indicar que usted tiene cierta cólera guardada,” le dijo el consejero a su cliente. “¿Cree que esto sea verdad?” le preguntó.

“¡Yo! ¿Enojado? Ciertamente no,” contestó el cliente. “¡Le golpearé en la nariz sólo por decir eso!”

Cuando se trata de cólera (ira, enojo, furia) todos tenemos un cierto botón dentro de nosotros. En ocasiones nos provee gran valor y motivación. Otras veces estamos tan temerosos de que se salga de control que lo mantenemos enterramos de modo que nadie, incluyendo nosotros mismos, se entere de que existe.

A muchos de nosotros nos enseñaron que la cólera es mala y que el dejarla salir es señal de inmadurez. La persona madura, sin embargo, no niega su cólera. Él ha aprendido a expresarla en maneras apropiadas.

Aún cuando alguna gente nunca demuestra su cólera, todos nos enojamos algunas veces. La cólera es una emoción dada por Dios y por sí misma no es ni buena ni mala, ni es lo correcto o incorrecto. Lo que cuenta es cómo la manejamos y lo que hacemos con ella.

De hecho, hay muchas cosas por las que deberíamos de estar enojados, por ejemplo injusticia social, abuso a los niños, avaricia e incluso la religión legalista que hace que las reglas sean más importantes que las personas.

La hostilidad contamina
todo lo que hacemos.

Jesús estaba muy enojado con los religiosos de su época por esta misma razón. Cuando él curó a un hombre en el Día de reposo, los fariseos estaban tan furiosos que planearon matarle. Para ellos, las observancias religiosas eran más importantes que las necesidades de la gente. Leímos que Jesús “mirándolos alrededor con enojo … se entristeció por la dureza de sus corazones.”1

Piensen también en Florencia Nightingale. Ella estaba muy molesta por las terribles condiciones que sufrían los soldados heridos en la guerra de Crimea. Ella utilizó su enojo de manera creativa para llevar a cabo cambios importantes al de oficio de enfermera.

Una de las peores cosas que podemos hacer con nuestra ira es reprimirla y negarla. La ira reprimida por un largo plazo se puede convertir en hostilidad y contaminar todo lo que hacemos—y es un gran destructor de relaciones. También hace que la gente exageré.

La hostilidad se demuestra en muchas maneras: una actitud negativa, criticando, regañando, sarcasmo, chismes, resentimiento, odio, cerrando de golpe las puertas, gritando, tomándola en contra de los niños, pateando al gato, conducir agresivamente, actuando como un niño “estoy lastimado!” llorando, rebelándose, negándose al sexo en el matrimonio, comportándose en forma inconcebible (las prostitutas, por ejemplo, están a menudo enojadas en sus padres), rebajando a la gente, llegando tarde constantemente, siendo pasivo, retirándose de las cosas, la rabia, y el crimen. La lista no tiene fin.

La cólera o la hostilidad reprimida, al accionarse pueden tener resultados fatales. De acuerdo con El Boletín (Australia), un año el 80 por ciento de los victimas de homicidio fueron asesinadas por algún miembro de la familia o un amigo intimo. La mayor parte de estos ataques fatales fueron el resultado de discusiones—o el resultado de discusiones—en situaciones cotidianas.

O, como el Dr. Cecil Osborne lo explica en su libro, la cólera reprimida puede salir eventualmente en la “forma de una cierta enfermedad psicosomática: úlceras, asma, artritis, colitis, dermatitis, problemas del corazón o de cualquier otra forma de una lista interminable.”2

Controlando el temperamento
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Además, probablemente no existe nada más destructivo para las relaciones personales que el guardarnos y no resolver los problemas de cólera u hostilidad.

La hostilidad ataca a gente. La cólera sana se dirige en contra de lo que esta incorrecto, está conectada con el amor, y es la cantidad suficiente de enojo para la situación dada. Una buena pregunta que puede hacerse a sí mismo si piensa que puede estar exagerando las cosas es: “¿Debería estar así de enojado?”

La gente que exagera las situaciones generalmente tiene mucha ira reprimida. La situación inmediata que saca este enojo fuera de proporción no tiene nada que ver con la causa. Sólo acciona lo que ya estaba allí.

La biblia nos recuerda “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.”3 esta no es una excusa para negar su cólera, pues el negarnos a aceptarlo puede ser igualmente absurdo y destructivo.

EL molestarnos fácilmente es usualmente una exageración, una señal de la cólera que tenemos sin resolver.

La biblia también aconseja: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracción. ¡No sólo pretendan ser bueno! Terminen con la deshonestidad.”4 También, “Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados—desháganse del enojo rápidamente, porque cuando están enojados es posible que den cabida al diablo.”5

La hostilidad ataca a las personas.
La cólera sana se dirige
en contra de lo que está incorrecto.

Como resolver el enojo “normal”

Primero, sea honesto y admita como se siente.

Segundo, acéptese a sí mismo como a un ser humano normal quien algunas veces tiene sentimientos de enojo.

Tercero, tome la determinación de resolver sus problemas el mismo día.

Cuarto, exprese sus sentimientos e forma creativa—tal vez primero a un amigo que lo comprenda o a un substituto “imaginario,” y donde sea necesario, a la persona con quien está molesto. Esta no es una excusa para maltratar a los demás. La meta siempre deberá de ser el “hablar la verdad con amor.”6

Al expresar la ira necesitamos verbalizar la emoción. Hablar sobre la ira no la resuelve. Necesitamos sacar la emoción—no como un ataque o culpa, sino como una confesión y expresando nuestras emociones como el problema. Cuando se hace esto, la cólera se disipa.

Ni es verdad, ni es provechoso decir, “Tú me haces enojar.” Esto significa culpar a la otra persona por nuestra reacción y esto la pone a la defensiva. Es más benéfico decir, “necesito hablar contigo sobre tal y tal cosa. Me siento muy molesto sobre esto. Sé que mi enojo es mi problema y puedo estar exagerando, pero necesito hablar contigo sobre esto. “Es decir, utilice los mensajes ‘yo’ y no los mensajes ‘tú.’

La cólera también se puede expresar por escrito, como David hizo en Salmos.7 Yo he hecho esto en muchas ocasiones, después de lo cual he roto en pedazos el papel. Cuando es necesario he reescrito esas emociones de nuevo y las he compartido personalmente con la otra persona o personas implicadas.

Es muy importante el resolver las relaciones. Cristo nos recuerda que si tenemos algún conflicto con otra persona, debemos poner las cosas en claro antes de estar frente al señor.8

Quinto, antes de expresar su enojo, asegúrese de saber si usted se siente asustado o amenazado, porque la cólera se usa frecuentemente como una defensa contra la sensación de miedo. Si el miedo es el problema, hable de eso.

Sexto, cuando usted ha compartido y resuelto su cólera, perdone a todos los que le hayan lastimado porque “el no poder perdone es como beber veneno y esperar a que la otra persona muera.” En realidad es imposible perdonar al menos que uno haya resuelto la razón de su ira totalmente. El resolverla despeja el camino para el perdón.

Para una salud física, emocional y espiritual necesitamos estar en contacto con todas nuestras emociones (positivas y negativas), utilizarlas y expresarlas en forma creativa. Este, también es el camino al amor, porque la ira sin resolver se convierte en resentimiento y levanta barreras entre amigos, seres amados e incluso con Dios, y deja fuera al amor.

Como resolver la hostilidad el coraje que llevamos guardado

Para resolver la hostilidad causada por la ira sin resolver del pasado—aún de la niñez—usualmente se necesita de ayuda de un consejero profesional. Si ésta es su situación, la recuperación comienza al reconocer el problema y admitir que necesita ayuda. Pregunte su ministro o a su médico de cabecera si pueden recomendarle a un consejero que se especialice en el control de la ira. Y sobre todo, admita y confiese su problema a Dios. Una de las oraciones más poderosas que alguien pueda orar es, “Dios tengo un problema. Necesito ayuda. Por favor ten misericordia de mí un pecador y guíame hacia la ayuda que necesito para superar este gran problema (asegúrese de nombrar el problema. Llámelo por su nombre). “

1. Marcos 3:5 (NIV).    2. Cecil Osborne, El Arte de comprenderse a sí mismo, Grand Rapids: Casa Publicadora Zondervan, 1967, p. 61.    3. Proverbios 14:29.    4. 1 Pedro 2:1 (TLB).    5. Efesios 4:26-27 (TLB).    6. Efesios 4:15.    7. Vea Salmos 109.    8. Vea  Marcos 11:25.

Agradecido

20 Ago

Agosto 20, 2009

Agradecido

“Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes.”1

He leído que Charles Plumb, un graduado de la Academia Naval de US, era un piloto de jet en Vietnam. Después de 75 misiones, su avión fue destruido por un misil. Plumb expulsó del avión y bajo en paracaídas directamente en manos enemigas. Él fue capturado y pasó seis años en una cárcel vietnamita. Él sobrevivió el calvario y ahora da conferencias sobre las lecciones aprendidas durante esa experiencia.

Un día después de terminar una de sus presentaciones, un hombre se le acerco y le dijo, ‘Usted no me conoce, pero yo soy la persona que empacó su  paracaídas el día que su avión fue derrumbado.’

“Plumb se sorprendió y le miro con gratitud. El hombre tomó su mano y dijo, ‘¡creo que funcionó!’

“Plumb le aseguró, ‘Claro que sí. Si el paracaídas no hubiese funcionado, yo no estaría aquí hoy.’”

Si no fuera por alguien más—tal vez muchos—la mayoría de nosotros no estaríamos donde estamos hoy. Y si no fuera porque alguien más nos habló sobre Jesús y su regalo del perdón y la vida eterna, la mayoría de nosotros no sabríamos de él y no tendríamos la bendición del cielo. Seamos siempre consientes y agradecidos con todos los que han “doblado nuestros paracaídas” y podamos hacemos lo mismo por los demás.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por todos los que me han ayudado a estar en donde estoy hoy y especialmente por aquellos que compartieron tu amor y el evangelio conmigo. Ayúdame a tener un corazón agradecido y a ayudar a los demás a encontrarte así como a mí me ayudaron. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”

1. EL apóstol Pablo Filipenses 1:3 (NIV).

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