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Para Reflexionar

20 Abr

Para Reflexionar



Señor, es demasiado pesada, por favor déjame cortarla un poquito


Señor, por favor, córtalaun poquito más y podré cargarla mejor

Señor, muchas gracias…

Usa esto como puente y cruza por encima

Ahhh, es demasiado corta y no puedo cruzar…

Sólo hay una salida para los sufrimientos…pasando por ellos, Dios nunca te dará más de lo que puedes cargar. Así que carga tu cruz y regocíjate en el premio. Aprendamos a cargar nuestra cruz sin renegar y sólo pidamos al Señor fuerza y fortaleza para salir adelante y salir triunfadores. Cualquiera sea tu cruz, cualquiera sea tu dolor, siempre habrá un resplandor , un atardecer, después de la lluvia ….. Quizás puedas tropezar, quizás hasta caer…..Pero Dios siempre está listo a responder a tu llamada …… Dios siempre enviará un arco iris después de la lluvia.
(Héctor pareja)

La religiosidad de los pacientes condiciona el tratamiento del cáncer

20 Abr

La religiosidad de los pacientes condiciona el tratamiento del cáncer

Los enfermos religiosos eligen más las técnicas de prolongación artificial de la vida, a pesar del sufrimiento

Un estudio realizado por científicos del Dana-Farber Cancer Institute de Estados Unidos con 345 enfermos de cáncer en fase terminal, ha revelado que existe una relación entre la religiosidad de los pacientes y una cantidad mayor de cuidados destinados a prolongar artificialmente su vida, a pesar de que dichos cuidados vayan en detrimento de la calidad de ésta. Aunque aún se desconoce el por qué de esta tendencia, los científicos creen que los enfermos creyentes esperan hasta el último momento que se produzca un milagro. O también que su valoración por la vida es mayor que la consideración del daño que les pueden hacer estos tratamientos agresivos. De cualquier manera, estos investigadores señalan la importancia del conocimiento de las características religiosas de los pacientes para ayudarlos en el proceso de su enfermedad, y no sólo en la fase terminal. Por Yaiza Martínez.

La religiosidad de los pacientes condiciona el tratamiento del cáncer
Investigadores del Dana-Farber Cancer Institute de Boston, en Estados Unidos, han realizado una investigación con 345 enfermos de cáncer en estado terminal, cuyos resultados apuntan a la existencia de una relación entre la religiosidad y el uso de tratamientos agresivos en los momentos cercanos a la muerte.  

Según explica dicho Instituto en un comunicado, las personas que se apoyan en la religión para afrontar su enfermedad tienden más a recibir cuidados médicos intensivos, destinados a prolongar sus vidas en los últimos momentos, a pesar de que estos cuidados a menudo rebajan su propia calidad de vida.

Una investigación anterior había demostrado que cuanto más religioso es un paciente más tiende a preferir tratamientos agresivos para la prolongación de su vida, pero este nuevo estudio ha constatado que esta preferencia se traduce en una aplicación real de dichos tratamientos en el caso de los enfermos terminales de cáncer.

Última semana de vida

Según los científicos, estos resultados sugieren que los médicos son propicios a atender los deseos de los pacientes religiosos a este respecto.

Una de las autoras del estudio, la doctora Holly Prigerson, señaló que ya se había demostrado que “la religión y la espiritualidad son fuentes de consuelo y apoyo para los pacientes que afrontan enfermedades graves en estado avanzado”. Los nuevos resultados obtenidos apuntan, además, a que “los pacientes que se vuelcan en la religión en momentos de crisis son más propicios a recibir cuidados agresivos antes de morir”.

Los enfermos analizados permanecían ingresados en siete hospitales y centros especializados en tratamiento del cáncer de diversas partes de Estados Unidos. Los participantes fueron entrevistados acerca de los recursos que utilizaban para afrontar su enfermedad, y también sobre sus preferencias acerca de cuidados avanzados y tratamientos de prolongación de la vida.

Posteriormente, los investigadores hicieron un seguimiento de los cuidados recibidos por estos pacientes durante la última semana de sus vidas.

El análisis de todos estos datos demostró que los pacientes que afrontaban la enfermedad desde una perspectiva religiosa, fueron tres veces más propicios a recibir cuidados médicos para prolongar la vida, como la respiración asistida o la resucitación cardiopulmonar, en los últimos momentos. Esta tendencia se mantuvo incluso después de considerar otros factores condicionantes, como la edad o la etnia de los enfermos.

Dios como guía

Por otro lado, los pacientes más religiosos fueron menos propicios a definir su voluntad (por ejemplo, firmando una orden de no-resucitación) con respecto a la gestión de sus últimos días de vida, es decir, que no contribuyeron a poner los límites de las intervenciones médicas por adelantado.

El director de la investigación, el doctor Andrea Phelps, de la Harvard Medical School, afirmó que “más allá del significado de la fe religiosa a la hora de afrontar el desafío emocional de un cáncer incurable, es importante reconocer cómo los factores religiosos, ante situaciones extremadamente difíciles, condicionan a los pacientes. En momentos de crisis, en lugar de buscar consejo en sus médicos, estas personas a menudo miran a Dios como guía”.

El estudio no exploró las razones de la preferencia por los tratamientos agresivos para la prolongación de la vida en el caso de los enfermos más religiosos, pero los investigadores pretenden realizar nuevos estudios para buscarlas.

Para ellos, resulta importante conocer toda esta información, porque creen que una mayor comprensión del origen de las decisiones médicas de los enfermos les ayudará a definir los cuidados a aplicar, considerando y comprendiendo la opinión de los pacientes. Todas estas reflexiones aparecen publicadas por extenso en The Journal of the American Medical Association (JAMA).

Historia espiritual

Hace dos años, el Dana-Farber Cancer Institute publicó los resultados de otro estudio que relacionaba la religiosidad y la enfermedad del cáncer.

En aquella ocasión, Prigerson y sus colaboradores analizaron a 230 pacientes de cáncer que ya habían superado su enfermedad, descubriendo que éstos sentían que habían recibido un escaso o directamente nulo apoyo espiritual de las comunidades religiosas y del sistema médico, mientras pasaban por tan duro trance.

Por el contrario, aquellas personas que en la misma situación se habían sentido espiritualmente acompañadas informaron de una mejor calidad de vida que el resto de los encuestados.

Los resultados de esta investigación, que fueron publicados en la revista especializada Journal of Clinical Oncology, apuntarían según los investigadores a la necesidad de hacer una “historia espiritual” (una descripción de la religiosidad del paciente) como parte rutinaria de la atención a los enfermos.

Fue en este primer estudio en el que se descubrió una tendencia a recurrir a métodos agresivos de prolongación de la vida en los pacientes más religiosos. Los autores sugirieron entonces que esta tendencia podría deberse a que “los individuos religiosos creen que su enfermedad está en manos de Dios, y siempre esperan una intervención milagrosa por su parte. Por otro lado, el valor que este tipo de personas da a la vida sobrepasa el daño potencial que pueden ocasionarles los intentos por mantenerla”.

Miércoles 08 Abril 2009, Yaiza Martínez, tendencias21.net

¿Cómo puedo ser un hijo de Dios?

20 Abr

¿Cómo puedo ser un hijo de Dios?

Respuesta: “Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

“Debes nacer de nuevo”

Cuando Jesús fue visitado por el líder religioso Nicodemo, Él no le aseguró el cielo de inmediato. En vez de ello, Cristo dijo, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3).

Cuando una persona nace físicamente, hereda la naturaleza de pecado como resultado de la desobediencia de Adán en el Jardín del Edén. Nadie tiene que enseñar a un niño a mentir. Él por naturaleza sigue sus propios deseos erróneos, que lo conducen a pecados tales como mentir, robar y odiar. En lugar de ser un hijo de Dios, él es un hijo de ira y desobediencia.

“Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2:1-3).

Como hijos de ira, merecemos estar separados de Dios en el infierno. Afortunadamente, el pasaje continúa, “Pero Dios, que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).” (Efesios 2:4-5)

¿Cómo somos vivificados con Cristo / nacidos de nuevo / hechos hijos de Dios? ¡Debemos recibir a Jesús!

“Recibir a Jesús”

“Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)

Este pasaje explica claramente cómo convertirnos en hijos de Dios. Debemos recibir a Jesús mediante la fe en Él. ¿Qué debemos creer acerca de Jesús?

Primero, debemos reconocer que Jesús es el eterno Hijo de Dios quien se hizo hombre. Nació de la virgen María, por el poder del Espíritu Santo. Jesús no heredó la naturaleza pecaminosa de Adán. Por esto, Él es llamado el segundo Adán (1 Corintios 15:22). Mientras que la desobediencia de Adán trajo la maldición del pecado sobre el mundo, la vida perfecta de Jesucristo puede cubrir nuestras vidas pecaminosas. Nuestra respuesta a esto debe ser de arrepentimiento (volvernos del pecado), confiando en que Su vida perfecta nos purifica. 

Segundo, debemos tener fe en Jesús como nuestro Salvador. El plan de Dios era sacrificar a Su perfecto Hijo en la cruz, para pagar el castigo que merecemos por nuestros pecados: la muerte. La muerte de Cristo libra del castigo y del poder del pecado a aquellos que lo reciben. 

Finalmente, debemos seguir a Jesús como nuestro Señor. Después de que Cristo resucitó victorioso sobre el pecado y la muerte, Dios le confirió toda autoridad (Efesios 1:20-23). Jesús guía a aquellos que lo reciben; pero Él juzgará a todos los que lo rechacen (Hechos 10:42).

Por la gracia que Dios nos da de arrepentirnos y tener fe en el Salvador y Señor, nacemos de nuevo a una vida nueva como hijos de Dios. Solo aquellos que reciben a Jesús – no los que apenas saben de Él, sino los que confían en Él para salvación, se someten a Él como su Amo y Señor, y lo aman como el supremo tesoro – son hechos hijos de Dios. 

“Llegar a ser un hijo de Dios”

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13)

Así como no tuvimos participación alguna en nuestro nacimiento natural, tampoco podemos lograr nuestro nacimiento dentro de la familia de Dios, por medio de buenas obras o invocando la fe surgida de nosotros. Como lo dicen los versos antes mencionados, Dios es el único que “tiene el derecho” de acuerdo a su misericordiosa voluntad. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.” (1 Juan 3:1). Por eso, el hijo de Dios no tiene nada de que enorgullecerse, sino solo gloriarse en el Señor (Efesios 2:8-9).

Un hijo crece para parecerse a sus padres. De manera similar, Dios quiere que Sus hijos se vuelvan más y más como Jesucristo. Aunque solo en el cielo podremos ser perfectos, un hijo de Dios no pecará habitualmente y sin arrepentirse. “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como Él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:7-10).

No nos equivoquemos; un hijo de Dios no puede ser “repudiado” por pecar. Pero alguien que “practica” el pecado (por ej. que consistentemente disfruta el pecar sin hacer caso de seguir a Cristo y Su Palabra), revela que nunca ha nacido de nuevo. Jesús dice de tal gente, “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:44). Por otra parte, a los hijos de Dios ya no les atrae la gratificación del pecado; sino el deseo de conocer, amar, y glorificar a su Padre. 

La recompensa de ser hechos hijos de Dios es inmensurable. Como hijos de Dios, formamos parte de Su familia (la iglesia), tenemos prometido un hogar en el cielo, y nos es dado el derecho de aproximarnos a Dios en oración como nuestro Padre (Efesios 2:19; 1 Pedro 1:3-6; Romanos 8:15). 

Responde al llamado de Dios a arrepentirte del pecado y a creer en Cristo. ¡Conviértete en un hijo de Dios hoy mismo!

¿Ha hecho usted una decisión por Cristo, por lo que ha leído aquí? Si es así, por favor oprima la tecla “¡He aceptado a Cristo hoy!”

Fuente: http://www.gotquestions.org/Espanol/hacerse-hijo-Dios.html

La frase “en forma de Dios” de Filipenses 2:6, ¿sugiere que Cristo no fue divino?

20 Abr

Jesucristo: Esencialmente Dios
Ángel Manuel Rodríguez

La frase “en forma de Dios” de Filipenses 2:6, ¿sugiere que Cristo no fue divino?      

      Algunas veces, unas pocas palabras de un texto nos sorprenden de tal forma, que no notamos el resto del pasaje. En muchos casos, el significado de estas palabras está localizado dentro de su propio contexto. Este es el caso con la frase que has citado. El sustantivo “forma” (del griego morphē) es utilizado dos veces en Filipenses 2:6, 7, y en ambas oportunidades se refiere a Cristo: “siendo en forma de Dios” (vers. 6) y “tomando forma de siervo” (vers. 7). La primera vez describe a Cristo antes de que llegue a ser hombre. En la segunda ocasión, la palabra lo describe como el Salvador en carne humana. Esto sugiere que el término tiene que ver con la forma de ser de Cristo.
      Segundo, nota que en el segundo uso, el verbo empleado es “tomar, aceptar”, sugiriendo que esta nueva forma de existencia no era la forma natural de existencia de Cristo. No es lo que el Señor preencarnado era en sí mismo, sino lo que llegó a ser. Cuando el texto dice que Cristo tomó “forma de siervo”, no significa que él tenía semejanza o se parecía a un siervo. Significa que, cuando vino “semejante a los hombres”, de hecho llegó a ser un hombre. La frase combina las ideas de función y esencia. 
      Tercero, las palabras “siendo en forma de Dios” tienen que ver con lo que Cristo era en sí mismo. No tenía la apariencia de ser Dios, sino que era Dios. Tenía la “forma” que solo Dios tiene. En otras palabras, “forma de Dios” significa la forma de existencia que corresponde al ser divino. La Nueva Versión Internacional lo traduce con la frase “siendo por naturaleza Dios”. Esto correctamente indica que “forma” significa la misma naturaleza de Cristo antes de llegar a ser humano. Esto puede sonar extraño a nosotros, para quienes el termino “forma” tiene la connotación de apariencia o aspecto de algo, pero este no es el caso con el término utilizado por Pablo. Se refiere a la forma que define o expresa la misma naturaleza de una persona. Jesús no estaba simplemente actuando como un siervo o como Dios; era un siervo. También era Dios. 
      Cuarto, esta comprensión de la frase es apoyada por la declaración hecha en el versículo 6: Jesús “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”. El verbo “aferrarse” (del sustantivo griego harpagmos) significa “algo que uno retiene”, expresando la idea de “retener algo que ya posee”; en este caso, la divinidad. Antes de llegar a ser un hombre, Jesús, en lugar de aferrarse a su igualdad con Dios, “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (vers. 7). Dios decidió humillarse al nivel de un siervo. Él, que era en sí mismo divino, llegó a ser “el Siervo de Dios” (ver Isa. 53:11, 12). Esta es una maravillosa y gloriosa revelación del insondable amor de Dios.
      ¿Qué es lo que significan las palabras “la imagen misma de su sustancia” de Hebreos 1:3?
      En este pasaje, la Biblia está abordando la naturaleza divina de Cristo antes de que llegue a ser un hombre. La Nueva Versión Internacional traduce este pasaje como: “la fiel imagen de lo que él [Dios] es”. Ambas traducciones son algo difíciles de entender, por lo que un buen diccionario o comentario bíblico nos ayudará a responder esta pregunta.
      No podemos responder esta cuestión sin hacer referencia a algunas palabras griegas utilizadas por Pablo en este pasaje. Los dos términos que utiliza son muy importantes. El primero es caraktēr, traducido como “la fiel imagen” en la Nueva Versión Internacional. El español toma de este término las palabras “carácter” o “característica”. Significa las marcas o los rasgos distintivos de un objeto o una persona.
      El segundo término es ” hipostasis”, que significa “persona” o “ser”. Fue empleado en la literatura griega para referirse a lo que yace en el fundamento, en la base, y luego a la esencia de algo. En hebreo fue usado para referirse a la esencia de Dios, su ser. 
      Este pasaje expresa dos importantes ideas: Primero, Cristo es totalmente divino porque posee las características distintivas y exclusivas del ser de Dios. Segundo, el pasaje enfatiza la revelación de Dios en Jesucristo. En él podemos reconocer las marcas exclusivas de Dios, que lo hacen diferente de cualquier otro ser. Solo Cristo, que es totalmente divino, es capaz de revelarnos la plenitud de la naturaleza de Dios (ver Col. 1:19).

Fuente: http://biblicalresearch.gc.adventist.org/preguntasbiblicas/jesucristoesencialmentedios.htm