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El rostro humano de Dios

28 Mar
Marzo 2007  

El rostro humano de Dios

Se dice, no sin cierta razón, que la cara es el espejo del alma. Los diferentes aspectos de nuestro rostro manifiestan por lo general nuestro estado de ánimo: alegría, tristeza, sorpresa, ansiedad, ira, apacibilidad, compasión, amor… Y es innegable que la expresión de nuestra cara, a menos que finjamos, influye poderosamente en nuestra relación con otros. En el éxito de la comunicación pocas cosas influyen más que la expresión del rostro. ¿Puede aplicarse esa observación a nuestra relación con Dios? Dicho de otro modo:

¿Podemos hablar de la faz de Dios?

Sabido es que en la Biblia frecuentemente se usa un lenguaje antropomórfico cuando se refiere a Dios, quien es representado como si fuese un hombre. En tal caso no podemos interpretar las referencias a él literalmente como si tuviese un cuerpo físico a semejanza de los humanos, pues «Dios es Espíritu» (Jn. 4:24). Por algo fue rotundamente prohibido el uso de imágenes en Israel. Pero aun si la faz de Dios tuviese una expresión física, al hombre le estaría vedado contemplar su gloria. Aun a Moisés, su siervo escogido, tuvo Dios que decirle: «No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo» (Éx. 33:20). A lo sumo el hombre ha visto las maravillosas obras de Dios, sus milagros, su acción redentora en favor de su pueblo, sus intervenciones en el control de la historia del mundo, su manifestación en la figura del «angel de Yahveh», etc. Pero el rostro de Dios nadie lo ha visto. Moisés -valga la paradoja- «se mantuvo como viendo al Invisible» (He. 11:27). Con todo, muchos -creyentes incluidos- se imaginan a Dios como un anciano de luengas barbas que cabalga majestuoso sobre nubes. El arte cristiano nos ha dejado la figura de un Pantocrátor de expresión fría que hace pensar en un Ser todopoderoso, perfectamente justo, soberano, Rey de reyes y Señor de señores, divinidad impasible. Su rostro, más que confianza, inspira temor al juicio venidero. Pero no es esta imagen la que corresponde al concepto bíblico de Dios. Esencialmente, y en la mayoría de los casos, el semblante de Dios no refleja cólera, sino amor. No tiene por finalidad asustar, sino alentar; no turbar, sino infundir paz. En días de Moisés, dada la rebeldía del pueblo israelita, una idea inadecuada de Yahveh podía infundir pavor. Pero al caudillo israelita le dijo Dios: «Mi rostro irá contigo y te haré descansar» (Éx. 33:13-14).

El rostro divino y Cristo

La auténtica faz de Dios sólo podemos verla en la persona de su Hijo unigénito, el Verbo divino, aquel que dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn. 14:9). «Dios resplandeció para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo» (2 Co. 4:6). «Nadie ha visto jamás a Dios. El Hijo único, que es Dios y vive en íntima comunión con él, nos lo ha dado a conocer» (Jn. 1:18, versión Biblia de Estudio). Por supuesto, tampoco podemos hacernos una idea cabal de la cara física de Jesús, pese a los esfuerzos de eminentes artistas que lo han pintado con respetuosa imaginación, (véase el Tema del Mes de Mayo 2001: «¿Una imagen nueva para Jesús?»). A Cristo sólo podemos conocerle a la luz del Evangelio, «por fe, no por vista» (2 Co. 5:7). Sólo así llegamos a contemplar la belleza de su carácter, la generosidad de su amor, la fidelidad de sus promesas, lo impresionante de su obra, todo ello reflejo de las características de Dios.

Dios ¿puede sufrir?

En Cristo Dios se acerca a los hombres. El Hijo encarnado es Emanuel, «Dios con nosotros». Y por nosotros. Dios está, por así decirlo, comprometido con nuestra salvación y juntamente con su Hijo participa en la obra dolorosa de la expiación del pecado para salvación de los seres humanos. En la cruz Dios «estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí» (2 Co. 5:19). ¡Misterio profundo! ¿Significa esto que Dios puede sufrir? Algunos teólogos -más bien filósofos-, envueltos en especulaciones metafísicas, han negado esa posibilidad alegando que la inmutabilidad de Dios implica su impasibilidad (que no puede sufrir). Pero en la Biblia hay textos muy significativos que presentan a Dios con sentimientos doloridos, como un gran sufriente: «En toda angustia de ellos él fue angustiado» (Is. 63:9). «Así ha dicho Yahveh (hablando a su pueblo): “El que os toca, toca la niña de mi ojo”» (Zac. 2:8). ¿Acaso no hay sufrimiento inaudito en las palabras de Dios transmitidas por el profeta Oseas: «¿Cómo podré abandonarte, oh Efraím? ¿Cómo podré entregarte, oh Israel?… Mi corazón se revuelve dentro de mí; se inflama toda mi compasión» (Os. 11:8).

Es sumamente difícil imaginarse a Dios contemplando impasible a su Hijo en la cruz. Me parece oportuno citar aquí unas palabras de Richard Bauckham: «Solamente si podemos decir que Dios mismo estaba implicado en el sufrimiento de Cristo en la cruz podemos hacer justicia al lugar de la cruz en la fe cristiana». Si es así, no parece justificado buscar el rostro de Dios en el Pantocrator. Es mucho más iluminador contemplarlo a la luz del Calvario. Con ella resplandece la gloria de la justicia divina: Dios «ni aun a su propio Hijo eximió, sino que lo entregó por todos nosotros» (Ro. 8:32). Pero, sobre todo, refulge el amor infinito de Dios: «De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito… como propiciación por nuestros pecados» (Jn. 3:161 Jn. 4:10).

De todo lo expuesto se deduce que si Dios es sensible ante la cruz también lo es frente al sufrimiento humano en general. Recordemos Is. 63:9: «En toda angustia de ellos él fue angustiado». Incluso en los padecimientos más angustiosos. Aunque no entendamos la aparente lejanía de Dios en los grandes dramas de la humanidad (odios, guerras, campos de concentración, genocidios, etc.). ¿Dónde estaba Dios cuando en los campos de exterminio nazis morían millones de víctimas? ¿Qué hacía? Estaba preparando un principio de esperanza. Sí; de un modo que excede a nuestra comprensión, Dios sufre. Y, en unión de su Hijo, reacciona poniendo en acción los recursos de su gracia necesarios para cambiar la situación de la humanidad (Ro. 8:18-23). En el fondo, la historia del mundo es historia de salvación. La maldad en sus múltiples formas será eliminada; el imperio del mal será sustituido por el Reino de Dios. De ese modo, el dolor de Dios dará lugar al triunfo de Dios en el orden y el bienestar de una nueva creación.

En Cristo se encuentran la divinidad y la humanidad. Dios va a ser glorificado. El hombre va a ser redimido. Dios acepta pagar el precio de nuestra salvación: la humillación, el dolor, la cruz (Fil. 2:7-8). En Cristo no fue ajeno a ninguna de nuestras necesidades; compartió nuestros padecimientos. Y lo más ínsólito: se solidarizo con los seres humanos en su estado de miseria moral para librarlos de su condición y elevarlos a la dignidad de hijos suyos. Santo, se acercó a los más caídos, a los marginados, a los tenidos por despreciables en la sociedad, e hizo de ellos hombres y mujeres nuevos. En todo momento actuó como el restaurador de los maltrechos por la desgracia o por las consecuencias del pecado. Cristo, en su encarnación y su acercamiento a la humanidad, ha efectuado una total renovación: «Si alguno está en Cristo es una nueva creación; las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas» (2 Co. 5:17). Al decir «todas» quiere indicar la totalidad de la persona y de su vida: su carácter, sus aspiraciones, sus valores y prioridades, su comportamiento, su relación con Dios y con sus semejantes. Asimismo incluye la influencia del pueblo cristiano en el mundo como sal y luz. Cristo es la imagen perfecta de Dios. El cristiano es llamado a ser imagen viva de Cristo.

Lo que llevamos dicho de Cristo es aplicable al Padre. El Señor Jesús afirmó: «Yo y el Padre somos una sola cosa» (Jn. 10:30), «Todo lo que el Padre hace, también lo hace igualmente el Hijo» (Jn. 5:19). De modo análogo podría decirse que todo lo que el Hijo hace también lo hace el Padre juntamente. En la obra de la salvación Dios y su Hijo están plenamente identificados.

Dios y el rostro de sus redimidos

En el principio, el hombre fue hecho a imagen de Dios. En la segunda creación, el hombre es «modelado conforme a la imagen de su Hijo» (Ro. 8:29 RV77). Y dado que Cristo es imagen de Dios (2 Co. 4:4), se sobrentiende que el creyente ha de reflejar el rostro de Dios, con las mismas características que vemos en Cristo. Esta idea es expresada admirablemente por la Biblia de Jerusalén al traducir Ro. 8:29: «a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo».

Ello implica que también el cristiano ha de «encarnarse» a semejanza de su Señor: acercándose a sus semejantes, penetrando amorosamente en su situación espiritual y existencial, entendiendo que encarnarse es «estar con» el otro, comprender sus problemas y necesidades; si es necesario, sacrificarse y sufrir para su bien. El discípulo de Cristo ha de mostrar el mismo rostro que su Salvador. No es del mundo, pero está en el mundo y como hijo de Dios, en su relación con el mundo, ha de ejercer una influencia social altamente benéfica, la más benéfica que se puede imaginar.

La faz del creyente, al modo de la de Dios, resplandece irradiando comprensión, bondad, tolerancia santa, abnegación, magnanimidad, haciendo visible la gloria de la gracia salvadora de Dios.

En los albores de la nación israelita, el rostro de Moisés resplandecía como resultado de haber estado en la intimidad de la presencia del Altísimo (Éx. 34:29). De modo similar debe resplandecer la faz del creyente que vive cerca de Dios. Que él nos ayude por su Espíritu para que así sea, a fin de que en nosotros pueda verse siempre un rostro tan humano como el de Jesús, el de Dios.

El Señor dice: «Buscad mi rostro»; y mi corazón responde: «Tu rostro buscaré; Señor, no escondas tu rostro de mí.» (Sal. 27:8-9).

José M. Martínez

Fuente: http://www.pensamientocristiano.com/Mes/200703.shtml

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EL MUNDO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

28 Mar

MAPAS BÍBLICOS 
EL MUNDO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1. Monte Ararat Lugar donde, según la tradición, reposó el arca de Noé (Gén. 8:4). Se desconoce la ubicación exacta.
2. Ur Tierra natal de Abraham, donde estuvo a punto de ser la víctima de un sacrificio humano, vio al ángel de Jehová y recibió el Urim y Tumim (Gén. 11:28–12:1; Abr. 13:1). (Véase también otro posible sitio de Ur al norte de Mesopotamia.)
3. Babilonia, Babel (Sinar) Fue habitada en el principio por Cus, hijo de Cam, y por Nimrod. Zona de origen de los jareditas en la época de la Torre de Babel, en las llanuras de Sinar. Posteriormente fue la capital provincial de Babilonia y residencia de los reyes babilonios, aun de Nabucodonosor, quien llevó a muchos judíos cautivos a dicha ciudad tras la destrucción de Jerusalén (587 a.C.). Los judíos estuvieron cautivos en Babilonia durante setenta años hasta la época del rey Ciro, quien les permitió regresar a Jerusalén para reedificar el templo. Daniel el profeta vivió allí durante el reinado de Nabucodonosor, de Belsasar y de Darío I (Gén. 10:10; 11:1–9; 2 Rey. 24–25; Jer. 27:1–29:10; Ezeq. 1:1; Dan. 1–12; Omni 1:22Éter 1:33–43).
4. Susa Capital del imperio persa bajo el reinado de Darío I (Darío el Grande), de Jerjes (Asuero) y de Artajerjes. Lugar de residencia de la reina Ester, cuyo valor y fe salvaron a los judíos. Daniel, y posteriormente Nehemías, también sirvieron allí (Neh. 1:1; 2:1; Ester 1:1; Dan. 8:2).
5. Llanura de Dura Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron echados a un horno de fuego ardiendo cuando se negaron a adorar la imagen de oro de Nabucodonosor; el Hijo de Dios los preservó y salieron del horno sin ningún daño (Dan. 3).
6. Asiria Asur fue la primera capital de Asiria, y después lo fue Nínive. Los gobernantes asirios Salmanasar V y Sargón II conquistaron el reino del norte de Israel y se llevaron cautivas a las diez tribus en el año 721 a.C. (2 Rey. 14–15, 17–19). Asiria fue una amenaza para Judá hasta el año 612 a.C., cuando Asiria fue conquistada por Babilonia.
7. Nínive Capital de Asiria. Asiria atacó la tierra de Judá durante el reinado de Ezequías y el ministerio del profeta Isaías. Jerusalén, capital de Judá, se salvó milagrosamente cuando un ángel mató a 185.000 soldados asirios (2 Rey. 19:32–37). El Señor dijo al profeta Jonás que llamara a esta ciudad al arrepentimiento (Jonás 1:2; 3:1–4).
8. Harán Abraham se estableció allí por un tiempo antes de dirigirse a Canaán. Su padre y su hermano se quedaron en este lugar. Rebeca (esposa de Isaac), Raquel, Lea, Bilha y Zilpa (esposas de Jacob), procedían de esta zona (Gén. 11:31–32; 24:10; 29:4–6; Abr. 2:4–5).
9. Carquemis El faraón Necao fue derrotado por Nabucodonosor en este lugar, con lo que se puso fin al poder de Egipto en Canaán (2 Cró. 35:20–36:6).
10. Sidón Esta ciudad fue fundada por Sidón, nieto de Cam, y es la ciudad cananea situada más al norte (Gén. 10:15–20). Fue residencia de Jezabel, quien introdujo la adoración de Baal en Israel (1 Rey. 16:30–33).
11. Tiro Fue una importante ciudad comercial y portuaria de Siria. Hiram de Tiro envió madera de cedro, oro y artesanos para ayudar a Salomón en la construcción del templo (1 Rey. 5:1–10, 18; 9:11).
12. Damasco Abraham rescató a Lot cerca de allí. Era la ciudad principal de Siria. Los israelitas conquistaron la ciudad durante el reinado del rey David. Elías el profeta ungió a Hazael para ser rey de Damasco (Gén. 14:14–15; 2 Sam. 8:5–6; 1 Rey. 19:15).
13. Canaán Abraham y su descendencia recibieron esta tierra por posesión eterna (Gén. 17:8).
14. Monte Sinaí (Horeb) Allí el Señor habló a Moisés desde una zarza ardiendo (Éx. 3:1–2). Moisés recibió allí la Ley y los Diez Mandamientos (Éx. 19–20). El Señor habló a Elías el profeta con un silbo apacible y delicado (1 Rey. 19:8–12).
15. Ezión-geber El rey Salomón construyó una flota de naves en este lugar (1 Rey. 9:26). Probablemente la reina de Sabá haya desembarcado en este puerto para ir a ver a Salomón tras haber oído de su fama (1 Rey. 10:1–13).
16. Egipto Abraham se trasladó allí debido a que se agravó el hambre en Ur (Abr. 2:1, 21). El Señor dijo a Abraham que enseñara a los egipcios lo que Él le había revelado (Abr. 3:15). Los hermanos de José lo vendieron como esclavo (Gén. 37:28). José se convirtió allí en mayordomo principal de la casa de Potifar, fue encarcelado e interpretó el sueño de Faraón, y se le concedió un cargo de autoridad en Egipto. José y sus hermanos se encontraron nuevamente en este país, a donde se trasladaron Jacob y su familia (Gén. 39–46). Los hijos de Israel moraron en Gosén durante su permanencia en Egipto (Gén. 47:6).
Los israelitas se multiplicaron y se fortalecieron “en extremo”; posteriormente, fueron hechos cautivos por los egipcios (Éx. 1:7–14), pero tras una serie de plagas, Faraón permitió que Israel abandonara Egipto (Éx. 12:31–41). Jeremías fue llevado a Egipto (Jer. 43:4–7).
17. Caftor (Creta) La antigua tierra de los minoicos.

Cronologia del Antiguo Testamento

28 Mar

Cronología del Antiguo Testamento

cronologia-del-antiguo-testamento

Mapas Bíblicos

28 Mar

Mapas Bíblicos

Una serie útil y completa de mapas bíblicos, imprescindible para todo estudiante de la Palabra de Dios, sea principiante o avanzado. Ellos nos permitirán entender más acertadamente la Historia y la Geografía que comprenden las Sagradas Escrituras.

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Déjà-vu: entre la realidad y la fantasía

28 Mar

Neurociencias / Una ventana al funcionamiento de la memoria

Déjà-vu: entre la realidad y la fantasía

Este perturbador fenómeno, por el que una persona cree estar viviendo algo ya vivido, aún hoy desconcierta a los científicos

Sábado 28 de marzo de 2009 | Publicado en Lanacion.com

Déjà-vu: entre la realidad y la fantasía

 

Helen Phillips 
New Scientist 

LONDRES.- El señor P, un emigrante y ex ingeniero polaco de 80 años, sabía que tenía problemas con su memoria, pero fue su esposa la que los describió como una sensación permanente de déjà- vu. El se negaba a ver televisión o a leer el periódico, porque declaraba que ya lo había visto todo antes.

Cuando salía a pasear, decía que los mismos pájaros siempre cantaban en los mismos árboles, y que los mismos autos siempre pasaban a la misma hora todos los días. Su médico le recomendó ver a un especialista en memoria, pero el señor P se negó. Estaba convencido de que ya lo había hecho.

El déjà- vu puede pasarle a cualquiera, y quienquiera que lo haya sufrido reconocerá la descripción inmediatamente. Es mucho más que la sensación de haber visto o hecho algo con anterioridad; es el sentimiento perturbador e inapropiado de que la historia se repite y de que eso es imposible.

Uno no puede localizar exactamente cuándo y dónde tuvo lugar el encuentro anterior, y puede interpretarse como una premonición o un sueño. Este fenómeno pasajero, subjetivo y extraño ha sido difícil de estudiar, en parte por estar teñido de explicaciones paranormales.

Eso está cambiando, instigado en parte por el señor P y un puñado de personas que, como él, sufren una demencia que los hace experimentar constantes déjà- vu, pero también por el descubrimiento de que hay un grupo de personas con epilepsia que tienen auras similares a los déjà- vu justo antes de tener una convulsión. Esto permite a los investigadores ver el proceso en acción y, de ese modo, tratar de desentrañar los secretos de este fenómeno.

Sorprendentemente, el déjà- vu no sólo provee de una ventana interesante hacia las formas como funciona nuestra memoria, sino que nos puede dar claves sobre cómo podemos diferenciar lo que es real de lo que es imaginado, soñado o recordado, uno de los verdaderos misterios de la conciencia.

Señales sensorialesDejando a un lado las especulaciones sobre vidas pasadas y telepatía, la primera explicacion biológica deldéjà- vu se basó en la idea de que dos señales sensoriales del cerebro, tal vez una de cada ojo o de cada hemisferio del cerebro, por alguna razón dejaba de estar en sintonía, haciendo que las personas experimentasen el mismo evento de nuevo.

La “diplopia mental”, como se lo conocía, era una explicación intuitiva, pero la evidencia la contradijo. La información que obtenemos de ambos ojos se mezcla muy rápido en el proceso visual, mucho antes de que percibamos una escena. Lo que es más: el déjà- vu, término que significa ?ya visto´, puede ocurrirles a los ciegos, según afirma Chris Moulin, psicoanalista de la Universidad de Leeds, del Reino Unido.

Una segunda explicación intuitiva es que lo causa algún tipo de distorsión en la percepción temporal. De alguna manera, las señales entrantes son malinterpretadas y organizadas con “sellos” temporales inapropiados, lo que hace que la experiencia parezca antigua, a la vez que contemporánea. Pero esta teoría no parece tener ninguna base anatómica en el cerebro.

Sin embargo, tal vez durante el déjà- vu sentimos que estamos reviviendo experiencias pasadas porque eso es lo que de hecho estamos haciendo, hasta cierto punto, por lo menos. La psicóloga Anne Cleary, de la Universidad Estatal de Colorado en Fort Collins, empezó a adentrarse en este tema por su interés en los problemas de memoria. Intentando explicar fenómenos tales como cuando uno tiene algo “en la punta de la lengua”, o cuando reconocemos un rostro sin poder localizarlo totalmente, empezó a buscar paralelismos con el déjà- vu.

“Características de una nueva experiencia pueden resultar familiares por su similitud con alguna situación anterior -explica Cleary-. Sin embargo, el déjà- vu es un proceso único, no sólo por esta instancia de familiaridad, sino por el sentimiento de error que conlleva.”

Moulin no está de acuerdo con la explicación de la familiaridad. Su escepticismo se basa en el estudio de una persona con epilepsia que realizó con Akira O´Connor, de la Universidad de Washington en Saint Louis, Missouri. El hombre sufría auras de déjà- vu lo suficientemente prolongadas como para que se lo sometiera a experimentos durante su padecimiento.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que si la familiaridad se encuentra en las raíces del déjà- vu, podrían detener la experiencia con sólo distraer al paciente de la escena que estaba contemplando. Sin embargo, aunque se enfocase en otras cosas, el déjà- vu no se disipaba, sino que seguía su línea de visión y audición, lo que les sugirió a los científicos que la familiaridad no era la clave.

Moulin y O´Connor pudieron recrear un estado similar al déjà- vu en el laboratorio, hipnotizando a los voluntarios y explicándoles qué iban a sentir cuando llevaran a cabo una acción en particular. Cuando realizaban la actividad, decían sentir un sentimiento similar al déjà- vu. Los investigadores sostienen que, por lo tanto, es posible tener la sensación de familiaridad frente a algo que nunca antes se ha experimentado.

Un fenómeno perturbadorEs posible que tanto Moulin como Cleary estén en lo correcto. Dijo el psicólogo Alan Brown, de la Universidad Metodista del Sur, de Dallas, Texas: “Del mismo modo en que un dolor de estómago puede ser causado por diferentes procesos, lo mismo puede pasar con el déjà- vu”.

Sin embargo, el problema, al explicar el déjà- vu, no es cómo podemos experimentar familiaridad sin reconocimiento, sino por qué se lo siente perturbador. “Estaríamos continuamente sintiéndolo si sólo se tratase de encontrar familiaridades con experiencias reales”, opina Ed Wild, del Instituto de Neurología de Londres. Wild también sugiere que el estado de ánimo y las emociones contribuyen en gran medida a la sensación del déjà- vu.

Si bien el déjà- vu está empezando a revelar algunos secretos, todavía falta mucho para llegar a entender cómo decidimos si algo es real, imaginado, soñado o experimentado. Como dice Wild: “El déjà- vu es una de las más extrañas experiencias que puede llegar a sufrir el cerebro de cualquier persona”.

Una hora a oscuras por el cambio climático

28 Mar

Iniciativa mundial

Una hora a oscuras por el cambio climático

Convocan a apagar la luz, a las 20.30

Sábado 28 de marzo de 2009 | Publicado en Lanacion.com

 

Buenos Aires adherirá hoy a la conmemoración de la Hora del Planeta, una manifestación a nivel mundial que consiste en apagar las luces por el término de 60 minutos, entre las 20.30 y las 21.30.

Se trata de una acción a escala mundial organizada por World Wildlife Fund (WWF), en la Argentina coordinada por la Fundación Vida Silvestre, que pretende demostrar a los gobiernos, ciudadanos y empresas que es posible un trabajo conjunto contra el cambio climático para reflexionar sobre los hábitos de consumo de energía.

Sucede que el ahorro de energía reduce el uso de las centrales termoeléctricas, lo que se transforma en una eficaz medida contra la contaminación.

El gobierno porteño adhirió, por medio de la Agencia de Proteccion Ambiental, a la Hora del Planeta. Por eso, apagará la iluminación del Obelisco, del Monumento de los Españoles, de la Pirámide de Mayo, del monumento al General San Martín y del edificio del Congreso.

En la ciudad, según un comunicado difundido por la Agencia de Protección Ambiental, la iluminación residencial es responsable del 35 por ciento de las emisiones de gases del efecto invernadero en la ciudad.

Un show con antorchasA la par de mantener a oscuras diversos monumentos y edificios, el gobierno porteño organizó un show con iluminación especial, antorchas y música, con un mensaje positivo para todos los ciudadanos. La cita es a las 20, en la Plaza Rubén Darío, situada en Figueroa Alcorta y Austria.

En total, según la Fundación Vida Silvestre, se sumaron a la Hora del Planeta 2848 ciudades en 83 países. Serán 829 los íconos y puntos de referencia que apagarán sus luces alrededor del mundo como apoyo a la acción contra el cambio climático.

Entre las principales capitales y metrópolis que confirmaron su participación figuran Nueva York, Londres, Pekín, París, Moscú, Singapur, Berlín, Roma, Atenas, El Cairo, Washington, Barcelona, Río de Janeiro y México.

“Es una oportunidad para que el Estado empiece a implementar políticas integrales y para que la población tome conciencia de que pueden modificarse los hábitos de consumo de diversas formas”, sostuvo Diego Moreno, director general de la Fundación Vida Silvestre.

En tres años habría vacunas contra la nicotina y el alcohol

28 Mar
OPINION DE UN ESPECIALISTA ESTADOUNIDENSE

 

En tres años habría vacunas contra la nicotina y el alcohol

Aseguran que la fórmula para dejar el tabaquismo espera los resultados de un segundo estudio para su aprobación definitiva. En la primera evaluación, de la que tomaron parte 300 pacientes, se demostró su eficacia.

 

     SALAMANCA, España (EFE) — El director clínico del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) de Estados Unidos, Iván Montoya, afirmó ayer que para tener las vacunas contra la adicción a la nicotina y a la cocaína “se necesitarán más de tres años”.
     El investigador participa en las XXXVI Jornadas Nacionales de Socidrogalcohol, que se celebran estos días en la ciudad española de Salamanca.
     En rueda de prensa, Montoya explicó que en el Instituto que dirige el desarrollo de medicamentos contra la adicción a la nicotina ocupa el cuarto lugar en la relación de prioridades, una posición que se debe a que “ya hay medicamentos seguros disponibles y aprobados”.
     Señaló que se “están esperando los resultados de un segundo estudio para la aprobación definitiva de la vacuna”, una vez que en un primero, en el que participaron más de 300 pacientes, “se demostró su eficacia”.
     A pesar de estos avances y de los grupos de investigación que trabajan en el mismo proyecto en otras partes del mundo, Montoya sostuvo que “será muy difícil” que en menos de tres años esté disponible.
     Respecto a las ventajas de la vacuna, el científico indicó que su administración “secuestra la nicotina en la corriente sanguínea para que no llegue al cerebro”, por lo que “estará diseñada con la doble finalidad de prevenir y curar”.
     La misma situación se produciría en el caso de la vacuna contra la adicción a la cocaína, ya que, señaló, además serviría para paliar los casos de sobredosis y para prevenir que los efectos de esta sustancia lleguen al cerebro.
     No obstante, el estudio de nuevos fármacos contra la adicción a la cocaína constituye “una prioridad” para el NIDA, al igual que el tratamiento de la dependencia a la metanfetamina, sustancia cuyo consumo se ha extendido a varios países de Latinoamérica.