La enfermedad HIV-SIDA

15 Feb

La enfermedad HIV-SIDA

autor: Marcelo Villanueva

El Expositor Bautísta – Segunda Sección Página 24 Marzo 1995

Nunca hubiera pensado, cuando hace unos meses me pidieron otros artículos para El Expositor Bautista sobre este terna, que hubiera cambiado el título del presente artículo de la manera en que acabo de hacerlo.

Claro: hay que leer bien el título para saber qué es exactamente lo que se discute. Aún más, para plantear correctamente la cuestión desde el punto de vista científico habría que agregar el plural de por lo menos dos razones:

1) Algunos piensan que la causa de la enfermedad puede ser otra u otras.

2) Otros piensan que puede tratarse incluso de más de una enfermedad.

Es necesario un poco de historia. Kary B. Mullis descubrió, a principios de la década de los 80 la P.C.R. (reacción en cadena de la polimerasa). Era (y es) una técnica que permite “fotocopiar” por millones, ínfimas cantidades de material genético de múltiples orígenes. Esto tuvo y tiene aplicación en muchos sectores científicos.

Quizás, sin saberlo, sea ampliamente conocida entre nosotros ya que una reciente película de ciencia ficción— o de ficción directamente— especula que puede ocurrir cuando uno se relaciona con restos fósiles muy pequeños de dinosaurios.

Una de las aplicaciones más importantes fue, paradójicamente, en virología. En este ámbito (y nos estamos refiriendo al tema que nos ocupa) con pequeñas, realmente con muy pequeñas cantidades del virus HIV (o sea: con pequeñas cantidades de antígeno) es posible “fotoduplicarlo” de tal manera que confirme si la persona es o no portadora del virus.

Y esto (lo cual lo torna en el sentido práctico y humano muy importante) en muy poco tiempo y con altísimo margen de seguridad; a diferencia de lo que ocurre con los conocidos, y realmente más accesibles para la población general, test de Elisa-Elisa-Western-Block.

El tiempo pasó y en el Congreso Mundial sobre SIDA, realizado en Amsterdam en 1992 se comienza a hablar sobre “S IDA sin HIV”. Las historia reciente es más brusca.

En 1993, el doctor Kary B. Mullis recibe el premio Nobel por su descubrimiento. Deberíamos recordar que los premios Nobel no son Dios —y esto es toda una confesión de fe— sino personas muy inteligentes pero que, como cualquier ser humano, todavía pueden aprender y por lo tanto fallar en alguna opinión o concepción que ellos tengan.

Peter Duesberg, hasta ahora el más prestigioso conocedor de los retrovirus (de los cuales forma parte el HIV) en EE.UU. y en todo el mundo, reporta un artículo en “Biotechnology” el fracaso de laC.D.C. (Comisiónpara el Control de las Enfermedades en EE.UU.) para relacionar casualmente el virus HIV y el SIDA. Cabe aquí recordar que hay quienes postulan que podrían llegar a ser 27 enfermedades con muy poco en común entre sí.

Mas recientemente, la prestigiosa revista inglesa “Nature” (de divulgación científica) niega a Mullis la publicación de un artículo sobre el particular, a pesar de que sólo era un paper de opinión. Y luego viene lo que muchos consideramos verdaderamente lamentable en esta historia.

El “Sunday Times”, diario de circulación masiva de Londres, publica los argumentos de Mullis, organiza un debate público (a $ 22.50 la entrada). En nuestro propio país el programa televisivo “Memoria” (no confundir por favor con “El galpón de la memoria”) organiza un debate público y pregunta a Mullis, por conexión satelital, sobre varias cuestiones.

En síntesis, tanto de lado del doctor Mullis como de quienes no piensan como él o plantean sus dudas de otra manera, una forma no precisamente científica de discutir algo que sí es científico, con más que significativas consecuencias de la población general —y particularmente en la población portadora o con SIDA generando confusión,

dudas, etc. en lo que se ha constituido tristemente en la epidemia más importante de la historia de la raza humana.

Por todo ello, no vamos a entrar en este artículo en una discusión científica. Eso lo haremos en el ámbito en que corresponde. Simplemente destacaremos una serie de afirmaciones qué, esperamos, ayuden a la población en general y, más importante aún, a las personas portadoras o con SIDA desde el humilde ámbito de nuestra revista denominacional.

Esta segunda parte es la que más nos interesa ya que esperamos puedan entenderse ciertos aspectos que, más allá de esta discusión, siguen teniendo plena vigencia.

Primera afirmación

Todos (o casi todos) los que participan de esta discusión, están de acuerdo en este aspecto: hay una poderosa industria montada en torno al tema HIV-SIDA.

Y muchas veces (la mayoría se atreven a decir algunos) no utiliza el dinero y el poder para aquellos fines a los cuales en un principio estaba destinado. En el campo de las investigaciones esta situación quitaría objetividad a las mismas.

Pablo Goldschmidt (investigador argentino del labora­torio de Virología del Hospital Universitario de La Pitié (Salpetriere) en la actualidad lo dice en estas palabras: “Nunca hubo una estructura de poder tan grande como son hoy las agencias nacionales de investigación que deciden quien va a investigar y quien no y que manejan el dinero destinado al tema del SIDA”.

Nosotros, como ciudadanos, tenemos derechos y deberes. Parece, lamentablemente, que estamos aprendiendo sólo respecto a nuestros deberes (concretamente: pagar impuestos). Pero tenemos derechos, y uno de ellos es muy importante, es el de preguntar y exigir de todas las maneras socialmente aceptables, se nos diga el destino de todos los fondos que el estado recibe.

Segunda afirmación
Mullís no dice que el HIV no produzca SIDA sino que podría no serlo.
Lo que Mullis dice es que ello (en palabras popperianas) debe ser corroborado. En viejos, y ya anacrónicos, términos epistemológicos (teoría del conocimiento) debe ser verificado. Lo más importante, epistemológicamente hablando, es que puede ser falseado.
En términos más sencillos: el HIV puede ser la única causa del SIDA (cosa que, vale la pena aclarar, Mullis no cree), o ser una de entre muchas causas, o no ser la causa en absoluto.
Lo que él hace es arriesgar una hipótesis que también debe ser corroborada. Esto es, insistimos, una cuestión epistemológica (de la teoría del conocimiento).

En el aspecto práctico, mientras tanto, todos noso¬tros (y especialmente las personas portadoras y mucha más aquellas que ya tienen SIDA) debemos continuar con las medidas preventivas y de tratamiento (portadores y con SIDA).
En el caso de los portadores del virus con los análisis pertinentes, las medidas higiénicas dietéticas, etc. En el caso de personas con SIDA con el tratamiento correspondiente indicado por un médico infectólogo, psiquiatra, etc.

Tercera afirmación

Nadie dice que las vías de trasmisión no sean las postuladas actualmente y, mucho menos, que la enfermedad no sea contagiosa.
Así que, por el momento al menos, debe continuarse con las normas de bioseguridad. Esto no solo para el personal de salud sino para todos, especialmente para aquellos que, por una u otra razón, estén más expuestos al contagio.
Por ello deben continuar las precauciones en cuanto a las transfusiones sanguíneas (deberían más bien perfeccionarse, por ejemplo: añadir detección de HIV-1 donde no lo hay), el uso adecuado de jeringas descartables y, por sobre todo, el uso de preservativos (ahora también hay femeninos a la venta) en todas aquellas situaciones de relación sexual que no correspondan al “sexo seguro” (nótese la dubitación sobre esto último).
Y hay que enseñar como se usa un preservativo. Porque si no sería lo mismo que dar a una persona la llave de arranque de un coche sin que sepa manejar.
El uso del preservativo tiene que ver con aspectos técnicos y con aspectos éticos; y es obvio, más allá de la imbricación entre ellos, la mayor importancia de los éticos así también como es obvio, tratándose del HIV-SIDA, la base de los técnicos.
Por ejemplo, entre los técnicos está el uso del preservativo para todo tipo de relación sexual (aquí se abre un tema muy importante que es la tecnificación de la sexualidad como ustedes prefieran llamarlo), retirar el pene de la vagina una vez que se llega a la eyaculación del varón, dejar un espacio de aire entre el glande y el preservativo,etc.

Entre los éticos, hacer escuchar nuestra voz como cristianos evangélicos, indicar la necesidad de volver a las fuentes morales y espirituales del ser humano.
El ejemplo que siempre suelo dar es que si un padre comete incesto con su hija (cosa mucho más frecuente de lo que se cree; una de cada cuatro mujeres ha sufrido incesto) y a la vez es portador, impedirá el contagio de la enfermedad HIV-SIDA si usa el preservativo y lo usa correctamente, pero estará causando un daño físico y, muchísimo más importante, severamente espiritual.
El teMa bíblico de la monogamia continua se impone aquí (digo continua, porque todos sabemos que hoy se habla de la “monogamia sucesiva”).

Cuarta afirmación

Debe continuarse con la medicación que los profesionales indican. Obviamente de todas estas la más discutida es el AZT.
Cabe recordar que en el Primer Congreso de Retrovirus realizado en nuestro país en 1993, se indicó como óptimo el uso sucesivo de AZT-DDI-DD. También qué, cuando esta medicación se indica, algo importante ya está ocurriendo en el Sistema Inmunológico o en el Sistema Nervioso, principalmente central.

Un destacado infectólogo argentino, el doctor Marcelo Cora”, dijo recientemente en unas jornadas científicas realizadas en la ciudad de La Plata y organizadas por la Sociedad de Psiquiatría de esa ciudad que (palabras más, palabras menos): “Si los médicos usáramos, en el caso de la enfermedad HIV-SIDA, estos medicamentos con el criterio de lo que pueden hacer más que por lo que hacen., sin duda otra sería la historia.

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