Eutanasia: la Iglesia pide frenar “la mano asesina” III

5 Feb

Eutanasia: la Iglesia pide frenar “la mano asesina” III

Edad Moderna

TOMAS MORO.  BIOGRAFÍA

Sir Thomas More; Londres, 1478-id., 1535) Humanista y político inglés. Hijo de un magistrado, estudió en la Saint Anthony School antes de entrar al servicio del cardenal-arzobispo de Canterbury. Entre 1492 y 1494 realizó estudios superiores en la Universidad de Oxford, y luego, tras regresar a Londres, estudió derecho en el Lincoln’s Inn. Alternó una brillante carrera profesional y política con su interés por la literatura, y su vasta cultura humanística le valió la admiración de Erasmo de Rotterdam, con quien le uniría una gran amistad.
En 1509 fue nombrado miembro del Parlamento, y ese mismo año contrajo matrimonio con Jane Colet, a cuya muerte, dos años más tarde, se casaría en segundas nupcias con Alice Middleton. Entró al servicio de Enrique VIII de Inglaterra en 1518, y ese mismo año escribió Historia del rey Ricardo III.
Dos años antes había publicado su célebre Utopía, en la que proponía una organización racional de la sociedad, de base comunal, que situaba en una isla imaginaria del mismo nombre que el título. Tras establecer las normas que regirían esta sociedad ideal, entre las que se hallaban la enseñanza universal, la libertad religiosa y la subordinación de todo interés individual al beneficio común, pasaba a criticar las estructuras todavía feudalizantes de la Inglaterra de su época. La obra, convertida en un clásico del humanismo, ejercería una duradera influencia, desde Bacon hasta George Orwell

Concepción de vida en Tomás Moro
En el apartado Los Estudios, de su obra Utopía, Tomás Moro, se postula que “…el alma es inmortal, creada por la bondad de Dios para la bienaventuranza; que existen premios para la virtud y buenas obras de los hombres, así como castigos para las maldades.” Así como que la felicidad del vivir se encuentra en el deleite, pero “no está en cualquier deleite, sino en los justos y honestos”; que se alcanza, como sumo bien, por medio de la virtud. “La virtud la definen diciendo que consiste en vivir según la Ley Natural, y que para esto fuimos creados por Dios; y que este camino lo sigue aquél que para tomar o dejar las cosas se ajusta a la recta razón.”

Concepción de muerte en Tomás Moro
En el apartado La Religión de Utopía, el autor afirma lo absurdo de aceptar las dificultades, sin la creencia en el más allá. “Porque, ¿qué sentido puede tener todo esto si una vez terminada la vida no hay ninguna recompensa? Lo único que se tenía por ilícito era el afirmar que las almas mueren con los cuerpos, o que el mundo viene gobernado por el azar sin intervención alguna de la providencia divina, por estimar que después de esta vida han de ser castigados los vicios y premiadas las virtudes.

Concepción de eutanasia en Tomás Moro
Algunos autores destacan en su obra “Utopia” una referencia a la eutanasia: “Si la enfermedad no es sólo incurable sino un tormento y un martirio continuo, entonces los sacerdotes y autoridades le dicen a tal hombre que es una carga para los demás e insoportable para sí mismo… y que no debe titubear en ir a la muerte, pues la vida para él es un tormento”.
Porque para Moro, “no puede haber nadie tan severo defensor de la virtud y enemigo del deleite que enseñe a sufrir los trabajos, desvelos y pobreza de tal manera que llegue a aconsejar que no conviene que se remedien las necesidades y miserias. Antes bien, todos juzgan que debe alabarse, con nombre de “Humanidad”, el que los hombres se consuelen, socorran y remedien unos a otros.”
El fragmento de la Utopía en el cual Tomas Moro aborda el tema de la eutanasia es el siguiente:
“LOS ENFERMOS”
A los enfermos los asisten con grandes atenciones y cuidados, no dejando de emplear ningún medicamento ni ningún régimen que sea útil para restituirle la salud que le falta. Si alguno padece enfermedad crónica, le hacen compañía, entreteniéndole con la conversación y prodigándole toda clase de cuidados para aliviarle.
Si la enfermedad es incurable, con, grandes y constantes dolores, los Sacerdotes y el Magistrado le visitan y confortan, tratando de persuadirle de que hallándose inepto para los actos de la vida, molesto a los demás y pesado a sí mismo, que no se rebele contra su pronto fin queriendo alimentar la maligna enfermedad. Que siendo su vida un tormento, no dude en morir, antes bien lo desee con la confianza de tan miserable estado, ya sea quitándose él mismo la vida o pidiendo que se la quiten, ya que al morir no dejará comodidades, sino la peor miseria.
Además de esto (siguiendo el consejo de los Sacerdotes, intérpretes de la voluntad de Dios) los que se dejen persuadir realizarán una obra santa y pía dejándose morir de inanición, o pidiendo que les quiten la vida mientras duermen. A nadie hacen morir contra su voluntad, ni les disminuyen los cuidados durante la enfermedad mortal, persuadidos de que ejecutan una ocupación muy virtuosa. Pero si alguno se mata sin el consentimiento de los Sacerdotes y del Magistrado, no le dan sepultura y arrojan su cuerpo a una laguna.”
Cabe destacar, que Tomás Moro en su obra Utopía describe la Isla que lleva el mismo nombre, según el relato de Rafael Hithlodeo
Pero como él mismo aclara en el la Despedida, “…no puedo dejar de estar conforme con todo lo que dijo, primero por tratarse de un hombre muy docto y conocedor del mundo, y después he de confesar llanamente que muchas de las cosas de Utopía, más deseo que confío llegarías a ver en nuestras Ciudades.”

FRANCIS BACON. BIOGRAFÍA
(Londres, 1561-id., 1626) Filósofo y político inglés. Su padre era un alto magistrado en el gobierno de Isabel I, y fue educado por su madre en los principios del puritanismo calvinista. Estudió en el Trinity College de Cambridge y en 1576 ingresó en el Gray’s Inn de Londres para estudiar leyes, aunque pocos meses después marchó a Francia como miembro de una misión diplomática. En 1579, la muerte repentina de su padre lo obligó a regresar precipitadamente y a reemprender sus estudios, falto de recursos para llevar una vida independiente.
En 1582 empezó a ejercer la abogacía, y fue magistrado cuatro años más tarde. En 1584 obtuvo un escaño en la Cámara de los Comunes por mediación de su tío, el barón de Burghley, a la sazón lord del Tesoro; durante treinta y seis años se mantuvo como parlamentario y fue miembro de casi todas las comisiones importantes de la cámara baja. La protección de Robert Devereux, segundo conde de Essex, le permitió acceder al cargo de abogado de la reina.
Su situación mejoró con la subida al trono de Jacobo I, quien lo nombró procurador general en 1607, fiscal de la Corona en 1613 y lord canciller en 1618, además de concederle los títulos de barón Verulam de Verulam y de vizconde de St. Albans. Sin embargo, en 1621, procesado por cohecho y prevaricación, fue destituido de su cargo y encarcelado. Aunque fue puesto en libertad al poco tiempo, ya nunca recuperó el favor real.
Durante toda su carrera persiguió una reforma coherente de las leyes y el mantenimiento del Parlamento y los tribunales a salvo de las incursiones arbitrarias de los gobernantes; pero, sobre todo, su objetivo era la reforma del saber. Su propósito inicial era redactar una inmensa «historia natural», que debía abrir el camino a una nueva «filosofía inductiva», aunque la acumulación de cargos públicos le impidió el desarrollo de la tarea que se había impuesto, a la que, de hecho, sólo pudo dedicarse plenamente los últimos años de su vida.
Sometió todas las ramas del saber humano aceptadas en su tiempo a revisión, clasificándolas de acuerdo con la facultad de la mente (memoria, razón o imaginación) a la que pertenecían; llamó a este esquema «la gran instauración», y muchos de los escritos dispersos que llegó a elaborar, como El avance del conocimiento (Advancement of Learning, 1605) -superado más tarde por el De augmentis scientiarum-, estaban pensados como partes de una Instauratio magna final.

Concepción de eutanasia en Francis Bacon
“Estimo que el oficio del médico no es sólo restaurar la salud, sino también mitigar los dolores y tormentos de las enfermedades; y no sólo cuando tal mitigación del dolor, como la de cualquier otro síntoma patológico, ayuda y conduce a la recuperación, sino también cuando, habiéndose esfumado toda esperanza de recuperación, sirve sólo para conseguir una salida de la vida más fácil y equitativa. Pues no es pequeña felicidad la que llevó a César Augusto a pedir la eutanasia; semejante a la que se vio en la muerte de Antonino Pío, que no pareció que se muriera sino que cayó en un profundo y placentero sueño… Pero en nuestros tiempos, los médicos hacen cuestión de escrúpulos y religión el estar junto al paciente cuando éste está muriendo. En tanto que, en mi opinión, deben adquirir las habilidades y prestar atención a cómo puede el moribundo dejar la vida más fácil y silenciosamente. A esto yo lo llamo la investigación sobre la eutanasia externa o la muerte fácil del cuerpo (para distinguirla de la eutanasia que mira a la preparación del alma)” (Avance de la ciencia, IV,2).

BARUCH SPINOZA.BIOGRAFÍA
(Amsterdam, 1632-La Haya, 1677) Filósofo neerlandés. Hijo de judíos españoles emigrados a los Países Bajos, estudió hebreo y la doctrina del Talmud. Cursó estudios de teología y comercio; por la fuerte influencia que ejercieron sobre él los escritos de Descartes y Hobbes, se alejó del judaísmo ortodoxo. Su crítica racionalista de la Biblia provocó que fuese por último excomulgado por los rabinos en 1656. Se retiró a las afueras de Amsterdam, como pulidor de lentes.
Durante este período escribió un Breve tratado acerca de Dios, el hombre y su felicidad, y parece que tambien el De la reforma del entendimiento y un polémico Tratado teológico-político, aunque se publicarían más tarde. Renunció a una cátedra en Heidelberg (1673) para mantener su independencia intelectual. En 1675 terminó su obra más importante, la Ética demostrada según el orden geométrico, iniciada catorce años antes y que no se publicaría hasta su muerte, en 1677. También por esta época emprendió la redacción del Tratado político, que quedó inconcluso.
Su filosofía parte de la identificación de Dios con la naturaleza (Deus sive natura), y representa el mayor exponente moderno del panteísmo. Llevó al extremo los principios del racionalismo, y dedujo toda su filosofía de la definición de sustancia como «aquello que es en sí mismo y se concibe por sí mismo», por lo que sólo podía existir una sustancia, la divina.

pensamiento y extensión, pues son sólo formas de presentarse la sustancia divina, así como el conflicto entre libertad y necesidad, que se identifican desde el punto de vista de Dios, pues es libre como natura naturans (en cuanto causa) y determinado en cuanto natura naturata (en cuanto efecto). Desde el punto de vista del hombre, la libertad individual es una ilusión.

Concepción de vida en Spinoza
Para Spinoza el que se encuentra en una buena situación, no debe temer a la muerte, porque quien lleva una buena vida, no tiene que desear el fin de la misma. “El enfermo toma, por temor a la muerte, cosas que aborrece; en cambio, el sano goza con la comida y, de esta manera, disfruta de la vida mejor que si temiese la muerte y deseara evitarla directamente.” (Escolio de la demostración LXIII)
La proposición LXVII, afirma que: Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.
Un hombre libre, esto es, un hombre que vive sólo según el dictamen de la razón, no se deja llevar por el miedo a la muerte (por la Proposición 63 de esta Parte), sino que desea el bien directamente (por el Corolario de la misma Proposición), esto es (por la Proposición 24 de esta Parte), desea obrar, vivir o conservar su ser poniendo como fundamento la búsqueda de su propia utilidad, y, por ello, en nada piensa menos que en la muerte, sino que su sabiduría es una meditación de la vida.

Concepción de muerte en Spinoza
Spinoza afirma que “la muerte es tanto menos nociva cuanto mayor es el conocimiento claro y distinto del alma, y, consiguientemente, cuanto más ama el alma a Dios.” (Escolio a la Proposición XXXVIII).
Además, le eternidad del alma es un motivo para no temer a la muerte.

Concepción de eutanasia en Spinoza
Spinoza lo considerará acto contrario a la naturaleza: “los que se suicidan son de ánimo impotente, y están completamente derrotados por causas exteriores que repugnan a su naturaleza”. No es posible desear el suicidio por sí mismo, porque «nadie –insiste Spinoza– deja de apetecer su utilidad, o sea, la conservación de su ser, como no sea vencido por causas exteriores y contrarias a su naturaleza». Probablemente, en último término, lo que quiere decir Spinoza es que el suicidio es un sinsentido, ya que nada puede desear ni esforzarse en no ser: el suicida es víctima siempre de causas exteriores. Pero si esto es así, no resulta claro, ni mucho menos, que Spinoza se oponga al suicidio (ni tampoco que lo justifique, naturalmente); más bien habría que decir que niega la idea misma de suicidio, su posibilidad real, o si se quiere, que relega el acto suicida, su realidad, al ámbito de la mera apariencia: el suicida no se mata a sí mismo, aunque sea su mano la que lo consume, porque su mano, diríamos, se halla siempre movida por causas externas a él mismo; tales causas, y no él, son las que lo matan.

DAVID HUME.BIOGRAFÍA
(Edimburgo, 1711-id., 1776) Filósofo inglés. Nació en el seno de una familia emparentada con la aristocracia, aunque de modesta fortuna. Estudió durante un tiempo leyes en la Universidad de Edimburgo por voluntad de su familia, pero su falta de interés determinó que abandonara la carrera y se viese obligado a buscar la manera de ganarse la vida. Tras una breve tentativa de iniciarse en el comercio, decidió dedicarse al estudio. En 1734 marchó a Francia, donde pasó tres años, la mayor parte de ellos en La Flèche, dedicado a la redacción de su primera obra, Tratado de la naturaleza humana, que completó tras su regreso a Londres y se empezó a publicar en 1739. El tratado no despertó ningún interés, y Hume se retiró a la casa familiar en Ninewells.
La favorable acogida que obtuvo la publicación en Edimburgo de la primera parte de sus Ensayos morales y políticos en 1742, le hizo olvidar su primer fracaso. Trabajó como preceptor del marqués de Annandale (1745-1746) y luego como secretario del general St. Clair (1746-1748), a quien acompañó en misión diplomática a Viena y Turín. Nombrado bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo, emprendió la redacción de una historia de Inglaterra, que publicó desde 1754 hasta 1762 en varias entregas, algunas bastante mal recibidas por la burguesía liberal.
En 1763 aceptó la invitación de lord Hertford de incorporarse a la embajada en París, ciudad donde residió hasta 1766 y en la que se relacionó con los enciclopedistas. En 1769 regresó definitivamente a Edimburgo con el propósito de disfrutar de la fortuna que le habían proporcionado tanto sus cargos como, finalmente, sus obras.

Concepción de vida en David Hume
“Dios ha decidido las leyes del moviendo y la materia, por las que se rige el universo. a éstas también responde la vida humana. De modo que, como no constituye una ofensa modificas estas leyes, pues tampoco lo será el disponer libremente de la propia vida.”

Concepción de muerte en David Hume
Si todo cuanto acontece depende de la providencia de Dios, forzoso será concluir, piensa Hume, que otro tanto sucede también con mi muerte, aun cuando ésta sea voluntaria: pensar que yo, con cualquiera de mis actos, pueda estar interfiriendo en los planes de Dios, resulta sencillamente blasfemo.
Entonces, es tan culpable ante Dios quien interrumpe, como quien conserva su vida. «Si el disponer de la vida humana fuera algo reservado exclusivamente al Todopoderoso, y fuese un infringimiento del derecho divino el que los hombres dispusieran de sus propias vidas, tan criminal sería el que un hombre actuara para conservar la vida, como el que decidiese destruirla. Si yo rechazo una piedra que va a caer sobre mi cabeza, estoy alterando el curso de la naturaleza, y estoy invadiendo una región que sólo pertenece al Todopoderoso, al prolongar mi vida más allá del periodo que, según las leyes de la materia y el movimiento, Él le había asignado».

Concepción de eutanasia en David Hume
Con el suicidio, muchas veces, se libera a la sociedad de una carga, y en todos los casos, más que producirle un mal, simplemente se le deja de producir un bien
Además, la relación entre el individuo y la sociedad ha de implicar la existencia de algún bien recíproco, y, en consecuencia: «No estoy obligado a hacer un pequeño bien a la sociedad, si ello supone un gran mal para mí. ¿Por qué debo, pues, prolongar una existencia miserable sólo porque el público podría recibir de mí alguna minúscula ventaja?»
Para Hume, esto no conlleva una falta para con uno mismo, pues “nadie renuncia a la vida gratuitamente, esto es, si mereciera la pena conservarla; entre otras cosas porque tenemos el suficiente temor a la muerte para arrojarnos a sus brazos por cualquier menudencia. Llegados a ese punto en que la vida no merece la pena de ser vivida, el suicidio no sólo no es una cobardía, sino un acto valeroso y prudente: «Si se admite que el suicidio es un crimen, sólo la cobardía puede empujarnos a cometerlo. Pero si no es un crimen, sólo la prudencia y el valor podrían llevarnos a deshacernos de la existencia cuando ésta ha llegado a ser una carga».
En De los prejuicios morales y otros ensayos, deja entrever su posición respecto a la eutanasia, al decir “cuando el horror al dolor prevalece sobre el amor a la vida; cuando una acción voluntaria anticipa el efecto que producirían causas ciegas, es sólo consecuencia de esos poderes y principios que ha implantado [Dios] en sus criaturas. La divina providencia está todavía inviolada y permanece muy lejos, más allá del alcance de las ofensas humanas.”

IMMANUEL KANT.BIOGRAFÍA
(Königsberg, hoy Kaliningrado, actual Rusia, 1724-id., 1804) Filósofo alemán. Hijo de un modesto guarnicionero, fue educado en el pietismo. En 1740 ingresó en la Universidad de Königsberg como estudiante de teología y fue alumno de Martin Knutzen, quien lo introdujo en la filosofía racionalista de Leibniz y Wolff, y le imbuyó así mismo el interés por la ciencia natural, en particular, por la mecánica de Newton. Su existencia transcurrió prácticamente por entero en su ciudad natal, de la que no llegó a alejarse más que un centenar de kilómetros cuando residió por unos meses en Arnsdorf como preceptor, actividad a la cual se dedicó para ganarse el sustento luego de la muerte de su padre, en 1746. Tras doctorarse en la Universidad de Königsberg a los treinta y un años, ejerció en ella la docencia y en 1770, después de fracasar dos veces en el intento de obtener una cátedra y de haber rechazado ofrecimientos de otras universidades, por último fue nombrado profesor ordinario de lógica y metafísica.
La vida que llevó ha pasado a la historia como paradigma de existencia metódica y rutinaria. Es conocida su costumbre de dar un paseo vespertino, a diario a la misma hora y con idéntico recorrido, hasta el punto de que llegó a convertirse en una especie de señal horaria para sus conciudadanos; se cuenta que la única excepción se produjo el día en que la lectura del Émile, de Rousseau, lo absorbió tanto como para hacerle olvidar su paseo, hecho que suscitó la alarma de sus conocidos.
En el pensamiento de Kant suele distinguirse un período inicial, denominado precrítico, caracterizado por su apego a la metafísica racionalista de Wolff y su interés por la física de Newton. En 1770, tras la obtención de la cátedra, se abrió un lapso de diez años de silencio durante los que acometió la tarea de construir su nueva filosofía crítica, después de que el contacto con el empirismo escéptico de Hume le permitiera, según sus propias palabras, «despertar del sueño dogmático».

Concepción de vida en Kant
Si bien no encontramos una definición o planteo sobre qué es la vida, si podemos deducir de una afirmación que Kant realiza en la Critica de la Razón Pura, que “La humanidad en nuestra persona debe ser sagrada para nosotros mismos, porque el hombre es sujeto de la ley moral y, por tanto, de lo sagrado en sí, de aquello por lo cual y de acuerdo con lo cual también sólo algo puede ser calificado de sagrado”.
Además, Kant considera que la persona nunca puede ser tomada como un medio, sino siempre como un fin. Y la dignidad de la vida radica en el hecho de ser una persona racional.

Concepción de muerte en Kant
Enlazando, en alguna medida, con la tradición epicúrea y estoica, afirmará expresamente la imposibilidad de pensar la propia muerte: «El pensamiento: no soy, no puede existir; pues si no soy, tampoco puedo ser consciente de que no soy». Y afirmará, asimismo, la imposibilidad de experimentarla: «El morir no puede experimentarlo ningún ser humano en sí mismo (pues para hacer una experiencia es necesaria la vida), sino sólo percibirlo en los demás». Por eso concluye Kant que, en realidad, no tenemos miedo a morir, sino a la idea de estar muertos.

Concepción de eutanasia en Kant
Para Kant, la voluntad de un ser racional debe considerarse como legisladora, a continuación establece que el hombre no es libre para decidir sobre su propia vida, porque no se puede utilizar un principio como fundamento de la destrucción del mismo. Así, por ejemplo, un hombre no puede utilizar su libertad decisoria para abdicar de ella y convertirse voluntariamente en esclavo; pues, al hacerlo, dejaría de ser libre y, por consiguiente, no podría hacer uso del fundamento capital por el que disponía de su persona. Del mismo modo, la autonomía personal no justifica que renunciemos voluntariamente a la vida, pues tal elección implica la destrucción de nuestra autonomía.

Continúa…

Fuente:

http://www.taringa.net/posts/info/807017/Eutanasia:-una-mirada-desde-la-Filosofía.html

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