Eutanasia: la Iglesia pide frenar “la mano asesina” II

5 Feb

Eutanasia: la Iglesia pide frenar “la mano asesina” II

Edad Media

SAN AGUSTIN.BIOGRAFÍA

Aurelius Augustinus; Tagaste, hoy Suq Ahras, actual Argelia, 354 – Hipona, id., 430) Teólogo latino. Hijo de un pagano, Patricio, y de una cristiana, Mónica, San Agustín inició su formación en su ciudad natal y estudió retórica en Madauro.
Su primera lectura de las Escrituras le decepcionó y acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y no fundada en la razón. Su preocupación por el problema del mal, que lo acompañaría toda su vida, fue determinante en su adhesión al maniqueísmo. Dedicado a la difusión de esa doctrina, profesó la elocuencia en Cartago (374-383), Roma (383) y Milán (384).
La lectura de los neoplatónicos, probablemente de Plotino, debilitó las convicciones maniqueístas de San Agustín y modificó su concepción de la esencia divina y de la naturaleza del mal. A partir de la idea de que «Dios es luz, sustancia espiritual de la que todo depende y que no depende de nada», comprendió que las cosas, estando necesariamente subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.
La convicción de haber recibido una señal divina lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En 387 se hizo bautizar por san Ambrosio y se consagró definitivamente al servicio de Dios. En Roma vivió un éxtasis compartido con su madre, Mónica, que murió poco después.
En 388 regresó definitivamente a África. En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.

Concepción de la vida en San Agustín
San Agustín en las Confesiones afirmar que “somos hombres, creados a imagen de nuestro creador, que es la verdadera Eternidad, la eterna Verdad, el eterno y verdadero Amor; tenemos, pues, la posibilidad de volver a él en el cual nuestro ser no volverá a morir, nuestro saber no tendrá más errores, nuestro amor no tendrá más ofensas.”
En cuanto a imagen de Dios, “Yo soy, yo conozco, yo quiero”, soy en cuanto sé y quiero; se que soy y quiero; quiero ser y saber. En estas tres cosas hay una vida inseparable, una vida única, una única esencia, y cómo la distinción es inseparable, y, sin embargo, existe. Los tres aspectos del hombre se manifiestan en las tres facultades del alma humana: la memoria, la inteligencia, la voluntad, las cuales, juntas y cada una por separado, constituyen la vida, la mente y la substancia del alma.
La constitución del hombre como imagen de Dios, si, por una parte, le da la posibilidad de llegar a Dios, no le garantiza, por otra, la realización necesaria de esta posibilidad. El hombre, en efecto, es, en primer lugar, un hombre viejo, el hombre exterior y carnal, que nace y crece, envejece y muere. Pero, en segundo lugar, puede ser también u hombre nuevo o espiritual, puede renacer espiritualmente y llegar a someter al alma a la ley divina. También este hombre nuevo tiene sus edades, que no se distinguen por el correr del tiempo, sino por su progresivo acercamiento a Dios. Todo individuo es por su naturaleza un hombre viejo; pero debe convertirse en un hombre nuevo, debe renacer a la vida espiritual. Este renacimiento se le presenta como la alternativa entre la cual debe escoger: o vivir según la carne y debilitar y romper su propia relación con el ser, esto es, con Dios, y caer en la mentira y en el pecado; o vivir según el espíritu estrechando su relación personal con Dios y prepararse para participar en su misma eternidad. Pero la primera elección no es verdaderamente una elección, ni una decisión. La verdadera elección es aquella con la cual el hombre decide adherirse al ser, esto es, adherirse a Dios.

Concepción de la muerte en San Agustín
Agustín aborda la cuestión de la muerte como una clasificación de los tres tipos de males, la muerte corresponde al mal físico. Dicho, en el que encontramos por ejemplo, las enfermedades, los padecimientos, los dolores anímicos y la muerte, poseen un significado muy precisado para quien filosofa en la fe: son la consecuencia del pecado original, es decir, una consecuencia del mal moral. “La corrupción del cuerpo que pesa sobre el alma no es la causa, sino el castigo del primer pecado: la carne corruptible no es la que ha vuelto pecadora al alma, sino el alma pecadora la que ha hecho corruptible al cuerpo.” Sin embargo el mal de la muerte es subsanado por el amor redentor del Padre, quien en su Hijo destruyó el poder de la muerte sobre la humanidad.

Concepción de la eutanasia en San Agustín
San Agustín, quien, en línea con el primer argumento del de Aquino, considera el suicidio como una forma de homicidio, sin más: “qui se ipsum occidit homicida est”, es decir, el “asesinato de sí mismo”.
Además, San Agustín como Obispo exhortaba a su comunidad que “os cristianos no tienen autoridad para cometer suicidio en ninguna circunstancia”

SANTO TOMAS DE AQUINO. BIOGRAFÍA

(Llamado Doctor Angélico; Roccaseca, actual Italia, 1224-Fossanuova, id., 1274) Teólogo y filósofo italiano. Hijo de una de las familias aristócratas más influyentes de la Italia meridional, estudió en Montecassino, en cuyo monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de artes y teología y entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores.
En 1243 manifestó su deseo de ingresar en dicha Orden, pero su familia se opuso firmemente, e incluso su madre consiguió el permiso de Federico II para que sus dos hermanos, miembros del ejército imperial, detuvieran a Tomás. Ello ocurrió en Acquapendente en mayo de 1244 y el santo permaneció retenido en el castillo de Santo Giovanni durante un año. Tras una queja de Juan el Teutónico, general de los dominicos, a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto en libertad. Luego, se le permitió trasladarse a París, donde permaneció desde 1245 hasta 1256, fecha en que obtuvo el título de maestro en teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de Alberto Magno, con quien entabló una duradera amistad. Les unía -además del hecho de pertenecer ambos a la Orden dominica- una visión abierta y tolerante, aunque no exenta de crítica, del nuevo saber grecoárabe, que por aquellas fechas llegaba masivamente a las universidades y centros de cultura occidentales. Tras doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los dominicos, tarea que compatibilizó con la redacción de sus primeras obras, en las cuales empezó a alejarse de la corriente teológica mayoritaria, derivada de las enseñanzas de san Agustín.
En 1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta 1268 al servicio de la corte pontificia en calidad de instructor y consultor del Papa, a quien acompañaba en sus viajes. Durante estos años redactó varios comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles, finalizó la Suma contra los gentiles, obra en la cual repasaba críticamente las filosofías y teologías presentes a lo largo de la historia, e inició la redacción de su obra capital, la Suma Teológica, en la que estuvo ocupado entre 1267 y 1274 y que representa el compendio último de todo su pensamiento.

Concepción de la vida en Santo Tomás
La vida es un “don de Dios otorgado al hombre y está sujeto al poder divino, quien es el único que puede decidir de la vida y de la muerte del hombre”

Concepción de la muerte en Santo Tomás
Al llegar la muerte, el cuerpo y el alma se separan, se diluye la unidad constitutiva del ser humano. Después de la muerte, el cuerpo, al faltarle el principio vital, se corrompe y se descompone. Pero el alma, por constituir un principio inmaterial, no se descompone, sino que pervive, aunque de manera muy imperfecta, sin el cuerpo al que estaba unida.

Concepción de eutanasia en Santo Tomás
Santo Tomás de Aquino, en el siglo XIII, se hará eco de los principales argumentos que, antes y después de él, han sido esgrimidos para reprobar moralmente el suicidio. Tales argumentos son, principalmente, tres: «Es totalmente ilícito matarse a sí mismo –escribe en la Suma teológica–, por tres razones: (1) todas las cosas naturales se mantienen a sí mismas en el ser… Por lo cual el suicidio… es contrario a la ley natural y a la caridad. (2) Porque todo hombre es parte de la comunidad, y al matarse a sí mismo lesiona a la comunidad. (3) Porque la vida es un regalo de Dios al hombre, y está sujeta a su poder. De aquí que todo el que atenta contra su propia vida, peca contra Dios». Así pues, el suicidio atenta contra la ley natural y es contrario a los deberes para con uno mismo, atenta contra la sociedad, y atenta, por último, contra la voluntad de Dios.
Por otra parte, Tomás asegura que el suicidio es otro pecado contra la justicia conmutativa, pues va “contra la naturaleza y contra la caridad con la que cada uno debe amarse a sí mismo”; porque cada uno pertenece a la comunidad, contra la que comete una injusticia al suicidarse.

Continúa…

Fuente:

http://www.taringa.net/posts/info/807017/Eutanasia:-una-mirada-desde-la-Filosofía.html

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