Homosexualidad

3 Feb

Homosexualidad


Atención: Esta sección trata un tema escabroso y no es apta para menores ni para otras personas vulnerables.
Queridos Hermanos:

Una razón por la que incluímos esta sección es proclamar la verdad y la evidencia de los hechos, y también denunciar el homosexualismo como actividad, no el hecho de sentir la inclinación en sí. Hacer esta proclamación es parte del amor que se le debe al prójimo y de promover su dignidad como persona.

No se trata de atacar a nadie que sienta la inclinación homosexual. Es muy distinto “sentir” la inclinación, que “ceder” a ella, y caer en la actividad homosexual. Sin embargo, bajo ninguna circunstancia estamos a favor de que se lance ningún tipo de ataque físico o verbal hacia las personas homosexuales sea cual sea su comportamiento.

Todos los seres humanos sentimos apetencias y distintas inclinaciones, unas son ordenadas, y otras desordenadas.

A todos los seres humanos nos corresponde trabajar para alcanzar las distintas virtudes humanas y contrarrestar nuestras inclinaciones desordenadas. Todas las virtudes auténticas promueven al ser humano como persona y como ser social o ser en relación. La templanza es una de ellas y es la raíz de la virtud de la castidad. Todas las virtudes convergen en la caridad.

Hay grandes esperanzas y soluciones para quien necesita vencer el hábito desordenado de ceder a la actividad homosexual. Una de ellas, es habituarse a repetir acciones virtuosas de servicio de amor desinteresado a los demás, sin hacer discriminaciones por los afectos que se sienten o no se sienten por las personas. Es cuestión de acostumbrarse a la generosidad al tratar a todas las personas, con naturalidad. Para ello, es importante recurrir a la ayuda de la fe, a los sacramentos, a través de la Iglesia, y a programas concretos de asistencia. También en esta sección nos referimos a ello.

El mal y la muerte vinieron como consecuencia del pecado. Pero el ser humano es capaz de ser redimido y llegar a grandes virtudes, ser feliz y merecer la Vida Eterna. Dios llamó a todos los seres humanos a vivir esa dignidad desde el principio, como hijos/as de Dios. Dios es bueno y generoso, dador de todo bien, y nos da las gracias para vivir una vida virtuosa.


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