Santa Sede ratifica convención de bombas racimo y alienta desarme efectivo

31 Ene

Santa Sede ratifica convención de bombas racimo y alienta desarme efectivo

Mons. Dominique Mamberti, Secretario para las Relaciones con los Estados, participó ayer en Oslo, Noruega, en la ceremonia para la firma de la Convención que prohíbe el uso, producción, transferencia y almacenamiento de las bombas racimo, tras la aprobación del texto el pasado 30 de mayo en Dublín, Irlanda. Asimismo, en una declaración, la Santa Sede alentó el desarme efectivo y las negociaciones para el control de las armas para lograr la paz.

En su discurso, el Arzobispo afirmó que “como un signo político fuerte, la Santa Sede ratifica esta Convención el mismo día de su firma. En primer lugar queremos expresar a las víctimas la proximidad humana de la Santa Sede y sus instituciones” y “queremos lanzar un llamamiento a todos los países, especialmente a los productores, exportadores y a los consumidores potenciales de bombas de racimo para que se unan a los firmantes actuales de modo que hagan comprender a todas las víctimas y a todos los países gravemente afectados por estas armas, que su mensaje ha sido escuchado“.

“Una seguridad creíble no solo es posible, sino sobre todo es más eficaz cuando está basada en la cooperación, en la confianza y en un orden internacional justo; un orden fundado en el equilibrio de la fuerza es frágil, inestable y fuente de conflictos”, prosiguió.

El representante de la Santa Sede resaltó que “gracias a la contribución de todos, el edificio de la paz ahora es más sólido, pero la perseverancia y la paciencia son las condiciones indispensables para su continua consolidación”.

De otro lado, en la declaración que acompaña al discurso de Mons. Mamberti, se afirma que “al ratificar la Convención, la Santa Sede desea alentar a toda la comunidad internacional apromover con firmeza el desarme efectivo y las negociaciones para el control de las armas, y a reforzar el derecho humanitario internacional, reafirmando el valor preeminente e intrínseco de la dignidad humana, la centralidad de la persona humana y los principios elementales de humanidad, que constituyen la base del derecho humanitario internacional”.

“La Santa Sede considera la Convención sobre las bombas de racimo un paso importante para la protección de civiles, durante y después de los conflictos, por los efectos indiscriminados de este inhumano tipo de artefactos”, agrega.

Asimismo, se subraya que “la Santa Sede considera el cumplimiento de la Convención un desafío jurídico y humanitario para el próximo futuro. La puesta en práctica eficaz debería basarse en la cooperación constructiva de todos los actores gubernativos y no gubernativos y debería fortalecer la relación entre desarme y desarrollo“.

“Esto es posible –añade– si se destinan los recursos materiales y humanos al desarrollo, a la justicia y la paz, que son los medios más eficaces para promover la seguridad internacional y un orden internacional pacífico”.

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2 comentarios to “Santa Sede ratifica convención de bombas racimo y alienta desarme efectivo”

  1. pauloarieu 31 enero 2009 a 10:15 PM #

    martes 6 de enero de 2009
    Bombas de racimo
    El año 2007 el Perú fue sede de aquellas naciones de cinco continentes que prohíben la fabricación y el uso de las llamadas bombas de racimo. Países como EE UU, Chile o Israel tienen sin embargo una antigua –y activa– industria que produce y vende esos artefactos letales. Precisamente, en el actual conflicto del Medio Oriente el mundo es testigo del lanzamiento de bombas de racimo por parte de la artillería y la aviación israelí sobre la Franja de Gaza.

    Como país respetuoso de los acuerdos internacionales –como aquel que ha suscrito junto a más de setenta naciones, condenando el uso de esas bombas por sus efectos devastadores– Perú debería alzar su voz de protesta contra aquella práctica israelí. No hacerlo sentaría un mal precedente que iría en contra de la decisión mundial por proscribirlas. Así nuestro país demostraría liderazgo, seriedad y coherencia con sus políticas tanto exterior como interna.

    Por ejemplo, en este momento nuestras Fuerzas Armadas combaten al terrorismo –para ser exactos, en Vizcatán, zona del VRAE donde se encuentran remanentes de Sendero Luminoso–. Pero en este asunto hay una diferencia que debe distinguirse en relación con las tropas israelíes. Las fuerzas del orden peruanas saben que para derrotar al terrorismo no se debe hacer uso desproporcionado e irracional de la fuerza. Es decir, no es dable “rocketear” las zonas donde se esconden los terroristas puesto que esto pondría en peligro la vida de civiles (mujeres y niños, especialmente, que como siempre con su actitud cobarde, el terrorismo usa de escudos) que nada tienen que ver con el enfrentamiento militar. Peor aún si se disparan bombas de racimo (armas que, dicho sea de paso, Perú no posee y que tienen la característica de ser lanzadas por aviones o por piezas de artillería para que exploten en el aire y dejen caer, a su vez, centenares de pequeñas bombas que cubren un radio de mil metros a la redonda, para acabar detonando al impacto con el suelo o con los edificios).

    Sin embargo, muchas de esas partículas de explosivos no llegan a detonar, quedando intactas en jardines, ramas de árboles, azoteas, veredas, etc., y al ser manipuladas o pisadas por seres humanos –o animales– estallan mutilando las extremidades de las víctimas. O dejándolas ciegas, o cuando no muertas. De modo que las bombas de racimo quedan sembradas como centenares de pequeñas minas antipersonas. Además está demostrado que, por más que esas armas sean usadas por las fuerzas militares en las zonas de conflicto, lo cierto es que debido a la larga duración que tienen, el campo donde han sido regadas quedará como una potencial tumba para los civiles que tengan la mala suerte de toparse con una de ellas cuando regresan a sus hogares después de la guerra.

    La Santa Sede ratificó el 3 de diciembre de 2008 la “Convención sobre la prohibición de las bombas de racimo”. El Vaticano formó parte de los primeros Estados en prohibir el uso de estos artilugios, junto a Austria, Irlanda, México, Noruega y Perú. En consecuencia, todos los firmantes del documento están obligados a protestar severamente por el atentado que viene cometiéndose en la Franja de Gaza, al seguir usando estos artefactos mortíferos.
    Fuente:
    http://agenciavirtualnoticiosa.blogspot.com/2009/01/bombas-de-racimo.html

  2. pauloarieu 31 enero 2009 a 10:17 PM #

    La Santa Sede contra las bombas de racimo

    Intervención del secretario vaticano para las relaciones con los Estados

    CIUDAD DE MÉXICO, sábado, 31 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de la Santa Sede en la conferencia que se celebró Oslo, el 3 de diciembre de 2008, con motivo de la firma de la Convención sobre las Bombas de Racimo.

    La intervención corrió a cargo del arzobispo Dominique Mamberti, secretario de la Santa Sede para las relaciones con los Estados.

    * * *

    Señor primer ministro; 
excelencias; 
señoras y señores:

    La paz y la seguridad son preocupaciones centrales y legítimas que requieren continuamente una respuesta adecuada que vaya más allá de la mera dimensión militar. Cualesquiera que sean nuestras diferencias con respecto al modelo geopolítico que defendamos -unipolar, bipolar o multipolar-, todos deberíamos estar de acuerdo en la centralidad de la dignidad del hombre y en el respeto indispensable de los derechos y los deberes de la persona. La paz y la seguridad sólo podrán ser estables y duraderas si se basan en la justicia, en la solidaridad y en la fraternidad dentro de los Estados y entre los Estados.

    En una coyuntura internacional marcada por la grave crisis financiera y económica que hace más frágiles sobre todo a los pobres, ante un regreso a modelos de seguridad, que muchos consideran de otra época, donde los presupuestos y los gastos militares por desgracia van en alarmante aumento, y ante desafíos globales como los movimientos migratorios y el calentamiento del clima, es necesario volver a los principios fundamentales y poner nuevamente a la persona humana en el centro de nuestros análisis e, inevitablemente, en primer plano en las respuestas colectivas a estas crisis y desafíos de nuestro tiempo.

    Señor primer ministro, diez años después del gran éxito constituido por la adopción de la Convención de Ottawa, la Convención sobre las bombas de racimo es otra prueba de nuestra capacidad de elaborar y adoptar instrumentos ambiciosos que conjuguen el desarme y el derecho humanitario de modo creativo y capaz de proponer una alternativa creíble fundada en la centralidad de la persona humana. Esta Convención es la expresión de una voluntad política común de responder concretamente a problemas particulares mediante el fortalecimiento del derecho humanitario internacional, que en cierto sentido interpreta nuestra convicción de que el respeto de la dignidad de todo hombre, en particular de los más débiles, es el camino real de la paz y de la seguridad.

    Las respuestas de este tipo no pueden menos de ser colectivas. El proceso de Oslo ha sabido conjugar los esfuerzos de todos los actores: gobiernos, Naciones Unidas, organizaciones internacionales, Comité internacional de la Cruz Roja y sociedad civil. Una vez más, se ha comprobado que el éxito es posible. Los elementos de este éxito se pueden indicar: un pequeño grupo de países con convicciones fuertes; un enfoque que incluye a todos los actores potenciales; objetivos claros y metas razonables; y, sobre todo, una convicción profunda de que el punto de partida y el de llegada de cualquier iniciativa que concierna a la paz y a la seguridad es la persona humana. Las cuestiones tecnológicas o la mera consideración de las relaciones de fuerza corren el riesgo de desembocar en negociaciones interminables o en consensos vacíos.

    Si estamos aquí hoy es porque todos hemos sabido evitar las soluciones fáciles, teniendo siempre presente en el curso de las consultas y de las negociaciones el objetivo principal: eliminar los riesgos de nuevas víctimas de bombas de racimo y crear las estructuras necesarias para la rehabilitación socioeconómica de todos los que han sido víctimas directas o indirectas de estas armas insidiosas.

    En el marco de esta ceremonia, me permito destacar algunos puntos particulares de la Convención e indicar la lectura que la Santa Sede hace de ella.

    1. El enfoque general de la Convención es satisfactorio, puesto que toma como punto de partida las consecuencias de las bombas de racimo sobre las personas. La mayor parte de las disposiciones de la Convención tratan de evitar que haya nuevas víctimas y de poner remedio, lo más posible y del mejor modo posible, a los efectos lamentables de estas armas. Consideramos que el respeto y la interpretación correcta del artículo 5 son fundamentales para la aplicación de toda la Convención. Con ese fin, la responsabilidad es colectiva. Sin embargo, la función del Estado es fundamental, pues le corresponde definir el marco legislativo y político en el que los actores públicos o privados podrán desempeñar plenamente su papel. En una sociedad democrática y pluralista, el papel de los diversos actores relevantes debería respetarse y garantizarse. Los actores principales deberían ser las víctimas mismas. La asistencia a las víctimas es una cuestión de dignidad, de derecho, de justicia y de fraternidad. En este marco, quiero subrayar la importancia y la pertinencia de la definición de víctima que incluye a la familia y a la comunidad.

    2. Esta Convención, en particular en su artículo 5 sobre la asistencia a las víctimas, va en buena dirección fortaleciendo el vínculo entre el derecho humanitario internacional y los derechos humanos. La tutela y los derechos que ofrece son más adecuados y más ambiciosos que los que se hallan ya en los instrumentos vigentes.

    3. Esta Convención constituye también un progreso en su artículo 4.4. Por primera vez, un instrumento internacional da el paso de determinar una responsabilidad moral para los que utilizan un arma específica. Muchos países, sobre todo los más afectados, se lamentan de que los negociadores no hayan podido ir más allá, instituyendo una responsabilidad legal. Esperamos que los países que utilizan las bombas de racimo asuman seriamente esta responsabilidad moral y acudan en ayuda de los países afectados, sobre todo si cuentan con los medios para hacerlo.

    4. La Santa Sede desea poner de relieve otro punto que considera importante en el marco de esta Convención. La cuestión de la participación de los futuros Estados adherentes a la Convención en operaciones militares conjuntas con los Estados no adherentes es muy importante. El artículo 21 trata precisamente esta cuestión a petición de numerosos Estados adherentes para que esta disposición de ningún modo se interprete como una suspensión de los efectos de la Convención durante la dirección de las operaciones conjuntas. Al contrario, confiamos en que los Estados adherentes harán todo lo que esté a su alcance para que se respeten las disposiciones de la Convención por parte de los no adherentes, aunque no se les pueda considerar legalmente responsables si en definitiva sus esfuerzos no tienen éxito.

    Para dar una señal política fuerte, la Santa Sede ha querido ratificar esta Convención el mismo día de su firma. En primer lugar, deseamos expresar a las víctimas la cercanía humana que la Santa Sede y sus instituciones desean poner de relieve. También queremos hacer un llamamiento a todos los países, en particular a los productores, exportadores y utilizadores potenciales de bombas de racimo, a unirse a los firmantes de hoy para decir a todas las víctimas y a todos los países duramente afectados por estas armas que su mensaje ha sido escuchado. Una seguridad creíble no sólo es posible, sino también y sobre todo eficaz cuando se basa en la cooperación, en la construcción de la confianza y en un orden internacional justo. Un orden fundado en el equilibrio de la fuerza es frágil, inestable y fuente de conflictos.

    Señor primer ministro, nuestro éxito de hoy es uno de los fundamentos de nuestras opciones de mañana. Con la contribución de todos, el edificio de la paz es ahora más sólido, pero la perseverancia y la paciencia son condiciones necesarias para su consolidación continua.

    Antes de concluir, quiero decir a nuestros socios del Core Group, y en particular al gobierno del Reino de Noruega, que ha sido un honor y un placer colaborar con ellos para llevar a buen fin esta estimulante empresa. Al mismo tiempo, deseo manifestar que la Santa Sede aprecia el trabajo realizado por todos los gobiernos que han participado en este proceso: la Cluster Munitions Coalition y la sociedad civil que ha desempeñado un papel importante, las agencias de las Naciones Unidas y el Comité internacional de la Cruz Roja. La Santa Sede sigue decidida a actuar juntamente con todos los Estados adherentes para que la aplicación de esta Convención sea un éxito, como lo ha sido su adopción. Las víctimas y los países afectados lo merecen.

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