!Oh Jerusalén! (2ª Parte)

24 Ene

!Oh Jerusalén! (2ª Parte)

Enero 23, 2009 by Eugenio Fernandez 

J. Eugenio Fernandez
Decano de la Facultad y Profesor de Biblia y Comunicacion en IBSTE. (Instituto Biblico y Seminario Teológico de España).

Eugenio Fernandez

I. Síntesis histórica del Antiguo Testamento desde el Edén hasta la monarquía.

Aun a riesgo de caer en un simplismo teológico es importante notar que todo el relato bíblico, viene como consecuencia de Dios como ente moral. El Dios que crea el universo, el Dios que crea al ser humano, el Dios del Génesis es un Dios con principios que contempla como la obra creada a su imagen sufre un efecto de alienación al separarse del modelo moral. La experiencia de la muerte física no fue otra cosa que una expresión visible de este rompimiento del soporte vital con el dador dela vida. No obstante, Dios inmediatamente a la caída provee el recurso para reconstruir esta falla en el prototipo humano. El autor del Génesis en el verso 3:15, nos dirá que la simiente de la mujer daría un golpe definitivo al incitador de la caída, y Pablo escribiendo a los Gálatas 3:16, nos dirá que esa simiente de Abrahán es el Cristo. Vemos pues, que donde abundó el pecado sobre abundó la gracia.

El relato del génesis es de orden general y de la misma manera la promesa de re-creación. Sin embargo, el Génesis, no solo lo es principio del mundo y del ser humano, sino que también del pueblo judío, a través del cual se llevará a cabo la obra de restauración universal por medio de la simiente. La figura de Abraham nos ilustra esta voluntad salvífica universal de Dios que se canaliza de forma particular a través de los descendientes del patriarca. “En ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Gn 12).

Es a partir de este momento que los pactos hechos a Adán y a Abraham se particularizan para su concurrencia, y es con la descendencia de Isaac y Jacob que comienza un periodo tribal y por lo tanto, cerrado. Las doce tribus nómadas ahora definen un pueblo con unas características diferentes a los pueblos que ocupan el territorio que ellos pisan por la fe, y con la experiencia migratoria a Egipto a causa de la hambruna podemos observar como ya existe un sentimiento de “raza” que se solidifica con la experiencia de esclavitud. Esta douleya es, según los profetas, a causa de la infidelidad al Dios que les dio la promesa en el patriarca Abraham. La asimilación de los patrones morales y religioso de los Egipcios, contrasta con un cada vez más definido sentimiento nacional.

Así pues, llegamos a un momento en el que la pérdida de los rasgos morales (apertura a otros modelos morales), se solapa con una cada vez mas definida conciencia étnica. (cerrazón a otros pueblos) provocando así una inversión , o más bien una perversión del modelo misional diseñado por Dios para salvar a la humanidad.

La liberación y la promulgación de la Ley en el desierto vienen a darle a Israel una conciencia de pueblo “salvado” por Dios de la mano de los Egipcios; pero a la misma vez adquiere una estructura social, política y religiosa claramente definida. Sea cual fuere el contenido primigenio de las leyes del desierto, lo cierto es que Israel ya tiene cuando llega a Canaán un “Lex Corpus” más o menos definido que lo diferenciaban de los pueblos que habitaban la tierra de la promesa. Estas leyes dadas por Moisés eran muy diferentes de las leyes de los pueblos paganos en el aspecto cultico, pero sobre todo en el aspecto social y de justicia. En definitiva, Israel era superior moralmente.

Ahora bien, una vez llegados a este punto hay que recordar, que la elección de Israel como pueblo era de naturaleza misional. La tierra que le fue dada era la plataforma de misión hacia el resto del mundo. En otras palabras, a Israel le es dada la tierra para que con su praxis de la moral del Dios creador y liberador, expresada en mandamientos, fuera sal y luz a los pueblos circundantes. El binomio tierra-misión es indisoluble desde la perspectiva del Dios moral, esto de tal manera que, sin misión la tierra deja de tener sentido y por lo tanto, Israel sería llevado al destierro

Desde primera hora el pueblo de la misión que iba a ocupar la tierra no tuvo tal conciencia, no creyó en su responsabilidad moral para con Dios y menos aún para con otros pueblos. Los pueblos filisteos eran considerados paradójicamente, enemigos en lo que se refería a asuntos territoriales, pero modelos en lo que tenía que ver con los aspectos morales y sociales. Esto mismo ocurrió posteriormente con los otros pueblos circundantes. La aparición de los jueces y de los profetas eran la evidencia de la disfunción como pueblo llamado a ser santo y a anunciar las virtudes del que los llamó.

Continuará …………..

J. Eugenio Fernandez Postigo
Teólogo

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