La homosexualidad: ni “vicio” ni virtud

13 Nov

La homosexualidad: ni “vicio” ni virtud

Javier Ruiz Portella

Antinoo, el amante griego del emperador Adriano
Que nuestros lectores se tranquilicen si la homosexualidad no despierta en ellos ninguna fobia u horror: están tan sanos —se lo aseguro—, tan ávidos de vida, tan llenos de amor hacia el mundo como lo estaban los hombres y mujeres de todas las sociedades orgánicas, bien estructuradas y jerárquicas del pasado. Ninguna de ellas ha experimentado ningún pretendido horror ante la homosexualidad. O si ésta ha sido perseguida, lo ha sido con cortapisas y tolerancias diversas.
Debo reconocer que tiene su parte de razón el artículo publicado ayer en nuestro periódico cuando señala las implicaciones entre lo que se entiende por “cultura gay” y el imperio del individualismo contemporáneo: ese culto al hedonismo bobalicón en el que sólo cuenta la satisfacción narcisista del individuo que no conoce la fortaleza de vínculos, historia, familia… —del individuo que sólo sabe sonreír (“hacer un guiño”, decía Nietzsche). Sí, todo esto es cierto, pero hay en tal planteamiento un problema. Por un lado, parece como si fueran los homosexuales quienes promovieran el nihilismo narcisista, cuando sucede al revés: el nihilismlo lo invade todo en nuestra sociedad, y por tanto también sus hábitos eróticos (tanto homosexuales como heterosexuales). Pero es que, además, todo ello plantea otro problema mucho más grave.
Denunciar tal implicación de la “ideología gay” y hablar del “horror” que produce o debería producir la homosexualidad y su “pecado nefando”, es algo que tiene dos consecuencias: la primera, llenar de estupefacción y horror a quienes pensamos que la homosexualidad es, en sí misma, una inclinación sexual tan honorable como cualquier otra; la segunda, fortalecer aún más de lo que ya está el nihilismo y el individualismo que este periódico se da por misión combatir.
Cuando la santurronería clerical aplicada durante cuarenta años a nuestro país en materia de moral y “buenas” costumbres ha producido —aunque ésta  no es la única causa del fenómeno— la reacción consistente en hacernos saltar al extremo opuesto; cuando en un abrir y cerrar de ojos, como quien dice, hemos pasado de un país de beatas y santurrones al país de los chikilicutres, pijos pogres y demás engendros que aborrecemos; cuando ello es así, volver a ensañarse contra los homosexuales y su antinatural “vicio”, volver a horrorizarse ante la transgresión de la ley natural o divina que cometen tan desgraciadas criaturas, no puede tener sino un solo efecto: deslegitimizar toda denuncia del orden nihilista y narcisista que nos corroe; hacer que todo nuestro combate aparezca como una vulgar defensa de la moral conservadora y clerical… —que es precisamente lo que se pretende defender con tales planteamientos.
No estamos hablando aquí de las extravagancias e imposiciones del lobby gay: soy el primero en repudiarlas. Estamos hablando de la homosexualidad como tal; de esa homosexualidadque debería producir en los lectores de Elmanifiesto.com un “horror” tan álgido como el que despertaba —parece— en las sociedades bien vertebradas de otros tiempos. Que nuestros lectores, sin embargo, se tranquilicen si la homosexualidad no despierta en ellos ninguna fobia u horror: están tan sanos —se lo aseguro—, tan ávidos de vida, tan llenos de amor hacia el mundo como lo estaban los hombres y mujeres de todas las sociedades orgánicas, bien estructuradas y jerárquicas del pasado. Ninguna de ellas ha experimentado ese pretendido horror ante la homosexualidad. Es cierto, sin embargo: desde que el cristianismo impuso su ley, se ha experimentado algo parecido al horror, pero éste se encontraba matizado por la duplicidad que en materia sexual siempre ha caracterizado a esta religión: por un lado, la condena pública, manifiesta, del “pecado”; por otro, su tolerancia, al menos en parte, el hacer manga ancha, el abrir cauces para evitar tener que quemar en la hoguera a la mayoría de los “sodomitas”. (Rodolfo Vargas Rubio lo ha explicado por lo demás, con todo lujo de detalles, en los números 1 y 3 de nuestra revista teórica.)
Pero si esta duplicidad —otros quizá prefieran decir: “esta hipocresía”— ha sido lo propio de los últimos mil setecientos años, otras sociedades hubo antes en Europa en las que la homosexualidad —dentro, es cierto, de unas determinadas normas— era una actividad considerada tan normal como honorable. Y, sin embargo, ni el nihilismo narcisista, ni el egoísmo individualista, ni la falta de vínculos superiores corroía en lo más mínimo a tales sociedades. Al contrario, tan fuertes eran Grecia y Roma que no sólo se sostuvieron a sí mismas durante siglos, sino que, al fundar a Europa, crearon la más alta de todas las civilizaciones. Hay, es cierto, entre ellos y nosotros, una diferencia fundamental: si efebos y homosexuales no les molestaban en lo más mínimo; si los mostraban sin el menor reparo; si Adriano, por ejemplo, erigió a su joven amante Antinoo, el templo que, al morir, le levantó en Egipto, era sin duda porque, para aquellos paganos, Eros yAfrodita no eran cosa pecaminosa. Eran cosa divina. Ni siquiera sabían lo que fuera el “pecado” —sólo conocían la virtus: el imperativo de buscar la excelencia, la grandeza, el honor. Aún no había llegado la religión para la cual un Dios de bondad —dicen— se dedica a coartar aquellos instintos que Él mismo infunde a sus criaturas.
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Obtenido de:

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=2394

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Una respuesta to “La homosexualidad: ni “vicio” ni virtud”

  1. Juan 17 diciembre 2008 a 9:23 PM #

    Comentario por Juan on Noviembre 8, 2008 12:38 am

    En parte estoy de acuerdo con el artículo y pienso no se puede valorar la homosexualidad desde perspectivas simplistas, ni para bien ni para mal. No obstante, sí creo se debería profundizar sobre el llamado “lobby gay” y su influencia real hacia los homosexuales. Ser homosexual consiste en tener inclinaciones afectivo-sexuales o sexuales casi exclusivamente hacia miembros del mismo sexo, pero, ¿cómo se viven?, ¿cómo contactan los homosexuales?, ¿existe algun valor socializado a la hora de contactar con gente homosexual o hay total diversidad?, e incluso también preguntaría, ¿qué conoce realmente la ciencia sobre la homosexualidad?.
    De cualquier modo el ser humano es un animal social y como tal tiene el impulso de relacionarse. Creo por ese mismo motivo el individualismo tan extremo en el que vivimos produce grandes deficiencias afectivas a las personas pues se sienten desintegradas comunitariamente y desorganizadas moralmente. El individualismo no es sinónimo de homosexualidad ni lo inventó ningun colectivo homosexual pero cierto es la palabra “gay” representa bastante bien el valor insolidario, materialista y elitista del término. Creo no se trata de excusar la homosexualidad, pues pienso queda mucho por hacer e investigar sobre las verdaderas causas de la misma y sean las que sean no culpabilizan ni demonizan a la persona homosexual pues ni el homosexual ni el heterosexual son culpables de su orientación, pero sí creo se debe hacer mucho hincapié en lo social, en la influencia del “lobby gay” y en cómo realmente a día de hoy puede vivir un homosexual su homosexualidad; qué implica socialmente ser homosexual tanto para con otros homosexuales como para con la vida a otros niveles.

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