La elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos ha suscitado en Francia un debate sobre la diversidad étnica y la promoción de las minorías en el país que tiene como una de sus divisas la igualdad y que se autoproclama como la patria de los derechos humanos. Las diferencias son notables. En EEUU, la minoría negra alcanza el 15% frente a solo un 3% en Francia. Este dato es estimativo ya que, en aras de la teórica igualdad republicana, las estadísticas étnicas están prohibidas en Francia.

Pero la teórica igualdad solo es una hipocresía. De los 577 diputados de la Asamblea Nacional, si se descuentan los escasos representantes de ultramar, solo uno es negro, la socialista George-Pau Langevin, elegida por París en las últimas legislativas de junio del 2007. Antes no había ninguno. Tampoco hay ningún parlamentario de origen magrebí ni ningún alcalde de una gran ciudad pertenece a la minoría negra o árabe. En el Senado, solo cuatro escaños de 343 están ocupados por representantes de la llamada diversidad.

En otros campos, el desierto de la diversidad es patente. Ningún gran empresario es de origen africano y se calcula que solo un 1% de los miembros de los consejos de administración proceden de esa minoría. En los medios de comunicación, se consideró un acontecimiento el nombramiento de un presentador negro –Harry Roselmack– como sustituto del titular del principal telediario de TF-1. Solo en el mundo del espectáculo y, sobre todo, del deporte las minorías tienen una mayor presencia, En la selección nacional de fútbol, la excepción son los jugadores blancos, dos o tres sobre 11.

Esta situación y la elección de Obama han propiciado el lanzamiento de un “manifiesto por la igualdad real”. Titulado ‘Sí, podemos’ y promovido por el empresario de origen argelino Yazid Sabeg, entre sus primeros firmantes figuran el presidente del grupo parlamentario del partido gubernamental Unión por un Movimiento Popular (UMP, derecha), Jean-François Copé, y el secretario general, Patrick Devedjian, así como diputados socialistas como Arnaud Montebourg. Firmar no cuesta nada. Otra cosa es aceptar la diferencia. En las últimas elecciones municipales y lesgislativas, algunos candidatos de minorías elegidos por las bases vieron frustrada su andadura por las trabas impuestas por las instancias federales o porque tuvieron que enfrentarse a candidatos disidentes surgidos del propio partido.

Sabeg lleva años promoviendo la discriminación positiva, una idea que Nicolas Sarkozy defendió en su campaña electoral, pero que luego ha olvidado, pese al nombramiento de tres ministras de origen magrebí o del África negra: la titular de Justicia, Rachida Dati; y las secretarias de Estado de la política de las ciudades, Fadela Amara, y de Derechos Humanos, Rama Yade. En el Consejo de Ministros del 12 de noviembre, Sarkozy acaba de designar al primer prefecto (delegado del Gobierno) negro, Pierre N’Gahane, de origen senegalés.

El promotor del manifiesto considera que el nombramiento de las tres ministras es un acto simbólico que no cambia en nada la situación de injusticia en que se encuentran las minorías y asegura que Sarkozy no ha hecho nada por mejorarla. El manifiesto, en el que se recuerda que “la sociedad francesa es una de las más mestizas del mundo”, advierte de que “no basta con proclamar la igualdad para conseguirla: es un proceso de largo aliento y no espontáneo”..Un proceso “que tenemos el deber y el interés de impulsar”, añade.

Como programa mínimo para alcanzar la igualdad real, el texto propone compromterse a políticas públicas que combatan las consecuencias sociales de las discriminaciones; sistematizar políticas voluntaristas de éxito educativo y promover los talentos de los barrios populares; promover las politicas urbanas que facilitan la diversidad social; incitar a los empleadores, y en primer lugar al Estado, a poner en marcha políticas de promoción de la diversidad; limitar los mandatos electorales para fomentar la renovación del mundo político, y someter a los partidos políticos a un pacto nacional de la diversidad con la organización de una gran movilización, incluidos cambios legales, sobre la igualdad real y la diversidad.

Carla Bruni no ha firmado, pero ha expresado su apoyo entusiasta al manifiesto, el mismo entusiasmo que sintió al conocer la elección de Obama. Su marido, Nicolas Sarkozy, tampoco ha podido resistirse a la obamanía que recorre Europa. Pero, como dice el refrán, obras son amores y no buenas razones..