Finalmente, oficialismo y oposición se pusieron de acuerdo y el Congreso Boliviano aprobó con dos tercios de votos una ley que autoriza algunas reformas constitucionales y dejó la puerta abierta para la realización del tan preciado y polémico referendo que el presidente Evo Morales viene impulsando desde hace ya varios meses y que fue el detonante del extenso conflicto que mantuvo con los prefectos de algunos departamentos bolivianos.

El enfrentamiento que estelarizaron estos dos “bandos” podría compararse en cuanto al tiempo que duró, al tire y afloje que mantuvieron otros dos, muy cercanos geográficamente, en Argentina, gobierno y el sector agrícola, pero con la única diferencia que en Bolivia, lamentablemente, corrió mucha sangre y violencia.

Y aunque esas vidas no serán devueltas, por lo menos este acuerdo supone una vuelta a la paz social que tanto ansiaba el pueblo boliviano que se vio peligrosamente dividido mientras duró el conflicto y también el resto de la comunidad internacional más próxima que luchó para no verse salpicada por esta “batalla”.

El 25 de Enero próximo serán precisamente los ciudadanos bolivianos quiénes podrán definir el futuro de su país y su constitución, respondiendo dos preguntas clave que formulará el referendo. En primer lugar decidirán si desean que el límite de tenencia de tierras sea de 5.000 o 10.000 hectáreas y si están de acuerdo con todas las modificaciones constitucionales que acordaron oposición y gobierno.

En tanto, la promesa del presidente Evo Morales de no forzar su reelección aunque la constitución que se apruebe lo permita, fue decisiva para cambiar el humor negativo de la oposición ante el referendo.