Héroes musulmanes olvidados

9 Oct

Héroes musulmanes olvidados

El historiador judío Pinchas Lapide escribió en 1967: «La Santa Sede, los nuncios y la Iglesia católica salvaron de la muerte de 740.000 a 850.000 judíos».

 

Héroes musulmanes olvidados

Antonio R. Rubio Plo

Historiador y Analista de Relaciones Internacionales

Todo prejuicio equivale a una sentencia inapelable: nos hemos formado una opinión y no queremos conocer más hechos. Los que así piensan suelen combinar el odio con clamores de justicia.

Hace pocos días se clausuraba en Milán una exposición singular, aunque sus materiales están disponibles para actividades didácticas. Llevaba el nombre de Justos del Islam, estaba organizada por el Instituto Pontificio de Misiones Exteriores, y su originalidad residía en un tema ajeno a toda corrección política:¿Existieron musulmanes que ayudaron a los judíos perseguidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial?

No sólo los hubo, sino que el Estado de Israel les otorgó el galardón de “justos entre las naciones”, concedidos a más de veinte mil personas, como el anterior Papa, Juan Pablo II o  diplomáticos que fueron los que facilitaron visados a los hebreos. Los nombres de un total de 70 musulmanes —entre los que se cuentan bosnios, albaneses, turcos, tunecinos o marroquíes— están presentes en el Museo del Holocausto en Jerusalén, pero sobre ellos se cierne toda una conspiración de silencio, en este tiempo en que los límites entre el antisionismo y el antisemitismo se hacen cada vez más difusos.

El historiador americano Robert Satloff, un experto en temas del Próximo Oriente, es actualmente el principal investigador de unos hechos que se quiere borrar de una selectiva memoria histórica. Si la deslegitimación de Israel pasa, entre otras cosas, por negar el Holocausto, no es extraño que todo elemento discordante como la existencia de Justos del Islam sea marginado, entre otras cosas porque no es una cuestión político-partidista, sino de pura y simple humanidad.

De este modo, se olvida que en tierras norteafricanas, bajo el poder de la Francia de Vichy o del ocupante nazi, se llevó centenares de los judíos a campos de concentración o se les obligó a portar la estrella amarilla. Satloff relata que en el año 1943, en plena batalla en Túnez entre los aliados y el Afrika Korps, un grupo de hebreos fugitivos fue acogido en la granja de un campesino llamado Si Alí Sakkat.

También en la ciudad costera tunecina de Mahdia, varias familias judías fueron ocultadas en la finca de una autoridad local, Jaled Abdelwahhab, que de esta forma salvó a una muchacha acosada por un oficial alemán. Y es que había campos de concentración en el norte de África: los guionistas del mítico film Casablanca no lo desconocían y ponen en boca de Strasser, el implacable comandante alemán, que sólo existían dos alternativas para un refugiado: acabar en un campo o arriesgar su vida en un lugar en que valía muy poco.

Pero las ayudas también se produjeron en tierras europeas: el rector de la mezquita de la ciudad de París salvó a más de un centenar de hebreos al proporcionarles certificados que acreditaban identidades musulmanas. Tampoco se pueden ocultar otras realidades: hubo árabes que colaboraron con los alemanes en la persecución, e incluso formaron una unidad militar que combatió contra los aliados en Túnez.

Mas lo positivo son las historias de héroes musulmanes, relatadas por Satloff en su libro Among the righteous, resultado de una investigación personal por once países en busca de testimonios que sorprendieron a los hijos y nietos de aquellas personas.

Sin embargo, hay una connotación de amargura en el libro: muchos parientes de los héroes no se alegraron de conocer los hechos. Antes bien, les resultaba incómodo y deseaban que Satloff se marchara cuanto antes de sus vidas. De ahí, que la batalla del historiador de utilizar la memoria de unos gestos humanitarios para acercar a judíos y árabes se encontrara con el muro, que, por otra parte es infranqueable, de los prejuicios.

Todo prejuicio equivale a una sentencia inapelable: nos hemos formado una opinión y no queremos conocer más hechos. Los que así piensan suelen combinar el odio con clamores de justicia, algo no privativo del conflicto entre árabes e israelíes.

__________________________________________

Publicado en Gaceta.es, 23/02/2008

 

 

El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio dela Iglesia católica.

-.-

  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado enla Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

«Entre los veintidos mil nombres de los Justos entre las Naciones –es decir aquellas personas recordadas en el museo del Yad Vashem de Jerusalén como héroes, habiendo puesto en riesgo su propia vida para salvar la de algunos judíos durante la Shoá– son en torno a setenta los que proceden de contextos musulmanes».

http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2454

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: