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La acusación reclama el juicio de los 11 islamistas del Raval

9 Oct

9/10/2008  NUEVA CAUSA CONTRA EL ‘YIHADISMO’

La acusación reclama el juicio de los 11 islamistas del Raval

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  1. • El fiscal pide que la Audiencia confirme el procesamiento

M. B.
MADRID

Los jueces decidirán en los próximos días si confirman o anulan el procesamiento de 11 islamistas detenidos en el Raval de Barcelona y acusados de querer atentar contra el metro de Barcelona. La fiscalía defendió el procesamiento, la acusación popular reclamó que se ampliará la acusación de integración en banda armada a estragos terroristas en grado de tentativa y la defensa pidió la revocación.
La vista se celebró a puerta cerrada. Fuentes jurídicas explicaron que el fiscal Vicente González Mota defendió el auto de procesamiento dictado por el juez Ismael Moreno. El magistrado les imputó un delito de integración en banda armada y a ocho de ellos uno de tenencia de explosivos. Moreno explicó que los yihadistas tenían previsto atentar entre el 18 y el 20 de enero en los transportes de Barcelona.
Por contra, la fiscalía se opuso a la pretensión del abogado de la Associació Catalana de Víctimes d’Organitzaciones Terroristes (ACVOT), José María Fuster Fabra, que solicitó a los jueces que ampliasen el procesamiento al delito de estragos en grado de tentativa, porque tenían material explosivo. El defensor de los islamistas, Benet Salellas, negó que sus clientes formaran un grupo terrorista.
Por otra parte, Interior anunció ayer que expulsará a la mayoría de los 14 islamistas absueltos el martes por el Tribunal Supremo en la operación Nova. El secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, eludió pronunciarse sobre si la sentencia afectara a la lucha contra el terrorismo internacional.

 

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El Nobel se falla envuelto en la polémica con las letras de EEUU

9 Oct

9/10/2008  LITERATURA |PREMIO

El Nobel se falla envuelto en la polémica con las letras de EEUU

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  1. • El galardón no habla castellano desde que lo ganó Octavio Paz en 1990

ELENA HEVIA
BARCELONA

Año tras año, los pronósticos para el ganador del Premio Nobel de Literatura, que hoy se falla, arrastran una serie de nombres permanentemente repetidos, como los del italiano Claudio Magris, el poeta libanés Adonis o el israelí Amos Oz. O por lo menos, esa es la poco original quiniela de la casa de apuestas británica Landbrokes, un barómetro mediático y anecdótico que en ocasiones sí ha coincidido con los deseos de la Academia Sueca.
Pero también podría ser el año de las letras en castellano, ya que desde que el mexicano Octavio Paz obtuviera el galardón en 1990, un año más tarde que Camilo José Cela, el Nobel no suena en español (a lo más que se ha llegado es que la web oficial del premio tenga una versión en este idioma). Curiosamente, esta larga temporada de sequía coincide con la muerte –en 1991– del poeta Artur Lundkvist, prestigioso hispanista y principal valedor de la literatura hispana en la Academia Sueca. De romperse la tendencia, sería la oportunidad del tantas veces citado Mario Vargas Llosa, de Javier Marías o, ¿por qué no?, de Baltasar Porcel.
En esta ocasión, sin embargo, la elección ha estado teñida por la controversia de las recientes declaraciones del secretario permanente de la Academia Sueca, Horace Engdhal, que descalificó la literatura estadounidense en favor de la europea, lo que de tratarse realmente de una pista frente al tradicional secretismo de la institución dejaría sin oportunidades a grandes como Philip Roth, Joyce Carol Oates, Thomas Pynchon, John Updike y Don DeLillo.

POR ALUSIONES
No importó que Engdhal, experto en literatura francesa, matizara posteriormente sus palabras diciendo que la Academia no premia literaturas nacionales sino autores individuales. La prensa norteamericana contraatacó por alusiones. Así David Remnick, director de la revista The New Yorker recordó los flagrantes olvidos de la Academia que ignoró, entre otros, a autores de la categoría de Marcel Proust, James Joyce, Vladimir Nabokov. También podría haber añadido a la lista de agravios a Borges.

 

El fiscal alerta del “altísimo” riesgo de fuga de Beloki

9 Oct

9/10/2008  LUCHA ANTITERRORISTA

El fiscal alerta del “altísimo” riesgo de fuga de Beloki

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  1. • Pide que la dirigente de ETA vuelva a la cárcel para que no dirija de nuevo la banda
  2. • La acusación solicita el informe médico sobre la inseminación que pide la afectada

MARGARITA BATALLAS
MADRID

La fiscalía quiere evitar que la dirigente etarra Elena Beloki huya. Por ello, reclamó ayer a los jueces de la Audiencia Nacional que revoquen su decisión de dejarla en libertad para que pueda someterse a un proceso de inseminación en una clínica privada de San Sebastián.
Beloki, de 47 años de edad, fue excarcelada el pasado mes de julio por orden de los jueces de la sección tercera, que aceptaron que era necesario que disfrutara de libertad para poder ser madre. La fiscalía se opuso desde el primer momento a esta medida, pero no recurrió el auto de excarcelación, que fue revisado el pasado día 2 por los mismos jueces.
Los magistrados ratificaron su decisión e impidieron a la fiscala Dolores Delgado acceder al informe médico presentado por la etarra con la excusa de que tenían la obligación de preservar su intimidad. Este argumento es rebatido por la fiscalía que sostiene –en un escrito remitido ayer a los jueces– que una de sus obligaciones es “velar por la salvaguarda de los derechos y libertades de los ciudadanos”. Por ello, explica que desconoce las circunstancias médicas que aconsejan la excarcelación de Beloki y que estas “podían haber influido” en su posición.

RIESGOS
Asimismo, la fiscala apunta que la negativa a tener acceso a este informe obliga a los jueces a anular su decisión, ya que no declararon previamente que este documento estuviera amparado por el secreto sumarial que, en cualquier caso, no afecta al ministerio público.
Además, alerta del “altísimo” riesgo de fuga, ya que el Tribunal Supremo va a revisar en breve la sentencia del caso Ekin. Beloki fue condenada en este sumario a 13 años de prisión por integración en ETA. La fiscala recuerda que ha pasado muy poco tiempo en prisión y sostiene que el tratamiento que precisa para ser madre le puede ser administrado en la cárcel.

EL CURRÍCULO
La fiscalía también apunta que existe el riesgo de reiteración delictiva porque, durante más de 10 años, Beloki ha ocupado puestos de dirección en ETA tras ser colaboradora de la banda armada.

 

Judaísmo – Religión judía

9 Oct

Judaísmo – Religión judía

 

Judaísmo – Religión judía

La religión judía tal como se vive actualmente es practicada por un amplio conjunto de grupos y corrientes que suelen tener en común la veneración de la Torah y de la Tradición rabínica, así como la institución de la Sinagoga, que después de la destrucción del segundo Templo en el año 70 d.C., encierra para el Judaísmo una importancia excepcional.

La Torah, contenida en la Biblia, se concibe generalmente como una realidad normativa que es eterna y trascendente, como el Dios que la ha dispuesto. El Judaísmo tradicional respeta y cumple también la Tradición que, mediante el Talmud y la Mishna principalmente, interpreta y desarrolla la Torah. Esta Tradición tiene carácter normativo y prescribe un gran número de preceptos que todo judío devoto se considera obligado a observar.

La Sinagoga nace en los siglos anteriores al Cristianismo, con un fin pedagógico y para reflejar los cultos rituales del Templo de Jerusalén en beneficio de quienes no podían peregrinar a la Ciudad Santa. En el Judaísmo de la diáspora antigua y moderna, la Sinagoga cumple esencialmente tres funciones: es casa de reunión (Bet Knesset), casa de oración (Bet Tefillah), y casa de estudio (Bet Midrash). La Sinagoga ha tenido y tiene gran significado como instrumento eficaz para mantener separado al fiel judío del mundo secular y potenciar su sentido de identidad étnica y religiosa.

El Judaísmo rabínico tradicional tiende a regular la acción más estrictamente de lo que regula las expresiones doctrinales del pensamiento, pero hay unos dogmas cuya profesión permite ser miembro de la comunidad. La Torah y Tradición contienen, en efecto, doctrinas fundamentales que todo judío debe aceptar. Se cuentan entre ellas la trascendencia de Dios, la actividad divina creadora, la providencia, el juicio, la libertad humana, la elección de Israel, la venida escatológica del Mesías, la resurrección de los muertos y el mundo futuro.
Este judaísmo de carácter tradicional convive desde el medioevo con corrientes esotéricas de carácter místico que se expresan en la Cábala. Este misticismo, que pervive en nuestros días, trata de determinar la relación entre la divinidad absolutamente trascendente (En sof) y la creación, y ha dado lugar a exuberantes especulaciones basadas muchas de ellas en el simbolismo presuntamente bíblico de los números.

El Judaísmo experimenta intentos de secularización, con pérdida de sustancia religiosa, en el Iluminismo y la Ilustración dc1 siglo XVIII. El deseo de algunos intelectuales judíos centroeuropeos -corno Moses Mendelsohn (1729-1786)- de acercar o asimilar la cultura judía a las corrientes imperantes, introducen en la religión judía elementos críticos y racionalistas, que contrastan con el Judaísmo tradicional. Los judíos ilustrados colocan en segundo término la fe profética y el papel mesiánico de Israel, y acentúan más bien una visión del pueblo judío como vanguardia del progreso espiritual y moral de la humanidad.
Una corriente de gran importancia religiosa es la representada por el Casidismo, nacido en Europa oriental en el siglo XIX. Se trata de una reacción contra la ortodoxia rabínica. El Casidismo prefiere la piedad y el carisma contra la erudición religiosa y la práctica convencional de la Torah, e igual que el Rabinismo, se opone a las tendencias ilustradas.

Los primeros decenios del siglo XX presencian un cierto resurgimiento religioso y espiritual del Judaísmo europeo, con figuras de gran importancia como Martin Buber (1878-1965) y Franz Rosenzweig (1886-1929).
Mención aparte merece el Judaísmo norteamericano, que de orígenes modestos, desde que en 1654 se fundara en New Amsterdam la primera comunidad judía americana, ha llegado a ser en la actualidad una fuerza de gran influencia socio-política, cultural y económica. Los judíos de Estados Unidos eran 230.000 en 1880, 400.000 en 1888, 950.000 en 1897, y 3.000.000 en 1914. Durante los años veinte y treinta del siglo que ahora termina, la población judía creció en un 40%, y se dobló el número de sinagogas: de 1901 en 1916 a 3800 en 1937.

El Judaísmo norteamericano se caracteriza por la existencia de tres corrientes principales: ortodoxa, reformada y conservadora. Según datos de 1995, hay en las ciudades importantes del país unas 50 sinagogas ortodoxas, 60 conservadoras, y 140 reformadas [Cfr Kerry Olitzky, The American Synagogue, Westport, 1996].
El Judaísmo reformado nace en el siglo XIX con el deseo de adaptar la práctica religiosa a las condiciones cambiantes de la vida social alemana. Los reformadores defienden la idea de una revelación progresiva, y un mantenimiento de las ceremonias litúrgicas que resulten significativas al judío moderno.

El Judaísmo ortodoxo aparece como una reacción frente al anterior. Considera vinculante la totalidad de la Tradición judía, rechaza la crítica moderna de 1a Biblia, y mantiene la doctrina de un Mesías personal. Los servicios religiosos ortodoxos se celebran completamente en hebreo, y hombres y mujeres ocupan lugares diferentes en el templo.
El Judaísmo conservador trata de ser una vía media que combine formas tradicionales de la fe y del culto con algunas concesiones a la vida moderna.

El Judaísmo se ha comprendido y se comprende a sí mismo como una unidad que se expresa en una comunidad étnica y religiosa. Excluye expresamente la posibilidad de conciliar la pertenencia al pueblo hebreo y la pertenencia a otra religión. La persecución sufrida por los judíos durante el tercer Reich ha apagado en el Judaísmo las corrientes de tipo optimista y desde luego asimilacionista hacia la cultura ambiente. Domina actualmente un monoteísmo débil y un fuerte acento en la libertad y responsabilidad humanas. Se ha agrandado la conciencia de una historia común.
El Cristianismo conserva una especial relación con el Judaísmo, que contiene sus promesas y su preparación, lejana e inmediata en la historia de la salvación. El Magisterio de la Iglesia ha dedicado reflexiones significativas al pueblo hebreo, especialmente en la Declaración Nostrae aetate del Concilio Vaticano II, y más recientemente en el documento papal Nosotros recordamos. Una reflexión sobre la Shoah, publicado en marzo de 1998.

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La religión judía. Historia y Teología

BAC, nº 611, Madrid 2001, pp. 281-319

Sumario

Introducción.- I. Unos datos.- II. Estados Unidos de América: Judaísmo ilustrado reformado; 2. Ortodoxos; 3. Conservadores.- 4. Reconstruccionismo.- III. Israel: 1. El sector ortodoxo.- 2. Judaísmo conservador y reformado.- 3. Tensión entre dos mundos.- IV. Europa.- V. Grandes retos del presente.

Introducción

El judaísmo rabínico o talmúdico nació y se desarrolló entre los siglos I al XI. En la Edad Media tuvo que sufrir el impacto de la filosofía griega, que superó positivamente gracias a los filósofos judíos. En esta misma época surgen otros dos movimientos que pretenden suplir, de formas diferentes, la aridez y rigidez del talmudismo, la Cábala y el Hasidismo. Finalmente, en el s..XVIII sufre otro grave impacto, que afronta de diversas maneras, el de la Ilustración.

Resultado de esta larga historia es la religiosidad judía actual, que se manifiesta en un gran pluralismo. Se pueden destacar tres formas básicas, con muchos matices intermedios: judaísmo ortodoxo, judaísmo conservador y judaísmo reformado o liberal.

Una comparación con la situación entre nosotros, católicos, ayudará a hacerse una idea del mundo religioso judío. Entre nosotros existe el grupo conservador, que acepta la institución eclesial, los dogmas de la fe e intenta practicarlos, con matices que van desde la ultraortodoxia a cierta visión liberal de la fe y la práctica, deseosa de compaginarla con el mundo moderno; junto a él existen otros dos sectores, en los que es mayor la incidencia de la cultura moderna, un grupo que se considera cristiano pero cree y practica un poco «a la carta», más o menos al margen de la institución eclesial, y otro liberal, que, de hecho, rechaza los aspectos estrictamente sobrenaturales del cristianismo y profesa cierto deísmo. Su cristianismo es una tradición cultural, de la que se sienten parte. Finalmente, junto a estos grupos existen minorías ateas, que reniegan de la tradición cristiana y la combaten.

Algo parecida es la situación en el mundo judío: un sector ortodoxo, otro conservador y otro reformado. Junto a ellos también existen minorías que se declaran ateas y reniegan de la tradición judía.

I. Unos datos

Actualmente la población judía en el mundo se eleva a unos quince millones de personas. Según datos de 1991, la comunidad más numerosa era la de EE.UU., con 5.850.000 personas, seguida de la del Estado de Israel con 4.100.000. Seguía en tercer lugar Rusia con 1.500.000 judíos (hoy es difícil determinar la cantidad, dados los movimientos migratorios que han tenido lugar a Israel, parte de los cuales han retornado a su lugar de origen). En Europa hay un total de 1.020.000 personas, residentes especialmente en Francia (600.000 personas) y Reino Unido (300.000). En América, además de EE.UU., hay una numerosa comunidad en Canadá con 330.000 personas, seguida por Argentina con 228.000 y por Brasil con 150.000. En Sudáfrica son unos 120.000 y en Australia 90.000. Desde el punto de vista de la densidad de población judía, el Estado con mayor proporción es el de Israel, con 818 judíos por cada 1.000 habitantes, seguido por EE.UU. con 25 y Francia con 10.

A la luz de estos datos, aparece claro que el mundo judío gira en torno a dos centros, Israel y la diáspora, cada uno de ellos con un papel específico. Por una parte, la diáspora, especialmente EE.UU., ofrece un apoyo político, moral y económico incondicional a Israel, lo que está haciendo viable la existencia de su Estado, a pesar de todas las dificultades que tiene que afrontar; por otra, la existencia de Israel se ha convertido en punto de referencia para todos los judíos del mundo, motivo de orgullo y fuente de identidad.

Aunque no todos los judíos de la diáspora estén de acuerdo con la política concreta que llevan a cabo en Israel sus hermanos judíos, la existencia del Estado judío independiente, con lengua, cultura, economía y ejército propios refuerza su conciencia de identidad judía y está reavivando en toda la diáspora la conciencia de formar un solo pueblo, contra la tendencia a la asimilación que venía ejerciendo Occidente. Y dada la experiencia histórica del pueblo judío, perseguido en toda su historia, especialmente la reciente experiencia de la shoa, ve en la existencia de Israel un país-refugio para caso de necesidad.

Una panorámica aproximada de la situación religiosa en EE.UU. y en Israel, los dos grandes núcleos judíos, puede ayudar a hacerse una idea de la situación actual del judaísmo como religión.

II. Estados Unidos de América

Los primeros judíos llegaron a la entonces colonia holandesa de Pernambuco (hoy Recife, en Brasil) en el s. XVI y eran marranos procedentes de Holanda y de origen español. A pesar de su número reducido, pronto ejercieron un floreciente comercio especialmente con los judíos sefardíes residentes en los Países Bajos y en Oriente Medio. En 1654, reconquistada la ciudad por los portugueses, fueron obligados a volver a Holanda o a otras colonias holandesas. Un grupo se estableció en América del Norte, en New Amsterdam, más tarde New York, y New Port, donde crearon las primeras comunidades judías sefarditas.

La afluencia judía en EE.UU. continuó de forma lenta a lo largo del siglo XVIII hasta el primer tercio del siglo XIX, en que la Restauración europea y la consiguiente negación de derechos a los judíos reformados de Europa central provocó una emigración masiva de éstos, judíos askenazis reformados. Esto hizo que en EE.UU. durante esta época prevaleciera el judaísmo askenazi reformado, desplazando a los anteriormente llegados sefarditas ortodoxos. Más adelante, los progroms de Europa oriental determinaron otra emigración masiva de judíos hacia EE.UU., empujando ahora la balanza hacía la ortodoxìa. Estos dos bloques, reformados y ortodoxos, componen la base del actual judaísmo, junto con otros grupos intermedios, especíalmente el conservador.

De acuerdo con el talante americano, que ve el pluralismo como un hecho positivo, estos grupos, que en un primer momento mantuvieron posturas distantes, hoy día colaboran en diversos campos y mantienen cierta unidad de acción en organismos como el American Jewish Committee y el American Jewish Congress, defensores de los derechos judíos. Sin embargo, no exíste una autoridad central, lo que se traduce en una gran varìedad en la praxis. Más en concreto:

1. Judaísmo ilustrado reformado 

Los Reformados tuvieron dos grandes líderes en Isaac Mayer Wise (1819-1900) yDavid Eichhorn (1809-1879), que defendían un judaísmo de corte liberal, el segundo de forma más radical que el primero, que fue el verdadero organizador eficaz del judaísmo americano. En 1869 reúne la Conferencia de Filadelfia, que traza unas líneas comunes para el judaísmo reformado, y en 1873 crea la Union of American Hebrew Congregations con 34 comunidades. Dos años más tarde, en 1875, la Unión abrió en Cincinnati la Hebrew Union College, centro destinado a la formación de los rabínos reformados. Con los rabinos que salieron de sus aulas creó en 1889 la Central Conference of American Rabbis, institución que pronto ganó prestigio y fuerza. La CCAR adoptó los principios aprobados en 1885 en Pittsburg por un grupo de rabinos reformados, y que conforman su fondo doctrinal:

–Idea de Dios como verdad central para la humanidad.

–La misión sacerdotal del pueblo judío y el progreso de las ciencias son conciliables.

–Las leyes mosaicas fueron útiles en Tierra Santa, pero hoy sólo se observan las leyes morales; las otras se observan en tanto en cuanto puedan contribuir a santificar la vida; la que no contribuyen, sirven más para hacer daño que par:: ayudar.

–Las esperanzas mesiánicas se refieren a la venida de una era de verdad, justicia y paz en el mundo.

–El judaísmo es una comunidad religiosa, no una nación en el mundo. Por ello, no espera volver a Palestina ni instaurar allí un Estado ni un culto ni sacrificios. (Más adelante se adopta una postura en favor del Estado de Israel, debido a las tristes experiencias históricas vividas por el pueblo judío; en 1976, la Asamblea de la Central Conference of American Rabbis adoptó una tercera serie de principios en los que se reconoce que el Holocausto ha dañado gravemente la anterior visión optimista sobre la humanidad, se compromete a apoyar el Estado de Israel y se recuperan las oraciones al ponerse el tallit y los tefilim).

–El hombre es espíritu inmortal, pero se rechaza la resurrección, al igual que un paraíso (Edén) e infierno (Gehenna) eternos.

–En sintonía con los principios mosaicos, es obligatorio un compromiso de justicia social.

Actualmente el grupo reformado es numeroso. Más de 700 sinagogas se han adherido a la Union of American Hebrew Congregations, que en 1952 cambió la central de Cincinnati a Nueva York. Por su parte, el Hebrew Union College of America (HUCA), creado en 1875, se unió en 1950 con el Jewish Institute of Religion, creado en 1922, y ha abierto sedes también en Jerusalén y Los Ángeles. Son centros de formación acreditados en las diferentes ramas del judaísmo: rabinos, maestros, arqueólogos, historiadores, etc. Publican varías colecciones de libros y tienen abierto un museo judío. Mantienen una postura sionista, aunque en 1942 se creó un grupo antisionista, el American Council for Judaism, que hoy día, a partir de la experiencia de la Guerra de los Seis Días, ha perdido mucha fuerza.

2. Ortodoxos

Por su parte, el grupo ortodoxo era muy variado por su origen y costumbres religiosas: rusos, polacos, rumanos, lituanos, austriacos, húngaros, alemanes y otros. Para superar algo esta diversidad se pusieron en marcha varias iniciativas. La primera fue la creación de una yeshiva, que era un medio importante de formación e influencia en la tradición ortodoxa. El 1896 se creó la primera americana, la Isaac Elhanan Yeshiva, primero dedicada a estudios rabínicos, pero, posteriormente, abierta a estudios seculares hasta convertirse en 1943 en laYeshiva University.

Un poco después, en 1898, se puso en marcha la Union of Orthodox Congregations sobre 1a base de aceptar la «autorizada interpretación de nuestros rabinos como está contenida en el Talmud y los códices». El organismo ha realizado un trabajo útil en el campo de los alimentos puros, kasher, en la problemática aneja a la observancia del sábado, en la educación y en las publicaciones. Pertenecen a esta unión unas 1.700 sinagogas, pero de una orientación variada, que va de la ultraortodoxia al sector conservador.

Los rabinos, por su lado, también se han organizado, apareciendo dos organizaciones, la primera, en 1903, The Union of Orthodox Rabbis, compuesta de rabinos de tendencia ultraconservadora, la otra, el Rabbinical Council of the Union of Orthodox Jewish Congregations, de tendencia más abierta, en 1924. Esta última, con el nombre de Rabbinical Council of America, absorbió a la anterior, cuenta con unos 800 miembros y es una organización muy influyente. Junto a esto, han ido surgiendo otras organizaciones y grupos, entre los que hay que destacar el National Council of Young Israel, organización juvenil de carácter ortodoxo, la Agudat Israel, organización que considera el judaísmo como hecho religioso, oponiéndose primero a la creación del Estado de Israel y actualmente, después de la shoa, aceptándolo como centro para «reunir a todos los judíos bajo la Torá en todos los aspectos de la vida». Una característica de los ortodoxos es que en su mayor parte, un 80, residen en Nueva York.

Doctrinalmente la ortodoxia, en general, mantiene y practica el judaísmo rabínico. Uno de sus máximos exponentes ha sido el rabino Joseph Soloveitchik (1903-1992), que durante una generación ha formado centenares de rabinos en laYeshiva University de Nueva York. Nacido en Polonia, provenía de una importante dinastía de rabinos lituanos eruditos, de los que aprendió el análisis científico del Talmud. Estudió filosofía, siguiendo el ejemplo de los grandes rabinos medievales, y se laureó en 1931 en Berlín. Después de emigrar a los Estados Unidos, se convirtió en el exponente más autorizado de la ortodoxia culta occidental. Rechazaba abiertamente los resultados de la crítica bíblica, y reconocía a la vez la unidad, la perfección y el carácter divino de la Biblia. Afirmaba que hay que observar todos los preceptos, pues existe poca diferencia entre ellos, ya que directa o indirectamente proceden de la revelación divina. El que practica la halaká acerca el cielo a la tierra, la Shekiná al espacio y al tiempo, el infinito al finito. Hay que estudiar no sólo las leyes que sirven para la vida, sino también las que ahora no se practican y que sirven para delinear una sociedad ideal abstracta. Subrayó la fidelidad incondicional a la tradición e interpretó el judaísmo en la línea de una tipología ideal y de una psicología de la situación. La ortodoxia tradicional actual considera una pérdida de tiempo el dedicarse a los estudios profanos, por lo que prohíbe unir los títulos «rabino» y «doctor». El curriculum vitae y el contenido de los estudios para ser rabinos-jefes de Israel se realizan totalmente en las escuelas superiores talmúdicas, que no tienen carácter académico. A diferencia de la ortodoxia occidental, en ellas no se produce literatura sobre cuestiones éticas contemporáneas, sobre filosofía, etc. El mundo de las yeshivot, las escuelas superiores talmúdicas, sigue reglas propias de estudio y de vida en el esfuerzo por volver a dar vida a una época de la historia judía ya pasada, puesta en entredicho especialmente por la shoa.

Todo esto sucede como consecuencia de la atracción que una disciplina de estudio y vida ejerce sobre jóvenes que no se sienten a gusto en el ambiente profano. El contacto personal con los profesores y compañeros de estudio, el proveer al propio sustento y el crear una nueva familia representa para muchos un oasis de paz en un mundo circunstante cada vez más amenazantes. En cuanto a vocaciones para el rabinado, las yeshivot tienen abundantes jóvenes alumnos. Estadísticas de 1980 los cifraban en 18.000.

En el mundo del hasidismo existe una rama ultraortodoxa, los hasidim Lubavitcher, de la misma tendencia y estilo de vida que los residentes en el barrio Mea Shearim de Jerusalén; igualmente está presente la rama Habad por obra de Joseph I. Schneersohn (1880-1950), bisnieto del fundador, que abandonó Rusia y se instaló en EE.UU., donde organizó centros Habad florecientes: una red de escuelas, yeshivas, periódicos para adultos y niños, una editorial fuerte y numerosas organizaciones sociales.

3. Conservadores

Entre los dos grupos anteríores de reformados y ortodoxos, apareció el grupo conservador, que tuvo en I. Leeser (1806-1868), A. Kohut (1842-1894), S. Schechter (1847-1915) sus líderes principales. Miembros ilustres han sido M. JastrowJ. BlumenthalC. AdlerL. Finkelstein y G. D. Cohen, y actualmente R. Gordis y S. Siegel. Sostienen que la ortodoxia es compatible con una serie de mejoras legítimas frutos del progreso, sin llegar a los cambios revolucionarios de los reformados, que amputan valores fundamentales del judaísmo. Es posible una reforma de los moldes anquilosados del viejo judaísmo sin salirse de la Torá y del mundo rabínico. pues todo lo negativo que se da en el judaísmo, como el legalismo, no se debe a la Torá, sino a los mismos judíos, por lo que es una invitación a una conversión interior.

Esta línea creció mucho en el primer tercio del s. XX con la llegada masiva a América de dos millones y medio de judíos entre 1900 y 1920. Todos deseaban compaginar sus valores tradicionales con el estilo de vida americano, y encontraron en el grupo conservador el lugar adecuado para realizarlo. Hoy día, se han convertido en el grupo judío más importante de EE.UU.

Como los grupos anteriores, también éste se fue organizando, creando una serie de asociaciones paralelas a las ya existentes entre los otros: el Jewish Theological Seminary (Nueva York 1887) para la formación de sus rabinos, laUnited Synagogue (1913), reúne a las sinagogas, y la Rabbinical Assembly a los rabinos. Junto a esto, han creado centros universitarios, editoriales y otras inicíativas.

El conservadurismo defiende y revaloriza la fe, los principios de la fe, el dogma, pero, bajo la influencia de la Escuela Histórica, de carácter positivista, hace una lectura racionalista de los principios, siendo así la versión americana de la lectura histórico-positivista del judaísmo:

–Defienden una revelación natural y rechazan la idea de una revelación sobrenatural divina propiamente dicha.

–Es fundamental la Biblia, pero no en sí misma, sino como es interpretada por la tradición.

–Como consecuencia, el centro de autoridad reside en la conciencia colectiva del Israel católico (Schechter), encarnación de la sinagoga universal, en las formas de comportamiento en general, y no en la Biblia o en el antiguo judaísmo (Misná y Talmud).

–Los cambios son esenciales en una religión viva, pero deben ser introducidos por maestros del pensamiento judío, siempre a la vista de la actitud de las masas ante el hecho en cuestión y la praxis judía a lo largo de la historia.

–La transgresión de las leyes es legítima y obligatoria, según la tradición rabínica, siempre que sea necesario para salvar el conjunto de las leyes.

–Defienden el valor del sionismo y del Estado de Israel, pero, junto a él, la legitimidad y valor de la diáspora.

–Mantienen la esperanza mesiánica, que implica la restauración de Israel y el Reino de Dios para toda la humanidad.

–En la praxis admiten el inglés en la liturgia, han anulado normas que no tienen sentido hoy, como separación de hombres y mujeres, no afeitarse la barba, ley del levirato, no usar el coche para ir a la sinagoga en sábado y otras, y en el libro oficial de oraciones han cambiado una serie de enunciados cuyo contenido no sonaba bien a oídos modernos (así, p.ej., un varón no debe dar gracias por no haber sido creado mujer, sino por haber sido creado a imagen divina).

En la práctica, dentro de este grupo hay variedad de tendencias. Se podría decir que muchos conservadores oran como ortodoxos, pero piensan como reformados, la praxis les asemeja a los ortodoxos pero su alma a los reformados.

4. Reconstruccionismo

Dentro del conservadurismo, existe un sector especial, el reconstruccionismo, creado por el rabino Morderai M. Kaplan (1880-1983), que ejerce una gran influencia y que podría considerarse como un cuarto sector del judaísmo, junto a los otros tres. Su objetivo es defender todos los valores judíos, poniendo fin a la tendencia asimilacionista que intentaba integrarse en las otras culturas, manteniendo sólo la religión judía. Para este grupo el judaísmo es mucho más que la religión judía. Es historia, literatura, moral, lengua, organización social, ideales sociales y espirituales, intereses estéticos, etc. Todo esto sólo puede ser vivido plenamente en Israel –por ello el grupo es sionista–, pues en la diáspora el judío comparte lealmente los ideales, costumbres y cultura locales, aunque participando a la vez de la cultura judía. En el mundo que lo hospeda se compromete a sostener y promover especialmente aquellos ideales que son, en cierto sentido, más judíos, p.ej., la democracia. La finalidad del reconstruccionismo es encontrar una base de unión entre todos los que desean permanecer judíos. Para ello:

–Defiende la separación entre Estado y religión con el fin de revitalizar la religión.

–La fe en Dios se puede interpretar o en términos universales o de acuerdo con la experiencia propia judía. (Kaplan personalmente lo hace en línea universal: Dios es el proceso cósmico que actúa para realizar y salvar al hombre. La salvación consiste en la realización humana del hombre sin ninguna referencia sobrenatural).

–La Torá es sinónimo del modo de desarrollo de la cultura judía y, por ello, debe incluir todas las experiencias éticas, culturales y espirituales del pueblo judío.

–La religión es una cualidad inherente a la verdadera sustancia de una civilización y, por ello, no puede ser separada de ella. Pero la civilización tiene otros componentes no religiosos, como la ley, el folklore, etc.

–Los ritos han de considerarse no mandamientos, sino costumbres que sirven para entrar en comunión con Dios, sin que tenga que existir sentido de pecado si no se realizan. Así las dietas alimenticias dan a la casa una atmósfera de espiritualidad. Por ello los ortodoxos harán muy bien en observarlas, los otros podrán elegir o introducir nuevos usos y nuevos valores.

–A modo de resumen, su lema: la religión judía es para el pueblo judío y no el pueblo judío para la religión judía.

En el fondo, la doctrina de Kaplan es más radical que la de los reformados, por lo que ha sido rechazada frontalmente por los ortodoxos. Más que como sistema, el reconstrucciortismo ejerce influencia con sus diversos elementos, aceptados parcialmente y por el análisis que ha hecho de la realidad judía, que ha servido para recuperar valores judíos. En 1968 abrió el Reconstructionist Rabbinical Center.

En general, hoy día el judaísmo norteamericano, el más numeroso del mundo, responde al patrón americano que pide pertenecer a un grupo religioso, pero ofrece una gran variedad para elegir personalmente. Según una estadística de 1970, de 1.900.000 cabezas de familia, el 40% se consideran conservadores, el 30% reformados, el 11,4% ortodoxos, el 1,4 % agnósticos y ateos, el 2,5% no hebreos y un 12,2%, incluidos los secularizados, se llaman «just jewish».

La misma estadística mostraba una tendencia al acercamiento entre los diversos sectores, debido a la vuelta a las tradiciones judías por parte de los reformados, al interés creciente por los problemas religiosos y al sentimiento creciente de pertenencia a Israel que se difunde entre las nuevas generaciones. En cuanto a la práctica religiosa, una encuesta de 1981 entre los judíos de Nueva York puso de manifiesto que sólo una tercera parte enciende las velas del sábado, mientras que otra tercera parte no suele asistir a los servicios litúrgicos de la sinagoga. Ante esta situación, los grupos ortodoxos reaccionan con una mayor rigidez, mientras que los liberales reformados y los conservadores se sienten más alejados de ellos y perciben cada vez más la dificultad de llegar a un compromiso más estrecho con los ortodoxos. De aquí la división práctica en dos grupos a la que se está llegando, ortodoxos y liberales-conservadores.

III. Israel

En el Estado de Israel reside un tercio de la población judía mundial, constituyendo el segundo núcleo judío, después del americano, con el que mantiene estrechos lazos y grandes diferencias. A semejanza de éste, está integrado por todas las posturas, desde las más conservadoras a las más laicizantes, pero, a diferencia del americano, en Israel coexisten con muchas dificultades. Ello es debido al proceso lento en el que se fue formando y a los diversos componentes que lo integran.

Como elemento originario están los pequeños grupos ortodoxos, que se han mantenido a lo largo de la historia en Tierra Santa, especialmente en Jerusalén y otras ciudades santas, como Safed, Tiberias y Hebrón, grupos que se fueron incrementando a lo largo del tiempo por judíos que se instalaban en Tierra Santa por motivos religiosos. Son conocidos como yishuv, unos de origen sefardita y otros askenazi.

Desde comienzos del s. X, comenzó otro tipo de inmigración, la de los sionistas, en su mayoría con una visión secular del pueblo judío, al que querían darle un hogar propio en la Tierra de Israel. Los primeros recibieron con recelo a los recién llegados y se opusieron a la idea de un Estado judío, creado por la fuerza humana. Más adelante, en el contexto de la shoa, tuvieron lugar inmigraciones masivas de judíos de todos los lugares, judíos de las diversas tendencias, ortodoxos, conservadores y liberales, reformados y laicos, hecho que ha continuado después de la creación del Estado de Israel con la llegada de unos 700.000 rusos, lo que ha dado lugar a un tercer grupo importante, junto al de los askenazis y sefarditas. Los askenazis, procedentes de Europa central y oriental, suelen ser sionistas, desde el punto de vista religioso predominan los secularizados y los pertenecientes al judaísmo reformado, y, desde el punto de vista político, suelen votar laborista. Los sefarditas proceden de Grecia-Turquía y países árabes, suelen pertenecer al judaísmo ortodoxo y votan al Likud y a los partidos religiosos. Los rusos están recién llegados y tienen un partido político propio (Israel ben Aliya). Todo esto explica la variedad y los contrastes en la visión religiosa de los judíos israelitas, en la que se dan todos los colores del arco iris, desde los ateos que renuncian al nombre judío por su connotación religiosa y prefieren llamarse cananeos, a los ultraortodoxos más radicales, pasando por la ortodoxia, los conservadores creyentes y practicantes a la carta y los liberales que profesan un deísmo o simplemente aceptan el judaísmo como hecho cultural que les da conciencia de identidad.

1. El sector ortodoxo

Está hoy día muy dividido entre sí, pero, con sus sinagogas y yeshivas, ejerce una gran influencia (en 1980 se calculaba que había unos 11.000 jóvenes en las diferentes yeshivas). La ortodoxia no acepta la modificación de ningún precepto, como hacen los conservadores y liberales. Para ellos la modificación de un solo precepto hace caer todo el edificio. Son personas generalmente bien formadas, que conjugan las modernas profesiones académicas con un fundamentalismo religioso que, en la práctica, no permite ningún intercambio con los otros judíos progresistas. Esto es válido, incluso, para algunos estudiosos de la Biblia hebrea, entre los que se ha difundido la opinión de que Dios, en su sabiduría, no sólo ha revelado la Torá, sino que lo ha hecho de un modo particular, como se deduce de un estudio histórico-crítico de las fuentes. Al igual que los teólogos medievales, sostienen que la redacción definitiva viene de Dios. Así, p.ej., E. Rackman presidente de la Universidad Bar-Ilan en Israel, opina que el judío ortodoxo, a diferencia de M. Buber, no reniega de ningún texto bíblico. Si un texto es difícil de comprender, se debe reflexionar para recibir iluminación. «La herejía no comienza cuando se rechaza una determinada interpretación, sino cuando se deja de considerar que el texto es de origen divino».

Junto a este sector moderado, hay otros grupos más radicales en la ortodoxia: ultra-tradicionalistas, como los Natore Kartaguardianes de la ciudad, que rechazan el Estado de Israel, emplean la lengua yiddis y viven en ghettos. En el barrio jerosolimitano Mea Shearim habita desde 1875 un grupo de hasidim ortodoxos con sus sinagogas y yeshivas, que se distinguen, igual que sus correligionarios residentes en Nueva York, los hasidim Lubavitcher, por su modo de vestir (adultos con barba, los niños con rizos en la frente, mujeres con peluca), su ascetismo exigente y su espíritu alegre.

La ortodoxia mantiene diferentes posturas ante el Estado: los agrupados enAgudat Israel, en sus comienzos en 1912, eran antisionistas, pero después de lashoa, han adoptado una postura más flexible y actualmente colaboran con el Estado para conseguir sus propios objetivos religiosos; otros son abiertamente partidarios del sionismo y del Estado judío, como Gush Emunim, bloque de los fieles, grupo creado en 1974 con la finalidad de rejudaizar el sionismo, afirmando que los judíos tienen el derecho divino de poseer la Tierra Santa, incluidos los territorios conquistados en 1967. Movilizan continuamente la opinión pública contra las traiciones que realizan los elementos laicos y pacifistas (a estos grupos pertenecía el judío que asesinó en noviembre de 1995 al primer ministro Rabin, a quien consideraban culpable de entregar a los palestinos territorios que debían pertenecer a los judíos por disposición divina); apoyan a partidos religiosos que suelen participar en coaliciones gubernamentales para conseguir objetivos tendentes a judaizar religiosamente la vida pública, como la definición de la identidad judía (madre judía o convertido legítimamente –y no observar otra religión–), la paralización de los servicios públicos durante elsabbat, las normas relativas a la comida o kasrut, prohibición del aborto y de autopsias, de la pornografía, el control de los matrimonios por parte de los rabinos, excluyendo el matrimonio civil y los matrimonios mixtos, etc. También está presente el movimiento hasídico Habad, que se mantiene en la línea piadosa-intelectual que le había dado el iniciador, por obra de su nieto Joseph I. Schneersohn (1880-1950), que en 1948 fundó en Israel el Kefar Habad.

Desde el punto de vista organizativo, la ortodoxia está presidida por dos rabinos-jefes, uno sefardita y, otro askenazi, asistido cada uno por un consejo integrado por rabinos y laicos. Ambos rabinados supremos están reconocidos por el Estado y son competentes en materia religiosa y en otras mixtas, como la matrimonial.

La seguridad ortodoxa de tipo fundamentalista ejerce una fuerte atracción sobre los convertidos al judaísmo, como ya sucedió en la Edad Media, de tal forma que las conversiones al judaísmo, tanto en Israel como en la diáspora, tienen como meta integrarse en esta ortodoxia. Cada año en Israel centenares de personas son recibidas en el judaísmo según normas ortodoxas.

2. Judaísmo conservador y reformado

Frente a estos grupos, está otro bastante amplio de ciudadanos judíos, que son conservadores y liberales, con sectores laicistas muy militantes. Mantienen una postura laica y están resentidos por las concesiones que, por necesidades políticas, han obtenido los grupos ortodoxos desde 1977 en los gobiernos de coalición, en los que sus pocos votos eran determinantes. Los israelitas secularizados subrayan su nexo con el período bíblico, pasando por alto la tradición talmúdica. En general, este sector, desde el punto de vista religioso no está tan bien organizado como el ortodoxo, que, con sus dos rabinos-jefes, controlan la vida religiosa a nivel estatal.

Dentro del judaísmo conservador se encuentra el grupo Emet ve-Emunat, fundado en 1937 por un grupo de judíos alemanes. Su rabino fue autorizado por el rabino-jefe askenazi para asistir a matrimonios. Está asociado al Conservative World Council of Synagogues y está muy unido al Jewish Theological Seminary of America.

El judaísmo reformado, como organización, es reciente en Israel. Fue introducido en 1957 desde América por el Committee of the Central Conference of American Rabbis y está integrado por congregaciones repartidas en los principales centros del país. Está adherido a la World Union for Progressive Judaism.

3. Tensión entre dos mundos

Dos culturas coexisten, una junto a la otra, una ortodoxa y otra muy secularizada, ambas con sistemas escolares propios y con fuerte influencia en la vida política. Las ocasiones de contacto a nivel social son mínimas, entre otras cosas porque los ortodoxos están exentos del servicio militar. Lo que los une no es la religión sino el Estado. En ningún sitio como en Israel existe una tensión tan viva entre visión secularista y religiosa del judaísmo.

Esta situación explica el que, dentro del Estado de Israel, coexistan visiones diferentes y contradictorias sobre puntos básicos del judaísmo, como fe en Dios, práctica religiosa, sentido y valor de las instituciones, condiciones para considerarse judío.

Por ejemplo, hay diversidad de opiniones sobre el significado del Estado de Israel. Las opiniones se sitúan entre dos polos opuestos. Por un extremo, se saluda el establecimiento del Estado soberano de Israel como el comienzo actual de la redención mesiánica anunciada por los profetas bíblicos, o por lo menos como el preludio de una era destinada a culminar en el completo cumplimiento de la visión profética de la redención. Por otro extremo, se denuncia el Estado como un escándalo religioso y una calamidad espiritual, puesto que viola un imperativo religioso básico, queriendo sustituir con sus propias manos la intervención sobrenatural de Dios. Entre ambos extremos se sitúan otras muchas posturas: hay quienes ven el Estado como un fenómeno sociopolítico, sin significado religioso, llevado a cabo por personas que han roto con su tradición religiosa, otros creen que el hecho no es irrelevante para la religión, pero que no debe ser calificado de positivo o negativo desde un punto de vista religioso.

Igualmente, el problema de la identidad judía y la unidad del pueblo judío reviste en Israel características propias, como consecuencia de las inmigraciones masivas. Antes de reunirse en Israel, los diferentes grupos judíos se han desarrollado con características culturales diferentes bajo la influencia de los países en los que residían. A pesar de las diferencias, todos se reconocían judíos, pertenecientes al mismo pueblo y partícipes de la misma historia pasada. Ahora, al convivir en la misma tierra y bajo el mismo Estado, han surgido las tensiones entre ellos por la diversa situación social y por la diversa forma de concebir el ser judío, tensiones que cuestionan de hecho la concepción fundamental de un solo pueblo judío. El problema de fondo es fijar las características básicas que determinan al judío.

La visión tradicional, representada por el judaísmo ortodoxo rabínico, llama judío a toda persona nacida de madre judía o al que se ha convertido a la religión judía legítimamente, de acuerdo con la normativa ortodoxa. A partir de la Ilustración, se discutió esta norma: el judaísmo reformado o liberal concibe al pueblo judío como una comunión religiosa: en círculos sionistas y en determinados ambientes de Israel, en que predomina una actitud laica o incluso hostil a la religión, la pertenencia a un grupo religioso no se considera esencial y se subraya una visión puramente secular de la idea de nacionalidad. Esta visión implica el que se pueda conceder la ciudadanía judía a miembros de otra religión.. El Estado de Israel mantiene una postura ambigua entre las concepciones anteriores. Concede democráticamente la ciudadanía israelita a todos los residentes legítimamente en el Estado de Israel, aunque profesen otra religión, como es el caso de musulmanes y cristianos, pero sólo reconoce la ciudadanía judía al nacido de madre judía, de acuerdo con la norma tradicional, añadiendo una condición, para excluir las consecuencias de la postura laica citada anteriormente: y no se profesa miembro de otra confesión religiosa. De hecho, hoy día una persona se considera judía o porque ha nacido de madre judía, sea creyente o no, sea practicante o no, o porque es miembro de una comunidad religiosa judía, sea su madre judía o no.

Hay, pues, dos elementos básicos que determinan el ser judío, uno étnico y otro religioso, que pueden darse unidos o separados. El étnico es básico y consiste en la pertenencia a un pueblo que tiene una historia singular, historia que se asume como propia; el religioso es la aceptación de lo que los sectores ortodoxos consideran la quintaesencia de esta historia religiosa singular, laherencia religiosa, aceptación que justifica que una persona puede considerarse perteneciente a ese pueblo aunque étnicamente no pertenezca al pueblo judío.

IV. Europa

En Europa existen comunidades judías dinámicas, especialmente en el Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. En ellas se dan los mismos grupos que en Israel y EE.UU., predominando la postura conservadora, que acepta en gran medida la tradición por motivos personales o históricos, pero que no cree que la supresión de algún elemento tenga que llevar consigo la caída de todo el edificio. Muchos siguen en esto al pensador alemán Franz Rosenzaweig (1886-1929), cuyo Freies Jüdisches Lehrhaus (Instituto libre de estudios judíos) en Frankfurt ha favorecido una aproximación de tipo conservador a la herencia judía, empleando los resultados de la crítica.

Un exponente de la teología conservadora es el rabino y autor inglés Louis Jacobs, que es rechazado por la ortodoxia a causa de su aceptación de la crítica bíblica. Subdivide las afirmaciones rabínicas en tres grupos: sensatas, insensatas y peligrosas. Se guía para ello del criterio de la lógica, la aspiración a la verdad y a la justicia. Cree que el problema más importante es el de la superación de la injusticia en el derecho rabínico: la injusticia no puede exigir fidelidad al judío. Esto concierne de una manera especial a los derechos de la mujer. Como docente de Talmud, Jacobs colabora, en el Instituto Leo Baeck de Londres, de carácter liberal, en la formación de los rabinos de las comunidades progresistas de Inglaterra y Francia, entre los que cada vez se cuentan más las mujeres.

V. Grandes retos del presente

El pueblo judío, a pesar de todos sus problemas, tiene conciencia de sus valores y camina con voluntad de futuro. La existencia del Estado de Israel ha supuesto para todos los judíos, especialmente para los asimilados por la cultura occidental laica, una revalorización de su propia tradición, especialmente la religiosa, redescubriendo su riqueza espiritual, por lo que la tendencia asimilacionista, tan en boga en otras épocas, hoy está en baja. Por otra parte, ser judío es un valor que se aprecia cada vez más en la cultura actual, en la que los estudios judíos van ocupando un lugar propio. Con todo, al igual que en las demás religiones –en el fondo no son problemas de la religión judía, sino de toda religión, aunque en cada una, y en este caso en el judaísmo, asuma características propias– también el judaísmo se enfrenta hoy día a una serie de problemas, como el de la identidad judía, la separación pacífica de religión y estado, la adaptación adecuada del judaísmo a la cultura moderna, el de la baja de la práctica religiosa, el de los matrimonios mixtos y otros.

La identidad judía en una sociedad abierta es el mayor problema que tiene que afrontar hoy el judaísmo en todas partes. El problema, que hemos presentado tal como se da en Israel, no es específico de este Estado, sino que se ha planteado en todo el judaísmo, especialmente a partir de la Ilustración. Durante siglos se había identificado religión con nacionalidad y, con toda naturalidad, las naciones europeas se consideraban cristianas y las árabes musulmanas; por su parte, los miembros del pueblo judío, aunque no tenían Estado propio, se consideraban practicantes de la religión judía. Pertenencia a un pueblo y pertenencia a una religión coincidían.

En los países occidentales el proceso de legítima secularización, separando ambas pertenencias, se ha ido llevando a cabo, ciertamente con dificultades, pero sin traumas mayores de origen histórico-religioso. Ser español durante siglos ha ido unido a ser católico pero no hay razones que obliguen a esta unión. A pesar de eso, son conocidas las resistencias en algunos sectores a admitir una separación entre Iglesia y Estado, aceptando un Estado laico, neutral en cuestiones religiosas. En el pueblo judío el caso es diverso. Su memoria histórica se remonta a los patriarcas, éxodo, alianza sinaítica, conquista de Canaán, monarquía davídica, etc., hechos todos ellos político-religiosos. Si ser judío es asumir la historia del pueblo judío y esta historia, para los creyentes, está impregnada de experiencias religiosas, ¿hasta que punto se puede ser judío sin asumir la religión judía? A nivel práctico, en el Estado de Israel se han definido los elementos necesarios para que una persona pueda ser considerada jurídicamente judía, pero esto no ha resuelto realmente el problema ni en Israel ni en la diáspora.

¿Cuál es el contenido que hay que asumir y en qué expresiones se ha de manifestar para que una persona sea considerada realmente judía? El judaísmo ortodoxo invita a recuperar la tradición talmúdica, sin los extremismos de los grupos superortodoxos. Por su parte, los sectores laicos defienden otra forma de judaísmo, consistente básicamente en una actitud de solidaridad hacia los demás judíos y en la aceptación cultural de las tradiciones judías, celebrando la pascua, el sábado, como celebraciones sociales del pueblo judío, asistiendo a la sinagoga como lugar de reunión social, etc.

Junto a este problema está el de la salvaguardia de los valores religiosos en un mundo secular. Los sectores conservador y reformado miran a la antigua tradición e intentan descubrir y adaptar a la vida moderna las intuiciones de los antiguos rabinos. Preocupados por los problemas del hombre, se ocupan de cuestiones de ética, de leyes religiosas y de sociología. Sin embargo, al hacerlo, a veces han dejado de lado y descuidado grandes sectores de la tradición, cosa que cuestiona la ortodoxia, de donde las cuestiones actuales: ¿es legítimo descuidar sectores importantes de la tradición? A lo que responde con otra cuestión el sector liberal: ¿qué es preferible, salvar la sustancia de la visión religiosa del judaísmo de esta forma o que se pierda totalmente el aspecto religioso de la vida judía? Para este sector, este típo de judaísmo religioso es la única alternativa a la ortodoxia y a la indiferencia.

Socialización de lo religioso. Los sectores laicos, al asumir los actos religiosos como actos sociales, parece que revalorizan la tradición de ciertas prácticas religiosas. Hay quien ve con simpatía este acercamiento social de los grupos laicos a algunas prácticas religiosas (circuncisión, bar miswá o fiesta de la mayoría de edad religiosa, asistencia a la sinagoga, matrimonio, entierro, ete.), pero, en el sector ortodoxo, este fenómeno crea nuevos problemas: ¿hasta qué punto hay que reconocer este judaísmo secular como versión auténtica del judaísmo para nuestro tiempo, y, especialmente, hasta qué punto deben aceptar la invasión del terreno religioso y su adaptación a la cultura laica? ¿Es vuelta a la auténtica tradición religiosa judía o degradación de la misma?

Esto va unido al problema de la baja de la práctica religiosa. En general, ha bajado la práctica religiosa. Si antes la práctica religiosa llenaba toda la vida del pueblo judío, ahora sólo practica una minoría, integrada por los ortodoxos y algunos miembros de los demás grupos, especialmente por sus rabinos, que a veces dan la impresión de que se han convertido en representantes vicarios de sus miembros. ¿Qué hacer? Obligar no se puede, pues los rabinos pueden aconsejar, pero no tienen poder para obligar. ¿Deben hacer la vista gorda ante la falta de observancia? ¿Deben regañar? ¿Deben rebajar el listón de obligaciones? Esto lleva a otras preguntas: hay que reformar, pero ¿desde arriba o desde abajo? ¿Hasta qué punto hay que seguir poniendo el acento en la ley y ritual de la vida judía en comparación con otras actividades, como el estudio o la responsabilidad social? ¿Cómo equilibrar la devoción sincera con la observancia formal?.

Otro problema que preocupa es el de la transmisión de la fe en una sociedad plural y secularizada, en la que no es fácil que la infancia y juventud reciban una formación judía apropiada, ya que no funcionan los eslabones tradicionales de transmisión, como el ambiente social, la sinagoga y la familia, debilitada esta última, además, por la abundancia de matrimonios mixtos.

Para Nichola de Lange, lo más importante en esta problemática es la cuestión de la tolerancia de la disensión, la disposición a admitir que hay muchos modos distintos de ser judíos, aceptando que, posiblemente, ninguno de ellos sea completamente bueno o totalmente malo.

Notas

 En este contexto la palabra conservador no corresponde exactamente a nuestro concepto, pues implica aspectos liberales, a medio camino entre la ortodoxia y la reforma.

 Cfr Sergio M. Katunarich, Breve Storia, 219-226; P. Navé Levinson, Introduzione alla teologia ebraica, 32-38; P. Stefani, Introduzione all´ebraismo, 79; Gli Ebrei, 115; N. de Lange, Judaísmo, 192-194; G. Wigoder (ed.), Esquisse de l´histoire du peuple juif (Paris 1993), en DEJ 1235-1513; C. Roth, America: EJ 1, 808-816; J. Maier, America: DJ 28;Israel, State of: EJ 7, 301-1045.

 Los datos para los demás países europeos son: Alemania, entre 29.000 y 35.000; Italia, entre 31.000 y 35.000; Bélgica 30.000; Holanda 25.700; España: 12.000; Dinamarca, entre 6.500 y 9.000; Luxemburgo, entre 700 y 1200; Portugal 300 (datos de DEJ, 1993). La EJ ofrece datos más antiguos, de 1968, en los que asigna a España 8.000 judíos, distribuidos de la siguiente manera: 3.000 en Barcelona; 2.500 en Madrid; 1.400 en Melilla; 600 en Ceuta; 300 en Málaga; 50 en Sevilla (cf. art. Spain, vol. 15, 2-15). Los datos han cambiado, pero reflejan los núcleos judíos más importantes de España.

 Otros países americanos tienen los siguientes datos: Uruguay: 40.000; Méjico 35.000; Chile 28.000; Venezuela 15.000; Colombia 14.000, y cantidades menores en el resto de los países.

 Cfr P. Navé Levinson, Introduzione alla teologia ebraica, 32.

 Cfr Sergio M. Katunarich, o.c., 219-226.

 Ha escrito Understanding Conservative Judaism (New York 1978).

 Ha escrito la obra en colaboración Conservative Judaism and Jewish Law (New York 1979).

 Sergio M. Katunarich, o.c., 223.

 Cfr Ibid, o.c., 223ss; Kaplan, Mordecai Menahem: DEJ 615ss.

 Cfr Sergio M. Katunarich, o.c., 233.

 P. Stefani, Introduzione all´ebraismo, 79; N. de Lange, Judaísmo, 192s; Israel Religious Life: EJ 7, 887-928; A. Dieckhoff, palestine et Israël: DEJ 1489-1511.

 Cfr Orthodoxy: EJ 12,1486-1493; orthodoxy, Modern: EJ Decennial Book 1983-1992, 303-305.

 Las hay de varios tipos: las lituanas, inspiradas en el modelo de la existente en el s. XIX en Voloznin, las hasídicas, las de los sionistas religiosos (la más importante es la Merkaz-ha-Rab- Kook, fundada por Abraham L. Kook en Jerusalén). El Kolel (literalmente global) existe en Israel desde 1960; es una yeshiva destinada a estudiantes casados que reciben una ayuda familiar que les permite cubrir las necesidades de su familia, mientras ellos se dedican totalmente al estudio de la Torá.

 Cfr One Man´s Judaism (Tel Aviv 1973, 278), cit. por P. Navé Levinson, o.c., 31.

 Cfr The Future of Zionism and the Zionist Movement: EJ Year Book1988-89, 41-69.

 Cfr Introducción general, nota 2 y p. 297-198.300s.

 Fue creado tan pronto como nació el Estado de Israel por mandato del jefe de los hasidím Habad, residente en EE.UU., que urgió a judíos residentes en la entonces URSS a establecerse en Israel. Además de Kefar Habad crearon la yeshiva de Lydda y otras instituciones.

 El rabino-jefe es una institución que comenzó en el s. XX bajo el gobierno turco en Tierra Santa. Los turcos reconocieron como representante de la comunidad judía un rabino-jefe con el título de hakam bashi o rishon le-Zion, elegido por los rabinos sefarditas, con autoridad religiosa y en otras materias mixtas, como la matrimonial. El grupo askenazi, de hecho, no se sometió a este rabino, manteniendo su propia organización y su propio jefe, sin que se interfiriera el gran rabino sefardita. La institución existió hasta la llegada de los británicos. Bajo el mandato británico, en 1921, se crea otro tipo de rabinado supremo, presidido, esta vez, por dos rabinos, uno sefardita y otro askenazi, asistidos por un consejo integrado por seis rabinos, tres sefarditas y tres askenazis, y tres laicos. El Estado de Israel lo ha reconocido como competente en asuntos religiosos y otros mixtos, como el matrimonio.

 Los ortodoxos, especialmente en el Estado de Israel, no aceptan la conversión al judaísmo hecha ante rabinos no ortodoxos. Exigen una nueva conversión ritual, incluso cuando los interesados se consideran judíos y son considerados tales por su familia y la comunidad (cf. P. Navé Levinson, o.c., 32s.38).

 Cfr Conservative Judaism: EJ 5, 901-906 y en Decennial Book 1983-1992, 132-135.

 Los diferentes partidos actuales están condicionados por su postura ante las organizaciones religiosas. De aquí la división general de partidos religioso y laicos (y árabes). Los religiosos ocupan la derecha y parte del centro, los laicos la izquierda y comparten el centro. De izquierda a derecha tenemos: Hadash (comunista), Meretz (laico, izquierda), Un solo pueblo (izquierda), Laborista (laico, socialista), Meimad (centro-izquierda, laico), Shinui (centro-izquierda, afines a laboristas, creado para contrarrestar a Shas), Partido del Centro (laico, moderado), Israel ben Aliya (centro, integrado por los judíos rusos), Shas (derecha, sefarditas ultraortodoxos), Judaísmo unificado Torah (derecha, ultraortodoxos askenazis), Israel Beteinu (derecha, religioso), Likud (derecha, conservador, religioso), Partido Nacional Religioso (derecha, defiende la postura de los asentamientos en territorios ocupados), Unidad Nacional (derecha).

Las elecciones legislativas del 17 de mayo de 1999 repartieron de esta forma los 120 escaños; One Israel (coalición de laboristas con Ehud Barak, Gesher y Meimad) 26; Likuk 19; Shas 17; Meretz 10; Ihud Leumi – Yisrael Beiteinu 7; Shinuí 6; Center Party 6; National Religious Party 5; Yahadut Hatorah 5; United Arab List 5; Yisrael bealiyah 4; Hadash 3; One Nation 2. Democratic Choice 2; Herut – National Movement 1; Balad 1; Ta-al 1. Descontando los partidos árabes, el número de escaños de la derecha y la izquierda está muy equilibrado. por lo que el partido que obtiene mayor número de votos, en este caso la coalición laborista, se ve obligado a coaligarse y pactar con algunos de los partidos de la derecha.

 Cfr W. S. Wurzburger, Theological Implications of the State of Israel: EJ Year Book 1974 (Jerusalem 1974), 148-151.

 La integración de los falachá está siendo problemática. Los falachá en etiópico, extranjero, son un grupo de unos 50.000 judíos que entre los años 1984-1985 han llegado a Israel, provenientes de Etiopía. Se trata de personas que se consideran judíos, descendientes, según su tradición de la escolta que el rey Salomón dio a la reina de Saba cuando regresó a su país. En realidad, probablemente son descendientes de una estirpe que se convirtió al judaísmo. Hacia 1920, el rabino-jete sefardita de Jerusalén los declaró judíos. pero otros rabinos no los reconocieron, entre otras cosas porque su derecho macrimonial no se acomodaba a las normas rabínicas. El Estado de Israel les reconoce la ciudadanía judía, pero, desde el punto de vista ortodoxo, no se pueden casar sin realizar una conversión simbólica (cfr P. Navé Levinson, o.c., 37).

 Así, p.ej., en los textos bíblicos que la teoría documentaria consideraba R, e.d. redactor, leía rabbenu, nuestros maestros. Para él ese texto procede, no de un dictado divino ni de una inspiración verbal, sino que es producto de la creatividad judía a partir de la época bíblica, legitimada por aquellos que ciertamente comprendían. mejor que los lectores actuales, cada uno de los textos desde el punto de vista lingüístico y de contenido.

 Seguimos en esta enumeración a N. ni Lange, o.c.. 195s.

 Cfr supra las declaraciones de los judaísmos conservador, reformado reconstruccionista..

 Cfr P. Navé Levinson, o.c.. 34.

 Cfr N. de Lange, o.c., 198.

 Cfr M. F. Verbit, Intermarriage in the United States: EJ Decennial Book 1983-1992, 57-64.

 N. de Lange, o.c., 198.

ANTONIO RODRIGUEZ. 2000. almudi.org 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. Dr. en historia antigua y filósofo don César VIDAL. Esp.

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El mito del Papa de Hitler. – Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis.

*Por David G. Dalin, intelectual y rabino judío.

  Es de sumo interés el capítulo del libro en el que Dalin analiza el comportamiento de varios pontífices con los judíos. La tradición de los papas que tuvieron gran consideración y estima a los hebreos se inicia, según el rabino norteamericano, con Gregorio I, más conocido como Gregorio Magno (590-604), que emitió el histórico decreto «Sicut Judaeis», en defensa de los judíos.

        Calixto II garantizó también su protección a los judíos y reafirmó el contenido de «Sicut Judaeis».

        Durante el siglo XIV, cuando los judíos fueron inculpados de la epidemia de peste (“la muerte negra”), el Papa Clemente VI (1342-1352) fue el único líder europeo que salió en su ayuda.

        Bonifacio IX (1389-1403) amplió la protección papal a los judíos, reconociéndoles la ciudadanía romana en 1402, y fue el primer Papa que dio empleo a judíos en El Vaticano.

        Los papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1437) tuvieron como médico personal al judío Elijah ben Shabbetai Be’er que, gracias a la ayuda de los pontífices, fue el primer judío que enseñó en una Universidad europea, la de Pavía.

        Sixto IV (1471-1484), fue el primer Papa que contrató a copistas judíos en la Biblioteca Vaticana y creó la primera cátedra de Hebreo en la Universidad de Roma. Durante su pontificado, la población judía se duplicó.

        Dalin habla también de los pontífices Nicolás V, Julio II, León X, Clemente VII, Paolo III, Benedicto XIV, Clemente XIII y XIV, León XIII y Pío IX, todos los cuales intervinieron en favor de los judíos.

        Del siglo XX, el rabino estadounidense recuerda a Benedicto XV, que publicó una condena del antisemitismo preparada por el joven Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

        Pío XI, cuyo profesor de hebreo era un rabino, es conocido por afirmar: «Espiritualmente todos somos semitas».

        Juan XXIII y Pablo VI fueron cercanos colaboradores de Pío XII en la obra de rescate de los judíos durante la segunda guerra mundial.

        Juan Pablo II, fue el primer Papa que visitó la sinagoga de Roma y que rezó ante el Muro de las Lamentaciones

        Benedicto XVI ha realizado ya una histórica visita a la sinagoga de Colonia, en su Alemania natal, el pasado mes de agosto.

El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica.

  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

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JERUSALÉN

Nadie puede reivindicar para si la ciudad de Jerusalén: ni Herodes, ni el gobernador romano de Cesarea, ni los sumos sacerdotes, ni el sanedrín, ni los judíos: todos ellos son usurpadores, ocupantes ilegales…

Jerusalén es y seguirá siendo para siempre la ciudad de David y la de los hijos de David.

Urusalim’ la mencionan, mil cuatrocientos años antes de Cristo, los textos de la cancillería egipcia del faraón hereje Akhenatón. La morada o la sede de Shalim o Shalem, antigua divinidad autóctona. Enclavada en dos cimas de un cordón montañoso llamado luego de Judá, habitada al menos a partir del tercer milenio antes de Cristo, hacia el año mil, cuando ya las doce tribus de Israel ocupaban parcial y precariamente desde hacía dos siglos el territorio que luego reivindicarán como histórico, en medio de la zona que recorre la tribu de Benjamín, Jerusalén permanecía aún orgullosamente independiente, en manos de los misteriosos jebuseos, descendientes de Melquisedec –cercanos a los cananeos y fenicios‑ y con abundante mezcla de inmigrantes hititas y amorritas.

Es también con mercenarios hititas y amorritas que el condotiero y soldado de fortuna David, el hijo de Jesé, quizá pactando con los jebuseos, en el año 1005 AC, se hace dueño de la ciudad y, cuando es reclamado como rey por las doce tribus, transforma a Salem en capital, su capital, independiente de las tribus israelitas, posesión propia: suya y de sus descendientes, no de Israel. Los sucesores, los llamados hijos de David, serán luego únicos dueños de Jerusalén durante casi cuatro siglos y medio, hasta el destierro en Babilonia. A la vuelta, bajo el dominio persa, gobernará brevemente Nehemías, también un hijo de David. Después todos serán usurpadores: personeros de los persas, de los lágidas, de los seléucidas, de los romanos, sumos sacerdotes ilegítimos, falsos reyes sin estirpe davídica como los asmoneos o la línea idumea de Herodes, sinagogas y sanedrines racistas, templo transformado en banca de exacciones y corrupción, políticos no queridos por nadie ¡pueblo sin pastor!

Betfagé se encuentra unos centenares de metros más allá de Betaniaacercándonos desde el este hacia Jerusalén. Hoy podemos visitar, en Betania, apenas a tres kilómetros de la capital, la tumba de Lázaro, antiquísima, pero muy modificada y reacondicionada a lo largo del tiempo. La iglesia que allí se yergue se dice está edificada sobre la casa de Marta y María.

Avanzando hacia Betfagé los guías señalan el lugar donde el hijo de David montó sobre su mula de ceremonias para cabalgar hacia su ciudad. Debió detenerse sin duda en la cima del monte de los Olivos y desde allí habrá mirado con inmensa pena su ciudad rodeada de altas murallas y, cayendo a pico sobre el torrente Cedrón, justo frente a él, los altísimos muros de sostén de la enorme explanada porticada –catorce hectáreas‑ que rodea al fastuoso templo de mármoles blancos, techado en oro, refulgente al sol, construido por Herodes el Grande en el lugar del viejo templo de Salomón.

¡Jerusalén! ¡Tan espléndida por fuera y tan llena de corrupción, soberbia, apostasía, miseria y avaricia por dentro!

Muy probablemente el cortejo triunfal de Jesús, enarbolando sus ramas a guisa de lanzas y estandartes, haya ido, al bajar al valle, rodeando las imponentes murallas jerosolimitanas hacia el norte, doblando hacia el oeste al llegar a la que hoy se llama la torre de Fuller, donde hace la muralla casi un ángulo recto, arribando finalmente a la que, en nuestros días, se denomina “puerta de Damasco”, llamada en época cruzada y bizantina “puerta de San Esteban”, porque por allí habían sacado los judíos al diácono protomártir para lapidarlo. Desde ese acceso, una calleja más o menos recta ascendía escalonadamente las diversas terrazas donde se apiñaban las casas de altos y bajos, todas con azotea, de los habitantes de la ciudad. En determinado punto dicha calle se dividía en varias y tortuosas subidas y bajadas, pavimentadas toscamente de lozas y adoquines desiguales, que, uniéndose a otros senderos que subían desde los barrios bajos de Jerusalén, convergían a la llamada “calle de Herodes”, la que bordeaba los muros del templo por su lado oeste. Calle bulliciosa y atiborrada, a ambos lados, de tiendas, de casas de cambio, de vendedores de recuerdos, de expendedores de vino y de comida, en donde apenas se podía caminar. Desde allí, en dos puntos, había unas empinadas escalinatas ‑cuyos restos hoy señalan los arqueólogos‑ que terminaban en osados puentes que atravesaban la calle a gran altura y permitían el ingreso al patio del templo por el pórtico oeste, donde, prolongando el bullicio del zoco, se juntaban los cambistas y los vendedores de animales para el sacrificio. Allí llega Jesús después de su ingreso triunfal en Jerusalén. Allí, según san Marcos, su estirpe davídica se rebela frente a los que profanan el templo de sus antepasados con sus turbios negocios. Y, con santa ira, los expulsa a latigazos. Será el último acto de su realeza efectiva en este mundo.

En realidad ya, una vez transpuesta la puerta de Damasco, al hijo de David lo traga esa ciudad enorme que ya no se reconoce suya, que está ocupada ilegalmente por usurpadores a quienes poco importa le legitimidad de su poder y nada les interesa de la dinastía davídica, ni de las promesas de Dios de mantenerla en el poder perpetuamente: “tu casa y tu reino permanecerán para siempre. Tu trono estará firme eternamente” (II S 7 16); “Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad” (Sal 72, 5)

La ciudad, como tantas grandes ciudades, en la globalización producida por las conquistas de Alejandro Magno y, luego, del imperio romano, poco tiene de patria y de davídica, ya es una gran Babilonia, a duras penas santificada por su envilecido templo y por sus sacros recuerdos guardados en el corazón de pocos. El hombre siempre ha sido capaz de mancillar y abusar de las cosas más santas y aún de usar banderas, himnos y hasta mitras, tiaras, cálices y sotanas para los propósitos más viles.

Las multitudes apiñadas ‑cuando en manada crueles y barras bravas‑ solo obedecen, solo abren camino al paso de las lanzas de los legionarios romanos, de los mercenarios de Herodes con sus mazas y sus chasquidos de fustas, o se apelotonan obscenamente para mirar las prostitutas de lujo de los espectáculos o vivar, a lo bestias, al gladiador o deportista del día, u observar con temor mezclado de odio y envidia, el carruaje lujoso del banquero, del saduceo, o a los mentones altos que avanzan despreciando la plebe. O ceden y vivan a los que reparten lo que les sobra o lo de los demás arrojándolo al aire, como reparten puestos y prebendas diputados y senadores indignos… No hay lugar en la gran ciudad para el verdadero señorío, no hay veredas para los señores y las damas. Todo es igual en la masa que se aglomera por las estrechas callejuelas. Solo la apariencia despierta el interés de las miradas. O la fuerza el respeto. O el éxito mediático la admiración. No la grandeza interior, no la sangre noble del hijo de David, su porte señorial, su indumentaria pulcra pero austera, su más oculta aún condición de Hijo de Dios, ya comenzando su calvario como uno más de los hijos de los hombres, apenas avanzando ya, empujado por todos …

La bajeza de Jerusalén, a pesar de los píos peregrinos que vienen de afuera y son sistemáticamente explotados por hospederos, cambistas, meseros, estafadores, transportistas, mujeres de mala vida aprovechando sus debilidades ‑como explota furtiva la televisión a los hombres decentes si los atrapa en las oscuridades y soledades de la noche con sus programas indecentes‑… no es solo bajeza, sordidez moral, también es imposible y nauseabunda compacta suciedad… La dura roca y la vejez de la ciudad hacen imposibles las obras cloacales a las cuales están acostumbradas las ciudades romanas. Por algo Pilato y su mujer detestan esa villa a la cual solo van para las fiestas pascuales con sus tropas en prevención de tumultos en esos días propicios a los ánimos levantiscos. Y baúles llenos de frascos de perfumes de Arabia es lo primero que desembarcan en su residencia donde sahumerios constantemente encendidos tratan vanamente de perfumar el ambiente.

Es que en Jerusalén todos los desperdicios, perrunos y humanos, basura y podredumbre se lanzan y quedan en la calle. Las prescripciones del Levítico son imposibles de cumplir. Calcuta, poco a poco Buenos Aires, donde pobres miserables ya no tienen pudor alguno en hacer sus necesidades en las plazas a la vista de todos. Pero en Jerusalén, sin decir ‘agua va’ ,todo se arroja desde las ventanas a las serpenteantes calzadas que apenas son lavadas por escasas lluvias a favor de las pendientes.

Aún el esplendor del Templo que, en maquetas o reproducciones modernas a escala luce blanco y resplandeciente, inodoro y pulido, se ve opacado por las actividades religiosas que allí se hacen. No solo oraciones hipócritas y desafinadas, ni sonares de trompetas y sofares destemplados, ni guitarras eléctricas y baterías, ni grita y estrépito de las turbas, sino el permanente olor a matadero, a sangre, que por más que los levitas baldeen y frieguen los patios que rodean al enorme altar, se cuela en los intersticios de la lajas, pringan el mármol, se pudren a la vista de todos, crían alimañas, atraen por millones moscas verdes y moscardones en zumbido malévolo que solo se aparta del sumo sacerdote y de los ancianos ‑los senadores‑ al batir de las palmas y abanicos emplumados de sus esclavos.

Carne podrida y carne quemada: el altar de los holocaustos es un permanente asador en donde se incineran mensualmente toneladas de vísceras, de cuero, de carne, de grasa. Desde lejos ‑como el ´smog´ de las grandes ciudades del tercer mundo en donde no se cuida la polución de la atmósfera‑ se ve la columna espesa, grasienta, negra, que cubre permanentemente como una nube aciaga y simbólica la santa ciudad de Jerusalén, solo surcada por el volar rapaz, carroñero, de los buitres, que se ciernen sobre todo por encima del valle de la Gehena, el basurero de Jerusalén, allí a donde van a parar insepultos cadáveres de animales y de ajusticiados, ya que no se atreven a descender a donde se arriman, tan ávidos como las aves de rapiña, sacerdotes y levitas que viven de la parte que les toca del sacrificio.

Aunque la gente de entonces, sobre todo la que vivía en esas ciudades inhóspitas de la antigüedad, estaba acostumbrada de alguna manera a esa suciedad, hedor, promiscuidad, ratas, perros famélicos e insectos y, peor, habituados, como ya nosotros, a la mala educación, la inmoralidad, la carencia de respeto, la corrupción… (Nadie, hoy, se asombra de nada.) Jerusalén, la ciudad de David, joya de la corona, ombligo del mundo, hija de Sion, vejada, violada y transformada en esa ciudad prostituida, pesa en el corazón patriota y divino de Jesús.

Jesús, arrullado, criado y mimado en el regazo decoroso de una madre virgen, de la estirpe de Aarón, en los brazos fuertes de un padre noble del tronco de Jesé, viene del campo limpio, de la aldea cuidada con su campiña llena de flores y sus aves canoras. Su olfato apenas resiste la fetidez de Jerusalén. Su sentido interior a gatas soporta la angustia de esa ciudad corrupta que lo ignora, que lo rechaza, que le es indiferente “¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a tus profetas y apedreas a los que te son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas y no habéis querido!”(Lc 14, 34)

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JESÚS ‘EL JUDIO’

9 Oct

JESÚS ‘EL JUDIO’

 

 

  

1. La estirpe judía de Jesús, nacido como judío de una madre judía, circuncidado como judío, presentado en el Templo de Jerusalén, predicador en las sinagogas, mesías judío y con discípulos judíos. 2. El Nuevo Testamento tiene 27 libros de los que 25 están escritos por judíos.

 

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“El judaísmo”

 

Javier Mora-Figueroa, Palabra, IX.2001

 

 El judaísmo ha sido, sobre todo, una religión; en segundo lugar, una forma de vida.

 

Hebraísmo y judaísmo son sinónimos. Hebreo y judío se dice de las personas; hebraico y judaico, de las cosas; israelí de las personas y de las cosas. Sin embargo, caben matizaciones. Después de la muerte de Salomón su reino se divide en dos, el del norte o Israel –nombre puesto a Jacob por el ángel- y el del sur o Judea, con capital en Jerusalén. Los israelitas fueron deportados por los asirios (722 a.C.), perdiendo su entidad para siempre. A partir de ese año, hebreos son sólo los del reino de Judea. Así pues, Abrahán, Isaac, Jacob, etc. fueron hebreos y no judíos. David, Jesucristo, etc., hebreos y judíos. Por esto prevalece el empleo de hebreo y hebraísmo. 

Es acertada, pues, la definición que Alfonso X daba en las Partidas: “Judío es dicho aquel que cree et tiene la ley de Moisén, segunt que suena la letra de ella, et que se circuncida et façe las otras cosas que manda esa su ley. Et tomó este nombre del tribu de Judas, que fue más noble et más esforzado que todos los demás tribus”.
Las antiguas religiones de los griegos, egipcios, sumerios, hititas, etc., y –en otro ámbito– el sintoísmo japonés o los incas y mayas de América, tienen unas características que permiten agruparlas en lo que se ha denominado religiones celestes y étnico-políticas. Sus deidades habitan en el cielo y sus teofanías (manifestaciones) aparecen asociadas a fenómenos atmosféricos, como rayos, relámpagos o truenos. La salvación que propugnan es la del grupo étnico, quedando marginada la salvación del individuo. Recalcan la división entre lo divino y humano; entre los inmortales y los mortales; entre lo celeste y lo terreno. A los dioses se les teme. La trascendencia de los dioses hace infinita la distancia entre ellos y los hombres.

Aunque estos rasgos pueden ser comunes a muchas religiones, el yahvaísmo tiene unos rasgos que lo hacen absolutamente singular. El primero es el monoteísmo, lo que plantea un misterio. Todos los pueblos circundantes de los hebreos eran politeístas. El monoteísmo israelita es una isla que, aunque a veces recibió influencias politeístas, nunca sucumbió por completo a ellas.
Otro rasgo diferenciador es la condición ética de Yahvé. Los dioses antiguos eran amorales: adúlteros, roban, se engañan… Son más capaces que los hombres en todo, incluso en su posibilidad de pecar. Yahvé, sin embargo, es el Santo, Santo, Santo, que es el modo hebreo de formar el superlativo: es el santísimo, el moralmente bueno por antonomasia. Y, como creador, hace todas las cosas buenas, hasta que el hombre introduce el mal por medio del pecado original.

Lógicamente, su santidad no se queda en sí mismo, debe reflejarse en sus adoradores: Sed santos, porque yo, Yahvé, soy santo (Lev. 19, 2). La ética judía recoge la ley natural, reflejada en el Decálogo. Incluye el amor al prójimo –israelita– como a uno mismo. Incluso la ley del talión –ojo por ojo y diente por diente– es un mandato que impide el exceso en la venganza, que en otros pueblos exigía la aniquilación del enemigo, sus familias y todos sus bienes.
En tercer lugar, la actividad de los dioses celestes tiende a convertirse en ocio, una vez terminada su cosmogonía. Yahvé, sin embargo, está siempre presente y actuando; sobre todo en la historia de su pueblo Israel. Lo hace de un modo directo, convirtiéndola en la historia de la salvación en esta vida y en la otra.
Otro rasgo característico del hebraísmo es la creación. Dios lo hace todo por su sola voluntad. Dios llama a la nada y hace aparecer así el ser.

Religión revelada

En las otras religiones étnico-políticas es normal que se desconozca su fundador, pues actúa en la pre-historia de cada pueblo. En el caso del hebraísmo sabemos el origen del yahvismo: Abrahán (s. XIX-XVIII a.C.). También sabemos que su principal conformador es Moisés (XII a.C.).
Pero lo verdaderamente singular es que es Yahvé mismo quien se revela al hombre. Es Dios quien sale al encuentro del ser humano y no éste el que –de modo atávico– intenta buscar a la divinidad y, con ella, la respuesta a las preguntas fundamentales: quién soy, de dónde vengo… Y esta revelación de Yahvé no es una emanación de índole panteísta (hinduísmo), ni una experiencia de tipo chamánico (Mahoma), ni fruto de una vivencia religiosa (Buda). Se trata del conocimiento experimental de una relación especialísima con El que es (Yahvé), que se aparece a Moisés y le revela el núcleo doctrinal y moral del hebraísmo.

La esperanza mesiánica

El pueblo judío está marcado ciertamente por la esperanza en el Mesías. Pero en el momento mismo de su constitución como pueblo y como religión ya aparece la esperanza: la esperanza en «la tierra que te mostraré». «Y Yo haré de ti una gran nación», como le dice Dios a Abrahán. Al salir de Egipto caminan cuarenta años por el desierto, movidos por la esperanza de la tierra prometida. Y después de la diáspora –que comienza el 70 d.C. con la destrucción del Templo y de Jerusalén– han seguido esperando regresar a su tierra.

Teología e instituciones

El judaísmo ha sido, ante todo, una religión; y, en segundo término, una cultura y una forma integral de vida.
El hermético aislacionismo que vivió el pueblo hebreo por razones fundamentalmente religiosas y de preservación del pueblo de Dios, tenía que conjugarse en la Diáspora con la forzada convivencia con los ciudadanos de los países donde vivían. Lo hacían en barrios exclusivos, naciendo así las juderías, que recibieron distintos nombres: qahal en hebreo; aljama, derivado del árabe alyama’a, en España; mel-lak en Marruecos y el ghetto, de origen quizá italiano y que se extendió por Centroeuropa. En general, eran recintos, a veces hasta amurallados, de calles angostas y casas apiñadas. En ocasiones, la obligación de vivir en la judería era impuesta por los gobiernos. Otras veces eran los mismos judíos quienes preferían vivir así unidos, por su propia conveniencia y hasta por razones defensivas, ante los asaltos y saqueos. Así, por ejemplo, en Alejandría vivían en dos barrios espléndidos en la época helenística. También Jaime I, al conquistar Valencia, ofreció a los judíos un barrio especial, en agradecimiento por su colaboración financiera.

La sinagoga

La primera sinagoga data del exilio a Babilonia (586 a.C.). Los judíos se vieron obligados a prescindir del desaparecido culto basado en los sacrificios animales, quedando la oración como única expresión del servicio divino. «Ofrendaremos, en lugar de toros, el sacrificio de nuestros labios» (Os. 14, 3). Durante la diáspora, la sinagoga sustituyó al Tabernáculo del desierto y al Templo de Jerusalén y en cada ciudad es el centro de la vida religiosa y cultural de los judíos.
El mismo nombre de sinagoga –Bet ha-keneset o Casa de la Comunidad–, demuestra que es algo más que un lugar destinado a la oración. Todas tienen la misma distribución y están orientadas a Jerusalén. Al fondo, en el muro este y cubierta por una cortina bordada está el Arca Sagrada que contiene el rollo de la Toráh o Pentateuco. Encima del Arca Sagrada brilla constantemente la lámpara, símbolo de la luz eterna de la Toráh. En el centro del recinto está el púlpito desde el cual el oficiante dirige el servicio religioso. Un sector, generalmente una galería, está reservado a las mujeres.

El Talmud

Es el código fundamental del judaísmo en la diáspora. Al ser dispersada la nación judía, los rabinos trataron siempre de salvar del naufragio sus valores espirituales. El judaísmo rabínico se basaba en el estudio de la Biblia y en la ley oral consuetudinaria, que tenía un aspecto jurídico-religioso (Hàlakah, andadura), y otro ético y legendario (Agadá o conseja). La trasmisión oral hizo que los primeros peritos se llamaran tannáim, repetidores, y toda la ley admitida recibió el nombre de Misnah, repetición.

La adaptación de la Misnah a las distintas épocas y circunstancias obligó a comentarla, lo que se hizo en arameo y se llamó Gemará. Pues bien, la Misnah con su Gemará recibió el nombre de Talmud o enseñanza. Cuando se termina esa magna obra en el siglo V d.C. aparecen dos versiones: el Talmud de Jerusalén –con preponderancia de la Hàlakah – y el de Babilonia, con una mayor concesión a la Agadá.
No obstante, la extensión y complejidad del Talmud hizo necesario escribir introducciones, explicar su vocabulario, reducirlo a códigos sistemáticos y, sobre todo, contestar –por parte de los peritos en talmudismo– a las preguntas y aclaraciones que llegaban de todas partes. También se conservan estas responsa que son un género literario-jurídico peculiar.

Maimónides hizo una obra cumbre, el llamado Código de Maimónides (Misné Toráh) y otro español, José Caro, escribió el Código Rabínico por el que se rigen desde el s. XVI las comunidades judías, sobre todo las sefardíes. La sutileza rabínica, basándose en la Toráh, elaboró una larga y complicada serie de 613 preceptos, de los cuales 248 se llaman positivos, y los restantes, negativos. Maimónides recoge todos al comienzo de su Código.

Teología judaica

Esta minuciosidad en la moral contrasta con la imprecisión y falta de sistematización de su teología. Se ha dicho, con exageración, que el judaísmo era una religión sin dogmas. Maimónides enumera trece artículos de la fe. Son los siguientes: 1º, existencia de Dios; 2º, unidad de Dios; 3º, espiritualidad e incorporeidad de Dios; 4º, eternidad de Dios; 5º, sólo se puede adorar a Dios; 6º, revelación por los profetas; 7º, preeminencia de Moisés sobre los demás profetas; 8º, suprema jerarquía de la Toráh; 9º, la Toráh son las leyes divinas del Sinaí; 10º, omnisciencia de Dios; 11º, Dios retribuirá por los actos buenos y malos; 12º, certeza de la venida del Mesías; 13º, resurrección de los muertos.
Todos estos artículos se pueden resumir en tres, como de hecho se hizo en el s. XV: 1º, creencia en Dios; 2º, divinidad de la Toráh; 3º, justa retribución en la vida futura.

Diferencias doctrinales

Se pueden distinguir tres clases de judíos: ortodoxos, conservadores y liberales o reformistas. Las dos primeras categorías aceptan la creencia en los principios teológicos ya citados. Los conservadores no son tan observantes en cuestiones de ritos o más bien prácticas. El movimiento liberal, originado en Alemania en el siglo XIX, intentó resolver espinosos problemas de la vida ordinaria, pero acabó por vaciar de contenido la teología, hasta el punto que la fe es casi un tema étnico o cultural. De hecho, el reformismo fue para muchos el paso para la conversión al cristianismo, aunque más abandonos fueron causados por el racionalismo, sobre todo en eruditos e intelectuales.

Hebraísmo y cristianismo

El 13 de abril de 1986, Juan Pablo II se convirtió en el primer Papa que entraba en la Sinagoga de Roma. El período de reflexión sobre las relaciones judeo-cristianas iniciado en el Concilio Vaticano II, había dado sus frutos. La Iglesia había condenado el antisemitismo y había declarado que a los judíos no puede imputárseles «ninguna culpa ancestral o colectiva por lo que ocurrió en la Pasión de Cristo». La Iglesia Católica insiste en que la discriminación de los judíos carece de justificación teológica y enseña que son el pueblo elegido «con una llamada irrevocable».
Los dogmas que marcan la máxima separación entre ambas religiones son los de la Santísima Trinidad, con los misterios que del mismo se deducen –Encarnación, Eucaristía, etc.– y la doctrina relativa al pecado original. En definitiva, los que se deducen de la no aceptación de Jesucristo.

No obstante, como dijo Juan Pablo II en esa histórica visita, “la religión judía no es extrínseca a nosotros, sino que, en cierto sentido, es intrínseca a nuestra religión. Por lo tanto nos une al judaísmo una relación que no tenemos con ninguna otra religión. Sois para nosotros unos hermanos muy queridos, y en cierto modo, podría decirse que sois nuestros hermanos mayores”.
Además, el Papa no se limitó a felicitarse porque en tres décadas se hubieran hecho tantos progresos en el entendimiento entre judíos y católicos. Audazmente calificó estos progresos de «prólogo», comienzo de un camino nuevo: su herencia común extraída de la ley y los profetas exige «una colaboración a favor del hombre», en defensa de la dignidad y la vida humana, de la libertad y la paz.

El racismo no es cristiano, no tiene sentido cuando se considera al hombre como hijo de Dios. Pero, además, un católico no puede por menos que sentir un profundo afecto por el pueblo al que pertenecen los dos amores más profundos que tiene: Jesús de Nazareth y su Madre, María.

FIESTAS JUDÍAS

En el judaísmo actual hay fiestas comunitarias e individuales, con profun das raíces culturales. Estas son las principales, recogidas por Manuel Guerra en su Historia de las religiones.

COMUNITARIOS

• DE CARÁCTER ALEGRE (YAMIM TOVIM)

Shabat o sábado: Es el día bendecido por Dios. Tras la celebración en la sinagoga, la fiesta continúa en la familia.

Pesaj o Pascua: El «paso del Señor», memorial de la salida de Egipto. En la noche del 14 de Nisán se celebra la cena pascual.

Shavuot o Pentecostés: Doble vertiente: «agrícola» o de la siega, con ofrenda de las primicias; y conmemoración de la entrega de la Torah.

Sucot o fiesta de los Tabernáculos: Memorial de los cuarenta años de travesía del desierto.

• DÍAS AUSTEROS (YAMIM NORAIM)

Rosh Ha-shaná o Año Nuevo: En otoño. Se celebra la creación del mundo. Examen de conciencia y arrepentimiento.

Yom Kippur: Celebra la purificación, la reconciliación con Dios y el prójimo. Ayuno absoluto.

Fiestas más modernas: Yom Haatzmaut, día de la independencia de Israel; Yom Hashoá, día del exterminio, recuerdo a las víctimas del Holocausto.

INDIVIDUALES

Brit Milá o «pacto de la circuncisión»: Ocho días después del nacimiento, se circuncida a los niños y se les impone el nombre.

Bar Mitzvah o «hijo del Mandamien to»: Al cumplir 13 años, el niño adquiere la mayoría de edad religiosa.

Kidushin o rito del matrimonio: Presidido por el rabino. Se lee el contrato matrimonial y las siete bendiciones.

Fallecimiento y duelo. Al enfermo grave se le ayuda a recitar el vidui o confesión de los pecados y manifestación de fe en la vida futura, que termina con el Shemá («escucha») Israel. J.Mª.N.

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SEFARDITAS, ASHKENAZIS Y OTROS GRUPOS

Los sefardíes y los ashkenazis son las principales comunidades en que se dividen los judíos en la actualidad.

ASHKENAZIS. En la fundación del moderno Estado de Israel participaron mayoritariamente los ashkenazis, procedentes de Centroeuropa y Rusia, y también Estados Unidos, Australia y Sudáfrica. Se convirtieron en la élite, y además, mayoritaria, aunque hoy han perdido su predominio numérico. El término «ashkenazi» proviene del nombre dado en la Edad Media a los judíos del norte de Francia y Alemania. Más tarde englobó a todos los judíos de origen europeo, cuyo lenguaje era el yiddish.

Mientras los pioneros ashkenazis tenían una ideología socialista laica, hoy muchos de ellos son religiosos, incluso algunos, ultra-ortodoxos.

SEFARDITAS. Los más numerosos en Israel han pasado a ser los sefarditas, que constituyen el 60 por ciento de la población, según datos de 1990. Son el 25% del judaísmo mundial.

El término «sefardita» procede de «Sefarad», como llamaban a España los ju díos españoles en su idioma, el ladino. La expresión de «sefardita», incluye también hoy a los que proceden del Norte de África (Marruecos, Túnez) o Medio Oriente (Yemen, Siria).

En el ámbito religioso, ha alcanzado gran influencia un partido ultra-ortodoxo sefardí, el Shas (de judíos procedentes de Marruecos).

OTROS GRUPOS. Otras comunidades minoritarias son las de los judíos indios (de India, donde su presencia se remonta a antes de la revuelta asmonea); los kurdos de Irak; los judíos «bukharan» de Asia Central; y los judíos etíopes, unos 23.000 de los cuales viven hoy en Israel, y que se consideran descendientes del rey Salomón y la Reina de Saba. JMªN
Javier Mora-Figueroa, Revista Palabra, nº 447-448, VIII-IX.01 – 2
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http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2454 

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Héroes musulmanes olvidados

9 Oct

Héroes musulmanes olvidados

El historiador judío Pinchas Lapide escribió en 1967: «La Santa Sede, los nuncios y la Iglesia católica salvaron de la muerte de 740.000 a 850.000 judíos».

 

Héroes musulmanes olvidados

Antonio R. Rubio Plo

Historiador y Analista de Relaciones Internacionales

Todo prejuicio equivale a una sentencia inapelable: nos hemos formado una opinión y no queremos conocer más hechos. Los que así piensan suelen combinar el odio con clamores de justicia.

Hace pocos días se clausuraba en Milán una exposición singular, aunque sus materiales están disponibles para actividades didácticas. Llevaba el nombre de Justos del Islam, estaba organizada por el Instituto Pontificio de Misiones Exteriores, y su originalidad residía en un tema ajeno a toda corrección política:¿Existieron musulmanes que ayudaron a los judíos perseguidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial?

No sólo los hubo, sino que el Estado de Israel les otorgó el galardón de “justos entre las naciones”, concedidos a más de veinte mil personas, como el anterior Papa, Juan Pablo II o  diplomáticos que fueron los que facilitaron visados a los hebreos. Los nombres de un total de 70 musulmanes —entre los que se cuentan bosnios, albaneses, turcos, tunecinos o marroquíes— están presentes en el Museo del Holocausto en Jerusalén, pero sobre ellos se cierne toda una conspiración de silencio, en este tiempo en que los límites entre el antisionismo y el antisemitismo se hacen cada vez más difusos.

El historiador americano Robert Satloff, un experto en temas del Próximo Oriente, es actualmente el principal investigador de unos hechos que se quiere borrar de una selectiva memoria histórica. Si la deslegitimación de Israel pasa, entre otras cosas, por negar el Holocausto, no es extraño que todo elemento discordante como la existencia de Justos del Islam sea marginado, entre otras cosas porque no es una cuestión político-partidista, sino de pura y simple humanidad.

De este modo, se olvida que en tierras norteafricanas, bajo el poder de la Francia de Vichy o del ocupante nazi, se llevó centenares de los judíos a campos de concentración o se les obligó a portar la estrella amarilla. Satloff relata que en el año 1943, en plena batalla en Túnez entre los aliados y el Afrika Korps, un grupo de hebreos fugitivos fue acogido en la granja de un campesino llamado Si Alí Sakkat.

También en la ciudad costera tunecina de Mahdia, varias familias judías fueron ocultadas en la finca de una autoridad local, Jaled Abdelwahhab, que de esta forma salvó a una muchacha acosada por un oficial alemán. Y es que había campos de concentración en el norte de África: los guionistas del mítico film Casablanca no lo desconocían y ponen en boca de Strasser, el implacable comandante alemán, que sólo existían dos alternativas para un refugiado: acabar en un campo o arriesgar su vida en un lugar en que valía muy poco.

Pero las ayudas también se produjeron en tierras europeas: el rector de la mezquita de la ciudad de París salvó a más de un centenar de hebreos al proporcionarles certificados que acreditaban identidades musulmanas. Tampoco se pueden ocultar otras realidades: hubo árabes que colaboraron con los alemanes en la persecución, e incluso formaron una unidad militar que combatió contra los aliados en Túnez.

Mas lo positivo son las historias de héroes musulmanes, relatadas por Satloff en su libro Among the righteous, resultado de una investigación personal por once países en busca de testimonios que sorprendieron a los hijos y nietos de aquellas personas.

Sin embargo, hay una connotación de amargura en el libro: muchos parientes de los héroes no se alegraron de conocer los hechos. Antes bien, les resultaba incómodo y deseaban que Satloff se marchara cuanto antes de sus vidas. De ahí, que la batalla del historiador de utilizar la memoria de unos gestos humanitarios para acercar a judíos y árabes se encontrara con el muro, que, por otra parte es infranqueable, de los prejuicios.

Todo prejuicio equivale a una sentencia inapelable: nos hemos formado una opinión y no queremos conocer más hechos. Los que así piensan suelen combinar el odio con clamores de justicia, algo no privativo del conflicto entre árabes e israelíes.

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Publicado en Gaceta.es, 23/02/2008

 

 

El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio dela Iglesia católica.

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  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado enla Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

«Entre los veintidos mil nombres de los Justos entre las Naciones –es decir aquellas personas recordadas en el museo del Yad Vashem de Jerusalén como héroes, habiendo puesto en riesgo su propia vida para salvar la de algunos judíos durante la Shoá– son en torno a setenta los que proceden de contextos musulmanes».

http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2454

La nueva judeofobia

9 Oct

La nueva judeofobia

El nazismo es ideología racista demencial que originó –paralelo al comunismo- el momento más oscuro de la historia alemana y europea. El genocidio  nazista fue fruto de un régimen neopagano, la negación de los valores de la espiritualidad de los judíos al igual que la de los cristianos, alimentada en los salmos. Teniendo en cuenta la raíz hebrea del cristianismo, sepamos que: “quien encuentra a Jesucristo, encuentra el judaísmo”

 

La nueva judeofobia ha realizado otra sorprendente síntesis; y es que ha puesto de acuerdo a tres ideologías aparentemente dispares y opuestas: la izquierda, el islamismo y la extrema derecha. Pese a sus diferencias retóricas, lo cierto es que todas ellas comparten un profundo desprecio por la libertad y la democracia.

Israel es la quintaesencia de Occidente, la avanzadilla democrática en Oriente Medio: algo que, como a los judíos antaño, lo convierte inmediatamente en culpable, haga lo que haga, y en objetivo a destruir por parte de los enemigos de la libertad. A diferencia del viejo antisemitismo religioso, es de esas tres fuentes ideológicas, esencialmente antidemocráticas y totalitarias, de donde se nutre el nuevo antisemitismo.

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