betan.jpgYa sabíamos que el secuestro, cualesquiera sea su motivación, puramente económica o política, es, en definitivas cuentas, un negocio para los criminales que llevan a cabo esta condenable práctica, sin embargo y a juzgar por algunos recientes acontecimientos, ya no sería un negocio redondo únicamente para los delincuentes, sino también para las mismísimas víctimas, si logran salir con vida de tan límite situación claro, ya que sus historias sobre los días de encierro, aparentemente, resultan ser una buena opción para abultar sus bolsillos y animar sus cuentas bancarias.

Y sino me creen, fíjense ya el aluvión de títulos que andan pululando por el mundo y que se convirtieron en best-sellers. Mi fuga hacia la libertad, de John Frank Pinchao, que lideró el ranking de ventas en Colombia por varios meses, o el título más reciente: Infierno Verde (en clarísima alusión a la selva colombiana donde permaneció cautivo por años) de Luis Eladio Pérez, uno de los tantos compañeros de desgracia de Ingrid Betancourt, el cual ya ha vendido 22.000 copias en Colombia, 10.000 en Estados Unidos y 25.000 en Argentina, México, Ecuador, etc. y que además por estos días está haciendo su debut europeo, con 40.000 ejemplares que esperan su dueño en las principales librerías españolas.

Y ni hablar de las millonarias propuestas que varias de las grandes editoriales les están ofreciendo a varios ex rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para que cuenten las peripecias de su encierro.

Por ejemplo, la historia de la ex rehén Clara Rojas, amiga y confidente de la prisionera más emblemática de las FARC, Ingrid Betancourt, quien incluso dio a luz durante su cautiverio, es una de las más esperadas por el público, ya se está hablando de regalías adelantadas por casi un millón de euros y si esto ya les parece mucho, ni les digo de las millonarias proyecciones que ya están sonando para cuando esté en las librerías el libro que de puño y letra escribirá precisamente la Betancourt, a quien aparentemente hasta le habrían ofrecido un piso, nada más y nada menos que en un sector exclusivísimo de la ciudad de París. Había una vez…

Foto: Clarín

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