Un barco hundido en Roses revela los secretos de un espía español

21 Sep

21/9/2008  PERSONAJES

Un barco hundido en Roses revela los secretos de un espía español

  1. • Los arqueólogos estudian la tecnología inglesa que se utilizó en ‘El Triunfante’
  2. • Jorge Juan diseñó el navío con datos robados en Londres y con expertos británicos
Retrato de época de Jorge Juan. Foto: CASC
FERRAN COSCULLUELA
GIRONA

Desde hace 213 años, El Triunfante descansa sobre los fondos arenosos de la bahía de Roses (Alt Empordà), a unos seis metros de profundidad. Para los profanos, los restos del navío militar son poco más que un armazón de maderas carcomidas por el mar y el tiempo. Para los expertos del Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC), se trata de “una joya arqueológica” que guarda un gran secreto. Es el único barco, de la veintena diseñados por Jorge Juan (Novelda 1713 – Madrid 1773), del que se conservan los restos. Una flotilla que se avanzó al resto de Europa gracias a los conocimientos obtenidos por este militar y científico español durante una audaz misión de espionaje en Inglaterra. Los técnicos del CASC han escudriñado este verano las entrañas de El Triunfante, para averiguar cuáles fueron los avances que incorporó este genio de la arquitectura naval.
“Los barcos de vela nos parecen ahora una reliquia del pasado, pero en el siglo XVIII eran tecnología punta, porque quien dominaba el mar, dominaba el planeta”, explica Francesc Xavier Nieto, director del CASC. En este contexto no es de extrañar que franceses, ingleses y españoles rivalizasen por tener los mejores navíos y los más duraderos, porque su construcción suponía una inversión muy considerable.
En esta batalla tecnológica del siglo de las luces, los británicos se llevaban el gato al agua, con unos barcos robustos y marineros. Conscientes de su inferioridad, los españoles decidieron enviar de incógnito a Londres a un capitán de fragata. No era un cualquiera. Jorge Juan era uno de los dos españoles que habían participado en la expedición francesa de La Condamine, impulsada por la Académie Royale des Sciences de París en 1734 para obtener el valor de un grado terrestre y despejar, por fin, uno de los debates científicos más acalorados del momento: averiguar si la tierra era achatada como un melón o redonda como una sandía.
“Era un hombre excepcional, mitad Einstein y mitad James Bond, y el marqués de la Ensenada, su gran valedor, lo sabía”, afirma el historiador Pablo de la Fuente, autor de un erudito estudio titulado El Triunfante: tecnología y ciencia en la España de la Ilustración. Jorge Juan fue enviado a la capital británica con un nombre falso en abril de 1749. En Londres se hizo pasar por librero y matemático, y sus embustes tuvieron tanto éxito, que incluso fue admitido en la prestigiosa Royal Society. Durante 18 meses se dedicó a espiar barcos y astilleros, y no tuvo reparos en sumergirse en las frías aguas del Támesis para conseguir información.
El espía de Fernando VI tuvo tanto éxito en su misión que no solo consiguió datos sobre el sistema de construcción británico, sino que logró llevarse a España a medio centenar de técnicos navales, en lo que ha sido una de las fugas de cerebros más sonadas de la historia. “Fue una de las operaciones más brillantes y exitosas de los servicios secretos españoles”, sostiene De Pablo. “Una acción así es inconcebible hoy en día. Sería como si un militar ruso se infiltrara en las bases aéreas norteamericanas para espiar los transbordadores espaciales”, añade Nieto.
¿Pero en qué consistían los avances británicos para que sus barcos fueran mejores? “Los elementos de fijación que utilizaban eran de madera, ya que los clavos metálicos, al oxidarse, dañaban el casco. También tenían otra forma de construir las cuadernas, las costillas de la nave, porque no dejaban espacios vacíos entre ellas, lo que reforzaba todo el barco”, precisa el arqueólogo Marcel Pujol. “A pesar de que la forma constructiva era inglesa, el diseño de El Triunfante era propio de Jorge Juan, ya que cogió lo mejor de las escuelas francesa, británica y española para crear un modelo propio”, añade este especialista.

GENIO NAVAL
Jorge Juan triplicó la vida media de los navíos españoles, que apenas sobrepasaban la docena de años. Además, consiguió barcos con más capacidad de maniobra, gracias a sus conocimientos de hidrodinámica y a que los descargó de sobrepeso artillero. “Uno de los aspectos más sobresalientes que ha dado la ciencia del siglo XVIII ha sido la aplicación del cálculo infinitesimal en la arquitectura naval. Y en este terreno, Jorge Juan fue uno de los protagonistas más significativos”, señala De la Fuente.
Tanto fue así, que británicos y franceses hicieron lo posible para copiar sus avances. Pero los vaivenes de la política dieron al traste con los logros del genio militar. La caída en desgracia del marqués de la Ensenada le llevó al ostracismo. El nuevo hombre fuerte de la corte, el marqués de la Victoria, decidió que su ciencia había quedado obsoleta.
El marqués trajo a expertos de Francia para que, a partir de 1770, diseñaran los nuevos barcos de guerra. Una auténtica bofetada para Jorge Juan, que antes de morir advirtió a Carlos III de que la subordinación al modelo naval francés acabaría causando graves pérdidas a la Armada, como ocurrió tres décadas después, en la batalla de Trafalgar.

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