ESTABANIA, Azua, Rep. Dom.- Antonia Sánchez Ciprián tiene 101 años de edad y 69 nietos. Nunca le ha dolido la cabeza y guaya coco todos los días para hacer el dulce de batata que vende a los parroquianos, elaborados a veces por encargo de amigos y familiares que viven en Estados Unidos.
Las arrugas que marcan su semblante no le han quitado la fortaleza espiritual y la simpatía a esta mujer que nació  el 2 enero de 1907, cuando el país firmó la convención que ese año traspasó al gobierno de Estados Unidos el cobro en las aduanas.

Antonia, de fácil hablar, expresa que nunca fue a la escuela pero aprendió de sus padres el valor de la familia y el respeto hacia los demás.

El canto fue el pasatiempo favorito en su mocedad, debido a que sus padres nunca le permitieron que aprendiera a bailar, como era su deseo.

“Me siento como un roble, nunca me ha dolido la cabeza y si alguna vez digo que me duele, vayan alistando mi caja”, dice doña Antonia en medio de carcajadas de amigos y familiares.

Asegura que ha podido alcanzar esa edad comiendo víveres, arepa, queso y carne, y sin tomar alcohol.