Dios desea tu bien.

30 Ago

Dios desea tu bien.

27 de agosto

“¡Ojalá su corazón esté siempre dispuesto a temerme y a cumplir todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos siempre les vaya bien!” Deuteronomio 5:29

Argentina ganó la medalla de oro en los juegos olímpicos de Pekín en football. Era el deseo más generalizado de los argentinos. Y cuando comenzó el partido contra Nigeria, hubo un único pensamiento: ¡Ojalá que ganemos! Teníamos muy presente que en el 96, fueron los nigerianos quienes nos dejaron con la medalla plateada en las olimpiadas. Queríamos revancha y el deseo más profundo de cada argentino era que el equipo gane.

Eso es un deseo intenso. Algo que conmueve el corazón, y que al realizarse produce extrema alegría. Cuando terminó el partido y Argentina venció a Nigeria, todo era alegría. Era el deseo cumplido.
El ¡Ojalá! se convirtió en una realidad.

Pero no siempre pasa esto. No siempre, nuestros deseos se realizan. A veces, nos quedamos con las ganas, y eso provoca frustración, dolor, angustia y tristeza. Dios conoce ese sentimiento. Y aunque lo padece
muy seguido, no se puede acostumbrar. Dios deseaba que su pueblo escogido Israel le temiera y le obedeciera. ¡Ojala! pensaba Dios.

Pero ese deseo no se cumplió. El pueblo de Israel se olvidó de su Dios y le dio la espalda. Y el deseo del corazón de Dios quedó frustrado. Dios deseaba la obediencia de su pueblo para poder bendecirlo y cuidarlo. Él deseaba que les vaya bien, pero Israel hizo todo lo contrario.

Han pasado muchos años, y Dios tiene hoy a su Iglesia. Pero su deseo sigue siendo el mismo. Dios sigue deseando nuestro bien, sigue deseado que nos vaya bien. Pero sigue condicionando su bendición a nuestra obediencia. Dios no malcría hijos caprichosos, Dios no tiene nietos. Y aunque nos ama sin límites, sigue siendo justo. En su misericordia Él siempre perdona y nos da una nueva oportunidad. Pero sus bendiciones están acotadas a nuestra obediencia.

Hoy Dios nos invita nuevamente a que le temamos, le respetemos y le obedezcamos. Ese es su más íntimo deseo. Hizo todo por nosotros para que nos sea fácil. Nos regaló la salvación al costo de la muerte de
su propio hijo y nos ama a pesar de nuestros errores y fracasos.
¡Cómo no vamos a corresponder semejante amor! Sin embargo, a veces no lo hacemos.

No frustres a Dios con tu indiferencia. ¡Ojala que puedas serle fiel!

REFLEXIÓN – Dios desea tu bien.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: