TESTIGO EN PELIGRO
(La Nación) La negativa de los Testigos de Jehová a recibir transfusiones está planteando una situación difícil de resolver para el sistema de salud. Un médico explicó a La Nación: “Cuando hay que tomar una decisión en minutos, uno no le puede ir a preguntar al juez. Médicamente, estoy obligado a salvar la vida del paciente. Si lo transfundo, tal vez me haga un juicio. Pero si no lo hago y el juez considera que no hice todo para salvarle la vida, no tengo forma de defenderme, aun cuando esté exonerado”.
Primera transfusión de sangre citratada: Hospital Rawson,Bs.As.,Argentina
9/11/1914.
La mitad de las aproximadamente 120.000 personas que integran este culto vive en la Capital y el Gran Buenos Aires. Sumadas a los asociados simpatizantes y familiares, representan un cuarto de millón de argentinos que creen que Dios les da la vida a través de la sangre y que extraerla de su cuerpo es extraer parte de la vida de Dios. Aquel creyente que no respete el precepto bíblico absténganse de sangre debe abandonar la congregación.
“Sabemos que se dicen muchas cosas sobre los Testigos, pero jamás se ha consultado a ninguno de nosotros”, se lamenta Mario Menna, director de Servicios de Información Hospitalaria de la Asociación de los Testigos de Jehová, un área que coopera con los médicos, los juzgados y los pacientes en la búsqueda de tratamientos alternativos que no interrumpan la circulación sanguínea.
“Como tienen una cultura diferente, es imposible entenderlos desde el punto de vista médico, y obligan a recurrir al principio bioético de autonomía”, explica José María Mainetti, médico y filósofo, director de la Fundación Oncológica Mainetti.
Métodos alternativos
Según el mencionado principio, el paciente tiene derecho a elegir lo que es mejor para él de acuerdo con sus propios valores y la información con que cuenta. ”Esto último forma parte del consentimiento informado -amplía el doctor Dufour- y exige explicarle cuáles son las alternativas a la transfusión de sangre.”
Dichas alternativas son, básicamente, las autotransfusiones.
La mayoría de los Testigos opta por uno de tres métodos:
a.la autotransfusión intraoperatoria por hemodilución normovolémica (una vez anestesiado, al paciente se le extraen unidades de sangre para utilizarlas durante o al final de la cirugía y simultáneamente se las reemplaza con un expansor de volumen plasmático);
b.la recuperación intraoperatoria de sangre, mediante el uso de un aparato similar al de la hemodiálisis,
c. o la recuperación postoperatoria: una vez finalizada la operación, se recoge la sangre que normalmente se perdería por los drenajes para reutilizarla. Este último procedimiento es complicado, oneroso y de uso poco frecuente.
Pero estas técnicas alternativas no pueden emplearse en todos los casos. Cuando los médicos estiman que la situación del paciente hace necesaria una transfusión, se topan con una realidad que los descoloca: el propio paciente no acepta lo que podría salvarlo.
Los Testigos llevan una tarjeta o medallita con la frase “No acepto transfusiones” y el dibujo de una bolsita de sangre cruzada por la franja roja de prohibido. Y otro documento, fundamental, llamadoDirectiva médica anticipada: exoneración de responsabilidades, firmado y certificado por escribano.
Controvertida exoneración
Sin embargo, este documento no siempre deja tranquilos a los profesionales.
“El documento tiene una validez limitada a casos normales, de personas mayores de edad, capaces de comprender su situación y la información suministrada, y participar libremente en la toma de decisiones”, explica el juez Pedro Hooft, presidente de la Asociación Argentina de Bioética.
Si bien la ley mencionada en la exoneración (17.132, artículo 19, inciso 3) establece el deber de respetar la voluntad del paciente en su negativa a tratarse o internarse, aun cuando implique peligro para su vida,simultáneamente los códigos de ética profesional (que no tienen fuerza de ley) disponen que el médico “actuará directamente aun contra la voluntad del enfermo en casos de peligro grave e inminente”.
“Al no haber una legislación clara al respecto -explica Hooft-, los médicos recurren a un juez para que decida.” Según las normas actuales, cuando un centro médico recibe a un Testigo con potencialidad de requerir una transfusión, ”hay que dar aviso inmediato a las autoridades del centro e informar el estado de gravedad del paciente al Comité de Enlace de los Testigos de Jehová -explica el doctor Dufour-. Si hay que intervenir de urgencia o se trata de mayores incapaces (inconscientes, por ejemplo) o menores, se denuncia en la comisaría más cercana para que el juez autorice una transfusión “que aun así -reconoce Dufour- es difícil de implementar”.
“¡Es que los jueces a veces ni saben de qué se trata; ordenan la transfusión y listo! -protesta Mario Menna-. Existe un prejuicio contra nosotros y debería haber condenas para estos jueces que violan el señorío que tenemos sobre nuestro propio cuerpo, garantizado por la Constitución”, arguye.
No es fácil para un médico, cuya misión es defender la vida, entender a los Testigos. “Nos da rabia cuando un paciente obstinado se niega a aceptar lo que para nosotros es el tratamiento indicado -reconoce Dufour, que recuerda a una paciente de 60 años que padecía anemia hemolítica y no quiso hacerse transfusiones, imprescindibles en esa patología-. Eso precipitó su final, que posiblemente no habría ocurrido con otro tratamiento.”
“Los testigos conocen los riesgos que corren, e incluso algunos han fallecido -explica con tranquilidad Menna-. Todo depende de la pericia del profesional: si utiliza todos los métodos, la posibilidad de muerte es mucho menor.” Para ilustrar sus dichos, se refiere al caso de la señora M. Herrera, de La Pampa, que sufrió una severa hemorragia a continuación de una histerectomía. “Como el equipo que la atendía no estaba usando tratamientos alternativos, firmó el alta voluntaria y la trasladaron en ambulancia a la Clínica Lugano, donde se recuperó.”
Transfusión de sangre
«Se llama transfusión a la inyección de sangre proveniente de un individuo, llamado donante o dador, en el sistema circulatorio de otra persona para reintegrar el volumen habitual perdido o para mejorar la composición de la sangre. La cantidad media de sangre en un individuo adulto es de alrededor de cinco litros. Esa cantidad puede verse reducida por hemorragias que responden a patologías, heridas y quemaduras producidas por accidentes o durante las cirugías.
La óptima composición de la sangre también puede verse afectada, siendo necesario recomponerla. En el tratamiento de algunas anemias, por ejemplo, pueden ser requeridas pequeñas transfusiones para compensar la pérdida de glóbulos rojos, lo cual no constituye una cura para la enfermedad pero puede mejorar el estado general del paciente. Los elementos que se reponen en esas transfusiones son los eritrocitos o glóbulos rojos, plaquetas, plasma, crioglutinina, etc. A veces lo que se transfunde no es sangre, sino un hemoderivado o algún elemento sustitutivo como las soluciones salinas. Pero en este último caso no se puede sustituir por mucho tiempo la cantidad necesaria de sangre, y si el organismo del receptor no la genera, se deberá recurrir a una transfusión de sangre.
Antes de una transfusión es necesario estudiar la sangre del donante para evitar incompatibilidades y posibles infecciones parenterales.»[0]
«En Estados Unidos, cada dos segundos alguien necesita una transfusión de sangre. La mayoría de los estadounidenses necesitarán una transfusión de sangre en algún momento de sus vidas.»[1]
La sangre:[2]
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La historia de la sangre
Un doctor romano llamado Galeno creía que la sangre se formaba en el hígado y no sabía que el corazón bombea la sangre para que circule a través de las arterias y venas. No fue hasta mediados del siglo XVII que se descubrió que la sangre circula por todo el cuerpo bombeada por el corazón.
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Los glóbulos blancos defienden el organismo de enfermedades e infecciones
Los glóbulos blancos forman parte del sistema de defensa del organismo. Hay tres tipos de glóbulos blancos: granulocitos, linfocitos y monocitos. Todos ellos combaten infecciones causadas por las bacterias, virus y microbios que pueden causar enfermedades.
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Circulación sanguínea
Un viaje completo de ida y vuelta de la sangre tarda, en promedio, sólo de 30 a 45 segundos, y aún menos cuando se está haciendo ejercicio. El cuerpo humano tiene tantas millas de vasos sanguíneos que, puestos uno a continuación de otro, podrían dar la vuelta a la Tierra dos veces y todavía sobraría un poco.
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Diferentes tipos de sangre y actividad
La sangre humana puede clasificarse en cuatro grupos sanguíneos: O, A, B y AB. Los grupos A y B tienen ciertos antígenos hereditarios, o marcadores, que aparecen en la superficie de sus glóbulos rojos. Los grupos de sangre más comunes en Estados Unidos son A Rh positivo y O Rh positivo. Aproximadamente el 72 por ciento de la población corresponde a uno de estos dos grupos. La sangre más escasa es la AB Rh negativo.
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Video [3]
«El elemento central del programa Mi Sangre, Tu Sangre® es el video que demuestra el funcionamiento del sistema circulatorio, la composición de la sangre, y la importancia de la sangre en nuestro organismo mediante animación científica de última generación en tres dimensiones para ilustrar los conceptos presentados. El módulo para alumnos secundarios también ofrece entrevistas con receptores de sangre, estudiantes y científicos bioquímicos.
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Historia
Desde tiempos remotos se creyó que la sangre era factor de salud y fuerza, y en algunas culturas se daba a beber sangre humana para vigorizar o reanimar enfermos. Hay evidencias de que en la Roma Imperial se usaba la sangre de los gladiadores heridos en la arena para la curación de la epilepsia. La idea de la transfusión de sangre ya existía en 1556, cuando Jerónimo Cardano de Basilea, en su obra De Rerum Varietate, sugirió reemplazar la de los delincuentes.[4]
Primeras transfusiones registradas
«La primera transfusión de sangre registrada fue la hecha entre perros por el médico inglés Lower alrededor de 1666. En 1667 el científico francés Juan Bautista Denys hizo una transfusión a un ser humano usando sangre de carnero. En el siglo XIX se hicieron experiencias de transfusión directa de sangre entre personas, a veces con consecuencias fatales por la ignorancia de las incompatibilidades sanguíneas. La delicada tarea se llevaba a cabo conectando la arteria del dador con la vena del receptor a través de una complicada intervención quirúrgica. Se necesitaba un lugar con asepsia extrema, no se podía medir con precisión la cantidad de sangre transferida, el dador necesitaba mucho tiempo para recuperarse y se exponía a riesgos como infecciones, embolias y trombosis.
En el año 1900 el investigador austríaco Karl Landsteiner identificó algunas de las sustancias sanguíneas responsables de la aglutinación de los glóbulos rojos, logrando por primera vez identificar grupos sanguíneos y algunas de sus incompatibilidades.
Las transfusiones directas todavía se practicaban a comienzos del siglo XX porque era imposible conservar la sangre extraída inalterada para su posterior uso. Al cabo de pocos minutos (de seis a doce) comenzaba su coagulación, manifestada inicialmente en un aumento gradual de viscosidad que terminaba con su casi completa solidificación. La coagulación es una defensa del organismo para taponar las heridas y minimizar las hemorragias. Hoy se sabe que un coágulo está casi totalmente formado por eritrocitos sujetos por una red de filamentos de fibrina. La fibrina no existe normalmente en la sangre, se crea a partir de la proteína plasmática fibrinógeno por la acción de la enzima trombina. La trombina, a su vez, no está naturalmente presente en la sangre, se genera a partir de una sustancia precursora, la protrombina, en un proceso en que intervienen las plaquetas, algunas sales de calcio y sustancias producidas por los tejidos lesionados. Como los coágulos no se generan si falta cualquiera de estos elementos, la adición de citrato de sodio (que elimina de la sangre los iones de calcio) evita su formación.
La investigación de Agote
Luis Agote, preocupado por el problema de las hemorragias en pacientes hemofílicos, encaró el problema de la conservación prolongada de la sangre con la colaboración del laboratorista Lucio Imaz. Sus primeros intentos, como el uso de recipientes especiales y el mantenimiento de la sangre a temperatura constante, no dieron resultado. Buscó entonces alguna sustancia que, agregada a la sangre, evitara la coagulación. Luego de muchas pruebas de laboratorio in vitro y con animales, Agote, aunque sin conocer el origen bioquímico del comportamiento, encontró que el citrato de sodio (sal derivada del ácido cítrico) evitaba la formación de coágulos. Esta sustancia, además, era tolerada y eliminada por el organismo sin causar problemas ulteriores. La primera prueba con personas se hizo el 9 de noviembre de 1914, en un aula del Instituto Modelo de Clínica Médica, teniendo como testigos al Rector de la Universidad de Buenos Aires, Epifanio Uballes, el decano de la Facultad de Medicina, Luis Güemes, el Director General de la Asistencia Pública, Luis Güemes Baldomero Somer, y el intendente municipal, Enrique Palacio, además de numerosos académicos, profesores y médicos. Durante la misma un enfermo que había sufrido grandes pérdidas de sangre recibió la transfusión de 300 cm3 de sangre previamente donados por un empleado de la institución y conservados por la adición de citrato de sodio. Tres días después el enfermo, totalmente restablecido, fue dado de alta.
Luis Agote, lejos de los centros científicos más importantes y avanzados, logró resolver el problema de las transfusiones que angustiaba a los miles de médicos reclutados por los ejércitos europeos durante laPrimera Guerra Mundial. Fue un gran aporte a la medicina mundial, que contaría desde entonces con un método de transfusión de sangre simple, inocuo y fácil de ejecutar por un profesional idóneo. El periódico estadounidense New York Herald publicó una síntesis del método de Agote y percibió sus proyecciones futuras, afirmando que tendría muchas otras aplicaciones además del tratamiento de hemorragias agudas.
Otros investigadores
Ya finalizada la Primera Guerra Mundial, el belga Albert Hustin (Academia de Ciencias Biológicas y Naturales de Bruselas, Bélgica, el 27/3/1914) y el norteamericano Richard Lewisohn (Mount Sinai Hospital, Nueva York, EEUU, en 1915) se atribuyeron la prioridad del descubrimiento. Se inició entonces un largo intercambio epistolar entre Agote y los científicos mencionados, y se acumularon entrevistas, artículos, comunicaciones y citas en distintas revistas médicas sobre la discutida prioridad. En todo este despliegue, sin acaloramientos, el tecnólogo argentino se limitó a señalar objetivamente fechas y procedimientos. Probablemente se trató de investigaciones independientes que dieron su fruto en forma más o menos simultánea. Lo que importa resaltar es la actitud solidaria de Agote, quien no trató de patentar su resultado, lo comunicó de inmediato a medios de prensa, representaciones diplomáticas de todos los países entonces en guerra y revistas médicas internacionales, haciendo posible salvar a incontables personas en grave riesgo de muerte.»[5]
«Con los descubrimientos realizados acerca de la circulación de la sangre por William Harvey, se inició una investigación más sofisticada para las transfusiones de sangre en el siglo XVII, con experimentos acertados de transfusiones en animales. Sin embargo, las investigaciones sucesivas en seres humanos no fueron tan exitosas y continuaron trayendo muerte.
El primer intento de transfusión sanguínea registrado ocurrió en el siglo XV relatado por Stefano Infessura. En 1492 el Papa Inocencio VIII cayó en coma, por lo que se requirió de la sangre de tres niños para administrársela através de la boca (ya que en ése entonces no se conocía la circulación sanguínea) a sugerencia del médico. A los niños de 10 años de edad se les prometió pagarles con sendos ducados de oro, sin embargo tanto el Papa como los jovencitos murieron. Algunos autores desacreditan el relato de Infessura, acusándolo de antipapista.
La primera transfusión de sangre humana documentada fue administrada por el Dr. Jean-Baptiste Denys el15 de junio de 1667 describió el caso de un enfermo de sífilis que murió después de haber recibido tres transfusiones de sangre de perro: ”Estaba en el procesos exitosos de recibir la tranfusión… pero algunos minutos después… su brazo se calentó, su pulso aceleró, el sudor brotó sobre su frente, se quejaba de fuertes dolores en los riñones y en el estómago, su orina era obscura, negra de hecho… luego murió…”.
Recién durante la primera década del siglo XIX se identificaron los diferentes tipos de sangre, y que la incompatibilidad entre la del donante y el receptor podía causar la muerte.
Karl Landsteiner descubrió que las personas tenían diferente tipo de sangre y que las transfusiones no eran compatibles entre personas de diferente tipo. En 1901 describió el sistema de ABO y en 1940 el sistema Rh.
El método de conservación de sangre humana para su uso diferido en transfusiones, mediante la adición de citrato de sodio, fue desarrollado por el médico argentino Luis Agote en 1914.
Contraindicaciones y tipos de sangre
Para realizar transfusiones, deben tomarse medidas para asegurar la compatibilidad de los grupos sanguíneos del donante y el receptor, para evitar reacciones hemolíticas potencialmente fatales.
La tabla de compatibilidades e incompatibilidades de tipos de sangre es como sigue:
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COMPATIBILIDAD SANGUÍNEA
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Tipo de sangre
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Puede donar a
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Puede recibir de
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A+
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A+ AB+
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0+ 0- A+ A-
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A-
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A+ A- AB+ AB-
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0- A-
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B+
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B+ AB+
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0+ 0- B+ B-
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B-
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B+ B- AB+ AB-
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0- B-
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AB+
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AB+
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TODOS
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AB-
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AB+ AB-
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AB- 0- A- B-
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0+
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A+ B+ AB+ O+
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0+ 0-
|
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0-
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TODOS
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0-
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Sin embargo, no son el AB0 y el Rh los únicos tipos de grupos sanguíneos existentes. Existen otros tipos de grupos sanguíneos menos conocidos por ser menos antigénicos que los anteriores y por lo tanto menos susceptibles de provocar reacciones de incompatibilidad. Por ello es imprescindible realizar pruebas cruzadas entre la sangre de donante y la del receptor, para descartar la existencia de anticuerpos en el receptor contra eritrocitos del donante. Antiguamente este análisis se hacía observando la reacción almicroscopio y valorando con el mismo la aparición o no de aglutinación (incompatibilidad). En la actualidad el proceso está automatizado y ya no es imprescindible depender únicamente de la fiabilidad del observador al microscopio.
Enfermedades de transmisión mediante transfusión de sangre
Hepatitis B
Hepatitis C
Sífilis
SIDA
Eristroblastocis fetal
Citomegalovirus »[6]
Banco de sangre
«Si bien todavía es posible la transfusión directa, en la cual se transfunde la sangre en el mismo momento en que se está extrayendo al dador, lo más usual es que se use sangre previamente extraída. Un banco de sangre es una reserva de bolsas de sangre a la espera de ser transfundidas a los pacientes que lo necesitan. La sangre llega al banco desde las personas donantes, llamadas dadores, los cuales lo hacen en forma voluntaria. Antes de reservar la sangre en el banco es necesario cumplir con los pasos descriptos en el ítem anterior. Al donante se le extraen normalmente entre 300 y 350 cm3. Se aconseja al dador no donar más de 2 veces en el año, aunque algunas personas donan cada tres meses. El volúmen extraído es recuperado por el organismo del dador rápidamente.
La sangre puede ser reservada en el banco en bolsas especiales durante alrededor de 35 días a menos de 0 grados. Las bolsas tienen una capacidad de 500 cm3, para dar lugar a la incorporación de anticoagulantes.
Algunos hemoderivados no pueden ser reservados tanto tiempo. Las plaquetas, por ejemplo, se podrán reservar por un máximo de 5 días, debiendo estar en movimiento continuo.
Podemos decir que en sociedades con escasa conciencia de la necesidad de donar, la sangre es un elemento escaso. Diversas instituciones públicas y privadas se han dedicado a la tarea de mantener provistos a los bancos de sangre para poder responder a las necesidades emergentes. Algunas medidas alentadoras pueden ser dispuestas para que las personas decidan convertirse en dadores, como por ejemplo el día de trabajo libre para quien va a donar.
Otras instituciones organizan grupos solidarios, cuyos miembros donan sangre con regularidad, teniendo el derecho a recibir transfusiones en el caso de necesitarlas para ellos o para sus familiares. Pero hay que decir que, sea por miedos o desinformación, la gente no es lo suficientemente solidaria en este sentido. »[7]
Autotransfusión
«Es la transfusión ideal, ya que donante y receptor son una misma persona, evitando cualquier problema de incompatibilidad e infecciones. Se puede implementar en casos de cirugías programadas, pero no en casos de urgencias como por ejemplo los accidentes. La autotransfusión ha adquirido vigencia desde la aparición del sida. Esto es así porque en la infección por HIV, existe un pequeño riesgo de transmisión durante una tranfusión, ya que el análisis para detectarlo es indirecto, acusando la presencia del virus a través de la detección de los anticuerpos que generamos contra él. En infecciones recientes (0 á 3 meses), el organismo no ha tenido suficiente tiempo para generar esos anticuerpos, pero el virus será transmitido de igual manera.»[8]
Autor:
Christian Sanz (11-9-2000), Ciencia al día
Fuente:
http://www.sectas.org.ar/noticias2.htm
[0] http://www.latinsalud.com
[1] http://www.misangretusangre.com
[2] Ibid
[3] Ibid
[4] Luis Agote (Wikipedia)
[5] Ibid
[6] Transfusión de sangre
[7] http://www.latinsalud.com
[8] http://www.latinsalud.com
Etiquetas: Testigos de Jehová, transfusiones de sangre
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