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Bacterias cada vez más resistentes

20 jun

En 2006, unas 1.650 personas murieron en Reino Unido por infección de estafilococo dorado resistente a la meticilina.

A principios de 2005, un médico sudafricano que trabajaba en el hospital de un pueblo aislado en la provincia de KwaZulu-Natal descubrió que 53 pacientes estaban infectados con una cepa de tuberculosis inmune a los tratamientos habituales. Sólo un enfermo sobrevivió: los demás murieron en el transcurso de los 16 días posteriores al diagnóstico.

Desde 2003, cientos de soldados estadounidenses en Irak y Afganistán se han infectado con una bacteria llamada Acinetobacter baumannii, la cual entra por las heridas y, sin el tratamiento adecuado, invade todo el cuerpo. Es tan resistente a los antibióticos, que los médicos han tenido que recurrir al colistín, fármaco cuyo uso es muy restringido porque causa daño renal.

Sharon Johnson, una estudiante de posgrado de 27 años, canadiense, padeció una diarrea muy violenta en marzo de 2006. En el transcurso de tres meses perdió cerca de 11 kilos de peso y sufrió un dolor terrible casi todo el tiempo. Tras hacerle análisis exhaustivos, los médicos le diagnosticaron una enfermedad intestinal resistente a los fármacos ocasionada por la bacteria Clostridium difficile. Para combatirla, durante un año la sometieron a una serie de terapias osteopáticas y medicamentosas.

Hoy día, Sharon ya ha vuelto a su trabajo y a su vida normal, pero como la C. difficile causa un desequilibrio entre las bacterias benéficas y las nocivas en los intestinos, la enfermedad podría reaparecer si Sharon tomara un antibiótico para una infección común, el cual destruiría las bacterias buenas y permitiría que la C. difficile se multiplicara de nuevo. En 2003, un brote de esta bacteria mató a unas 2.000 personas en Quebec, también en Canadá.

En todo el mundo hay millones de personas atrapadas en la guerra a muerte de la humanidad contra las bacterias patógenas. Muchas enfermedades causadas por ellas se han vuelto resistentes a los antibióticos, los fármacos que normalmente se utilizan para combatirlas. Peor aún, en los últimos 20 años han surgido “superbacterias” muy resistentes y virulentas, muchas de las cuales proliferan en los hospitales.

Según un cálculo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en todo momento 1,4 millones de personas luchan contra infecciones contraídas en clínicas y centros de salud. De ellas, “un 20 por ciento o más son causadas por bacterias resistentes”, dice el doctor Richard Wenzel, presidente de la Sociedad Internacional contra las Enfermedades Infecciosas (ISID, sus siglas en inglés). Cada año 300.000 personas contraen una infección hospitalaria en España, de las que 6.000 fallecen, lo que supone un coste de 500 a 700 millones de euros año.

En términos ideales, los adelantos terapéuticos deberían producirse a un ritmo que permitiera contrarrestar la adaptabilidad de las bacterias patógenas, pero la realidad es que el desarrollo de antibióticos se ha vuelto cada vez más lento.

A mediados del siglo XX, durante los años de gloria de la investigación sobre antibióticos, las empresas farmacéuticas desarrollaron compuestos de origen natural con propiedades antibióticas, como las penicilinas. “Es probable que hayamos agotado ya esas fuentes naturales”, dice Alan Goldhammer, vicepresidente adjunto de asuntos regulatorios de Investigación y Fabricantes Farmacéuticos de Estados Unidos (PhRMA). “En la actualidad creamos medicamentos nuevos en laboratorios, lo que aumenta considerablemente los costes”.

Según PhRMA, se requieren entre 10 y 15 años y cerca de 630 millones de euros para introducir un nuevo fármaco en el mercado. Sólo cinco de cada 5.000 medicamentos evaluados en el laboratorio llegarán a la etapa de pruebas clínicas con humanos, y sólo uno de esos cinco será aprobado por las autoridades sanitarias.

Por este motivo, entre 1985 y 1995, casi la mitad de las grandes empresas farmacéuticas redujo la producción de antibióticos o la eliminó por completo, dice el doctor Wenzel.

En los siguientes años, otras seis compañías abandonaron parcial o totalmente este negocio. “Eso ha cambiado enormemente la capacidad de descubrir nuevos antibióticos”, apunta.

En la próxima década, según prevé el doctor Cars, ni en el mejor de los casos contaremos con los nuevos antibióticos que necesitamos, sobre todo para combatir ciertas enfermedades. Los médicos están observando un aumento de la resistencia a los fármacos de las bacterias que causan la tuberculosis y la gonorrea.

La situación es todavía más alarmante en la lucha contra las llamadas bacterias gramnegativas, como la Acinetobacter, que azota a los soldados estadounidenses en Irak y Afganistán. Hay pocos antibióticos en etapas avanzadas de desarrollo para combatir dichas bacterias.

Los médicos requieren con urgencia nuevas opciones de tratamiento. Una “clase” de antibióticos es un grupo de fármacos capaces de utilizar un método de ataque especializado. Por ejemplo, una clase puede romper las paredes celulares de las bacterias, y otra, anular su capacidad reproductiva. Sin embargo, según la Sociedad Estadounidense contra las Enfermedades Infecciosas, en los últimos 30 años se han desarrollado únicamente dos nuevas clases de antibióticos, y las bacterias se han vuelto resistentes a una de ellas incluso antes de que saliera al mercado.

El desarrollo de resistencia es un efecto secundario inevitable del uso de antibióticos. Cuando exponemos a las bacterias a un fármaco, “seleccionamos” las que pueden sobrevivir en presencia del medicamento. Y la manera en que usamos los antibióticos agrava el problema.

Pero la sobreexposición a los antibióticos no sólo es un asunto de abuso por parte del médico o el paciente. En los criaderos de animales de todo el mundo, el alimento de cerdos, pollos y vacas incluye antibióticos para prevenir enfermedades y acelerar el crecimiento. Esta práctica sigue siendo legal incluso en países desarrollados como Estados Unidos y Canadá.

Al parecer, algunas bacterias están desarrollando resistencia a un ritmo cada vez mayor. Por ejemplo, el estafilococo dorado resistente a la meticilina (EDRM), que puede infectar la piel, los pulmones o la sangre, y que hoy día es un problema grave en los hospitales de Europa y Norteamérica. Los médicos antes podían recurrir a un antibiótico de “segunda línea” llamado vancomicina cuando su primera opción, la meticilina, no destruía las bacterias. El EDRM tardó 40 años en producir cepas resistentes a la vancomicina. En los últimos ocho años han entrado en el mercado nuevos antibióticos contra el EDRM, como la daptomicina y el linezolid, y algunas variedades raras de la enfermedad ya muestran resistencia a ellos.

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visto en

http://www.pulsodigital.net/2010/06/bacterias-cada-vez-mas-resistentes.html

Descubren cómo las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos

16 dic

Descubren cómo las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos 

Diciembre 16, 2008

Posted by Manuel 

villa
Alejandro Vila (izq.) y Pablo Tomatis, autores del trabajo que se publica hoy en PNAS

Foto: Mario García

Nora Bär- LA NACIÓN- Edición Digital

Por su efectividad para curar enfermedades que en otras épocas eran mortales, hasta no hace mucho los antibióticos tenían aura de medicamentos mágicos. Las bacterias, sin embargo, se encargaron de demostrar lo contrario. Datos internacionales indican que hasta un 70% de los patógenos causantes de infecciones pulmonares son resistentes a uno de los antibióticos de primera línea y hasta el 60% de las infecciones hospitalarias se deben a microbios resistentes.

Actualmente, la resistencia bacteriana es un verdadero dolor de cabeza para los sanitaristas. Pero al menos por ahora investigadores argentinos ganaron unround en el combate contra los microorganismos patógenos: un trabajo que hoy se publica en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences logra desentrañar una de las claves de la resistencia bacteriana a los antibióticos: mostraron a través de estudios estructurales, bioquímicos y microbiológicos dónde se registran los cambios moleculares que les permiten a los microorganismos desactivar estos fármacos.

“Desde que, hace un siglo y medio, Darwin publicó El origen de las especies , la palabra “evolución” designa el proceso de cambios genéticos que llevan a la aparición de nuevas especies o su adaptación a distintos ambientes -cuentan Alejandro Vila, del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, del Conicet y la Universidad Nacional de esa ciudad, y Pablo Tomatis, autores del trabajo-. Algo menos conocido, sin embargo, es que no sólo evolucionan los organismos completos, sino también las moléculas. El concepto de evolución también se aplica a las proteínas y es crucial para la aptitud o supervivencia de los organismos, ya que permite que éstos se adapten a nuevas condiciones de su entorno. Sin embargo, el curso de la evolución de las proteínas no se entiende en su totalidad porque depende de una compleja interacción entre su secuencia, su estructura, su función y su estabilidad.”

En su intento de entender los mecanismos de resistencia de las bacterias patógenas a los antibióticos, Vila y Tomatis trabajan en unas enzimas (proteínas que catalizan reacciones químicas) llamadas metalobetalactamasas que les confieren esa capacidad. Es decir, la bacteria se defiende haciendo que evolucione esta proteína; lo que significa que todo un organismo depende de una proteína, una molécula.

Los científicos reprodujeron ese proceso in vitro, agregando mayores cantidades de antibióticos e induciendo mutaciones en la proteína. “Emulamos en el laboratorio el proceso natural de evolución de esta proteína -explica Vila-. Ya habíamos visto que podíamos tener una bacteria más resistente a los antibióticos haciendo evolucionar las betalactamasas. En este trabajo, logramos hacer evolucionar una de estas enzimas en el laboratorio y obtuvimos una más eficiente.”

El resultado los sorprendió: “Uno esperaría mutaciones en los sitios de contacto con el antibiótico. Lo raro es que los cambios que hacen que la enzima desactive más rápidamente los antibióticos ocurren lejos del sitio donde se une a éstos, algo que hubiera sido imposible de predecir racionalmente basándose en los enfoques convencionales. Es una idea que contradice la intuición”. Aislando un grupo de proteínas mutantes, los investigadores trazaron su estructura metalográfica y pudieron visualizar cada uno de los sitios en que la proteína va evolucionando, qué hacen y cómo se conectan entre sí. “Vemos que hay interacciones muy débiles que van de un punto a otro de la proteína y le dan mucha flexibilidad, de modo que se puede abrir y cerrar mucho más rápido en la cavidad donde se une con el antibiótico -dice Vila-. Lo que nos sorprende es que lo hace a distancia.”

El de las betalactamasas es un sistema modelo para estudiar la evolución en general de las proteínas y arroja también otras conclusiones. “Mostramos que estas proteínas que se hace mutar en el laboratorio permiten predecir futuros escenarios de resistencia y abren la puerta al diseño de nuevos antibióticos -afirma Vila-. Nuestra idea es adelantarnos a la evolución. Podemos anticipar en qué dirección va a ir la resistencia de las bacterias, con lo que este conocimiento tendría un carácter predictivo.”

Bacterias en la gasolinera

7 dic

07/12/2008  

EMPRENDEDORES // PATXI GONZÁLEZ, FUNDADOR DEL GRUPO 14000DSO

Bacterias en la gasolinera

  1. • Forjado en soluciones de ingeniería para estaciones de servicio, vende microorganismos que eliminan los residuos de carburantes sin necesidad de ir a una planta de tratamiento
GUILLERMO MOLINER
Patxi González, empresario de origen vasco afincado en Terrassa. Foto: GUILLERMO MOLINER
MANEL TORREJÓN
BARCELONA

Patxi González (57 años), un vasco de Rentería adoptado por la ciudad de Terrassa, se ha forjado como empresario en el mundo de las estaciones de servicio. Lleva casi tres décadas diseñando soluciones de ingeniería para este sector, siempre con base en la capital vallesana. Pero no fue hasta el 2004 que lanzó una línea de productos, que bautizó como BioDhy, que le ha permitido crecer fuera de Catalunya –una de las sedes está en San Sebastián, en su País Vasco natal– y formar un equipo de 27 personas.
Los productos BioDhy son compuestos a base de bacterias que, servidos en sacos, se encargan de degradar los residuos de carburante. Las ventajas: se reducen los gastos en los camiones cisterna que llevan estos residuos a plantas de tratamiento –los microorganismos hacen que los residuos de hidrocarburos se acumulen a un menor ritmo en los depósitos que los albergan–. Y el agua que se separa del residuo de carburante es suficientemente limpia, según la ley, como para echarla al alcantarillado y, además, se puede reutilizar, si se desea, para los trenes de lavado (ningún coche quedaría limpio si el agua estuviese manchada con aceites o carburantes).
Su grupo, 14000dso, sirve a las dos grandes enseñas, Repsol y Cepsa, y a muchas otras. “Pero también atendemos a otros negocios en los que se contamina con aceites e hidrocarburos, como talleres e industrias metalúrgicas”.
Llegado con veintipocos años a Terrassa procedente de Rentería, se curtió en empresas de ingeniería y de instrumentación para la industria química. Antes de cumplir los 30 puso en marcha su propia empresa: apostó por la instrumentación para el sector petrolero, con equipos que permitían al gerente de una gasolinera saber cuánto carburante le quedaba en los tanques para así mejorar su aprovisionamiento. Y más tarde se especializó en equipos que determinaban qué porcentaje de hidrocarburos había aún en el agua que se separa del residuo de gasolina. Una lectura que permitía averiguar si se cumplía la normativa medioambiental. Pero González quiso ir a la raíz del problema. Y se propuso eliminar esa contaminación, no facilitar que fuese leída.
.“Nuestra solución reduce los costes de gestión del residuo de carburante en un 70% . Y recorta un 50% los costes de tratamiento de los residuos del tren de lavado. Es el sistema más seguro y ecológico: se transportan menores cantidades de un residuo que es peligroso”. El mercado es grande, aunque vender un producto con microorganismos no es fácil. En España hay 8.000 estaciones de servicio.

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