Literatura hebrea

30 jul

Literatura hebrea

Publicado por Pablo el 4 de Diciembre de 2009

El hebreo es la lengua hablada por el pueblo judío a lo largo de la historia. Actualmente es la lengua oficial del Estado de Israel, y desde hace milos de años ha ido alimentando una notable literatura que trataremos de abarcar, aunque sea de forma resumida, en este artículo en La Guía de Lengua.

La literatura hebrea nace en la Antigüedad, y durante sus orígenes es testigo de la aparición de sus mayores ejemplos literarios. Esa literatura hebrea antigua la forma principalmente principalmente el Antiguo Testamento, en cuya lenta y laboriosa elaboración estuvieron inmersos los autores hebreos durante cientos de años.

En un primer periodo de esa producción, que puede extenderse desde los primeros años hasta el siglo X a.C, aproximadamente., se desarrolló la mayor parte poética del Antiguo Testamento. Posteriormente ya entre los siglos X y VI a.C., vieron su nacimiento el conjunto de libros que conforman el llamado Pentateuco (o la Torá), que quedaron de esta forma fijados a la tradición y así se conservaron para la posteridad. Sin embargo, como ocurre muy a menudo con estos textos más antiguos, los manuscritos más viejos que se conservan provienen de épocas bastante posteriores.

A este mismo período pertenecen a su vez la mayor parte de las narraciones históricas que hacen relación a los reinos de Israel y Judá (un testimonio de grandísimo valor para los historiadores de la Antigüedad), así como muchos de los Salmos y los escritos de varios profetas.

Entre los siglos VI a II a.C. el Antiguo Testamento se continuó desarrollando. En esta etapa fueron escritos los libros conocidos como el Eclesiastés, los Proverbios, la mayor parte de los Salmos y el libro de Job. En la lengua hebrea se conocen conjuntamente como ketubim, es decir, hagiógrafos. Durante esta etapa se escribieron además muchos de los escritos apócrifos del judaísmo, y en Egipto todo este acervo literario hebreo fue por primera vez traducido a la lengua griega.

Del siglo II a.C. al siglo I d.C. el Antiguo Testamento siguió recibiendo aportaciones. La mayor parte de la producción literaria de esta etapa se conoce como el Halajá y el Hagadá, que trataron temas relacionados con la teología y con la ética, y que se valieron de historias y anécdotas para ello. Los escritos apocalípticos del Antiguo Testamento también provienen de esta etapa, y los libros de Moisés, Daniel, Enoch y Esdras, así como los llamados Manuscritos del Mar Muerto.

La literatura hebrea: el Antiguo Testamento

Los primeros testimonios de la literatura hebrea son de sobra conocidos por todos. Se trata, cómo no, del Antiguo Testamento, la primera parte de la compilación de textos que conforman la Biblia. Estos textos, además de su innegable valor literario, tienen un valor religioso fundamental tanto para judíos como para cristianos.

El Antiguo Testamento se divide en tres grupos de libros, y su origen es anterior al nacimiento de Cristo. Los grupos son: la Torá; los profetas, y los escritos. La Torá, también llamada ley, abarca los primeros cinco libros o Pentateuco. El primero de ellos es el conocido Génesis (“en un principio Dios creó el cielo y la tierra…”), que narra la manera en que Dios creó el mundo. Le siguen una serie de libros que narran los orígenes del pueblo hebreo.

Los libros de los profetas empiezan con el libro de Josué, en el que se narra la historia de la conquista de Palestina por parte del pueblo de Israel, liderado por Josué. Le sigue el libro de los Jueces, que narra los acontecimientos siguientes a la muerte de Josué, tiempos difíciles en los que aparece Sansón. Luego vienen los libros de Samuel, en los cuales vemos aparecer la figura de David. Y así continúa con la historia de todos los profetas, enviados de Dios a través de los cuales la divinidad se comunicaba con su pueblo.

El último grupo de libros es el de los escritos, que destacan por su valor poético y literario. En estos textos se celebra la existencia de Dios y la fe que en él pone el pueblo de Israel. Los más importantes son los Salmos, así como el Cantar de los Cantares y el Libro de Job. Muchos de estos libros tuvieron una influencia colosal en el mundo posterior, influyendo la obra de numerosos artistas, escritores y poetas.

Finalmente, hay que destacar los libros sapienciales, un intento de enseñar la religión y su influencia de una manera paralela a la que emplean sacerdotes y profetas. Aquí se encuentran los proverbios, los cuales, a través de imágenes y adivinanzas, fomentan un aprendizaje más destinado a las cuestiones prácticas de la vida, que al mundo espiritual. Sus máximos exponentes son el Eclesiastés y el Libro de la Sabiduría.

http://lengua.laguia2000.com/literatura/la-literatura-hebrea-el-antiguo-testamento

La literatura hebrea después del Antiguo Testamento

Con posterioridad al Antiguo Testamento, la literatura hebrea se enfocó hacia el estudio y la reflexión, aunque tanto el estudio como la reflexión siguieron girando en torno al libro sagrado de los judíos. Ese continuo estudio dio origen al Talmud (que significa, precisamente, estudio), que se considera el libro más importante del pensamiento hebreo, a excepción del Antiguo Testamento. En esta obra encontramos los temas más diversos: leyes civiles, penales, medicina, matemáticas, historia y religión son sólo algunos de ellos.

Para seguir la evolución de la literatura hebrea hay que ajustarse mucho a la historia del pueblo judío. Cuando Jerusalén cayó en manos de Roma, la comunidad judía empezó su dispersión, entablando nuevas comunidades por todo el Mediterráneo. Así, entre el siglo VII y el IX aparecieron las primeras escuelas y los primeros escritores hebreos en diversos lugares de Europa y en las tierras del Islam. Los judíos encontraron grandes facilidades por parte de las autoridades árabes (más, generalmente, que las que encontraban por parte de las autoridades cristianas) para poder desarrollar su cultura y su arte, lo que permitió a estas comunidades enriquecerse en literatura, en filosofía y en ciencia.

La comunidad que alcanzó mayores cotas estuvo en Al-Andalus. El paso decisivo para el desarrollo de la cultura judía en la Península lo dio Hasday ibn Saprut, médico y diplomático del califa Abderramán III. Este sabio judío creó en Córdoba un centro de estudios talmúdicos que atrajo a muchos estudiosos e intelectuales a esta ciudad, haciendo evolucionar tanto la literatura como el pensamiento hebreo. Aquí nació, por ejemplo, el gran poeta Dunasch ibn Labrat, que cambió la métrica de origen bíblico utilizada hasta entonces por una métrica árabe. Destacó también, en esta época, el malagueño Selomó ibn Gabirol, que escribió tanto poesías sacras como profanas.

Entre la mitad del siglo XI y la primera mitad del XII siguieron surgiendo grandes poetas, y ahora destacan Yehudá ha-Leví y Mosé ibn Ezra, en cuyas poesías aparecen ya temas como los placeres del amor, el vino y la belleza, los jardines, etcétera. En lo referido a la prosa, es destacable la labor de Ha-Leví y su obra El Kuzarí, donde muestra la dialéctica entre un sabio judío, un musulmán y un cristiano.

Esta etapa de esplendor de la cultura hebrea llegó a su fin de forma abrupta, con la entrada de los almohades y los almorávides con su fanatismo religioso. Los judíos se vieron obligados a emigrar a los reinos cristianos, donde hicieron de Toledo su nuevo centro cultural, hasta que fueron expulsados, en 1492, por los Reyes Católicos.

Evidentemente, también florecieron otros centros de cultura hebrea en las demás tierras europeas, pero ninguno fue tan productivo como los de Córdoba y Toledo. A partir del siglo XV, esta preponderancia de los judíos peninsulares pasó a otro lugar. A Italia, concretamente, donde los nuevos y pujantes reinos empezaron a acoger a los mejores representantes de la cultura hebrea. Allí, poetas y escritores le dieron un nuevo impulso a su literatura, con la notable influencia del fenomenal Renacimiento italiano. A partir del siglo XVI floreció un nuevo género que casi no había sido cultivado por los judíos, el teatro, que se ocupó fundamentalmente de la representación de dramas bíblicos y alegóricos.

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