Unidad en el cuerpo de Cristo

23 jun

Unidad en el cuerpo de Cristo

Introducción

Para poder mantener la unidad del Cuerpo de Cristo, tenes que saber hasta donde aceptas que alguien es cristiano,hasta donde podes aceptar el cristianismo de alguien, hasta donde procurar tener paz con un cristiano y hasta donde procurar mantener la unidad del Cuerpo de Cristo, en el vinculo de la paz del Señor. Única forma posible de mantener la unidad ordenada por El Señor.
Somos cristianos, tenemos santidad,y debemos guardar la santidad que Dios nos ha dado,procurar crecer todo lo posible en esta santidad,guárdandonos del pecado todo lo que podamos,haciendo todo el esfuerzo posible por limpiarnos de nuestras propias concupicencias.
Ademas, somos evangélicos dentro de los cristianos,tenemos una antigua tradicion biblica, nuestras doctrinas procuran acercarse lo mas posible al ideal apostólico, pero recuerda siempre que no estamos en la época de las tierras biblicas, por lo tanto, es posible que algun aspecto no importante de la fe sea distinto en algun cristiano o en alguna comunidad de fe (eclesia)
Recuerda que las “eclesias” tienen un tiempo de madurez, y mientras algunas “eclesias” (comunidades de fe o concilios) van madurando,otras van apostatando y otras van naciendo tambien.
Recuerda cuando Jesus antes de Partir hablo de Juan que iba a permanecer y Pedro seria crucificado y Pedro protesto, y Jesus le dijo que Juan era problema del Señor Jesus, que Pedro deberia seguirlo y dejar esos temas al Señor.
Si alguien va a la cruz es porque asi lo decidio el Señor, nadie debe despreciar al que no es llamado a ser martir. No todos tienen el mismo llamado.
Tampoco todas las culturas ven la mision del mismo modo.Nosotros debemos respetar al que entiende la mision de la Iglesia de algun otro modo,porque hay cosas que no son motivos de division. Lo que si divide es la moral,las doctrinas acerca de la deidad  (adoramos a la Santísima Trinidad),la salvación por Gracia y no por obras, tenemos fuertes  expectativas escatológicas (Jesús vuelve por segunda vez, cielo,infierno,vida eterna), en fin,las doctrinas que hacen a la esencia de Dios, del cristiano y de la Iglesia como cuerpo de Cristo, una santa Iglesia que es universal (católica), apostólica, y evangélica,no debe estar amarrada si o si a la cultura de algún país como lo esta el Catolicismo Romano a la cultura de la Roma medieval. Hay una Iglesia,muchas eclesias,tantas como el Señor disponga para el cumplimiento de sus planes.
Jesucristo es el Señor de la Iglesia y de la Historia. Recuerda que debemos exhortarnos pero en amor,para no caer en la misma tentacion,ya que somos todos seres humanos y estamos firmes porque Jesucristo lo ha determinado.El dia que El nos suelta, nos caemos y nos llevamos todo por delante.Solo El nos sostiene.

Un interesante artículo reflexionado por Carlos Simpson, explica la unidad de esta manera
Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo.

Durante muchos años creí que la unidad de la iglesia debía ser supuesta en términos primordialmente místicos. Pensaba que la Iglesia estaría unida sólo en el cielo; pero he llegado a comprender que el Señor quiere que la unidad sea visible, que esté unida así en la tierra como en el cielo. Jesús dijo que oráramos de esta manera: “Hágase tu voluntad en la tierra…”. Dijo a sus discípulos: “Todo lo que atéis y desatéis en la tierra será atado y desatado en el cielo”. El Señor quiere que la iglesia esté unida en la tierra para que pueda llevar adelante su ministerio en la tierra.

La clase de unidad que debe tener la iglesia para poder cumplir su misión es la de un cuerpo. La meta de la iglesia no es meramente llevar los cristianos al cielo, sino ser la luz del mundo. La responsabilidad de la iglesia no es salir del mundo, sino discipular a las naciones. Las relaciones que deben existir en la iglesia no son de una mera unidad mística sino de una armonía visible. Solamente cuando la iglesia funcione como un cuerpo podrá lograr su meta, cumplir con su responsabilidad y demostrar esas relaciones.

Cuando los cristianos hablan de la unidad de la iglesia a menudo pensamos en la unidad de todos los cristianos. Damos por sentado que ya hemos logrado la unidad en la iglesia local; pero ¿qué clase de unidad tenemos en la iglesia local y en el grupo cristiano que estamos liderando? Si no se trata de la unidad de un cuerpo entonces no podremos ser en la tierra lo que el Señor quiere que seamos.

ACTIVIDADES O RELACIONES

La Biblia nos dice que Cristo es la cabeza de su cuerpo, la iglesia, y que nosotros somos sus miembros. Sin embargo, leer algo en la Biblia no significa “poseerlo”. Las iglesias de hoy, en su gran mayoría, no funcionan como cuerpos en los que todos sus miembros están unidos a la cabeza y entre sí. Me alegro de que mi propio cuerpo no se encuentre en el mismo estado de muchas iglesias; la boca podría empezar a hablar en contra de los oídos y los pies podrían dejar de escuchar a la cabeza.

En resumidas cuentas, lo que tenemos en la iglesia son reuniones y actividades; pero una reunión no es un cuerpo. Mi cuerpo no se reúne una vez por semana; las partes de mi cuerpo están en relación continua. En el caso de la iglesia, ser un cuerpo no significa estar unido todo el tiempo, sino estar relacionado de la manera adecuada.

Si los miembros de la iglesia no se encuentran relacionados unos a otros, las reuniones y actividades no los convertirán en cuerpo, incluyendo las actividades de adorar a Dios y predicar el Evangelio. Hay una diferencia entre un montón de piedras y un edificio; sin una adecuada relación, la iglesia no es más que un conjunto de brazos y piernas. Es la conexión con la cabeza y los demás miembros lo que hace que las partes constituyan un cuerpo.

FUNDAMENTOS DE LA UNIDAD

Para funcionar como un cuerpo, la iglesia debe estar unida por relaciones; sin embargo muchas iglesias de hoy están unidas por cualquier cosa menos relaciones. Algunas están unidas por edificios. Si bien es bueno tener un lindo lugar donde reunirse, el edificio no es la iglesia, el pueblo de Dios lo es.

Algunos cristianos creen que tienen unidad porque comparten las mismas ideas sobre la organización de la iglesia o la liturgia o porque están de acuerdo en ciertos detalles de doctrina, tales como la forma específica de bautismo. Pero si todo lo que nos une son puntos de doctrina no podremos estar unidos a cristianos que piensen de manera diferente de la nuestra; y se destruye nuestra unidad si alguno cambia de idea en algún punto. El único fundamento de unidad verdadero y permanente es reconocer la voluntad de la cabeza de que estemos unidos.

Cuando comenzamos a relacionarnos como miembros de un cuerpo, hay ciertos principios que entran en juego. Quiero presentar siete de ellos, los cuales funcionan como leyes; no como el tipo de ley que debe ser obedecida, sino como la ley de la gravedad, que funciona independientemente a que uno la entienda o no. (¡Aunque entenderla puede resultar de gran utilidad!).

GOBIERNO

La primera de ellas es la ley de gobierno. Podría ser enunciada de esta manera: Entrar en una relación de cuerpo requiere la existencia de una cabeza. Una persona no puede ser miembro de la iglesia mientras no confiese que Jesucristo es Señor. Esto es lo que llamo “el principio de la puerta”; Jesús dijo: “Yo soy la puerta”. La suya es la puerta a la iglesia. Si uno va a incursionar en alguna área, se dirige al principal responsable. Esto es cierto en la familia: si voy a desarrollar una amistad con una familia necesito reconocer al esposo y padre de la misma; si tengo amistad con la esposa de un hombre y no reconozco su autoridad, mi amistad va a ocasionar problemas; si tengo amistad con los hijos, pero no reconozco que sus padres son responsables por ellos, mi amistad los hará peores hijos porque no estará de acuerdo con la educación que le dan sus padres.

No sólo es importante que todos estén relacionados adecuadamente a la cabeza, Cristo, sino que resulta esencial que los miembros del cuerpo se relacionen adecuadamente a las autoridades humanas. Pablo escribe:

  • “Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos lo que ayudan y trabajan. Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia. Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas”. (1 Co. 16.15-18).

Si yo hubiera ido a la iglesia de Corinto y me hubiera negado a reconocer a Estéfanas diciendo: “Yo reconozco a Dios y no a los hombres”, hubiera estado mal. Pablo dice: “Sométanse a personas como ellos y reconózcanlos”.

HONESTIDAD Y RECONCILIACIÓN

El segundo principio es el siguiente: Para permanecer en unidad hay que caminar en la luz. Caminar en la luz significa decir la verdad el uno al otro, vivir honestamente.

Juan dice:

  • “Si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1.7).

Eso significa que si andamos en la verdad y en franqueza mutua somos limpiados. Si entiendo este pasaje correctamente, hasta dice que la sangre fluye cuando hay compañerismo. Si aislo un miembro de mi cuerpo o pongo un torniquete en mi brazo, me muero. ¿Por qué? Porque la sangre ha dejado de circular, las impurezas obstruyen el paso, no puede fluir nueva vida.

Lo mismo sucede en el cuerpo de Cristo. Si uno observa un cristiano que está dejando de obrar correctamente, algo que hará es comenzar a separarse del cuerpo: no asistirá a las reuniones, y si uno habla con él no habrá verdadera comunicación.

Para permanecer en comunión uno con otro es necesario andar abierta y honestamente; es por esta razón que la Biblia habla tanto de confesar nuestras ofensas uno a otros. Santiago 5 habla de la sanidad:

  • “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros”.

No podemos saber cómo orar unos por otros si no confesamos nuestras faltas unos a otros; y esto debe ser hecho en la iglesia. Francamente, a muchos nos haría bien confesar nuestros pecados a alguien; si los sacamos a la luz, entonces Dios puede obrar.

Yo he sido educado como bautista, y la mayoría de bautistas y otros protestantes que conozco se han rebelado de tal manera ante la confesión a sacerdotes que practican los católicos, que no se confiesan a nadie, y muchas veces ni siquiera a Dios. Decimos: “Perdónanos nuestras deudas”, pero eso no es una confesión, es un generalización. “Perdóname por esa mentira que dije de Fulano…”, eso es una confesión; si luego vamos y lo confesamos a Fulano, Dios sabe que somos sinceros. Mateo 18 es muy explícito:

  • “Si tu hermano peca, ve a él en privado primero; si no te oyere, toma contigo a otra persona; si no los oyere, dilo a la iglesia”.

Cuántos problemas nos ahorraríamos si los cristianos pusiéramos en práctica Mateo 18. Me atrevo a decir que la mayoría de las divisiones dentro del cristianismo han ocurrido porque no se aplicó Mateo 18.

Mientras estemos divididos no veremos la gracia de Dios obrar perfectamente entre nosotros. Si creemos lo que Dios dice, deberíamos practicar aquello de que:

  • “Si traes tu ofrenda ante el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano…” (Mt. 5.23).

He tratado de convertir en un hábito aclarar directamente con la persona afectada, cuando escucho que ha dicho algo en mi contra, esto me ha tenido bastante ocupado y no siempre funcionó; pero no estoy libre delante de Dios hasta que no lo intenté.

La Biblia dice: “Si no perdonáis, no seréis perdonados”. Necesitamos tomarlo seriamente, si no nos estamos engañando a nosotros mismos. Especialmente como líderes, debemos practicar la reconciliación lo mejor que podemos.

HUMILDAD

La tercera ley es la de humildad: Se requiere humildad de corazón para la armonía y el éxito. Romanos 12.10 dice: “En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. Este es un versículo difícil de practicar, ¿cuántos de nosotros estamos más contentos cuando un hermano o una hermana es honrado que cuando lo somos nosotros? A menudo pensamos: “Bueno, si lo conocieran como yo lo conozco, no hubieran dicho tal cosa”.

1 Pedro 5.5-6 dice:

  • “Jóvenes, estad sujetos a los ancianos….Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte cuando fuere tiempo”.

Humíllense y El los exaltará. Exáltense y El los humillará.

Las contiendas están directamente relacionadas al orgullo. Un cuerpo que funciona es aquél en que cada miembro sirve al cuerpo y no sólo a sí mismo. Servir a otros miembros es una evidencia directa de humildad.

FIDELIDAD

La cuarta ley es la de la fidelidad: Un incremento en la responsabilidad del cuerpo exige fidelidad a la responsabilidad. Esto significa lo siguiente: En un cuerpo, si una persona va a ser promovida, debe serlo en base a su fidelidad en lo que se le ha pedido que haga. De no ser así, el cuerpo dejará de funcionar.

Lucas 16.10-12 dice:

  • “El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”.

Podemos observar tres partes en esta ley de la fidelidad: fiel en lo muy poco, fiel en las riquezas, fiel en lo ajeno.

Cuando vemos gente que en el cuerpo no se está desempeñando bien, comprobaremos que estas leyes han sido violadas.

La Biblia dice que no se debe tomar a cualquier persona (un novato), no sea que se llene de soberbia y caiga en la trampa del enemigo. Una persona debe comenzar sirviendo, especialmente, en pocas y pequeñas cosas. Por ejemplo, una persona que recién se ha convertido al Señor viene a mí:

–¿Has conocido a Jesús? ¡Eso es maravilloso! ¿Podrías acomodar las sillas para el próximo domingo a la mañana? –le digo.

–¿Sillas? –me contesta–. Siento el llamado de Dios y estoy listo para ser un apóstol.

–¿Podrías acomodar las sillas?

–El mundo está perdido. Quiero ir a alguna parte a predicar. ¡Gloria a Dios!

–Hermano, acomodemos las sillas y los himnarios. –le pido.

–Alabado sea Dios, si tuviéramos fe, no necesitaríamos himnarios. –responde.

Cuando voy a la iglesia el domingo y las sillas no están en orden ni los himnarios tampoco, le digo:

–Hermano, ¿qué pasó con las sillas?

–Bueno, no me sentí guiado a hacerlo. Estuve orando y buscando a Dios.

Ahora, qué pasa si más tarde tengo una reunión con los ancianos y alguien dice:

–Necesitamos a alguien que haga este trabajo más grande, ¿qué tal Fulano?

–Bien, no acomodó las sillas –respondo.

–Puede que no se haya visto motivado por eso. Démosle una tarea más importante, tal vez la haga.

¿La hará? No. Fiel en lo poco, fiel en lo mucho. Infiel en lo poco, infiel en lo mucho. ¿Quién dijo esto? Jesús mismo.

Cuando Jesús escogió a sus discípulos, los inició desde abajo, no desde arriba. Envió a Pedro a recoger el dinero por los peces; encargó a sus discípulos que buscaran un asno y alistaran la habitación para la cena. Ellos sirvieron. Fueron fieles.

GRACIA

La quinta ley es la de la liberalidad: Para aumentar la gracia de Dios se requiere gracia. Si yo deseo mayor gracia, debo tenerla yo también.

Cuando María derramó su perfume a los pies de Jesús, éste reprendió a los que la criticaban; a sus ojos, el amor que ella había mostrado merecía ser recordado dondequiera que se predicara el evangelio (Mt. 14.9).

Proverbios 11.25 dice: “El hombre generoso será prosperado”. La generosidad es parte del modo de vida cristiano. Pablo envió a Tito a los corintios para que “acabe esta obra de gracia” entre ellos, para producir gracia en ellos (2 Co. 8.6).

Cuando hay mezquindad y tacañería en la iglesia, la rueda puede girar, pero hay fricción. La gracia es el aceite que suaviza todo.

Me relaciono con todo tipo de grupos cristianos y encuentro que los más generosos son aquéllos que poseen una mayor revelación de Jesucristo; y no siempre los más “religiosos”. Como pastor, lo que quiero ver en un grupo de personas es que haya una actitud de gracia en todas las relaciones.

FRUTO

La sexta ley es la de fruto: Lo que alguien recibe lo debe transmitir. “A quien mucho le es dado, mucho se le requerirá”. En Juan 15, Jesús dice: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”. Fruto es reproducción.

“Toda rama debe llevar fruto o será cortada”, dice Jesús. Una persona podrá no llevar fruto el primer o segundo o tercer año, pero tarde o temprano tendrá que producir; tiene que llegar a decir: “Señor, aquí esta lo que me diste, y aquí lo que hice con ello”.

Los pastores deben esperar que la gente lleve fruto. Llevar fruto no es una posición en la iglesia sino llevar gente al Reino de Dios.

RESPONSABILIDAD

El séptimo principio es la ley de administración: Uno debe aceptar responsabilidad y control sobre lo que produce.

Hace varios años nuestra iglesia comenzó a crecer. La mentalidad de la vieja iglesia era que al pastor le sucedía como a “aquella madre que tenía tantos hijos que no sabía qué hacer”. Yo predicaba y cada domingo había personas que nacían de nuevo y eran llenadas del Espíritu; pero allí quedaban, como niños abandonados a la puerta del orfanato. Con otras tres o cuatro personas estábamos a cargo del seguimiento. Mi oración era: “Señor, envía un avivamiento; pero si lo haces, moriré”.

El Señor me mostró que yo no tenía que hacerme cargo de una generación tras otra de hijos espirituales, sino que todos en la iglesia debían aprender al menos un cierto grado de responsabilidad espiritual por los nuevos miembros, especialmente los que ellos mismos traían.

¿Qué sucedería con los matrimonios jóvenes si los abuelos criaran a sus hijos en su lugar? La idea es que los padres eduquen a sus hijos para que ellos a su vez maduren y puedan educar a los suyos a su debido tiempo.

Creo que la iglesia ha criado a muchos “dependientes”. Algunos cristianos han llegado a los 40 años de edad y nunca han sido capaces de asumir alguna responsabilidad de ayudar a otros cristianos a crecer y madurar. Una de las prioridades que debe tener un pastor al edificar al cuerpo de Cristo es preparar a sus miembros para esta responsabilidad.

Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo. Un cuerpo en funcionamiento podrá después dedicarse a hacer Su Voluntad en la tierra así como en el cielo.

© Pastoral Renewal. Usado con permiso. Apuntes Pastorales, Vol. III, número 4.

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