La iglesia, columna y baluarte de la verdad.

27 may

La iglesia, columna y baluarte de la verdad.
Por Jorge Himitián
Congreso San Juan 2004 de la Comunidad Cristiana

Quiero que abramos nuestras biblias en 1ª Timoteo cap. 3, y durante el mensaje les voy a rogar que las mantengan abiertas en ese lugar.

Primero quiero que comencemos leyendo los versículos 14 y 15 , donde el apóstol Pablo, escribiendo a su discípulo, a su hijo espiritual Timoteo, le dice estas palabras:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”.

Pablo le había pedido a su discípulo y colaborador en el ministerio Timoteo que se quedara en la ciudad de Efeso. Efeso era la capital de lo que se llamaba Asia; actualmente es la parte oeste de Turquía, y era una ciudad muy importante, un centro de rutas, centro comercial, religioso, una ciudad estratégica y Pablo había estado allí durante 3 años; quizás es la ciudad donde más tiempo estuvo durante su ministerio apostólico.

Y le pidió a Timoteo que se quedara para poder ayudar a la iglesia en esa ciudad. Cuando Pablo se fue de Efeso, esta ciudad había experimentado un gran avivamiento, miles de personas se habían convertido, toda la región había sido evangelizada. Toda la región de Asia, dice Hechos 19, tantos judíos como griegos escucharon la palabra del Señor, fueron evangelizados, y ahora Pablo le dice a Timoteo: “…te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que, si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente”, y llama a la iglesia columna y baluarte de la verdad.

¿Qué es la iglesia? Muchas veces hablamos de forma equivocada. La iglesia no es un edificio material. Muchos dicen “vamos a la iglesia” ¿A qué se refieren? O dicen “estamos edificando la iglesia; bueno, entonces ¿estarán predicando el evangelio, haciendo discípulos? “No, –dicen- compramos 10.000 ladrillos para construir la iglesia”. Esa es una forma equivocada de hablar. La Biblia nunca llama “iglesia” a un edificio material, pero popularmente se le dice “iglesia católica, o evangélica”, etc. Pero la iglesia no está hecha de ladrillos, sino que está hecha de hombres y mujeres lavados por la sangre de Jesucristo.

Nosotros vamos a la iglesia, nosotros somos la iglesia. Nosotros somos la casa de Dios. Dios no habita en edificios hechos por mano de hombres. Nosotros somos el templo del Dios viviente. Así que la iglesia es el pueblo de Dios, la familia de Dios: hombres, mujeres y niños que han entregado sus vidas a Jesucristo, y ahora son discípulos del Señor, son hijos de Dios, son pueblo del Señor.

Así que sería bueno que corrijamos nuestra forma de hablar, ya que nuestra forma de hablar indica nuestra forma de pensar, y nuestra forma de pensar hace a nuestra forma de vivir.

Esto no es un simple cambio de términos, esto tiene una importancia muy grande. Porque si pensamos que somos iglesia solo cuando nos reunimos, el lunes ¿qué somos? Termina la reunión, nos vamos a casa y ¿dónde está la iglesia? Está por las casas. El lunes la iglesia está por la calle, por las fábricas, por los hogares, por las viñas… somos iglesia las 24 horas del día y todos los días de la semana. “Te escribo, Timoteo para que sepas como conducirte en la casa de Dios…”. La casa de Dios es donde Dios vive, donde Dios habita, y Dios habita en nosotros.

Pero mi tema no es este, sino la frase que sigue: la iglesia del Dios viviente, dice Pablo que es columna y baluarte de la verdad. Esta iglesia, en la comprensión del apóstol Pablo, es la columna que sostiene la verdad. ¿En dónde? En el mundo, en la sociedad.

Un edificio necesita columnas. Si no hay columnas el edificio se cae, y esta sociedad es como un gran edificio y necesita columna que la sostenga, y aquí dice que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad.

Vamos al Sal 75:3 “Se arruinaban la tierra y sus moradores; yo sostengo sus columnas”. La sociedad, los países se están arruinando, se están desmoronando. Las buenas costumbres, la ética y moral, todo se está perdiendo. Hay una crisis tan rápida: la tierra y sus moradores se están arruinando, pero Dios dice “yo sostengo sus columnas”.

¿Cuál es la columna? El pueblo de Dios, la iglesia; y volviendo a Timoteo, Pablo dice que la iglesia es la columna y baluarte de la verdad. La humanidad se deteriora: caos, crisis, corrupción, robos, homosexualidad, secuestros, homicidios, hogares disueltos, tantas barbaridades. ¿Dónde hay hombres confiables, que no se corrompen?

La sociedad se deteriora, pero hay una esperanza. Es la iglesia, y Dios dice “yo sostengo sus columnas”. Dios, en su misericordia, visita las naciones, y ha prometido en los postreros días derramar su Espíritu sobre toda carne, por amor de los pueblos; y para hacerlo, Él visita su iglesia, y la levanta, y la renueva, y la restaura, y la edifica, y la llena con su Espíritu, afirma la columna en la sociedad, porque Dios tiene misericordia de las naciones.

Tenemos que asumir nuestra responsabilidad como la columna que sostiene la verdad en la sociedad. Hoy hay mentira por todas partes, los homosexuales tienen copados los medios de comunicación. Pareciera que cualquiera que opina algo diferente ya es un anticuado, uno que los desprecia, parece que los anormales somos nosotros y ellos son los normales. ¿Qué está pasando? Pero tenemos fe y esperanza en cuanto a lo que Dios va a hacer en nuestra nación. Hemos cantado, hemos orado, y hace tiempo que venimos orando: Argentina va a ser llena del conocimiento de la verdad del Señor. Esta nación se va a rendir a los pies de Jesucristo, bendito sea el Señor, y ¿cómo lo hace? A través de la iglesia, a quien levanta, sostiene, que la renueva y fortalece. La iglesia es la columna y baluarte de la verdad en la sociedad.

No te preocupes del avance circunstancial de las tinieblas, porque la luz sobre las tinieblas resplandece. Esta tierra va a ser bendecida por el Señor.

¿De que modo la iglesia cumple su función de columna y baluarte de la verdad en la sociedad? ¿De qué modo cumple este rol de columna? Quiero señalar, en base a lo que leemos en 1ª Timoteo, CUATRO COSAS QUE LA IGLESIA DEBE HACER PARA CUMPLIR CON SU RESPONSABILIDAD DE SER COLUMNA DE LA VERDAD EN MEDIO DE LA SOCIEDAD. Lo estamos haciendo y aún lo haremos más para ser sal y luz de este mundo. No vale maldecir las tienieblas, ¡hay que encender la luz!

Primera responsabilidad: ENSEÑAR A LA NACIÓN LA LEY DE DIOS

1ª Timoteo cap. 1, vs. 3-11:

3Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. 5Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, 6de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, 7queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.

8Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

Pablo le dice: “Para eso te pedí que te quedases en Efeso” ¿De qué manera cumple la iglesia su propósito de ser columna e impedir que la sociedad se desmorone?

“Como te rogué que te quedases en Efeso,… para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina”. ¿Qué es “doctrina”? La palabra en el griego es didaké. La Iglesia tiene que enseñar la didaké a las naciones. ¿Qué es la didaké? Son las enseñanzas, los mandamientos el Señor, que revelan su voluntad: La didaké –traducido acá doctrina- son mandamientos claros. Esos mandamientos muestran a los hombres la voluntad de Dos.

Si queremos ser profetas en medio de las naciones, un profeta es el que habla a los hombres de parte de Dios. La iglesia tiene que enseñar, entonces, la didaké, la doctrina del Señor no solo a la iglesia sino también a la sociedad. Tenemos que enseñar la ley, tenemos que hacer un uso legítimo de la ley. Dice Pablo: “algunos quieren ser doctores de la ley, y son maestros, escribas, son teólogos, pero hablan vana palabrería, no entienden ni lo que dicen ni lo que hablan”. Uno de los temas que más se prestan para hablar y decir bla, bla, bla, sin decir nada es la religión. Uno puede entretener horas a la gente con lindas cosas sin decir nada concreto, sin revelar la voluntad de Dios, la ley de Dios.

¿Qué es la ley? La ley revela la voluntad de Dios a los hombres. “Sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente. Pero la ley no es para el justo, yo no necesito enseñar la ley a los discípulos, porque ellos ya son discípulos, ya se les ha enseñado la didaké, pero la sociedad: los pecadores, los transgresores… Son tremendos los términos que utiliza acá para describir la situación de la sociedad; acá usa por ejemplo, cuatro palabras distintas para describir a los que practican el pecado: “…los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…” La ley es para ellos, tenemos que enseñar la ley, los 10 mandamientos.

Hoy existe cualquier opinión: cualquier conductor televisivo, actor, o futbolista puede opinar sobre religión o moral. El futbolista que opine de fútbol, el político que opine de política, pero todo el mundo quiere enseñar sobre la moral, y nosotros no los podemos callar. Tenemos que enseñar la voluntad de Dios, la didaké, la ley a las naciones. Tenemos que enseñar los diez mandamientos, tiene que venir temor de Dios a las naciones. No todo es igual.

Estamos en un momento crítico en nuestra nación. El matrimonio ya parece una cosa anticuada: la gente no quiere casarse, se juntan y viven “en pareja”, y esa no es la voluntad de Dios. Tenemos que enseñar a la sociedad la ley fundamental sobre el matrimonio: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. Ya no son dos, sino uno, y lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. El matrimonio nos es una invención humana, es una institución divina, Dios lo estableció. No existe tampoco para Dios el matrimonio homosexual. Tenemos que enseñar: un hombre con un hombre no, sino que “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Hay una distorsión en la sociedad, ¿quién va a sostener la verdad, la voluntad de Dios sino la iglesia? Tenemos que abrir la boca, sin condenar, sin despreciar: amamos a los homosexuales, amamos a los adúlteros, a los borrachos y a los ladrones, amamos a todos, pero con amor tenemos que enseñar la verdad. Tenemos que hacer el uso legítimo de la ley.

Tenemos que enseñar que jurar sobre los santos evangelios, o jurar por Dios y por la patria y después no cumplir es grave, tenemos que enseñar a no mentir, a no dar falso testimonio. Hoy en nuestro país, especialmente en Buenos Aires no se puede vivir tranquilo, los secuestros están a la orden del día, y aquí está hablando de los secuestradores.

Tenemos que enseñar a la sociedad que la ley básica de la convivencia entre los seres humanos es el respeto al prójimo, respetar la vida del prójimo. “No matarás”, dice la ley, y esa es la voluntad de Dios. “No hurtarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”. Enseña la ley, tenemos que enseñar la voluntad de Dios.

Tenemos que enseñar que el matrimonio es para toda la vida, que el que se divorcia y se casa de nuevo comete adulterio, por más que las leyes civiles lo permitan o lo aprueben.

¿Quién va a sostener la verdad sino la iglesia? “Timoteo, para eso te dejé en Efeso, para que mandaras a algunos que no enseñen diferente doctrina” Hay que enseñar la palabra de Dios, la didaké que revela la voluntad de Dios.

No son muchos los mandamientos que encierran la voluntad de Dios; tenemos que enseñarla por todos los medios. El medio más cercano que tenemos es nuestro testimonio personal. Donde estés, no te calles: con amor, revela la verdad, ama la verdad, enseña la verdad a las personas, haz un uso legítimo de la ley.

Acá está hablando de los que matan a sus padres, a sus madres, de los que matan a otras personas. ¿Quién le va a enseñar a las naciones que la mentira, la corrupción, el robo es pecado? ¿Quién va a enseñar que todos los hombres van a comparecer algún día en el juicio de Dios?

Tenemos que predicar el arrepentimiento, sí, pero ¿de qué se van a arrepentir, si la mayoría ni si quiera tiene conciencia de que lo que está haciendo está mal? Creen que porque todos lo hacen, está bien. Nuestra sociedad confunde lo común con lo normal, y creen que lo normal es lo común. Lo común es lo que hace la mayoría, lo normal es lo que está de acuerdo a las normas, y la gente cree que es normal mentir, porque todos mienten. No es normal mentir, es común mentir. Los jóvenes cometen fornicación, una chica se acuesta con un muchacho y creen que es normal. ¿Quién le va a enseñar que eso es anormal? La iglesia, que es columna y baluarte de la verdad. Todos le faltan el respeto papá y a mamá, y creen que es normal, pero es común, no es normal. Tenemos que enseñar las normas de Dios.

Se habla mucho de los derechos humanos, y es bueno, porque es bueno proteger los derechos de todos, pero ¿cuándo vamos a hablar de los derechos de Dios? ¿No es Dios el creador de todo? ¿No es Dios el dueño de todo? ¿No tiene Él derechos? La gente vive engañada, Satanás ha enceguecido a la gente. La mayoría no sabe la verdad, y nosotros como iglesia hemos sido puestos para enseñar la voluntad del Señor.

Esta es la primera responsabilidad de la iglesia en medio de una nación.

Continúa en “La iglesia, columna y baluarte de la verdad (II)”

http://www.enmision.com.ar/escritos/congresos/iglesia_columna_himitian2004_1.htm

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