Merecedor de alabanza

18 may

El Sermón Dominical
Domingo 16 de Mayo del 2010

Merecedor de alabanza
Pastor Tony Hancock

Durante cientos de años, la cultura mexicana desarrolló un estilo musical conocido como el corrido. Los historiadores nos dicen que sus orígenes se remontan a la época colonial, pero
México le dio un toque particular a este estilo que nació en la conquista española. Los corridos cuentan historias de amor y de traición, como también de hazañas políticas y militares.

Durante el siglo XX, el corrido tomó otra forma. Conocido como el narcocorrido, este estilo musical usaba el formato del corrido para cantar del narcotráfico. En algunos casos, se
nombraban a ciertos líderes o carteles de narcotráfico, para glorificar sus hazañas – como se habían glorificado anteriormente las hazañas militares de Pancho Villa.

Muchos países tiene tradiciones musicales similares al corrido. La música siempre se ha usado para alabar las acciones heroicas - o no tan heroicas. ¿Quién es el héroe más grande de todos?
¿Quién es el que ha realizado las mayores hazañas? El rey David conocía la respuesta. El tuvo grandes habilidades musicales. De hecho, en su juventud, el rey Saúl lo invitó a servir en el
palacio real, tocando el arpa para calmar los nervios del rey. Pero David no usó su habilidad musical para hacer cantos en honor al rey, a escribirle corridos o cosas similares. David escribió cantos de alabanza al Señor, cantos que recuentan sus grandes obras, su majestad, su grandeza, su fidelidad, su amor.

De hecho, casi la mitad de los salmos bíblicos se atribuyen a David.

La música es un gran regalo que Dios nos ha dado. Tiene mucho poder. Si comprendemos, como David, el poder de la música, aprenderemos a usarla para alabar al Señor. Permitiremos que la
música eleve nuestra mirada al Señor, para rendirle el honor que El, más que nadie, se merece.

Abramos nuestras Biblias en 1 Crónicas 16 para aprender de David, el gran adorador, cómo alabar al que realmente merece nuestra alabanza. Empecemos con los primeros 7 versículos:

1 Crónicas 16:1-7
16:1 Así trajeron el arca de Dios, y la pusieron en medio de la tienda que David había levantado para ella; y ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz delante de Dios. 16:2 Y cuando David acabó de ofrecer el holocausto y los sacrificios de paz, bendijo al pueblo en el nombre de
Jehová.  16:3 Y repartió a todo Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, una pieza de carne, y una torta de pasas. 16:4 Y puso delante del arca de Jehová ministros de los levitas, para que recordasen y confesasen y loasen a Jehová Dios de Israel:
16:5 Asaf el primero; el segundo después de él, Zacarías; Jeiel, Semiramot, Jehiel, Matatías, Eliab, Benaía, Obed-edom y Jeiel, con sus instrumentos de salterios y arpas; pero Asaf
sonaba los címbalos. 16:6 También los sacerdotes Benaía y Jahaziel sonaban continuamente las trompetas delante del arca del pacto de Dios. 16:7 Entonces, en aquel día, David comenzó a aclamar a Jehová por mano de Asaf y de sus hermanos:

El arca de Dios, conocido también como el arca del pacto, era un cofre grande que era el mueble más sagrado del pueblo de Dios.

Ellos sabían que no se podía representar a Dios con una figura; el arca servía como el trono de Dios, representando su presencia. Encima del arca, el trono de Dios, se manifestaba la gloria de Dios; no había ninguna imagen tallada, como las que tendrían los idólatras en sus templos. También contenía las tablas de la ley y otros objetos que simbolizaban el pacto o convenio de Dios con los israelitas.

El arca había estado en diferentes lugares, incluyendo un tiempo cuando estuvo en manos de los filisteos – enemigos de Israel.  Por fin, sin embargo, estaba llegando a su residencia permanente
- la ciudad de Jerusalén, que David estableció como su capital. Aquí mismo su hijo Salomón construiría un templo para la alabanza del Señor. Era un día de gran júbilo.

Con el arca del pacto establecido en lugar permanente, David aprovechó la oportunidad para nombrar un grupo de adoradores que guiarían al pueblo en su alabanza al Señor. El principal de
ellos es Asaf; doce salmos bíblicos llevan su nombre. Sin embargo, para esta ocasión tan especial, David mismo escribió un salmo de alabanza al Señor y lo encomendó a Asaf y sus
ayudantes.

Interesantemente, ellos luego lo usaron para crear tres salmos diferentes. Lo que leeremos en seguida se dividió en secciones para crear los salmos 96, 105 y 106. Este salmo tiene mucho que
enseñarnos acerca de la alabanza verdadera del Señor. Empecemos con los versos 8 al 13:

1 Crónicas 16:8-13
16:8 Alabad a Jehová, invocad su nombre, Dad a conocer en los pueblos sus obras.16:9 Cantad a él, cantadle salmos; Hablad de todas sus maravillas.16:10 Gloriaos en su santo nombre; Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. 16:11 Buscad a Jehová y su poder; Buscad su rostro
continuamente.16:12 Haced memoria de las maravillas que ha hecho, De sus prodigios, y de los juicios de su boca, 16:13 Oh vosotros, hijos de Israel su siervo, Hijos de Jacob, sus escogidos.

La primera cosa que tenemos que saber cuando empezamos a alabar al Señor es cómo hacerlo. Esto es lo que David nos dice en los versos 8 al 13. Nos dice que demos gracias al Señor, que
clamemos a su nombre, que hagamos conocer entre las naciones lo que El ha hecho.

Nos habla también de nuestra actitud – una actitud de regocijo frente a todo lo que ha hecho el Señor – y de confianza, recordando todo lo que El ha hecho. Así podemos cantar alabanzas
a El.

Cuando se presenta una persona ante un gobernante – sea el rey de España, el presidente de los Estados Unidos o algún otro personaje de alto rango – hay todo un protocolo para seguir.
Cómo se saluda, qué se dice, cómo se dirige uno a la persona - todo esto viene dictado por la cortesía. A nadie, por supuesto, se le ocurriría presentarse ante uno de estos personajes sin
arreglarse, con ropa sucia o sin haberse bañado.

¿Cómo nos preparamos para entrar a la presencia del Señor para adorarle? ¿Qué clase de preparación merecerá el Rey del universo? La preparación más importante es la del corazón. Se
trata de mirar hacia el Señor, de recordar sus maravillas, de cultivar un corazón agradecido y gozoso ante El. De otra forma, no estamos preparados para brindarle al Señor la alabanza que El
se merece.

Tenemos que recordar que la alabanza no existe para nosotros.Cuando alabamos a Dios, podemos gozarnos grandemente. Sin embargo, éste no es el propósito de la alabanza. Más bien, la alabanza existe para deleitar a Dios. A veces nos quejamos de la alabanza. Decimos: No me gustó esta canción, o Deberíamos de hacerlo así. Hablamos como si la alabanza fuera un espectáculo para nuestro deleite, en lugar de una ofrenda al Señor. David nos llama a recordar de quién se trata la alabanza: se trata de Dios, y es para El.

Cuando esto nos ha quedado claro, podemos empezar a considerar las razones que tenemos para adorar al Señor. Leamos ahora los versos 14 al 22:

1 Crónicas 16:14-22
16:14 Jehová, él es nuestro Dios; Sus juicios están en toda la tierra. 16:15 El hace memoria de su pacto perpetuamente, Y de la palabra que él mandó para mil generaciones; 16:16 Del pacto que concertó con Abraham, Y de su juramento a Isaac; 16:17 El cual confirmó a Jacob por estatuto, Y a Israel por pacto sempiterno, 16:18 Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, Porción de tu
heredad. 16:19 Cuando ellos eran pocos en número, Pocos y forasteros en ella,
16:20 Y andaban de nación en nación, Y de un reino a otro pueblo, 16:21 No permitió que nadie los oprimiese; Antes por amor de ellos castigó a los reyes. 16:22 No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas.

Estos versos nos describen a nuestro Dios como un Dios de pacto. El es un Dios que se nos ha acercado por medio de las promesas y los convenios que hizo con hombres que vivieron mucho antes de nosotros.

Este pacto empezó con el patriarca Abraham, y fue confirmado a sus hijos Isaac y Jacob. Tenía dos partes: la primera parte fue la promesa de la tierra prometida, la tierra de Palestina, y la
segunda parte fue la promesa de bendición para todas las naciones.

David estaba viendo el cumplimiento de la primera parte, pues bajo su liderazgo, en el poder de Dios, el pueblo de Israel estaba terminando la conquista de la tierra prometida que había
empezado siglos antes bajo Josué. Por eso, él se enfoca en esta parte de la promesa. Habla de la manera en que Dios los había traído hasta allí, aunque habían sido pocos en número, y los
había establecido en la tierra prometida.

Nosotros podemos alabar a Dios también por su fidelidad con el pueblo de Israel, que – 3.000 años después – vive en la misma tierra prometida. Podemos ver su mano en la historia. Pero a
nosotros nos interesa más la segunda parte del pacto, la promesa de bendición para todas las naciones. Esa bendición ha llegado a nosotros por medio de un descendiente de Abraham, nuestro Señor Jesús.

Nuestro Dios – el Dios de David y el de nosotros – es un Dios de pactos, un Dios fiel a sus promesas. Es un Dios que está desarrollando sus propósitos dentro de la historia humana,
conforme a las promesas que El ha hecho en su Palabra. Por eso, El es digno de nuestra alabanza y nuestra confianza. El nunca se olvidará de su pacto y sus promesas.

Esto nos lleva a la siguiente parte. Leamos los versos 23 al 33:

1 Crónicas 16:23-33

16:23 Cantad a Jehová toda la tierra, Proclamad de día en día su salvación. 16:24 Cantad entre las gentes su gloria, Y en todos los pueblos sus maravillas. 16:25 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza, Y de ser temido sobre todos los dioses. 16:26 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Mas Jehová hizo los cielos. 16:27 Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y alegría en su morada. 16:28 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová gloria y poder. 16:29 Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrenda, y
venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad. 16:30 Temed en su presencia, toda la tierra; El mundo será aún establecido, para que no se conmueva. 16:31 Alégrense los cielos, y gócese la tierra, Y digan en las naciones: Jehová reina. 16:32 Resuene el mar, y su plenitud; Alégrese el campo, y todo lo que contiene. 16:33 Entonces cantarán los árboles de los bosques delante de Jehová, Porque viene a juzgar la tierra.

Aquí vemos que el Señor es superior a cualquier otro dios, y que El es digno de que todo el mundo lo alabe. El verso 24 nos habla del evangelismo. Cuando hablamos con otros del Señor, estamos declarando su gloria y sus maravillas, y les estamos invitando a alabarle con nosotros.

Hay muchos otros dioses que las personas adoran – imágenes, poderes espirituales, ideas – pero el Señor es el único Dios verdadero, el Creador de todo lo que existe. Cuando encontramos
un producto que nos gusta, les decimos a todos que lo tienen que probar. ¡Cuánto más se merece Dios que todo el mundo lo alabe!
Si lo hemos llegado a conocer, tenemos que decirles a todos que lo tienen que probar también.

Ese mismo Dios glorioso es el que viene a juzgar la tierra. El verso 33 registra la primera profecía bíblica de la segunda venida de Jesucristo. Bajo la dirección del Espíritu Santo, David declaró que el Señor vendría para juzgar a toda la creación. Con el progreso de la revelación divina, ahora entendemos que vendrá en la persona de su Hijo Jesucristo. Igualmente, nos tenemos que preparar.

Leamos ahora los versos 34 al 36:

1 Crónicas 16:34-36
16:34 Aclamad a Jehová, porque él es bueno; Porque su misericordia es eterna. 16:35 Y decid: Sálvanos, oh Dios, salvación nuestra; Recógenos, y líbranos de las naciones, Para que confesemos tu santo nombre, Y nos gloriemos en tus alabanzas. 16:36 Bendito sea Jehová Dios de Israel, De eternidad a eternidad. Y dijo todo el pueblo, Amén, y alabó a Jehová.

Aquí encontramos una incógnita. Esas mismas naciones que adoran a los ídolos y a quienes tenemos que llamar a alabar al Señor, también oprimen al pueblo de Dios. En los días de David, los opresores eran los filisteos – enemigos perpetuos de los israelitas.

Hoy en día, los opresores son otros. Sin embargo, nuestra defensa es la misma – clamar al Señor y confiar en su liberación. Así como Dios liberó a los israelitas de la opresión una y otra vez, El nos liberará a nosotros también.

Nuestros opresores pueden ser los que hablan de nosotros o los que nos maltratan por ser cristianos. Su existencia no nos debe de sorprender. Aquí está la respuesta: pedir al Señor que El
obre, y confiar en que lo hará.

Quizás tú no sepas escribir un corrido, o siquiera un corito. Quizás ni siquiera puedes cantar entonado. ¡No importa! Puedes alabar al Señor, pues El es merecedor de alabanza Aprendamos juntos a darle al Señor la adoración que El se merece, con nuestros labios, nuestro corazón y nuestra vida.

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- ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!

http://www.pastortony.net

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