Cuando Dios no responde

28 sep

El Sermón Dominical
Domingo 27 de Septiembre del 2009

Cuando Dios no responde
Pastor Tony Hancock

Introducción

Se cuenta la historia de un hombre que se fue al cielo. Al
llegar, se paseó por las calles de oro, vio el mar de cristal, y
visitó el árbol de vida. Finalmente, se topó con un cuarto que
tenía su nombre escrito sobre la puerta. Sorprendido, decidió
averiguar qué había dentro. Al abrir la puerta, vio que el lugar
estaba lleno de cosas que él había necesitado en la tierra.
Estaban allí un nuevo trabajo, una educación para sus hijos, y
muchas otras bendiciones que no había recibido durante su vida
en la tierra.

Sorprendido, llamó a uno de los ángeles para que le explicara
cuál era el significado de este tesoro. El ángel le respondió,
Esas son las bendiciones que Dios quiso darte mientras estabas
en la tierra, pero tú no se lo permitiste. Aquí se han quedado,
guardados. Obviamente, esta historia es ficticia. Sin embargo,
me parece que ilustra un punto muy importante. ¿Será verdad que
Dios desea bendecirnos, pero muchas veces no permitimos que El
nos bendiga? La Biblia nos indica que sí.

Podríamos mencionar varias razones por las que no recibimos las
bendiciones que Dios desea darnos. Podría ser, por ejemplo, que
simplemente no se las hemos pedido. En otros casos, lo que le
hemos pedido a Dios no es conveniente para nosotros. Pero hoy
vamos a enfocar pasaje que nos llama a examinar nuestras vidas
en algunas áreas para ver si estamos estorbando el flujo de las
bendiciones que Dios quiere mandar a nuestras vidas.

Vamos a empezar con un pasaje del Antiguo Testamento. En este
pasaje, el profeta Isaías llama al pueblo de Israel a
recapacitar. Tendremos que trabajar un poco para aplicar este
pasaje a nuestra situación, pero veremos que vale la pena.

Lectura: Isaías 58:1-14

58:1 Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como
trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa
de Jacob su pecado.
58:2 Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como
gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado
la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren
acercarse a Dios.
58:3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos
nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que
en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y
oprimís a todos vuestros trabajadores.
58:4 He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir
con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que
vuestra voz sea oída en lo alto.
58:5 ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el
hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga
cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día
agradable a Jehová?
58:6 ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las
ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y
dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo
yugo?
58:7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres
errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo
cubras, y no te escondas de tu hermano?
58:8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se
dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la
gloria de Jehová será tu retaguardia.
58:9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él:
Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo
amenazador, y el hablar vanidad;
58:10 y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma
afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad
será como el mediodía.
58:11 Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu
alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de
riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca
faltan.
58:12 Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos
de generación y generación levantarás, y serás llamado
reparador de portillos, restaurador de calzadas para
habitar.
58:13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu
voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo,
glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus
propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus
propias palabras,
58:14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre
las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de
Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.

Aquí el Señor llama a su pueblo, que se había vuelto cómodo en
una religiosidad sin realidad. El les dice que hay una razón que
ellos sufren privación. Han estado viviendo como si su
compromiso con Dios sólo fuera cuestión de observar algunas
costumbres religiosas y ya.

Pero Dios les llama a reconsiderar – y en esto vemos el primer
paso a tomar cuando Dios no responde.

- Revisa la realidad de tu pacto con Dios

Veamos algunas cualidades de este pueblo, para ver si los
reconocemos en nosotros mismos también. Dice el texto que ellos
se sentían muy cerca de Dios. Hasta llegan a reclamarle, ¿Para
qué nos afligimos, si tú no lo notas?

Ellos tenían la idea de que están haciendo todo lo que Dios les
podría exigir. Estaban perfectamente bien con El, y sin embargo,
El no les había respondido como debía de haberlo hecho.

Se sentían, quizás, como se sentirán ahora los ex-empleados de
Enron, la gran compañía de energía que acaba de quebrar. Muchos
de ellos habían puesto todos sus ahorros en acciones de la
compañía, y cuando quebró, se quedaron sin nada. No solamente se
quedaron sin trabajo, se quedaron sin ahorros también.

Esta gente dice, ¡Dios! ¿Dónde estás? ¡Hemos hecho todo lo que
quieres! Ayunamos, guardamos las fiestas, y ¿qué pasa? ¡No nos
das nada!

Ahora me pregunto: ¿Alguna vez te has sentido así? Te preguntas
por qué Dios no te bendice. Tú vienes a la iglesia; cumples con
los requisitos de ser un cristiano, según los entiendes; lees tu
Biblia, tratas de orar, y participas en todas las actividades de
la iglesia – y sin embargo, Dios no te da lo que tú le pides.

¿Qué pasó? Bueno, en algunas ocasiones, lo que pasa es que lo
que le pedimos a Dios no nos conviene. Es una posibilidad muy
real. Pero aquí vemos otra posibilidad. Quizás sólo creemos que
estamos cumpliendo la voluntad de Dios.

Vemos que este pueblo no lo estaba haciendo. Dios les responde
en el versículo 5-6. El no sólo quiere que cumplamos con ciertos
requisitos religiosos; El desea que toda nuestra vida refleja el
amor. No podemos dividir la vida en dos secciones, lo religioso
y lo demás, y pensar que así Dios nos va a bendecir. Así no es
que funciona la cosa.

Si tú vienes a la iglesia, haces una ó dos cosas más que son
religiosas, y piensas que con eso quedaste bien con Dios, estás
equivocado. Si ves a una persona en necesidad y no te importa,
si ves a un mundo muriendo sin conocer a Cristo y no te
interesa, si se te ofrecen maneras de servir a Dios y no prestas
la más mínima atención, entonces tu supuesta religión no vale de
nada.

Y sin embargo, más adelante en el pasaje, vemos algo que parece
estar en conflicto con esto. Se ve en el verso 13, donde vemos
un énfasis en guardar el sábado.

Parece que Dios acaba de decir que a El le interesa más el amor
hacia otras personas que las observancias religiosas. ¿Por qué,
entonces, exige ahora a los israelitas que pongan más empeño en
observar el sábado?

Hay varias cosas que tenemos que decir aquí, y todas son muy
importantes, así que – presten atención. Para empezar, tenemos
que entender la función del sábado dentro de la comunidad
israelita. El sábado había sido establecido como la señal del
pacto entre Dios e Israel. Ninguna de las comunidades que
rodeaban al pueblo de Dios la observaban. Descansar en ese día
era señal de que uno era parte del pueblo de Dios.

Bajo el Nuevo Pacto, el sábado ya no es ley para nosotros. Este
sermón no se trata del sábado, así que no vamos a tratar de
explicar su significado – aunque es un tema bello. Pero lo que
tenemos que ver es que el sábado era la señal del compromiso del
israelita individual con Dios – y no observar ese día era como
repudiar el pacto.

Imaginemos a una pareja casada. La esposa se da cuenta de que su
esposo se quita el anillo de bodas antes de irse a la oficina
cada mañana, justo después de contratar a una bella secretaria.
¿Se enojará la esposa? Claro que sí – pero no es porque el
anillo tiene algún valor en sí, sino más bien porque simboliza
algo muy precioso – el compromiso que hizo con ella su esposo.

El significado de este pasaje para nosotros, entonces, es que
tenemos que tomar muy en serio cualquier compromiso que hagamos
con Dios. Es una cosa muy seria comprometernos con El, y luego
renegar. Es algo muy serio tomar a la ligera el pacto al cual
hemos entrado mediante nuestra fe en la sangre de Jesús.

A mí a veces me sorprende la ligereza con la cual se tratan las
cosas de Dios. Hay quienes dicen que cumplirán alguna función
dentro de la iglesia, pero cuando llega el momento de hacerlo
han desaparecido. Otros se olvidan de que son miembros
bautizados del cuerpo de Cristo, y se meten a lugares o estilos
de vida que no son convenientes para un hijo de Dios.

Hace algún tiempo en nuestra iglesia empezamos a hablar de la
tardanza, la impuntualidad, y su efecto dañino sobre la iglesia.
Fue fascinante ver el resultado. Varias personas se sintieron
ofendidas, aunque jamás mencionamos el nombre de nadie, ni
hicimos alusiones directas o indirectas. Más bien, nos dirigimos
a un problema que era común entre todos.

Ahora me pregunto: ¿cuántos llegan regularmente 15 ó 30 minutos
tarde para el trabajo? Dudo que muchos. Pero la Iglesia es otra
cosa. Dios, después de todo, no es tan importante como lo es el
dinero. El debe de estar agradecido que tomamos aunque sea un
poco de tiempo para estar con El.

Notarán que hablo con ironía. Ahora bien, no queremos volvernos
legalistas tampoco. Es mucho mejor llegar tarde a la iglesia que
no llegar, y a veces todos tenemos retrasos inevitables. Pero
cito esto simplemente como un ejemplo de la falta de compromiso
que tenemos con Dios.

¿Estamos realmente en un pacto con El o no? ¿Realmente nos hemos
comprometido con El? ¿Realmente tomamos en serio las
responsabilidades que son nuestras como creyentes? Examinémonos
individualmente para ver. Y después de examinarnos, pasemos a lo
siguiente. La vida cristiana no se trata de una constante
sensación de culpa por nuestras fallas; esa culpa deberá
llevarnos al arrepentimiento, para que podamos recibir el perdón
por esas fallas y seguir adelante. Luego de revisar la realidad
de tu pacto con Dios,

- Responde en fe a la promesa de Dios

Si decidimos tomar en serio nuestra relación con Dios, miren las
gloriosas promesas que Dios nos da. Podemos verlos en los
versículos 8 y 9, el 11 y 12, y el 14.

Estas son promesas gloriosas – promesas de ayuda, de sostén, de
gozo y de paz. No debemos de pensar que Dios nos promete todo lo
que deseamos, o que nuestra vida siempre será fácil. Pero sí nos
promete que veremos soluciones a problemas que nosotros creíamos
imposibles de resolver. Veremos la restauración de cosas
perdidas. Tendremos gozo y paz en nuestra salvación.

Jesús dijo algo muy similar en Mateo 6:33: “Mas buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.” Allí El nos dice que lo que tenemos que
hacer es preocuparnos más por el reino de Dios, y El se
encargará de lo demás. En vez de afanarnos por las necesidades
de la vida, en vez de vivir en preocupación y desilusión,
ocupémonos en buscar las cosas de Dios – y veremos que empezarán
a venir las bendiciones.

Podríamos imaginarnos a un estudiante con beca a la escuela.
Todo lo que tiene que hacer es mantener sus notas en cierto
nivel para tener todos sus gastos de estudio pagados. ¿Cómo
sería si este estudiante empezara a preocuparse de cómo pagará
sus estudios, a tal grado que no estudia, y pierde su beca?
Pensaríamos que ese estudiante no tuvo mucha inteligencia, como
para haberse ganado una beca.

Sin embargo, nosotros muchas veces cometemos el mismo error.
Tantas veces nosotros nos afanamos por las cosas de este mundo,
cuando realmente no es necesario. Dios nos promete – vez tras
vez en su palabra – que si nos enfocamos en El, si cuidamos
nuestra relación con El, entonces El se encargará de nosotros.
El tiene buenas cosas para nosotros. El nos ama.

Conclusión

Me pregunto cuántas bendiciones tendrá Dios en el cielo
esperándonos, bendiciones que El desea darnos – pero que somos
incapaces de recibir.

Examina tu propia vida. ¿Cómo vas en tu relación con Cristo? ¿Lo
estás tomando en serio? Si no, pide su ayuda para cambiar. El no
quiere condenarte – quiere ayudarte a ser la persona que puedes
ser. Quiere que confíes en El antes que nada.

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2 comentarios to “Cuando Dios no responde”

  1. PAULA LUN 28 septiembre 2009 at 7:51 PM #

    ke bonito en verdad

  2. pauloarieu 29 septiembre 2009 at 2:36 PM #

    Hola Paula,me alegro mucho te haya gustado el articulo.
    saludos

Los comentarios están cerrados.

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