Individualismo…
Individualismo…
Hoy en día se coloca un énfasis desmesurado en el individualismo, en los sentimientos y oportunidades de las personas, se exalta el yo y el triunfo personal por sobre todas las demás cosas que en otro tiempo fueron importantes. Se utilizan todos los medios creados para mejorar y para exaltar al ser humano.
Los terapeutas, las instituciones, la publicidad, todos se unen para resaltar al individuo y su desarrollo personal. En aras de ellos, quedan relegados la comunidad, la familia, el prójimo en general…
Todo esto sería bueno y efectivo si apuntara hacia el bien común, pero no es así, ya que para lograrlo se dejan atrás valores y sentimientos fundamentales para la vida.
Pero en la Biblia, Dios sí se dirige al individuo como tal. Cuando pecamos lo hacemos individualmente, el castigo es personal y la restauración de parte de Dios también resulta así…
“…Se enojó Jehová en gran manera contra vuestros padres. Diles pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí…y yo me volveré a vosotros…no seáis como vuestros padres…volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon…Pero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres? Por eso volvieron ellos y dijeron: Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros” (Zacarías 1:1-6)
El trato de Dios fue personal:
“Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y hablo el ángel y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala…Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, …escucha pues, ahora Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti…” (Zacarías 3:4,7-8)
El pecado del ser humnao también lo fue:
“Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros mismos?…no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano. Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron sus corazón como diamante, para no oir la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu…” (Zacarías 7:6,10.12)
Podemos ampararnos en lo colectivo, pero Dios nos habla a cada uno en particular…
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Esfuércense vuestras manos, los que oís en estos días…Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo, juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón…ni améis el juramento falso…” (Zacarías 8:8,16-17)
Y en cada oración se repite la frase:
“Vino a mí palabra de Jehová de los ejércitos…” (Zacarías 8:18)
Recordemos: Mis oídos son los que oyen… mis ojos los que leen… mi corazón el que siente, para bien o para mal… ¿Responderemos correctamente a Dios?
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