| Hoy les voy a hacer una propuesta especial, pero va a ser para algunas, para las que se atrevan. ¿Cuántas son atrevidas? Hoy vas a descubrir una nueva faceta tuya.
Encontré en las calles una publicidad y dije: “qué bien me viene para el tema que tengo que hablar”, una publicidad de algo muy rico, para las que les gusta: una barra con chocolate, y adentro viene con menta. Salió una publicidad nueva que dice: “Los años pasan y ellos siguen llevándose bárbaro: la menta y el chocolate.” Después dice: “…un extra que vos te merecés.” Y la verdad es que nos merecemos tener buenas parejas. Cuántas dicen: “yo me lo merezco.”
¿Cuántas han sufrido por amor? ¿Cuántas dicen: “la verdad que me equivoqué en la pareja”? ¿Cuántas sienten que se equivocaron, que cometieron un error en ponerse en pareja?
“Si no hay amor no gano nada.” Cuando elegís a tu pareja generalmente la elegís por dos motivos: o porque es muy parecido a vos, o porque es muy diferente a vos. Pensá… ¿por qué lo elegiste? Algunas lo eligieron porque son muy parecidos, “somos como dos gotas de agua, y que bárbaro: a él le gusta lo mismo que a mí, nos elegimos porque nos sentimos iguales”; o bien porque es el lado opuesto: “a él le gusta otra cosa distinta a mí, y eso me encanta.” ¿Cuántas eligieron porque eran iguales? y ¿cuántas porque eran totalmente opuestos?
Fíjense qué interesante: de lo primero que nos enamoramos es de lo primero que después nos desilusionamos. Generalmente nos divorciamos por lo mismo por lo que nos enamoramos. Por ejemplo: te enamoraste porque él era muy sociable, se daba con todo el mundo; después de unos cuantos años decís: “al final está todo el día con sus amigos y a mí no me da bolilla…” lo mismo que te unió ahora te separa. O decís: “a mí me gustó porque era un hombre muy trabajador y ahora decís que está todo el día en el trabajo, todo el día afuera, sólo piensa en trabajar. Por ejemplo, te enamoraste de él al principio porque decías: “es muy responsable y serio”, y ahora, después de tantos años, te parece aburrido; pero antes era responsable y serio. Te enamoraste porque era muy alegre: “él me divertía, me contaba chistes” y ahora, después de tantos años, el alegre se vuelve ‘un inoportuno que parece un payaso’. “Porque él era fuerte y protector” y después te diste cuenta que era un maltratador… De lo mismo que te enamorás es de lo que después te da ganas de separarte, ¿no es así? Ya sea parecido u opuesto, hay cosas en un momento del matrimonio que te resultan irritantes, tanto para vos como para él, que ya medio como que te molestan. Por ejemplo: la falta de comunicación, no sentirte acompañada, no estar de acuerdo en cómo educan o crían a los hijos, que él no te apoya en los sueños que vos tenés, que él no está siempre con vos, que no te entiende. Son cosas que, a medida que van pasando los años parece que nos molestan más y nos irritan más.
Quiero que pienses y recuerdes… ¿qué es para vos el amor?, ¿qué era para vos amar, aún antes de casarte o de tener una pareja? Por ejemplo, cuando pensabas en el tema del amor ¿qué sentías?, ¿qué imaginabas vos que era el amor? Por ejemplo: qué lindo era cuando te ibas a encontrar con alguien por primera vez; pero el hecho de hablar con tus amigas de ese encuentro –antes y después del encuentro– ¡¿no era más emocionante que el encuentro mismo?! Compartir todo eso: “¡no sabés!, me llamó, me dijo, me escribió, me voy a encontrar, me dejó un mensaje”…era lindo ¿no? Era eso el amor… ¿no parecía que eso era el amor? Ahora bien: nosotras lamentablemente tenemos muchos pre-conceptos acerca del amor y muchos esquemas, porque nos han hablado del amor en los cuentos, nos han hablado del amor en las telenovelas, en las canciones. Muchas veces tenemos una visión extremista del amor, y creemos que si no hay pasión no hay amor, creemos que el amor es pura pasión, y si no hay esa pasión ya no existe el amor. Y de pronto decimos: “bueno, en mi pareja no hay pasión, hay muchas cosas que se perdieron, y además como hay cosas que me irritan, yo creo que me equivoqué al casarme con este hombre.” Por ejemplo, decimos: “él antes no era así; o tal vez yo me casé muy joven y ahora maduré, crecí y lo superé a él, y lo que antes él me daba ahora ya no me sirve, no me alcanza, porque yo ya estoy más madura, más crecida, o tal vez me hice una imagen ficticia de él.” A veces queremos ver en otras personas lo que no son, pero lo vemos porque no queremos ver más profundamente; o nos casamos con poca información: lo conociste, dos semanas, te casaste en un mes, no lo conociste demasiado. O tal vez creías que ciertos rasgos de la personalidad van unidos y decías: “este hombre es re-simpático, y si es simpático debe ser inteligente”… y quedó en simpático, ¡pero inteligente no fue nunca! Claro, decís: “ciertas cosas vendrán unidas: si conozco esto de él, todo lo demás debe ser bueno”, y tal vez tenía solo una cosa buena que te mostró, y en todo lo demás era un desastre. Tal vez lo que vos hacías era pensar en cómo él te hacía sentir en ese momento, y no cómo él realmente era; porque a veces las mujeres nos engañamos: si nos hace sentir bien creemos que es bárbaro… y tal vez nos hace sentir bien porquesabe cómo hacernos sentir bien, pero al final el hombre es un desastre, no es bárbaro en nada, y entonces la relación se va desgastando.
Y ahora, ¿qué hago si pienso que me equivoqué? Podemos hacer tres cosas; y quiero que me entiendan bien: en este ministerio tenemos mujeres divorciadas, viudas, solas, o con ganas de tener pareja, mujeres que no quieren saber nada con un hombre…hay de todo; y en los mensajes a mí me gustaría tocar todos los temas, para todas. Pero a veces vamos tocando temas por sectores. El otro día tocamos el tema de los cuarenta, y no todas acá tienen cuarenta (¡todas tienen menos!), pero vamos tocando por áreas. Yo sé que esta palabra le va a servir a algunas mujeres, y otras me van a decir: “yo Alejandra definitivamente no quiero saber nada más con mi marido; yo ya estoy divorciada, ya decidí, y estoy feliz como estoy” Perfecto; yo no te voy a hacer cambiar de opinión. Le voy a hablar a aquellas que quieren que se produzca algo distinto en su pareja, y que se atreven a que pase algo nuevo. ¿Cuántas quieren que pase algo nuevo en su pareja? Nocon otra pareja; por eso es un desafío este mensaje.
Si sentís que te equivocaste, que todo va de mal en peor, que ya no lo conocés, que no se aman, que no se quieren, que no hay pasión, podés hacer tres cosas, tenés tres alternativas: podés abandonar la relación y buscar un nuevo amor: “ya está, no va más; busco un nuevo amor, abandono la relación.” Y hablamos la semana pasada que nunca teníamos que actuar impulsivamente, porque si actuamos impulsivamente esa decisión que parece buena después la lamentamos. La culpa que nos trae, la angustia, el dolor… en vez de ser algo bueno termina siendo negativo para nosotras y para nuestra familia. Hay mujeres que dicen: “ya está, ya se terminó; acá no pasa nada, ya no siento nada, él tampoco siente nada por mí, nos equivocamos, somos como el agua y el aceite; abandono la relación y busco un nuevo amor.”
Hay otras mujeres que dicen: “no importa cómo está la situación, yo me voy a quedar y voy a continuar la relación y voy a ver si puede surgir algo nuevo”, ese es otro grupo de mujeres; dicen: “yo me voy a quedar pero voy a hacer algo para que pase algo nuevo en mi pareja.” Es la segunda alternativa.
Y hay una tercer alternativa que es: “me quedo en la pareja, pero sintiéndome amargada y fracasada” o sea, me levanto con bronca en la mañana y me acuesto con bronca en la noche. Odio más, sigo odiando más, hasta que algo pase, pero me quedo porque siento culpa de terminar de esta relación, porque no me quiero ir con otra pareja, porque no quiero hacer todo de nuevo, porque no quiero que mis hijos estén mal.”
Son esas tres alternativas. La primera: abandono la relación y busco un nuevo amor. Segunda: continúo en la relación pero tratando algo nuevo. Tercera: continúo la relación pero sintiéndome herida, amargada, frustrada y llevándome por pensamientos negativos.
Si yo elijo esta tercera de quedarme pero amargada frustrada y mal, voy a hacerle trampa al amor, y te voy a explicar eso. Trampa, porque decidimos que me quedo en una situación de frustración, de enojo, de amargura, y voy a tratar de hacer todo lo posible para que él cambie; y eso es hacer trampa al amor, porque yo estoy queriendo amar a un hombre que es diferente al que tengo, por eso lo quiero cambiar. Y eso es hacer trampa al amor, porque no quiero amar a ese hombre, quiero que cambie; o sea quiero amar a otro hombre en el cuerpo de él, porque le estoy exigiendo que cambie. “¿Pero qué?… ¿no tiene que cambiar?” Sí, claro; yo puedo ayudar a la persona a que cambie; yo le puedo decir a una persona: “mirá, sería bueno cambiar esto” y ayudarlo a cambiar. Pero el cambio tiene que ser en la dirección que ese hombre quiera, no en la dirección que nosotras queramos; porque si ese hombre va a cambiar para hacernos felices a nosotras, ese cambio no va a durar nada; él no va a ser feliz y nosotras no vamos a ser felices. O sea, si un hombre decide cambiar yo lo puedo ayudar. Por ejemplo, tu marido te dice: “yo soy un poco tímido, y a mí me gustaría ser más desenvuelto”, ahí quiere un cambio él, en la dirección de desenvolverse mejor en su trabajo, o en lo que sea; bárbaro, lo ayudo. Pero si yo le digo: “tenés que cambiar y estar conmigo las veinticuatro horas, porque yo te quiero acá al lado mío”, él tal vez o no lo va a hacer, o si lo hace será para hacerme feliz a mí; y eso no nos sirve a ninguno de los dos. No sirve, no tengo que hacer trampa. Querer amar a otro hombre en el mismo cuerpo de mi marido es hacerle trampa al amor. Entonces no tengo que pedirle que él cambie. Decí: “puedo señalarle algo, pero no hacer campaña en su contra.” Una cosa es señalar algo y otra cosa es hacer campaña en su contra: “¡porque tu padre, vos sos así, y tenés que cambiar..!”, no, no. Mejor: “¿Hacia dónde vos querés cambiar?, ¿cuál es tu expectativa?, ¿cuál es el cambio que vos querés que se produzca en tu vida? Tal vez yo te pueda ayudar en algo, pero no voy a pretender que cambies algo que vos mismo no querés cambiar.” ¿Cuántas saben que hay hombres que no quiere cambiar ciertas cosas? Así como nosotras tampoco queremos cambiar tantas otras…
¿Cuál es la solución? Si irme con otro hombre me va a traer culpa, angustia, si lo hago impulsivamente –porque hay otras mujeres que lo han hecho y no les ha traído culpa, pero a mí me trae culpa, me angustia–; si tampoco la solución es quedarme así, esperando que él cambie y sentirme frustrada, entonces… ¿cuál es la solución? La segunda: quedarme, continuar en la relación y ver si surge algo nuevo; o sea, en lugar de quedarme amargada, quedarme con esperanzas, y encender –o ver si se puede volver encender– ‘la chispa del amor’. Porque todos tenemos que trabajar en el amor; si tenemos el mito de que el amor crece solo y se alimenta solo, “ya te casás y las cosas tiene que funcionar” esa es una gran mentira. Si nosotros no alimentamos el amor, si nosotros no hacemos crecer el amor, el amor se muere solo, se desvanece. Por eso en una relación de pareja siempre tenemos que hacer algo para que ese amor crezca. Y lo peor que nos puede pasar es creer que sabemos todo sobre nuestra pareja; hay un montón de cosas de tu pareja que no sabés, y hay un montón de cosas que tu pareja no sabe de vos, porque los seres humanos cambiamos todo el tiempo, no somos igualitos que a los veinte, cuando nos casamos, o a los dieciocho, o a los treinta; hemos crecido, hemos madurado. Por eso siempre hay algo por descubrir en el otro –que tal vez no lo queremos hacer–, pero siempre hay cosas para descubrir.
¿Cómo hago para continuar esa pareja que yo siento que no funciona, pero quiero quedarme y quiero ver si surge algo nuevo?, ¿cuál es la clave…? Te voy a dar una clave que va a ser primordial para poderte llevarte bien en tu relación de pareja: amarlo más y necesitarlo menos. ¿Cuál es la clave que le tenés que enseñar a tus hijas cuando se van a poner en pareja? ¿Qué tenemos que hacer entonces?: amarlo más y necesitarlo menos. Te voy a explicar qué significa esto; ésta es una fórmula que no te va a fallar nunca en la vida. Amarlo más y necesitarlo menos. “Pastora, ¿amarlo más… con todo el amor que le di?, ¡yo me maté!” Tu problema no fue el amor; tu conflicto de pareja no fue por el amor que le diste, sino todo lo que permitiste que te hicieran en nombre del amor. Tu problema no es que amaste a alguien –porque no hay nada más lindo que soltar amor, no hay experiencia más linda que amar a alguien– sino todo lo que permitiste en nombre del amor. Si para vos amar a alguien era decirle: “soy tu esclava, soy tu sirvienta, me podés tratar como quieras” fue un problema; las cosas que permitiste en nombre del amor; pero eso no tiene nada que ver con amarlo más, porque el amor no daña. El problema es lo que aceptás en nombre del amor. Amarlo más implica descubrir que dentro tuyo hay una mujer alegre, divertida, pasional y sensual, a la que –con los años– lo único que hiciste fue meterle tierra encima, pero que sigue estando dentro tuyo; eso significa amarlo más: poder sacar la mujer alegre, divertida, sensual y pasional. Decís: “¡pero no me sale!”… porque tenés que amar más. Acordate que amar no es soportar todo. Hay mujeres que se van con otro hombre porque dicen: “porque yo con él descubrí que todavía siento, que todavía me pasan cosas, que se me mueve todo adentro, que todavía puedo gustar”; esa mujer está ahí adentro tuyo; se desactivó en un momento, pero sigue estando; y tenés que activarla con tu pareja, porque por las broncas y rencores la tapaste y te sentís una mujer fría, que no podes dar amor, que no sentís nada, que las caricias ya no te hacen nada… tenés que volver a desenterrarla. “Tengo que sacar mi mujer pasional”, eso es amarlo más.
Yo les dije que este es un mensaje para un grupo nada más.
¿Qué es amarlo más? Significa ser más su compañera y menos su crítica. ¡Cómo les gusta a las mujeres ser maestras ciruelas, andar señalando todo!; porque nos adelantamos a las situaciones y ellos nos cuentan algo y nosotras ya estamos enseñándole: “ojo con aquello, esto lo hiciste mal, ¿por qué le hablaste así por teléfono?, no tenías que decirle eso a tu jefe”, porque somos mamás y maestras. Entonces: amarlo más significa ser más una compañera que una crítica; porque a veces nos transformamos en críticas, y ha pasado el tiempo y –por las broncas que tenemos, y por esa mujer pasional que hemos guardado– lo único que nos sale ahora es ser crítica de nuestra pareja, y vivimos criticándolo. No estoy hablando de ellos (que ya tienen su parte), estoy hablando de nosotras. Amarlo más implica sentirnos a gusto con él tal como es; y esto es lo más difícil que hay, porque –como dijimos antes, de hacerle trampas al amor– queremos amar en el mismo cuerpo a alguien diferente; y amarlo más es soltarle amor a ese hombre, que es así como es, con todos sus rayes, con toda su locura, con todas sus ñañas, amarlo así como es. Porque el amor no tiene que ver solamente con lo que tu pareja hace, sinocómo reaccionas vos frente a lo que tu pareja hace, qué interpretación le das a las cosas que él hace. Si vos por ejemplo ves que tu pareja está todo el día hablando con su mamá –tu suegra– y habla, y habla, y no se puede desprender; y decís: “no entiendo por qué está con ella, que le llena la cabeza, y toda la historia”…ahora ¿el problema está en lo que él hace, o en cómo vos interpretas la situación?, ¿no será que él necesita hacerlo?; ¿y por qué no lo podemos amar con esa debilidad? ¿Por qué te lo aguantaste al principio del noviazgo, y hasta la llamabas ‘mamá’ a tu suegra? (¡porque te lo querías enganchar!), pero eso de ‘mamá’ más bien es: “a esta vieja no la aguanto.” Amarlo más significa estar más atenta a cómo yo interpreto lo que él hace; y en verdad, si quiero amar más tengo que interpretar las cosas de una manera diferente.
Así que, ¿cómo se ama más?:
1) Re-enfocándome
Re-enfocarse es preocuparse menos por lo que hace nuestra pareja y concentrarse más en lo que nosotras necesitamos. Supongamos que digo: “él no me presta atención” y me concentro en que él no me presta atención, “él está en otra cosa, no me da bolilla, no viene a casa temprano, no me habla, no me entiende”; en vez de concentrarme en las actitudes de él, me tengo que concentrar en lo que yo estoy necesitando: “tal vez me sienta muy sola, y lo que necesito es algo que –tal vez– él no me lo pueda dar; pero lo tengo que conseguir por otro lado” …¡y no va a ser con otro hombre!, porque vas a caer en lo mismo: es una necesidad tuya y la vas a tratar de buscar en otro hombre que tampoco te la va a dar; porque la necesidad es tuya, decí: “la necesidad es mía.” ¿Cómo puedo darme compañía, estar ocupada, sentirme querida, sentirme amada, sentir que me dan importancia, desde otro lugar, bajo otra circunstancia?, ¿cómo me voy a proveer de eso que estoy necesitando? Porque es evidente que este hombre no me lo puede dar, porque es así. ¿Cuántas cosas le exigís a tu pareja que tu pareja no está en condiciones de darte, porque ‘no le da’ para dártelas? No le da el cuero para darte, no puede o no quiere, porque hay hombres que tampoco quieren, o lo que sea. Entonces ¿por qué vas a la misma fuente?, ¿por qué no buscas otra fuente, otra forma de satisfacer esa necesidad, que es tuya? Porque él no necesita de compañía… ¡la que necesita de compañía sos vos! Y no es engañándolo, buscando otro hombre, sino buscando otra pasión. Cuando usted dice: “a ver ¿qué puedo hacer yo para no sentirme tan sola y no tener que depender de que él me llame por teléfono, me abrace o me diga te quiero…?” Si usted encuentra la manera, usted vuelve a transformarse en una mujer llena de poder, y ya no le cuesta tanto soltar el amor, porque no está esperando nada, porque no es que usted ama para que el otro le cubra una necesidad; porque entonces se va a ver en crisis siempre, porque los otros no pueden cubrir todas nuestras necesidades. Y cuando yo siento que puedo buscar otra manera de no sentirme sola –por ejemplo– ahí yo empiezo a soltar el poder que hay dentro mío y me transformo en una mujer llena de poder; y ya no me da miedo arriesgarme a amar a esa persona tal cual es, sabiendo que tal vez justo eso ahora no me lo puede dar.
2) Re-enmarcar
¿Vieron cuando le ponemos otro marco a un cuadro? Si yo le cambio el marco lo veo totalmente diferente; puede ser mejor o peor; puede verse de más categoría o de menos, de acuerdo al marco que tenga. ¿Qué es re-marcar una situación de pareja? Es ver la situación desde distintos puntos de vista. Por ejemplo: “yo lo veo a mi marido sentado en el sillón, y yo lavando los platos; él es un vago que no hace nada”; ¡hace veinticinco años que venís diciendo que tu marido es un vago! O sea, a esa escena le ponés siempre el mismo marco; ¿cuál es el marco?: “vago; porque mi marido es un vago”; lo critico, le hablo a todo el mundo de que él no sirve para nada… y eso hace que yo me enoje más, que no quiera ser una mujer pasional, no quiero darle más amor; y yo cedo, cedo y cedo y siempre le pongo el mismo marco. ¿Qué tengo que hacer para amar más? Cambiarle el marco; interpretar esa situación de otra manera. Y acá tenemos que ser muy sabias… ¿Cómo voy a interpretar esa situación de otra manera? Por ejemplo: lo veo sentado
–como lo veo hace veinticinco años– sin hacer nada, pero ahora mi actitud cambia y digo: “¿no será que este hombre sabe disfrutar más de sus momentos libres?, ¿no será que él me está enseñando cómo debería disfrutar yo de mis momentos libres, y yo no lo puedo hacer, y por eso me da bronca que él lo haga?, ¿no será que él sabe lo que es pasar momentos de tranquilidad en el día, y de descanso, mejor que yo…?” Entonces, ¿qué hice ahí?: le puse otro marco… ¿no suena diferente eso? Darte cuenta que ese hombre –por ejemplo– no está ahí sentado en el sillón para dañarte la vida a vos; está tirado en el sillón porque le gusta estar sentado en el sillón; no lo hace en contra tuya; lo hace a favor de él. “¿Pero por qué está tirado ahí?, ya le voy a mostrar que es un vago… ahora no hago nada” ¡‘No hago nada’ no! Oime: no lo está haciendo en contra tuya, lo está haciendo a favor de él; en ese momento no quiere hacer nada, solo quiere descansar. Tengo que re-enmarcar esa escena. Nunca lo hace en tu contra; si pensás así de todo lo que ves que hace tu pareja… Él no lo hace en tu contra; lo está haciendo porque no sabe actuar diferente, y porque lo está haciendo a favor de él; pero eso no quiere decir que te lo hace para ‘refregártelo en la cara’ y para que vos sufras. Este mensaje es para algunas de ustedes…
Por ejemplo, la típica escena: abre el placard y dice “uuuy, no tengo una camisa limpia”, la mujer tradicional va a ir donde está el lavarropas, o la soga, y va a buscar una camisa, se la va a planchar… “hmm, acá la tenés” ¡¿Cuántas hicieron eso alguna vez?! Otra mujer va a decir: “¡yo no soy tu sirvienta!, ¿qué te creés, que yo te tengo que planchar las camisas? …a mí la pastora Alejandra me dijo que no tengo que hacer nada, y yo no voy a hacer nada”, y entonces él empieza a gritar, le seguís gritando, vos defendiendo tus derechos, él sigue gritando, él te prohíbe venir a la iglesia, a la reunión de los martes, porque dice que te están llenando la cabeza, “…y qué le vas a enseñar a tus hijos” ¡y se arma el desastre total por una camisa! A ver… ¿cómo re-enmarcamos eso? El hombre abre el placard: “no tengo una camisa limpia” “…ahá, es verdad, no tenés una camisa limpia… qué pena” ¡y respondés con simpatía! Eso es una forma de amarlo más: responder con simpatía frente a las situaciones en la que actuarías como una mujer tradicional, o irías como un gatito atrás haciendo todo, o lo harías como una mujer enojada y frustrada, peleándote y generando más peleas. Actuar con simpatía frente a esas situaciones es amarlo más; y no es ceder a lo que él quiere, porque no vas a ir corriendo a buscar una camisa limpia y planchársela para que la tenga; le vas a decir: “es verdad, no hay una camisa planchada.” ¿Te das cuenta qué simple? O sea: no necesariamente le tenés que resolver a él todo lo que él quiere, porque él y nosotras tenemos que entender que los demás no están para que les cumplamos las expectativas. Entonces vos no te podés enojar porque él espera que le planches la camisa; él podría enojarse por eso, y él puede seguir queriendo que le planches la camisa; lo importante escómo reaccionás vos frente a eso. Él lo puede querer; vos tal vez te podés enojar por eso, pero tampoco vas a ir a atrás a hacérselo. Una cosa es la expectativa que él tenga, puede ser que él quiere que estés temprano en tu casa… ¿y por qué te vas a poner mal? Eso no quiere decir que vos estés siempre temprano. Ó él quiere que le cocines la comida como le cocinaba la mamá; esa es su expectativa… ¿está mal que tenga esa expectativa? Él lo aprendió así, y es la manera que él cree; y bueno, es su creencia. Eso no quiere decir que vayas y le hagas la comida como él quiere. Mirá si él quisiera que le cortes las uñas de los pies con la boca …¡es su expectativa! ¿Vos vas a ir a hacerlo? Pero tampoco te enojes por la expectativa de él; “a vos te hubiese gustado tener una mujer así; pero acá estoy yo.” Responder con simpatía no es ceder, no es pelearse; es amarlo más. Porque así podemos amar lo que esa persona es y no lo que debería ser. Yo tengo que entender que mi marido tiene ciertas expectativas con respecto a mí, con respecto a los hijos, con respecto a su trabajo, con respecto a la vida, y también una expectativa con respecto a Dios; tiene sus expectativas. Y yo no me tengo que enojar por las expectativas del otro, porque yo también tengo mis expectativas: “yo quiero que mi pareja me proteja”, esa es mi expectativa; ahora: hay que ver si él me quiere proteger.
¿Cómo le gusta amarte a tu marido? Eso es lo que tenes que aprender; ¿cuál es la manera que él siente que te expresó todo el amor del mundo? Porque hay hombres que les gusta amar regalando, sienten que cuando regalan te están amando; pero hay otros hombres que sienten que sentarse en el sillón al lado tuyo diez minutos es amarte, mirando la tele juntos; “estuvimos toda la tarde juntos vieja, qué bien que la pasamos.” Tenemos que descubrir qué es para ese varón amarnos a nosotras; tengo que descubrir cuál es el código de amor para él. Para él hacer el amor es darte un beso en la cara, hacer todo lo que tenga que hacer –…la regla de ‘los tres minutitos’– y dice: “…qué bien que la pasé gorda, me hiciste ver las estrellas” …¡y vos estabas esperando otra cosa! Porque tenías otra expectativa; pero para él fue la noche mágica; y decís: “¿eso es todo, no hay nada más?”, pero para él fue una noche espectacular; y vos decís: “ya no hay pasión en esta pareja”, y él te dio lo más que pudo, porque al viejo no le da más, te dio lo mejor que le salió esa noche; y él se sintió en el cielo, y se siente el macho; y vos decís: “¿esto era?”
En mi casa, a mi papá le gustaba todo lo grande: le traía los fines de semana a mi mamá veinte docenas de flores estrilipcias –esas que son laaargas– y todos los sábados mi casa parecía un cementerio, pero mi mamá no le decía nada porque era la manera que él sentía que amaba a su mujer: llevándole flores. Y mi mamá en vez de decir: “para qué gastas la plata en eso”, noooo, porque era lo que a él le salía. Mi papá era un hombre muy duro, entonces lo que le salía era llenar la casa de flores y demostrar de esa manera el amor, que no espere otra cosa mi mamá de él. Lo que ella esperaba –mi mamá– era una ‘revoleada por el aire’, y mi papá era duro, era griego, duro; era lo que él le podía demostrar del amor. Y mi mamá se acostumbró a eso, y en vez de decirle: “a vos te parece… la casa huele feo, ¡parece un cementerio!”, no le decía nada; recibía las flores, “gracias mi amor”, y nosotros decíamos: “oootra vez flores.” Tenemos que descubrir el código del amor; hay tantos miedos que tienen los hombres, hasta a veces no se atreven a decir cosas porque nos tienen miedo, porque hemos sido muy críticas y muy duras en la vida en vez de ser simpáticas. Decí: “tengo que ser simpática, tengo que dar más amor.”
Primero: tenés que amarlo más –que no tiene nada que ver con ceder todo–; si hay alguna mujer acá que está siendo golpeada, maltratada, insultada, vejada, eso no es amarlo más. Por eso te dije que no es para todas; eso lo tenemos bien claro: estamos hablando de las que están como perdiendo la pasión, pero sin embargo quieren quedarse y quieren que pase algo nuevo.
Segundo: necesitarlo menos. Tengo que amar sin necesitar, y tengo que saber bien la diferencia entre lo que es amar y lo que es necesitar a alguien. Una cosa es amar y otra cosa es necesitarlo, y yo tengo que amar más, pero necesitar menos. Para eso debo desarrollar diferentes fuentes de pasión distinta a los hombres; buscar muchas fuentes por donde puedo soltar mi pasión y mi energía; y poder recibir cosas. Por lo tanto, tengo que desarrollar esas fuentes de pasión, estar atenta a los diferentes placeres de la vida. Yo hablaba hoy en el programa de ‘Utilísima’ que muchas mujeres nos hemos olvidado –por ejemplo– de sentir placer al comer, porque todos los alimentos son prohibidos, “qué me voy a comer ese chocolate lleno de menta; qué me voy a comer tal cosa, qué voy a probar tal otra”, entonces la comida empieza a ser algo prohibido y nos hemos olvidado de comer. Chicas: no digo ‘meterte comida en la boca y reventar’, estoy hablando del placer de sentarte en una buena mesa, de servirte una rica comida, de prepararte algo que realmente te guste mucho, que puedas disfrutar de ese momento. O el placer de crear, el placer de dibujar, de pintar, de tejer, de coser, de pasear, de caminar por la calle, de mirar vidrieras …de lo que sea; el placer de ayudar a alguien, el placer de trabajar en una institución como voluntaria, el placer de servir al Señor; hay diferentes fuentes de placer y tenemos que volver a recuperar esas diferentes fuentes de placer. Porque sino vamos a creer que la única fuente de placer en nuestra vida tiene que ser ese hombre, y que ese hombre nos tiene que hacer felices y hacernos sentir bien. Decí: “tengo que estar atenta a lo que me da placer.” ¿Qué es lo que te da placer, de donde puede venir tu placer? Hace años que tal vez no hacés cosas placenteras; estás afanada en la vida, logrando esto, tratando de conseguir aquello, peleándote, preocupándote, diciendo: “esto no va más…” ¿y por qué no hacés algo durante todo el resto de tu vida que te cause verdadero placer? Tenés que buscar dentro tuyo qué es lo que te da placer verdadero, que digas: “lo disfruté un montón.” Por ejemplo: viajar, darse un baño de inmersión, estar ahí tirada, hasta que te arrugues como una pasa de uva; pero por placer. “Qué bueno, esto me hizo bien, y no lo estoy esperando de él.” ¿Estoy esperando caricias?, voy y me doy unos masajes en un spa, y listo. Entonces al otro lo necesito menos, y eso está bueno porque no voy a estar con el otro por pura necesidad, sino por amor; y ahí está la diferencia. Y así vuelve a surgir el amor en la pareja, no la necesidad. Si viene de él, ok; pero sino, no te preocupes; “yo sé donde ir a buscar lo que necesito” …¡y no estoy hablando de otro hombre!
Y por último, tengo que establecer un límite firme entre él y yo. Cada falla de él no es un reflejo de una debilidad tuya. Hay mujeres que cuando el marido comete un error se amargan y se angustia porque creen que es una debilidad ellas, porque las mujeres nos cuestionamos todo. Son esas mujeres que van a comer a un lugar y le viven pateando debajo de la mesa al hombre: “no hagas este gesto, cuidado, no digas esto” porque creés que esa debilidad de él es un debilidad tuya. Y ahí tenés que marcar un limite: él es él y yo soy yo; y si él se equivoca no tengo por qué corregirlo; si él se equivoca, él se está equivocando y él aprenderá. Yo puedo ayudarlo en la medida que él quiera cambiar, pero si él no quiere cambiar, entonces no soy yo quien lo tiene que cambiar.
Lo que más necesito para amar más a mi pareja, lo que más necesito es amarme más a mí; eso es una clave fundamental. Cuando yo me empiezo a amarme más a mí, yo empiezo a romper con el estereotipo del ‘príncipe azul’, de que tengo que tener al lado un hombre pasional, perfecto, que esté pendiente de mí todo el tiempo; empiezo a necesitarlo cada vez menos. Entonces me doy cuenta que estoy al lado de una persona real; rompo esa fantasía y dejo de vivir en la fantasía, porque la fantasía me sirve para motivarme al principio, pero después ya de fantasías no vas a avanzar. Rompé el esquema de ese príncipe azul, ese ideal, y así me doy cuenta que me casé con un hombre de carne y hueso, que tiene sus prioridades, que tiene sus caprichos, que tiene sus cosas, pero que es él, y lo que tengo que lograr es soltarle amor a él, no quererlo cambiar para que sea otro hombre en él; tengo que amarlo como él es.
El amor es como un ‘combo’, como un menú ya armado. ¿Cuántas viajaron en avión alguna vez? Las azafatas cuando te van a servir la cena te dicen: “¿pollo o carne?”, si vos elegís pollo te viene con arroz, y si elegís carne te viene con papas; no hay manera de que la carne te venga con arroz y que el pollo con papas; si es pollo, es con arroz; y si es carne, es con papas. O sea: si vos elegiste pollo, te va a venir con arroz y si elegiste carne, con papas …te guste o no. Así es la pareja: vos elegiste pollo, y te vino con el arroz; está en vos comerlo o no, pero no hay cambio; acá no podés hacer cambio… te vino con el ‘combo completo’: tiene cosas muy buenas –“mi marido tiene cosas muy buenas”– y tiene un poco de arroz, que a veces me lo tengo que tragar… ¡pero lo amo porque él es ‘mi pollo’!
Buscá tu manera particular de amarlo, amalo más y necesitalo menos. Vamos a decir esta fórmula que es maravillosa: amarlo más necesitarlo menos. Por eso yo insisto tanto en la independencia, que no es para separarte de los demás, es para poder unirte mejor a los demás, no por necesidad sino por amor. Es decir: “no te busco porque me tenés que pagar el alquiler”, “no te busco porque tengo que tener un hombre al lado que me cuide”, “no te busco porque me dijeron que me tengo que casar, y sino voy a parecer una solterona”, “no te busco porque vos me vas a proteger”, “te busco porque te amo.”
Porque de todo lo demás yo me busco mis propias fuentes y me hago cargo.
“Señor, vos sos la principal fuente de mi pasión, sos mi Papá; te amamos, sos la fuente de nuestra vida. Te amo, eso es simplemente, te amo porque me sale amarte, porque he decidido soltar amor sobre vos y porque no hay nada más lindo que cuando suelto amor.”
Dice la Biblia que el camino más excelente es el amor. Fijate qué bárbaro: el camino más excelente es el amor; si querés encontrar el camino excelente buscá el amor, porque Dios dice en 1ra Corintios 13: puedo hablar, puedo pasarme adorando al Señor, puedo adorar como los ángeles y pedir que Dios haga un milagro en mi pareja, o dice que hasta puedo tener una fe inconmovible de que Dios cambiará mi pareja (“yo sé que Dios cambiará y tengo una fe ‘a prueba de balas’ y sé firmemente que Dios lo va a cambiar”), o hasta puedo profetizarle a mi pareja y decir, “yo declaro que de acá a tres meses vendrá a la iglesia adorando, sirviendo al Señor, que va a dejar las manías, que se va a volver un hombre trabajador, siempre alegre, divertido” y le puedo mandar profecía, toda la que crea; y también puedo entender todo lo que pase –los rayes de él y los míos, el por qué no funciona la pareja–, puedo entender todo; hasta puedo ofrendar, “mirá, te voy a dar una ofrendita porque estoy orando por mi marido y te doy esta ofrendita, Dios me va a responder esta oración”, puedo dar; pero dice: “si no tengo amor, no soy nada, y nada gano”, si no tengo amor –que es el camino más excelente– no soy nada y no gano nada; o sea, acá no es ni la fe –este no es un problema de fe, el problema de pareja–, no es un problema que tengas que seguir dando, no es un problema de adoración; el problema de pareja es un problema de amor, que es el camino más excelente. Cuando nos atrevemos a soltar amor con simpatía, ver las cosas de otras maneras, sentir que las cosas no las hace por mí sino que son sus propias debilidades, entender que donde hubo fuego, cenizas quedan; porque dice 1ra Corintos 14: “el amor jamás se extingue”, está ahí, no es que no está, está dentro tuyo, lo que pasa es que no lo soltás porque te cansaste, te hartaste, pero está ahí dentro; porque el amor no se extingue, es el camino más excelente. Amalo más y necesítalo menos; sé cada vez menos dependiente de él, sé una mujer independiente. Aprendé a amarlo por lo que él es, soltale amor con simpatía. No tiene que ver con la fe que pongas en una relación, tiene que ver con el amor que logres soltar. Concentrate en lo que querés.
Hoy le decía a una persona: “en mi boca está el poder de la vida y de la muerte”, yo puedo hablar con mi boca y con mi boca puedo ponerle vida a la pareja que se está muriendo, o puedo con mi boca ponerle muerte a esa pareja que se está muriendo; va a depender de lo que quiera poner.” Vas a soplarle amor para darle vida, o vas a tener frustración, negatividad y el famoso ‘y pero si ya no funciona…’ Jesús nunca tuvo en su boca esa frase, porque para Él todo funcionaba, y para nosotras –mujeres de fe– todo funciona, ¿sabés por qué? porque hoy nos hemos dado cuenta que los problemas de pareja son problemas de amor, no son problemas de fe. Vos sos una mujer llena de fuerza, vos profetizás, vos das, vos sembrás, vos hacés de todo; pero acá no es cuestión de todo eso… hay que hacer todo eso, pero primero a través del camino del amor. Si sabés soltarle amor, las cosas se van a arreglar… no lo habías pensado tal vez.
Acordate: amar no es ceder siempre, no es dejarse maltratar, amar es decir: “soy simpática, te comprendo y te necesito cada vez menos; soy más independiente, pero te amo por lo que sos, no por lo que yo quiero que seas, no por lo que a mí me gustaría que fueras; te amo porque sos especial, humano; porque un día te elegí para que compartamos toda la vida.
El camino más excelente es el camino del amor. Dice 1ra Corintios 14: “empéñense en seguir el amor”; tenés que estar empeñada, obsesionada en seguir el amor; usted primero ame y después ofrende; profetice, adore, pero primero ame, suelte amor. El amor puro, ese amor puro: “yo te amo; no importa que no cambies”, suelte primero amor, y la base tiene que ser el amor. Es como cuando uno va a tomar un café de ‘Starbucks’, siempre te preguntan de qué lo querés, pero la base es café, siempre la base es café; le podés agregar crema, chocolate, canela; pero la base siempre es la misma. La base siempre es el amor; después agregale ofrenda, oración, ‘concilio de oración’ para ver si el hombre cambia… lo que quieras; pero la base es el amor. Y de todo lo que estés necesitando, buscá otras fuente de pasión. Tal vez eso él no te lo pueda dar, pero vos buscá otra fuente de pasión. Quiero que pienses… ¿qué estabas esperando de tu pareja?, –pensalo bien– …¿habrá otra manera de que puedas tener eso?, ¿habrá otra pasión por donde puedas ir a buscar eso que estabas necesitando? Pensá qué podrías hacer en estos días que te ayudará a soltar otra pasión, algo que siempre querías hacer pero que no lo hiciste porque estabas seria, esperando que él te diera eso. Hacelo, porque tenés que amarlo más pero necesitarlo menos.
Por Alejandra Stamateas |
Comentarios recientes