La Importancia del Espíritu Santo (segunda parte)

14 jun

La Importancia del Espíritu Santo (segunda parte)

La Biblia nos muestra a través de distintos pasajes la importancia que tiene el Espíritu Santo.
Lo más importante en nuestras vidas debe ser la presencia de Dios. La compañía de Dios vale más que cualquier cosa. Por esa razón Dios nos ha dado al Espíritu Santo. Él es quien nos guía y nos da la presencia y el poder de Dios.
Jesús debió recibir poder por parte del Espíritu Santo. La Biblia nos muestra como Jesús fue guiado por el Espíritu, en Lucas 4:1 dice: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto.” El Señor Jesús fue llevado esos cuarenta días al desierto por el Espíritu Santo para conocer Su presencia y poder.
Cuando el Espíritu Santo te ha dado su presencia, te dirige a un desierto para que tengas un tiempo a solas con Él. Esto no quiere decir que te va a dejar solo. Él te esta invitando a que tengas un tiempo de soledad para que le conozcas y puedas caminar en su poder de la misma manera en que lo hizo Jesús.
El Espíritu Santo quiere estar a solas contigo porque desea que le conozcas. No puedes caminar en el poder de alguien que no conoces.
Caminar en el Espíritu y poseer la presencia del Espíritu son dos cosas diferentes. Hay un desierto en medio de ellas. Este desierto es el tiempo en el que debes aprender a estar a solas con el Espíritu Santo y conocerlo.
La Palabra de Dios nos muestra la fama que alcanzó Jesús por el poder del Espíritu Santo. En el versículo 14 del capítulo 4 de Lucas dice: “Y Jesús volvió en el Espíritu Santo a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor”.
La fama de Jesús se difundió por el poder del Espíritu Santo, porque un carpintero, por el simple hecho de ser un carpintero no iba a tener fama. Jesús obtuvo fama por el poder del Espíritu Santo que le acompañaba.
En Lucas 4:17-22 dice: “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca y decían: ¿No es este el hijo de José?”.
La importancia que posee el Espíritu Santo es muy grande, tanto que el primer mensaje que predicó Jesús en la sinagoga fue acerca de Él.
Cuando Jesús murió se entregó al Espíritu Eterno, cuando resucitó fue mediante el poder el Espíritu Santo. Antes de ascender al cielo, Jesús se le apareció a sus discípulos durante cuarenta días, hablándoles acerca del reino de los cielos. Jesús les dio instrucciones a sus discípulos antes de partir, la más importante de estas fue sobre la presencia del Espíritu Santo.
En Hechos 1:4-5 dice: “Y estando juntos les mando que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.”
Jesús dejó muchas instrucciones a sus discípulos, pero la más importante fue que esperaran ser investidos de la presencia del Espíritu Santo.
En la antigüedad lo más importante era la presencia del Espíritu Santo. Pero ahora sucede lo contrario, le hemos restado importancia y de lo último que se habla es de Él.
Al parecer, hoy en día se le da importancia al Espíritu Santo para las vigilias, para el bautismo, ó para recibir sus dones. Eso no debe ser así. Debemos volver a la senda antigua que es por la que caminó Jesús. En esta senda lo primero que se reconoce es la presencia del Espíritu Santo.
La presencia del Espíritu Santo es la que te guía y te da fuerzas y poder para poder realizar la obra de Dios.
En Hechos 10:38 dice: “Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazareth, y como este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.” En este pasaje, la Biblia nos muestra que la unción del Espíritu Santo es la que nos da poder.
En el libro de Hechos 2:1-4 dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cuál lleno toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Y en el versículo 14 dice: “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos lo que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque estos no estaban ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda la carne.”
La iglesia habló de primero del Espíritu Santo, y después de Jesús como el enviado de Dios para salvar al mundo. En medio del mensaje, la gente compungida de corazón, empezó a aceptar a Jesús como su salvador.
Si tu haz hecho de menos al Espíritu Santo, debes pedirle perdón a Dios. Si te haz enfriado y has tomado una mala actitud para con Dios y para con el Espíritu Santo, estas trayendo a tu vida una maldición muy grande, tanto que no vas a aguantar con ella. No traigas a tu vida más pruebas de las que puedas soportar siendo duro de corazón.
No existe motivo para que seas necio y pelees con el Señor, no ganas nada apartándote del camino de Dios y de la presencia del Espíritu Santo.
La clave de todo un mover de Dios está en que nosotros entendamos, creamos y nos comportemos dándole la importancia que tiene el Espíritu Santo como la persona divina que es.
Se sincero contigo mismo y sensato en tus actos. Dios nunca te ha hecho nada malo para que te apartes de Él. Todo lo contrario, te ha tenido paciencia, te ha bendecido, te ha amado siempre y ha luchado por ti. El Señor nunca te ha dejado solo, Dios te dio la presencia del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo siempre esta contigo, Él es tu consolador. Él es quien te unge y te da fuerzas y poder.

Fuente: http://www.foroekklesia.com/showthread.php?t=8777

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