PROFETAS MENORES

28 abr

PROFETAS MENORES

Una Biblia latina belga de 1407.
I. Introduccion:[0]

 

 

1.DIVISIONES

A. División por libros

Así como la Biblia está dividida en dos testamentos, así también éstos se subdividen en varias secciones o grupos de libros. Son estas secciones las que determinan el orden de los libros de la Biblia, el que no siempre ha sido el mismo a lo largo de los siglos.

1) Divisiones del Antiguo Testamento

a) Sistema hebreo. El AT estaba dividido originalmente en dos secciones llamadas Ley y Profetas, a las cuales se alude frecuentemente en el NT (Mt.5:17; Lc.16:16; Hch.13:15; 24:14). También se ha hallado esta división en los manuscritos del Mar Muerto. Pero desde el siglo II a.C. hasta nuestros días los judíos han dividido el AT en tres secciones, a saber: La Ley, Los Profetas y los Escritos. Aunque estas secciones comprenden solamente 24 libros, éstos equivalen a los 39 de nuestras Biblias.

En el sistema hebreo, los libros fueron colocados en el siguiente orden:

• La Ley (Torah): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

• Los Profetas (Nebhin):

 -Profetas Anteriores: Josué, Jueces, Samuel y Reyes.

- Profetas Posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce (profetas menores).

• Las Escrituras (Ketubim o Hagiografía):                                                                              
– Libros Poéticos: Salmos, Proverbios y Job.

- Cinco Rollos (Megilloth): Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Ester y Eclesiastés.

- Libros Históricos: Daniel, Esdras-Nehemías y Crónicas.

Los cinco rollos se leían en las fiestas anuales: Cantares en Pascua; Rut, en Pentecostés; Eclesiastés, en la fiesta de los Tabernáculos; Ester, en Purim y Lamentaciones, en el aniversario de la destrucción de Jerusalén. Jesucristo se refiere a la división tripartita en Lucas 24:44. En este lugar, a la tercera la llama Salmos.

b) Sistema griego. Los traductores de la versión de los Setenta no se limitaron a traducir el AT al griego sino que además, le introdujeron varias modificaciones en su estructura. Entre ellas podemos mencionar las siguientes:

• División de Samuel, Reyes y Crónicas.

•  Separación de los libros combinados en los Doce, y Esdras y Nehemías.

•  Cambio de nombre de varios libros.

•  Nueva agrupación de los libros de los Profetas y de los Escritos.                   

Así el AT quedó dividido en cuatro secciones que son: la Ley, los libros históricos, los libros poéticos y los libros proféticos. La diferencia fundamental entre el sistema de división hebreo y griego consiste en que, mientras el primero parece basarse en la categoría de los escritores, el último se basa en el contenido de los libros. La división del AT según el sistema griego ha sido la base de la estructura moderna de esta parte de la Biblia. Sólo ha habido variaciones en el orden de los libros; pero las divisiones han permanecido iguales.

En las versiones modernas de la Biblia los libros del Canon hebreo vienen agrupados en cuatro categorías:

• La ley : Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

• Los libros históricos: Josué, Jueces, Rut, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes, 1-2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester.

• Los libros líricos y de sabiduría: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.

• Los profetas: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel y los profetas menores.

Desde luego, tratándose de una división artificial, no todos los libros están en el grupo que les corresponde. Por ejemplo, Génesis es un libro histórico y Lamentaciones, poético. La mitad de Daniel es histórica en su mayoría, y la otra mitad profética. Algunos libros poéticos son en gran parte proféticos y además contienen historia. Pero en general, se han agrupado según su contenido.

2) Divisiones del NT. Siguiendo el sistema de la versión de los Setenta, los dirigentes de la iglesia primitiva dividieron el NT en cuatro secciones que son:

• Libros biográficos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

• Libro histórico: Hechos.

• Libros didácticos:

 -Epístolas de Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Calatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Fiiemón.

- Epístola a los Hebreos.

- Espístolas universales: Santiago, 1 y 2 Pedro, 1-3 Juan y Judas,

• Libro profetico: Apocalipsis.

Como se podrá notar, los libros de la Biblia no están arreglados en orden cronológico, pero en algunas secciones sí se puede ver tal orden.

B. División por capítulos y versículos

Leer un rollo se complicaba mucho, sobre todo al buscar un pasaje determinado. Por esta razón se empezaron a hacer divisiones para ayudar en la búsqueda.

1) Las primeras divisiones se fe hicieron al Pentateuco (586 a.C.). Fueron 154 agrupaciones (sedarim) para facilitar su lectura en un plan de tres años.

Cincuenta años más tarde se le seccionó en 54 divisiones (parashiyyoth) y en 669 segmentos más pequeños para facilitar la ubicación de referencias. Estas se usaron en un ciclo de lecturas de un año.

Los griegos hicieron divisiones alrededor del año 250 d.C. El más antiguo sistema de división en capítulos data del año 350 d.C. aprox., en los márgenes del Códice Vaticano.

Pero no fue hasta el siglo XIII que estas secciones fueron cambiadas. Esteban Langton, profesor de la Universidad de París, y más tarde Arzobispo de Canterbury, dividió la Biblia según la moderna división de capítulos (1206 d.C.}.

2) Los primeros indicadores de versículos variaron desde el uso de espacios entre palabras, hasta letras o números. No se usaron sistemáticamente de manera universal. Las primeras divisiones en versículos ampliamente aceptadas aparecieron alrededor del 900 d.C. La división en versículos del NT que tenemos en la actualidad es obra del impresor Roberto Estienne, quien la hizo en 1550 en un viaje de París a Lyon. No siempre es buena, y acusa las huellas de su origen: ser hecha durante un viaje; pero se introdujo rápidamente y por eílo,por razones prácticas se mantiene.

La Vulgata Latina fue la primera Biblia que incorporó la división tanto en capítulos como en versículos en el AT y NT.

Evidentemente, las divisiones por capítulos y versículos no son inspiradas, por lo cual puede ser que a veces, inclusive, divide en donde no debería haber división. Esto es una razón más por la cual siempre es importante leer un pasaje en su contexto.

En este item, solo consideraremos los profetas menores. Aca podemos ver una imagen con la clasificación de los libros de los profetas menores y un resumen de su contenido.

profetas-menores

Porque están en el canon?

Están en el canon, porque estos libros son inspirados por Dios. ¿Que es el canon?  «La palabra “CANON” viene del griego “KANON”, que significa vara, caña y por extensión un instrumento de medida, una regla o norma. Se aplica el término a la lista de libros normativos: el canon bíblico es el conjunto de los libros que la iglesia ha reconocido como inspirados por Dios. En la actualidad existen dos cánones; pero de hecho sólo uno de ellos es el verdadero[1]

Está lo que se denomina el canon del Antiguo testamento y el Canon del Nuevo Testamento. En este item,solo veremos el canon del Antiguo Testamento.

El Canon de Antiguo Testamento

«El canon judío de los Libros Sagrados ignoramos cuándo fue definitivamente cerrado. Para unos sería en tiempo de Esdras y Nehemías (siglo V a.C.); para otros, en la época de los Macabeos (siglo II a.C.). Lo cierto es que los judíos tenían en el siglo I de nuestra era una colección de libros Sagrados, que consideraban como inspirados por Dios.

Los documentos literarios que tenían autoridad en el pueblo de Israel se fueron multiplicando poco a poco. El libro de la ley de Moisés fue guardado al lado del arca del pacto (Dt. 31: 24 – 26), luego Josué, el sucesor de Moisés, adjuntó lo que él había escrito (Jos. 24: 26). El profeta Samuel por su parte, consignó el derecho de los reyes en un libro que puso ante el Señor (1 Sam. 10: 25). Ezequías, rey, mandó coleccionar las sentencias de Salomón (Prov. 25:1).

Pero es sobre todo en la época de Josías, rey (640-608 a.C.), cuando se comienza a hacer recurso a la autoridad de un texto escrito, cuyo carácter de código sagrado parece que había sido reconocido oficialmente. Antes del reinado de Josías no consta que la Ley mosaica haya gozado de una autoridad “canónica” universalmente reconocida.

Sin embargo, después que el sumo sacerdote Helcías encontró en el templo del Señor “el libro de la Ley” (2 R. 22; 23; 2 Crón 34; 35), las cosas cambiaron radicalmente. No se sabe si el libro encontrado ha de ser identificado con el Pentateuco entero, o más bien con sólo el Deuteronomio. Pero el hecho es que, a partir de este momento, “el libro de la Ley” fue considerado como algo muy sagrado y como la colección de las leyes dadas por Dios a Israel. En los libros de los Reyes encontramos ya las primeras citas explícitas de “la Ley de Moisés” (1 R. 2: 3;  2 R. 14: 6).

Los profetas Isaías (Is 30: 834: 16) y Jeremías (Jer 36: 2-427-32) escribieron sus profecías. Y la obra del profeta Jeremías está inspirada indudablemente en el espíritu de la reforma de Josías. Este mismo profeta tiene citaciones de profetas anteriores (Jer 26:1849:14-16 = Miq 3: 12; Abd 1: 4), lo cual parece indicar que ya existían colecciones de profecías.

Después del destierro babilónico tenemos testimonios escriturísticos importantes, de los cuales podemos deducir que casi todos los libros protocanónicos estaban ya reunidos en colecciones y eran considerados como canónicos. Los textos bíblicos de esta época nos dan a conocer tres clases de Libros Sagrados: la Ley (Torah), los Profetas (Nebi’im) y los Escritos o Hagiógrafa (Ketubim).

El primer testimonio en este sentido es el del libro de Nehemías (8 – 9). En él se narra que Esdras, sacerdote y escriba, leyó y explicó la Ley de Moisés delante del pueblo. Y, después de escuchar su lectura, el pueblo prometió con juramento observarla, lo cual parece indicar que reconocían autoridad canónica al Pentateuco. 

El profeta Daniel afirma que “estaba estudiando en los libros el número de los setenta años… que dijo Jehová a Jeremías profeta” (Dan. 9: 2;  Jer. 25: 11; 29: 10). Esto demuestra con bastante claridad que en aquel tiempo ya existía una colección de Libros Sagrados.

Para el año 132 a.C. se afirmaba que ya existía una triple división de las Escrituras: La Ley, Los profetas y los otros escritos análogos.

Los hebreos siempre han creído que fue en los tiempos de Esdras  y de Nehemías que se estableció el Canon de la Biblia de los libros inspirados del AT.

En el siglo I de nuestra era se nos da ya claramente el número de los Libros sagrados y su triple división: Ley, Profetas y Hagiógrafos. Sin embargo, en algunos ambientes judíos existían ciertas dudas sobre la canonicidad del Cantares, Proverbios, Ezequías y Ester. Para unos debían ser excluidos de la colección de los Libros Sagrados y de la lección pública de la sinagoga; para otros tenían la misma autoridad que los demás Libros Santos. Esto supone que ya por aquel entonces habían sido recibidos en el canon del AT.

El NT contiene innumerables citas del AT, aunque no nombra explícitamente los libros. Parece que no se alude a los libros de Rut, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías. Pero es indudable que los autores del NT admitían y usaban los libros canónicos recibidos por los judíos.

Josefo Flavio (38-100 d.C.), en su libro Contra Apión (1: 7-8), compuesto hacia el año 97-98 d.C., escribe que los judíos no tenían millares de libros en desacuerdo y contradicción entre sí, como sucedía entre los griegos, sino sólo veintidós, que eran justamente considerados como divinos y contenían la historia del pasado. Los 22 libros los distribuye de la siguiente manera: cinco de Moisés, trece de los profetas y otros cuatro libros que contenían himnos de alabanza a Dios y preceptos de vida para los hombres. Este texto de Josefo Flavio es de gran importancia, aunque no nos dé los nombres de los libros. Lo cual nos indica que en aquel tiempo ya se encontraba cerrado el canon de los judíos. Este hecho parece que tuvo lugar, según la tradición rabínica, en la asamblea de Yamnia (hacia el año 100 d.C.).

Después de la destrucción de Jerusalén, los judíos doctos se consagraron con gran ahínco a conservar lo que aún subsistía del pasado, en modo especial las Sagradas Escrituras. A partir de la asamblea de Yamnia, quedó fijado definitivamente el canon ya admitido desde hacía unos siglos antes.

Son bastantes los autores antiguos que atribuyen el canon de 24 libros del AT a Esdras. Por eso se le suele llamar canon esdrino. Esta opinión fue de nuevo resucitada en el siglo XVI por el judío Elías Levita (1549), el cual afirmó que Esdras había sido ayudado en su labor por los “miembros de la Gran Sinagoga”. A Elías Levita siguieron muchos protestantes y católicos, de tal forma que se convirtió en la opinión común hasta nuestros días.

Para los protestantes, Esdras habría cerrado de modo definitivo el canon, de tal manera que en lo futuro no se permitió añadir más libros; para los católicos, en cambio, la compilación canónica de Esdras no había sido definitiva. Por eso, los judíos alejandrinos pudieron añadir más tarde los libros deuterocanónicos.

Josefo Flavio atribuye la formación del canon al tiempo de Artajerjes I Longímano (465-425 a.C.), es decir, al período en que tuvo lugar la actividad religiosa de Esdras y Nehemías.

Los judíos palestinenses admitían, en tiempo de Cristo, todos los libros protocanónicos como sagrados. Esto parece estar fuera de toda duda. En tiempo de Cristo, existía ciertamente entre los judíos una colección de Libros Sagrados del AT, a la que se atribuía la máxima autoridad normativa. Jesucristo y los apóstoles recibieron también esta colección de libros con suma reverencia y la aprobaron, considerándola como sagrada y normativa. Esto se deduce de la manera de proceder de Cristo y de sus discípulos. Con frecuencia recurren al testimonio de las Sagradas Escrituras, considerándolas como palabra de Dios.

La colección de Libros Sagrados aceptada por Cristo contenía sin duda alguna todos los libros protocanónicos admitidos entonces por los judíos. Entre éstos hay que incluir también siete libros protocanónicos (Rut, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías, Nahum) que no son citados en ningún lugar del NT.

Nadie pone en duda que la Iglesia primitiva haya recibido como libros canónicos e inspirados siguiendo el ejemplo de Jesucristo y de los apóstoles todos los protocanónicos del AT[2]

 

La Iglesia Católica, se rige por el canon de Alejandria, que no veremos en este item. Los Cristianos Evangélicos nos regimos para determinar cuales libros del Antiguo Testamento son inspirados y cuales no, por el llamado canon hebreo. Estas desiciones se afirmaron en la epoca de la Reforma protestante.

Al respecto podemos citar la opinion de una web católica que explica estas determinaciones:

«La canonicidad de algunos libros  del Nuevo Testamento sólo llegó a establecerse después de muchos titubeos. En la Iglesia occidental no se estableció hasta el 380-390, mientras que en la oriental, dado que todavía seguía discutiéndose sobre el estatuto del libro del Apocalipsis, no llegó a establecerse hasta finales del s. Vll. San Atanasio presenta el primer canon completo del Nuevo Testamento el año 367 Algunos católicos, entre ellos Erasmo de Rotterdam, lanzaron sospechas Do sólo sobre la canonicidad, sino también sobre la autenticidad de algunos libros de la Biblia. Además, los reformadores del s. XVI optaron por el canon de los hebreos, llamando «apócrifos» a los deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Lutero Y otros reformadores alemanes rechazaron Sant, Jds, Heb y Ap. Esto hizo necesario que la Iglesia se pronunciara dogmáticamente sobre el canon. Lo hizo en 1546 en el concilio de Trento, que exigía la misma referencia para con todos los cuarenta y cinco libros del Antiguo Testamento y los veintisiete libros del Nuevo Testamento, por el hecho de que Dios es su autor (cf. DS 1501-1505 y también 3029).

Las otras Iglesias reformadas no pusieron en discusión el canon del Nuevo Testamento, y en el s. XVll los mismos luteranos volvieron al canon tradicional del Nuevo Testamento. Todavía hoy los deuterocanónicos del Nuevo Testamento son comentados generalmente junto con los protocanónicos y en el orden tradicional: los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, por el contrario, no han recobrado aún su autoridad.»[3]

El Canon Hebreo o Canon de Palestina

«Un grupo de rabinos que habían conseguido escapar del asedio de Jerusalén en el año 70 fundaron hacia el año 90 una escuela en Yamnia. Decidieron recopilar y ordenar los libros que consideraban inspirados, tarea que finalizaron en el siglo II de nuestra era. Sólo aceptaron los que habían sido escritos en hebreo; es decir solo treinta y nueve (39) libros, excluyendo los deuterocanónicos. Estos libros se denominan “protocanónicos”. La Biblia hebrea contiene 24 libros y se dividen según el siguiente esquema: 

  1. Torah (La ley); contiene los cinco libros de Moisés 
  1. Nebi’im (Los profetas); Se dividen en: 
  • Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Reyes y Samuel) 
  • Profetas Posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce) 
  1. Ketubin (Los escritos); contiene: Salmos, Proverbios, Job, cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras – Nehemías y Crónicas

Los 24 libros de la Biblia hebrea son los mismos 39 libros del AT de los cristianos, la numeración se originó cuando se empezó a contar por separado cada uno de los profetas menores y cuando se separaron en dos los libros de Samuel, Reyes, Crónicas y Esdras – Nehemías.

Como vemos la Biblia hebrea sólo acepta a treinta y nueve libros del AT como inspirados por Dios y excluye los siete restantes y varios fragmentos del libro de Daniel y de Esther que aceptan los católicos.» [4]

«El último libro del canon hebreo de los Profetas se denomina simplemente “Los Doce”. Agrupa doce opúsculos atribuidos a diferentes profetas. La Biblia griega lo titula el Dodecaprofeton. La iglesia cristiana lo considera como la colección de los doce “Profetas Menores“»[5]

Grabado de las Lamentaciones de Jeremías, importante texto de la literatura profética.
¿Cual fue el primer canon?

«El primer canon es el Pentateuco, el cual se compone de los libros del GénesisÉxodoLevíticoNúmeros y Deuteronomio y contiene la “Ley de Dios”, que es el conjunto de los 613 preceptos del Judaísmo.

Dentro del Judaísmo surge disputa sobre el canon correcto. Un grupo religioso, los saduceos, sostiene que solamente conforma el canon de las Escrituras la Torá o Pentateuco (la Ley), mientras que otros grupos también consideran las Escrituras de los Nevi’im (Profetas) y losKetuvim (los Escritos). Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., el grupo judío predominante fue el de los fariseos, que sí considera al canon como conformado por la Ley, los Profetas y los Escritos. Así, a finales del siglo I el Judaísmo estableció en Yamnia (Yavne) como canon de sus libros sagrados aquellos que cumplieran tres requisitos: que hubiera una copia del libro en cuestión que se supiera que fue escrito antes del año 300 a. C. (cuando la helenización llegó a Palestina, con los problemas culturales y religiosos subsecuentes, y que pueden leerse en libros como los de los Macabeos o el de Daniel), que dicha copia estuviera escrita en hebreo o cuando menos arameo (no griego, la lengua y cultura invasora) y que tuviera un mensaje considerado como inspirado o dirigido al pueblo de Dios (con lo que también algunos libros que cumplían las dos características anteriores tuvieron que salir del canon).

En tiempos de Jesús de Nazaret es dominante la segunda opinión, la cual es sostenida y transmitida por muchos cristianos hasta tiempos de la Reforma Protestante con la controversia de los libros deuterocanónicos (ver «Estructura»up supra). Esta controversia probablemente se originó precisamente por el hecho de que el Judaísmo había establecido su canon a fines del siglo I, con lo que para ellos ya no estaban presentes aquellos textos que sólo se encontrarían en griego (en la versión de la Biblia judía de los Setenta). Estos libros fueron precisamente los que se considerarían, posteriormente, como deuterocanónicos.

La versión judía de la Biblia consta de 24 libros, con ciertas diferencias respecto a las Biblias cristianas. Algunas de ellas son:

Actualmente, los libros que no son considerados canónicos por católicos y ortodoxos, reciben el nombre de libros apócrifos; a su vez, esos mismos libros suelen ser denominados pseudoepígrafos por los protestantes, que, habitualmente, respetan también el nombre deDeuterocanónicos (literalmente, “del segundo canon”) para aquellos que han recibido reconocimiento canónico de católicos y ortodoxos (en general, son libros escritos originalmente en griego, incluidos en la traducción al griego de la Biblia judía conocida como Septuaginta o de los LXX). No obstante, algunas corrientes protestantes fundamentalistas insisten en conservar el nombre de apócrifos para los libros deuterocanónicos. Con todo, hay que señalar, que los primeros cristianos no usaban la Biblia hebrea, sino que usaban la Septuaginta o de los LXX por cuanto varios de los nuevos cristianos fueron judíos de cultura griega, como por ejemplo, Pablo de TarsoSan Esteban, y los evangelistas San Lucas y San Marcos.

Así pues, las versiones católicas de la Biblia constan de 73 escritos, en tanto que las versiones protestantes sólo contienen 66, debido a que ellos consideran que siete libros impresos en las versiones católicas (los deuterocanónicos) sólo son “lectura edificante”, pero no canónica. Las versiones ortodoxas, por su parte, incluyen 76 libros en total. Además, la Iglesia Ortodoxa Etíope incluye como canónico en el Antiguo Testamento el Libro de Enoc, que no incluye ninguna de las otras corrientes cristianas ni el judaísmo.»[6]

«Para los Judíos Ortodoxos, por supuesto, el Nuevo Testamento no tiene validez. El rabínico considera como fuente de doctrina el Talmud, mientras los Caraítas defienden desde el siglo VIII el Tanaj como única fuente de fe.»[7]

El Canon Griego o Canon de Alejandría

 «En la versión griega llamada Septuaginta o versión de los LXX, se incluyeron libros que se leían en sinagogas de Alejandría, los denominados libros “deuterocanónicos”. Algunos libros no fueron traducidos, sino escritos directamente en griego (Sabiduría y el segundo libro de Macabeos). Este canon tiene quince (15) libros más que el Canon Hebreo y se clasifica en:

  1. Legislación e historia
  2. Poetas y profetas»[8]

Conflictos contemporáneos respecto al canon

«La canonicidad de algunos libros del Nuevo Testamento sólo llegó a establecerse después de muchos titubeos. En la Iglesia occidental no se estableció hasta el 380-390, mientras que en la oriental, dado que todavía seguía discutiéndose sobre el estatuto del libro del Apocalipsis, no llegó a establecerse hasta finales del s. Vll. San Atanasio presenta el primer canon completo del Nuevo Testamento el año 367 Algunos católicos, entre ellos Erasmo de Rotterdam, lanzaron sospechas Do sólo sobre la canonicidad, sino también sobre la autenticidad de algunos libros de la Biblia. Además, los reformadores del s. XVI optaron por el canon de los hebreos, llamando «apócrifos» a los deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Lutero Y otros reformadores alemanes rechazaron Sant, Jds, Heb y Ap. Esto hizo necesario que la Iglesia se pronunciara dogmáticamente sobre el canon. Lo hizo en 1546 en el concilio de Trento, que exigía la misma referencia para con todos los cuarenta y cinco libros del Antiguo Testamento y los veintisiete libros del Nuevo Testamento, por el hecho de que Dios es su autor (cf. DS 1501-1505 y también 3029).

Las otras Iglesias reformadas no pusieron en discusión el canon del Nuevo Testamento, y en el s. XVll los mismos luteranos volvieron al canon tradicional del Nuevo Testamento. Todavía hoy los deuterocanónicos del Nuevo Testamento son comentados generalmente junto con los protocanónicos y en el orden tradicional: los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, por el contrario, no han recobrado aún su autoridad.

El reconocimiento de la canonicidad de los libros sagrados por parte de la Iglesia es un problema de tipo teológico, que se refiere al cuándo y al cómo de la revelación de esta verdad a la comunidad creyente. Si esta revelación se le concedió mientras vivía aún alguno de los apóstoles, aunque de una forma muy implícita, como parece que debería ser, o si sólo se le reveló más tarde. Este tema puede ser estudiado . también desde el punto de vista del desarrollo del dogma.

En estos últimos decenios el tema ha sido estudiado por los teólogos (Geiselm~nn, Grelot, Rahner, Lengsfeld, Congar) en busca de una solución convivente. Ha sido el Magisterio de la Iglesia el que nos ha dado a conocer el origen inspirado, es decir, divino de la sagrada Escritura, y el que nos dice además que afirma esto mismo por revelación divina.

En el reconocimiento definitivo del canon por parte de la Iglesia, han tenido ciertamente un lugar importante algunos criterios objetivos a propósito de los libros: su conformidad con la «regla de la fe”, su origen o su aprobación apostólica y su destino a una Iglesia oficial y el uso litúrgico que de ellos se hace. Pero no parece que estos criterios sean suficientes para esta definición. Hay que referir más bien el discurso al ámbito de la Tradición.

…En las Biblias protestantes de hov no solamente figuran todos los libros deuterocanónicos, sino que aparecen en el orden tradicional, en contra de lo que había hecho Lutero. Lutero, anticipándose a la discusión actual del “canon en el canon”, había clasificado los libros del Nuevo Testamento según su importancia; les atribuía un papel secundario a Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis, colocándolos al final de su versión, después de los otros libros a los que consideraba como «los verdaderos, los seguros y los más importantes del Nuevo Testamento” 

… Algunos autores protestantes alemanes (Bultmann, Kasemann, Konzelmann, Braun y Marxsen) han planteado un problema nuevo, con grandes repercusiones en el diálogo ecuménico. Si es verdad que el Nuevo Testamento nace de la Tradición y pone por escrito una Tradición dinámica y progresiva, entonces se pueden distinguir en el Nuevo Testamento varias tradiciones, en algunas de las cuales – especialmente en las que transcriben los libros más recientes- están ya presentes los rasgos típicos del catolicismo (etapas iniciales del sacramentalismo, de la jerarquía, de los ministros ordenados, del dogma, en una palabra, las características bien conocidas del cristianismo católico) que ellos -utilizando la expresión de Harnack- llaman Frunkatolizismus (ProtocatolicismoJ. Mientras que Harnack pensaba que los elementos del protocatolicismo se debían a la llamada «degeneración católica” en el s. II, cuando se consumó lo que él llama «pecado original” de fusión entre el helenismo y el cristianismo, los mencionados exegetas protestantes piensan que esos elementos se encuentran ya en los libros deuterocanónicos del Nuevo Testamento.

Estos autores piensan que donde aparecen en los libros o en las secciones del Nuevo Testamento:

1) el paso del carisma a la institución;

2) la disminución de la tensión escatológica;

3) la evolución en la presentación de la moral, allí hay que hablar de una penetración espurea del «protocatolicismo” y por tanto de una contaminación del Evangelio puro, con nuevas y graves consecuencias para el problema del canon.

El actual Nuevo Testamento es demasiado amplio y ~ contiene elementos impuros: habría que reducirlo para recobrar, dentro del canon actual y – tradicional, la pureza del Evangelio. Como era de prever, desde Lutero hasta cada uno de estos autores, los criterios para señalar el “centro del Nuevo Testamento, el Evangelio puro” son muy diferentes, y cada uno hace su opción a partir del propio principio teológico arquitectónico. De esta manera, los que habían partido con la afirmación del principio de la sola Scriptura han llegado a una sola pars Scripturae. La actitud católica intenta mantenerse abierta y libre a todo el Nuevo Testamento. He aquí entonces el dilema que se impone al protestantismo de hoy – : o aceptar todo el Nuevo Testamento y acoger -renegando de la Reforma- los elementos típicos del «proto-catolicismo” que están presentes allí, o bien permanecer fieles a la Reforma protestante y – optar por un “canon en el canon”.»[9]

Necesidad de un canon[10]

Entre las causas que hicieron necesaria la formación de un Canon de las Escrituras consideramos aquí 5:

A.  El mandamiento divino de conservar los escritos sagrados. Dios mismo mandó conservarlos, mandamiento que obedecieron los sacerdotes, Josué y Samuel, así como los profetas y los escribas (Dt.10:4,5; 17:18; 31:26; ls.30:8; Josué 24:26; 13.10:25; Ro.3:2).

Un imperativo similar deben de haber sentido los primeros cristianos al conservar los escritos apostólicos (Pedro conocía las espístolas de Pablo: 2 Pe.3:16).

B.  Las guerras y persecuciones originaron la destrucción de gran cantidad del patrimonio literario de los judíos y cristianos. Estos tenían que saber cuáles de todos ellos eran inspirados y velar para que no se perdiera ninguna parte de ellos. En cuanto a los judíos, muchos estuvieron dispuestos inclusive a morir bajo las persecuciones de Antíoco Epífanes con tal de no quebrantar uno solo de los requisitos de la ley mosaica. ¿Cuánto no estarían dispuestos a sacrificar con tal de guardar su Tesoro, la Palabra de Dios?

En el año 303 d.C. Diocleciano mandó confiscar los libros sagrados de los cristianos. Hubo muchas mártires. ¿Quién iba a morir por lo que era un simple libro religioso? Otra vez había necesidad de saber cuáles escritos eran canónicos, 

C.  La proliferación de los libros apócrifos en el período intertestamentario y hasta en los mismos días de los apóstoles. Los cristianos se veían en la necesidad de distinguir cuidadosamente entre los libros canónicos y los que no lo eran. Había necesidad de contar con el verdadero Canon del NT para contrarrestar el efecto pernicioso de las enseñanzas de Marción, hereje que por el año 140 había formado su propio Canon consistente sólo en un evangelio incompleto de Lucas y 10 epístolas de Pablo.

D.  También era necesario tener el Canon NT para saber qué libros constituían la norma de fe y conducta, porque algunas iglesias usaban libros apócrifos en la lectura bíblica y en la enseñanza.

E.  Por la gran expansión del cristianismo a diferentes países había necesidad de traducción de la Escritura a los diferentes idiomas de los pueblos evangelizados. Para hacerlo tenían necesidad del Canon.

¿Que eran los profetas?

«Los profetas son un grupo de hombres llamados por Dios para que transmitan Su palabra a los demás(si no les hacian caso, se dedicaban a lanzar bombas nucleares) Por definición, los profeta no obtendrá ningún beneficio de su misión, excepto servir a Jehová Dios: de hecho, muchas veces iba a dar con sus huesos a la cárcel.

El mensaje que el profeta ha recibido rara vez es para una sola persona: casi siempre debe ser transmitido a la comunidad en su conjunto, y se trata de una comunicación que tendrá efecto aquí y ahora pero también lejos y en el futuro. Dicho de otro modo, se trata de una verdad intemporal y universal. El profeta es enviado a hablar con sus contemporáneos, pero desde el momento en que lo que dice está inspirado por Dios, el mensaje se vuelve eterno e imperecedero.

Una de las características salientes del profeta es que tiene clara conciencia de su misión. Este saber de dónde viene su enseñanza le autoriza a utilizar la consabida fórmula “Así habla el Señor Yahvéh”, que a los ojos del lego puede parecer soberbia, pero que implica en realidad que la verdad de su experiencia profética demuestra que el que habla es en verdad Dios a través de la boca del profeta.»[11]

«El término hebreo, nabi, traducido «profeta», probablemente se deriva de una raíz que significa «anunciar» o «proclamar». El Antiguo Testamento lo aplica a una variedad de personas (Gn 20.7; Éx 7.1; 1 R 17–19; Mal 4.5).»[12]

¿Porque se les llama Profetas menores?

 

«No se les llama «menores» porque sean poco importantes; más bien, por regla general, son más breves que «Los profetas mayores». Algunos de los libros se refieren a soberanos; contribuirá a su entendimiento repasar la situación espiritual de los tiempos cuando esos hombres reinaron. En vista de que algunos de los libros no están fechados, no podemos ser dogmáticos acerca de cuándo fueron escritos. No obstante, note que todos los libros fechados están ordenados cronológicamente. No hay problema en considerar que cada uno de los libros no fechados habría sido escrito más o menos en el tiempo que transcurre entre el libro fechado anterior y el libro fechado posterior[13]

¿Cuales fueron los  orígenes del profetismo en Israel?
«Es sumamente discutido el origen del profetismo en Israel y su posible relación con otros fenómenos semejantes. Varios pasajes hablan de «videntes» y 1 Samuel 9.9 sugiere que así se le llamaba originalmente al profeta. Además, había un profetismo «extático» (en trance o posesión) en las religiones cananeas (cf. 1 R 18.20–40), y es posible que hubiera alguna relación entre este fenómeno y algunas manifestaciones en Israel (1 S 19.18–24). Por otra parte, los grandes profetas (Isaías, Amós, Jeremías) tenían experiencias extáticas (extraordinarias tanto para su tiempo como para nosotros), en las que hallaban un acceso especial a la «palabra de Jehová» y esta llevaba en sí misma una singular señal de autenticidad divina. Indudablemente no se trataba de un trance de absorción, sino de una concentración próxima a la oración, en la que la «palabra» recibida era meditada y articulada por el profeta en un mensaje (Is 10.6ss).
También se ha discutido mucho la relación de los profetas con el culto. Aunque había «bandas» proféticas en los lugares de culto (como en los santuarios no jehovistas), los profetas del Antiguo Testamento no parecen pertenecer a ellas y en algunos casos evidentemente repudiaron esta dudosa institución (Jer 29.26–30). Entre estos profetas de santuario, ocupados de los detalles y pequeños problemas políticos, y el profeta bíblico, con su visión de la acción de Dios en la historia, había una enorme diferencia. Sin embargo, es erróneo pensar, basándonos en unos pocos pasajes tomados aisladamente (Am 5.21–24; Is 1.11, 12, 14–17), que los grandes profetas se oponían al culto del templo y al sacerdocio, o a toda religión institucionalizada. Se trataba, más bien, de la crítica a la corrupción del culto, ya fuera por la idolatría o por la injusticia: «No puedo aguantar iniquidad y día solemne» (Is 1.13, VM ofrece la traducción más correcta). Los profetas conocen el culto y a menudo citan su ritual, himnos y oraciones. Algunos (Jeremías, Ezequiel) vienen de un trasfondo sacerdotal y otros (Habacuc, Nahum, Joel) muy probablemente participaban en el culto.
En los libros proféticos de la Biblia tenemos la obra directa de los propios profetas (Is 30.8; Jer 29.1s, entre otros pasajes, muestran que los profetas escribían y no solo anunciaban verbalmente sus oráculos). También hay casos de un testimonio indirecto, como el de Baruc, secretario de Jeremías (Jer 36). Y finalmente, existían escuelas de discípulos de un profetas (por ejemplo, Is 8.16; cf. 50.4) los cuales compilaban sus mensajes»[14]
¿De que tratan estos libros?
«Los doce libros que comprenden esta antología profética difieren considerablemente en sustancia y estilo. Algunos contienen elementos de biografía que complementan la predicación profética con algún vislumbre relacionado con el predicador (Amós, Oseas). Otros siguen siendo prácticamente anónimos, a pesar del nombre que se les da (Abdías, Malaquías). En relación con las fechas, abarcan períodos separados por más de tres siglos (desde el 750 a. C., hasta el 400 a. C.). Reflejan lugares geográficos diferentes, reflejando algunos la vida de los antiguos estados monárquicos de Israel y Judá, mientras que otros pertenecen al período posterior al exilio. Sin embargo, a pesar de todas las diferencias que hay entre ellos, los libros comparten una base común. Todos tienen que ver con profecía, a saber, la declaración de la palabra de Dios al pueblo de Dios. Y si se toman en conjunto, los doce profetas nos proporcionan un panorama de la religión de Israel durante uno de los períodos más críticos de su historia. Desde la falsa seguridad de la época de la monarquía, pasando por la desesperanza de los que estaban en el exilio, hasta llegar al final, a las nuevas esperanzas y aspiraciones que siguieron al exilio, se nos provee un entendimiento de la transición de una antigua religión del estado, hasta los dolores del nacimiento de una comunidad recién formada del pueblo de Dios. 
Más o menos un siglo después que se terminó el libro de los doce profetas, Josué ben Sira escribió esta famosa obra de sabiduría, en la cual alaba la fama de los héroes del pasado de Israel. Las palabras que dice acerca de los doce profetas, indican no solamente la grandeza que tuvieron ellos en épocas pasadas, sino también su aporte potencial para el futuro: «¡Que los huesos de los doce profetas también envíen nueva vida desde la tierra donde yacen! Pues ellos pusieron un nuevo corazón en Jacob (Israel) y rescataron al pueblo por medio de su segura esperanza» (Eclesiástico 49.10).»[15]
Características e Historia
«Aunque el mensaje de la profecía bíblica se halla principalmente en los libros conocidos como «proféticos», no debemos olvidar el profetismo anterior a Amós, ilustrado por figuras como Natán, Elías, Miqueas (1 R 22.8–38) y Eliseo, cuya función fue anunciar el juicio y la voluntad de Dios principalmente a los reyes. El nombre «profeta» se aplica también a Abraham (Gn 20.7), Aarón (Éx 7.1), María y Débora (Éx 15.20; Jue 4.4) y Moisés (Dt 18.18; 34.10). El profeta bíblico reúne algunas características que el NBD resume bien como «un llamado específico y personal de Dios» (Is 6; Jer 1.4–19; Ez 1–3; Os 1.2; Am 7.14, 15, etc.); la conciencia de la acción de Dios en la historia; la valiente confrontación de reyes, sacerdotes o pueblos con las demandas y el juicio divinos; el uso de medios simbólicos de expresión y el ejercicio de una función intercesora o sacerdotal ante Dios.
La función primordial del profeta es la proclamación de la «palabra de Dios» que ha recibido. El propósito es llamar al pueblo al arrepentimiento y la conversión a Jehová y a su pacto. Su mensaje se relaciona constantemente con sucesos y circunstancias presentes, de orden político, social o religioso. Pero como estas circunstancias son vistas como parte de la acción de Dios en la historia, el profeta no puede dejar de referirse al futuro para anunciar lo que Dios hará, para inducir a la acción y para certificar su mensaje. No hay duda alguna de que la predicación es parte esencial de la función profética, y muchos profetas manifiestan dones especiales de clarividencia y percepción del futuro. Pero, por otra parte, también existen falsos profetas, que apelan a los mismos dones y pretenden tener palabra de Dios. Pasajes como Deuteronomio 13; 18.9–22; Jeremías 23.9–40; Ez 12.21–14.11 sugieren algunos criterios de distinción. El problema es complejo y el Nuevo Testamento tampoco lo desconoce[16]
¿Cual era el Mensaje de Los Profetas?
«Ubicados en el horizonte de la decadencia de los reinos (a partir del siglo VIII a.C.), en medio de las amenazas políticas de los grandes imperios (Egipto, Asiria, Babilonia, Persia) y mientras acompañan a su pueblo en el cautiverio, los profetas anuncian, de diversas maneras pero con fundamental unidad, el propósito de Dios que se cumple en la convulsionada historia del Medio Oriente. IDB resume el mensaje profético con frases clave de los mismos profetas:
1. «Así dice el Señor». El profeta está consciente de que está al servicio de la palabra de Jehová, que no es un mero anuncio sino la expresión de la voluntad del Dios soberano en acción (Is 55.11; Am 3.8). El profeta no tiene control sobre esta palabra sino que está a su servicio (Jer 20.8b, 9; Am 3.8). Toda su vida, hasta sus gestos y acciones simbólicas, dependen de ella (Is 7 y 8; Os 1).
2. «De Egipto llamé a mi hijo». La misericordiosa y divina elección de Israel para un propósito determinado, y las obligaciones que esa elección impone, están siempre presentes en los profetas. Se expresan con las figuras de padre/hijo (Is 1.2; Os 11); propietario/viña (Is 5.1–7), pastor/rebaño (Is 40.11), alfarero/vasija (Is 29.16; Jer 18) y principalmente esposo/esposa (Is 50.1; 54.5; 62.4, 5; Jer 2.1–7; 3.11–22; Ez 16.23; Os 1–3). La ética social que admiramos en los profetas tiene su raíz en la justicia del pacto.
3. «Se alejaron de mí». La rebelión que denuncian los profetas no es solo de Israel, sino de todas las naciones (Is 10.5ss; Jer 46–51; Ez 25–32; Am 1 y 2). Dios tiene cuidado de todos los pueblos (Is 19.24; Am 9.7), pero Israel tiene un llamado y por tanto una responsabilidad y una culpa especial (Am 3.2). Su rebelión ha sido total muestra de infidelidad (Is 1.4, 5; 2.6–17; 59.1–15; Jer 2.4–13; 5.20–31; Ez 16), y se manifiesta en la corrupción religiosa, en la injusticia social y sobre todo en el vano orgullo y jactancia que conduce a la ruina.
4. «Regresarán a Egipto». Dios ejecutará su juicio, es decir, corregirá el mal castigando al culpable, vindicando al justo y estableciendo justicia. Los profetas de los siglos VIII—VI a.C. ven como juicio divino la catástrofe nacional que se avecina (Is 22.14; 30.12–14; Jer 5.3, 12, 14; Os 4.1; Am 3.1; Miq 6.1ss). No es un acto arbitrario de Jehová, pero Israel es conducido de nuevo al cautiverio (de allí la idea del regreso a Egipto) para restaurar la justa relación con Dios.
5. «¿Cómo te he de abandonar?» Para el profeta, aun el juicio inexorable es expresión de la compasión divina (Am 4.6–11). La misericordia (compasión, piedad, Gracia) es, más que una calidad del pacto, la naturaleza misma de Dios (Is 54.7, 8, 10; Jer 3.12; 31.3; Os 11.8ss).
6. «Haré regresar sus cautivos». El juicio es instrumental y disciplinario (Is 1.25; Os 2.14–23; 5.15; Am 4.6–11). Más allá de su ejecución, Dios se propone mantener un REMANENTE fiel que retoñará para cumplir el propósito divino (Is 7.1ss; Ez 27; Am 9.8bss). La segunda parte de Isaías lo anuncia como una segunda creación, un segundo éxodo (51.9–11). Jeremías discierne un nuevo pacto (Jer 31.31–34).
7. «Luz para los gentiles». La restauración no puede limitarse a la historia de Israel. Los profetas miran más allá a una consumación, un Día del Señor que abarcará en juicio y gracia a todos los pueblos (Zac 14.5–9). En esta expectación se inserta el anuncio del «Siervo del Señor», quien inaugurará un nuevo día para las naciones (Is 49.5, 6; 53.4, 5). Esta es la fe final y el mensaje de los profetas (Is 2.2–4; Miq 4.1–3).»[17]
Podemos ver un detalle un poco mas amplio de cada libro:
«1. OSEAS:«Oseas» significa «salvación» o «liberación».Oseas trabajó durante más de sesenta años en elreino del norte, esto es, el reino de Israel (7.5),dando comienzo con el reinado de Jeroboam. Fue contemporáneo de Isaías (1.7), que trabajó con elreino del sur, esto es, el reino de Judá. Los capítulos1 al 3 constituyen la clave del libro. Dan cuenta de la infidelidad de la mujer de Oseas, llamada Gomer,y la posterior aceptación de esta por parte deOseas. Gomer es tipo de Israel; Oseas es tipo deDios. El mensaje es que Dios ama a los Suyos auncuando ellos se alejan, y que Él anhela que vuelvan.Oseas 11.1 es citado en Mateo 2.15
2.JOEL:«Joel» significa «Jehová es Dios». Joel trabajócon el reino del sur. Describió una plaga delangostas (es probable que se cumpliera literal-mente; vea Amós 4.9). Las langostas eran símbolodel juicio de Dios. La figura de las langostas serefleja en el libro de Apocalipsis (9.1–11). Joel 2.28–32 es citado por Pedro en Hechos 2.16–21
3.AMÓS:«Amós» significa «que carga un peso». Seganaba la vida, no como profeta, ni como hijo deprofeta, sino como labrador (1.1; 7.14). En los díasde Uzías, rey de Judá, y de Jeroboam, Dios llamó aAmós de su ciudad natal en el reino del sur (1.1) yle dijo que fuera al reino del norte a profetizar(7.15). Él aparentemente fue al norte (7.10, 13),habló el mensaje de Dios acerca del juicio de Estecontra Israel, y luego volvió a casa
4.ABDÍAS:«Abdías» significa «siervo de Jehová». Este esel libro más breve del Antiguo Testamento. Elmensaje de Abdías es básicamente contra losedomitas, los descendientes de Esaú (Génesis 25.30; 36.1). Durante toda su historia, israelitas yedomitas se tuvieron una mutua hostilidad. Elgolpe final lo constituyó la acción llevada a cabopor los edomitas cuando Jerusalén fue destruida(vers. os 10–14)
5.JONÁS:«Jonás» significa: «paloma». Jonás vivió y trabajó en el reino del norte, en los días de Jeroboam (2o Reyes 14.25). Él siguió la obra de Elías y Eliseo en esa región. Dios le dijo que predicara en la ciudad de Nínive, la capital de Asiria, que destruyóel reino del norte algunos años después. Laexperiencia de Jonás dentro del gran pez es tipo dela resurrección de Cristo (Mateo 12.39–40)
6.MIQUEAS:«Miqueas» significa «¿Quién como Jehová?».Miqueas vivió en el reino del sur, y predicódurante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías(1.1). Fue contemporáneo de Isaías. Es el único profeta menor que dirigió sus mensajes de juiciotanto al reino del norte, Israel, como al reino delsur, Judá (1.5). También previó el regreso de loscautivos (2.12–13), el nacimiento de Jesús (5.2), y elestablecimiento de la iglesia (4.1–4)
7.NAHUM:«Nahum» significa «consuelo» o «consolador».El mensaje de Nahum era de consolación para losjudíos, pues uno de los peores enemigos de ellos,Asiria, había de ser destruido. Nahum trabajó másde cien años después que la predicación de Jonásprodujo arrepentimiento en Nínive, la capital deAsiria. Para la época de Nahum, la paciencia deDios se había agotado. 
8.HABACUC: Habacuc puede significar «uno que se aferra o abraza». El tema de Habacuc, la destrucción de los caldeos (el Imperio Babilónico), no es exclusivo,pero su enfoque sí lo es. Los primeros dos capítulos son un diálogo entre Habacuc y Dios, sobre los problemas del mal y el sufrimiento. El último capítulo es una oración en forma de cántico, que resuelve el asunto. El mensaje es que Dios tiene un plan y un propósito, de modo que nosotros debemosconfiar en Él y creer en Él. Habacuc 2.4 es citado enRomanos 1.17, Gálatas 3.11, y Hebreos 10.38
9. SOFONÍAS:«Sofonías» significa «Jehová ha guardado uocultado». Sofonías trabajó durante el reinado deJosías (1.1). Fue contemporáneo de Jeremías. Él no solo describió la caída de Judá; sino que también habló de la caída de las naciones vecinas. Recogiómuchas de las profecías del Antiguo Testamentoen un solo paquete.
10.HAGEO:«Hageo» es abreviatura de una palabra hebreaque significa «festival de Jehová». Hageo dio aliento a la reedificación del templo una vez que losisraelitas regresaron del cautiverio, después que Zorobabel y Josué interrumpieron la edificación.
11.ZACARÍAS:«Zacarías» significa «recordado de Jehová».Trabajó con Hageo en dar aliento a la reedificación deltemplo. Hageo abordaba principalmente el presente y el futuro inmediato cuando apremiaba a los israelitas a edificar; Zacarías dio como aliento la promesa de unmañana más brillante. Su libro contiene varias profecías mesiánicas tales como la entrada triunfal (9.9–10) y la traición (11.12–13). Es el libro que contiene más referencias específicas a la crucificción que cualquier otro libro del Antiguo Testamento, excepto el libro de Salmos (note 12.10–12; 13.6–7)
12.MALAQUÍAS:«Malaquías» es abreviatura de una palabra hebrea que significa «mensajero de Jehová». Es probable que Malaquías fuera compañero de trabajo de Nehemías; juntos trataron los mismos problemas: la indiferencia en la adoración,indiferencia en el matrimonio, etc. La profecía deMalaquías, acerca de la venida de Elías (4.5–6), o Juan el Bautista (vea Mateo 11.7–14), enlaza el último libro del Antiguo Testamento con losprimeros libros del Nuevo Testamento.» [18]
Conclución:
Concluyo esta parte con estos pensamientos, que considero de gran importancia:
1. ¡Dios es Dios! Debemos tomarlo con seriedad.«Dios no puede ser burlado» (Gálatas 6.7)
2. También debemos recordar constantemente algo que es de alta importancia: Debemos «reconocer que la Iglesia no creó ni fijó la lista de los libros reconocidos, sino que simplemente reconoció aquellos que fueron inspirados desde el momento en que fueron escritos. De lo contrario, se impondría la autoridad humana sobre la divina en decisión de cuáles libros incluir en el Canon.» [19]
La razón por la que estos libros están en el Canon ha sido no solo por las razones históricas que hemos comentado, sino porque así lo ha determinado el Señor, nuestro Dios soberano.
«Las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y declaran en uno u otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no solo los eruditos, sino aún los que no lo son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios. (Confesión de Westminster, 1:7)[20]

«Como cristianos debemos tener por entendido que cualquier cosa que se oponga a la Palabra de Dios o se aparte de ella en cualquier forma es un peligro para la misma causa de la verdad. La pasividad hacia el error conocido no es una opción para el cristiano. La intolerancia inquebrantable del error está basada en la misma tela de la Escritura. Y la tolerancia del error conocido es cualquier cosa menos una virtud.(Jhon McArthur)»[21]
  • “”y si alguien os pregunta por qué hacéis tal cosa, contestadle simplemente: Porque el Señor lo necesita.” (Lc. 19:31 CST)
  • “Tema toda la tierra al Señor;   hónrenlo todos los pueblos del mundo;”(Salmo 33:8 NVI)

Notas
6.Wikipedia, Biblia
7. Wikipedia, Biblia
10.Esteban Beitze, Bibliología, Instituto Bíblico Jorge Müller  
11. Wikipedia,Libros profeticos
12. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
13. http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_200602_23.pdf
14. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
15. Twelve Prophets (Doce profetas), Peter C. Craigie,  http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_200602_23.pdf
16. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
17. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
18. http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_200602_23.pdf
19. Esteban Beitze, Bibliología, Instituto Bíblico Jorge Müller 
21. Ibid
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